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lunes, 16 de mayo de 2022

LITERATURA COMPROMETIDA CON LA REALIDAD

Sostiene Pereira

Antonio Tabucchi

Traducción de Xavier González Rovira y Carlos Gumpert

Editorial Anagrama, Barcelona, 181 páginas

(Libros de siempre)

 

 

   Sostiene Pereira es una de las cumbres de la literatura de las últimas décadas. Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 – Lisboa 2012) logró con esta novela la unanimidad de la crítica prácticamente en todos los idiomas, los más prestigiosos premios literarios y la respuesta masiva y entusiasta de los lectores.

   Antonio Tabucchi fue capaz de crear un inolvidable personaje que  ciertamente dejará una profunda huella en el lector. Es Pereira, un periodista dedicado toda su vida a la sección de sucesos. No le va a la zaga su joven colaborador, Monteiro Rossi, comprometido  inequívocamente con la vida, pese a haber escrito su tesis sobre la muerte. La intensa relación que surge entre el viejo periodista, Monteiro Rossi y su novia Marta, cristalizará en una crisis personal, una maduración interior y una ardua y dolorosa toma de conciencia que transformará profundamente la existencia y los ideales de Pereira.

   Pero ¿qué sostiene realmente Pereira? Finalmente, y después de mil vueltas y rodeos, lo que Pereira sostiene no es otra cosa que la libertad y el futuro que, casi sin darse cuenta, empieza a frecuentar Y lo hace jugando gramaticalmente de cien maneras con esta forma verbal, hasta convertirla en un verdadero estribillo testimonial, capaz de dotar al relato de la contundencia y de la osadía de la verdad. Sin embargo, esta deposición delante de un juez ausente, que podría ser cada lector, es solamente el final del relato. Antes, en un discurso lineal, en una narración extremadamente sencilla, aunque no ausente de fulgor literario, la historia de una conversación.

   Lisboa, agosto de 1938, el encierro opresivo de la dictadura salazarista, y como telón de fondo, la Guerra Civil española y el apogeo de los fascismos europeos. El director de la página cultural de un periódico mediocre, un hombre viudo, solitario, apocado, católico, infeliz y buena persona, un hombre obsesionado con la idea de la muerte -escribía necrologías anticipadas-, impermeable a la realidad política nacional e internacional, se ve sacudido por el evento -en el sentido freudiano- del conocimiento de un joven militante antisalazarista, y por la presencia de los abismos de las torturas y del crimen político, es capaz de romper con el pasado, comprometerse políticamente y hacerle una buena jugada a la censura de la dictadura publicando en su periódico la denuncia más estremecedora y creíble contra el régimen  opresivo.

   

                                                  

                                             Antonio Tabucchi

  

   El relato de Tabucchi que, en su lanzamiento y a lo largo de los años siguientes, alcanzó un enorme éxito, también cinematográfico, tanto en Italia como en España y en muchos otros países, es en mi opinión una verdadera obra de arte, de esas que, por razones muy variadas, dejan profunda huella: un personaje central modelado que, página a página, va ganando complejidad hasta convertirse e una criatura memorable, merecedor de figurar en el universo de los grandes personajes novelados; la claridad expositiva, alejada de tantas narrativas truculentas, que muestra que sigue siendo posible la novela política, la literatura comprometida con la realidad, sin que se necesiten grandes prédicas, sin reflexiones explícitas, sin oberturas ideológicas, sin discursos doctrinales. Es suficiente, por el contrario, el discurso de los hechos narrados, cuando estos dan cuenta de una verdadera historia.

 

Francisco Martínez Bouzas

 

viernes, 15 de abril de 2022

UN VIAJE, UNA METÁFORA

Nocturno hindú

Antonio Tabucchi

Tradución de Carmen Artal Rodríguez

Editorial Anagrama, Compactos, Barcelona, 112 páginas.

(Libros de siempre)

 

    

 

 

   A todos, no solo a José Ángel Valente, nos gusta Antonio Tabucchi (Vecchiano, 1943 - Lisboa, 2012), sobre todo en su espléndida narración Sostiene Pereira. Una testimonianza. Antonio Tabucchi, posiblemente el escritor italiano más leído en la segunda mitad del pasado siglo y en los inicios de este, considerado por lectores y no pocos críticos el mejor escritor italiano de su generación: “situado a la cabeza de la literatura europea” (Miguel García Posada), es mucho más que la provocadora claridad del testimonio de Pereira defendiendo la verdad. Es también mucho más que un gran conocedor y un gran solidario con Portugal, -uno de los mejores especialistas y traductores de Pessoa-, cuando en Europa nadie se acordaba del país vecino.

   Tabucchi es un mosaico complejo que puede ser leído de forma global, en el que los personajes salen de unas historias para entrar en otras. Es el universo Tabucchi, un universo sombrío, atormentado, nocturno, en la raya de los territorios de la ambigüedad, del envés, del equívoco y, al mismo tiempo, cosmopolita, alentando quizás la atmósfera de la moderna narrativa italiana y los vientos de la cultura portuguesa, en la que Tabucchi se formó y difundió por medio mundo. En cualquier caso Antonio Tabucchi mantiene el convencimiento de que el mundo es el mismo en todas partes: cambian los paisajes, los decorados y sin embargo las historias de los seres humanos varían muy poco, acontezcan en Toscana, en Lisboa o en Bombay.

    

                                             

                                          Antonio Tabucchi

 

    Nocturno hindú, digámoslo ya, es la novela breve de un viaje y de una búsqueda obsesiva a través de varios lugares de la India. La búsqueda de alguien que no tiene voluntad de ser encontrado. En las novelas de viajes, los personajes se desplazan frecuentemente para hallar alguna cosa. En los viajes de Tabucchi, y Nocturno hindú es una confirmación, se viaja sobre todo para buscar, aparentemente para buscar, pero sin encontrar nunca nada. De forma fingida, la trama desemboca en el “insuceso”, pero en la realidad más profunda no es así. Siempre acontece algo, siempre se encuentra algo: la búsqueda, el sentido de la indagación. “Tal vez busca un pasado, una respuesta a algo (…). En cierto modo se anda a la búsqueda de uno mismo (…), es como si al buscarme a mí, se buscase a sí mismo”.

   He aquí pues, en la versión moderna de un estilista refinado, la vieja idea del viaje como metáfora de la vida. Viajamos y viajamos sin hallar nunca nada y, mientras tanto, buscamos, buscamos sin descanso. Tal vez eso sea el vivir. Lo demás, sombras, velos de la noche.

 

Francisco Martínez Bouzas

Brújulas y Espirales

 

miércoles, 11 de enero de 2017

EL ENVÉS DE LA REALIDAD



El juego del revés
Antonio Tabucchi
Traducción de Carlos Gumpert
Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 183 páginas.

   Anagrama publica la que parece ser la edición definitiva de Il gioco del rovescio  que Antonio Tabucchi escribió a partir de 1978, aunque no fue editado hasta 1981. La primera edición española es de 1986, y con relación a ella, la nueva traducción añade dos relatos que habían  aparecido, junto con otro que Tabucchi decidió eliminar, en la edición de Los volátiles del Beato Angelico; más otro relato, “Fuegos artificiales”, inédito hasta ahora en español. El mismo Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 – Lisboa, 2012) nos ofrece, en un breve prólogo de carácter informativo, una sucinta exégesis de alguno de los relatos. Admite que el primero, “El juego del revés”, a pesar de que ni el mismo escritor haya sido capaz de entender la relación que puede existir entre su vida personal y los libros que escribe, conserva un cierto reflejo autobiográfico. Otros tres relatos (“Teatro”,  “Paraíso Celeste” y “Voces”) le fueron contados y él se limitó a añadir la forma de relatarlos. El resto son prosas que nacieron sin ningún nexo con lo conocido o lo vivido.
   Pero tanto unos como otros comparten el mismo aire de familia: “una cosa que es «así», era sin embargo de otra forma” (página 12). Un rasgo distintivo que el autor de esta nueva traducción, Carlos Gumpert, en un buen trabajo sobre Antonio Tabucchi, ajeno al prólogo, interpreta como algo seminal en la poética del escritor toscano, aprendido de Pessoa, es decir el concepto del “revés de las cosas, símbolo de nuestra incapacidad de conocer la realidad.”
   Sabido es que Tabucchi se alimenta, en buena medida de la obra del maestro del disfraz y de los heterónimos. Fernando Pessoa, pero también de Borges y de Scott Fitzgerald; y en estos relatos se patentizan varias de las obsesiones del genial escritor portugués: el revés de las cosas, como ya señalé, el relativismo de la verdad, el peso de los recuerdos, el genial “pecado” fernandino  de escudriñar la esencia  de las cosas desde otras perspectivas. Precisamente por eso, la coprotagonista del primer cuento, Maria do Carmo Meneses de Sequeira reitera ante el narrador que Pessoa es un gran genio porque supo comprender el otro lado de las cosas, de lo real y de lo imaginado, “su poesía es un juego del revés”. Porque para Tabucchi el descubrimiento de que aquello que vivimos puede ser narrado de otra manera constituye un profundo giro cultural. Justamente el envés de las cosas se yergue entonces como la gran clave interpretativa de la obra narrativa del escritor.
   Es así como Maria do Carmo alcanza su reverso en una narración basada en el cuadro Las Meninas de Velázquez. Es también así como en el relato “El Pequeño Gatsby”, en el que afloran los recuerdos de las vivencias de un hombre en relación con su esposa, Fitzgerald se convierte en el pequeño Gatsby. O el poeta Dino Campana en “Vagabundeo”, uno de los relatos sin “domicilio fijo” viaja en el carromato del mercachifle Rogolo regalando arte encerrada en pequeños papelitos que  reparte de casa en casa hasta llegar a Canossa. En “Carta desde Casablanca”, el segundo relato, Tabucchi nos permite leer la carta fantaseada de un travestí argentino nacido en Italia dirigida a Lina, su hermana. Se hace llamar  Giosefine, el entrañable apodo con el que llamaban a  una palmera a la que los dos querían entrañablemente; y le da cuenta de su vida hasta su primera actuación como mujer. En otro de los relatos, “Teatro”, un recién licenciado en Ciencias Políticas y Coloniales, recuerda, cuatro años después de su llegada a la colonia portuguesa de Mozambique, la cena y la sesión teatral a la que fuera invitado por un diplomático inglés. El teatro al que asisten, se desarrolla en un viejo galpón de madera y, en ese escenario, el inglés interpreta distintos papeles de Shakespeare. Tabucchi nos presenta en este cuento que le contaron, el juego del doble y también del envés, ya que el diplomático había sido un gran actor shakesperiano, desaparecido sin embargo del mundo civilizado. En fin, “Dolores Ibárruri llora lágrimas amargas” es el relato más breve y en él, Tabucchi hace aflorar los recuerdos de una madre sobre su hijo asesinado. También aquí juega Tabucchi con el reverso, en este caso  de una persona, porque la historia que han hecho circular, se contrapone a la visión que ella tiene del hijo asesinado.
   Tanto en los cuentos a los que he aludido expresamente, como en el resto, Tabucchi se propuso captar el revés de las cosas, darle cabida a otros puntos de vista, a aquellos que normalmente quedan ocultos en las sombras, alejados de la visual predominante. Quizás su profundo conocimiento de Pessoa indujo al joven Tabucchi a reflexionar sobre la naturaleza contradictoria de lo real, sobre su esencia compleja y múltiple. El juego del revés consiste así mismo en ponernos en lugar del otro, en asumir su forma de pensar y de querer. Y todo esto expuesto con los efluvios de una prosa alejada de cualquier giro rompedor. Una prosa pausada, intimista, reflexiva, tersa y limpia, pero capaz de expresar lo etéreo y lo liviano. Una prosa de la que Antonio Tabucchi fue el gran maestro y un insuperable orfebre.

Francisco Martínez Bouzas

                                                  
Antonio Tabucchi

Fragmentos

“Cuando Maria do Carmo Meneses de Sequeira murió, yo estaba mirando Las Meninas de Velázquez en el Museo del Prado. Era un mediodía de julio y yo no sabía que ella se estaba muriendo. Me demoré contemplando el cuadro hasta las doce y cuarto, después me alejé lentamente procurando  transportar en mi memoria la expresión de la figura de fondo, recuerdo que pensé en las palabras de Maria do Carmo: la clave del cuadro está en la figura del fondo, es un juego del revés; crucé los jardines y cogí un autobús hasta la Puerta del Sol, comí en el hotel, un gazpacho bien frío y fruta, y fui a acostarme para engañar el bochorno meridiano en la penumbra de mi habitación. Me despertó el teléfono a eso de las cinco, o tal vez no me despertó, me hallaba en un extraño duermevela, fuera zumbaba el tráfico de la ciudad y en la habitación zumbaba el aparato de aire acondicionado, que, en mi conciencia era en cambio el motor de un pequeño remolcador azul que cruzaba el estuario del Tajo al atardecer, mientras Maria do Carmo y yo lo observábamos.”

…..

“Rodolfo murió en diciembre del año sesenta y uno, ya se lo he dicho, se pasó los últimos días muy inquieto, pero no por la enfermedad, estaba angustiado por lo que estaba sucediendo en el mundo, o sea en Rusia, no sé exactamente  qué, sé que Kruschev  había revelado las atrocidades cometidas por sus predecesores y él se atormentaba, ya no dormía, ni los somníferos le hacían efecto, después un día llegó una carta para él, el remite decía: La Pasionaria, Moscú. Y dentro estaba escrito: Dolores Ibárruri  llora lágrimas amargas.
Pues eso, era así mi hijo. ¿Qué le han hecho? He visto su foto en los periódicos, le han hecho pedazos, y yo ni siquiera he podido verlo, han escrito que ha hecho cosas… me falta valor para decirlo…atroces. ¿Han dicho atroces? Pues usted ha podido escuchar otra historia, la historia de una persona a la que usted conoce, yo le he hablado de mi Piticche, le agradecería  que no mencionase ese nombre en su periódico, discúlpeme si lloro, no quería llorar pero las lágrimas se me salen solas, ¿qué hago bien en llorar?, tiene usted razón, hago bien en llorar.”

…..

“Rogolo se sentó y Dino le explicó en qué consistía su aportación. Consistía en embellecer cada hojita con una frase artística, porque era bello que el arte llegara así a la gente, llevada por el pico de un loro que elegía al azar entre las hojitas del destino. Y aquella era la extraña función del arte: llegar con el azar a personas al azar, porque todo es azar en este mundo, y el arte nos lo recuerda, y por eso nos pone melancólicos y nos reconforta. Nada explica. Como no explica el viento: llega, agita las hojas y los árboles quedan atravesados por el viento, y el viento vuelve y se marcha.”

(Antonio Tabucchi, El juego del revés, páginas 15, 110, 164)

sábado, 26 de noviembre de 2016

ANTONIO TABUCCHI Y EMMANUEL CARRÈRE, NOVEDADES DE ANAGRAMA


   A pocas semanas de que Silvia Sesé substituya a Jorge Herralde al frente de Editorial Anagrama, aunque el fundador y director, desde hace cuarenta y siete años, de la editorial barcelonesa seguirá colaborando, apoyando sin interferir, o dedicándose simplemente a leer a Proust, el catálogo de ensueño de Anagrama sigue creciendo, sigue llenando de buenas vibraciones el día a día de los lectores en español, y desde hace años también los que leen en catalán.
   En ese empeño y voluntad de editar “libros” y desechar los “no libros”, han ido surgiendo colecciones que marcan la historia literaria de este país y de otros de Latinoamérica: “Argumentos” en el campo del ensayo, “Panorama de narrativas” y “Narrativas hispánicas” en el de la ficción. “Otra vuelta de tuerca” y “Compactos” que nos permiten recuperar obras de gran calidad, o “Anagrama compendium”, compilación de las mejores novelas y relatos editados con anterioridad por Anagrama.
   En este mes sobresalen los tres títulos de la colección “Argumentos”: Estudios del malestar. Palabras de autenticidad de las sociedades contemporáneas de José Luis Pardo; Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante de Luciano Concheiro y La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza de Massimo Recalcati.
   En la colección “Panorama de narrativas”, “la peste amarilla”, tal como la definió el patriarca de Planeta, José Manuel Lara, y cada vez más cercana  a los mil títulos, cuatro piezas ficcionales importantes: El gigante enterrado de Kazuo Ishguro, La Esposa joven de Alessandro Baricco, El juego del revés de Antonio Tabucchi y Bravura de Emmanuel Carrère.
   Entre esos libros que suturan por igual éxito y calidad, se encuentra la nueva traducción con material inédito en español de los cuentos de Antonio Tabucchi, editados por primera vez en marzo de 1986 -fue entonces el número 77 de la colección- y Bravura de Emmanuel Carrere. Antonio Tabucchi (Vecchiano,1943-Lisboa 2012), profesor universitario de literatura portuguesa, ha sido conocido sobre todo por sus relatos, por sus novelas y también por su producción ensayística. Enamorado de la literatura portuguesa, hasta el punto de haberse nacionalizado portugués, traductor y comentador de Fernando Pessoa, Tabucchi ha recogido en su narrativa la tendencia del poeta portugués a multiplicar los planos de la realidad, a añadir constantemente nuevas presencias, a extender las situaciones hasta el punto de hacerlas inconmensurables. Si ha habido un escritor versátil, éste es por antonomasia Antonio Tabucchi. Conocido sobre todo por Sostiene Pereira, el narrador italiano es mucho más que ese paréntesis de novelas fáciles, populares, epopeicas como la citada o La cabeza perdida de Damasceno Monteiro. Tabucchi es sobre todo el delicado y exigente refinamiento de Dama de Porto Pim, Nocturno hindú, Sueño de sueños & Los tres últimos días de Fernando Pessoa. Así como su novela epistolar, Se está haciendo cada vez más tarde y el monólogo desencantado de Tristano muere, seguramente su novela más ambiciosa y en la que el maestro italiano, el mejor escritor de su generación, trabajó doce años y que vio  la luz en la mayoría de las lenguas del mundo, incluidas las minoritarias.
   De Emmanuel Carrère, por su parte (París, 1957), es un extraordinario escritor en los últimos tiempos de novelas de no ficción como El adversario, De vidas ajenas, Limónov o El Reino, y de novelas de solo ficción de sus inicios como El bigote, Una semana en la nieve, comentadas en este cuaderno de crítica literaria. Y  podemos leer ahora en castellano Bravoure (París, 1984), igualmente una pieza que mezcla la ficción, la realidad y personajes históricos..
   Con una finalidad divulgativa, reproduzco la información que nos llega a través de las respectivas presentaciones editoriales. En los próximos días o semanas, volveré sobre estas dos piezas de ficción y ofreceré no solo información de tramas y contenidos, sino también mi valoración personal.

Francisco Martínez Bouzas


Antonio Tabucchi
Traducción de Carlos Gumpert
Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 183 páginas.

  «El libro más hermoso de Tabucchi y uno de los más hermosos de la literatura de estos tiempos»: así calificó el gran crítico italiano Pietro Citati El juego del revés, el libro que supuso en 1981 la revelación de la extraordinaria sabiduría narrativa de Antonio Tabucchi. Ahora volvemos a presentarlo, con honores de estreno, traducido de nuevo, revisado y reordenado siguiendo las últimas disposiciones del autor y con varios apetitosos añadidos: dos nuevos cuentos, incluidos en su momento en la segunda edición, y un tercero jamás traducido a ningún idioma, que sólo circuló en 1986 en edición limitada; una tríada que prolonga la tonalidad de un volumen ya clásico, escrito bajo el signo del temor y del asombro que produce el desvelamiento del reverso oscuro de las cosas, del insondable laberinto de la existencia.
   El relato homónimo que abre el libro puede ser considerado la piedra angular de la obra de Tabucchi, quien nos ofrece ya aquí muchos sus grandes temas: las máscaras que paradójicamente nos revelan, los vericuetos del tiempo, las voces que nos acechan desde fuera y desde dentro, el juego infinito de la literatura. Aunque todos los relatos rayan a gran altura, cabría quizá destacar el bellísimo «Carta desde Casablanca», «Las tardes del sábado», magistral cuento de fantasmas, o «El pequeño Gatsby», bajo el ala de Scott Fitzgerald.”

Bravura
Emmanuel Carrère
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 355 páginas.

   “De 1816 se dijo que fue «el año sin verano». La erupción de un volcán indonesio alteró la meteorología incluso en lugares tan lejanos como Suiza. Allí, en la villa Diodati, Lord Byron y sus invitados –su médico y secretario Polidori y los Shelley, Percy B. y su esposa Mary– soportaban como podían la lluvia y el frío del inexistente estío. Para combatir el aburrimiento, se retaron a escribir cada uno una historia de terror. En aquella velada, que se conoce como «la noche de los monstruos», nació el Frankenstein de Mary Shelley, y también El vampiro de Polidori.
   De los cuatro personajes, Emmanuel Carrère se centra en el menos relevante, en el paria, en el fracasado: Polidori, al que encontramos en el Soho londinense, adicto al láudano que le proporciona una joven prostituta llamada Teresa, al borde del suicidio y carcomido por el resentimiento porque cree que Byron se ha apropiado de El vampiro y considera que Shelley le ha robado una idea para escribir Frankenstein.
   Pero Polidori acaso sea un personaje manejado por la pluma de otro escritor, el capitán Walton, que está fraguando una versión alternativa de la historia de Victor Frankenstein en la que su amada Elizabeth desempeña un papel relevante. Esta versión la leerá Ann, que redacta libros para una colección de novela rosa y visita a Walton en un extraño hotel regentado por chinos. Y así se despliega un juego de muñecas rusas, una novela de novelas en la que el relato gótico da paso a la novelita rosa y ésta a la narración detectivesca y a la ciencia ficción, en una adictiva sucesión de sorpresas.

   El título, Bravura, hace referencia a una expresión francesa, un morceau de bravoure, que designa aquel fragmento de una obra en la que el creador despliega todo su virtuosismo. Y la novela es precisamente eso: una exploración de los mecanismos de la narración, una sugestiva indagación en el papel del escritor y también del lector, y sobre todo una propuesta literaria de una inventiva torrencial, que deslumbra y atrapa.”

domingo, 25 de marzo de 2012

"TRISTANO MUERE", UNA ELEGÍA TRÁGICA EN LA MUERTE DE ANTONIO TABUCCHI*

Tristano muere
Antonio Tabucchi
Editorial Anagrama, Barcelona, 2004, 192 páginas.


Antonio Tabucchi (Vecchiano,1943-Lisboa 2012 ), profesor universitario de literatura portuguesa, ha sido conocido sobre todo por sus relatos, por sus novelas y también por su producción ensayística. Enamorado de la literatura portuguesa, hasta el punto de haberse nacionalizado portugués, traductor y comentador de Fernando Pessoa, Tabucchi ha recogido en su narrativa la tendencia del poeta portugués a multiplicar los planos de la realidad, a añadir constantemente nuevas presencias, a extender las situaciones hasta el punto de hacerlas inconmensurables.
Pero si ha habido un escritor versátil, éste es por antonomasia Antonio Tabucchi. Conocido sobre todo por Sostiene Pereira, el narrador italiano es mucho más que ese paréntesis de novelas fáciles, populares, epopeicas como la citada o La cabeza perdida de Damasceno Monteiro. Tabucchi es sobre todo el delicado y exigente refinamiento de Dama de Porto Pim, Nocturno hindú, Sueño de sueños & Los tres últimos días de Fernando Pessoa. Así como su novela epistolar, Se está haciendo cada vez más tarde y el monólogo desencantado de Tristano muere, seguramente su novela más ambiciosa y en la que el maestro italiano, el mejor escritor de su generación, trabajó doce años y que vio  la luz en la mayoría de las lenguas del mundo, incluidas las minoritarias. El mismo autor ha manifestado que Tristano muere es la novela de su vida, auque no le resultará fácil superar el éxito de Sostiene Pereira, con más de 200.000 ejemplares vendidos sólo en España. En ella, más que en ninguna otra, Tabucchi cultiva la tendencia a multiplicar los planos de la realidad representada, a añadir constantemente nuevas presencias, a ampliar las situaciones hasta el punto de hacerlas inconmensurables, prácticamente infinitas.
Diremos de manera esquemática que Tristano muere es la historia de un viejo partisano, un luchador antifascista que está muriendo en el último agosto del pasado siglo y hace acudir junto a su lecho a un escritor, que ya había escrito una versión novelada de sus vivencias, para transmitirle con el poder de la palabra, en la agonía, oprimido por la  gangrena  y con el ritmo cadencioso que la morfina le otorga a su voz, el equívoco cuadro de su vida, hecho de contradicciones, omisiones, dudas, falsos recuerdos, imaginaciones, deseos incumplidos. Un cuadro que puede ser visto como la biografía moral del siglo XX o, como confiesa el escritor, como la tarjeta de identidad donde se perciben las huellas digitales de la pasada centuria
Tristano esta agonizando en un agosto toscano, un agosto que parece que nunca va a terminar, entre el dolor y la canícula, pero en su interior existen muchas cosas de las que quiere liberarse. Muchas cosas que necesita contar y comprender y entender al recordarlas. Por eso convoca a este personaje, al que siempre llamará escritor y que nunca habla, no actúa como interlocutor. Está allí, a su lado como un fantasma para ser el fiduciario de unas palabras, de una larga confesión que será una especie de testamento en el que Tristano, al no tener nada que dejar, lega, como en la Edad Media sus llagas y heridas.
En la novela están presentes algunos de los grandes interrogantes merecedores de ser formulados en nuestro tiempo. El protagonista llega por ejemplo a preguntarse si, después de haber luchado por la democracia y por la libertad, mereció realmente la pena. En buena medida se siente amargado, escéptico y no halla respuestas. Cuando luchaba en las montañas, todo estaba claro. Ahora en cambio, todo es oscuridad. Ni siquiera queda claro y patente el sentido de la civilización occidental. Occidente, un faro de luz en una mano y una bomba atómica en la otra. ¿Mereció la pena haber combatido, haber matado para vernos inmersos en este frágil hoy, en esta alba del tercer milenio, construida de mil tragedias y falsos pasos adelante, hasta la irrupción del dios supremo, el  fuego eléctrico, el “tontintolín”, la nueva tiranía televisiva superior a cualquier clase de ismo? Inteligente, audaz y esclarecedora la forma como Tabucchi representa la crisis de la civilización occidental, de sus valores  e ideales, de sus principios morales.
Y la gran pregunta que palpita en toda la novela: ¿puede ser contada una vida? ¿O simplemente se vive y nada más? ¿Es la vida un juego de espejos? Seguir su rastro no resulta fácil ya que la vida no nos viene dada en orden alfabético. Se muestra un poco aquí y un poco allá, como migajas, y el gran problema es poderlas recoger. Algunas veces la pregunta adquiere tintes más radicales: ¿qué es la vida? Tristano no busca tanto el sentido de su vida como el de la vida en general, pero se encuentra con muros infranqueables porque la realidad se confunde con el sueño, lo que ha acontecido con los deseos. Y la vida, en definitiva, más que una suma de hechos, es una catarata de  preguntas sin respuesta, algo indecible.
Tristano muere tiene como subtítulo “Una vida”. Sin embargo la novela no es en ningún momento la crónica de una existencia. Al final del libro, lo que de Tristano sabemos, es muy poco y este poco se nos presenta confuso, recuerdos acuosos que se apoyan unos en otros. Sin embargo este profundo monólogo sobre lo indecible nos hará reflexionar sobre los meandros de la historia, esa historia que llega hasta nuestros días, en un viaje a través de la memoria, densa indagación sobre el sentido del heroísmo  y de la vileza en una cara a cara con la muerte.
Todo esto y mucho más es Tristano muere, un título que nos recuerda a Malone muere de Samuel Beckett y que Tabucchi quiere que se respete en las versiones a otras lenguas. Un título que rinde homenaje a Leopardi, al Tristano de las Operette Morali, una figura que observa el mundo con pesimismo y amargura. Y el empleo de un presente muy especial: elástico, dilatado. Un presente que dura un mes entero, que se prolonga para indicar que Tristano muere en cada página del libro, pero que sabe al final del mes de agosto que será definitivamente expulsado de la vida. Mientras tanto respira y habla reafirmando la superioridad de la palabra, de la voz sobre la tradición escrita. “De todo lo que somos, de todo lo que fuimos, quedan las palabras que hemos dicho...”
Novela compleja, dura, despiadada, de la que el lector sale  como mínimo perturbado y confuso, como el siglo que Tabucchi pretende contar, corroído también por la gangrena. Fragmentalismo, prosa selecta, novela -poema. El desarrollo del libro es dilatado, pero a la vez fragmentario. Lo que acontece lo hace a trechos, se detiene, se reinicia, se interrelaciona, se superpone. Una novela, pues, que se construye como un rompecabezas y emplea la técnica del monólogo interior de Joyce y del desdoblamiento de Pessoa. Una pieza de ficción muy alejada de los productos literarios de simple consumo, pero muy rica en todos sus planos, que funcionan como un juego de espejos, como retratos que son de la realidad y llega hasta nosotros como un monólogo desilusionado y formalmente muy fragmentado.

Francisco Martínez Bouzas

Antonio Tabucchi
                                                    
* Este texto, con leves variantes, fue publicado el día 9 de enero de 2005 en el suplemento  Gaceta Dominical del periódico El País de Cali (Colombia). Hoy lo reproduzco en homenaje a Antonio Tabucchi, uno de los grandes referentes literarios de Europa, fallecido en este día en Lisboa a los 68 años de edad.