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jueves, 20 de octubre de 2022

UN BUCEO EN LA MONSTRUOSIDAD

No todos los cíclopes nacen ciegos

Sol Linares

Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2022, 193 páginas.

 

   

   La escritora venezolana Sol Linares (Trujillo, 1978) añade a su ya dilatada trayectoria narrativa, con varios títulos premiados, esta nueva entrega, No todos los cíclopes nacen ciegos, galardonada a su vez con el Premio Internacional Tristana de Literatura Fantástica, y que ahora edita la editorial palentina Menoscuarto. Parte de su trabajo figura además en varias antologías.

   No todos los cíclopes son ciegos es una novela que hermana mitos pretéritos con varios de los actuales descubrimientos genéticos: la herencia genética de toda una estirpe se va acumulando y le otorga poder a las células para hacer aflorar en un individuo la monstruosidad que en el pasado algún miembro de su estirpe pudo haber inaugurado. Y para ello la autora nos relata la historia de Flora Mazzarri, ingeniera genética que reproduce retazos de su propia vida y de sus experiencias.. El resultado es una novela cuyas singladuras se entrecruzan con la ciencia y el mito.

   Una cita sumamente elocuente de Carl Jung (“Todo lo que no remonta a la conciencia, vuelve en forma de de destino”) abre el marco de esta amalgama de pasado y del presente. Narrada en primera persona por  la protagonista Flora Mazzarri, ella misma confiesa en el inicio que la había traído a Sicilia  la singularidad del ADN familiar: “Más expresamente todo lo que un bebé cíclope expresó en nuestra constitución  celular”. La placenta de una tía engendra un bebé cíclope. Su otra placenta será una botella llena de formol en donde jamás se desarrollará. Y desde su nacimiento será una muestra más en el museo de aberraciones. Ella cuenta su historia bajo la custodia de la ciencia y del mito.

  ¿El objetivo? Escudriñar en el paisaje familiar en búsqueda de ignorados errores y horrores. Y lo hará con la obsesión de un arqueólogo, llegando a meter sus narices en el capricho de las células de su propio clan, partiendo de la creencia de que la genética responderá a muchos interrogantes, y el mito abrirá caminos de interpretación, como ya habían afirmado los mitólogos del Círculo de Eranos. Las células, sostiene la narradora, no son inocentes; llega un momento en el que deciden cobrar las deudas de generaciones. La aleatoriedad pues en entredicho. A través de su madre, la protagonista se entera de la existencia de un cíclope en su familia. Un monumento del error, que nunca es arbitrario y el que está clavado el linaje de la familia, maleficio de un ancestro..

   Finalmente la protagonista logra ver la monstruosidad del  pariente cíclope y otros seres deformes, la calamidad de las formas humanas, “formados con la plastilina del martirio”. E instintivamente mete a su primo cíclope en la mochila. Lo había robado. Pero su cercano pariente llenará después su vida de extraña belleza. La lectura de la Odisea la induce a relacionar a su primo con el mito. Una epifanía le hace ver que es descendiente de Polifemo, de los dioses y eso hace que su vida cobre un nuevo sentido. Pero Po -así le llama al pariente cíclope suspendido en formol-, disfruta del arte de desaparecer, y eso ocasiona problemas en la familia. También toma conciencia de que su familia la había elegido a ella como buscadora para  hacer aflorar las heridas del clan, las pistas de los sufrimientos de los antiguos.

   Y dedica su vida a entender el fenómeno de la herencia en términos biológicos y kármicos. A relatar todo esto la autora dedica la última parte de la novela, quizás la más dura. Sin abandonar la genética y los mitos, la narradora ofrece  la historia de los horrores del clan. Arma el puzle familiar llegando a la conclusión de que cada célula que se desarrolla en su familia, es un dibujo de una barbarie que comenzó ciento sesenta y tres años antes con la trata de esclavos, varios de ellos quemados en un viejo barco. Pero la bárbara degradación va muchos más allá, y hace rebosar su imaginación con el horror: un tatarabuelo se dedicó a tener hijas violándolas y fecundándolas repetidamente. Es entonces cuando la protagonista llega a entender de dónde proviene el error y el horror. El tatarabuelo que juntó su sangre con la de sus hijas había encendido la mecha de de los espantos.

                      

    

   

                                                            Sol Linares
 

 

A pesar de profunda información científica que maneja la autora, con algunos errores como la afirmación de que el ensayo y el error son el mecanismo evolutivo, no conviene olvidar  que este es un libro de literatura fantástica. Pero inteligentemente entrelazado con la ciencia, de tal modo que le llega hacer pensar al lector que la genética prueba la verdad del mito.

   El descenso que hace la autora a los territorios de la deformidad y del horror como arqueóloga de su pasado, está narrado con una escritura briosa, potente, con un original dominio del aparato metafórico. Relata con crudeza los horrores, mas con una tonalidad poco menos que confidencial, incluso a veces tierna, íntima y sigilosa. Y las confidencias empujan al lector a desear saber  la catarsis del final de la trama.

 

Francisco Martínez Bouzas

 

miércoles, 14 de abril de 2021

LOS APRENDIZAJES DE LA SELVA

Cuentos de amor de locura y de muerte

Horacio Quiroga

Introducción de Andrés Neuman

Menoscuarto Ediciones (E. Cálamo), Palencia, 2021, 285 páginas.

 

    

 

   En una nueva edición, y precedida de una amplia introducción de Andrés Neuman, Menoscuarto Ediciones nos ofrece un volumen con los cuentos de de Horacio Quiroga, basada en el texto de la última edición, supervisada por el autor en 1930. Y hoy fijada como definitiva gracias a la edición crítica de Napoleón Baccino Ponce de Leon Y Jorge Lafforge (París 1996).

   Horacio Quiroga (Salto, 1878-Buenos Aires, 1937) fue considerado ya durante su vida “el primer cuentista en lengua castellana”, y uno de los creadores del subgénero tal como hoy lo conocemos. Influido por Allan Poe, Guy de Maupassant, Rudyard Kipling, se le considera además como representante de los movimientos naturalista y modernista en las versiones latinoamericanas,  aunque debemos de admitir que en su obra se aprecia el inicio de las vanguardias. Es por ese motivo que la obra de Horacio Quiroga acostumbra a ser valorada como un antecedente del realismo mágico. Escritores como Borges y Cortázar le deben no poco a la narrativa del escritor uruguayo, no obstante la venenosa displicencia con la que fue considerado por el primero.

   Se ha escrito abundantemente sobre la importancia de las vivencias existenciales del escritor en su propia escritura. En efecto, la tragedia que rodeó siempre su vida, la marginalidad en la que vivió parte de la misma, su carácter salvaje y obcecado, el desprecio del que fue objeto por parte de la generación de escritores que le sucedieron, contribuyeron a crear y a amplificar el mito personal de un escritor marcado por la tragedia: el padre que muere en un accidente de caza, el suicidio del padrastro y el de su primera mujer, el mismo Quiroga que mata accidentalmente a su amigo Federico Ferrando. En 1906 decide establecerse en la selva, en la provincia de Misiones, donde, entre otras tareas, ensenó español y literatura, aunque retornó más de una vez a Buenos Aires. A partir de 1932, Horacio Quiroga se estableció de forma definitiva en Misiones, junto con su segunda esposa, casi una adolescente, que será su definitivo y último amor, si bien, tres años más tarde, ella y su hija lo abandonaron, dejándolo solo y enfermo en plena selva. El 19 de febrero de 1937, Horacio Quiroga puso fin a su vida bebiendo un vaso de cianuro, tras serle comunicado en Buenos Aires que padecía un cáncer incurable.

   El desprecio con el que Borges juzgó la obra de Quiroga (“escribió cuentos que ya habían escrito mejor Poe y Kepling) refleja, sin embargo uno de los grandes méritos de Horacio Quiroga como cuentista: introducir en la literatura en español, y especialmente en la latinoamericana, el jugo renovador de los atores de los que aprendió: Poe, Kipling, Maupassant, Conrad o Chejov. Se  puede afirmar que con Horacio Quiroga se instaura en la narrativa latinoamericana  la  tradición moderna del cuento, un subgénero en el que supo emplear con habilidad las leyes internas de la narración, con la búsqueda de un lenguaje que le permitiese transmitir lo que deseaba narrar, en especial, la violencia  y el horror que se esconden detrás de la tranquilidad de la naturaleza.

   El tema de la muerte se halla presente en la mayoría de los relatos, si bien, en paralelo con ella, conviven otros hilos temáticos, como la humanización de los animales y la animalización del ser humano que frecuentemente se deja gobernar por instintos primitivos. Todos ellos mezclados en el misterio y con tramas que suceden en situaciones cotidianas. La locura y el amor se suturan igualmente, mas con la muerte como destino inexorable, que suele actuar como liberación de la tensión asfixiante que va creciendo a lo largo del relato. Así mismo, los personajes actores en estas historias suelen ser víctimas de la hostilidad  y de la bárbara grandiosidad de los escenarios de la selva de Misiones, en el norte de Argentina, donde Quiroga hizo acopio de historias, situaciones y personajes. Son los relatos que el mismo autor califica como “cuentos de monte”, cuentos escritos a “puño limpio”, que contrapone a los que llama “cuentos con oficio”. El libro contiene muestras genuinas de las dos categorías, aunque son los primeros los que suelen tener una tonalidad más llamativa y actual.

    

 

                                     Horacio Quiroga

  Pequeñas joyas narrativas, con variedad de registros, entre las que destaco algunas piezas maestras como “La gallina degollada”, “El almohadón de pluma”, “Yaguaí”, “Los pescadores de vigas” o “La miel silvestre”, que ilustran de una manera convincente una narrativa breve que refleja algunas de las características más extrañas de la naturaleza, manchadas de enfermedad, sufrimiento y horror para los seres humanos, acostumbrados a los aprendizajes de la selva que no lo perdona, porque la naturaleza es ciega, pero siempre justa en sus ataques (un yacaré, un enjambre de abejas enfurecidas, una serpiente, la crecida de un río, un parásito avícola que adquiere proporciones gigantescas…) son simples instrumentos de un juego estremecedor con el que la naturaleza intenta defenderse frente a la locura humana.

 Francisco Martínez Bouzas

 

viernes, 1 de enero de 2021

NÁUFRAGOS DE LA VIDA

Ictus

Rubén Abella

Menoscuarto, Palencia, 2020, 220 páginas.

 

     Aunque ms bien parco en su obra narrativa, Rubén Abella (Valladolid, 1967) es poseedor  de una trayectoria literaria muy respetable, y galardonada con numerosos y notables premios. Finalista del premio Nadal en 2009, ya había recibido el Premio de Narrativa Torrente Ballester por su primera novela, La sombra del escapista (2003). Ganador igualmente del Premio Vargas Llosa NH. El último galardón que acaba de recibir es el Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián en la modalidad de lengua castellana.

   La nueva novela que nos ofrece en Menoscuarto está ambientada en el año 2015, época marcada por la “pandemia” de la precariedad que se sufría sobre todo en las grandes ciudades. En capítulos alternativos, el escritor nos hace llegar tres tramas diferentes, recuperando la historia de tres personas que no se conocían, de distinta edad, sexo y condición social, pero que poseen en común un instante frustrante de sus vidas. No se conocen entre sí, pero el azar los unirá en un momento concreto.

   Todos ellos son seres humanos  sencillos, cercanos, carcomidos eso sí, por los problemas cotidianos; provocados, en unos casos por la crisis  y en otros por la confrontación de caracteres. Todo acontece en Madrid y las historias se suceden: la de Ismael, cansado igual que su mujer Merche. Cincuenta y cuatro años y no le salen las cuentas de su vida. Por eso quiere irse, desaparecer, y hará todo lo posible por conseguirlo. No soporta más angustias, agobio, desasosiegos que le están anulando. En lo laboral, las cosas le van de mal en peor. Trabaja de traductor y ahora, en la crisis, el triple para ganar los mismo. La veteranía en su profesión ya no es un grado. Desafecto del calor de sus hijos y con Merche, su mujer, sendos extraños en casa. Dispuesto a largarse del hogar, a huir como el último soplo de vida. Y para ello saca de golpe 20.000 euros del banco y tira el móvil a una papelera.

   Otro de los náufragos es Sara. Separada de Ginés desde hace dos años. Lo único que ahora les une es Quique, el hijo común. La infidelidad y el egoísmo de él provocaron el divorcio. Sara aguantó la parte gravosa del matrimonio, pero los placeres de la cama se los llevaron otras. Y tras la ruptura el desplome, y poco a poco la reconstrucción. Aprende a caminar sola apoyada en el amor de su hijo y de su madre. Y será capaz de montar un bar en donde, en la parte final de la novela, confluyen varios de los protagonistas en una escena entre estrafalaria y traumática.

   Otro perdido y sin horizontes en la gran ciudad es Raúl: arquitecto, con máster en el extranjero, llega a Madrid y envía currículos e múltiples estudios. Solamente recibe el silencio como respuesta. Le tocará hacer de todo para sobrevivir: repartidos de Telepizza, reponedor de supermercados, peón de obras en construcción… Llega a pensar que con solo veinte y nueve  años su vida ya ha tocado techo. Y sobre todo, ha perdido la esperanza y se ha vuelto mezquino, a la vez que recibe engaños y ninguneos generalizados.


                                        Rubén Abella

                                     

 Azarosamente las vidas de estos tres personajes se cruzan en Madrid una mañana de junio en un percance desgraciado. Sin embargo, en el desenlace el autor nos permite vislumbrar un mínimo rayo de esperanza; y, en un final abierto, parece que reconducen sus caminos.

   Son muchos los méritos de esta breve novela. El autor define a los personajes por lo que hacen y piensan, penetra en su interior, nos revela sus pensamientos más íntimos y nos los ofrece en bandeja a los lectores. Una estructura lineal pero con fuertes influencias del pasado en la trama, dando lugar a una novela dura, intensamente emotiva. El ritmo o tiempo del discurso es pausado en la mayoría de las secuencias, desenlace incluido. Y un estilo de prosa en el que Rubén Abella, huyendo de los barroquismos y complicaciones lingüísticas, ofrece una escritura depurada, que no es sinónimo de pobreza estilística: frases cortas, concisas, apelando cuando es necesario al lenguaje de la calle. A base de tal escritura presenta la existencia y la vida, tanto exterior como interior de tres náufragos de la vida, verdaderos paradigmas de los muchos que en este tiempo circulan por entre nosotros que también somos en buena medida náufragos en el mar de fondo de nuestros días.

Francisco Martínez Bouzas

 

jueves, 1 de octubre de 2020

INSUMISA A LAS LEYES DE LOS MACHOS

La insumisa


Cristina Peri Rossi

Menoscuarto  Ediciones (E. Cálamo), Palencia,2020, 238 páginas.

 

    

 

 

   Todos los libros de Cristina Peri Rossi contienen retazos de su vida. La amistad amorosa imposible con Julio Cortázar, por ejemplo, en Julio Cortazar y yo. Pero es en La insumisa donde el texto se transforma plenamente en biografía, en un balance de la vida de la escritora uruguaya-española, en su niñez y adolescencia. Novela pues que recupera su años de infancia y temprana juventud, y lo hace con perplejidad y extrañeza ante el mundo que la suerte le deparó, y que no comprende, porque, en las páginas del libro se percibe un constante conflicto  entre el deseo y la realidad.

   Cristina Peri Rossi es una escritora prolífica, y en sus renglones percibimos no solo una voz femenina, sino posiblemente la única voz femenina vinculada al boom de la narrativa latinoamericana. Ha publicado novela, relatos, poesía, ensayo y también autobiografía, como en este caso. Su escritura encierra un grado inabarcable de humanismo y carnalidad  fielmente expresado por esta frase de Elena Poniatowska: “Leer a Cristina Peri Rossi siempre me da ganas de hacer el amor.”

   La insumisa esta tejida con los mimbres con que entrelazó su vida desde que, exiliada de su país natal, reside en Barcelona: su infancia, su adolescencia, su primer amor que curiosamente fue su madre, su familia, el amor hacia los animales…. En definitiva, las marcas de su identidad, sobre todo las circunstancias de ser mujer.

   De este libro, reconoce la autora, está ausente la ficción, salvo lo que no puede recordar como el viaje de sus bisabuelos desde Génova a Montevideo. Pero la autora intenta reconstruirlo con verosimilitud. Se trata pues de una novela autobiográfica. En el resto de su confesión, la autora  recuerda su niñez, su adolescencia, su precoz juventud, desde el deseo y la beligerancia hacia la norma y el amor hacia las mujeres. Desde el feminismo, pero nunca excluyente.

   Escritora audaz que no tiene reparo en iniciar el libro con una declaración de amor hacia su madre: “La primera vez que me declaré a mi madre tenía tres años”. Una declaración con propósitos serios: “pretendía casarme con ella”. Como animal doméstico que se considera a esa edad, comprendió instintivamente el fracaso del matrimonio de su madre, su tristeza y sus angustias. Fue el primer encontronazo de Cristina Peri Rossi con las normas del mundo: había innumerables cosas, sordas al dolor y al deseo, que no pueden ser.”

   En otro relato nos hace saber cómo las madres y abuelas les enseñan a las niñas que a ellas “les falta algo entre las piernas”. Y por esa carencia se siente incompleta, no terminada. Será el marido, el amante o los hijos quienes la completen. Pero tan pronto como descubrió su clítoris, entendió de inmediato para que servía: “Para proporcionar placer independientemente, sin esperar a ningún príncipe azul.”

   La insumisa es no solo autobiografía sino la puerta de entrada al universo de Cristina Peri Rossi. En este texto, están presentes los interrogantes, las reflexiones, los adiestramientos, la curiosidades, los temas de fondo, sostenidos y profundizados de forma tan obsesiva que permiten reconocer su ego personal, desde sus inicios hasta el día de hoy. Una rica experiencia vital.

   La autora es capaz de reestructurarse  como personaje del relato de su vida: como niña, adolescente y joven. Y lo hace como en su literatura: de forma inquisitiva, cuestionadora, porfiada, inmensamente apasionada.

    

 

                                  

                                    Cristina Peri Rossi

 

Uno de los mimbres que tejen esta autobiografía novelada es el erotismo lésbico, aunque no de forma exclusiva, ya que en más de una secuencia también se cuestiona por la eroticidad masculina. En ella, sus indagaciones de las pasiones eróticas no son en realidad una sola celebración lúdica de los sentidos, sino una vía hacia una honda reflexión filosófica en relación con el deseo, entendido como motor de la vida.

   Es por eso que en la literatura de Cristina Peri Rossi prima y transciende las reivindicaciones identitarias. En su libro lo masculino y lo femenino aparecen analizados como formas de deseos de identidades.

 

Francisco Martínez Bouzas