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martes, 23 de mayo de 2023

RECORDANDO A MARTIN AMIS

   El pasado día 19 de mayo fallecía en Lake Worth (Estados Unidos) Martin Amis, unos de los grandes novelistas británicos del último tercio del pasado siglo y del actual. Hijo del escritor Kingsley Amis, se inició en la narrativa con un comienzo brillante, El libro de Rachel (Premio Somerset Maugham en 1973). Madurado en la crisis del 73, el desmoronamiento del estado de bienestar, la desilusión con el régimen cubano y las alternativas de izquierda seguidoras de la URSS y el giro conservador de su país, poco a poco va reflejando en sus novelas un negro pesimismo provocado por el descubrimiento del mal, cuyo paradigma es sin duda Stalin, protagonista de Koba el Temible, un pretendido ajuste de cuentas equivocado con la tolerancia de la intelectualidad de izquierdas..

   Sin embargo su nombre se codeaba con Julian Barnes, William Boyd, Kasuo Ishiguro, Ian McEvan, Salman Rushdie o Graham Swift. Miembro de la Generación Granta (la revista que en 1983 publicó la lista de los que consideraba eran los mejores escritores británicos jóvenes.

   Reconociendo sus aportaciones a la literatura y sus desvíos ideológicos, considero que debe ser recordado. En esta bitácora he reseñado cuatro de sus obras. Reproduzco una de ellas sobre el libro La casa de los encuentros (House of Meetings, 2006), traducido por Editorial Anagrama en 2008, como homenaje a un escritor al que los cambios ideológicos hicieron que no llegara a ser el gran escritor que prometía.

 

 

“LA CASA DE LOS ENCUENTROS”. LAS OBSESIONES DE MARTIN AMIS

 

 

La casa de los encuentros          

Martin Amis

Traducción de Jesús Zulaika

Editorial Anagrama, Barcelona, 2008, 264 páginas

(Libros de fondo)

 

 

   No hace mucho tiempo, y sobre todo en geografías anglófonas, se hablaba de él, de Martin Amis, siempre con frases muy elogiosas: “Me encantaban sus libros”, “Amis era tan buen escritor”. En efecto, el enfant terrible de las letras británicas, hijo de otro famoso escritor, Kingsley Amis, descubierto en la primera hornada de la revista Granta, tiene en su haber algunas de las más importantes obras de la ficción contemporánea. Libros versátiles y repletos de talento, como Money (1984), The Information (1995), Yellow Dogs (2004); junto con libros autobiográficos como Experience (2002) y otros productos híbridos entre el ensayo y el relato ficcional, como Koba the Dread o The Second Plane (2008). Algunos analistas consideran que Martin Amis es oscuro y desagradable; otros por el contrario opinan que es uno de los más ingeniosos escritores satíricos contemporáneos.

   House of Meetings, editada en español por Anagrama como La casa de los encuentros, ha recibido no pocos juicios elogiosos, pero también valoraciones muy negativas. No falta quien considera La casa de los encuentros como la mejor novela de Amis. Una novela que supedita el gusto por la pirotecnia posmoderna a las exigencias de la  historia; un texto tan fascinante como denso, con fuerte tufillo  a violencia y a gotas de intriga, sin olvidar un cierto adorno pasional. Para otros críticos, los elementos ficcionales de la novela son muy tenues. En el inicio de la obra se dejan sentir repetidos presagios de que está en camino un buen cuento chino. Pero no: el tema de fondo que finalmente aparece, es la clásica rivalidad amisiana entre dos hermanos, y un largo dietario de los actuales intereses y obsesiones de Martin Amis, sazonadas con ciertas dosis de imaginación, agudeza y hermosas florituras verbales. Porque ningún escritor inglés actual -podemos citar a Barnes, McEvan o Rushdie- es capaz de someter el idioma como Amis. Sin embargo, en esta ocasión, Amis machaca al lector con el empleo de un pretencioso registro lingüístico. Y además lo sumerge en una historia extraída del cajón de sastre de sus actuales obsesiones. Amis dejó de escribir buenos libros satíricos para convertirse en un indiscutible perseguidor de atrocidades. Ofertas inabarcables como los asesinos en serie, el Holocausto, el Gulag o el 11 de Setiembre, los errores o excesos de la revolución feminista… ¡Como si el hecho de escribir sobre acontecimientos realmente perversos o catastróficos convirtiera a un autor en un buen escritor!

   Para el comentarista La casa de los encuentros es una buena introducción al archipiélago Gulag para aquellos lectores que nada saben del mismo. El recorrido que Amis hace por los males de la sociedad soviética después de la Segunda Guerra Mundial, nos llega servido a través de un triángulo amoroso-sexual entre dos hermanos, los dos presos políticos en un gulag siberiano, y la mujer a la que ambos aman, que acude a visitarlos. Un narrador innominado, uno de los hermanos presos, más tarde ex preso, le cuenta a Venus, su hijastra americana, sus experiencias en el campo de trabajo siberiano y más tarde fuera de él. Había participado en la Segunda Gran Guerra, había sido herido y condecorado y así mismo había tomado parte  en las violaciones masivas del ejército soviético al invadir Alemania. Más tarde cae en desgracia y, junto con su hermano, es enviado al campo de trabajo, donde estarán retenidos durante diez años. Allí reciben la visita de Zoya que atraviesa medio continente para poder pasar una noche en la “casa de los encuentros” En 1954 habían comenzado efectivamente las visitas conyugales a los campos de trabajo soviéticos. Para los hombres estos vis a vis eran sinónimo de rapado de la cabeza, desinfección, duchas prolongadas con una manguera de incendios. Para las mujeres que acudían a la casa, el encuentro constituía por sí mismo una verdadera categorización: las transformaba sin más en esposas de los enemigos del pueblo.

    

                                            

                                           Martin Amis

 

    El prolongado monólogo del protagonista relator se convierte en una reflexión, no solo sobre sus propias experiencias vitales, sino también acerca del destino de Rusia y de las diferencias entre dos paraísos (el comunista y el capitalista), entre los que conocen el lado obscuro de la historia y los que todavía ignoran tales horrores. Así pues, una reflexión sobre el mal, sobre el terror que jamás será borrado del todo. El narrador le advierte a la destinataria de sus misivas que nunca existe un cierre definitivo para personas como él, que nadie se recupera jamás de nada ni es capaz de pasar página.

   La casa de los encuentros desmiente a aquellos que piensan que los lectores de Amis siempre se ven sorprendidos, porque el escritor retoma en la novela el tema de la Unión Soviética, ya tratado en sus alegaciones antistalinistas de Koba the Dread: la atrocidades del Gulag. Sin embargo, la novela es todo aquello que no llegó a ser el libro sobre Stalin. Sin dejar de ser un libro político, por mucho que Amis reitere que su ideología es la no ideología, La casa de los encuentros es fundamentalmente ficción. Ficción sobre las pesadillas de la sociedad soviética stalinista. Ficción sobre esa condición predadora de los seres humanos que con tanta exactitud había reflejado la metáfora de Hobbes.

Francisco Martínez Bouzas

 

 

Fragmentos

 

“Estoy a punto de describir a una jovencita extraordinariamente atractiva, y la experiencia me dice que no va a gustarte, porque eso es lo que tú eres también. Estoy seguro de que piensas que has evolucionado y te has librado de ello -de la envidia-. Pero la evolución no es cosa de una tarde. Y la experiencia me dice también que una mujer atractiva no quiere ni oír hablar de otra mujer atractiva. Y aún te va a resultar más problemático, quizá, por el hecho de que va a despertar en ti un ánimo protector hacia tu madre, lo cual es natural. Así que te invito a ponerte en la piel de cualquier fémina contemporánea de Zoya. Tenía diecinueve años, y, ya desde el principio, su reputación era francamente terrible. Seguro que eso te anima. Y, aun así, las otras chicas la veían como un ser excepcional. Instintivamente la disculpaban, pues veían en ella una figura de vanguardia -l’esprit fort-. Vivía más que ellas, pero también sufría más que ellas; y les mostraba posibilidades.
Solía decirse que Moscú era el pueblo más grande de Rusia. En los arrabales, en invierno, había pequeños senderos en la nieve que comunicaban cada casa con las paradas de tranvía y las tiendas de comida (Leche, decían los letreros), y la gente andaba de un lado para otro arrastrando los pies como rústicos, con sus abrigos cortos de piel de borrego, y parecía que en cualquier momento ibas a ver un mamut o un iceberg. Pero es un recuerdo de la niñez (hoy día no hay leche). El panorama cambió: una maraña primitiva en la que se habían incrustado varios altos hornos y fundiciones y fábricas de gas y curtidurías en medio de las casitas y los empedrados. Teníamos un pueblo dentro del pueblo (el distrito del sureste conocido como El Codo), y cuando Zoya entró en él, en enero de 1946, cayó como un rapapolvo contra las condiciones imperantes, la falta de comida y combustible, la falta de libros, ropa, cristal, bombillas, velas, cerillas, papel, goma, pasta de dientes, cuerda, sal, jabón. No, más: era como un acto de desobediencia civil. Zoya era temerariamente llamativa, y judía -un blanco natural para la denuncia y la detención-. Porque así era como se resolvían en mi país desde hacía siglos los resentimientos y las envidias. Así era como podía resolverse de forma maravillosamente simple, por ejemplo, un «triángulo amoroso.»

…..

“Teniendo en cuenta la variedad e intensidad del sufrimiento que casi siempre causaba, me dejaba perplejo cuán anhelada y perseguida seguía siendo aquella casita de la colina. Yo fui un estudioso atento de aquel rito de paso (aunque bastante irreflexivo, he de admitir, sobre todo al principio). Para los maridos, la visita conyugal significaba el afeitado de cabeza, la desinfección, el largo chorro con la manguera de incendios. Salían de las duchas irreconociblemente restregados, escocidos, alertados, con ropas tiesas no por la suciedad sino por el efecto de los detergentes feroces. Luego, como la viva estampa del apetito y el brío, flanqueados por una pequeña escolta, se encaminaban con prisa hacia La Casa de los Encuentros. Y al día siguiente, viéndolos bajar uno por uno, tambaleantes, hechos auténticas ruinas o apariciones, yo solía sorprenderme pensando: lo pedíais a gritos, luchamos por ello, ¿qué os pasa ahora?”

 

(Martin Amis, La casa de los encuentros)

 

jueves, 6 de junio de 2019

LOS DARDOS AFILADOS DE MARTIN AMIS


La guerra contra el cliché
Escritos de literatura
Martin Amis
Traducción de Frances Roca
Editorial Anagrama, Barcelona, 508 páginas
(Libros de siempre)


    


   Reconocemos a Martin Amis como novelista; quizás el narrador más destacado de aquella generación de los años ochenta por la que apostó la Revista Granta en su primera lista de  “Best of Young British Novelists”. Sin embargo, también la crítica literaria tiene en Martin Amis un cultivador brillante e ingenioso que aborda, en sus escritos sobre literatura, todo lo que analiza con una perspicacia afilada, con juicios sin parangón, teñidos al mismo tiempo de una gran amenidad.
   Así lo confirman sus libros de ensayo o recopilaciones de artículos, Visitando a Mrs Nabokov, y de manera especial The War Against Cliché.Essays and Reviews, 1971-2000.  Martin Amis publicó esta amplia colactánea en el año 2000. Tres años más tarde la colección “Argumentos” de Editorial Anagrama non la ofrecía en español. Un volumen de dimensiones considerables en el que el autor de El libro de Rachel, Niños muertos  o Dinero recompila escritos de un amplio período de más de treinta años. Tiempo suficiente, confiesa el escritor, para que uno se vuelva menos dogmático y más amable, o al menos intente aparentarlo, evitando al mismo tiempo enfrentarse con aquellas cosas por las que resulta imposible sentir una mínima simpatía.
   Martin Amis admite que resulta un espectáculo indigno ser crítico literario ofensivo, una vez superada la frontera de la mediana edad, ya que en el fondo no es otra cosa que dar gato por liebre. No obstante, en La guerra contra el cliché Martin Amis nos hace llegar con cierta acritud dardos afilados no solamente contra Philip Roth, Mailer o Ballard, con los que fue realmente muy duro, sino contra escritores, figuras mediáticas y temas que van desde la masculinidad al ajedrez, desde las armas nucleares a la censura cinematográfica. De Elvis Presley a  Margaret Thatcher…
   Media literatura occidental desfila por esta colección de artículos y ensayos, en los que ni sus escritores favoritos (Bellow, Updike ou Ballard) se ven libres de sus juicios acerados y cáusticos, y a la vez rebosantes de ironía y humor provocativo. Martin Amis no se siente un bicho raro al escribir en 1986 que El Quijote es un libro “francamente ilegible”, con capítulos “humanamente aburridos”, aunque reconoce, acto seguido que es una obra que rebosa belleza, encanto y sublime comedia.
   El novelista, cuando actúa con la vestimenta de crítico, sabe emplear la ambivalencia de forma exquisita. Al lado de cada adverbio o adjetivos con una valoración positiva, aparecen otros con calificaciones negativas.
    

                                               
Martin Amis



Piensa el escritor que la crítica literaria va contra el canon, precisamente porque se democratizó. Es suficiente una somera visita a Internet para darnos cuenta de que todo el mundo se ha convertido en crítico literario o, cuando menos, en reseñadores de libros, lo que supone, en palabras de Gore Vidal, una igualdad de sentimientos. Nadie hoy en día posee sentimientos más auténticos que los demás. Quizás por el hecho de que la literatura, como tema de estudio, nunca dio la impresión de ser algo difícil, cualquiera se atreve a ejercer como reseñador. El mecanismo es muy sencillo: el reseñador acepta con resignación la aparición de una nueva novela, pone manos a la obra y espera a ver qué impresión le causa. Los resultados de este contacto -positivo o negativo- serán las bases de la reseña, sin referencia alguna a los que se pueda esconder detrás, que, con frecuencia, es el talento, la creatividad  singular que constituyen los que de verdad es la literatura. He aquí las ideas   centrales del pórtico de un libro, escrito por alguien que aborda la literatura con cierto gesto escéptico, mas con tal ingenio que no se deja aprisionar entre fronteras.

Francisco Martínez Bouzas

lunes, 26 de octubre de 2015

"LA ZONA DE INTERÉS". EL HORROR CON RIBETES GROTESCOS



La Zona de Interés
Martin Amis
Traducción de Jesús Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2015, 304 páginas

   Ya hace tiempo que Martin Amis (Swansea, 1949) dejó de escribir buenos libros satíricos para convertirse en perseguidor de atrocidades. Ofertas inabarcables como los asesinos en serie, el Gulag o el 11 de Septiembre. Como si el hecho de escribir sobre acontecimientos reales perversos o catastróficos fuese capaz de hacer de un autor un buen escritor. En La Zona de Interés Amis recupera sus obsesiones, esta vez sobre el Holocausto, mas de nuevo vemos surgir el mejor Martin Amis con su sutil maestría en el uso de la sátira y de la comicidad al narrar una de las mayores barbaries de la historia. El mejor Amis en su segunda novela sobre el Holocausto después de Time’s Arrow (La flecha del tiempo), una historia construida en el espacio de un Auschwitz imaginario, pero con elementos reales. Una novela por cierto rechazada por sus editores franceses y alemanes habituales por considerar que Amis se mofa del Holocausto.
   En efecto, la nueva novela de Amis da cuenta del genocidio visto desde la perspectiva de los alemanes que dirigían los campos de exterminio, intercalando entre los incontables horrores cotidianos una historia de amor con ribetes de farsa. La crueldad -Amis prefiere no hablar del mal, para él un concepto teológico- asomándose en medio de innumerables escenas grotescas, propias de la comedia negra..
   Con un absoluto dominio del oficio, Martin Amis cuenta una historia situada en los años 1942-1943, construida en torno a tres personajes masculinos, tres verdugos, envueltos dos de ellos en un triángulo amoroso. Forman parte del mismo Galo Thomsen, sobrino de Martin Bormann, secretario personal de Hitler; el comandante del campo Paul Doll y Smzulek Zacharias  (Szmul), un miembro de los Sonderkommando, la unidad de trabajo judía, encargada de llenar y vaciar las cámaras de gas e incinerar los cadáveres. En medio de la rutina diaria del campo -un   Auschwitz que Amis bautiza como Kat Ze-, surge una relación ed amor entre Galo Thomsen y Hannah, esposa del comandante Paul Doll, atormentada por el “trabajo” de su marido. La otra pieza del triángulo es el judío Szmul que se considera a sí mismo un ser repulsivo, y al que algún crítico ha definido como “uno de los más trágicos personajes de la ficción contemporánea”. Él será un espectador paradójicamente privilegiado.
   Cada uno de estos tres personajes relata una parte de la trama. Galo Thomsen es el responsable de supervisar la construcción de un sub campo, Auschwitz III, conocido como Monowitz-Buna, un lager donde los prisioneros fabricaban caucho sintético. Siente interiormente remordimientos sobre la forma como se trataba a los judíos, pero su cobardía le hace callarse. Su zona de interés es la señora Hannah Doll de la que está obsesionado sexualmente y a la que trata de seducir. La segunda parte del guión la narra Paul Doll, el marido de Hannah, un tirano perfectamente convincente por sus acciones e incluso por su forma grotesca de hablar. Szmul, el jefe del Sonderkommando, también narra su historia. Él es uno de los “cuervos del crematorio”, mas Amis, como ya había hecho Primo Levi con relación a los miembros de los Sonderkomamando, omite hablar de la depravación de su comportamiento -en el fondo es un victimario que se convertirá muy pronto en víctima-, y lo describe, o hace que se describa a sí mismo, como uno de los hombres más tristes que hayan existido, infinitamente repulsivo, infinitamente triste, carente incluso del consuelo de la inocencia.
   La simiente del libro no es otra que el interés de Amis por dar una respuesta, a través de la ficción, al interrogante sobre la posibilidad de que el amor pueda surgir y prosperar en un contexto de demencia totalitaria. En un final en el que la sátira deja paso a una cierta tonalidad sentimental, el escritor responde que no, ya que el amor no puede arraigar, y menor crecer entre el odio y la muerte.
   Solamente en el Epílogo teclea Martin Amis la palabra Adolf Hitler, un nombre ausente en toda la novela. La gran razón: es imposible entender, explicar a Hitler, comprender el porqué. Como tampoco puede explicarse el odio fanático de los nazis a los judíos. Y aquí acude a Primo Levi con cuya cita cierra de forma redonda esta visión del Holocausto, percibida desde dentro de los verdugos:
     “Quizás no se pueda, más aún no se deba, entender lo que sucedió,     porque entenderlo, casi es justificarlo. Déjenme que lo explique: «entender» una  propuesta o una conducta humana significa «abarcarla», abarcar a su autor, ponerse en su lugar, identificarse con él. Ahora bien, ningún ser humano normal podrá jamás identificarse con Hitler, Himmler. Goebbels, Eichmann e incontables nazis más. Ello nos causa consternación, pero al mismo tiempo nos procura una sensación de alivio, porque quizá sea deseable que sus palabras (y también, por desdicha sus actos) no sean susceptibles de comprensión por nuestra parte. Son palabras y actos humanos, palabras y actos «contrahumanos»…No hay racionalidad en el odio nazi; es un odio que no está en nosotros; es un odio ajeno al hombre…”
   Amis recrea con la mano maestra del gran narrador que es, el ambiente a la vez grotesco y putrefacto de los campos de exterminio. Escenas impactantes y de crudeza monstruosa narradas con un lenguaje imaginativo, alimentado en la sátira, son un buen antídoto contra cualquier tentación de desmemoria y contra el olvido del mal, de la banalidad del mal, o de la crueldad como prefiere Martin Amis. También de sus ridiculez.

Francisco Martínez Bouzas

                                                       
Martin Amis
Fragmentos

“Somos del Sonderkommando, el SK, la Brigada Especial, y somos los hombres más tristes del campo. De hecho somos los hombres más tristes de la historia del mundo. Y de todos estos hombres tristísimos yo soy el más triste. Y se trata de una verdad demostrable, e incluso mensurable. Soy, con cierta diferencia, el primer número, el número más bajo…el número más antiguo.
Además de ser los hombres más tristes que hayan existido, somos también los más repulsivos. Y sin embargo, nuestra situación es paradójica.
Cuesta entender por qué somos tan repulsivos siendo como somos seres que no hacemos ningún daño.
La cuestión es que podría argüirse que, en contrapartida, tampoco hacemos ningún bien. Pero somos infinitamente repulsivos, y también infinitamente tristes.”

…..

“¿Y qué decir de Szmul? ¿Y de los Sonders? Dios, sólo a duras penas me decido a ponerlo por escrito. ¿Saben? Nunca dejo de maravillarme ante el abismo de miseria moral en el que algunos seres humanos están deseosos de hundirse…
Los Sonders…Cumplen con sus tareas pavorosas con la indiferencia más muda. Usan cinturones de cuero grueso para sacar  a rastras de las duchas a las piezas y llevarlas hasta el Leinchenkeller. Allí les arrancan los dientes de oro con alicates y cinceles, y les cortan el pelo a las mujeres con grandes tijeras; les quitan los pendientes y las alianzas; y ponen la carga en la polea (6 o 7 cada vez), y la izan hasta la boca de los hornos. Por último muelen las cenizas, y el polvo se lleva en camión y se echa al río Vístula. Todo esto, como ya he dicho, lo llevan a cabo con una insensibilidad muda. No parece importarles en absoluto que la gente que manipulan sea de su misma raza, hermanos de sangre.(…)
Me pasma que decidan subsistir, durar, de esta forma. Y lo hacen: algunos (no muchos) se niegan categóricamente, pese a las consecuencias obvias, porque ellos, ahora, se han convertido también en Geheimnisträger, portadores de secretos. No es que ninguno de ellos confíe en prolongar su cobarde existencia más de 2 o 3 meses. Somos absolutamente claros al respecto: la tarea inicial de los Sonders, a fin de cuentas, es la incineración de sus predecesores; algo que saben que no va a cambiar en adelante. Szmul posee la dudosa distinción de ser el sepulturero que más tiempo lleva en el KL; de hecho, es muy probable que sea el Sonder que más tiempo lleva en todo el sistema de campos de concentración. Es prácticamente un Notable (hasta los guardias le tienen cierto grado de respeto. Szmul sigue. Pero sabe muy bien lo que les sucede a todos, a todos los potadores de secretos.”

…..

“El 21 de enero de 1942, el número se hizo tan grande que las SS y la Orpo seleccionaron a otro centenar de judíos para que ayudaran a los Sonders a arrastrar los cuerpos hasta las fosas masivas. Este Kommando suplementario estaba formado por quinceañeros. No se les suministraba ni comida ni agua, y trabajaban doce horas seguidas bajo el látigo, desnudos en la nieve y el barro petrificado.
Cuando la luz se hacía más tenue, el sargento mayor Lange llevaba a los chicos hasta las fosas y los mataba de un disparo uno por uno…, y podías oírlo. Al final se quedaba sin balas y utilizaba la culata de la pistola para machacarles el cráneo. Y podías oírlo. Pero los chicos, que avanzaban a empellones en la fila para tratar de ser los siguientes, no emitían sonido alguno.”

(Martin Amis, La Zona de Interés, páginas 40-41, 72-74, 200)