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jueves, 7 de julio de 2022

LA AVENTURA COMO RECURSO NARRATIVO

 Al sur del mundo

Xavier Alcalá

Ézaro Ediciones, Santiago de Compostela, 354 páginas

(Libros de siempre).

 

    



   El hecho de que Alén da desventura de Xavier Alcalá haya sido reeditada por tercera vez en estas fechas, es una buen aliciente para perdernos una vez más en las intrigas y aventuras por tierras y mares ignotos del continente de América del Sur. El dominio a la hora de narrar, tanto en gallego como en español de Xavier Alcalá (Miguelturra, Ciudad Real, 1947) acompaña esta trepidante historia que recoge los relatos de un marino inglés, Isaac Moore y del misionero español, el padre Sineiro. Xavier Alcalá es uno de esos escritores nacidos fuera de Galicia, pero que asumió y adoptó el gallego como lengua propia.

   Parafraseando la valoración que H. James hizo de Stevenson, es legítimo referirse al Xavier Alcalá de Alen da desventura / Al sur del mundo afirmando que es un lujo hallar a alguien que  conoce el arte único de fabular aventuras. Porque de eso se trata: aprovechar la aventura como recurso narrativo, y sumergirnos enteramente en la misma, recreando de forma adecuada un tiempo, un lugar e incluso una lengua.

   Al sur del mundo no es solamente una escapada a horizontes exóticos, con navegaciones, selvas, desiertos o inmensas llanuras, sino un difícil ejercicio de encaje con el hilo primoroso de una lengua trabajada, cuidada hasta la extenuación. Aunque me vuelva a referir a las peculiares armas lingüísticas y estilísticas que emplea el autor es preciso constatar que ante todo, Al sur del mundo es sobre todo un libro con una trama plenamente aventurera. Una novela en la que, poco a poco, se van venciendo espacios y obstáculos, aunque seguramente le haríamos más justicia a la esencia de la trama del libro de Xavier Alcalá si concordamos en que aquí sucede al revés: que son las trabas y dificultades las que derrumban a los héroes de la narración, en la que ciertamente no caben más desventuras, como tampoco cabían  en la imaginación de Isaac Moore, actor principal de unos de los relatos que acertadamente suturados, le dan forma al libro de Xavier Alcalá.

   Digamos también que, como mandan los cánones de la novela de aventuras, el comportamiento de los héroes que van mostrando su aventura-desventura por las páginas del relato, es plenamente lineal, aunque referido desde el punto de vista de dos narradores distintos, y por supuesto fingidos, Así mismo, y tal como mandan las reglas del género, en la novela de Xavier Alcalá predomina la “retórica del acto”. Igual que el lenguaje de los de los personajes y sus acciones, no sus reflexiones y consideraciones, abundantes, no obstante en el diario del padre Sineiro, pero que el lector percibe como fruto de una voluntad estilística.

   Con relación a la trama argumental bastaría con decir que en Al sur del mundo, viajamos, por medio de la letra impresa hacia las costas y regiones patagónicas en eu tiempo -el último tercio del siglo XVIII-, sumergiéndonos de llenos en la atmósfera de rivalidades entre ingleses y españoles y con la desconfianza de los indios “serranos” de la cordillera andina, siempre al acecho.

   En este tiempo y en este escenario estructura el autor su obra pespuntando con el hilo de dos relatos que refieren acciones en parte coincidentes: las desventuras de Isaac Moore que nos introduce en la perspectiva de los ingleses, y el Diario del padre Sineiro de Malpica que nos acerca a la de los españoles. Y más en particular a la de un misionero que coincide en el tiempo y en la misma geografía con el personaje del puritano inglés, si bien no se encuentran hasta el desenlace.

    


                                                      

                                                     Xavier Alcalá


   El presente narrativo, sin embargo, tiene lugar en otras latitudes: en tierras ferrolanas donde el ilustrado Gabriel Alcaraz, comisario del Arsenal, actúa como cimiento e introduce dos acontecimientos que ocurren en América. Las tres variedades tipográficas que emplea el autor, le ayudan al lector a situarse en cada uno de estos tres elementos estructurales de la obra.

   Se trata, en mi opinión, de una novela compleja y muy trabajada, tanto en el desarrollo de la trama argumental, como en sus aspectos formales. Xavier Alcalá nos cautiva ciertamente con la narración verosímil de hechos que nunca acontecen en territorios australes, apelando, como decía J. Conrad, a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración del esplendor de mundos fabulados. Menos interés ofrece, en mi opinión, la parte ferrolana del relato: la relación de las conversaciones, intrigas o repercusiones de las ideas ilustradas entre los personajes que, desde la ciudad departamental, son testigos interesados de los sucesos americanos. Concluyo aludiendo de nuevo al armazón formal de la novela: el dominio que el autor muestra de los registros lingüísticos, especialmente los del mundo náutico; su capacidad para imitar el artificio y las maneras del lenguaje religioso del siglo XVIII, y su dominio trabajado para recrear ambientes, hacen del autor de Al sur del mundo, un maestro de verosimilitud al que podemos leer, lo que constituye un verdadero placer.

 

Francisco Martínez Bouzas

martes, 11 de enero de 2022

UNA TRAMA DE AVENTURAS

Al sur del mundo

Xavier Alcalá

Ézaro, Madrid, 353 páginas

(Libros de siempre)

 

    

 

 

   Parafraseando la valoración que H. James hace de Stevenson, en este comentario también me atrevería a referir a Xavier Alcalá, el Xavier Alcalá de Al sur del mundo, afirmando que es un lujo encontrar a alguien que así escribe, que conoce este arte poco menos que suprema de fabular aventuras. Porque de eso se trata: aprovechar la aventura como recurso narrativo y sumergirse en el mimo de forma definitiva, recreando con el autor un tiempo, un lugar e incluso una lengua.

   Al sur del mundo no es solamente una escapada a horizontes exóticos, con navegaciones, selvas, desiertos o inmensas llanuras, sino sobre todo un difícil ejercicio de encaje tejido con el hilo primoroso de la lengua trabajada, cuidada hasta la extenuación. Aunque me vuelva a referir a las peculiares armas lingüísticas y estilísticas que emplea el autor, es preciso reconocer que Al sur del mundo es por encima de todo un libro con una trama enteramente aventurera.

   Una novela en la que poco a poco se van venciendo espacio0s y obstáculos, aunque seguramente se la haría más justicia a la esencia del escrito de Xavier Alcalá, si concordamos en que aquí acontece al revés: que son las pegas y dificultades las que derriban a los héroes de la narración, en la que ciertamente no cabe más desventura, como tampoco cabía en la imaginación de Isaac Moore, actor principal de uno de los relatos que, acertadamente suturados, le dan forma al libro de Xavier Alcalá.

   Reconozcamos también que, como mandan los cánones de la novela de aventuras, el comportamiento de los héroes que nos permiten ver su aventura-desventura a través de las páginas del relato, es plenamente lineal, si bien referido desde el punto de vista de dos narradores distintos y por supuesto fingidos. Así mismo, como señalan las marcas del género, registro que en la novela de Alcalá predomina la “retórica del acto”, y el lenguaje de los personajes y sus acciones, no sus reflexiones y consideraciones, aunque estas abundan especialmente en el “Diario del Padre Sineiro”, pero que el lector percibe como fruto de una voluntad estilística.

   Con relación a la trama argumental basta decir que en Al sur del mundo viajamos por medio de la letra impresa hacia las costas y regiones de la Patagonia en un tiempo que es el último tercio del siglo XVIII, sumergiéndonos de lleno en la atmósfera de rivalidades entre ingleses y españoles con la desconfianza de los indios “serranos” de la cordillera andina al acecho.

   En este tiempo y en este escenario estructura Xavier Alcalá  su obra pespunteando , como ya se dijo, con los hilos de dos relatos que refieren acciones en parte coincidentes: “Las desventuras de Isaac Moore” que nos introducen en la perspectiva de los ingleses, y el “Diario del padre Sineiro de Malpica” que nos acerca a la española, y más en concreto a la de un misionero que coincide en el tiempo y en el mismo escenario geográfico con el personaje del puritano inglés, aunque no se encontrarán hasta el final.

   El presente narrativo, sin embargo tiene lugar en otras latitudes: en tierras ferrolanas donde el ilustrado Gabriel Alcaraz, actúa como base e introductor de los acontecimientos que ocurren en América. Las tres variedades tipográficas que emplea el autor, le ayudan al lector a situarse en cada uno de los elementos estructurales de la obra.

   

                                                     

                                            Xavier Alcalá

 

    En mi opinión estamos ante una novela compleja y muy trabajada, tanto en el desenvolvimiento de la trama argumental como en los aspectos formales. Xavier Alcalá nos cautiva ciertamente con la narración verosímil de los hechos que acontecen en territorios australes, apelando, como decía J. Conrad -uno de los clásicos del género- a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración de los mundos fabulados.

   Mucho menos interés ofrece, en mi opinión, la parte ferrolana del relato: la relación de las conversaciones intrigas o repercusiones de las ideas ilustradas entre los personajes que desde la ciudad departamental, son testigos interesados de los sucesos americanos.

   Concluyo aludiendo de nuevo a la estructura formal de Al sur del mundo. El dominio que Xavier Alcalá demuestra de los registros lingüísticos, especialmente del mundo náutico, su capacidad para imitar el artificio y las maneras del lenguaje religioso del siglo XVIII. Y su don trabajado para recrear ambientes hacen del autor de Al sur del mundo, un maestro de verosimilitud, al que podemos leer con extremada facilidad, lo que constituye un verdadero lujo.

 

Francisco Martínez Bouzas

 

martes, 14 de diciembre de 2021

VIVIR A CONTRAFÍO

En las catacumbas

Evangélica memoria

Xavier Alcalá

Ézaro, Santiago de Compostela, 2009, 471 páginas.

(Libros de siempre)

 

  

 

 

    En las catacumbas es el segundo volumen de la Trilogía evangélica (Evangélica memoria) que en clave ficcional y a través del discurso narrativo, permite recuperar las voces hasta hace muy poco marginadas u olvidadas, como la de los protestantes gallegos en las épocas de la  Guerra y de la posguerra. Ellos y ellas, con leyes o sin leyes, se vieron obligados a vivir a contrafío, en las catacumbas, como topos en las toperas. La Trilogía tuvo su inicio en lengua gallega con la novela Entre fronteras y concluiría con Unha falsa luz. Su autor, Xavier Alcalá, un acreditado y experto narrador del sistema literario gallego, creador de algún de los “best-sellers” o  “long-sellers” como él prefiere calificar a su obra quizás más conocida, A nosa cinza.

   Con este magno proyectó, Xavier Alcalá se sumó a aquellos escritores y estudiosos que pretenden recuperar la memoria, el mejor antídoto contra la barbarie. Hasta no hace mucho, daba la impresión que las tramas de la Guerra o de la posguerra en Galicia o bien no interesaban, o existía un acuerdo tácito entre los escritores de no remover en el asunto. No obstante, la tendencia parece haber cambiado en los últimos años y muchos discursos de la narrativa gallega más reciente, de forma semejante a la que se escribe en catalán, euskera y castellano, nos empujan para que se produzca un compromiso con la historia y con la verdad.

   En esta línea se sitúa la  trilogía memorialística de Xavier, Alcalá, y en particular la presente publicación. En la misma, sirviéndose del mismo protagonista de Entre fronteiras, personaje arquetípico, suma de tantos “herejes” anónimos y olvidados que resistieron la intolerancia religiosa del franquismo, Xavier Alcalá recupera una década de resistencia de los evangélicos gallegos que soportaron estoicamente los años duros del hambre y convivieron, sin renunciar a su fe, en una villa rebosante de fanáticos franquistas y guerrilleros ateos.

   El autor, en efecto, coloca a su protagonista en un lugar aislado, al norte de la provincia de A Coruña. Él, su familia y la comunidad evangélica de la que se convierte en guía, quedan anclados en el medio del fuego cruzado de los dos bandos: los fanáticos de franquismo (falangistas, guardia civil, clérigos corruptos e inquisidores, beaterío), y por otra, los guerrilleros comunistas que pretenden adoctrinarlos en su ateísmo. La navegación por este mar tenebroso convierte la novela de    Xavier Alcalá, a la vez en un relato testimonial de una epopeya de resistencia y en una verdadera novela de aventuras.

    

                                                


                                           Xavier Alcalá

 

   La acción avanza a buen ritmo, hilvanando los avatares y resistencia de los evangélicos con los acontecimientos sociales y políticos de España y de Europa, como por ejemplo la promulgación del “Fuero de los Españoles”, la “Ley de sucesión”, o la visita a España de Eva Perón. Y entre todos esos acontecimientos, los protestantes condenados a vivir  sin decir que existían. Hasta que el dragón muestra su verdadera naturaleza: la conspiración de las sotanas y del beaterío que intenta poner a la gente en contra de ellos.

   En las catacumbas es una novela sólida, de largo recorrido, en la que no sobran historias, ya que en el fondo estamos ante una novela de aventuras, con intenciones testimoniales, que precisa nutrirse de historias. Mas una cierta poda de reiteraciones y ramificaciones haría que el relato ganase agilidad. No obstante todo eso, este ejercicio narrativo convierte la intrahistoria en historia, historia “inventada”, aunque con base real, extraída sobre todo de las conversaciones que el autor mantuvo con los ancianos de la comunidad evangélica. La novela permite una lectura grata y placentera, debido a la maestría narrativa del escritor, a su dominio de los  registros lingüísticos, a la perfecta reconstrucción de ambientes, a la pericia en la creación de personajes arquetípicos. Y del mismo interés temático de una trama que sigue ahí, en las catacumbas de la memoria que es preciso recuperar. Es una deuda con los que en otro tiempo fueron silenciados.

 

Francisco Martínez Bouzas

 

martes, 1 de octubre de 2013

"VERDE OLIVA" : LA HISTORIA B DE LA REVOLUCIÓN CUBANA



 

Verde oliva

Xavier Alcalá

Nowtilus, Madrid, 2012, 382 páginas.





   Xavier Alcalá (Miguelturra, Ciudad Real, 1947) es un claro ejemplo de esa nómina no demasiada extensa de escritores nacidos fuera de Galicia, pero perfectamente integrado en su sistema literario, en el que ha publicado éxitos de público, crítica y lectores como A nosa cinza, uno de los best seller  de la narrativa gallega o la trilogía “Evanxélica Memoria” (Entre fronteiras, Nas catacumbas, Unha falsa luz) o Alén da desventura (Premio Blanco Amor 1998). En 1982 Xavier Alcalá se inicia en un tema que, con el paso del tiempo, será recurrente en su macrotexto: el mundo de la emigración gallega en el continente americano, con el propósito de recuperar la memoria histórica gallega desperdigada por tierras de Latinoamérica. Y lo hace echando mano de diversos géneros: crónica de viajes a caballo entre la ficción literaria y la memoria histórica, relatos con un transfondo biográfico o novelas, verdaderos  docudramas, como Verde oliva, novela en la que el autor inventó muy poco, fruto de sus viajes a Cuba, reflejados alguno de ellos en Habana Flash. Un libro polémico que le acarreó al autor la prohibición-sugerencia, llegada por vía diplomática de no volver nunca a la Isla.

   Mas de escritor monolingüe gallego, Xavier Alcalá ha derivado en sus últimas publicaciones hacia un bilingüismo, hoy frecuentado por otros literatos gallegos. Un hecho asumido hoy con normalidad, pero piedra de escándalo hace años para ciertos guardianes de la ortodoxia lingüística. Tal es lo que ocurre con Verde oliva. El propio autor es el padre de la edición en gallego (Editorial Galaxia) y de la española, que edita Nowtilus.

   Xavier Alcalá es un verdadero maestro a la hora de transformar la intrahistoria en historia, en historias inventadas, pero con bases reales, extraídas de conversaciones, viajes o cualquier otro tipo de documentación. Maestro así mismo, como ya señalé, cuando escudriña el mundo de la emigración gallega y profundiza en el espacio y en la memoria del galleguismo transterrado. En Verde oliva Xavier Alcalá se acerca  a Cuba, mejor dicho a la Revolución  cubana, inventando muy poco y poniéndose al lado de los perdedores, tomando partido -son palabras suyas- por la gente que estaba contra los hermanos Castro y la tropa castrista. Los perdedores son para Xavier Alcalá los compañeros de los castristas que lucharon contra el “batistato” sin renunciar a los principios democráticos.

   El lector de esta larga novela no debe olvidar que el viajero, y también el narrador suele encontrar lo que busca. Y desde el año 1989 sabemos que para Xavier Alcalá, Cuba es la inercia absoluta y Fidel es el Supremo (cínico, traidor, sanguinario). Remito a la crónica de sus viajes a la Isla, Habana flash. Sin embargo no osaría afirmar que Xavier Alcalá encuentra lo que busca en esta historia real de la joven Marina, agente secreto del Movimiento 26-J. Nacida en Galicia el año 1936, hija de padre gallego habanero y de una criolla, alter ego de Juana Maseda, personaje real de setenta y siete años que vive en la actualidad en una aldea de Lugo, arriba a la capital  cubana con tan solo catorce años. Ella será la voz narrativa de esta novela. Educada en un ambiente democrático y laico (su padre había sido republicano en España) y amiga de personajes como Raúl Roa o Eduardo Chivás Rivas, se ve inmersa por voluntad propia en la revolución política, clasista y antirracista  contra aquel sargento mulato, convertido en dictador, que fue Fulgencio Batista.

   Trabajando en la clandestinidad y en Sierra Maestra en extraña connivencia  con los militares de Batista que la resguardan de la policía del sanguinario Ventura y son a la vez protegidos por ella, la protagonista participa en el triunfo de la Revolución y así mismo en una gran decepción pues un golpe interno permitió que finalmente se impusiese el comunismo. Por eso mismo, la novela termina con un “Epílogo necesario” en el que Mariana, o mejor dicho Juana Maseda mirando al Cantábrico, le reprocha al “monstruo” Fidel, sesenta años después, las traiciones a los ideales de los revolucionarios que dieron su vida por la libertad de la Isla.

   De esta manera convierte X. Alcalá la intrahistoria en historia de intrigas, en la “historia B” de la Revolución cubana, fusionando vivencias individuales y su personal radiografía social. Y cediéndole la voz a la protagonista para hacer más creíble y vehemente el relato de quien abrazó la causa de la Revolución y termina decepcionada sesenta años después del comienzo de lo que les había unido.

   La edición española que no ofrece Nowtilus, añade a la gallega un glosario de personajes muy esclarecedor e ilustraciones en formato fotográfico sumamente significativas que, en algún caso, son un ajuste de cuentas con un Fidel Castro barbudo que así habla desde un pie de foto. “Yo no soy comunista. Mi ideología política es bien clara. Nosotros, antes que nada, sentimos los intereses de nuestra patria y de nuestra América, que es también una patria grande…” (Página  373). Un estilo narrativo ágil, visual y cinematográfico ayuda sin duda a que la novela entronque fácilmente con la realidad y con los deseos de cambio que laten en la Isla caribeña



Francisco Martínez Bouzas








Xavier Alcalá

Fragmentos



“Esa tarde por Radio Progreso, se supo que el presidente de las Juventudes Batistianas estaba ingresado en el Clínico Quirúrgico, «probablemente herido de bala»… Y pocos días después sucedía lo increíble, inaudito.

Ya por la mañana temprano el Clínico apareció tomado por la Policía nacional. Aquella imagen de uniformes azules oscuros contra el fondo claro del edificio me sugirió tomar la guagua de vuelta, huir. Pero en una abertura del cordón de guardias había gente del departamento de personal identificando a los uniformados de blanco como yo que se incorporaban a su turno. Ya me habían visto, no tenía escapatoria.

Allá fui. Pronunciaron mi nombre y mi puesto en Cardiología. Pasé la primera barrera. Detrás de ella, a la puerta de entrada de los empleados, estaba el director de personal con una pequeña custodia. Lo saludé y me dejó pasar.

Subí al vestíbulo. Más uniformes azules. Entre la gente que se movía por el espacio de distribución a escaleras y corredores, busqué a quien me diese explicación de lo que estaba pasando. Vi de lejos a Malanga empujando una cama. Me puse a su lado e hice como que llevaba su rumbo. Él empezó a imitar cantos de pajaritos y una cara pálida que salía de las sábanas de la cama intentó girar los ojos hacia el imitador.”



…..



“Se agotaba aquel día. Los militares hablaban y yo callaba, hundiéndome. Pensaba que los esfuerzos angustias y miedos habían merecido la pena. Recordaba a Laura, a Lucas, al doctor Carone,  a papá: un gallego metido en la pelea porque Cuba era su país.

Aquellos hombres alrededor de mí, esperando bazofia del chino y con suerte una cerveza, también tenían pellejo que salvar. El comandante había vuelto de Santiago, renovado, capacitado para dar órdenes: el teniente Torres parecía animoso. Pero con todo, desnudaban sus almas en presencia de la prisionera, del enfermero  civil que se consideraba preso y del radio sospechoso de comunicarse con el mundo. Ellos y sus compañeros declaran admirar a Bayo, militar español que había entrenado en México a la tropa de Alejandro. La guerra era una ciencia; era necesario estudiarla y practicarla; no valía añadir galones y estrellas al propio uniforme con manejos políticos. Batista era un politicón incapaz de entender que los Ejércitos no están para matar civiles; que en un país con miles de kilómetros de costa hace falta tener Marina; que mal se andaba sin aviación dispuesta a perseguir a «un loco acróbata» como el que suministraba a los rebeldes.

Ventura no escapó a la crítica mordaz por el caso Fangio: unos muchachos habían secuestrado al as del volante ante las narices del as de la tortura. Batista, Ventura y la camarilla de lo generales comerciantes, socios de la mafia yanqui, solo  pensaban en que La Habana siguiera siendo un escaparate, aunque el país entero anduviese desarrapado y descalzo. A tipos que vaciaban botellas de champaña en los cabarés, ¿qué les importaba el hambre y la sed que pasaban los soldados?”



…..



“Carta a Titín, Alejandro o Fidel escrita por Mariana:



Ya mayor, pero no anciana como tú, sabiéndote vivo y consciente, te mando esta misiva desde el lugar donde escuché que había llegado nuestro triunfo, y que tú lo comandabas.

Desde mi aldea en la Mariña de Lugo, te debo decir que tú eres el único cubano descendiente de gallegos de quien me tengo que avergonzar públicamente, ante los cubanos y el mundo entero. Usted -tú y los tuyos- no parecen cubanos, porque llevan una vida haciendo sufrir a sus compatriotas.

A veces vuelve a mi mente una vieja pesadilla. Veo las caras y oigo las voces de criaturas como yo que se entregaron a la causa creyendo que tú eras nuestro garante. Fueron muchísimos (¿sabrías contarlos?) los que perdieron la vida, y muchos de ellos los que cayeron tras la tortura. Algunos escapamos por milagro a las garras de la fiera.

A mí me sacaron de  Cuba  para que Ventura no me matase después de arrancarme las uñas y los ojos. Esteban Ventura era tan mal cubano como tú llegarías a ser. Ambos hicieron sufrir al pueblo de la Bendita Isla, aunque él no fue falso: esbirro a sueldo de Batista, proclamaba su fidelidad a «El Hombre». Tú fuiste  militante del Partido Ortodoxo y acabaste manejando todo desde tu Partido Comunista de Cuba.

Nos mentiste y acabaste dejando pequeño el desprecio del Mulato Lindo por las libertades de la gente. Por lo menos él dejaba que existieran medios de comunicación que lo criticaban; y, aunque pagaba chivatos, no todo el mundo espiaba a todo el mundo como ocurre hoy en la cárcel que te atreves a llamar República de Cuba.”



(Xavier Alcalá, Verde oliva, páginas 185, 273-274, 369-370)