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martes, 11 de julio de 2023

EL VENENO DEL NACIONALSOCIALISMO

Paradero desconocido

Kressmann Taylor

Traducción de Carmen Aguilar González

RBA LIBROS, 80 páginas.

 

    

  
Paradero desconocido
no es ninguna novedad editorial. Su autora Katherine Kressmann Taylor la publicó bajo el pseudónimo Kressmann Taylor en 1938 en la revista Story Magazine. Un año más tarde vio la luz en forma de libro. Se vendieron 50.000 ejemplares. Un libro minúsculo con una increíble economía de palabras,  una estructura epistolar y una trama argumental que impacta al lector.

   El libro, sencillo e ingenioso, nos relata a través de la correspondencia entre dos grandes amigos (un judío americano y un nativo alemán) el inicio y el desarrollo del nazismo. Y es sobre todo una  aguda y verídica denuncia del régimen dictatorial hitleriano. La autora se basa en hechos reales, y lo que escribe  está documentado y es premonitorio de lo que sucedería en los años siguientes: el veneno del nazismo, como escribe en el Prólogo Charles Douglas Taylor, hijo de la autora.

   Katherine Kressmann se propuso escribir sobre lo que hacían los nazis para mostrarles a los americanos las verdaderas dimensiones de una ideología perversa. El resultado fue Paradero desconocido, un libro muy breve considerado por The New York Times Book Review como el culmen de la perfección, la perfección misma.

   El argumento se basa en el intercambio epistolar entre dos amigos. Se inicia en 1932. Son Martin Schulse, alemán de 40 años y Max Eisenstein, judío estadounidense  de la misma edad. Los dos habían emigrado a Estados Unidos al finalizar la Primera Guerra Mundial, y son socios en una galería de arte en San Francisco. Martin decide retornar a Alemania con su familia. La relación epistolar se inicia con una carta de Max de noviembre de 1932 envidiando al amigo Martin porque cree que va a vivir en una Alemania democrática, un país de vasta cultura y una gran libertad política.

   Las primeras misivas hacen referencia a las respectivas familias y a la amistad entre ambos, pero pronto surgen ciertas preocupaciones y desavenencias. Max no oculta lo que se dice en Estados Unidos: que los judíos son perseguidos, torturados y asesinados. Le solicita al amigo que le diga si los  progromos son reales. Pero, en vez de de recibir una respuesta verídica, la carta que le llega es un alegato nazi. El amigo alemán trabaja para el gobierno y ve en Hitler un salvador. Y se afilia  al nacionalsocialismo. Todo eso hace que la relación entre ambos amigos se enfríe, pero lo que sucederá un poco más tarde es mucho peor: Martin no quiere saber nada de su antiguo amigo y socio judío. Comienza comunicándole que deben dejar de escribirse, ya que le resulta imposible mantener correspondencia con un judío pues la raza judía es una herida abierta para cualquier nación que le de asilo. Max envía una última carta dirigida a su hermana Griselle, que había viajado a Alemania para actuar en el teatro. Pero le es devuelta con la inscripción “Paradero desconocido”. Finalmente Martin nos hace saber que Griselle le había pedido ayuda pero que no la pudo recibir. Acto seguido, una patrulla nazi  la apresó y la asesinó.

   

                                            

                                             Kressmann Taylor

 

     Max se venga enviándole un cablegrama y varias cartas. Le inventa una familia judía, consciente de que la policía nazi controla el correo. Martin responde desesperado y con similares ruegos a los que Max le había solicitado.

   La novela, escrita a base de misivas, nos introduce hábilmente en el mundo de estos dos amigos, y nos avisa del riesgo que conlleva el hecho de dejarse llevar por las ideologías. La autora en este texto es el paradigma de la brevedad: en muy pocas páginas saca a flote no solo los sentimientos de ambos amigos, sino,  sobre todo, nos permite visibilizar el veneno  del nacionalsocialismo. Una ficción literaria de altos vuelos que narra la relación entre dos amigos y su discurrir a lo largo de un corto espacio de tiempo. Un marco temporal que refleja lo que fue la Alemania nazi en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. La brevedad como alegato irrefutable contra el nazismo.

Francisco Martínez Bouzas

 

sábado, 14 de agosto de 2021

UN ESCRITOR EXPERTO EN BIOGRAFÍA NOVELADA

María de las batallas

Alfredo Conde

RBA Libros, Barcelona, 2008, 304 páginas.

 

    

 

 

   Una suerte de “sapere aude” kantiano, puesto en la boca de Jesús Quintero, le da paso al pórtico de la última novela de Alfredo Conde, editada simultáneamente en gallego y español. El “¡Piensa, piensa! Si no piensas siempre habrá alguien que piense por ti”, quizás conjure a todos aquellos que ningunearon a Alfredo Conde a finales de los años 80. El caso es que, a pesar del escaso entusiasmo” del que hablaba algún diccionario y la “frialdad” con la que su coordinadora intento “resituar” la obra narrativa del escritor de Allariz, Alfredo Conde siguió publicando con regularidad, y, desde hace bastantes años, ya no es el intelectual orgánico de la Xunta de Galicia.

   El oropel del que hablaba la citada coordinadora se tradujo en un buen número de libros, publicados en las editoriales más conocidas y prestigiosas del país, tanto en gallego como en español. Posiblemente porque los lectores poseen criterio propio y saben elegir, y Alfredo Conde tiene la habilidad para darle popa al mar sin fondo de la literatura. Resultado: su novelas navegan sin sobresaltos tanto en gallego como en castellano y en la actualidad ya nadie se rompe las vestiduras por la doble versión, sino  que, el que puede, sigue el ejemplo de Alfredo Conde.

   Son lector de Alfredo Conde desde el año 84, en los días del Grifón, y crítico de su obra a partir de 1996 con aquellos relatos de Cubita la bella o O loro de Baracaldo. Y siempre intenté separar la obra literaria de la personalidad de su autor. Si algo puedo afirmar ante cualquier tribunal del canon, es que Alfredo Conde es hoy en día unos de los tres mejores autores de novela histórica en lengua gallega. Un verdadero maestro de la biografía novelada. Un ejemplo paradigmático de esta maestría fue Azul cobalto, quizás el definitivo pilar para levantar el edificio de la novela histórica gallega. El modelo se repite ahora con Maria de las batallas que el escritor editó hace años en gallego y español.

   Si en el caso de Lukumí, su anterior entrega narrativa, este comentarista reclamaba un lector desapasionado, ahora con la biografía novelada de María Pita y su valiente acción épica en defensa de A Coruña, lo que demanda es una lectura rebosante de fervores y frenesíes, pues la historia en la que se va a sumergir, merece que todos los sentimientos tengan vía libre. Ya en el prólogo de acotaciones, reconocimientos y aclaraciones pertinentes, Alfredo Conde sitúa perfectamente su trabajo. El libro contiene una novela, una historia que le acontece a alguien, pero no es historia.

   Así pues, con los que se va a encontrar el lector es con una historia contaminada de ficción. Las dificultades que fueron los periplos existenciales de Maria Pita y Francis Drake, es preciso entenderlas según los consejos que Álvaro Pombo recomienda en el caso de que se pretenda tratar asuntos históricos en términos novelescos. Así actúa Alfredo Conde. Elige datos rigurosamente históricos y les inyecta ficción. Así pues debe leerse Maria de las batallas como una ficción que ilustra la historia de una forma hermosa.

   Persiguiendo ese objetivo, Alfredo Conde hace hablar a un narrador que conoce todo los que nos proporcionan los hechos acontecidos en la ciudad herculina en el años 1589, durante el asedio de los soldados ingleses, y la resistencia épica de los coruñeses, liderados por María Pita. Otros personajes actúan  como referendarios de los que allí sucedió. Una hija de la heroína que comienza diciéndonos que su madre fue un poco puta (“lo suficiente, pero no más de los debido”) y que va contando las peripecias vitales de la principal protagonista de de la epopeya coruñesa. Y un pariente del vicealmirante inglés que relata la suya desde la nao “Defiance”, suturando así la perspectiva de los  defensores y la  visión de los atacantes.

   

                                 

                                           Alfredo Conde

 

 El principal adorno formal de esta María de las batallas es su estructura editorial (ternaria en el presente caso), ya repetida en anteriores entregas de Alfredo Conde, y la capacidad del escritor de sumergirse en el “alma” de sus personajes mediante una mirada muy perspicaz y un hermoso lenguaje con “un leve tono arcaizante” (Paz Gago). Deleitosa amalgama, así pues de realidades y mundos ficcionales sobre las que el comentarista comete el atropello de liquidarla en la  mínima brevedad de estas líneas.

 

Francisco Martínez Bouzas

 

miércoles, 15 de agosto de 2018

UN NIÑO OBSERVA ELHORROR


El rey blanco
György Dragomán
Traducción de José Miguel González Trevejo
RBA Libros, Barcelona, 256 páginas.

   


   György Dragomán  (Târgu Mures, Transilvania, 1973)  nació y se educó, al igual que la Premio Nobel Herta Müller, en Rumanía, formando parte de una minoría represaliada por el régimen totalitario del “canducator” Ceausescu, antes de huir en su adolescencia con toda su familia a Hungría, cuyo idioma adoptó de una forma definitiva, hasta el punto de ser considerado en la actualidad un escritor húngaro. En el año 2002 debutó con su primera novela Genesis undone. Sin embargo, fue con su segunda pieza narrativa, A fehér király  (El rey blanco) con la que alcanzó un gran éxito tanto de público como de la crítica. Traducida a treinta idiomas, obtuvo también el prestigioso Premio Sandor Márai.
   Una obra de gran madurez, aunque pueda contener algún defecto, que narra el paso crucial desde la infancia a la adolescencia en el peor de los escenarios imaginables: un país totalitario que el lector de inmediato identificará con la Rumanía de los años 80, puesto que en la novela se menciona la construcción del Canal Danubio-Mar Negro -el Canal de la Muerte-, un proyecto megalómano del régimen de Ceausescu y en cuyas obras fueron obligados a trabajar más de veinte mil prisioneros desidentes comunistas, “enemigos del pueblo”. Uno de esos prisioneros es el padre del protagonista narrador, Djata, un niño de once años que se queda solo con su madre. El padre había sido detenido por los agentes de seguridad del régimen, con el engaño de que solamente estaría ausente seis meses para realizar un trabajo en un centro de investigación. Pero pasaron esos meses y los mismos agentes les comunican  a los familiares que el padre estaba arrestado, excavando en el Canal del Danubio, por haber conspirado contra el estado.
   Este niño, en el paso crucial de la infancia a la adolescencia, será testigo-observador del horror, en una lucha por la supervivencia. Narrada la novela desde el punto de vista del niño y sin ninguna concesión al lirismo, lo que presenciamos en las páginas de El rey blanco es un estremecedor retrato, tejido con gran riqueza de detalles, de la degradación de la vida de las personas en los universos totalitarios, porque incluso la gente común asume los roles de víctima y torturador.
   Desde la página inicial, el lector se da cuenta de que Dragomán lo sumerge en la estructura perversa de un estado totalitario y opresivo. En ese mundo, el niño protagonista y principal narrador en primera persona, intenta sobrevivir como puede, tanto de las crisis típicas de su edad como del túrbido desasosiego cotidiano que provocan las estructuras de poder y de la violencia de su entorno: una sociedad corrompida deshumanizada debido al largo período del régimen dictatorial.
   Desde la desaparición del padre, la vida se transforma en un verdadero infierno para el niño y su madre, la puta judía según el abuelo del niño, el camarada ex secretario del partido, que la acusa de tener la culpa de la desgracia familiar, ya que sigue obcecada en no reconocer el “maravilloso” país en el que tiene la suerte de vivir. Pero este país, como acabo de decir, es sinónimo del infierno: en él, el miedo y la violencia son algo cotidiano. Los niños tienen tanto terror por el simple hecho de ir a la escuela que intencionadamente buscan romper un tobillo, o fabrican bombas como si se tratase de juguetes. Entre los adultos, no rige ninguna ley, no existe el sentido de la piedad: el entrenador de futbol emplea una máquina con balón giratorio, capaz de reventar la cabeza de los adolescentes; los obliga a entrenarse en un césped  contaminado por la radioactividad de Chernobil que arrastran las nubes. No obstante, el autor huye de los planteamientos simplistas y maniqueos en los que el estado sería el victimario y los ciudadanos sus víctimas. En la ficción de Dragomán, el círculo vicioso de la violencia es universal, un mal transversal, muy semejante al poder en la concepción de Foucault.
   Esta cultura tensa aparece suavizada por el narrador en algunas ocasiones, sobre todo debido a la estrategia narrativa elegida. Por eso mismo, la madre no le cuenta al hijo los motivos reales de la desaparición del padre; el niño descubre el sexo en una sala de cine secreta; el amor en la piel de una compañera de curso; la épica en la vorágine de una batalla en una finca de maíz con los chicos de otro bando.
   Uno de los más reseñables méritos de la novela es el hecho de que el autor sabe evitar el sentimentalismo y la sensiblería melodramática, a pesar de la carga argumental que se prestaba a caer en tales defectos. Los esquiva porque escribe El rey blanco como si de una comedia se tratase, a veces brutal, otras grotesca, paródica y caricaturesca, con grandes dosis de humor. La poética de la aspereza tiñe la novela, compuesta por dieciocho capítulos o secuencias que funcionan como una sucesión de cuadros, aparentemente desconectados e independientes. No obstante, Dragomán tuvo la suficiente habilidad para hacer que el lector encuentre de inmediato el hilo conductor que les da unidad y permite verlas como fotogramas que retratan una vida.
   
                                            
György Dragomán
                 

 Considero así mismo que la estrategia narrativa y el estilo son los apropiados para hacer visibles de forma eficaz esta sucesión de cuadros. En los primeros capítulos prima un cierto realismo descriptivo, con un fiel y efectivo reflejo de los momentos de gran brutalidad y vileza. Pero, a medida que el relato avanza, la ficción cobra mayor protagonismo, y así podemos leer  capítulos como el titulado “África”, en los que se produce una verdadera explosión del imperio de la ficción. Un ejemplo modélico es la visita a la casa del “camarada” embajador un depredador de mujeres y animales en África, donde Djata se ve en la obligación de enfrentarse en una partida de ajedrez a un autómata que provoca horror, mientas el “camarada” abusador intenta violar a su madre que le había ido a pedir ayuda. Ni la madre dulcifica el sistema, ni el niño le gana a la máquina, pero le roba el rey blanco de marfil que se convertirá en su amuleto, lo que explica el título de la novela. Y pese a que los dos terminan malheridos, conservan la vida.
   Estilo discursivo con frases largas, escasa adjetivación, sintaxis muy elemental, redundancias. Pero todo eso enteramente coherente con la forma de hablar del narrador, un niño de apenas once años que habla tal como le corresponde a su edad: un lenguaje elemental, torpe y repetitivo. Si algún pero se le puede achacar a El rey blanco, este está en la construcción de los personajes, demasiado planos e incapaces de mostrarnos el desenvolvimiento de la personalidad de los protagonistas.