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martes, 14 de junio de 2016

"ECHEVERRÍA", O COMO HACER UN PAÍS CON LIBROS Y POEMAS



Echeverría

Martín Caparrós

Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 365 páginas



   Con Echeverría se suma Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) a la tendencia de la actual narrativa de convertir a intelectuales y especialmente a literatos en personajes de ficción. Los escritores, o los intelectuales en general, interesan cada vez más a los narradores. Escritores reales y conocidos tratados como “dramatis personae” imaginarios. Acreditados narradores contemporáneos como Philip Roth, J. M. Coetzee, Julian Barnes, Jacques-Pierre Amette, Saul Bellow o Elena Poniatowska, entre otros, se han incorporado, con alguna de sus obras, a esta floración de novelas en las que el protagonista es un escritor real y conocido. Martín Caparrós lo hace a su manera con Estevan Echeverría (Buenos Aires, 1805 - Montevideo 1851), autor de poemarios románticos “grandilocuentes y malos”, en estimación del propio Caparrós, pero, sobre todo, de un texto El matadero, rebosante de violencia primaria, que con Facundo, es una de las obras fundamentales de los inicios de la literatura argentina.

   Martín Caparrós, un verdadero experto en eso que se ha dado en llamar “nuevo periodismo narrativo”, realiza en esta biografía-novela un viaje hasta los orígenes de la nación argentina para encontrase con su protagonista, José Estevan Echeverría, hijo de un vasco emigrado a un pueblo, a la Aldea que, en los siglos XVIII y XIX, era Buenos Aires. Y desde la figura de este personaje, el escritor hace una relectura  de la Historia, especialmente de las arrugas de la Historia argentina, porque Estevan Echeverría no solamente fue el introductor del romanticismo en el país austral y el modelo del poeta nacional, sino también un activo luchador contra el régimen del “peronismo” del siglo XIX, la dictadura de Juan Manuel de Rosas, descrita de forma simbólica en El matadero, la crónica de un espacio marginal escrita cuando aún no existía la crónica.

   Cautivado por el personaje histórico que, como Caparrós también vivió unos años en París y, sobre todo, por el proyecto al que Echeverría dedicó sus esfuerzos -inventar una literatura nacional- el escritor periodista reconstruye, con un narrador en tercera persona, la biografía ficcionalizada de Echeverría que, tras la temprana pérdida de sus padres, intenta suicidarse, sus amores adolescentes con una prima carnal con consecuencias, meses dedicados al juego y a la bebida. Y su viaje a París porque quiere ser una persona educada. Cinco años en la capital francesa de los que apenas se conocen pormenores, y que Martín Caparrós salda en unas líneas, ya que lo que realmente le interesa al narrador es la vuelta, el retorno como literato, la misión que Echeverría se ha dado a sí mismo. Ser un escritor romántico para rescatar las emociones de las viejas tradiciones nacionales de las que carecía Argentina.

   El primer poema publicado que destila más ilusión que arte poética, editado además sin la vanidad de su nombre. Pero es el inicio de su misión: Argentina no será un país mientras no tenga una identidad que demanda una literatura propia. Publicará largos poemas rimados en un supuesto clasicismo en los que vuelca todo su bagaje romántico, pero sin atreverse a firmarlos. También habrá un primer libro (Los Consuelos, 1834), pero no todavía una literatura nacional. Y Echeverría se ha propuesto hacer un país con libros. Seguirán otros poemarios como Rimas que contiene el extenso poema “La Cautiva” en el que Echeverría incorpora el paisaje, el desierto argentino y lo más arcaico e irracional del país: los gauchos, el ganado, los látigos…

   Reuniones clandestinas, fundación de la Asociación de Mayo, La Joven Argentina, para la que Echeverría redacta un listado de quince enunciados que sintetizan los ideales de la nueva generación frente a la dictadura del Restaurador, el dictador Juan Manuel de Rosas. Echeverría seguirá el camino de los restantes miembros del Salón regenerador y se exilia primero en Colonia del Sacramento y finalmente en Montevideo donde fallece.

   La lírica de Echeverría es bastante mala, piensa Caparrós. Su obra literaria más meritoria es un texto literario publicado póstumamente, El matadero, la radiografía realista de un mundo que Echeverría conoce perfectamente desde niño: la marginalidad de un espacio en el que rige la brutalidad y la violencia. Una obra realista que debe de ser leída como la alegoría de la sociedad porteña y del régimen represivo del Restaurador Rosas: el resumen de un país que no quiere: un teatro de la tragicomedia patria, la metáfora de la peor Argentina.

   Uno de los aciertos de esta ficción biográfica escrita por Martín Caparrós es la fusión de las aspiraciones literarias de Echeverría con los sucesos políticos y militares de Argentina, especialmente con la oposición del poeta a la suma del poder absoluto exigido  y concedido al tirano Juan Manuel de Rosas. Difícilmente se puede entender la historia de Echeverría sin traer a escena las circunstancias políticas que le fueron moldeando hasta convertirlo -también en su texto narrativo El matadero- en un conjurado contra Rosas y a favor de la patria y de la libertad.

                                               
Estevan Echeverría
   Sutura de biografía y ficción; fiel en general a los hechos. La parte más ficcional narra, sin profundizar demasiado en ellos, los amores de Echeverría, en especial con Candela, la hija de su esclava Jacinta, para la que Estevan Echeverría será siempre su patrón. Así mismo, sin excesivos análisis, alude a temas como la esclavitud y el racismo, todavía imperantes en la Aldea porteña. El mismo protagonista, no obstante sus ideales liberales, conviven con la esclavitud. Son las flaquezas y pasiones privadas de Echeverría que Caparrós no oculta ni disimula.

   La novela avanza de forma lineal, intercalando entre los capítulos secuencias rotuladas con las palabras “Entonces”, una alusión al tiempo de la historia, y “Problemas”, recapitulaciones reflexivas  del escritor sobre el personaje y su propia escritura. Una muestra: toda escritura es invento, “El mito de los hechos, hechos mitos” (página 47). Si Los Living -la novela de Caparrós más conocida- es un calidoscopio de un país turbulento en los días de la Guerra de las Malvinas y de la dictadura de los 70, Echeverría  es no solo la recuperación de la biografía  de un personaje importante, sino también la relectura reflexiva de un país joven que se está formando entre grandes turbulencias.



Francisco Martínez Bouzas



                                                      
Martín Caparrós

Fragmentos



“Echeverría mira la pistola -ese animal extraño, tan fuera de lugar en su mano apretada- y no piensa en amor: piensa en las culpas que el amor produce. En su madre, muerta el año pasado. En su certeza de que su madre se murió por su culpa. La suya, piensa, la mía, por mi estupidez y mi desidia y mi lascivia y mi crueldad, piensa: por mi culpa grandísima.

Un ojo por un ojo, dicen, piensa: un hijo por su madre, yo.”



…..



“Decidió que va a ser un escritor. En París ha estudiado con ahínco, con tesón, con pertinacia a los grandes románticos -de Hugo a Goethe, de Byron a Schiller, de Shakespeare a Shakespeare- porque quiere usar de ellos la emoción y el rescate de las viejas tradiciones nacionales, de los reinos oscuros de la magia, de los abismos de las sensaciones y las cumbres de las sensaciones, de lo que no sabemos ni queremos entender. Pero también ha estudiado la versificación en castellano, los vericuetos del castellano para creer que puede manejarlos. Es un joven tozudo: sabe que no sabe hacer versos, quiere aprender porque quiere ser poeta. «Era necesario leer los clásicos españoles. Empecé: me dormía con el libro en la mano…», le escribe esos días a un amigo.

Quiere ser escritor. No ha escrito demasiado pero intenta: va a ser un escritor. Y más allá, por encima de eso: se ha convencido de que un escritor -él como escritor- puede hacer algo importante por su patria. La Patria -se ha dicho muchas veces- necesita  tanto, que cualquier cosa que haga puede ser útil; la Patria necesita tanto que cualquier cosa que haga va a ser insuficiente.”



…..



“Al cuarto día se sienta a escribir. O, en realidad, no quiere escribir: va a tomar notas. Quiere fijar ciertas ideas que le dejó la historia del muchacho. «A pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noé y la genealogía de sus ascendientes, como acostumbraban a hacerlo los antiguos historiadores españoles de América…», escribe, y recuerda la situación del matadero el año anterior, cuando las lluvias torrenciales impedían que llegara el ganado y no había qué faenar y los ratones se morían de hambre y la Aldea se empezó a quedar sin carne y hubo enfermedades y precios impagables y un par de curas que clamaron la cólera de Dios y redoblaron los esfuerzos del gobierno y al fin después de dos semanas entró una tropa de ganado gordo y todos se precipitaron y el primer novillo que mataron fue, todo entero, un regalo para el Restaurador que le llevó una comisión de carniceros para que el hombre no tuviera que privarse de un asado. «La visión del matadero a la distancia es grotesca, llena de animación…», anota y sigue.”



(Martín Caparrós, Echeverría, paginas 15-16, 65-66, 282)

viernes, 8 de abril de 2016

NOVEDADES DE EDITORIAL ANAGRAMA PARA EL MES DE ABRIL



   Es posiblemente uno de los meses en el que la editorial barcelonesa menos títulos pone en el mercado y en las librerías. El sello editor fundado por Jorge Herralde en 1969, la “peste amarilla” como lo definió el patriarca de Planeta, José Manuel Lara, ahora situado en la órbita de Feltrinelli y con Silvia Sesé como adjunta a la dirección editorial,  ha ilustrado y llenado de inolvidables vibraciones la vida de los lectores de España y de Latinoamérica. Desde hace unos años, también de aquellos y aquellas que leen en catalán. A partir del año que viene Feltrinelli se hará con la mayoría de la acciones de Anagrama. Pero hoy por hoy es Jorge Herralde el que sigue al timón, el que firma los textos de las contraportadas de los productos editoriales elegidos por él y un equipo, parco en número de personas, pero altamente especializado. La amistad y sintonía con la italiana Feltrinelli augura la edición de buenos libros en el futuro. Como estos cuatro que Anagrama publica este mes de abril en tres de sus colecciones: No ha lugar a proceder de Claudio Magris en “Panorama de narrativas”, Domingo de Revolución de Wendy Guerra y Echeverría de Martín Caparrós en “Narrativas hispánicas”. Y finalmente La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror de Slavok Žižek, en la colección “Argumentos”.

   Con un propósito solamente informativo, reproduzco la información que nos llega  con las respectivas presentaciones editoriales. A lo largo de este mes, ofreceré mi valoración crítica de los tres primeros, recibidos estos días.

   Desde estas modestas líneas, mi reconocimiento a Ana Jornet, prejubilada hace unos meses y durante muchos años jefa de prensa de Anagrama y que con María Teresa Slanzi formaron un “tándem imbatible” en palabras de Jorge Herralde. Mi gratitud también a Lidia Lahuerta, en la actualidad en el departamento de prensa de la editora.



Francisco Martínez Bouzas





No ha lugar a proceder

Claudio Magris

Traducción de Pilar González Rodríguez

Editorial Anagrama, Col. Panorama de narrativas, Barcelona, 2016, 384 páginas


 «Submarinos usados. Compro y vendo.» Con este anuncio, aparecido en el Piccolo Banditore el 26 de octubre de 1963, arranca la novela. No es una invención, se publicó de verdad. Quien lo puso fue un profesor triestino, coleccionista obsesivo de armas y de todo tipo de parafernalia bélica. En él se ha inspirado Claudio Magris para construir esta narración hipnótica e inquietante que arranca con un hombre empeñado en montar un «Museo total de la Guerra para la llegada de la Paz y la desactivación de la Historia». Junto al profesor que lo ha concebido, aparece otro personaje central, el de Luisa, hija de una judía deportada y de un sargento afroamericano. Ella será la encargada de poner a punto ese museo, cuyas salas acumularán objetos que cuentan historias. Y así, en esta novela que contiene muchos relatos, van apareciendo la Risiera di San Sabba, en la periferia de Trieste, que fue el único campo de exterminio nazi que existió en Italia; el asesinato de Heydrich en Praga a manos de la resistencia checa; la trata de esclavos africanos; la peripecia del soldado alemán ejecutado por la Wehrmacht por negarse a disparar contra la población civil polaca; los zapatos de un partisano esloveno; la violencia en la América colonial; la celebración del último cumpleaños de Hitler en el castillo de Miramare...Y de fondo Trieste, ciudad fronteriza, mezcla de etnias y culturas, convertida después de la guerra en el experimento del Territorio Libre de Trieste...

   Magris ha escrito una novela prodigiosa que rompe los moldes más acartonados del género y muestra una vez más el alcance de su ambición literaria. Una novela sobre la capacidad del ser humano para generar horror, pero también sobre la necesidad de la memoria, del amor y del combate -épico o cotidiano- contra la barbarie.



Domingo de Revolución

Wendy Guerra

Editorial Anagrama, Col. Narrativas hispánicas, Barcelona, 2016, 224 páginas

    
   Ésta es la historia de Cleo, joven poeta residente en La Habana, una autora bajo sospecha. La Seguridad del Estado y el Ministerio de Cultura creen que su éxito ha sido construido por «el enemigo» como un arma de desestabilización, una invención de la CIA. Para determinado grupo de intelectuales del exilio, en cambio, Cleo es, con sus aires críticos, una infiltrada de la inteligencia cubana.

   Atrapada en este vaivén de elucubraciones, prohibida e ignorada en Cuba, Cleo es la controvertida pero exitosa escritora traducida a varias lenguas que estremece a quienes la leen fuera de la isla. Sus textos narran el final de un largo proceso revolucionario de casi sesenta años. El domingo de una intensa semana de revolución que ya ha conocido dos siglos. Enclaustrada en una hermosa mansión de El Vedado bajo la maravillosa luz de una ciudad detenida en el tiempo, Cleo vive una aventura sentimental con un actor de Hollywood al mismo tiempo que «descubre» a sus padres y resiste en un país que la culpa por su gran pecado: escribir lo que piensa.

   Mientras Wendy Guerra creaba esta ficción en La Habana, la realidad entraba por la ventana, modificando la trama e interviniendo en ella, contaminando, con sus procesos históricos, los sucesos dramáticos que aquí se narran en tiempo real. Con esta novela, Guerra se confirma como una de las autoras latinoamericanas más agudas y sofisticadas en la construcción de sus historias. Una obra marcada por el fino humor con el que esboza la tragedia cubana, por la naturalidad con la que describe sin prejuicios una realidad que conoce al dedillo y por el lenguaje sonoro con que evoca una ciudad asediada por la música, el mar y la política cotidiana.



Echeverría

Martín Caparrós

Editorial Anagrama, Col. Narrativas hispánicas, Barcelona, 2016, 365 páginas
   
    Buenos Aires, 1830. La Argentina acaba de empezar y no sabe, todavía, cómo ser. Un joven, entonces, decide que tiene una misión: debe inventar, para hacer de su país naciente un país real, una literatura. Sus grandes poemas románticos terminarán por conseguirlo y el joven Echeverría se convertirá en el poeta nacional. Esteban Echeverría vive esos años turbulentos tironeado entre su tarea y su enfermedad, sus amores y el miedo, la ciudad y la pampa, la poesía y la militancia contra la dictadura, que terminará por llevarlo al exilio.
   En este cruce de variadas pasiones, Martín Caparrós escribe una novela monumental que es también la biografía de una de las figuras más significativas de la historia y la literatura argentinas, un paseo por unos tiempos turbios, una mirada sobre el oficio del escritor y, sobre todo, un relato trabajado, lujoso, sugerente.



La nueva lucha de clases

Los refugiados y el terror

Slavok Žižek

Traducción de Damiá Alou

Editorial Anagrama, Col. Argumentos, Barcelona, 2016, 112 páginas

   
    No, el filósofo no está en su torre de marfil, elucubrando sobre abstracciones trascendentales. Este manifiesto -breve, directo, contundente- es una suerte de reflexión de emergencia sobre el presente. Una indagación en las medias verdades sobre lo que está sucediendo en Europa, donde se superponen los atentados terroristas del radicalismo islámico -como los de París- con la llegada de una multitud de emigrantes y refugiados.

   Žižek, torrencial y visceral, no está para poner paños calientes, sino para poner el dedo en la llaga. Y así, plantea que no podemos quedarnos en el mero lamento compungido, en la compasión ante las víctimas inocentes, que debemos ir a las causas que generan la espiral de retroalimentación entre el islamofascismo y el racismo. Para ello es necesario superar ciertos tabúes de la izquierda y al mismo tiempo denunciar el capitalismo global que genera nuevas formas de esclavitud, y airear la obscena corriente subterránea de las religiones –que amparan la pedofilia, las agresiones contra las mujeres– y su violencia divina. La solución de esta encrucijada pasa, en opinión del filósofo, menos por la acción militar que por el fomento de la igualdad y la recuperación de la lucha de clases.

   El huracán Žižek vuelve a la carga con un libro pertinente, certero y provocador.

domingo, 1 de diciembre de 2013

"COMÍ" DE MARTÍN CAPARRÓS: QUÉ SIGNIFICA COMER



Comí
Martín Caparrós
Editorial Anagrama, Barcelona 2013, 231 páginas.

   Cincuenta y nueve mil parecen ser las veces que ha comido una persona de cincuenta años, según afirma el escritor argentino Martín Caparrós. Y añade que sobre algo que hemos realizado tantas veces, deberíamos haber desarrollado algún tipo de sabiduría. Pero no, nuestro conocimiento sobre la comida queda en manos de especialistas, se ha transformado en gastronomía. Saber sobre nuestras comidas, repasar nuestras vidas a través de ellas es el propósito de esta novela de Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), autor de una veintena de libros, entre ellos Los Living (Premio Herralde de Novela, 2011).
   Comí, en palabras de su propio autor, es un libro muy raro, con un formato híbrido discutible: a caballo entre el ensayo, el libro de memorias, la autobiografía (confusamente autobiográfico) y la pura ficción sobre la complejidad de una realidad como es el hecho tan natural y ajeno normalmente a nuestra reflexión de ser un cuerpo, con la cantidad de cosas que suceden en nuestro cuerpo, apostilla el escritor.
   Un hombre, un tal señor Caparrós, personaje y voz narradora cae bajo el dominio de la máquina médica, representada por el doctor Bellone. Deben realizarle una videcolonoscopia. Nada complicado, solamente tres días. Y para poder hacérsela, tiene que guardar ayuno y vaciar completamente su intestino. Ningún problema porque además usted ya ha comido mucho en su vida, reitera la voz de la máquina médica. Su aparto digestivo le pide ahora una devolución de favores. A partir de aquí, al paciente se le ocurre autodefinirse, detallar su pasado, aunque le aterre, como ser que comió y come cada día. La siguiente preocupación será saber qué significa comer mucho, saber cuánto ha comido.
   El personaje rememora entonces los episodios de su vida relacionados con la comida hasta su entrada en el quirófano. Un amplio abanico de acciones que el protagonista contabiliza, asociadas no solo con los alimentos, sino también con las sensaciones, con los sentimientos, con los afectos, sobre todo maternos, con lo recuerdos que, como la magdalena proustiana, asociamos a ciertas comidas y a determinados momentos: por ejemplo, la leche humana que comemos en nuestros primeros meses de vida como si comiésemos a nuestra madre.
   Pero comer no solo es deleitar las tripas. Comiendo establecemos nuestro lugar el  mundo, porque las comidas me constituyen como cultura, forman parte de nuestra historia. Comer nos configura como explotados o explotadores, aunque es bien cierto que las abstinencias no solucionan nada ni acaban con la explotación ni con las plusvalías. Pronto aprendemos a comer no solo por hambre, sino por rendirle un tributo al placer, a la ilusión de que el pasado  no se fue, sigue vivo en los gustos y aromas.
   De este modo, durante tres días y hasta su entrada en la sala de operaciones, el protagonista, a la vez que vacía su estómago y sus intestinos, hace lo mismo con su vida. Una evacuación  total de su existencia solitaria y de su vida familiar con su pareja y su hija. Reflexión pues sobre la comida, sobre el poder de la maquinaria médica a la que sometemos nuestros cuerpos. Y recuperación de múltiples episodios de la vida del protagonista que a veces se parece a Martín Caparrós y otras no y que en el fondo es un personaje de ficción.
   La novela, que  forma parte de la “Trilogía monstruosa” del escritor argentino (Entre comidas, Comí y Hambre), piezas literarias con la comida como hilo conductor, no solo es una ruptura de géneros, como reivindica el autor, sino un libro cuyo género no se puede definir  claramente.
   En el texto e Martín Caparrós se reserva un lugar muy especial y más bien desabrido a la medicina, a su poder omnímodo sobre nuestro cuerpo (“Uno hace muchas más búsquedas cuando se quiere comprar un teléfono móvil que cuando se pone en manos de un doctor que es  a la vez verdugo y salvador).
   Un cierto aire satírico, especialmente cuando el texto toca temas literarios, buenas dosis de humor, un juego de personajes (el protagonista es y no es a la vez es mismo escritor) salpican  y convierten en placentera la lectura de este libro “muy raro” que en más de una ocasión no deja de inquietar nuestra conciencia.

Francisco Martínez Bouzas



Martín Caparrós

Fragmentos

“Comer -cierta manera de comer- es deshacerse del mundo. Pero también es meterse el mundo en el cuerpo: comer unas papas fritas es tragarse el trabajo de unos jujeños que emigran cada año al sur de la provincia de Buenos Aires para la cosecha de la papa y se hunden en el barro y duermen en barracones fríos durante semanas por una paga vergonzosa mucho mayor que la que pueden conseguir en sus lugares. Comer un bife es sostener un sistema de transporte en el que camiones manejados por sindicatos poderosos gastan miles de litros de combustible para llevar esa carne viva hasta un centro de concentración del poder económico. Comer unos brotes de soja es masticar el nuevo orden argentino basado en la explotación depredadora de tierras que se agotarán en unos años, vacías de población y derrochadas. Comer es llevarse a la boca relaciones de producción, biografías, injusticias varias, usos de los recursos naturales, conflictos internacionales, tabúes religiosos, elecciones culturales, más y más biografías. Yo lo sé, lo escribí, no lo puedo ignorar –y no lo ignoro cada vez que como.”

…..

“Pero soy un cobarde. Fracasé porque soy un cobarde y, porque soy un cobarde, no pude terminar de resignarme a ese fracaso. Últimamente ando diciendo -como quien no quiere la cosa, sin proclamarlo, como si no lo dijera realmente ando diciendo- que toda literatura debería ser póstuma: que todo libro debería publicarse cuando su autor ya ha muerto, cuando esa figura infecciosa del autor ya no interfiere con la lectura de sus obras, cuando el libro importa por sí mismo y no por lo que pueda producir –de dineros, de pequeña reputación, de prebendas baratas –para quien lo escribió.
-Toda literatura debería ser póstuma.
He dicho –o, más que dicho, susurrado-tantas veces. Y nunca aclaré el malentendido que la frase suscita: que yo, su promesa ex promesa, voy a cumplir con la premisa: que escribo textos y más textos que reservo para después de muerto: que, por fin, encontré el modo de no dejar de ser el que será.”

(Martín Caparrós, Comí, páginas  33-34, 101)

lunes, 12 de marzo de 2012

"LOS LIVING", DE LA FARSA AL DISPARATE SURREALISTA EN EL TRASFONDO DE UNA TURBULENTA ARGENTINA

Los Living
Martín Caparrós
Editorial Anagrama, Barcelona, 2011, 430 páginas.


Una vez más un escritor latinoamericano se hizo merecedor del Premio Herralde de Novela en su vigésima novena adición. En efecto, un narrador ya consagrado, Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) con la novela Los Living, una propuesta narrativa ambiciosa y brillante, un texto profundamente argentino, mas a la vez universal, fue el ganador de uno de los más selectos certámenes de narrativa en lengua española.
Los Living, un proyecto narrativo consolidado, es muchas cosas a la vez: novela de formación, novela picaresca y de humor negro desde la primera página hasta la última, excepción hecha de esas páginas que el narrador nos regala a modo de epílogo y que alguien puede leer a la vez en clave fantástica o como una inmensa sátira y disparate surrealista. Y al mismo tiempo, una continua presencia y connivencia con la muerte. Y todo esto reflejado en la Argentina turbulenta de las tres últimas décadas del pasado siglo.
La novela, relatada en primera persona, apunta de una manera y acaba de otra. Comienza con el nacimiento del protagonista, Nito Remondo, en julio de 1974, el mismo día en el que se produce la gran muerte, la muerte del siglo, la de Juan Domingo Perón. De ahí el nombre, Juan Domingo, con el que le bautiza su padre, una venganza, un “chiste torcido” contra el General. Durante su niñez y adolescencia Nito sufre la pérdida de dos seres queridos: su padre y su abuelo. Desde entonces se siente cada vez más acosado por el significado de la muerte.
Mas antes de que esos interrogantes  entren en la escena novelesca, el narrador nos divierte con varios capítulos de lo que él mismo ha llamado “picaresca contemporánea”, que nos permiten conocer al protagonista incluso desde los años previos a su concepción y en los que va desgranando la presencia y la historia de cada uno de los personajes que tienen que ver con el protagonista: su concepción con el final del sexo placentero y el inicio del sexo con sacrificio, la educación en las telenovelas, el descubrimiento en la escuela de que es un niño y no un amorcito de mamá. La ausencia del padre que comienza a inquietarle. La vivencia de la guerra de las Malvinas. La llegada de la adolescencia, retorcida, cruel, hecha de aprendizajes, los escarceos sexuales, la iniciación en el sexo con mujeres de “revistas” que lo convertirán en un artista del pajoleo. Y sobre todo, su caminar en el filo del abismo, enfrentado con la muerte del abuelo y con la desaparición de su padre.
En la mente del adolescente se hace cada vez más porfiada la pregunta ¿cuál es nuestra relación con los muertos? Es a partir de aquí cuando los difuntos comienzan a acaparar todo el protagonismo hasta el punto de que la muerte se convierte literalmente en la forma de vida del protagonista, aunque sin desprenderse el relato de ese sabor de humor negro y sin abandonar la platea de una convulsa Argentina.
Cuando Nito descubre al hombre que había atropellado a su padre, brota en él  la idea de predecir la muerte, primero como venganza y posteriormente como timo muy productivo al servicio  del Pastor protestante Trafálgar que le convierte en un pronosticador de muertes futuras para atraer clientela masculina para su iglesia. Se transforma así en un ángel exterminador, en una estrella de rock predicando la muerte, lo que le permite ganar mucho dinero y descubrir el placer de pajearse no por obligación, sino por elección.
Hasta que revienta, cae del caballo y en su revelación en la que entra en escena de forma definitiva el artista Pitu Carpanta, se arrastra al lector de forma concluyente hasta la pirotecnia esperpéntica final: el invento de los linving. Los muertos no se ven, pero están con nosotros. Nos deshacemos de ellos porque nos dan miedo y porque la muerte es gratis, es dar un paso hacia ninguna parte. Mas nosotros mismo somos nuestra muerte. Víctimas y beneficiarios. Por esos es preciso tener a los muertos en los living. Surge así la Movida Living y el florecimiento de la industria del embalsamiento.
De este modo, una narración que se inicia en clave picaresca, concluye con un gran esperpento surrealista, no carente de simbolismo y de acerba crítica al país  que vio nacer al escritor. Los argentinos que solo hablaban de futbol y de que el país se va a la mierda, convivirán ahora no solo con la memoria de los familiares fallecidos sino con sus cuerpos embalsamados.
Martín Caparrós ha señalado que su abigarrado conjunto novelesco no ha sido escrito con una notación político-social  explicita. No obstante, la novela alberga en grandes dosis un calidoscopio de un país turbulento: la guerra de las Malvinas, un embole que desaparece tan pronto como había aparecido, la benevolente acogida a ciertos fugitivos alemanes, los saqueos, los desaparecidos, convertidos únicamente en incómodos comentarios marginales, las referencias al alfonsismo, al comienzo del menismo con su fiebre de privatizaciones, el desencanto o ese dejarse llevar, como sucede cuando el anuncio del inicio de la guerra.
Desde una perspectiva formal, lo más relevante, en mi estima, dejando a parte un estilo quizás demasiado reiterativo, es el dominio que muestra el autor de una estética carnavalesca, preñada de picaresca en buena parte del relato, hasta la bifurcación final en una grotesca sátira, en una acre contemplación sobre un país y sobre su gente. La maestría de Martín Caparrós para cuestionarse, a medida que avanza el relato, las claves que definen Argentina, es incuestionable. Creo finalmente que es de justicia agradecerle al editor la conservación de los abundantes argentinismos, muy eficaces e una novela que pretende revelar al menos una porción de la argentinidad.

Francisco Martínez Bouzas


Martín Caparrós


Fragmentos

“La situación, sin embargo tenía –como todas- flancos débiles. Hubo momentos en que mi padre pensó que su mujer era una puta porque hacía cosas de puta -lo que él llamó en principio, cosas de puta- como agarrarle la pija entre sus dos manos entrelazadas y apretarla con un movimiento lento, suave, acompasado hasta que él le pedía por favor que lo dejara porque le daba miedo acabar en sus manos como un chico, o decirle al oído, en voz muy baja y aniñada, que le gustaba que se la metiera muy adentro porque era muy grandota, y alguna vez hasta le lamió el glande con la puntita de la lengua, como si quisiera meterle la puntita en el agujero de su pija y mostrarle que ella también podía entrarle en el cuerpo”
…..

“Mamá se había convencido de que no quedaba embarazada porque su marido disfrutaba demasiado de esos polvos. Ah, sí, ¿y vos no disfrutás? Yo sí, pero eso no es lo que importa: si queremos tener un hijo tenemos que hacerlo de otra forma, insistió mamá diez y cien veces y terminó por convencerlo; para marcar el cambio, cubrió el espejo de la cómoda y colgó una cruz con Jesús doliente a la cabecera de la cama: ahora no estamos haciendo nada malo, nada que el Señor no pueda ver.”
…..

“Leí, busqué, aprendí. Pero creo que tenía una aptitud innata para saber la muerte. Porque nací ese día, por mi padre, por alguna forma de destino: cualquier razón es posible y ninguna termina de ser satisfactoria. Algunos saben jugar al fútbol, otros cantan, otros resuelven logaritmos; yo sé pensar la muerte. No era una bendición; era más bien una desgracia pero gracias al Pastor, se trasformó e una desgracia afortunada: yo fui, de pronto, un inútil con don -y pude utilizarlo. Tanto tiempo sin saber qué hacer y de repente lo había descubierto”
…..
“Que todas las chicas punkies, dark, new romantic y demás de Morón Haedo Palomar Ituzaingó y alrededores enloquecieran por mí en un santiamén: mi saber sobre la muerte era imbatible para enamorar rebeldes suburbanas. Cada sábado,  a la salida del teatro, diez o veinte, me esperaban con flores pintadas en negro; me las daban y, a veces, había números de teléfono escondidos en los pétalos. Yo no las llamaba: era un elegido del Señor y no podía andar llamando a rebeldes suburbanas. Se espera de mi cierta conducta -y ésa era una razón perfectamente presentable. Pero fue entonces cuando descubrí, por fin, el placer de pajearme no por obligación sino por elección: por preferir mis manos. Nunca en mi vida -digo nunca en mi vida- tuve tan buen sexo como esos días”
…..

“Tenemos que tener a nuestros muertos con nosotros, quedarnos muertos junto a nuestros vivos, ser la presencia de la ausencia en los living de todas nuestras casas, ser los living. ¡Vamos a ser los living, los de siempre! ¡Vamos a estar ahí, junto a lo nuestros! Vamos a ser la conexión entre los mundos, sentaditos en un sillón cuando ya no haya sillones y las personas se sientan en campos de energía que les ciñan las nalgas y no se manchen ni se gasten”

(Martín Caparrós, Los Living, páginas 38-39, 50, 314, 368-69, 417-18)