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lunes, 16 de abril de 2018

EL SUICIDIO COMO VÍA DE ESCAPE


Muros de aire

An Alfaya

Traducción de Moisés Barcia

Pulp Books , Cangas do Morrazo (Pontevedra), 2018, 247 páginas.



    

   Pulp Books, un sello de Rinoceronte Editora, ofrece la oportunidad de poder leer en español esta novela de An Alfaya, publicada originalmente en gallego en 2015. La autora es una narradora que cuenta con una extensa obra literaria. Se mueve con igual destreza tanto en la narrativa dirigida a lectores infantiles y juveniles, como en aquella más propia de personas adultas. Muros de aire es por el momento su última obra para lectores adultos. Y posiblemente su pieza narrativa de mayor entidad, aunque un cierto aire de familia la emparenta  con otras obras publicadas hace ya años, tales como Areaquente o Vía secundaria, esta última una novela folletinesca, pero rebosante de sufrimientos, obsesiones y calamidades vitales. Todos llevamos en nuestro interior obsesiones personales y la autora de Muros de aire no se excluye de tal servidumbre. Ella misma reconoce ser sujeto de manías y dolencias, y en esta novela se propuso dar cuenta de las mismas, que aparecen muchas veces disfrazadas, mas muy presentes como germen de lo que escribe. Una de ellas es el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, que se encuentra en el origen de innumerables conflictos humanos; desde los principios y postulados de aquella secta cristiana fundada por el babilonio Mani y que inquietó así mismo a Agustín de Hipona, hasta tantos altercados y tragedias de nuestros días. Todo eso, esa lucha entre el bien y el mal, lo traslada An Alfaya a no pocas secuencias de esta novela que, si de algo está a años luz, es de la dulzura y de la amabilidad.

   En un tiempo y en un espacio indeterminados, sitúa la autora el núcleo temático de su propuesta narrativa. Una historia de ruindades, horrores, juegos perversos, amores, superaciones y no pocos muros de aire alzados entre varios de los personajes que intervienen en la trama. Muros de aire que se yerguen cuando alguno o algunos de ellos alcanzan situaciones de difícil resolución. Una trama modulada por un dramático tema de fondo: los sufrimientos y amarguras con los que la vida abruma con frecuencia a muchos seres humanos que, víctimas de extrañas vicisitudes o de malos tratos, hallan en el suicidio la huida, la única vía de escape de una realidad nauseabunda e insoportable.

   En Cora, la protagonista principal, que junto con su pareja, recibe el encargo de elaborar un estudio sobre aquellas personas que intentaron o consumaron el suicidio, en paralelo frecuentemente con actos criminales, halla la autora a la investigadora de eses porqués de la muerte o de la premuerte. Pero no es esta una novela sobre el suicidio, a pesar de que su estructura se halle cimentada en once cartapacios suicidas, y la voz narrativa no ahorra profundizar en eses instantes previos al fin voluntario de una existencia y en los oscuros y escondidos impulsos que estallan en la premuerte e impulsan a los suicidas hacia esa caída definitiva.

   Muros de aire es, sobre todo, el retrato del mundo interior de un amplio número de personajes heridos por el sufrimiento, por episodios familiares repletos de mezquindad, de sucesos escalofriantes que suelen desembocar en un desenlace que en nada tiene que envidiar a las tragedias griegas. ¿Con qué escondidos impulsos coquetean aquellos hombres y mujeres tentados y tentadas por la premuerte y que los conducen al fatal final?

   Así pues, en la novela, el lector hallará el vaciado de argucias de víbora, de maldades, de las tan frecuentes soledades en compañía, de recuerdos enterrados en el subconsciente que reviven en los momentos presentes puesto que el pasado siempre pasa factura. Y a la vez que se relata esta presencia del mal y las experiencias de los aspirantes a suicidas, también da cuenta la novela de la historia presente y del pasado de los principales actantes: Cora, Amalia, su madre y la castradora abuela Remedios. Novela pues con el dolor de la vida como tema de fondo, elaborada con una maestría que nos perturba y fascina a la vez de forma contundente.

   Muros de aire es una novela de personajes. Algunos están presentes en todo el relato, otros, de forma especial, ciertos suicidas, cobran vida en sus desahogos / desafíos, en las entrevistas que les hace Cora, para desaparecer acto seguido. Una estructura compositiva equilibrada, rica, quizás compleja mas no ilegible; con el oportuno empleo de frecuentes analepsis, saltos hacia el pasado para descifrar el presente. Un ritmo pausado que, sin embargo se acelera en las últimas carpetas suicidas, momentos en los que la trama adquiere más intensidad dramática y se transforma en un verdadero relato criminal. Una novela, por lo tanto, de suicidas o de pre-suicidas, a veces emparejados con actos criminales, a los que la vida poco les importa.









An Alfaya


Fragmentos



“Todas las mujeres amargadas guardan en el pecho un desamor. Esa es una afirmación poco ingeniosa y, como mínimo, tendenciosa. Amalia podía ser una excepción. De hecho ella trataba de que lo fuera, inventando un mundo a su medida, pero la presencia de Cora suponía un permanente recordatorio de las rémoras del pasado.

Los ojos de Remedios parecían los faros acusadores. Delante de su nieta disimulaba, como disimulaba delante de los Camões, de los Liñares, mostrando un carácter que no tenía nada que ver con la mujer que mangoneaba a todo el mundo dentro de su territorio, manteniendo las apariencias, detestando su casta. De ese modo había ido perdiendo la clientela de la barriada, escarmentada con sus malos modos.”



…..



“Antes de tomar la decisión definitiva de acabar con su vida, en el recorrido vital de de Mauro Luaces había un largo rosario de intentos frustrados, algunos con un fin provocador o experimental sin verdadera intención de que concluyeran en la muerte, pero tampoco excluyendo drásticamente tal posibilidad. Estos primeros intentos nacieron muy temprano, en los albores de la infancia, efectuando juegos rituales en solitario; luego en la compañía de Cora, que curiosamente, a pesar de superarlo en edad, pues los inicios de la pubertad de ella coincidieron con los comienzos de la escuela de él, se dejaba dominar por las obsesiones del chico con extraña sumisión, compartiendo misterios en aquel territorio de penumbras que los acogía a todas horas en el siniestro cuarto de los relojes.”



…..



“La primera obsesión de Mauro durante su recorrido vital fue mantenerse en el umbral de la muerte y jugar a traspasar la línea de vez en cuando. Sabía que su destino sería acabar como siempre había preconizado, es decir, suicidándose. De no hacerlo, sus acciones pasadas carecerían de justificación, y su existencia futura quedaría injustificada. Aquella certeza, en lugar de darle ánimos para poner fin a su tragedia personal, refrenaba su determinación. A medida que fueron pasando los años y quedaban atrás los juegos de la infancia y de la adolescencia, y con ellos sus compañeros insobornables Cora y Arcadio, dos puntales insustituibles, comprendió que quizás resultaba fácil jugar, pero era más complicado ser consecuente con lo teorizado. Aceptar cierta dosis de cobardía para cumplir sus pronósticos no estaba en sus planes. De este modo buscó el contacto con el desconocido a través de la red para que le ayudara a acabar con su existencia, sin atreverse a admitir que la tortura de vivir, en el fondo, era un placer para él.”



(An Alfaya, Muros de aire, páginas 25,73, 177)

domingo, 30 de julio de 2017

UN ASESINO DISECCIONA LAS FALSAS IDENTIDADES



Apoteosis de las perchas

Xesús Constela

Traducción de Belén Poutón

Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo, 2017, 98 páginas.



    
   
   Ya en As humanas proporcións, la colectánea de relatos ganadora del Premio de Narrativa Torrente  Ballester  en el año 2003,  Xesús Constela le ofrecía al lector un relato, “Algorítmos”, subtitulado “Divertimento alfanumérico”. Otro “divertimento”, esta vez “napolitano”, es el que aprovecha el autor para encuadrar la trama de esta breve novela. El término “divertimento” se suele aplicar en literatura a los microrrelatos o a una serie de textos, de diversa naturaleza, en los que la brevedad, la ironía y el humor navegan a sus anchas. En efecto, en Apoteosis de las perchas, cobran una cierta primacía, si bien sin excluir otras dimensiones, la del thriller por ejemplo, situaciones y tonalidades aparentemente humorísticas y absurdas que a veces llegan al esperpento.

   Apoteosis de las perchas es una novela corta cuyo principal protagonista, Tommaso Bonnano,  cuenta la historia del mendigo Tommaso Bonnano que arrastra su existencia por los barrios napolitanos. Los vecinos lo consideran inofensivo; jamás había intentado hacerle mal a nadie. Pero un buen día, le propina una descomunal paliza a un desconocido. Los carabinieri  le esposan sin que oponga resistencia y, en el interrogatorio, desmiente que esté muerto como pensaban los agentes, porque “desaparecer y estar muerto son cosas muy distintas” (página 18). Bajo otra identidad, la de Ernesto Basile, había trabajado un  lujoso crucero del que había desaparecido sin dejar rastro, instalándose en Via dei Tribunale, donde vive a cuerpo de rey debido al buen trato que le proporcionan los vecinos. En un interrogatorio, en el que es él quien lleva la batuta y el ritmo, descubre su pasado a bordo del Spirit of the Seas en el que realiza diversos trabajos hasta llegar a ser camarero del salón de primera clase. Su máxima  callar, observar y obedecer le había permitido alcanzar ese puesto. En primera clase, se impone sobre otros olores, el del dinero.

   En una de las travesías, en marzo de 2009, descubre las “odiosas perchas”: los nuevos ricos, míseras perchas sin otra substancia que el vacio material que sostiene lujosos vestidos y joyas. Tommaso parece poseer un sexto sentido para descubrir esas falsas apariencias, las dobles identidades (“patatas que quieren parecer piñas”), de las que se venga: en un primer momento con laxantes, detergentes y escupitajos como especial aderezo para los cócteles que prepara.

   Sobresalen por encima de las demás cuatro perchas que lo que quieren es estar juntas; maniobran para tener sexo hasta desplegar la gran apoteosis triunfal: la ceremonia que, rememorando a los antiguos romanos, las consagre al nivel de los dioses o héroes del dinero.

   En ese mismo viaje, unos operarios descubren en el barco los cadáveres de cuatro pasajeros. Y que un camarero, Tommaso Bonnano, alias Ernesto Basile, se encuentra en paradero desconocido. Los asesinatos y su desaparición lo convierten en sospechoso ante los ojos de los carabinieri. Mas la narración, en un giro radical, descubre que las apariencias engañan y, desde ese momento, adquiere el marchamo de un thriller cuyo desenlace descubre el lector en las páginas finales.

   Xesús Constela ofrece al lector una historia sencilla con un final imprevisto que logra las metas propias del divertimento: recrear mediante una trama sin grandes complejidades pero que, con humor e ironía, descubre y deshilvana las falsas identidades, la hipocresía social, las engañosas y ostentosas apariencias. Y lo hace mediante la confesión de un tipo que se escapa de la casa familiar siciliana porque no soporta, ni el olor ni las escamas, ni las tripas del pescado. Inventa un nombre con el que cruza Italia y acaba como camarero en el salón más lujoso de un barco de crucero. Desde esa atalaya privilegiada, clasifica a los personajes como personas de verdad o como perchas. Crítica despiadada, en definitiva, de las aparentes identidades, del barniz que puede proporcionar el dinero, pero también de los cruceros de lujo, de la explotación laboral de los empleados que en ellos trabajan, de los salarios en negro… Todo ello dosificando el autor la confesión del protagonista que rompe los esquemas y las premisas de la policía. Al lector le resta la satisfacción de descubrir que el camarero y el mafioso asesino coinciden en la descripción de las perchas.



Francisco Martínez Bouzas



                                                 
Xesús Constela


Fragmentos



“Fue el frutero, don Giusseppe Montanari, quien, nervioso a más no poder, llamó por teléfono a los carabinieri. Vengan rápido, por favor. Nunca he visto una desgracia tan grande. Un mendigo que lleva varios meses viviendo en el soportal junto a mi negocio, aquí en Via dei Tribunali, acaba de darle una paliza monumental a un hombre. (…) Sí. Está tumbado en la calle en medio de un charco de sangre enorme. (…) No, por supuesto que no. (…) Nadie se ha atrevido a tocarle, lo único que hicimos fue alejarlo del mendigo. No tuvimos tiempo de hacer nada. ¡Vengan pronto, por lo que más quieran! (…) No les puedo contar mucho más, porque no vi lo que pasó, que estaba descargando unas cajas de fruta que había traído en la furgoneta cuando escuché los gritos de mi señora llamando por mí. ¡Giusseppe!, ¡Giusseppe!, ¡corre, ven! Parecía aterrorizada. Me di la vuelta para saber lo que estaba sucediendo y no daba crédito a lo que veía. El mendigo le estaba pegando a un tipo que pasaba por la calle, un hombre con un abrigo negro muy largo, con una barra de hierro que uso yo para bajas la persiana de la frutería. Y menuda forma de atizarle.”



…..



“La primera vez que vi una percha fue hace alrededor de cuatro años, puede que cinco. El Spirit of te Seas acababa de partir de la Terminal Crociere del puerto de Génova y, para mi horror, vi entrar en mi salón a la pasajera más espantosa que puedan concebir. Llevaba una peluca rubia y los labios pintados de un rojo chillón y verdaderamente nada elegante. ¡Parecía un semáforo diciendo peligro, peligro! Viajaba acompañada de otra percha que a todas luces no estaba en el lugar que le correspondía y se hacía pasar por su pareja. ¡Por favor! ¡Si ni siquiera sabía desenvolverse con los cubiertos en la mesa! Fíjense: la primera vez que les vi cenar fue precisamente mientras el Spirit of the Seas viajaba de Génova hacia esta ciudad de Nápoles para la primera escala, ¿y saben lo que pasó? Pues que cuando acabaron la cena él pidió que le llevase un palillo. Madonna mia! ¡Un palillo! ¡Pretendía limpiarse la dentadura allí mismo, en mi salón, delante de todos los demás pasajeros! ¡Qué vergüenza!”



…..



“Un día me montó una escena absolutamente intolerable delante de la barra de cócteles del salón. ¡Este brebaje repugnante que me ha servido en la copa no tiene nada que ver con lo que ponía en la carta! ¡Hágame otro de inmediato! Gritaba como un loco enfurecido. Le pido mil disculpas, caballero, le contesté. No hay motivo para preocuparse, le dije con la mejor cara de buena persona que pude poner. Ahora mismo le preparo una especialidad mía que a buen seguro será de su agrado. Fue lo único que se me pasó por la cabeza para contestar a tamaña grosería. Lo agasajé con una de mis mejores sonrisas, le retiré la copa, me di la vuelta para darle la espalda y comencé a echar en la coctelera los ingredientes para hacerle una nueva combinación. Le preparé un cóctel delicioso inventado por mí para casos como este, que gracias a Dios no eran abundantes: dos medidas de vodka, un tercio de menta blanca, un cuarto de curasao rojo y, lo más importante, un más que generoso chorro de jabón de fregar los platos y un buen escupitajo de producción propia. Aquí tiene, caballero, e insisto en reiterarle mis disculpas. ¡Le encantó! ¡Se relamió de gusto! Incluso se acercó a la barra para pedirme otro que yo le hice con mucho placer. Mi cóctel había desactivado completamente la detonación de furia del muy gandul. No se imaginan ustedes la cantidad de veces que se lo volví a servir en todos los días que duró el crucero. Copo de Nieve bebió más detergente lavaplatos que el propio fregadero donde yo ponía las copas que tenía que lavar. ¡Todavía no puedo entender cómo no echaba burbujas por la boca al hablar!”



(Xesús Constela, Apoteosis de las perchas, páginas 13, 37, 50-51)

miércoles, 7 de junio de 2017

EL MAR DE FONDO DE UNA FAMILIA



El ocaso de la familia Portela
Noa Pérez González
Traducción de Belén Poutón
Pulp Books  (un sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo (Pontevedra), 2017, 124 páginas.

   Pulp Books es el sello editorial que en la actualidad más ficción traduce del gallego al español. Libros por lo general de pequeña o mediana extensión que, sin embargo, albergan tramas muy atractivas. Uno de los dos últimos es El ocaso de la familia Portela de Noa Pérez González  que vio su primera luz en gallego en el año 2015. Con esta pieza ficcional debutaba la autora en el género novelístico. La novela es una pieza ficcional de formato breve que posiblemente no se convertirá en bestseller, pero que puede tener un digno recorrido por las letras españolas, como hace dos años lo tuvo en la narrativa gallega.
   La autora nos sumerge en el mar de fondo de una familia de buena posición social y también de buen patrimonio, que vive en Vigo y en el Bajo Miño. Pinta las interioridades y secretos de esta familia, los Portela, en el periodo que va desde la Guerra Civil hasta los años setenta del pasado siglo. Y, a la vez que realiza esa inmersión, nos deja percibir con gran realismo y verismo los distintos climas humanos y sociales de la época.
   Noa Pérez González le otorga el protagonismo y la voz narradora a una de las primas Portela, Guadalupe, que recuerda el cenit y el ocaso de los Portela, y también su fatalismo. Escribe la crónica familiar para que sus sobrinos, hijos de la prima que se rebeló, sepan que, en el pasado, la familia Portela había venerado un puñado de flechas. Y así mismo para que conste que todos, incluida ella misma, habían sido cobardes. También para revelarles sus calumnias de falsarios. De esta manera, la historia de los Portela se transforma en un verdadero ajuste de cuentas con una familia que puede ser vista como un paradigma de los núcleos familiares tradicionales y poderosos en los años de la dictadura franquista.
   La autora describe con trazos firmes, basándose sobre todo en sus actuaciones, a los distintos miembros de la familia Portela, comenzando por el abuelo Elías, el primer amo del gallinero que fallece debido a una enfermedad de transmisión sexual, contagiado por una viuda experimentada. Al tío Pascual, apodado Santísima Trinidad porque había conseguido tres licenciaturas, tan mujeriego como su padre, pero alejado para siempre del género femenino por obra y gracia de una moza  medio hermana con la que estuvo a punto de cometer incesto. Al tío Francisco, un invertido, un delito repugnante en aquel tiempo, que durante toda su vida estuvo mal casado. Mas el relato se centra de una manera privilegiada en la manzana podre y estigmatizada, la prima Clara María, la única valiente de la familia, y en la vida insípida de la tía Emilia a la que el clan familiar le había cortado las alas, obligándola a alcanzar la asepsia sentimental mediante el olvido.
   En la familia Portela, confiesa la voz narradora, era difícil ser niño, y mucho más ser niña. La educación de las niñas era muy rígida sobre todo con relación a los contactos con el sexo masculino. Fueron algunos de los grilletes que atraparon las adolescencias femeninas porque los Portela forman un clan que rechazaba a los miembros que no siguen las normas del propio clan, impuestas por los más viejos. Y si bien ninguna de las mujeres de la segunda generación quiso emular los comportamientos de la primera, la voz de la protagonista retrata con maestría la perversidad y la hipocresía de las cinco primas Portela: todas ellas se limitan a sonreír cuando era preciso sonreír y a asentir cuando la ocasión lo exigía. Tímidas y recatadas en sociedad, mas verdaderas harpías, siguiendo el ejemplo de los mayores, si las azuzaban contra alguien. Y tal como solía acontecer en aquellos años, las adolescentes Portela habían interiorizado, en buena medida por los sermones torrenciales de un tío cura y las  mojigaterías de  las monjas del colegio, que el cuerpo femenino era pecado. Sin embargo, por las filtraciones de los adultos, las primas sabían de los adulterios, amantes, crímenes pasionales, concubinatos, abortos clandestinos, de los habituales desórdenes en las conductas masculinas o de la existencia de mujeres malas.
   A pesar de su brevedad, la novela reconstruye una buena parte de la memoria histórica en los primeros días de la Guerra Civil en el Bajo Miño: los huidos fusilados, las delaciones y traiciones, la represión brutal que provocó el asesinato de muchas personas; lo mensajes de miedo, el alejamiento de la escuela, por desafecta con el régimen, de la tía Emilia, a la que le aniquilaron la esperanza, pero que fue uno de los pocos miembros de la familia Portela que tuvo alas para volar.
   Acierta la autora con el estilo de la prosa, teñida a veces con tonalidades expresionistas, otras fascinada con resplandores líricos. Anoto en el debe de la novela el hecho de que el relato se extravía en ocasiones en historias secundarias de alguno de los miembros de la familia, por ejemplo, la convivencia de Leonora, amiga de madre de  Guadalupe, con sus dos maridos. Historias que solamente de forma circunstancial tienen algo que ver con el hilo narrativo principal, la crónica de la familia Portela. Una circunstancia, no obstante, que no dificulta la lectura, ni empaña el debut de una nueva narradora en el género novelístico.

Francisco Martínez Bouzas

Noa Pérez González


Fragmentos

“No está de más conocer que a Elías Portela le entraba un apetito descomunal después de hacer el acto amatorio, hasta el punto de que Inés, en sus años al servicio como cocinera en la casa de la calle Soutelo, había decidido cerrar con llave cada noche la puerta de la despensa para ahorrarse disgustos. Y escondía la llave de esta dentro de la artesa, entre la harina. En la calma serena de la noche, después de sentirse, llegados desde el dormitorio del matrimonio, los rugidos concupiscentes del señor, y luego los estertores con los que se ponía fin a estos deleites nocturnos, se oía el crujir  de los pasos del abuelo hacia la cocina. La avidez del abuelo Elías era tal que el muy glotón, pensaba Inés, podría devorar después de aparearse un cerdo entero y sería capaz de de beberse una cuba de vino. Al encontrase con la puerta cerrada, el gigante regresaba bajo las mantas con los pies fríos, provocando los lamentos de la señora Mercedes, que ya entonces padecía de reuma.”

…..

“El propietario del balneario, el actual patrón de aquella casa, los odiaba porque le hacían concebir lúbricos desvaríos con su querida esposa y el difunto marido como protagonistas. Los celos lo habían enloquecido, y ya que estos no atienden ni a las leyes del paso del tiempo ni a las de la muerte, amparado por la más mínima excusa, Mauricio descargaba duros golpes en el lomo de los dos animales, que lo miraban con ojos apesarados, incapaces de comprender su culpa. Para él aquellas criaturas selváticas encarnaban el pecado de la fornicación. Y aquel extraño adulterio de su señora de carnes firmes con una sombra del más allá, forjado por su ardiente invención, lo mantenía siempre en guardia, con los nervios quebrados.
Al contemplar la exótica animalia, cobraban vida en su imaginación provocadoras estampas de su mujer medio denuda en la selva, con las blancas carnes entregadas a las caricias de un par de manos morenas y peludas, que pertenecían sin duda al legitimo esposo, el primero de los dos. Mauricio había visto su rostro en dos pequeños álbumes que Leonora atesoraba en el dormitorio, y que luego él se ocuparía de hacer quemar, con el falso argumento de que las cubiertas de cartón estaban estropeadas por las polillas.”

…..

“La tía Emilia tenía siempre los ojos llorosos, y nosotras pensábamos que era por culpa del moño, demasiado tirante, que restaba belleza a su rostro de rasgos delicados. No fue hasta mucho más adelante, cuando cayó en mis manos una correspondencia cursada entre mi madre, Margarida, y unos parientes de Puerto Rico, los Quintela, comerciantes de quincalla que habían hecho emerger un auténtico emporio al otro lado del mar, que supe algunas cosas que nos habían sido ocultadas sobre esta mujer de apariencia apática.
Mamá había escrito a sus familiares puertorriqueños sobre su hermana, Emilia, y ella misma, describiendo lo que hacían en la época en la que dejaron atrás la casa familiar de la calle Soutelo, para irse a estudiar. Parece que como las hermanas se llevaban apenas un año, habían cursado juntas magisterio, en Pontevedra, durante un par de grados. En este tiempo habían vivido las dos en una pensión para señoritas, situada encima de un almacén de ferretería, detrás del Teatro Principal.”

(Noa Pérez González, El ocaso de la familia Portela, páginas 16, 33-34, 67)

jueves, 23 de febrero de 2017

UNA HISTORIA CON THRILLER SENTIMENTAL



La Batalla del Paraíso Triste
Xosé Ramón Pena
Traducción de Estela Villar
Pulp Books, Cangas do Morrazo (Pontevedra), 2017, 247 páginas.

   Pulp Books, un sello de la canguesa Rinoceronte Editora, acostumbra  traducir al español algunos de los títulos que en narrativa han alcanzado mayor éxito en la reciente literatura gallega. Lo hace estos días con Apoteosis de las perchas de Xesús Constela y con La Batalla del Paraíso Triste de Xosé Ramón Pena, el libro que comento en esta entrada. Xosé Ramón Pena (Betanzos, 1956) es uno de los más relevantes investigadores de la historia de la literatura gallega, y un autor consolidado en la narrativa de ficción, con varias de sus obras traducidas al español.
   Cuenta el autor que, al investigar el espacio y el tiempo en el que contextualizar esta novela, descubrió que Saint-Exupéry había estado en Lisboa con anterioridad a su partida hacia América. En la capital portuguesa descubrió que, a pesar de los falsos oropeles con los que la dictadura salazarista intentaba ocultar la realidad de Portugal, Lisboa era un paraíso, mas no un edén dichoso, sino un paraíso triste. De este juicio del escritor francés tomó Xosé Ramón Pena el título para rotular su novela que ahora nos ofrece en español Bulp Books. Lisboa, la cenicienta, ambigua y a la vez brillante y hermosa capital de un país nido de espías e intrigas internacionales durante la Segunda Guerra Mundial, le sirve al escritor para ambientar y situar la  acción de una buena novela que desde la primera línea tira del lector. Cuando el fragmentarismo o experimentos metaficionales mal resueltos comienzan a empacharnos, Xosé Ramón Pena vuelve a la senda de la novela de siempre y le transmite al lector una excelente historia. Una historia que rompe con las fronteras genéricas y sutura, en dosis equilibradas, elementos de la novela de acción, de la novela negra, de espionaje y el thriller sentimental, actuando la intriga como hilo conductor que tiene constantemente en vilo la atención lectora.
   La trama argumental nos conduce, como ya quedó señalado, a la Lisboa de los años 1940 y 1941. Son tiempos difíciles y turbios en una ciudad nido del espionaje internacional, mientras Europa arde bajo las llamas de la Guerra. A la ciudad regresa el principal protagonista, Fernando Freitas, oficial portugués, para embarcar hacia América. Y de inmediato se encuentra con sus antagonista, el mayor Pimenta que muy pronto descubre su verdadera identidad y su relación con la antigua amante, la actriz de revista, Catarina Gusmão, una femme fatale, y sobre todo sus contactos con una organización que controla el oro que los alemanes estaban robando a los judíos. El relato concluye con un final inesperado a las orillas del río Miño, en el que el “salvador de Portugal”, el dictador Oliveira Salazar está a punto de ahogarse en las aguas fronterizas.
   El autor conjuga con habilidad elementos históricos, entre ellos, la presencia de los seguidores del movimiento ultrafascista portugués Rolão Preto, que había pretendido anexionarse Galicia durante la Guerra Civil Española, con una red narrativa íntegramente ficcional. En la novela, la ficción es el gran marcador semántico que somete a sus leyes acontecimientos y personajes históricamente verificables. Es esa la razón que convierte a La Batalla del Paraíso Triste en pura ficción que ilustra hermosamente una porción importante de la historia portuguesa. Con un estilo ágil, limpio y natural y un ritmo fluido, el narrador logra de forma eficaz sus objetivos: contar una verdadera historia que, como ya quedó señalado, desgaja los géneros.
   Atendiendo a la arquitectura de la novela, llama la atención que en la misma se complementan dos voces narrativas: un narrador protagonista que cuenta las peripecias individuales de Fernando Freitas y su antagonista, pero que no tuvo acceso a una cierta cantidad de datos, dejando la historia inconclusa. Y un historiador que, con su narración completa la visión de los hechos, aunque sea a posteriori. La Batalla del Paraíso Triste es además una novela intensamente documentada aunque no renuncia a su naturaleza ficcional.
   La novela es una pieza literaria de acción y espionaje que conjuga además un relato de amor, ilusiones y desengaños, amistades y traiciones, y que así mismo hace aflorar las contradicciones en las que caemos los seres humanos y la necesidad de escoger en la batalla de nuestros propios sentimientos. Un trabajo que amalgama documentación y ficción y consolida a un buen narrador; un narrador que sabe resistir a las urgencias de publicar cada año y que, en mi opinión, no está siendo valorado como demanda la “justicia literaria”. El aparato promocional de los agentes más importantes del sistema literario gallego (editoriales, premios literarios teledirigidos, cierta crítica…) decidió apostar, bien por la cuota de la discriminación positiva, bien por el puro y simple marketing o por otras caras más nuevas y relucientes. Pero la ni la novedad ni la hermosura, en el terreno literario son sinónimos de calidad, y las modas son siempre efímeras y pasajeras.

Francisco Martínez Bouzas

                                                
Xosé Ramón Pena
Fragmentos

“Pero habitaba ahora a finales del mes de octubre de 1940. Europa crepitaba entre las llamas de la guerra y él se había venido a la capital de Portugal con un pasaporte suizo… De nuevo un breve escalofrío fue capaz de ponerlo en alerta. Decidió desandar sus pasos y volvió a buscar la complicidad del Bairro Alto. Pensó en subir a su habitación y coger el paraguas; sin embargo, parecía que escampaba cuando se aproximó a los yermos que rodeaban la Rúa do Século. Antes de dejarse llevar cuesta abajo, hacia el río, Fernando Freitas se dijo a si mismo que estaba claro que tenía que salir de una vez de allí, fuese como fuese, ya no podía soportar más la espera. Aquella misma noche tenía concertada  una cita con un tal Antonio Boullosa, antiguo contrabandista y, ahora, por lo visto, aplicado proveedor de documentos falsos de calidad para quien no reparase en gastos; no obstante, si aquello no resultaba una solución concreta, había decidido abandonar Portugal y volver a probar fortuna en Espala; al fin y al cabo, se le mostraba con nitidez que había sido un completo error decidirse por Lisboa…Tal vez Vigo, o incluso A Coruña, resultasen ser lugares más fáciles para poner rumbo a América…”

…..

“- Rolão Preto - me explicó Mário- viene a ser una especie de equivalente de…quien te diría yo, acaso de vuestro Onésimo Redondo, aunque los orígenes de Preto están en el Integralismo Lusitano y, además, defendió varias veces la monarquía como forma de gobierno, a lo largo de los años. Supongo que lo que le habría gustado de veras es que en Portugal hubiese un rey y él actuar de Mussolini lusitano…En fin; tuvo la mala suerte, por una parte, de que Salazar fuese su coetáneo; aunque también tuvo la fortuna de que fuese Salazar quien lo alejase del poder.
-No entiendo.
-Salazar era Salazar, pero como nosotros no tuvimos guerra civil y la pena de muerte fue abolida en Portugal ya a mediados del siglo XIX -en 1916 fue reintroducida pero sólo para el delito de traición en tiempo de guerra-, el caso es que ni lo fusilaron ni tuvo que pasar por un exilio largo, sólo algún tiempo en España y, para que te asombres un poco, en casa de José Antonio Primo de Rivera.”

…..

En su depoimento, Fernando Freitas describe con trazos tan vivos como breves aquella tarde y todas las demás que siguieron a esta, en Santarém, pero también en la propia Lisboa, buscando complicidades y habitaciones clandestinas. A pesar del recato de las palabras, es posible contemplar detrás de ellas los cuerpos desnudos, los besos y las caricias; toda la fiebre del sexo estallando en quiebros inesperados…A veces, empujados hacia el alboroto de meandros y despeñaderos; otras, demorándose en los mil meandros de un río caudaloso antes de precipitarnos en las mareas…Manos anudando las manos y la lengua mordiendo con dulce fiereza la lengua; los corazones en loca carrera…”

(Xosé Ramón Pena, La Batalla del Paraíso Triste, páginas 18-19, 42-43, 139)