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jueves, 9 de enero de 2014

ALESSANDRO BARICCO: EN LA DIFUSA LUZ DEL AMANECER



Tres veces al amanecer
Alessandro Baricco
Traducción de Xavier González Rovira
Editorial Anagrama, Barcelona, 2013, 100 páginas.

   Es un hecho incuestionable que la destreza narrativa de Alessandro Baricco apenas halla parangón en la actual narrativa europea. Después de haber publicado Seda y Emaús, el gran estilista italiano (en él la escritura es  vocación, no profesión, y no falta quien afirme que no se puede escribir de forma más bella de lo que lo hace  Baricco), agasajó a sus lectores con Mr Gwyn, un thriller poético, una novela metaliteraria sobre el oficio de escribir y sobre esos gestos que, de improviso, hacen que un libro que encierra una hermosa historia, empiece a tener vida. A los pocos meses, la pluma de Baricco escribe este pequeño libro que, aunque es un texto autónomo e independiente, hunde algún modo sus raíces en Mr Gwyn. De ello nos informa el mismo autor en la nota introductoria: en Mr Gwyn, en efecto, se alude a un breve libro escrito por un angloindio, un tal Akash Narayan, titulado Tres veces al amanecer. Se trataba de un libro imaginario al que el escritor italiano decidió darle existencia, “un poco para darle una leve y lejana secuela a Mr Gwyn y otro poco por el puro placer de ir en pos de una idea determinada que tenía en la cabeza” (página 7): el misterio existencial del encuentro azaroso entre seres humano y las consecuencia que de esos encuentros se derivan.
   En efecto, en tres breves relatos, o quizás nouvelles, y siempre  a la luz vacilante y ambigua del amanecer, dos desconocidos, un hombre y una mujer se encuentran en el hall  de un hotel cuando el amanecer deja ver sus primeras luces; lo mismo les acontece a un anciano portero de noche y  a una adolescente y a un chico y a una mujer madura.
   En el primer relato, una mujer todavía joven, tan locuaz como descarada, llega hacia las cuatro de la madrugada al vestíbulo de un hotel donde un hombre reposa sentado en una butaca, con la intención de salir para cumplir con su trabajo de vendedor de balanzas. Tras conseguir que el hombre la suba a su habitación, se inicia entre ellos un interminable diálogo que les permite conocerse, con a la idea dominante de que por mucho que fantaseemos con empezar de cero y dejar la vida atrás, eso será imposible. Y en el desenlace, el absoluto desconcierto para el lector, con una encerrona perfectamente ejecutada por la mujer, colaboradora de la policía.
   En la segunda nouvelle, el diálogo tiene lugar entre “una muchacha deliciosa” que llega a un hotel más bien sórdido acompañada  del que parece  ser su novio, y el portero de noche que la invita a liberarse del aparente novio, un tipo “completamente erróneo”. Y también a partir de ahí surge una historia que se enmaraña con otro final sorpresivo.
   Tercera historia: un hotel igual de deprimente. Una mujer madura haciendo de niñera de un chiquillo de trece años en la cochambrosa habitación del albergue. Salen del hotel en un viejo Honda y se trasladan en la noche. Y entre ellos se inicia otro largo diálogo. Pero algo, una tragedia, ha ocurrido y sigue ahí, enmascarada. El chico pregunta y en el veloz y rápido diálogo surgen complicidades. Los pasados -muy reciente y trágico el del chiquillo, con ausencia / presencia de afecto en el de la mujer policía- salen a flote. Y en el desenlace, de nuevo el desconcierto, pero esta vez preñado de optimismo, brillante como la bella luz del amanecer.
   Tres relatos que se pueden amalgamar en una única novela que el lector puede componer a su gusto, dominados por las ideas-eje de Alessadro Baricco: la imposibilidad del cambio, del borrón y cuenta nueva en el casino de la vida, el destino humano, siempre estocástico y arbitrario, la permanencia de las cosas en la corriente nunca quieta de la vida (página 99), la perseverancia y, a veces, tenacidad del amor. Todo ello a la luz, a la vez ambigua y bella, de los amaneceres que Alessandro Baricco describe de forma profundamente sugerente.
   Novela fragmentaria, modesta sin duda comparada con algunas de sus obras mayores. Ajena a la artificiosidad y a cualquier clase de petulancias. Para leer desde la virginidad de unos ojos frescos, como ha comentado algún lector.

Francisco Martínez Bouzas




Alessandro Baricco


Fragmentos

“El hombre se quedó mirándola unos instantes, le preguntó luego si había vuelto a empezar desde cero, de ese modo que soñaba, mientras tenía al niño en brazos. Sí, respondió la mujer, ¿y sabe de qué me di cuenta? El hombre no respondió. Me di cuenta de que uno nunca cambia de verdad, de que no hay forma de cambiar: como uno es de niño lo será durante toda la vida, no es para cambiar por lo que se puede empezar desde cero. Y, entonces, ¿para qué es?, preguntó el hombre. La mujer se quedó un rato en silencio. No se había dado cuenta de que la sábana se le había deslizado hacia abajo, sobre el pecho, o no le importaba. A lo mejor era eso lo que quería. Se empieza desde cero para cambiar de mesa. Siempre  se tiene la impresión de que nos hemos metido en la partida equivocada y que con nuestras cartas a saber qué podríamos haber hecho únicamente de haber estado sentados en otra mesa de juego (…) Como ya le he dicho, añadió, cambiar las cartas es imposible, lo único que nos queda es cambiar la mesa de juego.”

…..

“Mira qué maravilla.
¿El qué?
La luz, allí al fondo. Se llama amanecer, es luz
Amanecer
Exactamente así. Lo hemos conseguido, señorito
Y, en efecto, desde el horizonte se había levantado una luz cristalina que iba reencendiendo las cosas y que ponía de nuevo el tiempo en movimiento. Tal vez fuera el reflejo sobre el mar, pero había algo metálico en el aire que no todos los amaneceres tienen, y la mujer
pensó que la ayudaría a permanecer lúcida, y calmada.”

(Alessando Baricco, Tres veces al amanecer, páginas 29-30, 94-95

viernes, 18 de enero de 2013

MR. GWYN


Mr. Gwyn
Alessandro Baricco
Traducción de Xavier González Rovira
Editorial Anagrama, Barcelona, 2012, 184 páginas.

  
   Traducida recientemente a varias lenguas peninsulares, tenemos en estos días la posibilidad de disfrutar de la novela del escritor italiano, Alessandro Baricco, Mr. Gwyn, un texto cristalino y transparente. El narrador italiano es sin duda uno de los mejores estilistas actuales. Su escritura es vocación, no profesión y hay quien afirma que no se puede escribir de forma más hermosa de la que lo hace Baricco.
   Mr. Gwyn es un “thriller poético”, una novela metaliteraria sobre el oficio de escribir y sobre esos gestos que hacen que una hermosa historia empiece a tener vida. Es pues preciso gozar pausadamente de cada palabra que leemos en este libro, en el que un escritor semeja cambiar de profesión, dejar de escribir libros, pero no para olvidarse de la escritura, sino para crear la magia y sumergir al lector en la esencia del asombro desde una propuesta metaliteraria y contándonos una historia muy sencilla y, a primera vista irreal, pero que llegará a atraparnos con los garfios de la intriga.
   Se trata de la historia ilógicamente fácil de Japer Gwyn, un autor de éxito que decide dejar de escribir libros, porque se da cuenta de que eso no le sentaba bien. Pero, al poco tiempo, hecha en falta el guiño de escribir y le viene  a la cabeza la idea de un posible oficio: convertirse en copista, no de actas notariales, sino de personas, escribir retratos de gente. Y es entonces cuando comienza lo insólito, la historia que poco a poco nos va fascinando. Hombres y mujeres posando para el escritor y la novela incrustándose con fuerza en la metanarrativa. Una reflexión sobre el acto de escribir y algo más, porque Baricco nos introduce de lleno incluso en el taller del escritor y nos muestra sus mínimos detalles.
Alessandro Baricco
   Pero Mr. Gwyn escribe relatos maravillosos sobre gente muy dispar. Retrata a las personas escribiendo escenas, segmentos de historia, páginas de libros que nadie escribió jamás. Y al mismo tiempo la novela profundiza en los misterios de los ritos de la experiencia que, por ejemplo, arrastran a una mujer desnuda  a dejarse mirar por un hombre loco, siendo capaz de reordenar esa experiencia hasta transformarla en un refugio para ambos, haciendo además que surja el deseo de algo físico.
   El desenlace del libro, sea cual fuere la manera como se enfoque, es sorprendente, porque al final un escritor jamás deja de serlo, solamente cambia de perspectiva: deja a un lado el arduo trabajo de la inspiración y se deja llevar por la magia. Es por eso, nos recuerda Baricco, que existen muchos retratos ocultos, circulando por el mundo, cosidos secretamente á las páginas de los libros.

Francisco Martínez Bouzas

(Este texto es la traducción al español de una colaboración con el mismo título publicada el día 18 e enero de 2013 en el periódico El Correo Gallego de Santiago de Compostela. Para ver el original, pinchar aquí)