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jueves, 7 de diciembre de 2017

"POR EL CAMINO": LA ESENCIA DEL GÉNERO AFORÍSTICO



Por el camino

Ricardo Martínez Conde

Ediciones Trea, Gijón, 2017, 61 páginas.



    


   Ricardo Martínez Conde (Sanxenxo, Pontevedra, 1949) es un escritor polifacético tanto en castellano como en gallego; con mucha experiencia en las distancias cortas y de hondo calado, con firmes tahalíes de contención filosófica y de saber literario. Un filósofo poeta que se aventura con la narrativa breve, con la poesía y con el difícil arte de la aforística. Una prueba: esta bitácora en la que he recogido algunas de sus incursiones literarias en los últimos años. Autor del primer haikus de la literatura gallega (Orballo nas camelias, 1993), ha ensayado así mismo otras formas microliterarias como la aforística, un arte de elevada concentración expresiva que transmite  impresiones personales y fragmentos de la experiencia y que pueden englobar la sentencia, el adagio, el refrán y el proverbio.

   Escritura culta y sapiencial la suya, también a la hora de escribir aforismos, muy cercana a los apotegmas. Sentencias breves no justificadas, que poseen un contenido más profundo de los que puede parecer a primera vista. E incluso distinto de los que una lectura ingenua y superficial pueda captar. Sin ser por ello verdades obvias que nos introducirían en el campo de la axiomática.

   Por eso, los números aforismos que encierra este libro, Por el camino, quinta publicación de aforismos del escritor, son en su contenido, y quizás también en su forma, transversales: a la vez poesía y pensamiento, narración e ideas. Encerradas aparentemente en sí mismas, se muestran, sin embargo, como escritura abierta: insinúan el rumbo pero ocultan la meta. De ahí la extremada dificultad a la hora de escribir aforismos, ya que nada tienen que ver con la simple y espontánea ocurrencia.

   El mérito de los aforismos que nutren este libro de modestas dimensiones, proviene, sobre todo, de la contención del pensamiento desbastado por la voluntad estilística. A pesar de ello, son autosuficientes, no exigen demostración y tampoco tienen la pretensión de asombrar al lector, de darle la bofetada sorpresiva en el desenlace, como ocurre con el microrrelato cuando es bueno.

   La colección de aforismos de Por el camino posee las tres características básicas con las que Andrés Sánchez Pascual ha definido al aforismo: concisión didáctica, agilidad crítica y tendencia ilustrada. A estas tres, añadiría alguna otra que tienen posiblemente su origen en la formación filosófica de Ricardo Martínez Conde: su capacidad para incitarnos al pensamiento profundo, al ejercicio de la reflexión, más o menos vago, como ha escrito el mismo autor.

   Otro rasgo de varios de los aforismos de esta colectánea  es la intertextualidad explícita: Kafka, Wittgenstein, Peter Handkle, Cioran… hacen acto de presencia en varios de los aforismos del libro.

   Concluyo eta insignificante presentación del manjar aforístico de Por el camino con las sabias palabras de Ricardo Martínez Conde: “Nada, en el aforismo, ocurre en vano, nada es baladí en esas pocas palabras elegidas que transmiten más que un significado, su esencia.”









                                                 
Ricardo Martínez Conde



Diez aforismos de Por el camino



“¿Qué sería de la locura si no se ocultase tras la apariencia de verdad?”

(Página 7)



…..



“Mis dudas nacen de mis certezas; en eso apenas dudo.”

(Página 10)



…..



“Lo que nos aguarda (real o imaginariamente) siempre es los real.”

(Página 13)



…..



“Siempre acercándonos, pero nunca llegamos a darnos alcance del todo.”

(Página 15)



…..



“Las palabras son, o han de ser, como olas: fuerza implícita, contenido para la donación.”

(Página 25)



…..



“Tened cuidado con los buenos sentimientos, ellos no están habituados a sacar el polvo que cubre la realidad.”

(Página 27)



…..



“La única garantía personal para el Juicio Final es la ausencia de abogado defensor. Solo cada cual por sí será su valedor: si mentiroso, si militante libertario…”

(Página 32)



…..



“¡La bondad, la oculta manifestación del orgullo!”

(Página 46)



…..



“La técnica deberíamos pensar que es el arte vestido de diario, de cotidianeidad.”



(Página 51)



…..



“¡Tantas veces me gustaría poder argumentar que he sido! Cuando menos en algo, un porcentaje real de la realidad.”

(Página 60)

sábado, 7 de enero de 2017

"A LA SOMBRA DEL TIEMPO" "



Paisaje
Ricardo Martínez-Conde
Ediciones Vitruvio, Madrid, 2016, 76 páginas.

   A pesar de su tardía incorporación a la poesía -se dio a conocer en los años noventa con un poemario en gallego, Lento esvaece o tempo, y su primera obra lírica en español, Los argumentos de la tarde es de 1991-, Ricardo Martínez-Conde es hoy en día autor de una extensa obra lírica escrita y publicada tanto en gallego como en español, con aportaciones importantes además  en el terreno de la prosa y del ensayo. Ricardo Martínez-Conde es uno de los poetas que, en esa década de los noventa, contribuyó con su personalísima forma de poetizar a la superación de la resaca culturalista en la poesía gallega. Con una calidad literaria innegable y un estilo tan definido que es reconocible, la escritura poética del autor nacido en Aldariz-Sanxenxo hizo posible una productiva convivencia entre el poema prosificado y el lirismo en variadas formas poéticas (versos cortos, haikus, líneas versales de amplio recorrido…). Su arma preferida a la hora versificar será una lengua sencilla, cercana a lo coloquial y con una cadencia rítmica no muy alejada de la prosa. Todo ello hace que Ricardo Martínez-Conde goce actualmente de un nombre propio, fruto de la valía de su trayectoria.
   Paisaje, su último poemario en español, concentra su foco de atención en una lírica que no es ajena al autor ya desde su primera obra en gallego: en la interiorización y evocación melancólica del paisaje, de las realidades de la naturaleza, para poder expresar de forma plástica, serena y sencilla, pero con fuerza reveladora, reflexiones de carácter metafísico y existencial, los grandes temas atemporales como el paso del tiempo, el destino, la memoria, la fugacidad de los seres, las perturbaciones angustiosas del ánimo, la esperanza, la noche del alma, la incertidumbres, el amor, el miedo cotidiano, el destino…
   Sesenta y seis poemas que se caracterizan, casi todos ellos, por estar dotados de una perspectiva subjetiva, que giran en torno a un yo que osmotiza la realidad física o exterior desde su punto de vista, y en los que el objetivo principal no es la descripción de lo externo, sino la expresión de la interioridad de las sensaciones y sentimientos. La palabra no tiene pues sentido por sí misma, sino como vehículo transmisor del interior del poeta: el azul del mar recuerda los días felices; el cielo, ese “cielo manual” es recordación del Cielo y del Destino; los sonidos y colores, cada uno en su lugar y en su hogar, nos advierten, nómadas como somos, de nuestro tránsito, de nuestro destino; la sombra de la nube y su extraño paisaje que nos señalan nuestra condición de  “no-ser” que “todos aceptamos en silencio”; la sombra que miramos y que encierra una luz que nos convoca hacia una inesperada aventura; esa luz veraniega que le hace pensar a la voz poética que es, que existe; el cumpleaños del amigo que le recuerda cómo el tiempo ha ido pasando; las blancas piernas maternas y su blanca entrega que evocan en el yo poético su fracaso a la hora de imitarla; el vuelo de la mariposa “que invita a recordar / que algo florece lejos”; las hojas otoñales que se suturan con el yo  en “una comunidad de espera”; la mirada a los objetos que impulsan a establecer una relación con la voz poética, que “es como mirar hacia mi”; la sonrisa tan pasajera como el mismo vivir. O, en fin, el fecundo silencio de la rama del poema que clausura el libro, que en su origen fue una semilla, pero ahora nos surte de frutos reales.
   Poemas de profundo e indiscutible calado filosófico que se interrogan sobre los grandes temas en los que se cimienta el ser humano, que cuestionan el valor de la libertad y nos invitan a meditar sobre la fugacidad del tiempo desde múltiples formulaciones (“la sordina del tiempo”, “el tiempo es el susurro”, “el tiempo cuenta, predispone”, el tiempo que es “como el ser, viva espera”. O cavilan sobre la concepción materialista-dialéctica de la existencia, como revelan los magníficos poemas en los que se cita a Epicuro o el dedicado a Lucrecio. Ese “certo que  non hai cousa por derriba das cousas” que poetizara otro gran vate gallego, lo expresa Ricardo Martínez-Conde en un hermosísimo poema que no me resisto a reproducir: “Tomó de cada cosa el ser. / Tomó de cada nombre el nombre. / Tal fue el origen / ya inmutable e infinito, / pues no hay otro. / Tiempo y espacio; / un dios y un vago itinerario / indecible. No hay nada más / No existe nada más” (página 63).
   Poesía sapiencial como se ha escrito, ajena a barroquismos y a vanos artificios, en la que el poeta busca y consigue el término exacto, la palabra apropiada. Con significativos recursos como el abundante empleo de los paréntesis -una llamada de atención quizás sobre la presencia de la voz poética-. Poesía cristalina, con elevada concentración conceptual para degustar al abrigo de una lectura profunda y sin prisas.

Francisco Martínez Bouzas

                                                    
Ricardo Martínez Conde

Selección de poemas

Mar

“Espero que nada turbe lo que pienso:
me gusta la afinidad con el mar.
Es casi azul y casi amigo (a veces gris,
indiferente, simula no querer escucharme.
Pero lo hace sin duda; luego
me lo recuerda)

Es grande como el viento, móvil
como la extensa lluvia de los días felices”
(página 12)

…..

“La muerte es tan fiel como el agua, y
como ella me forma y recorre y guía
con la lentitud de lo necesario
(Apenas reclama, siendo su discreción
un paradigma de intriga y armonía)

Guarda y me guarda. Vive y me vive
con la intimidad de una costumbre.
Y solo cuando está muy cansada
pide  mi compañía; pide para sí.”
(página 26)

…..

“Miradme hojas. Sí, vosotras, las últimas
del  Otoño que guardáis la memoria
del año para verterla luego en ceremonia
(ese elaborado fervor estético al caer)

Pocos quedan que quieran recordar; esos
huyen, pero huyen de sí ¿Cómo puede ser eso?
¿Habrá justificación humana en algo así?

Miradme hojas. Juntos formamos
una comunidad de espera:
sin palabras, siempre innecesarias
(ahora ya innecesarias)”
(página 41)

…..

“Verum in nubibus”

“Si miro al cielo pienso en la vida
(un gesto  cualquiera, el más mínimo, es
capaz  de despertar intimidad o decepción)

Si miro a la vida, pienso en las nubes
(¡qué cantinela la suya; el viajero distraído!)

Cada día se reserva para sí aquello
que  ya hemos pensado un día a solas”
(página 51)

…..


“La sonrisa se atiene al gusto,
a lo contado; así es el vivir.
¿Y qué otra verdad hay
sino esa sensación?

Epicuro ha querido decir
que soy en la medida en que existo.
Es decir, ser es vivir.
A uno y otro lado ya el vacío.

¿Y ha dicho algo distinto de cuanto
pensamos a solas?

A solas, eso es vivir”
(página 64)

(Ricardo Martínez-Conde, Paisaje)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

SOMBRAS PREÑADAS DE CLARIDAD



La sombra azul

Ricardo Martínez-Conde

Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 2014, 75 páginas



   Con el respeto de un neófito o de un diletante amante de versos, me adentro en la lectura de La sombra azul de Ricardo Martínez-Conde, teniendo muy presente algo que ya formulara Philippe Sollers de forma difícilmente superable y que para mí es un verdadero dogma en el universo de la creatividad humana. La poesía sigue siendo un remedio para nuestra época porque el poema es el lugar del pensamiento, un procedimiento de verdad. Un gran poeta gallego, Luís Pimentel expresó un envés de la obra poética menos racional: la poesía es el gran milagro del mundo. La poesía, pues, habrá de amalgamar pasión y pensamiento, hablarnos al corazón y a la cabeza. Es entonces cuando de verdad se transforma en remedio para nuestra época, porque la voz que nos embelesa, nos hace a la vez meditar, salvándonos así del tedio, de la facticidad del mundo. Y esa sutura se manifiesta con notoria claridad  en este poemario de Ricardo Martínez-Conde, La sombra azul.

   Un poemario impreso a finales del pasado año, enmarcado en las actividades de la cátedra Jorge Guillén de la Universidad de Valladolid, y que se acopla sin disonancias formales ni temáticas al amplísimo macrotexto poético que Ricardo Martínez-Conde ha ido creando con poemarios publicados tanto en gallego como en castellano. El amplísimo quehacer lírico de Ricardo Martínez-Conde rebosa de composiciones extremadamente depuradas, sin palabras vanas, sin ornatos espurios, en una sucesión contenida que nos hacen pensar en el lirismo de los haikus.

   Pero esta lírica, concentrada, vehiculizada a través de una lengua cristalina, diamantina muchas veces, encierra una gran lucidez conceptual que se proyecta en reflexiones ontológicas insinuadas en breves y escuetas palabras. No es de extrañar por eso que en La sombra azul  se hallen presentes los temas de siempre, los grandes temas esenciales-existenciales: la vida y su sentido, el amor, la muerte, la nada y, sobre todo, el tiempo y su inexorable pasar, desde mi punto de vista, uno de los grandes ejes de esta colactánea poética. Ese tiempo que renueva sus sombras (página 20), transmitido poéticamente a través de imágenes ciertamente insólitas: el otoño, la paloma seria memorialista…

   Y en compases más existencialistas, palabras e imágenes que quieren penetrar en los territorios y misterios del vivir. Ese vivir que, muchas veces se resume en entender la lenta aceptación de la tristeza (página 23) o del vacío. El hombre que mira hacia sí y ve el vacío (“junto al sueño de la religión”, página 13). Y como no podía ser menos, la incansable porfía de la muerte y ese aguardar nuestro destino, expresado en un imagen a la vez simple y aterradora: “Morir desnudo, desnudo como el silencio” (página 67).

  Poemas pues que, en su elemental pero cristalina concentración conceptual, explorando a veces productivas antítesis y juegos de contrarios, descorren el velo de la realidad más inasible, en una perenne interrogación, y proyectan sobre el lector un aura luminosa, desafío quizás de la razón, capaz, sin embargo de crear evocaciones de realidades que están más allá de lo empírico. Meritoria operación de lenguaje y de pensamiento en un poemario rotulado como sombra, pero preñado de luz.



Francisco Martínez Bouzas



Ricardo Martínez-Conde


Fragmentos (poemas)



“El caos no deriva del cardo, sino

de la ignorancia del mismo. No exige

fervor (algo más propio de sombras) pero sí

el mirarle y reparar en su azul armonía.



Cómo sostiene, tan seco, el equilibrio

de  un paisaje desnudo que invita a pensar

en lo sustancial, en la materia quieta.



y así aleja el olvido”



…..



“LA ISLA MARINA



Al viento se le mece; se le escucha.

Él es el gran aliado de la Nada, de

la rara misericordia, del riesgo

y el gozo de la aventura.



Aquí le confío cuanto sé de mí. Siempre

escaso  para el Conocimiento. No importa,

es viento es libre; y me hace libre.



Me enseña la Libertad a donde miro”



…..



“Una premisa a tiempo

-reservarse el conocimiento del final-

es una seguridad para el pensamiento

y el músculo.



Afuera zurea la paloma



Adentro la idea de Infinito”



…..





“Medid el tiempo. Sed fieles a su devaneo

y  su cordura para escuchar y aprender lo cierto.

Como la luz (animada como algo propio) pasa

Dejando la estela de su vida.



No añora, es.

Conforma la imaginación de lo real.

Muere para vivir. Vive para morir.



Cada día soy yo”



(Ricardo Martínez Conde, La sombra azul, páginas 15, 37, 47, 53)