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jueves, 12 de septiembre de 2019

"CONDUCE RÁPIDO": UN FRISO DE LA NEGRURA


Conduce rápido

Diego Ameixeiras

Ediciones Akal, Madridn 2017, 160 páginas.





   

 “Pero son Matarte lentamente, Conduce rápido  y La crueldad de abril las que verdaderamente convierten a Ameixeiras en uno de los pilares de la novela negra en Galicia y España.”. Así afirmaba hace unos días en mi reseña de la novela Matarte lentamente. Hoy me satisface ofrecer el siguiente comentario de otra novela negra de Ameixeiras: Conduce rápido, publicada por la Serie negra de Ediciones Akal.

   Una de las obsesiones de Diego Ameixeiras como narrador es la de ser un fiel testigo de lo que sucede en la calle, sobre todo en los lugares públicos de nuestras ciudades. Suele hacerlo en todos los registros en los que escribe, incluso en el género folletinesco, tal como había hecho en Historias de Oregón, un retrato expresionista de una ciudad gallega rebosante de personajes sumergidos en inconcebibles intemperies vitales: Fue esta pieza narrativa la que supuso un comienzo en el cambio de registro, que proseguiría con Todo OK y Matarte lentamente. Un progresivo abandono del género detectivesco en beneficio de la novela negra, en mi opinión, una fórmula narrativa más rica y compleja que la simple investigación de un hecho criminal. En la novela negra el elemento estructurador es un retrato crítico de la sociedad, así como la introspección psicológica de los personajes. Una verdadera crónica social de un tiempo que suele convertirse en un espantoso friso de la actualidad áspera y dura, llena de vidas rotas, esclavas de las mayores pesadillas, perdedores, siempre perdedores.

   Ese mismo cauce es por el que Diego Ameixeiras deja transcurrir Conduce rápido. Una novela coral que aborda los submundos de la marginación social, atenazada por la extrema violencia. Estructurada en torno  a una trama principal y varias secundarias, que a pesar de que al inicio de la novela parecen independientes, terminan, sin embargo, entrecruzándose, encajando entre sí, ya que todas  ellas giran alrededor del mismo tema: el narcotráfico que atenaza a un grupo de personajes que se hallan en situaciones límites, y acaban casi que todas ellas en el bando de los perdedores.

   El detonante es un saco de lona envuelto con unos cordeles que un chico -uno de los muchos personajes de este coro de vidas precarias- encuentra en una playa gallega. Dentro, diez kilos de cocaína. Va a ser una excelente ocasión para que dos hermanos que viven en la marginalidad  de Santiago, busquen una solución definitiva para sus vidas; el golpe de fortuna que los saque de la miseria y de la delincuencia. Pero su miserable épica, con códigos muy especiales que la convierten ciertamente en una poética de la desesperación, acabará explotando en abismos de violencia, con la muerte como horizonte para la mayor parte de los antihéroes de estas historias cruzadas.

   En la novela hay delincuencia y hay narcotráfico. Peo ni los delincuentes ni los traficantes son grandes capos, ni delincuentes de guante blando. Son yonquis, gente que apenas logra sobrevivir a base de pequeños robos, resolviendo problemas de otros, tanto los sencillos como los complicados; o intentando venderles un saco de coca a los capos narcotraficantes que lo perderán en el mar. Crónica negra, negrísima, de una geografía de lo más obscuro de nuestra sociedad. Sin embargo todavía queda un resquicio: una puerta abierta para la esperanza e incluso para el amor.

    


                                            
Diego Ameixeiras
   

  Diego Ameixeiras levanta esta novela con una insólita economía expresiva, con la brevedad de secuencias escritas de manera sintética, con un estilo contenido, como flashes expresionistas. Estilo fotográfico, como se ha descrito a esta forma de narrar basada en el relato de las acciones y en los diálogos de los protagonistas.

   La novela cuenta lo que pasa en cinco días, y cada secuencia está marcada por la hora en la que acontece lo que se relata: la violencia que se va apoderando de la narración a un ritmo muy veloz. El autor omite todo aquello que no es estrictamente necesario para entender lo que ocurre. Como ha declarado el mismo Ameixeiras, siendo fiel al género, los personajes no deben tardar treinta páginas en subir una escalera. A pesar de esa economía expresiva, no faltan en la novela verdaderos logros expresivos. No son, sin embargo, resplandores líricos, sino relámpagos de violencia.

   Señalo finalmente la ausencia de  un propósito didáctico o moralizante en Conduce rápido, bastante frecuente en la novela negra. La visual penetrante del autor adopta en esta novela negra el punto de vista de los delincuentes, personas que se mueven en la marginalidad, en la pequeña delincuencia, o en otra más organizada, a los que el autor no condena ni redime. Nos hace llegar con gran habilidad y efectismo sus miserias, sus historias, o sus actos. Serán los lectores que leen para juzgar y no disfrutar de un buen producto literario, a los que les corresponde actuar de jueces.



Francisco Martínez Bouzas


miércoles, 17 de octubre de 2018

EL MÁS SARCÁSTICO PANFLETO EN LENGUA INGLESA


Una modesta proposición

Jonathan Swift

Ediciones Akal, El cuenco de plata, Madrid, 160 páginas

(Libros de siempre)



   


   El escritor de lengua inglesa que en la actualidad podemos leer con mayor interés, agitación e incluso con una notable sintonía con los tiempos actuales y sus crisis, es posiblemente Jonathan Swift (1667-1745), autor de Los viajes de Gullever  y de varias obras csatíricas,  quizás menos conocidas, pero escritas con un estilo de hiriente ironía que hace que el albor racional de su época se revuelva contra ese supuesto animal racional que es el hombre. Las bestias de vez en cuando pueden degenerar en hombres, confiesa Jonathan Swift. Asociado erróneamente a la literatura infantil por las versiones purgadas y moralizantes de su obra cumbre, Los viajes de Gulliver, se olvida con frecuencia su otra faceta como escritor crítico de su tiempo..

   Este escritor de origen inglés, maestro indiscutible de la prosa inglesa, alternó su vida en Londres, donde fue secretario de William Temple, y en Dublín, ciudad a la que regresó debido a las malas relaciones con su protector. Volverá de nuevo a Londres y, tras la muerte de la reina Ana, retorna definitivamente a Dublín. En esta ciudad, donde nació y falleció, asumió el partido del pueblo, convirtiéndose en héroe nacional. A partir de 1724, escribe una serie de panfletos muy radicales.

   La miseria que presenció en su país le empujó a escribir la sátira más cruel de la lengua inglesa: A modest proposal for preventing the children of por people from being a burthen to their parents or country (1729). Tras retratar a su ciudad, atestada de mendigos, de madres seguidas por una tropa de niños hambrientos y andrajosos pidiendo limosna, Jonathan Swift presenta su modesto plan o propuesta para mantener y sacar adelante a estos niños, expuesta con feroz y cruda ironía: vender a esos niños, hijos de mendigos cuando cumplen el año de edad para que, bien mantenidos y repolludos, sean comidos por los caballeros y terratenientes y sus familias. Con la seguridad además de que no faltarán carniceros dispuestos a sacrificar a esas criaturas.

   Y con el mismo sarcasmo con el que presenta su modesta propuesta, Jonathan Swift repasa sus ventajas, muchas y obvias y de vital importancia. Entre otras: disminución del número de papistas que son los principales procreadores de la nación, embargo de las propiedades de los arrendatarios más pobres, aumento de los beneficios nacionales, la utilidad y el placer de un nuevo plato para los exquisitos paladares de los caballeros con fortuna, un gran estímulos para el aumento de los matrimonios…

   Finalmente el autor admite que propone esta solución solamente para Irlanda, y lo hace desesperanzado, cansado de haber ofrecido, durante muchos años, ideas vanas, ociosas y quiméricas. Su modesto plan aliviará el sufrimiento de los pobres y les brindará algún placer a los ricos.

   
                                               
Jonathan Swift por Charles Jervas


 El más cruel panfleto de la lengua inglesa revela la gran habilidad para la sátira de un escritor muy efectivo y directo en su exposición, que supo reflejar con gran habilidad las miserias de Irlanda, consecuencia de las políticas de la corte inglesa. He ahí pues la sintonía de la escritura de Jonathan Swift con nuestro tiempo, una nueva época de vergonzosas y deplorables miserias, cuyo origen, como en el caso irlandés, no se halla en el pueblo ni en la gente más humilde.

sábado, 16 de junio de 2018

RETRATO DEL MAL




La crueldad de abril

Diego Ameixeiras

Ediciones Akal, Madrid 2018, 132 páginas



   

   Sus once novelas de la serie negra o detectivesca han impulsado a más de un periodista a considerar a Diego Ameixeiras (Lousanne, Suiza, 1976) como la gran esperanza blanca de la novela negra. Ha publicado varias novelas negras ambientadas en Ourense, Baixo mínimos (2004), O cidadán do mes (2006), ambas protagonizadas por el detective Horacio Dopico. Narrador, autor  teatral y coguionista de varias series televisivas, Diego Ameixeiras escribe fundamentalmente en gallego, pero algunas de sus obras, Dime algo sucio, se hallan traducidas al español. La crueldad de abril, su última obra, vio la luz simultáneamente en español y en gallego.

   Si Baixo mínimos supuso la presentación literaria de Diego Ameixeiras para los lectores gallegos, así como la del detective Horacio Dopico -hay otro investigador, Alberte Cudeiro que indaga en su novela Asasinato no Consello Nacional (2010)-, La crueldad de abril  retrata y profundiza en el tema del mal, un subgénero relacionado con la novela negra, aunque bajo otra perspectiva escritural: el mal gravitando en todos los tejidos de la sociedad. Esa tenebrosidad  que forma parte de la realidad actual, que genera múltiples historias sobre la marginalidad y sobre la doblez que los seres humanos solemos llevar dentro. Así pues, una novela sobre la crueldad, como ya nos advierte el título del libro; y que supera sobradamente la literatura detectivesca o de resolución de enigmas.

   La novela, estructurada en tres partes (El amor, La venganza, El odio), se inicia con la presentación de los sin techo y con una breve referencia a sus existencias pasadas: Elvira, Fara, El Cata, El Negro. Seres cuyo mundo es un bosque perdido entre las tinieblas, asombrados por el peso de sus nostalgias, que llegan a pensar que son una anomalía de la sociedad, paseadores de tristezas y con un cartón de vino como único consuelo. Es destacable de forma muy especial el retrato del personaje femenino, la mujer de veinte años a la que el deseo de morir le viene de lejos. Todos ellos duermen o amparan su desconsuelo en el Casino, una casa abandonada. Pero de pronto y de forma inesperada, las llamas arrasan con la casa; llamas “prendidas” por la codicia predadora. Dos cadáveres calcinados, el de una mujer y el de un hombre.

   Un salto en el tiempo de varios años, y un hermano de Elvira decide investigar las causas y la naturaleza de aquel incendio de la casa abandonada ya que las pistas e indicios que halla parecen no concordar con la versión oficial. Y tras esa investigación, el lector descubre la venganza, quién era el hombre invisible de los tres que apalearon a los que se refugiaban en el Casino y provocaron que el caserón fuera consumido por las llamas: por qué lo hicieron, por qué organizaron la cacería de los sin techo, cuya muerte no había conmovido a nadie y había caído en el olvido.

   A pesar de que Diego Ameixeiras no abandona inclinaciones detectivescas -en esta novela, no obstante no se trata de un detective profesional-, el enfoque y el punto de vista son otros. Si algo pretende el escritor es fotografiar lo que somos, el mal, la perversidad humana, poner al día la cruel demencia de la naturaleza humana; el principio y el horizonte de la demencia furiosa de nuestra especie, le irrupción del desorden, la ubris, el desenfreno criminal y depredador que en cada momento del devenir histórico sabe adaptarse a sus circunstancias. De forma desmesurada en las sociedades contemporáneas.

    
                                                 
Diego Ameixeiras

   Y de forma paralela, un recorrido por las sendas de las vidas heridas, estragadas, derrengadas: las del mundo marginal y las de aquellos y aquellas que lo habitan, hartos y cansados de vivir. He aquí  pues la razón de que esta novela breve entre, con toda justicia,  en la nómina, no de la novela-enigma, sino en la de la novela negra que tiene como principal objetivo el retrato crítico de la sociedad

   La modalidad narrativa que emplea Diego Ameixeiras se sustenta en capítulos cortos que aceleran el ritmo de la narración, en la voluntad de hacernos llegar una lengua coloquial, urbana, repleta de fraseología y giros del habla corriente. Con saltos en el tiempo que no supone, sin embargo, ningún obstáculo para la lectura, y espacios vacíos para que  el lector pueda construir su propia versión de esta historia del mal y del amor aprisionado por el fuego. Poesía de la crueldad, como se ha escrito, cruda poesía de la desesperanza, de la indefensión y de incontables derrotas. Por todo ello, La crueldad de abril, no obstante su brevedad, es en mi opinión la mejor pieza narrativa que Diego Ameixeiras ha publicado hasta ahora.