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miércoles, 21 de septiembre de 2022

ANIQUILACIÓN: UN THRILLER CON FLECOS ESOTÉRICOS

Aniquilación

Mivhel Houllebecq

Traducción de Jaime Zulaica

Editorial Anagrama, Barcelona, 2022, 604 páginas.

 

   En el año 2001 Michel Houllebecq publicó su cuarta novela, Plataforma. Este título y los diez que le seguirían, incluida El mapa y el territorio con la que obtuvo el Premio Goncourt, más sus libros de ensayo, artículos y filmes lo han convertido en la primera referencia de la literatura francesa actual. Sin embargo Plataforma suscitó en todo el mundo una cruda polémica, y transformó a su autor en figura mediática y controvertida. Polémica que él mismo fomentó por las declaraciones negativas que hizo a la revista Lire sobre el Islam.

   Las cuatro novelas más las que le seguirían, han hecho de Houllebecq el fabulador de moda y lo sitúan en el centro del debate. En la primera,  Ampliación del campo de batalla (1994) nos muestra, en un texto repleto de humor, los entresijos oscuros del siglo XXI, el siglo de la informática y de la presunta liberación sexual (Xavier Lloveras). Le siguió en 1998, Partículas elementales que lo catapultó a la fama y lo colocó en la estela de la controversia, pero en el fondo no es otra cosa que una novela confusa que intenta suturar, sin conseguirlo plenamente, la conducta sexual de los exsesentayochistas con inciertas teorías sobre la clonación. Vendría después Lanzarote, un texto híbrido de narrativa y ensayo.

   Plataforma (2001), su cuarta entrega, es la provocación con mayúsculas. Para algunos, entre ellos Fernando Arrabal, su gran valedor en España, Houllebecq es el nuevo genio de la literatura de hoy, el nuevo comentador social de moda, al estilo de  Ilusiones perdidas de Honoré de Balzac.

   Otros críticos aprovecharon la aparición del “fenómeno Houllebecq” para rescatar del olvido la escuela de novelistas que, en los comienzos del siglo pasado, quiso. montar el escritor argentino Roberto Arlt, una escuela en la que proponía, como senda educativa, que los alumnos aprendieran a escribir mal. La academia del argentino nunca dejó de ser un sueño, pero las intenciones de Roberto Arlt están siendo asimiladas por Michel Houllebecq que escribe mal, incluida la novela que le supuso el Premio Goncourt. Lo mismo cabe decir de las otras tres novelas anteriores a Aniquilación: La posibilidad de una isla (2005), Sumisión (2015) y Serotonina (2019).

   Aniquilación no es una novela que no gira en torno a uno de los temas más controvertidos de Houllebecq: el deseo sexual y sus múltiples formas de satisfacerlo, si bien su obra siempre ha girado en torno al eros y al tánatos. Huoullebecq en esta novela es el gran narrador europeo capaz de captar la decadencia de la vieja Europa. Y en este caso lo hace mediante una prolepsis: el autor anticipa lo que va a acontecer dentro de cinco años, en 2027, fecha en la que se producirán nuevas elecciones presidenciales en Francia, a las que no se puede presentar el actual presidente pues ha sido elegido dos veces seguidas.

   El personaje principal de Aniquilación es Paul Raison, un burócrata asesor del ministro de Economía Y Finanzas, sobre el que están apareciendo imágenes inquietantes (se ve por ejemplo cómo se le guillotina). Paul y el gobierno intentarán averiguar qué grupo se encuentra detrás de estas imágenes. Estamos pues ante un thriller político.

   Sin embargo, el tema central de la novela es otro: la decadencia de las sociedades opulentas y decrépitas. Entremedias, varias subtramas que forman parte de un microtexto que no conduce a ninguna parte.

     

                                             

                                           Michel Houllebecq

 

   En cuanto a la hechura, es preciso reconocer que Aniquilación es una pieza que arranca muy bien. En contadas páginas, el autor nos pone frente al misterio de la existencia de un grupo terrorista que, en la Francia de 2027, difunde vídeos engañosos sobre ejecuciones de políticos, hunde barcos cargueros y hace saltar por los aires depósitos de esperma. El autor se sirve de la intriga para demoler el mundo moderno, dibujar apesumbrados personajes y suturar entre todos ello escenas de sexo.

   Novela pues futurista, provocadora y apolítica, con escenas de humor desangelado y personajes con altas dosis de cinismo, y que, como suele ser habitual en Houllebecq, deslumbrará, escandalizará y hasta podrá ser considerada como un tostón. Y con un protagonista hastiado de la estafa tecnológica y del nihilismo europeo. Pero Houllebecq no engaña a nadie. A pesar de su nihilismo, en la lectura de la novela podemos rastrear múltiples escenas de afecto que van desde la amistad hasta el amor filial y cierta melancolía romántica y una  utópica posibilidad idílica del amor como bálsamo o pérdida.

 Francisco Martínez Bouzas

 

miércoles, 13 de febrero de 2019

OTRO ANTIHÉROE HOULLEBECQUIANO


Serotonina

Muchel Houellebecq
Traducción de Jaime Zulaika

Editorial Anagrama, Barcelona 2019, 282 páginas.



   


    No posee dotes visionarias ni proféticas pero Michel Houellebecq sabe conectar con gran habilidad con la actualidad, con las cuestiones candentes, y es capaz de ofrecerle a sus lectores, no un análisis sereno y razonado, pero sí la dosis ansiada de carnada, una mistura que incluye el vacio vital de nuestro tiempo, el espinoso tema de la islamización de las sociedades europeas, sexo mercenario, afirmaciones polémicas y muy provocadoras y, sobre todo un retrato cáustico del malestar y del disgusto difuso que vivimos en nuestros días. Pero Houlllebecq un peón avezado de la tradición reaccionaria, a pesar de todo eso epata como intelectual progresista. Houllebecqu sigue siendo valorado sin límites ni mesuras. Y ni la concesión del Premio Goucourt por La carte et le territoire (El mapa y el territorio) en 2010 ha sido capaz de poner mesura en las fobias y en la filias hacia su figura: primera  referencia de la literatura francesa actual, el gran novelista del pueblo (Le Figaro), el último provocador, verdadero escritor, escéptico, determinista, imprescindible, desolador, mas nietzcheano que e mismo Nietzsche, misántropo, misógino, racista, antropólogo vestido de cínico. El escritor francés más leído y más odiado.

   Houellebecq irrumpre de nuevo,  para muchos con el libro más decepcionante de todos los que ha escrito, aunque, como todos los suyos, ha sido esperado como un gran acontecimiento. Un libro que se nutre del afán provocador del escritor, y en el que le da vida a las peripecias de un hombre depresivo, repugnante y merecedor de muchas más calificaciones, dueño de provocadores torpezas y tribulaciones, que va y viene por las rutas de la transgresión, como antes de él lo han hecho tantos otros. Lo que de ellos le diferencia es que lo hace desde una pose burguesa.

   La idea capital que subyace en la trama de Serotonina y a la que la mayoría de las novelas de Houellebecq hacen referencia, es que el sexo y una confusa idea del amor es el motor de la vida de los seres humanos. Y el eje temático de la novela, acompañemos o no al protagonizo el relatos de sus correrías, es la decadencia de la cultura europea: “Ya nadie será feliz en Occidente”.

   Antes de sus publicación y venciendo el hermetismo en torno al libro, se escribió que la novela podía leerse como la historia sórdida de la desintegración de un hombre, que es a su vez, la de una civilización.

   En el despegue del libro se presenta al protagonista Florent-Claude Labrouste, cuarenta y seis años, incapaz de controlar su propia vida. Combate su depresión con un nuevo medicamento: Captorix, con efectos secundarios como las nauseas, la desaparición de la libido y la impotencia. Y comienza la historia en España, en la provincia de Almería, donde el protagonista ayuda a dos veinteañeras en short a tomar posesión de las ruedas de su coche. Pero allí no sucedió nada, a pesar de que el protagonista desea chicas frescas, ecológicas y amantes de los tríos. Asqueado de la relación tóxica con su novia japonesa, cuya relación se hallaba en fase terminal: descubre los videos porno y de orgias que ella ocultaba y que follaba con un doberman. Y empachado en igual medida de su trabajo en el Ministerio de Agricultura -detestaba de París, infestada de burgueses- decide poner fin a tantas idioteces,  e inicia una huida de si, con el convencimiento de encaminarse a su propio destino. Engrosar las nóminas de los desaparecidos voluntariamente, alojándose por el momento en algún hotel en el que se permitiese fumar.

   Y desde una perspectiva fundamentalmente sexual, pasa revista a las mujeres o amantes que han estado en las entretelas de sus fracasos; relaciones sentimentales marcadas por los desastres, unas veces cómicos, otras patéticos: la danesa Kate con la que no salvó el mudo y el amor no triunfó; Claire, una semiactriz a la que encargaban tonterías intelectualoides que odiaba, una mujer que apetecía dejarse follar por ella, más que a la inversa y que seduce a  la mayoría de los amantes de su madre, lo mismo que hacía la madre con los novietes de sus hija. Y sobre todo Camille, cinco años de felicidad. Tras ellas, se queda solo con el “humus adaptado de los placeres solitarios”. Escribe su propia vida con humor ácido y deja entrever el mundo que le rodea. Se reencuentra con viejos amigos, recorre las calles de París, viaja por Normandía y entra en contacto con los productores de leche que protestaban por los bajo precios.

   El protagonista de Serotonina es un tipo que había perdido toda esperanza de ser feliz, si bien todavía ambiciona escapar de la demencia. Por eso acude al psiquiatra que le había recetado Captorix que le dice que tiene la impresión de que se está muriendo de pena y le propone sustituir el antidepresivo  por putas.

   Antes de la recta final, en un mundo sin erecciones ni masturbaciones y que se transforma para él en una superficie neutra, todavía tiene fuerzas para renegar de la cultura del mundo occidental, personificado en La montaña mágica de Thoman Mann y En el tiempo recobrado de Marcel Proust. Tras esto, la recta final.

   Lo interésate  de la novela no son sus muchas secuencias insulsas y prescindibles, sino el hecho de haberle dado forma Houllebecq a un personaje que narra su propia autodestrucción, su desarraigo, su deriva existencial, su indolencia terminal, su nihilismo sin causa. Un personaje que responde  a las visiones crepusculares que suelen anidar en el escritor francés. Es el único mérito de una novela prácticamente desprovista de argumento y en la que el autor deja caer opiniones candentes y para muchos lectores rechazables. Una clara mofa de las feministas con chistes misóginos y homófobos (Entre el protagonista y las mujeres solo median las mamadas). La repugnancia por la Europa socialdemócrata, la atracción por el ultraliberalismo. No juzga la pedofilia, la prostitución, las drogas; se siente orgulloso de su incivismo, Franco fue el verdadero inventor a escala mundial del turismo de masas. La obsesión del protagonista por el sexo, especialmente el oral, se vuelve insoportable. Y alguna reflexión certera como su rebelión contra el puritanismo o la ausencia de la libertad individual como detonante de la soledad.

   En definitiva, un redescubrimiento sentimental trufado por las ausencia de sentimientos, por relaciones fallidas, con ciertas dosis de melancolía y una cierto ensueño de felicidad. Una prosa simple, funcional, plana como una helada Siberia viste este desolador retrato del hombre occidental. Pero la verdad es que no precisaba otra cosa.



Francisco Martínez Bouzas




 
Michel Houllebecq

Fragmentos



“… era realmente alucinante la cantidad de objetos para ella indispensables para mantener su condición femenina, las mujeres suelen ignorarlo, pero es algo que desagrada alos hombres, que los asquea incluso, que acaba por darles la sensación de que han adquirido un producto adulterado cuya belleza solo consigue mantenerse barcias a artificios infinitos, artificios que pronto (sea cual sea la indulgencia inicial que puede manifestar su macho por las catalogadas imperfecciones femeninas) acaban considerando inmorales, y yo había podido darme cuenta durante nuestras vacaciones juntos del hecho de que Yuzu pasaba un tiempo increíble en el cuarto de baño: había calculado que entre el aseo de la mañana (alrededor del mediodía), el arreglo un poco más sumario a media tarde y el ceremonial interminable y exasperante de su baño vespertino (un día me había confesado que usaba dieciocho cremas y lociones diferentes), consagraba a arreglarse  seis horas al día…”



…..



“Se me reprochará quizá que concedo excesiva importancia al sexo; no lo creo. Aunque no ignoro que otras alegrías ocupan poco a poco su lugar, en el curso del desarrollo normal de una vida el sexo sigue siendo el único momento en el que involucras personal y directamente tus órganos, por lo cual el paso por el sexo, y por un sexo intenso, sigue siendo obligado para que se produzca la fusión amorosa, nada puede realizarse sin él, y todo lo demás, normalmente, dimana de él suavemente.”



…..



“-Bueno…-dijo-, el índice de testosterona es francamente bajo, eso me lo esperaba, es por el Captorix. Pero también tiene un nivel de cortisol muy elevado, es increíble el nivel de cortisol que segrega usted. De hecho…, ¿puedo ser franco con usted?

Le dije que sí que la franqueza eea más bien la tónica de nuestra relación hasta aquel momento.

-Pues bien, de hecho… -Aun vaciló, le temblaron ligeramente los labios ates de decirme -: Tengo la impresión de que usted sencillamente se está muriendo d  pena.

¿Existe un morirse de pena, tiene sentido? –Fue la única respuesta que se me pasó por la cabeza (…)

-Con el cortisol es inevitable, va engordar cada vez más, va a volverse realmente obeso. Y cuando lo sea no le faltarán las enfermedades mortales, hay para elegir (…)

-¿Entonces me aconseja dejar el Captorix?

-Pues…no está claro, como opción. Porque si lo deja volverá a la depresión, resurgirá incluso mucho más fuerte, se convertirá usted en una auténtica larva. Por otro lado, si lo sigue tomando puede tachar con un aspa su sexualidad. Lo que haría falta es mantener la serotonina a un nivel correcto, hasta ahí todo bien, todo el orden, pro bajando el cortisol, y quizás aumentar un poco l dopamina y las endorfinas, que sería lo ideal. Pero tengo la sensación de no ser muy claro, ¿sí, me sigue usted)

-No del todo, la verdad.

-Bueno… -Echo de nuevo una ojeada al papel, una ojeada un tanto extraviada, me daba la impresión de que no creía realmente en sus propios cálculos, hasta que alzó la mirada y me soltó-: ¿Ha pensado en las putas?”


(Muchel Houllebecq, Serotonina, páginas 54-55, 61, 255-256)

viernes, 4 de enero de 2019

NOVEDADES DE EDITORIAL ANAGRAMA PARA INICIAR 2019


   Como en años anteriores, la barcelonesa Editorial Anagrama inaugura el nuevo año 2019 con la publicación de productos literarios de gran calidad en casi todas sus colecciones. Desde la calidad y la singularidad, Editorial Anagrama sigue haciendo frente a la uniformidad del libro único. En poco o en nada se ha notado, desde esa perspectiva, el relevo de Jorge Herralde por Silvia Sesé.
   En la colección bandera de Anagrama,”Panorama de Narrativas” a punto de alcanzar los mil  títulos, dos novedades: Serotonina de Michel Houellebecq y El expdiente de mi madre de András Forgach. La otra colección específicamente dedicada a la narrativa, “Narrativas hispánicas”, anoto dos novedades: Petit Paris de Justo Navarro y Sánchez de Esther García Llovet.
   En otra de las colecciones clásicas de la Editorial, “Argumentos” cabe destacar la publicación de una obra póstuma de Olíver Sacks. Así mismo en “Nuevos cuadernos Anagrama”, dos títulos: Ironía on de Santiago Gerchunoff y Silencio administrativo de Sara Mesa. Finalmente en “Compactos”, la colección de bolsillo de Anagrama, la reedición de otra novela de Michel Houellebecq, Sumisión.
   Como adelanto editorial y en espera de mi valoración crítica, reproduzco las sinopsis de tres de estas novedades que gentilmente me ha hecho llegar la casa editora y que estarán a la venta en librerías a partir del día 9 de enero.

Francisco Martínez Bouzas



Serotonina
Michel Houellebecq
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 282 páginas

Sinópsis:

“Florent-Claude Labrouste tiene cuarenta y seis años, detesta su nombre y se medica con Captorix, un antidepresivo que libera serotonina y que tiene tres efectos adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia.
   Su periplo arranca en Almería –con un encuentro en una gasolinera con dos chicas que hubiera acabado de otra manera si protagonizasen una película romántica, o una pornográfica–, sigue por las calles de París y después por Normandía, donde los agricultores están en pie de guerra. Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura –ni siquiera Proust o Thomas Mann– no es una tabla de salvación.
   Florent-Claude descubre unos escabrosos vídeos pornográficos en los que aparece su novia japonesa, deja el trabajo y se va a vivir a un hotel. Deambula por la ciudad, visita bares, restaurantes y supermercados. Filosofa y despotrica. También repasa sus relaciones amorosas, marcadas siempre por el desastre, en ocasiones cómico y en otras patético (con una danesa que trabajaba en Londres en un bufete de abogados, con una aspirante a actriz que no llegó a triunfar y acabó leyendo textos de Blanchot por la radio...). Se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, cuya vida parecía perfecta pero ya no lo es porque su mujer le ha abandonado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y ese amigo le enseña a manejar un fusil...
   Nihilista lúcido, Michel Houellebecq construye un personaje y narrador desarraigado, obsesivo y autodestructivo, que escruta su propia vida y el mundo que le rodea con un humor áspero y una virulencia desgarradora. Serotonina demuestra que sigue siendo un cronista despiadado de la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI, un escritor indómito, incómodo y totalmente imprescindible.
   «Lo que me impide leer los libros de Houellebecq y ver las películas de Von Trier es una suerte de envidia. No es que les envidie su éxito, pero leer esos libros y ver esas películas sería un recordatorio de lo excelsa que puede ser una obra y lo muy inferior que es mi trabajo» (Karl Ove Knausgård).”

El autor:

Michel Houellebecq (1958) es poeta, ensayista y novelista, «la primera star literaria desde Sartre», según se escribió en Le Nouvel Observateur. Su primera novela, Ampliación del campo de batalla (1994), ganó el Premio Flore y fue muy bien recibida por la crítica española: «Una mirada lacerante –aunque repleta de humor– sobre el vacío vital de este fin de siglo» (Xavi Ayén, La Vanguardia); «Magnífica novela. Si Kafka nos descubrió en sus relatos el seco cañamazo del siglo XX de la burocracia, Houellebecq nos muestra, con espléndido pulso literario, los entresijos oscuros del siglo XXI de la informática y la presunta liberación sexual» (Xavier Lloveras, El Periódico). En mayo de 1998 recibió el Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés. Su segunda novela, Las partículas elementales (Premio Novembre, Premio de los Lectores de Les Inrockuptibles y mejor libro del año según la revista Lire), fue muy celebrada y polémica, así como Plataforma. Obtuvo el Premio Goncourt con El mapa y el territorio, que se tradujo en 36 países, y ha abordado el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea en Sumisión. Las cinco novelas han sido publicadas por Anagrama, al igual que Lanzarote, El mundo como supermercado, Enemigos públicos (con Bernard-Henri Lévy), Intervenciones y los libros de poemas Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento (reunidos en el tomo Poesía) y Configuración de la última orilla. Houellebecq ha sido galardonado también con los prestigiosos premios IMPAC (2002) y Schopenhauer (2004); en España recibió el Leteo (2005)
…..

Petit Paris
Justo Navarro

Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 236 páginas.


Sinopsis:

 París, marzo de 1943: Alemania e Italia están perdiendo la guerra. Después de la invasión angloamericana del norte de África y la rendición en Stalingrado del mariscal de campo Paulus, se respira la hecatombe militar nazi-fascista, el inminente desembarco de los aliados en Europa. Veinte años antes de resolver los crímenes sobre los que giraba Gran Granada, el comisario Polo se encuentra por accidente en París, temeroso de no poder acabar nunca un viaje que solo iba a durar unos días. En tiempos de guerra no es raro que lo previsto como una excursión de setenta y dos horas se dilate meses, años o décadas, o se convierta en el exilio eterno.
Y Polo se mueve en un pequeño París, Petit Paris, de gente peligrosa: abogados y periodistas que ejercen labores policiales en los servicios consulares de España, colaboradores de la Gestapo a la caza de republicanos españoles en fuga. Entre el personal de la escuadra española se han sucedido en menos de un mes tres muertes violentas, y en el centro aparece el posible suicidio del bello Matthias Bohle, un seductor de vida enigmática que con otro nombre había conquistado la Granada de 1940, incluyendo al irreductible comisario Polo, y que recaló en París tras robar cuatro kilos de oro a un industrial que quizá le encargó sacarlos clandestinamente de España.  
Pronto Polo empezará a investigar su muerte, ayudado por colaboradores tan poco seguros como lo es todo en la ciudad: el abogado Palma, casi un doble de Polo rejuvenecido cuarenta años y con carnet de la Gestapo, que ha descubierto la fuente de la juventud en una mezcla de gin, Dubonnet y anfetaminas; Alodia Dolz, heroína de la Cruzada nacional, agente de la Quinta Columna, que sobrevivió a tres años de temerarias actividades clandestinas en la Madrid roja: «Si entonces no la habían matado, ya no la matarían nunca.» El Petit Paris de Polo es negro puro, una ciudad de inquietante ambigüedad moral donde todos mienten y manipulan como único modo de sobrevivir. Una narración deslumbrante y magnética –con homenajes a Simenon, Leo Malet y Modiano– que juega con los resortes de géneros como el policiaco y el de espías para llevarlos más allá.
«Justo Navarro tiene una voz absolutamente personal, posee un mundo inequívoco de obsesiones y ficciones, aporta un sistema expresivo singularizado y brillante, y trae a la narrativa española un necesario acento de dureza, de rigor estético pero también ético» (Miguel García-Posada, El País).

El autor:

Justo Navarro (Granada, 1953), premio de la Crítica por su libro de poemas Un aviador prevé su muerte, ha publicado en Anagrama las novelas Accidentes íntimos (Premio Herralde de Novela): «Un paso ade­lante en una trayectoria cada vez más densa y cuaja­da» (Santos Sanz Villanueva, Diario 16); «Transita por los caminos auténticos de la narrativa con mayúscu­las» (Ramón Acín, El Heraldo de Aragón); La casa del padre (Premio Andalucía de la Crítica): «Se integra en el privilegiado número de novelas que permiten de­finir lo mejor de una época literaria» (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); «Una novela de clima inol­vidable y una de las más rotundas e inquietantes de la nueva narrativa española» (Felipe Benítez Reyes); El alma del controlador aéreo: «Turbadora gran nove­la» (Enrique Vila-Matas); «De imprescindible lectura» (Ana Rodríguez Fischer, ABC); F. (Premio Ciudad de Barcelona): «Excelente» (Ricardo Senabre, El Mun­do); Finalmusik: «Para paladares delicados» (Ricardo Senabre, El Mundo); «Con sentido del humor y su aguda visión crítica subraya algunas de las grandes paradojas de nuestro tiempo» (María Luisa Blanco, El País); El espía: «Fascinante» (José Luis Amores, Revista de Letras); y Gran Granada (Premio Andalu­cía de la Crítica): «Soberbia» (J. Ernesto Ayala-Dip, El País); «Una novela negra que... no renuncia a ser una novela del propio Navarro, con su estilo riguroso, inteligente, tajante» (Nadal Suau, El Mundo), así como el ensayo El videojugador: «Hacen falta libros como este, capaces de romper la inercia del pensa­miento y de actualizar el placer de la curiosidad libre de prejuicios» (Sergio del Molino, Revista Mercurio).
…..


Sánchez
Esther García Llovet
Editorial Anagrama, Barcelona 2019, 130 páginas

Sinopsis:

Madrid. Un Madrid nocturno en cuyo cielo de tanto en tanto se ve pasar alguna estrella fugaz. Un Madrid de extrarradio, de timbas, bingos, gasolineras de la M30, Casa de Campo y bares perdidos en la nada. Un Madrid crudamente real en el que de pronto puede suceder lo inesperado, e incluso lo mágico. Ese es el espacio que transitan los personajes de esta novela de perdedores en busca de una oportunidad.
Sus nombres son Nikki y Sánchez. En el pasado compartieron vida, después sus destinos se separaron. Ella ha estado trapicheando con tabaco en La Línea y ahora ha vuelto a Madrid y se ha metido en el mundillo de las apuestas y las carreras de galgos. Él, con fama de gafe y dado a desaparecer, debe dinero y acepta ayudar a Nikki cuando ella lo llama. La propuesta de Nikki a Sánchez: que la ayude a entregar un galgo de nombre Cromwell a una italiana que se dedica al negocio de las carreras. Y durante una interminable madrugada la pareja transitará por un Madrid espectral en busca de ese galgo y se topará con un montón de extraños personajes, como la artista serbia que acaba de celebrar en pleno bosque una performance consistente en comer carne cruda de ciervo durante veinticuatro horas...
Segunda entrega de la Trilogía instantánea de Madrid tras la notabilísima Cómo dejar de escribir, Esther García Llovet se confirma aquí como extraordinaria retratista de un Madrid que no sale en las guías turísticas, de la ciudad marginal de altas horas de la madrugada, poblada por personajes escurridizos e inquietantes.
Una novela breve y contundente, escrita sin florituras y con diálogos como cuchillos, que avanza sin tregua con una estructura de thriller en la que de tanto en tanto asoma un clima surreal, con imágenes y situaciones dignas de un David Lynch en estado de gracia tras ingerir algún brebaje castizo.
«Esther García Llovet es una perra verde. Un bicho raro en el contexto actual de la literatura española: el mundo de sus escritos es también el de una perra verde. El de una exquisita rara avis... Esta autora cuestiona cada código, cada imagen, cada palabra... Estupenda» (Marta Sanz).
«Nos gusta mucho García Llovet, y nos gusta su estilo, su poética: afirma
su preferencia, como lectora, por las grandes novelas oceánicas (con Bolaño y Foster Wallace como inexcusables referencias), pero como escritora apuesta por las novelas escuetas y alusivas. Su universo narrativo incluye una dosis innegable de extrañeza alentada por una especie de arcano inaccesible, de “fatum” de tragedia griega. Autora de culto» (Sara Mesa).
«Una muy buena escritora, que maneja la tensión narrativa y la ambientación de manera soberbia y mesurada» (Sergi Bellver, Bitácora de Sergi Bellver).
«Ha hecho de la calidad una de sus señas» (Javier Moreno, Quimera).
«Su estilo es de cuchilla de afeitar» (Laura Fernández, Go Mag).
«Es de esas escritoras “secretas” que causan adicción» (Carlos Sala, La Razón).
«Una escritora única... Magnetiza al lector» (Recaredo Veredas, Qué Leer).
«Excelente narradora... Brillante» (Alberto Olmos).

La autora:

Esther García Llovet (Málaga, 1963) vive en Madrid desde 1970, donde estudió Psicología Clínica y Direc­ción de Cine. Ha publicado Coda (2003), Submáquina (2009), Las crudas (2009) y Mamut (2013), además de relatos en diversas antologías y revistas. Es traducto­ra del inglés y colabora habitualmente en la revista Jot Down.
En Anagrama ha publicado Cómo dejar de escribir(2017): «García Llovet es una pegadora certera, de buen juego de piernas y golpe preciso» (Carlos Zanón, El País); «Espléndida novela corta. Mé­rito literario, sustentado en una prosa de buscada sencillez, ingeniosa en sus manifestaciones de hu­mor excéntrico y muy expresiva en su bien dosifi­cada creación de juegos de palabras. A lo cual con­tribuyen también la fluidez y el dinamismo de sus diálogos» (Ángel Basanta, El Mundo); «Esther García Llovet tiene una capacidad muy grande para repro­ducir el lenguaje de la calle, de la gente que anda perdida por un Madrid fantasmagórico, entregada a búsquedas raras porque no tienen nada que hacer» (Benjamín Prado); «Su prosa no mece, no calma, no acompaña, porque supone una sístole ancha y pro­funda, capaz de dar la bofetada oportuna. El lector no olvidará el impacto de su ritmo, la melodía de su verbo y la impronta de una narradora que respira por el pulmón del mejor McCarthy, del eterno Bellow y del último Bolaño» (Ángeles López, La Razón).