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martes, 13 de septiembre de 2016

NOVEDADES DE SEPTIEMBRE 2016 DE EDITORIAL ANAGRAMA



   Sigue creciendo el “catálogo de ensueño” de Anagrama, el sello editor barcelonés que creo en el añ0 1969 Jorge Herralde y que ha pilotado desde entonces, en los últimos cuarenta y siete años. El 2 de enero de 2017 Anagrama pasará a manos de la italiana Feltrinelli y se producirá el relevo en la dirección literaria: Silvia Sesé sustituirá a Jorge Herralde, aunque el editor que ha logrado configurar un catálogo con identidad propia, si bien no pétrea, seguirá apoyando sin interferir la labor de la nueva dirección. Más de tres mil quinientos títulos desde la primera publicación en 1969, Detalles de Hans Magnus Enzensberger, en la mítica colección “Argumentos”, con la voluntad de editar “libros”y desechar los “no libros”, tal como se expresa Herralde. Colecciones emblemáticas como “Panorama de narrativas” o “Narrativas hispánicas” en el campo de la ficción, y “Argumentos” en el del ensayo, se han ido completando con otras más ocasionales como “Anagrama compendium” surgida este año y ya con siete títulos: las compilaciones de las mejores novelas o cuentos de Jack Kerouac, William S. Burrouhs, Charles Bukowski, John Fante, Raymond Carver, Roald Dahl. Y la imperecedera Historia del cine de Roman Gubern.
   Este mes de septiembre ha visto aumentar el catálogo de Anagrama en ocho títulos: Las chicas de Emma Cline, Musa de Jonathan Galasi, El ardor de Roberto Calasso (“Panorama de narrativas”); Los diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia, El amor al revés de Luigé Martin (“Narrativas hispánicas”); De la ligereza de Giles Lipovetsky (“Argumentos); y en “Anagarma compendium”, Bandini de John Fante y Todos los cuentos de Raymond Carver.
   Doy noticia de tres de esas novedades en una primera visual informativa, elaborada primordialmente a base de las presentaciones del editor, siempre sugerentes. En los próximos días volveré a estos títulos con una verdadera valoración crítica.

Francisco Martínez Bouzas


Musa
Jonathan Galassi
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 233 páginas

“Ésta es una novela sobre libros y pasiones. Una emocionada evocación y un retrato punzante del mundillo editorial neoyorquino. La historia de un joven que intenta abrirse camino; de la rivalidad entre dos titanes de la vieja guardia, cuando el de editor se consideraba todavía un «oficio de caballeros»; y de una poeta legendaria que vive retirada en un palazzo veneciano.
Paul Dukach trabaja en las destartaladas oficinas de Purcell & Stern, prestigiosa editorial independiente cuyas ventanas dan a Union Square y cuyo catálogo reúne una deslumbrante lista de genios literarios y premios Nobel. Paul está destinado a ser el heredero del fundador, Homer Stern, despótico, mujeriego, chismoso y gran editor, cuyo rival declarado ha sido siempre Sterling Wainwright, competidor de pedigrí.
Ambos comparten una obsesión: la poeta Ida Perkins, figura mítica de las letras norteamericanas, de vida escandalosa y obra exquisita. Wainwright, primo suyo y antiguo amante, ha sido su editor. Stern siempre la ha querido incorporar a su catálogo. Y ahora Paul Dukach, admirador rendido de su obra, viaja a Venecia para entrevistarse con ella. Volverá de allí con un manuscrito inédito y un secreto que cambiará muchas cosas…
Roman à clef sobre el mundillo editorial en el que los iniciados descubrirán retratadas con mordacidad a algunas figuras prominentes, sátira feroz de las entrañas de ese universo –la feria de Frankfurt, los egos desbocados de los autores, los tejemanejes de los mercachifles, los excesos de todo tipo, las andanzas sexuales…–, Musa es también un homenaje a un ecosistema en extinción devorado por las grandes corporaciones y la revolución digital, y el perspicaz retrato de un grupo de personas unidas por una pasión: la de descubrir al próximo gran autor, un manuscrito deslumbrante…”

El amor al revés
Luigé Martín
Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 272 páginas

“El amor del revés es la autobiografía sentimental de un muchacho que, al llegar a la adolescencia, descubre que su corazón está podrido por una enfermedad maligna: la homosexualidad: «En 1977, a los quince años de edad, cuando tuve la certeza definitiva de que era homosexual, me juré a mí mismo, aterrado, que nadie lo sabría nunca. Como la de Scarlett O’Hara en Lo que el viento sellevó, fue una promesa solemne. En 2006, sin embargo, me casé con un hombre en una ceremonia civil ante ciento cincuenta invitados, entre los que estaban mis amigos de la infancia, mis compañeros de estudios, mis colegas de trabajo y toda mi familia. En esos veintinueve años que habían transcurrido entre una fecha y otra, yo había sufrido una metamorfosis inversa a la de Gregorio Samsa: había dejado de ser una cucaracha y me había ido convirtiendo poco a poco en un ser humano.»
El amor del revés es la historia de un camino de perfección que trata de poner al descubierto, sin clichés y sin moralismos, la intimidad desnuda de alguien que de repente se siente apartado de las normas sociales y trata de sobrevivir entre ellas. El autor cuenta su propia vida con una sinceridad a veces hiriente: el descubrimiento de su condición sexual, los primeros amores juveniles, los problemas psicológicos derivados de su inadaptación, la terapia conductual que realizó para cambiar sus inclinaciones enfermas, la exploración del sexo, las primeras relaciones afectivas, los contactos con el mundo gay y el descubrimiento progresivo y tardío de la felicidad, «el valor exacto de la ternura».
Es también el retrato de una sociedad infectada por la intolerancia y por el prejuicio, que busca enfermedades imaginarias para marcar su propio territorio moral. Hasta ahora Luisgé Martín había ido filtrando detalles de su biografía en sus novelas. En este libro convierte en objeto de la narración su propia vida, ejemplar en el sentido clásico del término: sirve para vislumbrar a través de ella las debilidades y las grandezas de la naturaleza humana; sus miserias, sus ambiciones y sus logros. El resultado de su empeño es una obra de una franqueza arrolladora y una calidad literaria excepcional que rememora décadas de máscaras, tanteos y exploraciones, en un trayecto primero doloroso y después liberador hacia el conocimiento de uno mismo. Un retrato íntimo y sin velos, una portentosa contribución a la literatura autobiográfica.”

Todos los cuentos
Raymond Carver
Traducción de Jesús Zulaica y Benito Gómez Ibáñez
Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 702 páginas

“Raymond Carver alcanzó el éxito gracias a un puñado de volúmenes de relatos publicados en los últimos doce años de su vida. Su carrera fue breve debido a su temprana muerte. Sin embargo, su obra posee una intensidad sin parangón y ha dejado una huella indeleble; su influencia se ha extendido por todo el mundo. Fue, junto con Richard Ford y Tobias Wolff, el máximo exponente de lo que se bautizó como «realismo sucio». En sus cuentos, lacónicos, precisos, de una contenida intensidad emocional, transforma la vida en literatura siguiendo la estela de Hemingway y sobre todo de Chéjov, su gran maestro. De él aprendió a retratar con profunda humanidad a esos seres desamparados y desolados, golpeados por la vida, a los que convierte en héroes cotidianos: parejas al borde de la disolución, hijos que tratan de comunicarse con sus padres, alcohólicos en busca de una segunda oportunidad, parados, gente corriente de la América más profunda y real.
Sus cuentos forman una elusiva y fragmentaria «gran novela americana». Y es que en Carver está la esencia de la verdadera América –doméstica, desquiciada, perpleja-, y sobre todo la esencia del alma humana retratada a través de una mirada que rechaza cualquier exceso sentimental, pero que, guiada por un depurado estilo, nos hiere directamente en el corazón como sólo es capaz de hacer la gran literatura.”
En este Compedium están:
¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?
De qué hablamos cuando hablamos de amor
Catedral
Tres rosas amarillas
Si me necesitas, llámame

viernes, 4 de marzo de 2016

NOVEDADES DE MENOSCUARTO EDICIONES



   La actualización de hoy será únicamente un comentario informativo. Con la exclusiva finalidad de dar noticia de letras, libros y autores. No es lo que más le agrada al comentarista, ya que estará ausente aquello que es precisamente la esencia de la crítica literaria: la valoración personal, el juicio de valores de un producto literario. Será en otro momento, luego de la lectura reposada de estas tres novedades de Menoscuarto Ediciones, otra casa editora independiente que nació en el año 2004 creada por José Ángel Zapatero, con la publicación de El corazón y otros frutos amargos de Ignacio Aldecoa, un libro considerado como la mejor colección de relatos del siglo XX en una encuesta de la revista Quimera entre críticos y escritores.  Es un sello de Ediciones Cálamo y se ha distinguido por el rigor, calidad y excelencia de sus ediciones para proveernos de buena literatura en los tres géneros en los que edita: novela, ensayo y poesía. Para ello ha creado diversas colecciones: “Reloj de arena” dedicada a la narrativa breve; “Entretanto” que edita obras singulares actuales en pequeño formato; “Cristal de cuarzo” para libros de ensayo y “Cuadrante nueve” que pone a disposición de los lectores narrativa de formato largo de autores tanto españoles como extranjeros. Títulos inéditos como otros ya publicados como Juan Ramón Jiménez, Miguel Delibes, Federico García Lorca o Carmen Laforet… entre los españoles.

   La calidad de la narrativa que nos ofrece Menoscuarto Ediciones, es una inexcusable exigencia para acercarnos, en esta primera visual, solamente informativa y elaborada primordialmente a base de las respectivas presentaciones editoriales, a estas tres novedades de la colección de novela “Cuadrante cuatro”


California
Rubén Abella
Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2015, 314 páginas.

Trama argumental:
   “César O’Malley posee todo lo que puede desear un hombre a punto de cumplir cuarenta y tres años: una familia próspera, una profesión estimulante y lucrativa, un piso de lujo. Una noche, mientras prepara un viaje de negocios, se sorprende a sí mismo metiendo unos preservativos en la maleta. Así comienza un doloroso vía crucis que lo lleva a las puertas del infierno. Madrid, Valladolid y el valle de Napa son los escenarios de esta novela que nos muestra con inusual transparencia la precariedad humana. Una fábula contemporánea, incisiva y llena de matices, que nos revela sin ambages que la identidad cambia y la honradez no siempre recibe recompensa.”
El autor:
   Rubén Abella (Valladolid, 1967) posee una de las trayectorias más sólidas de la narrativa hispana de las últimas décadas. Su primera novela, La sombra del escapista (2003) recibió el Premio de Narrativa Torrente Ballester, y quedó finalista del Premio Nadal con la segunda, El libro del amor esquivo (2009). Con No habría sido igual sin la lluvia mereció en 2007 el Premio Mario Vargas Llosa NH, feliz incursión en el microrrelato que ratificó con Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010). Tras su celebrada tercera novela –Baruc en el río (2011)–, el autor regresa al género con California (Menoscuarto, 2015). Licenciado en Filología Inglesa, Abella cursó estudios de postgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos) y Adelaida (Australia). Compagina la escritura con la fotografía y la docencia. Ha impartido cursos y conferencias en universidades de todo el mundo y es profesor de la Escuela de Escritores y de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.


Las inglesas
Gonzalo Calcedo
Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2015, 187 páginas

Trama argumental:
   “Vivida en presente, la adolescencia es turbiedad, indiferencia adulta, años que descosen la niñez hasta convertirla en harapos. Vista en pasado, es una quimera: estuvo allí, en las suelas de nuestras deportivas y... sencillamente ya no está. Pero jamás deja de acompañarnos, con sus flaquezas y conflictos pendientes. 'Las inglesas' narra ese rito de paso, el peaje de crecer y encajar una presunta madurez. Estos nuevos relatos de Gonzalo Calcedo no idealizan tiempos pasados, ni embellecen lo triste y sórdido. Tampoco tratan de ajustar cuentas, hacer sociología o dar testimonio. Son historias agridulces donde abunda la ternura, cierto encogimiento de hombros, una pizca de nostalgia y algún desaire, para mirar la adolescencia como un patio trasero al que asomarse de vez en cuando.”
El autor:
   Gonzalo Calcedo (Palencia, 1961) es Santanderino de adopción, es uno de los actuales cultivadores de la narrativa breve (relato y novela corta) más respetados y leídos, una referencia para muchos escritores jóvenes. Poseedor de un estilo propio y reconocible, entre sus libros sobresalen La carga de la brigada ligera (2004), Temporada de huracanes (2007) y El prisionero de la avenida Lexington (2010), editados en esta misma colección. Quizá por ello sus cuentos han merecido premios tan prestigiosos como el NH Vargas Llosa y aparece en las más destacadas antologías del género.


El huésped
Marie Belloc Lowndes
Traducción de  Susana Carral
Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2015, 299 páginas.

Trama argumental:
   Hasta cinco películas han bebido del argumento de El huésped, la mejor novela de Marie Belloc Lowndes. Entre ellas figura la primera cinta que dirigió Alfred Hitchcock (The lodger, 1927; titulada en España El enemigo de las rubias). Inspirada en los asesinatos de Jack el Destripador, la obra reúne los ingredientes clásicos de la mejor narrativa de misterio británica. Mientras Londres vive con inquietud la aparición en sus calles de un asesino de mujeres, un extraño hombre sin equipaje alquila una habitación en la casa de los Bunting. La autora crea una atmósfera de suspense desde la primera hasta la última línea en esta intrigante historia sobre la culpabilidad y las apariencias.”
La autora:
   Marie Belloc Lowndes (Marylebone, Londres, 1868-Eversley Cross, Hampshire, 1974) fue una prolífica novelista inglesa que brilló por la atractiva combinación en su narrativa de las tramas emocionantes con el dibujo psicológico de personajes. El huésped (The lodger, 1913), su novela más famosa, está inspirada en los asesinatos de Jack el Destripador, obra que sobresale en una carrera que inició en 1898 con una biografía del Príncipe de Gales, a la que siguieron cerca de setenta títulos entre novelas, libros de relatos, memorias y piezas de teatro, una extensa obra prácticamente inédita en castellano. Aunque murió en Inglaterra, fue enterrada en Francia, cerca de Versalles, donde pasó su juventud.

Francisco Martínez Bouzas

miércoles, 16 de diciembre de 2015

"EL REINO DE CELAMA": UN CLÁSICO DE LAS LETRAS HISPÁNICAS



El reino de Celama
Luis Mateo Díez
Edición e Introdución de Asunción Castro
Ediciones Cátedra, Madrid, 2015, 654 páginas
(Avance editorial)

   Me siento honrado por poder acoger en esta sección (Avance editorial) unos fragmentos extraídos  de la edición, sin duda canónica, que, el pasado día 5 de noviembre, publicó Ediciones Cátedra. El volumen que agrupa los tres libros del ciclo de Celama de Luis Mateo Díez, y que por cortesía del sello editor puedo degustar. Una lectura gozosa, pero obligatoriamente pausada como es de ley con los manjares eximios. Pretendo, sin embargo, compartir con los lectores de este Cuaderno de crítica literaria el sabor de una prosa hermosa, profunda y muy rica a través de estos extractos, a los que precede una anotación, únicamente informativa, sobre la casa editora, el autor y el volumen El reino de Celaya. En breve cumpliré con el deber de valorar como exige y merece este reino, a la vez real e imaginario, al que dio forma y llenó de historias y personajes Luis Mateo Díez.
   Ediciones Cátedra es un sello editor cargado de historia. Fundado en 1973, forma parte actualmente del Grupo Anaya. Sin su labor perseverante, la literatura que se publica en español, no sería lo que hoy es. Son muchas sus colecciones, pero sobresalen “Letras Hispánicas” y “Letras Universales”, pobladas, cada una de ellas, por cientos de títulos, libros imperecederos que forman esa pirámide de los clásicos de todos los tiempos, y también de los de nuestros días.
   Piezas clásicas son sin duda las tres novelas de Luis Mateo Díez, recogidas en este volumen: El espíritu del páramo. Un relato, La ruina  del cielo. Un obituario, El oscurecer. Un encuentro. La profesora Asunción Castro, especialista en la obra de Luis Mateo Díez, es la responsable de esta edición, que reproduce la que Areté publicó en Barcelona en 2003 con el mismo título, y que el escritor dio por definitiva. La editora es autora así mismo de una amplia e ilustrativa Introducción en la que analiza el universo literario de Luis Mateo Díez y estudia las tres novelas del ciclo de Celama. Suyas son también las notas aclaratorias al pié de página. La edición conjunta de las tres novelas facilita esa lectura gozosa de la gordura de una trama que unifica los tres libros con “símbolos y metáforas” que van y vienen a lo largo de la historia. También los centenares de personajes. Tres novelas pues que se alimentan entre ellas, como reconoce el propio escritor. Un apéndice con cinco textos escritos por el autor y el mapa de Celama completan la edición.
   Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) es, según José María Merino, uno de los escritores españoles contemporáneo más importantes por su extraordinaria imaginación y por su capacidad para ordenar, mediante un lenguaje inconfundible, una escritura riquísima en panoramas tanto materiales como inmateriales. Maestro de la imaginación, cuyo aprendizaje inició siendo niño en contacto con la oralidad, y a la vez un clásico vivo que se propuso, entre sus afanes literarios, conservar la memoria de las tradiciones populares más vivas, que él percibía en las reuniones vecinales (filandones), en las que, al calor de la lumbre, se contaban historias locales, que alimentaron su acervo imaginario y aportaron muchos granos de arena a la urdimbre de sus ficciones.
   En 1996, Luis Mateo Díez inicia, con la publicación de El espíritu del páramo. Un relato, una saga ficcional unitaria cuyo centro es un territorio real transformado en simbólico. Le sigue, en 1999, La ruina del cielo. Un obituario, y el ciclo se cierra, por el momento, con El oscurecer. Un encuentro (2002). El ciclo de Celama, desde el punto de vista estructural, es como señala la autora de la Introducción, un conjunto polifónico aparentemente heterogéneo que, sin embargo, presenta una coherencia final absoluta en la constitución del universo autónomo  de Celama (página 25). Una coherencia acrecentada por el protagonismo del espacio: ese Páramo erigido en cronotopo y bautizado como Celama, cuyo referente geográfico es la seca llanura leonesa enmarcada entre los ríos Órbigo y Esla (Urgo y Sela, en la novela).
Mapa de Celama
   Pero ese yermo páramo leonés se configura simbólicamente como territorio literario imaginario. Un espacio mítico, una geografía inventada bajo la ejemplaridad, reconoce la modestia del escritor, de  Yoknapatawpha de Faulkner o la Comala de Rulfo. Un territorio repleto de lo que el escritor lleva dentro. Harto también de frío, ausencias, tenaz lucha por la supervivencia, y especialmente de muerte, presente de forma implacable sobre todo en los dos primeros relatos. Y habitado por unos personajes cuya épica es la supervivencia, tal como resuena de forma insistente en El espíritu del páramo, cuyo centro gravitatorio es, en efecto, la lucha por la supervivencia de unos seres anclados en viejos mitos, en el odio, en el amor y en la seguridad de que la “Oscura Señora” nunca pasará de largo. En Celama se siente el aviso de la muerte (“Dicen los que cuentan”), que aguanta sin achantarse. En Celama se muere y por eso, en La ruina del cielo, es preciso que alguien complete el censo de muertos, poseedores, no obstante su definitivo tránsito, de la memoria de la cultura rural, también fenecida.
   Una hermosa metáfora pues, tan hermosa como compleja, tal como se nos dice en la presentación editorial, de un territorio patrimonio de la imaginación de la humanidad -con eso se da por satisfecho el escritor-, narrado con pluma maestra, en un discurso que rompe con los géneros y cuyas Hectáreas, Comarcas, Llanuras, Territorios y Páramos, junto con sus moradores, los vivos y los muertos, nos ofrece Ediciones Cátedra en un volumen que es literatura en estado puro, y también puede ser un excelente agasajo navideño.

Francisco Martínez Bouzas

                                                      
Luis Mateo Díez
Fragmentos

“Los habitantes de Celama estaban hechos a la incuria de la sequedad, que era lo que los siglos legaban en la Llanura desolada. De esa incuria provenía su pobreza y en el intento de paliarla había, como siempre sucede, una lucha por la vida que animaba el espíritu con la fortaleza de su decisión, aunque el espíritu tampoco tenía muy claramente definidos sus poderes, porque el espíritu se difumina cuando la voluntad no supera el riesgo de la desgracia y el trabajo.
Además de esa razón misteriosa que infunde en la carne el deseo de supervivencia, el espíritu mostraba en Celama su condición fantasmal, también aceptada por los habitantes, porque bajo el manto de las rañas se presentía otro latido distinto al geológico, otra compaginación de estratos que sumaban los malos sueños y los peores augurios, las amenazas que componían en la sepultura de la tierra la morada de los pensamientos mortales. Por eso siempre hubo un temor incierto en el desarrollo de aquella obsesión, como si la tosca técnica de escavar los Pozos acarreara un riesgo añadido, más allá de los derrumbes y el fallo de los artilugios, en la emanación imprevista de un aliento fúnebre, en la maldición de un espectro dormido que no consentiría que no sufriera daño quien perturba su sueño.
Siempre existió el sentimiento de que la muerte habitaba el subsuelo, y no en vano los muertos bajaban a ella, a recogerse en sus brazos una vez que los hacía suyos.”

…..

“¿Dónde están los muertos históricos de Celama, los muertos de los siglos que vuelan como aves anónimas, al menos desde aquellos mil novecientos noventa y tantos a que remiten, en algún sentido, los extraviados documentos municipales, cuando ya se nombraba a Santa Ula y su alfoz?
El agustino exclaustrado de Olencia algo sabría, pero no de los muertos, entre otras cosas porque esa genérica denominación no hace posible ninguna identidad: los muertos históricos de Celama son una incierta masa de rostros comunes sin rasgos mi mirada, que a nadie pertenecen a no ser a la tierra que los contiene, muertos sin espacio sagrado ni lápida, ya que aquellos siglos no parecen demasiado piadosos en la Llanura porque no hay huellas de muchos templos, apenas algún monasterio renombrado.”

…..

“Sindo Valero dedicó una buena parte de los últimos meses de su existencia a cavar con extremo cuidado su propia tumba. Y las mismas o parecidas artes de una buena albañilería las empleó, muchos años después, Anibal Serto para disponer la suya.
En uno y otro caso decidieron que, a fin de cuentas, la sepultura es el hogar de la eternidad de donde nadie vuelve: la casa definitiva donde morar cuando dejamos de ser lo que somos.
Hubo comentarios, y hasta requerimientos algo escandalosos cuando por las cocinas del territorio corrió la noticia del afán de los sepultureros por buscar acomodo al más allá de sus cuerpos, probablemente reñido con el más acá de sus almas, ya que uno y otro, solterones de la casta más recia, ni iban a misa ni cumplían por Pascua.”

…..

“Muerto mortal que no quiere, muerto morido que no se conforma, aquí en Celama tampoco la Muerte hace distingos, sólo hay que asomar a la habitación de al lado y ver los que queda de mi suegro, dijo Dorama, pero acaso fuera el mejor sitio que un buen mozo le echase un cuarto a espadas, habida cuenta de lo que la Muerte significa en el Territorio.
Esa Oscura Señora siempre supo que nos tenía más preparados que en cualquier otro lugar, porque no es precisamente la vida lo que contiene la tierra que pisamos: de una encarnadura más sospechosa está hecha, si de ello somos conscientes, aunque me parece que me estoy saliendo del cuento, y lo que quiero es contarlo, no rezar un responso.”

…..

“Los harapos de los espantapájaros de Celama semejaban las guirnaldas mugrientas de las fiestas de los pueblos, la descuidada ornamentación que siempre daba un aire fúnebre y añejo a las celebraciones. En realidad, en la Llanura las festividades fomentaban la emulación de un pasado donde alguna vez se canceló la alegría, un rito que el tiempo fue reconvirtiendo en una suerte de expiación, como si los pueblos heredasen la mala conciencia de aquel cumplimiento.
Podía ser la figura de un extravagante caballero o la de alguien que acudía a un requerimiento oficial o a una boda o a un bautizo, ya que parecía vestido con la elegancia de quien tiene que cumplir alguna obligación social, el padrino de cualquier compromiso, por mucho que el lugar de su aparición no fuera el más adecuado.”

(Luis Mateo Díez, El reino de Celama, páginas 81, 179, 182, 242-243, 538)