jueves, 1 de marzo de 2018

LOS MORBOSOS ABISMOS DEL AMOR



Sed de amor
Yukio Mishima
Traducción de Ricardo Domingo
Alianza Editorial, Madrid, 2017, 238 páginas

   
    Sed de amor es una obra menor de Yukio Mishima (1925-1970). La segunda que publicó tras el éxito de una de sus novelas más famosas, Confesiones de una máscara (1949). Sin embargo, como prácticamente toda la literatura japonesa tras la supresión de la Liga de Escritores  Proletarios y la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, reúne todos los ingredientes de ese sutil ejercicio  de perversas intimidades personales, de exaltación de la energía destructora que culminó precisamente con el suicidio ritual de Yukio Mishima en 1970. Como en Confesiones de una máscara, Mishima aborda en Sed de amor ese mundo de obsesiones humanas que se derivan de un amor teñido por los celos, el deseo y el odio. El amor como destrucción, en su aspecto malsano y demoledor.
   La novela traslada al lector al Japón de posguerra y narra la historia de Etsuko, una joven viuda que se traslada a vivir a Maidemmura, un suburbio de la ciudad de Toyonaka, perteneciente a  la prefectura de Osaka. Allí convive con sus cuñados y cuñadas, dos criados, Saburo y y Miyo y el suegro Yakichi a cuya autoridad como cabeza de familia se someterá durmiendo con él y manteniendo relaciones sexuales aceptadas de forma pasiva, cuando todavía estaba de luto por su marido. Pero Etsuko se siente atraída sentimentalmente por el sirviente Saburo, un alma simple y transparente. Todo se complica cuando Etsuko descubre que Saburo desea sexualmente a Miyo a la que, a pesar de no amarla, deja embarazada.
   Poco a poco, va asomando por la novela la dimensión patológica y morbosa del amor. La pasión de Etsuko por Saburo que acabará en tragedia, es una prueba sorprendente, por su carácter enfermizo, de la ilimitada fogosidad de los seres humanos por torturarse a sí mismos. La protagonista es un personaje emocionalmente inestable, víctima de una sed de amor nutrida por celos, el deseo y el odio. Un ser desequilibrado por pasiones tóxicas, consciente además de que se torturaba a sí misma, que ya había mantenido una relación insana con su marido que parecía satisfacer a los dos: a él haciéndola sufrir psicológicamente con sus infidelidades  -ella llega incluso a intentar envenenarse comida por los celos-; y Etsuko torturándose de forma masoquista y mirándole con ojos de perro, como a un mendigo al que ve morir con cierta complacencia.
   Pero no es Etsuko el único personaje que entiende el amor de forma insana. Su suegro Yakichi, a pesar de que es consciente de que su nuera no lo ama, de que solamente le permite saciar de forma pasiva su concupiscencia en la cama, es incapaz de vivir sin ella. Ella es como un pecado o un mal hábito, pero sin embargo, ante la sociedad no la convierte en su esposa.
   La novela explora alguna de las profundidades más tenebrosas del alma humana, un tema que será una constante de Yukio Mishima, especialmente el del amor como autodestrucción. Un desenlace terminante, definitivo muy traumático para Etsuko y Yakichi, hace pensar en la misoginia de Mishima. Tras un horrendo crimen, la narración de Mishima permite que esta mujer duerma tranquilamente unas horas. Tampoco el hecho de acostarse con el padre de su marido provoca en ella ningún desgarro interior, a pesar de estar enamorada de otro hombre.
   No obstante ser una de sus primeras novelas, Mishima eligió para Sed de amor una técnica narrativa que me parece apropiada. Una narración heterodiegética en tercera  persona, que adopta en la mayoría de las secuencias el punto de vista de la protagonista, se centra en el desciframiento del personaje inestable y psicológicamente  enfermo. A ello también contribuye la creación de un ambiente insano que se pega a la mayoría de los personajes. Abundan las descripciones ricas en colorido, cierto simbolismo o la apelación al valor de las tradiciones, algo que veremos en la mayoría de las obras del escritor japonés.
   Conviene además prestar atención a otro elemento presente en la narración: los momentos más tranquilos los escenifica el autor mediante diálogos aparentemente relajados. En cambio las situaciones tensas como el intento de violación, previo al desenlace, se producen en silencio. Ritmo narrativo sosegado a lo largo de la mayor parte del relato que, sin embargo, se acelera en el desenlace. Mishima retrata a los personajes, sobre todo a Etsuko, por sus actos. Y a pesar de la perfidia con la que suele describir a la mujer, en el fondo permite que el lector, gracias a las contextualizaciones que jalonan la vida de la protagonista, pueda entender las morbosas profundidades del amor.

Francisco Martínez Bouzas


Yukio Mishima


Fragmentos

“Para Etsuko, nacida y criada en Tokio, Osaka albergaba terrores inexplicables. Ciudad de príncipes, comerciantes, vagabundos, empresarios, corredores de bolsa, prostitutas, vendedores de opio, administrativos, maleantes, banqueros, funcionarios provinciales, concejales, recitadores de Gidayu, queridas, esposas tacañas, periodistas, comediantes y presentadores, camareras, limpiabotas  -no era esto, en realidad lo que atemorizaba a Etsuko-. ¿Era la misma vida? La vida, ese complejo mar sin límites poblado de diferentes objetos flotantes, lleno hasta rebosar de azules y verdes, caprichosos, violentos, pero eternamente transparentes.”

…..

“Etsuko ansiaba tocarle con sus dedos. No sabía qué clase de deseo era. Metafóricamente aquella espalda era para ella la profundidad de un océano sin fondo; deseaba con ansia zambullirse en esta agua. Su deseo era muy parecido al de quien quiere ahogarse; lo que desea no es tanto la muerte como lo que pueda venir después de ahogarse: algo diferente de lo que tenía antes, un mundo diferente, como mínimo.
Una nueva sacudida, un nuevo oleaje, lanzó hacia adelante a todos aquellos cuerpos. Los jóvenes semidesnudos se movieron a contracorriente, acordes con los caprichosos movimientos de la cabeza del león. Etsuko saltó hacia delante, empujada por el tropel, y chocó contra una espalda desnuda, ardiente como el fuego, que venía en dirección opuesta. Era la espalda de Saburo. Saboreó el tacto de su piel. Saboreó el irresistible calor que despedía.”

…..

“Encerrada en la seguridad del cubrecama, Etsuko no se movió. Pero sus ojos, armados de una mirada resuelta, salieron al encuentro de la mirada de Yakichi. Aquellos ojos no decían nada, ninguna expresión de odio, ni de disgusto -tampoco de amor-, pero hicieron retroceder a Yakichi.
-No, No -dijo ella con una voz muy débil , impasible-. Mientras no le digas a Miyo que se vaya te diré «no».
¿De dónde sacaba fuerza Etsuko para este rechazo?? Antes de ponerse enferma solía recibir la aproximación del cuerpo desgastado y desmañado de Yakichi simplemente cerrando los ojos. Todo sucedía a su alrededor -sus ojos cerrados con fuerza- en la periferia de su cuerpo. Incluso lo que tenía lugar sobre su cuerpo era para ella un acontecimiento del mundo exterior. ¿Dónde empezaba este mundo exterior? El mundo interior de esta mujer, capaz de actividades extremadamente delicadas, desarrollaba la energía capturada, comprimida, potencial, de un explosivo.”

(Yukio Mishima, Sed de amor, páginas 10, 139, 189-190)

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