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martes, 30 de abril de 2019

TRES NOVEDADES DE ANAGRAMA EN MARZO-ABRIL


Una vez más la generosidad de Editorial Anagrama, especialmente de su Departamento de Prensa y Comunicación, me permitirá comentar en esta bitácora de libros tres textos importantes que forman parte de la narrativa española y universal. Sobre ellos publico las sinopsis y datos biográficos de los autores, con el firme propósito de volver más tarde con una propia aunque subjetiva valoración crítica.

 

En el camping-car
Ivan Jablonka
Treaducción de Agustín Blanco
Editorial Anagrama y libros del Zorzal, Colección Panorama de narrativas, Barcelona, 2019, 182 páginas

Sinopsis:

«Una recopilación de recuerdos personales y un pequeño tratado de sociología del ocio de finales del siglo XX» (Philippe Ridet, Le Monde).«Jablonka vuelve a llegarnos al corazón» (Gilles Chenaille, Marie Claire).IVAN JABLONKA (París, 1973) es profesor de Historia en la Universidad París XIII y codirector de la colección «La République des Idées» de la editorial Seuil. Entre sus libros destacan His-toria de los abuelos que no tuve (publicado en castellano por Libros del Zorzal y galardonado en 2012 con el Premio del Senado para libros de historia, el Premio Guizot de la Academia Francesa y el Premio Augustin Thierry) y Laëtitia o el fin de los hombres, coeditado por Anagra-ma y Libros del Zorzal.13/03/2019Traducción de Agustina Blanco16,25 € sin IVA / 16,90 € con IVA / Rústica con solapas / 14 x 22 cm / 192 págs.© Hermance Triay /Opale / LeemageUn relato íntimo sobre las vacaciones familiares del autor que es también el retrato de una generación y un agudo ensayo sociohistórico.Este es un libro sobre una familia francesa que en los años ochenta pasa sus vacaciones en una autocaravana, y en ella recorre Italia, Portugal, España, Grecia, Ma-rruecos... Es una historia personal, ya que la familia es la del autor cuando era niño, pero también colectiva, porque todas las familias aspiran a acariciar la felicidad en vacaciones. Es también un homenaje de Ivan Ja-blonka a sus padres; una reflexión sobre la relación en-tre las generaciones y sobre el momento en que uno pasa a convertirse en padre y asume una responsabili-dad hacia sus hijos. En sus páginas asoman los horrores del pasado –el padre de Jablonka fue un huérfano de la Shoá– y la esperanza de poder construir un mundo me-jor para las nuevas generaciones, siguiendo ese precep-to de la Declaración de Independencia americana del derecho a «perseguir la libertad.”

El autor:

«Una recopilación de recuerdos personales y un pequeño tratado de sociología del ocio de finales del siglo XX» (Philippe Ridet, Le Monde).«Jablonka vuelve a llegarnos al corazón» (Gilles Chenaille, Marie Claire).IVAN JABLONKA (París, 1973) es profesor de Historia en la Universidad París XIII y codirector de la colección «La République des Idées» de la editorial Seuil. Entre sus libros destacan His-toria de los abuelos que no tuve (publicado en castellano por Libros del Zorzal y galardonado en 2012 con el Premio del Senado para libros de historia, el Premio Guizot de la Academia Francesa y el Premio Augustin Thierry) y Laëtitia o el fin de los hombres, coeditado por Anagra-ma y Libros del Zorzal.

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Cox o el paso del tiempo
Christoph Ransmayr
Traducción de Daniel Najmías
Editorial Anagrama, Colección Panorama de Narrativas, Barcelona, 2019, 245 paginas

Sinopsis:
“A mediados del siglo XVIII, Alister Cox, el más prestigioso relojero y constructor de autómatas de Europa, llega a las costas de China tras una larga y accidentada travesía. Partió de Londres meses atrás, invitado por el todopoderoso emperador Quiánlóng, que desea que le confeccione unos relojes muy especiales.
Cox, junto con sus ayudantes, se aloja en la imponente Ciudad Prohibida, y empieza a fabricar mecanismos capaces de atrapar el sinuoso y cambiante ritmo del tiempo, de medir su transcurso tal como lo perciben los niños, los enamorados, los enfermos o los condenados a muerte… Pero mientras el artesano da forma a sus precisas maquinarias, empieza a darse cuenta de que no todo es belleza y sofisticación en el entorno en el que permanece casi prisionero. Percibe el miedo que se respira en la corte, donde una palabra o un gesto fuera de lugar pueden costarle a uno la vida, es testigo de castigos brutales, y su posición privilegiada lo convierte en blanco de envidias e intrigas palaciegas.
Y mientras se enfrenta a los recuerdos dolorosos de la tragedia familiar que ha dejado en Inglaterra y se ve arrastrado por el caprichoso comportamiento del emperador, Cox emprende la construcción de su obra maestra, un perpetuum mobile, un reloj capaz de medir la eternidad…
Escrita con la delicada precisión de un miniaturista, esta refinada novela, en la estela de Seda de Baricco, nos habla de la fascinación por Oriente, del amor y los fantasmas del pasado que nunca dejan de perseguirnos, de los excesos del poder absoluto, de la búsqueda de la belleza y la perfección, del vano intento de dominar el tiempo que se nos escurre entre los dedos… El resultado es un texto deslumbrante, sensual y majestuoso, de una exquisitez arrebatadora.
«Mecánica de precisión, el tiempo mismo convertido en novela. La narración adquiere tonos poéticos y ceremoniosos» (Ijoma Mangold, Die Zeit).
«Una novela fascinante que cuenta una historia fuera de lo común. Narrada con maestría y sutileza… Un relato rebosante de poesía y espiritualidad» (BÜCHERRezensionen.org).
«La estructura y el desarrollo del relato están tan logrados que permiten inscribir este libro de Ransmayr en el canon de la literatura universal» (Alessandro Barberi, medienimpulse.at).
«Una meditación sobre la belleza y la fugacidad» (Thomas Steinfeld, Süddeutsche Zeitung).
«Describe los excesos de todo poder, aunque sea el más civilizado… Ransmayr es un poeta de una precisión radical» (Nicolas Weill, Le Monde).
«Una reflexión melancólica sobre la vanidad del poder ante el espejo de la eternidad» (Philippe Chevilley, Les Échos).
«Épica e íntima…, desarrolla personajes complejos como el mecanismo de un reloj» (Emmanuelle Giuliani, La Croix).
«Una gran narración épica que es al mismo tiempo una fascinante novela de ideas… Una escritura rica y elegante… Cautivadora» (Jean-Claude Lebrun, L’Humanité).
«Fascinante; es además una reflexión sobre la fuerza del arte y una parábola sobre la eternidad» (Pierre Deshusses, Le Monde Diplomatique).”

El autor :

“Christoph Ransmayr (Wels, Austria, 1954), al que el prestigioso crítico alemán Marcel Reich-Ranicki definió como «un apocalíptico que celebra la vida», estudió Fi­losofía y Etnología en Viena, donde actualmente reside. Además de las novelas El último mundo, Los espantos de los hielos y las tinieblas y Morbus Kitahara, publi­cadas en castellano, su bibliografía contiene títulos en los que despliega su dominio de otras formas narrati­vas, así como del teatro. Es conocido también por sus artículos y ensayos, aparecidos en diversos pe­riódicos y revistas (GEO y Merian, entre otras). Entre los numerosos premios que se le han concedido cabe destacar el Franz Kafka, el Grinzane-Cavour, el Premio Internacional Mondello y, junto con Salman Rushdie, el Prix Aristeion de la Unión Europea. Cox o el paso del tiempo ha obtenido una excelente acogida en distintos países europeos.”
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La noche fenomenal
Javier Pérez Andújar
Editorial Anagrama, Narrativas hispánicas, Barcelona, 2019, 260 páginas.

Sinopsis:

“Una novela desenfrenada, romántica, estrafalaria, trepidante, enloquecida y póetica y muy barcelonesa. Un destilado de alta graduación literaria.El equipo de un programa de televisión sobre los fenó-menos paranormales descubre unos hechos anómalos en Barcelona. Al mismo tiempo la ciudad es azotada por la meteorología y por la irrupción de personajes proce-dentes de otra Barcelona, que vienen a pedirles auxilio a los integrantes de La noche fenomenal, el programa de este grupo de amigos. Entre ellos están el director, un bon vivant; De Diego, con su fe en los animales inexis-tentes; el Jugador de Ajedrez, ardoroso activista; Pauli-na, conocedora de las civilizaciones desaparecidas; Ro, guionista y coleccionista de casos de platillos volantes; Hermosilla, editor de una revista esotérica... Y, junto a ellos, la telépata madre del narrador; el histórico editor y librero José Batlló; el escritor de novelas del oeste Carl Malone; el madrigalista del Clot, la frágil Isis y un misterioso jubilado enganchado al rock andaluz, el señor Comajuán”

El autor:

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR (Sant Adrià de Besòs, 1965) es autor de Los príncipes valientes, Todo lo que se llevó el diablo, Paseos con mi madre, Milagro en Barcelona (con fotografías de Joan Guerrero), Catalanes todos y Diccionario enciclopédico de la vieja escuela. Publica en El País y colabora en el programa de radio A vivir que son dos días (Cade-na SER). Asimismo formó parte del equipo de los programas de televisión Saló de lectura (Barcelona Televisió) y L’hora del lector (TV3). También ha participado en medios como El Periódico de Catalunya,Mondo Brutto, Ajoblanco y Taifa.

jueves, 22 de febrero de 2018

LAËTITIA PERRAIS, UN HITO EN EL ORDEN DEL MAL



Laëtitia o el fin de los hombres

Ivan Jablonka

Traducción de Agustina Blanco

Editorial Anagrama (por convenio con Libros del Zorzal), Barcelona, 2017, 415 páginas.



   

    En un libro que no es una simple crónica periodística y mucho menos de tintes amarillistas, el historiador Ivan Jablonka (París, 1973) reconstruye la vida de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada en la noche del 18 de enero de 2011. Laëtitia tenía entonces dieciocho años y, sobre su persona, un cúmulo de experiencias negativas que el autor nos permite ver en la novela. Era una camarera domiciliada en una pequeña población del departamento francés del Loira. A esa edad, en efecto, ya había sido víctima de la incomprensión, el abandono y la violencia que Jablonka, en una suerte de prólogo, resume así: “Cuando Laëtitia tenía tres años, su padre (se refiere al abuelo) violó a su madre; luego su padre de acogida abusó de su hermana (…) desde la infancia sufrió inestabilidades, idas y venidas, descuidos, se acostumbró a vivir con miedo, y ese largo proceso de debilitación esclarece tanto su final trágico como a nuestra sociedad en su conjunto.”

   Todo este ambiente miserable en el que estuvo inmersa la niña y la joven convierte al libro en una biografía de la víctima, no para rendirle honras a la hora de su muerte, sino para rehabilitarla en su existencia, devolverle su dignidad a una joven que, a los ojos del mundo y de las redes globales de comunicación, nació en el instante en que murió. Antes su nombre no aparecía en ninguna parte. El autor piensa -y este es el porqué de su libro- que lo que más importa no es la muerte de esta joven, sino su vida, especialmente porque es un hecho social ya que encarna fenómenos mucho más graves y preocupantes que ella, incluso en su trágico final: la vulnerabilidad de los niños y la plaga cósmica de la violencia de género, ese mundo donde la mujer sigue sin contar como sujeto de pleno derecho, donde, casi como en el código napoleónico la violencia sexual forma parte del derecho del hombre -algunos hombres así lo creen-. Por eso muchas mujeres son víctimas de la saña más brutal a la que suelen responder con el silencio. En Francia más de 80.000 mujeres son víctimas de violación o de intento de violación cada año, pero apenas un 10% lo denuncia.

   Todos estos antecedentes, algunos muy cercanos a Laëtitia -me refiero a las violaciones a las que era sometida su hermana melliza Jessica, otras niñas y quizás ella misma por el padre de acogida-, convierten al asesinato de Laëtitia, más en un crimen de la sociedad en su conjunto, que en un acto macabro de un psicópata solitario, Tony Meilhon. Porque Laëtitia Perrais nunca desconfió del hombre que posiblemente la violó, la asesinó y la desmembró: en el mundo que ella conocía, las mujeres son insultadas, golpeadas y violadas todos los días. Por eso no receló de ese asesino con el que liga y tontea y que la obliga a acudir a una cita fatal. Durante toda su vida se vio rodeada de hombres con ese talante que la consideraban siempre una víctima sexual o alguien a quien se puede hacer daño. Su vecino y asesino no le pareció peor que los demás. Y así Laëtitia se transformó en alguien altamente vulnerable, presa fácil de hombres depredadores. “Su sistema de defensa fue desactivado desde los primeros años de vida, acaso en su vida prenatal, puesto que su padre violaba a su madre”, aclara el escritor. Someterse a la ley de los hombres  le parece a Laëtitia una ley de vida.

   Un libro con la amplitud y riqueza temática como Laëtitia o el fin de los hombres difícilmente puede ser reducido a una breve sinopsis. Es preciso leerlo. Subrayo, por consiguiente, solamente alguno de sus núcleos temáticos.

   Laëtitia aparece, como ya quedó señalado, más como víctima de una sociedad machista que como una mujer inmolada por un psicópata. Un verdadero “monstruo”. Pero no es el único. El padre de acogida, el señor Patron, un hombre que, a primera vista es un padre riguroso, director de conciencias, pero amantísimo, un justiciero que odia a los pederastas y que pedía, altavoz en mano, en las marchas blancas tras la muerte de Laëtitia, un endurecimiento de las penas contra los violadores, es también otro “monstruo”: viola continuamente a Jessica, la hermana melliza. De poco sirve que Jessica le grite: “Para eso tienes una mujer. Yo no soy tu mujer” (página 142). Pero por miedo la adolescente se negó a denunciarlo durante mucho tiempo. En la escala del horror él también estaba arriba, como concluye la fiscalía en el juicio en el que finalmente será condenado a ocho años. Queda en el aire la pregunta  que quema los labios: ¿hizo lo mismo con Laëtitia? Nada justifica la  brutalidad asesina de Tony Meilhon, el otros “monstruo”, mas su historial familiar y existencial quizás al menos explique el camino que le llevó a ella: el incesto es el fundador de su familia. Su madre, violada a los quince años por su padre. Su vida es un paradigma de desestructuración. En el seno familiar no le quieren; una vida de mierda; duerme en la calle, alcoholizado, prueba y consume todos los estupefacientes, acosa, roba a la gente, en la prisión viola a un compañero de celda con el palo de una escoba por “apuntador” (violador). Y el mismo cuida su imagen de “monstruo”, trabaja en su leyenda.

   El rapto, asesinato y desmembramiento de Laëtitia, se convirtieron, no en un asunto nacional, pero sí en asunto de estado y de ellos deja reiteradas constancias Jablonka. Provocó una paranoia populista en la que se involucraron los medios de comunicación, el presidente de la República, Nicolás Sarkozy. La conmoción social que provocó el caso Laëtitia coincidía con sus intereses políticos y, en consecuencia, instrumentalizó el miedo, acusó y amenazó al estamento judicial por razones demagógicas. En definitiva, el gobierno de la emoción populista transformada en objetivo político. Y lo más paradójico  es que Sarkozy combatió a los delincuentes sexuales al lado de un pedófilo al que recibió en más de una ocasión.

   Es interesante tener en cuenta el punto de vista que en este libro adopta Ivan Jablonka: su esfuerzo por romper las fronteras infranqueables entre lo masculino y lo femenino. El autor se interesa por la historia de las mujeres, sobre todo por la violencia de la que son víctimas. Un profesor universitario dedica un libro a una joven del “cuarto mundo”; habla del presente a pesar de ser un historiador. Pero analiza este presente como objeto histórico. Utiliza los medios de investigación, documenta todo lo que cita: entrevistas, testimonios escritos de todos aquellos que tuvieron algo que ver con Laëtitia. Y basándose en ese material, reconstruye los momentos claves de la existencia de los implicados, pero sobre todo de Laëtitia.

   El mismo autor piensa que su libro se encuadra en la senda de El adversario de Emmanuel Carrère y A sangre fría de Truman Capote. Pero no es ficción basada en hechos reales. Todo lo que relata Jablonka son hechos comprobados y cotejados. Aborda la vida de Laëtitia como un hecho social. Es por ellos que no rellena los huecos “con grandes paladas de ficción”, son sus palabras. Una metainvestigación, como se ha escrito.

   El título del libro se completa con las palabras “o el fin de los hombres”. Una especie de subtítulo que remite a dos propósitos por parte del autor: en primer lugar, la violencia del asesinato de la joven que es un crimen del fin del mundo. Y en el segundo, la constatación de que todo lo que rodeó este asunto (el padre alcoholizado y violador, el padre de acogida igualmente abusador de adolescentes, un asesino ultraviolento, un presidente de la República instrumentalizando a Laëtitia) son muestras de una masculinidad descarriada, resabio de un patriarcado que “no rima con agresividad, culto del patriarcado, poder del dinero, misoginia o incluso homofobia”. Eso también es el fin de los hombres, al menos como desiderátum: lucha contra la violencia machista y a favor de la igualdad entre mujeres y hombres.







                                                   
Ivan Jablonka


Fragmentos



“El tratamiento que hace Sarkozy de los sucesos es, en sentido propio, un acto político: la retórica de la acción, el discurso de la «ley y el orden», la instrumentalización del miedo, el gobierno de la emoción, la omnipresencia  mediática le permite aparecer como el defensor de la sociedad, el protector de los franceses acechados por los «bandidos» y los «monstruos». Este oportunismo compasivo-securitario propio de él, tanto cuando ejerció de ministro como cuando ejerció de presidente, justifica las medidas más represivas (penas mínimas, retención de seguridad, jurados populares en materia correccional, supresión del atenuante de minoría), bajo pretexto de reducir a cero el riesgo de reincidencia.”



…..



“Dejemos aquí la tercera ficción. Al igual que los jueces, creo que la verdad es inaccesible y que la duda, en todo caso, debe beneficiar al señor Patron.

Pero, en el fondo, la cuestión realmente tiene relevancia; pues bastó con que Laëtitia captara la índole de la relación entre el señor Patron y Jessica para que su vida diera un vuelco, para que se sintiera como a los tres años, colgada en el vacío, para que comprendiera que la mentira lo había gangrenado todo, que la violencia aún estaba allí, agazapada y asquerosa, en el sofá del salón, en el cuarto que había compartido con su melliza, en las sonrisas, en los grandes principios, los consejos, los juegos de naipes, las navidades, las vacaciones en caravana. El hombre que te ha enseñado todo, que tiene que protegerte, se lo cobra en especie. Qué importa, entonces, que haya o no habido una agresión o tentativa de agresión a su persona: la dominación es en sí misma una forma de violencia. El abuso sexual que el señor Patron ejerció sobre Jessica, durante años también y necesariamente debilitó a Laëtitia.”



…..



“Consternación. Asco. Un hombre tan recto que no dejaba pasar una ocasión sin denunciar a los pervertidos, ¡a los delincuentes sexuales!

Nadie hubiera pensado, nadie hubiera podido sospechar…Las últimas ilusiones -las mellizas al resguardo en casa de los Patron, una familia que apoya a Jessica tras el drama- se desmorona. Es el caso dentro del caso, el horror dentro del horror, lo sórdido dentro de lo atroz.

Por más que el señor Patron finalmente no fue juzgado ni condenado por agresiones a Laëtitia, fue en el marco del caso Laëtitia donde sus víctimas fueron oídas en aquel entonces. Efectivamente, a falta de elementos pormenorizados, los cargos serán abandonados en lo que atañe a Laëtitia, y la jueza de instrucción pronunciará un sobreseimiento. En cambio, se establece que el señor Patron abusó de Jessica durante su adolescencia y después de su mayoría de edad. «La doble pena de Jessica Perrais», titula Paris Match.



(Ivan Jablonka, Laëtitia o el fin de los hombres, páginas 133-134, 280-281, 324-325)

jueves, 4 de enero de 2018

LA ISLA DE LA CLAUSURA, LA DIÁSPORA, LAS LÁGRIMAS O LA ESPERANZA



Ellis Island

Georges Perec

Traducción de Leopoldo Kulesz

Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2004, 1ª edición, 64 páginas

(Libros de siempre)

  



   Fue en 1978 cuando el Institut National de l’Audiovisual encomendó a Georges Perec y a Robert Bober, a partir de una idea de este último, el encargo de realizar una película sobre Ellis Island. El rodaje se realizó en 1979 con el título de Récits d’Ellis Island, Histoires d’errace et d’espoir. El film se divide en dos partes: “L’Îlle des larmes” y “Mémoires”. En 1980 la editorial Sorbier y el Institut National de l’Adiovisual publicaron el texto que había escrito Georges Perec, así como las entrevistas que constituían la segunda parte de la película. Catorce años más tarde, la editora P.O.L y el mencionado instituto reeditaron en formato de álbum el texto publicado en 1980.

   Sin embargo, la mayoría de las ediciones renunciaron deliberadamente a publicar las entrevistas y los numerosos documentos fotográficos reunidos por Perec y Beber. Se centran únicamente en el texto compuesto por Perec, una simbiosis de prosa y de poesía para remarcar la importancia que tuvo para el conocido miembro de Oulipo su confrontación con el lugar de la dispersión, de la clausura, de la errancia y, algunas veces, de la esperanza.

   En efecto, por el islote que recibe el nombre de Ellis Island pasó la última etapa de un éxodo sin precedentes en la historia de las emigraciones humanas. En un estrecho banco de arena que emerge en la desembocadura del río Hudson, a pocas brazas de la Estatua de la Libertad, se reunieron millones de hombres, mujeres y niños. Ellos fueron los que levantaron, desde los cimientos, la nación americana. Ellis Island significa pues el inicio de una emigración oficializada o “industrial”, como afirma Perec: “Una fábrica de americanos, una fábrica que transformaba emigrantes en inmigrantes”.

   En ese pequeño islote de catorce hectáreas al que los idiomas europeos apellidaban “Isla de las Lágrimas”, llamado en el siglo XVII “Isla de la Horca” (allí fue colgado en 1765 un pirata de nombre Anderson), cerca de dieciséis millones de mujeres, hombres y niños procedentes de Italia, Irlanda, Alemania, Suecia, Austria, Polonia, Ucrania, Noruega, Grecia, Turquía… fueron acogidos, recluidos, dispersados o rechazados, porque Ellis Island era la “Golden Door”, la “Puerta de Oro”, -casi al alcance de la mano de Nueva York-, de la América mil veces soñada, el país donde todo el mundo gozaría de grandes oportunidades. Pero los pavos jamás cayeron asados en los platos, y las calles de Nueva York tampoco estaban empedradas de oro. A aquellos “apátridas sacudidos por la tempestad”, como cantan los versos de Emma Lazarus y que alguien grabó en el pedestal de la Estatua de la Libertad, los hicieron llegar como mano de obra barata para empedrar las calles de América, cavar túneles y canales, construir carreteras, puentes, vías ferroviarias, los grandes embalses, levantar los rascacielos “más altos que los que descubrieron al llegar”.

   La prosa poética o los versos libres de Georges Perec recuperan la historia de Ellis Island y, sobre todo, el sentido del lugar y las huellas de todos los que pasaron por Ellis Island. Imagina Perec, en sus textos, los dieciséis millones de historias individuales de niños, mujeres y hombres obligados a abandonar su tierra de nacimiento debido al hambre, a la miseria, a la opresión política o religiosa. Y sobre todo, nos sumerge en los infinitos mares de la errancia, el vagabundeo, de la dispersión, de la diáspora, porque Ellis Island es el lugar de la ausencia, el no-lugar, el exilio. Y, aunque hoy Ellis Island es un monumento nacional, no pertenece solamente a América. Es propiedad de todos aquellos y aquellas que la miseria o la intolerancia expulsó y sigue expulsando todavía de la tierra en la que nacieron. A todos ellos rinde tributo Georges Perec en los versos o prosas poéticas de este pequeño libro.









Georges Perec


Dos poemas de Ellis Island




“pero es allí,
a algunas brazadas de Nueva York,
muy cerca de la vida prometida

era la Golden Door, la Puerta de Oro

era allí, muy cerca, casi al alcance de la mano,
la América mil veces soñada,
la tierra de libertad donde todos los hombres
eran iguales,
el país donde todos tendrían finalmente
su oportunidad,
el mundo nuevo, el mundo libre
donde una vida nueva iba a poder comenzar

pero no era todavía América:
sólo una prolongación del barco,
un despojo de la vieja Europa
donde nada estaba aún adquirido,
donde aquellos que habían partido
no habían llegado todavía,
o aquellos que habían dejado todo
todavía no habían obtenido nada

y donde lo único que había por hacer
era esperar,
confiando en que no habría inconvenientes,
que nadie robaría tus equipajes
o tu dinero,
que todos tus papeles estarían en regla,
que los médicos no se demorarían,
que las familias no serían separadas,
que alguien  te vendrá a buscar”


…..


“ser emigrante era tal vez precisamente eso:
ver una espada allí donde el escultor creyó, con
total buena fe, poner una antorcha
y no haberse equivocado por completo.

sobre el zócalo de la estatua de la Libertad

se grabaron los célebres versos
de Emma Lazarus:
denme a los que están cansados,
a los que son pobres,
vuestras masas sedientas de aire puro,
los desperdicios miserables de vuestras tierras
superpobladas
envíenme
a esos apátridas
sacudidos por la tormenta
elevo mi antorcha
cerca de la Puerta de Oro

Pero, simultáneamente, toda una serie

de leyes fue
promulgada para controlar
y, un poco más tarde,
contener el influjo de emigrantes

a lo largo de los años, las condiciones de admisión

se endurecieron más y más, y poco a poco se
cerraron las puertas de esta América fabulosa,
de este El Dorado de los tiempos modernos
donde, como se cuenta a los niños de Europa,
las calles estaban pavimentadas con oro,
y donde la tierra era tan vasta y generosa
que todos podían encontrar su lugar”


(Georges Perec, Ellis Island)