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domingo, 17 de mayo de 2015

LA "PROFESIÓN" DEL MATRIMONIO



Orgullo y prejuicio

Jane Austen

Traducción de Marta Salis

Alba Editorial, Barcelona, 424 páginas

(Libros de fondo)



   No resulta fácil encuadrar a Jane Austen (1775-1817) en alguna escuela literaria o incluirla en un determinado período literario puesto que ningunos de los términos que suelen emplearse (“18th Century”, “Romantic”, “Victorian”) resulta apropiado para describir la obra literaria de esta gran escritora. Jane Austen es la excepción que convierte en semánticamente insuficientes a todas estas categorías. Y en buena medida porque, como ya había remarcado Virginia Woolf, Jane Austen nunca intentó escribir como un hombre.

   Orgullo y prejuicio (1813) no es posiblemente la mejor novela de Jane Austen, pero sí la más conocida. Un clásico de la narrativa inglesa. Junto con La abadía de Northanger y Sentido y sensibilidad forma parte de las obras de la primera época de la escritora, la de mayor espontaneidad y brillo argumental. Son las novelas en las que, ajena a la agitada situación política del momento, Jane Austen retrata  con sutil ironía a la pequeña burguesía rural de la Inglaterra de su época. Hilvana estampas que reflejan la intimidad del hogar, de la vida familiar, olvidándose de la vida profesional de sus personajes, ya que lo que a ella le interesa es contar su faceta más personal.

   En esa existencia de la clase media provinciana, la máxima aspiración de las mujeres consistía en hallar un buen consorte. Será este el tema nuclear de la mayor parte de las obras de la escritora. En la búsqueda del matrimonio apropiado, las protagonistas van superando errores y obstáculos a la vez que alcanzan la plena madurez. Es el perfeccionamiento en la “profesión” del matrimonio, tan presente como tema de fondo en Orgullo y prejuicio, novela en la que la escritora nos hace saber cómo las hermanas Bennet buscan el marido más conveniente, única meta real de sus vidas.

Portada de la primera edición de Orgullo y prejuicio
   En la Inglaterra finisecular del siglo XVIII y en una sociedad muy conservadora y tradicional, una pareja y sus cinco hijas cavilan que lo más importante es “casarse bien”. Un buen matrimonio supón ante todo lograr un marido con una buena posición social y económica. Lo que menos importa es su  educación, su moral, su inteligencia. Ni siquiera el despertar del amor. Un hombre con haberes será considerado por las familias vecinas propiedad legítima de alguna de sus hijas en edad de merecer.

   La novela denuncia con gran claridad  esta situación. Y lo hace además con maestría, elegancia y abundantes pinceladas de inteligente ironía. La trama novelesca se desenvuelve alrededor  de con quién y cómo casan las hijas y las reacciones de las familias delante de los escándalos y ocurrencias de las mismas. Y a través de esta trama, Jane Austen persigue una meta: enfrentar a la sociedad de su tiempo con la realidad una especie de espejo mágico en los que se puedan percibir todos los defectos y horrores de una clase social sin antifaces ni maquillajes. Su propósito, exteriorizado ya en el título de la novela, es oponer el orgullo al prejuicio, rompiendo así con los esquemas que aprisionaban el mundo que la autora conoce. Y justamente esa ruptura, esa ironía, esa denuncia que en definitiva realiza la novela, es lo que hace que Orgullo y prejuicio sea hoy considerada como una aportación importante dentro de la literatura feminista y progresista. Una exposición crítica de la situación de la mujer de la clase media alta en el conjunto del sistema patriarcal de inicios del siglo XIX.

   La escritora muestra un gran dominio de la psicología en la descripción matizada y profunda de sus personajes, de forma especial, la de los miembros de la burguesía inglesa a la que retrata con gran fidelidad. Un estilo único, cimentado en una excepcional capacidad de percepción, una sutileza que en ocasiones desconcierta al lector y un gran dominio de la ironía hacen de esta “alta comedia” uno de los grandes títulos de la literatura universal.



Francisco Martínez Bouzas


Jane Austen


Fragmento

“Jane se encontraba todavía muy mal, y Elizabeth no la dejaría hasta más tarde, cuando se quedó tranquila al ver que estaba dormida, y entonces le pareció que debía ir abajo, aunque no le apeteciese nada. Al entrar en el salón los encontró a todos jugando al loo, e inmediatamente la invitaron a que les acompañase. Pero ella, temiendo que estuviesen jugando fuerte, no aceptó, y, utilizando a su hermana como excusa, dijo que se entretendría con un libro durante el poco tiempo que podría permanecer abajo. El señor Hurst la miró con asombro.
-¿Prefieres leer a jugar? -le dijo-. Es muy extraño.
-La señorita Elizabeth Bennet -dijo la señorita Bingley-  desprecia las cartas. Es una gran lectora y no encuentra placer en nada más.
-No merezco ni ese elogio ni esa censura exclamó Elizabeth-  No soy una gran lectora y encuentro placer en muchas cosas.
-Como, por ejemplo, en cuidar a su hermana -intervino Bingley-, y espero que ese placer aumente cuando la vea completamente repuesta.
Elizabeth se lo agradeció de corazón y se dirigió a una mesa donde había varios libros. Él se ofreció al instante para ir a buscar otros, todos los que hubiese en su biblioteca.
-Desearía que mi colección fuese mayor para beneficio suyo y para mi propio prestigio; pero soy un hombre perezoso, y aunque no tengo muchos libros, tengo más de los que pueda llegar a leer.
Elizabeth le aseguró que con los que había en la habitación tenía de sobra.”



(Jane Austen, Orgullo y prejuicio)

miércoles, 6 de febrero de 2013

"SISTER CARRIE", LA GRAN NOVELA DEL NATURALISMO NORTEAMERICANO


Nuestra Carrie
Theodore Dreiser
Tradución de Celia Montolío
Alba Editorial, Barcelona, 581 páginas
(LIBROS DE FONDO)


   Theodore Dreiser (1871-1945) es el gran representante del naturalismo en la literatura norteamericana. Sister Carrie supuso su inicio en la literatura (año 1900), aunque no fue editada de forma plenamente original hasta 1981. Ninguna de las lenguas peninsulares tradujo esta formidable novela hasta 2002. En efecto con casi un siglo de retraso la traducción de Alba Editorial nos permite leer en español este clásico del naturalismo. Prácticamente ausente de los manuales literarios de nuestro país, Theodore Dreiser está, sin embargo, considerado como una de las grandes figuras de la así llamada escuela naturalista.
   Periodista y crítico musical, su carrera se inició como ya señalé en 1900 con Sister Carrie. Publicada de muy mal grado por su editor (Hermanos Harper) que la consideraba inmoral, Sister Carrie fue retirada de las librerías debido  a las virulentas protestas del público que veía en la novela obscenidades debido al tratamiento realista de los temas sexuales. Al publicar su segunda novela, Jenny Gerhardt en 1911, su obra obtuvo  apoyos  influyentes, entre ellos los de los escritores británicos, H. G. Well  y Hugh Seymour y desde entonces Dreiser pudo dedicarse por entero a la literatura. Pero sus obras siguieron provocando encendidas controversias, lo mismo que su persona, ya que se hizo miembro del Partido Comunista  de Estados Unidos, visitó la unión Soviética y en el libro Una mirada de Dreiser a Rusia (1928), ofrece una visión muy favorable de este país.
   Nuestra Carrie -así es el título con el que aparece en la traducción española- está basada en la vida de la propia hermana de Dreiser, Emma, asidua practicante par aquel tiempo de transgresiones morales. En su propia vida y en sus escritos, Theodore Dreiser se guió siempre por el principio de que el primordial apetito del ser humano es la sexualidad, capaz muchas veces de mover montañas. Nuestra Carrie fue rechazada, como he dicho hace más de un siglo. Sin embargo los elogios  de Sinclair Lewis (“Sister Carrie es la primera novela libre de la influencia literaria inglesa”) y el paso de los años hicieron que fuese valorada como la gran novela naturalista norteamericana.
   Con un estilo de cadencia lenta y demorada y prestando gran atención a los minúsculos detalles, pero con gran rigor constructivo, Theodore Dreiser describe la completa carrera de su heroína que, bajo el nombre de Caroline Meeber, abandona su aldea natal y llegará a asombrar con el nuevo de Carrie Madenda a los espectadores de los teatros de Brodway. Dos ciudades soñadas, Chicago y Nueva York, que habían conocido miserias y fastuosidades, se acabarán rindiendo ante Carrie. E igualmente dos hombres se convertirán en marionetas de los deseos de Carrie Madenda. Porque en esta primera obra, libre del influjo literario inglés y sobre todo de la moral victoriana, se defiende que el ser humano, demasiado familiarizado con el lastre de fuerzas invisibles e inexplicables, no puede seguir dudando de que su mente se encuentra movida y empujada por cosas que ni piensan ni hablan. “No solamente en las aguas del mar influye la luna”, escribe el autor de esta magnífica pieza literaria que, a pesar del paso del tiempo, no envejece.

Francisco Martínez Bouzas


Theodore Dreiser


Fragmentos

“Cuando Caroline Meeber subió al tren de la tarde con rumbo a Chicago, sus avíos al completo consistían en un pequeño baúl, facturado en el vagón de equipajes; un barato maletín imitación piel de caimán con minucias varias para el aseo; un frugal almuerzo metido en una caja de cartón y un monedero de cuero amarillo que contenía su billete, un trozo de  papel con la dirección de su hermana en la calle Van Buren y un capital de cuatro dólares. Era agosto de 1889. Tenía dieciocho años y era una muchacha despierta y tímida, con todas las ilusiones de la ignorancia y de la juventud”

…..

Carrie nunca había albergado sentimientos hostiles a Hurstwood. Tan sólo un momento antes le había escuchado con cierta complacencia, recordando lo encariñada que había estado. Era tan apuesto, tan audaz…
Pero ahora había empezado a sentir rechazo, un rechazo que en vano iba aumentando y por un instante la dominó; poco después, mientras Hurstwood la estrechaba entre sus brazos, empezó a disminuir y fue otra parte de sí misma la que tomó la palabra. El hombre que la estaba estrechando contra su pecho era fuerte y apasionado, la amaba…y ella estaba sola. Si no acudía a él, si no aceptaba su amor, ¿adónde iba  air? Además, lo físico también tiene sus exigencias. Su resistencia empezaba a disolverse en el torrente de pasión de Hurstwood”

(Theodore Dreiser, Nuestra Carrie, páginas 11, 344)

viernes, 18 de noviembre de 2011

LA FIEBRE DE WERTHER O LA FETICHIZACIÓN DEL ARTE


Las penas del joven Werther
Johann Wolfgang Goethe
Traducción de Isabel Hernández
Alba Editorial, Barcelona, 2011, 203 páginas



En su colección “Alba clásica, Alba Editorial  nos ofrece una nueva traducción del libro icono de Romanticismo germánico, la obra que, sin duda, más impactos emocionales provocó, generadora del llamado Werther-Fieber (Fiebre de Werther) y de miles de suicidios mímicos -se habla de unos dos mil-, hasta el punto de que no faltó quien escribiera un final alternativo para la novela. Me estoy refiriendo al título original alemán Die Leiden des jungen Werther que la traductora Isabel Hernández vierte al español bajo el rótulo Las penas del joven Werther. La obra, que fue sin duda el primer gran triunfo de Goethe, vio la luz en 1774. Un año más tarde el libro sería prohibido por inmoral. No obstante siguió editándose con pequeñas correcciones de imprenta y rápidamente la novela se convirtió en el libro más popular de Alemania y un reclamo para medio mundo. La versión definitiva de la novela es obra del mismo Goethe, realizada con motivo de la edición histórico-crítica de 1787 (“edición de Weimar”).En esta edición es en la que se basa la traducción de Isabel Hernández y el volumen de Alba Editorial incluye las ilustraciones que realizó Daniel Nikolaus Chodowiecki para la primera impresión del libro.
La novela le supuso a su autor su primer gran triunfo, transformándolo de un desconocido en un escritor célebre. Libro de cabecera de Napoleón y del mismo Frankestein, atrajo a miles de visitantes, jóvenes deprimidos y enamorados, que acudían en masa a visitar a Goethe, al que solamente conocían por esta obra. Las penas del joven Werther es pues una clara manifestación del fenómeno de la fetichización de la obra de arte, del que hablan Adorno y Lukács y que, en buena medida, reflejan las peculiaridades que se derivan del arte moderno en general.
Las penas del joven Werther es uno de los pilares del movimiento Sturm und Drang en la literatura alemana. Novela epistolar semiautobiográfica y que cuenta con varios eventos paralelos en la vida de un amigo de Goethe, Jerusalem, que al igual que Werther, se suicidó con pistolas prestadas por el amor no correspondido que sentía hacia una mujer casada.
Una breve sinopsis de la trama argumental nos presenta al joven Werther que se recupera en el campo de unas penas amorosas. En un baile conoce a Lotte (Carlotte), hacia la que siente de inmediato una profunda atracción amorosa, especialmente al oírla citar a Klopstock ante el espectáculo de una tormenta. Pero Lotte tiene un prometido que, aunque poco
Johann Wolfgang Goethe
celoso, no da muestras de sensibilidad espiritual. Werther intenta vanamente permanecer lejos de Lotte, pero acaba por volver junto a ella, incluso después de conocer su matrimonio. En una visita le lee su traducción de Ossian y se aproxima demasiado a ella que le rechaza. Werther entonces decide suicidarse con una pistola que le ha pedido prestada al marido ausente.
En esta colección de cartas se hacen palpables los elementos que anuncian el Romanticismo: la sobrevaloración del sentimiento y de la imaginación, el predominio de esta sobre la razón, el gusto por la naturaleza, la celebración como héroes de los hombres corrientes frente a los héroes universales, rechazo del mundo y de la sociedad, de sus convenciones y tiranías, desenlaces trágicos que a menudo concluyen enel suicidio.
¿Qué vigencia puede tener hoy esta histeria de amor imposible? Respondo haciendo míos los juicios de José María Valverde: “Hoy en día no estamos muy seguros de que esta novela pueda seguir conmocionando tanto: a pesar de su flexibilidad en los cambios de nivel estilístico y de su indudable habilidad de montaje -muy apta para el cine-, probablemente incluso los adolescentes de hoy la encuentren un tanto afectada, y, sobre todo, extraña a sus sistema de reacciones de sensibilidad, algo que cambia de época a época, aparte de los valores morales”




Fragmentos

“¡Desdichado! ¿Acaso no eres un necio? ¿Acaso no te engañas a ti mismo? ¿Qué significa toda esa pasión delirante, sin fin? Sólo tengo plegarias para ella; en mi imaginación no aparece otra figura que la suya y todo lo que hay en el mundo lo veo sólo en relación con ella. Y eso me procura unas horas tan felices…¡hasta el momento en que tengo que volver a separarme de ella! Cuando he pasado dos o tres horas sentado a su lado, deleitándome con su figura, y con sus modales, con l expresión celestial de sus palabras y todos mis sentidos, poco a poco, han ido excitándose, y todo se ensombrece ante mis ojos, y no oigo apenas nada, siento como si un asesino me agarrara por el cuello; entonces mi corazón, latiendo violentamente, intenta dar aire a mis oprimidos sentidos aumentando aún más su confusión…”
…..

“Está decidido, Lotte, quiero morir, y te lo comunico sin la menor exaltación novelesca, tranquilo, la mañana del día en que te veré por última vez. Si llegas a leer esto, queridísima, la fría sepultura cubrirá ya los rígidos restos del impaciente, del desdichado que, en los últimos momentos de su vida, no conoce mayor dulzura que hablar contigo. He pasado una noche terrible, pero ¡ay!, una noche que me ha hecho mucho bien. Ella es la que afianzado, la que ha determinado mi decisión: ¡quiero morir!”

(Johan Wolfgang Goethe, Las penas del joven Werther, páginas 91-92, 169)