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domingo, 31 de enero de 2021

LA GENERACIÓN DERROTADA

Los viejos amigos

Rafael Chirbes

Editorial Anagrama, Barcelona, 221 páginas

(Libros de siempre)

   

 

   Rafael Chirbes (Tabernes de Valldigna, 1949 – Valencia, 1915). Es uno de los grandes narradores de la literatura española en el siglo actual, y con un éxito muy notable en varios países europeos, especialmente en Alemania. Sin embargo no se prodigó en demasía en publicar. Diez son los títulos que componen su aportación a la novela española. Algunos tan relevantes como Crematorio (2007), Premio de la Crítica en narrativa castellana, o En la orilla (2013), igualmente Premio  de la Crítica en narrativa castellana y Premio Nacional de Literatura.

   Pero con anterioridad a esas extraordinarias novelas había publicado otras, entre ellas, Los viejos amigos que prolonga y a la vez cierra un ambicioso proyecto narrativo que Rafael Chirbes iniciara con La larga marcha y La caída de Madrid.   Un proyecto que el autor nos presenta como un espejo de la época franquista y de todas sus innumerables secuelas generadas sobre todo en el interior de las personas.

   En esta novela coral, el escritor escudriña atentamente la  “generación derrotada”: aquella juventud que hace más de treinta años soñó con cambiar el mundo, y lo único que obtuvo fue un aplazamiento. O lo que aún es peor, el desgaste definitivo de sus utopías.

   Para ello, las páginas de la novela convocan a una cena a cuatro  viejos camaradas, unidos un día ya lejano por el confuso proyecto de hacer la revolución, para repasar y repensar sus vidas habitadas por el vacío.

    

                                     Rafael Chirbes

 

   Escrita sin complacencias y sin preocuparse de los que le acusan de hacer un flaco favor a la izquierda, Los viejos amigos puede ser considerada como una novela sobre el desengaño, elaborada con   gran lucidez, radicalidad e innegables perspectivas críticas. Por algo se ha afirmado que la sintaxis narrativa de Rafael Chirbes y el estilo de su prosa enlazan con la ècriture blanche de Roland Barthes. En cualquier caso, Los viejos amigos  es otra muestra paradigmática de literatura intimista que novela historias privadas, los recuerdos y la memoria que persiguen e identifican a sus personajes, percibidos desde una escritura de naturaleza fragmentaria.

 

Francisco Martínez Bouzas

 

lunes, 27 de noviembre de 2017

LOS ECOS DE LA GUERRA EN LA CONCIENCIA DE UN NIÑO


El año que nevó en Valencia
Rafael Chirbes
Editorial Anagrama, Colección “Nuevos Cuadernos Anagrama”, Barcelona, 2017, 48 páginas.

   

   Tras su publicación en el año 2003, en una edición reducida y poco menos que testimonial, en el número 24 de Cuadernos de Mangana, Anagrama reedita ahora esta pequeña joya narrativa de Rafael Chirbes (1949-2015), en la colección recientemente renacida “Nuevos Cuadernos Anagrama”. Un texto autobiográfico, El año que nevó en Valencia, que estuvo a punto de ser repescado hace tiempo pero que el fallecimiento de Chirbes en el año 2015 dejó en suspenso. Un libro hiperbreve  que nos permite adentrarnos en otra faceta del escritor, del que se ha dicho que fue testigo de su tiempo, el Galdós del siglo XX.
   La trama argumental no es otra cosa que un maravilloso ejercicio memorístico y a la vez nostálgico de las vivencias infantiles circunvaladas  por una Guerra que todavía no había concluido del todo. Esos recuerdos se agolpan en un día en que, siendo un niño, asistía con otros familiares al cumpleaños del hermano del padre difunto. Una fecha invernal de 1956 en la que nevó en Valencia durante varios días hasta el punto de parecer una ciudad nórdica. Una celebración especial -solamente se celebraban los cumpleaños de los niños, no los de los mayores- en la que parecía que iba a ocurrir algo: el último día de  un encuentro familia. La definitiva despedida de la familia, porque a los pocos meses tendrá que llamar tío al nuevo marido de su madre, abandona la ciudad levantina y comprende que ya no era de ningún sitio y que ya no formaba parte de la familia.
   Una historia vivida y sufrida con ojos y mentalidad de niño, pero que dejó un imborrable recuerdo en su memoria. Recuerda, sin inventarse nada, cómo la nieve cubría las calles de Valencia. Una nieve que no se derretía. Revive los olores: el olor a albañal de las noches calurosas, las heridas de la Guerra: las casas en ruinas, las tapias amarillas llenas de carteles, los edificios en los que aparecía la palabra REFUGIO. Es la ciudad destartalada, como destartalada le parece París a la que llega varios años más tarde en un viaje en autostop. El duro aprendizaje de París que no le parece la ciudad de la luz, sino oscura, húmeda y gris.
   El niño vive, y no en diferido, las consecuencias de la Guerra que él identifica con el sufrimiento, la irregularidad y que comprueba cuando la familia escondía víveres, traídos del pueblo, para que no se los requisasen los empleados de consumos.  Recuperación de las mil experiencias infantiles, incluida la diglosia -la gente del pueblo habla valenciano y la de la ciudad castellano-, y especialmente, un recorrido nostálgico por los miembros de la familia. La tía abuela Margarita que le riñe al tío Juan por haberse acercado con su mujer a la Malvarrosa “para contemplar la playa nevada y ver las olas moviéndose por encima de la nieve.”; el padre ausente para siempre, la madre viuda pero que en esta celebración viste de alivio; el tío Antonio que en el pueblo lo llevaba a pescar. En fin, las personas mayores que, en la óptica infantil, no entendía nada, eran hirientes.
   También de este breve texto se puede decir aquello que Rafael Chirbes tenía como lema: “Yo hago literatura de lo que veo.”. En este caso de lo que vieron, escucharon, olieron y palparon los sentidos infantiles, reproducido todo con fidelidad detallista, aunque quizás es más relevante lo que el autor solamente deja entrever. Un relato concentrado, pero no carente de intensidad; escrito con la misma calidad de página que la de algunas de sus novelas que marcaron cumbres y fronteras. Prosa sencilla, natural e intimista, ciertamente galdosiana porque crea una historia, en este caso el fluir de una infancia, imaginándola alrededor de unos personajes y de los acontecimientos de un momento histórico: una Guerra y una Posguerra igualmente hiriente que dejaron huellas amargas en la conciencia infantil.




Rafael Chirbes


Fragmentos

“Yo creo que fue en el invierno del cincuenta y seis cuando estuvo nevando durante varios días y Valencia parecía una ciudad nórdica. Recuerdo la nieve en las barandillas de los viejos balcones, cayendo con un ruido sordo desde lo alto de los tejados, cubriendo las aceras. No me lo invento ahora. Fue tal como lo cuento.
Aunque parezca mentira, en las calles de Valencia había montones de nieve, y los barrenderos y los propietarios de las tiendas del centro no daban abasto a quitarla con las palas. Porque es que, además, no se derretía, ya que hacía un frío tremendo. Me gustaría encontrar algún periódico  de entonces para saber qué temperaturas se alcanzaron por aquellos días. Ver de nuevo las fotografías de las calles y las gentes de la ciudad en algún viejo periódico sería sin duda un buen ejercicio de memoria.”

…..

“A mí me parecía que aquella guerra de la que hablaban aún no había concluido del todo, especialmente cuando preparábamos las cestas en el pueblo y las llenábamos de verduras, y hasta escondíamos algún conejo y algún pollo que había que procurar que no descubrieran unos señores que asomaban la cabeza desde el interior de una caseta de madera a la puerta de la estación. Eran los empleados de consumos. Para mí, aquel sigilo con que pasábamos las provisiones, las conversaciones en las que se hablaba de la necesidad y aquellos hombres a los que temíamos -«coge tú la cesta y pasa delante», me decía mi madre al bajar del tren- eran la prueba de que la guerra continuaba.”

…..

“Estoy convencido de que, para entonces, yo había ya empezado a saber que no éramos de ningún sitio, y que, ahora, como le pasaba a la tía Luisa, ni siquiera formábamos parte de la familia. El perro. Por cierto que, mientras mi madre estaba fuera, y el Canario se había ido al bar, pidiéndome que guardara los bultos, bajó del tren que llegaba de Xátiva (uno de esos trenes cuyos vagones llevaban arriba jardineras) cierto hombre que me pareció el tío Juan, por su elegancia. Vestía un traje blanco y un panamá y caminaba con paso medido. Emocionado, corrí hacia él, y salté para abrazarlo. Solo en el último momento me di cuenta de que se trataba de un desconocido. Él se quedó mirando con extrañeza a aquel niño que se le venía encima, y yo me quedé mudo, inmóvil, sin atreverme a levantar la vista. Tenía miedo de que aquel Canario hubiera contemplado la escena, hubiese advertido mi emoción y se diera cuenta de que yo quería seguir perteneciendo a todo aquello.”


(Rafael Chirbes. El año que nevó en Valencia, páginas 7-8, 14-15, 47-48)

martes, 14 de noviembre de 2017

RENACE "CUADERNOS ANAGRAMA"


   Por cortesía de Editorial Anagrama -directamente a través de su eficiente equipo de prensa y comunicación: María Teresa Slanzi. Lidia Lahuerta, Margalida Amegual- recibo El año que nevó en Valencia de Rafael Chirbes, el segundo volumen de la colección “Nuevos Cuadernos Anagrama”; lo que significa el renacer de “Cuadernos Anagrama”, una de las colecciones más emblemáticas de la editorial barcelonesa. ¿Quién no recuerda aquellos libritos con predominio del color marrón en las cubiertas que Anagrama publicó desde 1970 a 1982? El pasado mes de octubre, en efecto, Anagrama actualizó esa colección de sus inicios, “Nuevos Cuadernos Anagrama”.
   Con el mismo formato reducido de su antecesora y textos breves e inmediatos, la colección renacida quiere ejercer de portavoz de las inquietudes de nuestro tiempo, tanto en el campo de la ficción como en el del ensayo, reflejando así la vocación francotiradora de la Editora. Ciento sesenta y cinco títulos en una colección cuyos objetivos, eran en palabras de Jorge Herralde en la publicación que recuperaba la historia de la Editorial en sus primeros veinticinco años  (Anagrama, 25 años 1969-1994), “suplir la práctica inexistencia de revistas teóricas españolas, incorporar autores que parecían imprescindibles en el ámbito del pensamiento, publicar los clásicos revolucionarios, analizar las problemáticas más contemporáneas y urgentes, estimular textos de autores españoles (…) Un minucioso «vaciado» de determinadas revistas -como les Temps Modernes, L’Home et la Societé, Partisans, New Left Review o Il Manifesto- permitía seguir al día los debates más candentes del momento.
   Las temáticas abordadas en los «Cuadernos» sintonizaban cumplidamente con las inquietudes de la década de los setenta: la antipsiquiatría, el estructuralismo, la ecología, el feminismo, el freudomarximo, el antiautoritarismo, la contracultura, el «underground» y el «off off», la contraposición entre cine de poesía y cine de prosa, la manipulación de las industrias culturales, el debate sobre ciencia académica o ciencia crítica, la problemática de las drogas, la incorporación de escritores secretos o malditos…”
   

El número 42 de "Cuadernos Anagrama"
  
   
Inauguró la colección en 1970 Las raíces de la burocracia de Isaac Deutscher y la clausuró en l982 un texto de Michel Foucault y Jacques Leonard, La imposible prisión: debate con Michel Foucault. Entre ambas fechas y textos, libros de Louis Althusser, Claude Lévi-Strauss,  Pier Paolo Pasolini, André Glucksman, Gilles Deleuze, Samir Amin, Ernesto Che Guevara, Lourdes Benería o Albert Balcells, entre otros muchos.
   “Nuevos Cuadernos Anagrama” echa a andar con cinco libros: El secreto y no de Claudio Magris, El año que nevó en Valencia de Rafael Chirbes, Calais de Emmanuel Carrère, Nueva ilustración radical de Marina Garcés y La conjura de los irresponsables de Jordi Amat.
   Ofrezco la sinopsis de El año que nevó en Valencia elaborada por la Editorial, con el firme propósito de volver sobre este  libro en unos días.

El año que nevó en Valencia
Rafael Chirbes
Editorial Anagrama, Nuevos Cuadernos Anagrama, Barcelona, 2017, 48 páginas.

   “Valencia cubierta de nieve: una estampa inusual que se vio en el invierno de 1956. Chirbes tenía siete años, su padre había muerto y la familia celebraba el cumpleaños de uno de sus tíos. El autor oye cómo surgen referencias a la guerra civil y la tensión  se apodera del ambiente. Su vida está a punto de cambiar: él no lo sabe, pero esa fiesta es una despedida y esconde un secreto. Un texto memorialístico de una belleza arrebatadora”



martes, 1 de marzo de 2016

"PARÍS-AUSTERLITZ": EL AMOR COMO SALVACIÓN O VENDAVAL ENVENENADO



París-Austerlitz
Rafael Chirbes
Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 153 páginas

   Con emoción y casi con temblor me acerco hoy a esta breve novela póstuma de Rafael Chirbes, fallecido el 15 de agosto de 2015, uno de los grandes narradores en español no solo de nuestros días, sino de todos los tiempos. Lo reflejan los numerosos premios con los que fue galardonado, pero mucho más, sus memorables novelas: Mimoun, La larga marcha, La caída de Madrid, Crematorio y En la orilla, entre otras. Obras, especialmente las últimas, que reflejan fielmente el presente -la vida privada de las naciones-, sin escamotear las crisis que nos atenazan. Porque Rafael Chirbes siempre hizo literatura de lo que veía, como el mismo confesaba pocas semanas antes de su fallecimiento.
   Su legado literario es París-Austerlitz, concluida dos meses antes de su muerte, y, sin embargo, fruto de un trabajo laborioso: tomado y retomado intermitentemente durante veinte años hasta tener listo su última donación a los lectores. Una novela breve, pero muy intensa, vivísima, una escritura alejada de lo concesivo, sin hurtar un solo ápice de una historia que indaga, como tema de fondo, en los intersticios de una relación afectiva homosexual, y que se aleja de lo que fue la constante de sus grandes novelas sobre la crisis, representadas por Crematorio y En la orilla.
   París-Austerlitz, más cercana por su intimismo y por su misma temática a algunas de sus primeras novelas, a sus orígenes literarios (Mimoun  y La buena letra, sobre todo), indaga como acertadamente escribe Jorge Herralde en la presentación editorial, “en las razones del corazón, tan dispares en ocasiones como irrenunciables (…), enfrentándose con valentía a la constatación de que, aunque nos pese, el amor no lo vence todo”.
   Con una trama que se centra en la relación homoerótica a finales del pasado siglo -aunque quizás no sea ese el tema de fondo-, relatada en primera persona por un joven pintor madrileño, la novela da comienzo por una analepsis no repentina: la escena final en un hospital parisino donde Michel, un maduro obrero, pareja del joven madrileño, agoniza debido a una de esas enfermedades oportunistas que acompañaban al sida, nunca nombrado directamente sino a través de metonimias como “la plaga” o “el mal”. A partir de ahí, Rafael Chirbes se sumerge en las profundidades, en los motivos reales del amor, cuando este es  trampa mortal, como posesión y cosificación del otro, y a la vez luz salvadora.
   El protagonista narrador, de familia acomodada, es pintor, y para alejarse de su padre, se desplaza a París. Allí conoce y se enamora de Michel, un obrero normando que casi le dobla en edad, robusto y vigoroso, que lo recibe en los momentos de la llegada, cuando más necesita ayuda, en su mísera vivienda y, sobre todo, en las dependencias de su corazón. Él será para los clientes del bar en el que se consumía de todo, el chico bien vestido que acompañaba al obrero borracho, que se follaba al borracho Michel.
   La novela disecciona todas las fases y etapas de esa relación amorosa y sexual, desde los inicios prometedores en los que el amor y la pasión lo tiñe todo, a pesar de las desigualdades, no tanto por razones de edad como por status económico y social, hasta las fracturas y quiebras, encuentros y desencuentros entre dos clases infinitamente alejadas. Y bucea, sobre todo, mediante un profundo análisis, en la bipolar naturaleza del amor como pasión, ardor, gozo, iluminación  que todo lo salva, y en su letalidad, en el sexo descarnado y violento. Y en su enfriamiento y caducidad. También en el amor como trampa mortal, como reflexiona el joven narrador que no soporta convertirse en víctima. Celos, turbación, refugio cálido de unos brazos fuertes, recriminaciones, sobredosis de culpa, deseos, el paso de amante a amigo, los meses felices, generosidad, exaltación, mezquindad, madejas de alcohol y sexo, posesión… se van alternando en la introspección subjetiva del narrador que recrea sus visitas a Michel en el hospital, enfermo ya terminal de sida.
   La novela deriva así mismo en flash-backs, en recuperaciones del pasado. Y en ellas el texto de Chirbes rebosa de experiencias compartidas por los dos protagonistas. Especialmente las del obrero normando, víctima de las violencias de la guerra, con una madre que duerme con el niño oliendo a sudores de otros hombres, de los cuerpos invasores alemanes. Es la brutalidad del pasado. Finalmente, imparables grietas causarán el derrumbe del  edificio y harán esfumarse los sentimientos en el joven pintor español.
   Con inmensa acuidad diseñó Rafael Chirbes esta novela circular, que se inicia y tiene un abrupto y terrible colofón que nos hiela la sangre en el hospital de Ruan, donde el amante francés agoniza. Un relato erguido con un aparente desorden temporal, y tejido en un tono introspectivo, un dechado de maestría y destreza, especialmente cuando nos transmite los cuentagotas del amor, el ruido de la carcoma sentimental, o pone delante de nuestros ojos encuentros y desencuentros, o asuntos más triviales como los lugares donde se aman, emborrachan y enfadan. Sin eufemismos, sin piedad, Chirbes describe los efectos devastadores de la enfermedad, “cuerpos condenados sin esperanza de indulto” (“… porque Michel no estaba en aquel cuerpo que respiraba ayudado de una mascarilla, y cuyos huesos y cartílagos se marcaban bajo la quebradiza funda de una piel cubierta de moratones, unos debidos a la acción de las sondas y agujas con que lo castigaban diariamente y otros frutos del cruel avance de la enfermedad” página 42). Y una sabía elección del espacio: un París que es  Vicennes, en apariencia un barrio tranquilo, ocupado por obreros acomodados, pero con no pocas bolsas de miseria. La sordidez de un París plomizo, repleto de jubilados en situación de quiebra, que se ven en apuros para pagar la calefacción, y de tipos a quienes las sombras se tragan sin que nadie los eche en falta. Un marco espacial congruente con los vaivenes de la trama.
   Una calidad de página difícilmente igualable, una prosa riquísima, rebosante de imágenes tan eficaces como refulgentes que, ajenas a cualquier compasión, hablan, por si solas del amor, “un feliz engaño al que uno se somete de buena gana” (páginas 115-116).

Francisco Martínez Bouzas

Rafael Chirbes (Foto: Ana Jiménez)

Fragmentos

“Desde que detecté las manchas hasta que me hice las pruebas, sólo volví a verlo una tarde, y aquel día procuré que no me tocara. No le ayudé a lavarse ni a cambiarse la ropa como había hecho en alguna ocasión, y apenas acerqué la mejilla a la suya para besarlo en el momento de la despedida (nada de flujos, de salivas ni contactos, pensaba, no puedo abandonarme al mal como él se abandonó, no puedo dejarme capturar, no soporto convertirme en víctima). Oía la frase que alguna vez había dicho riéndose cuando atrapaba mi polla  con la mano, o cuando la apretaba con fuerza una vez que la tenía dentro: je t’ai eu, te he capturado. Las palabras pronunciadas entre juegos adquirían ahora un siniestro aire premonitorio: el amor como trampa mortal.”

…..

“Pero la carcoma decía algo distinto. Él no aspiraba a más. Se le henchían los labios de satisfacción cuando me descubría esperándolo bajo las marquesinas de la parada del autobús, sonreía, me palmeaba la espalda y me apretaba los hombros. Daba por supuesto que contaba conmigo, que me tenía a su disposición como él lo estaba a la mía. Tenía trabajo, una habitación en la que vivir, unos cuantos discos, el aparato de televisión, sus paquetes de tabaco y sus botellas de pastis, y me tenía a mí: el mundo giraba seguro y preciso en la cueva negra de los espacios siderales. Dentro de ese presente, sólo podía incubarse en el futuro algún alien benévolo.”

…..

Je suis à toi, me dice Michel. Gime como si estuviera enfermo o drogado cuando empujo para meterme en él, y yo, también enfermo y drogado, quiero ir aún más allá, hacia un interior imposible. Es hermoso disponer libremente de un cuerpo. También da vértigo. Le pregunto si me nota dentro y dice: sí, noto que estás más dentro que nunca. Veo sus ojos que expresan a la vez deseo y entrega, y yo, allí dentro, satisfago su doble aspiración. El habitante en su casa, un eficiente empleado, un orgulloso propietario.”

…..

“Nada fue igual en el momento de la despedida. En cuanto dije que había llegado la hora de marcharme si no quería perder el último tren de regreso a París, se acabaron en seco las bromas. De improviso, en un rapidísimo movimiento, alargó los brazos, los tendió hacia mí y se me agarró al cuello con una fuerza inesperada en aquel cuerpo reseco. No me dejes aquí, gemía. Sácame. Apretaba la cara contra la mía y sus lágrimas me empapaban las mejillas y el cuello. Tengo que irme, Michel, balbuceé. Lo hablaremos más tranquilos otro día. Atrapado por los huesos de sus brazos, mojado por sus lágrimas y por sus mocos, se apoderó de mí una tremenda angustia.
No me dejes, suplicaba. Me hacía daño, me clavaba las uñas en la espalda. Voy a perder el último tren, insistí. Y, para liberarme, me vi obligado a separar con cierta violencia los dedos que me había hundido en los hombros y a tirar con fuerza de sus brazos hacia arriba.”

(Rafael Chirbes, París-Austerlitz, páginas 28, 83-84, 118-119, 151-152)

jueves, 14 de enero de 2016

NOVEDADES 2016 DE EDITORIAL ANAGRAMA



  La barcelonesa Editorial Anagrama es uno de los pocos sellos editores que saludan el nuevo año, 2016, poniendo a disposición de los lectores una amplia variedad de títulos en todas sus colecciones. Entre ellos, algunos de los mejores libros que hoy se pueden leer en español, como lo ha estado haciendo en estos cuarenta y siete años desde su fundación, en los que Anagrama se ha distinguido, por ofrecer, desde postulados independientes, calidad no reñida con el éxito, aunque sí con el best seller  que solo busca ventas masivas.

   Así en la colección “Panorama de narrativas”, cada vez más cercana a los mil títulos, Anagrama nos brinda tres títulos: Consumidos de David Cronenberg, Eres como eres de Melania G. Mazzucco y La lucecita de Antonio Moresco. En “Narrativas hispánicas”, otros tres títulos: París- Austerlitz de Rafael Chirbes, El día de Watusi de Francisco Casavella y Érase una vez el fin de Pablo Rivero. La colección “Otra vuelta de tuerca” nos permite recuperar la quinta novela de Jean Echenoz, Lago. Y en “Argumentos” podemos leer Salvar los medios de comunicación de Julia Cagé. Finalmente en “Compactos”, la colección de bolsillo de Anagrama, una amplia variedad de títulos: Canadá de Richard Ford, La muerte del padre de Karl Ove Knausgard, La vida sexual de Catherine Millet de Catherine Millet,  13,99 euros de Frédéric Beigbeder; El sabotaje amoroso de Amélie Nothomb, Bonsai y la vida privada de los árboles de Alejandro Zambra. Y dos nuevos títulos en la Biblioteca Patricia Highsmith: La máscara de Ripley y El temblor de la falsificación.

   Entre esos libros que amalgaman éxito y calidad, se encuentran estos tres títulos que he recibido estos días, y de los que ofrezco una somera información, basada fundamentalmente en las respectivas presentaciones editoriales. En su momento, tras una lectura, a la vez gozosa y reposada, ofreceré el comentario crítico.



La lucecita

Antonio Moresco

Traducción de Francisco J. Ramos Mena

Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 170 páginas

   

   “El narrador y protagonista de este relato vive solo en una casa situada en un remoto pueblo deshabitado, y está dispuesto, según nos confiesa desde la primera frase, a desaparecer. Durante su espera, sólo una lucecita que se enciende cada noche, en algún lugar del lado opuesto del valle, perturba su tranquilidad. Para resolver ese misterio tendrá que romper su aislamiento y recorrer una vegetación espesa y hostil, poblada por animales salvajes. Al llegar al origen de la luz, se encuentra con un niño que parece salido de otra época, incluso de otro planeta. Los encuentros entre el adulto y el niño supondrán la culminación de una búsqueda que habrá llevado al protagonista a plantearse (y a plantearnos también, de la mano de la literatura) el sentido de la existencia, el profundo misterio del universo. Estamos ante una novela breve pero de gran intensidad, que nace de la zona más oscura de nuestro dolor de seres vivos, de esa «caja negra» que cada uno de nosotros lleva en su interior. Desarrollada con un estilo poético que bebe de la trágica visión de la naturaleza leopardiana, con ecos del universo kafkiano en algunos episodios, y que se desborda en un desenlace que está a la altura del mejor Rulfo, la novela de Moresco (Premio Castiglioncello 2013) representa una inmejorable oportunidad para acercarse a un escritor que día a día ha ido haciéndose un lugar en la primera línea del panorama de la novela italiana de nuestro siglo.

   «El bosque descrito (y la propia novela) es en definitiva un lugar de paso entre la vida y la muerte, entre civilización y barbarie, entre infancia y edad adulta, tiempo presente y pasado, sueño y vigilia. Se atraviesan inconscientemente esas fronteras que no están marcadas, a través de una geografía exuberante como un viejo grabado de ruinas, ambigua como una anamorfosis. Página tras página, el pequeño apólogo novelesco se transforma en una ghost-story crepuscular, en la que ya no se distingue a los muertos de los vivos» (Claudio Morandini, La Revue littéraire).”



París-Austerlitz

Rafael Chirbes

Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 153 páginas



   Anagrama, tal como lo había prometido tras el fallecimiento de uno de los mejores escritores españoles contemporáneo, nos brinda las últimas páginas que escribió Rafael Chirbes.

   “El narrador de esta historia, un joven pintor madrileño de familia acomodada y afiliado al Partido Comunista, rememora, a modo de urgente confesión que posiblemente se deba a sí mismo, y en la que a ratos parece justificarse, los pasos que le han llevado al último trayecto de su relación con Michel. Michel, el hombre maduro, de cincuenta y tantos, obrero especializado, con la solidez de un cuerpo de campesino normando; el hombre que lo acogió en su casa, en su cama, en su vida cuando el joven pintor se quedó sin techo en París; Michel, cuya entrega sin fisuras le devolvió el orgullo y lo libró del desamparo, hoy agoniza en el hospital de Saint-Louis, atrapado por la plaga, la enfermedad temida y vergonzante. En el principio fueron los días felices, los paseos por las calles de París, las copas en el café-tabac mientras duraba el sueldo, el alcohol y el deseo, el placer de amarse sin más ambición que la de saberse amados. Pero, pronto, los lienzos arrinconados en el modesto apartamento de Michel le señalan al joven que sus aspiraciones están muy lejos de esa habitación sin luz, de una relación de patio trasero que comienza a quebrarse a la vez que se acentúan los efectos de las procedencias desiguales, las diferencias de clase, de edad y de formación, pese a la firme convicción de Michel de anteponer a todo un amor indestructible y eterno... aunque también posesivo y asfixiante.

   Rafael Chirbes dio por terminada Paris-Austerlitz en mayo de 2015, meses antes de su fallecimiento, tras veinte años de escritura abandonada y retomada intermitentemente. A ese riguroso y exigente empeño debemos una historia que indaga en las razones del corazón, tan espurias en ocasiones como irrenunciables, sin asumir como cierta la naturaleza consoladora del amor o su fuerza redentora, enfrentándose con valentía a la posibilidad de que, aunque nos pese, el amor no lo venza todo.”



Lago

Jean Echenoz

Traducción de Josep Escué

Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 181 páginas



   “Galardonada con el Premio Europa de Literatura, Lago (1989), la cuarta obra de Jean Echenoz, es una diabólica novela de espionaje que al mismo tiempo puede leerse como una sutilísima parodia del género. Franck Chopin, de profesión entomólogo y agente secreto a tiempo parcial, reparte sus intereses entre el estudio de las moscas y las mujeres de su vida. Entre éstas ocupa un sitio privilegiado la bella y enigmática Susy Clair, cuyo esposo Oswald, diplomático francés, desapareció misteriosamente seis años atrás sin que el caso llegara a resolverse. Vital Veber, alto dignatario extranjero que acaba de llegar a Francia, se aloja en el suntuoso Parc Palace du Lac, protegido por dos gorilas infranqueables: la pulposa Perla Pommeck y el brutal Rodion Rathenau. El coronel Seck, superior jerárquico de Chopin, le encomienda la vigilancia de Veber, sospechoso de infamias sin cuento. Seck tiene en alta estima el desempeño de Chopin, cuya especialidad consiste en colocar minúsculos micrófonos en sus moscas para así escuchar las conversaciones de los sujetos vigilados. El miope y flemático Chopin se instala, pues, con sus artilugios en el Palace, donde los diversos hilos de la trama se atan y desatan vertiginosamente. En resumen, una novela tan trepidante como divertida, poblada por una galería de personajes sorprendentes, que atrapa al lector en una trama seductora, sutilmente entretejida y magistralmente resuelta.

   «Lago es el arte de la frontera, de la ambigüedad, de lo real y lo fantástico, de la tragedia y del absurdo. También de una distancia que el novelista conquista gracias al humor. Las dulces violencias de Jean Echenoz con la lengua y la gramática son actos de amor, signos vitales de esas pequeñas revoluciones que conforman la gran literatura» (Michèle Gazier).”



Francisco Martínez Bouzas