jueves, 6 de noviembre de 2014

"EL COLOSO DE MARUSI". VIAJES Y EXPERIENCIAS VITALES



El coloso de Marusi
Henry Miller
Traducción de Carlos Manzano
Edhasa, Barcelona, 2014, 252 páginas.

   Henry Miller (Nueva York, 1981 – Los Ángeles, 1980) merece una peana aparte en la narrativa norteamericana a partir de los años 30 del pasado siglo. Sus novelas, obras teatrales y ensayos son una verdadera mirada y reflexión sobre sí mismo, proyectada en figuras marginales o asociales usando sobre todo el tema de la sexualidad. Sin embargo, su producción literaria, al margen de otras consideraciones, posee el mérito de haber sido una de las que más contribuyeron al triunfo de la libertad de expresión en el campo literario, y a la diferenciación entre juicios morales y estéticos. Por eso mismo sus Trópicos solamente pudieron leerse en Estados Unidos a partir de 1960, tras ganarse un recurso en el Tribunal Supremo. Miller aparecía ante los ojos de la conservadora sociedad estadounidense como una incitación al inconformismo.
   Henrry Miller, nacido en Nueva York, se estableció en París en 1930. Y será en la capital gala donde se entregó de lleno a la creación literaria y llevó una vida independiente y anticonvencional que lo consagrará como  uno de los grandes paradigmas de la bohemia moderna y un modelo para la “beat generation”  (Barroughs, Keruac, Gingsberg).
   En su obra narrativa confluyen elementos autobiográficos, especulaciones filosóficas, ternura, obscenidad y, sobre todo, un sello vitalista, anarcoide y erótico. Sus obras filosóficas, Primavera negra, sus Trópicos y sobre todo su trilogía The rosy crucifixión (Sexus, Plexus, Nexus), a pesar de que contribuyen a que el sexo se trate con naturalidad en la literatura, resultan, no obstante, un tanto monótonas porque los coitos, en dosis sobreabundantes, llegan a ser bastante mecánicos. Y hoy en día no dice nada de nuevo que no se haya visto o dicho en el cine, en la narrativa en incluso en los cómics.
   Por esa razón, en la actualidad interesan más otros libros del escritor neoyorquino, como Max y los fagotitos blancos , y más aún, sus libros de viajes, entre los que se lleva la palma, The Colosus os Maroussi, or the sipirit of Greece, rotulado en esta edición de Edhasa como El coloso de Marusi. El libro, escrito en 1941, es una obra profundamente vitalista, una extraordinaria, aunque poco convencional pieza de viajes y un corrimiento hacia la propia interioridad del escritor. La trama argumental reconstruye las vacaciones griegas que Henrry Miller decidió tomarse poco antes de estallar la segunda Guerra Mundial, aceptando la invitación de su amigo Lawrence Durrell para que lo visitase en Corfú. Sus periplos por Corfú, Creta, Atenas y el Peloponeso están recogidos en las páginas de este libro.
   La sordidez, el tedio, la deshumanización y casi la aflicción de vivir tan presentes en obras de Miller, aquí se transforman en un cántico, en una aleluya ciertamente vitalista, como ya he apuntado, y en una narrativa que abre las puertas del conocimiento exterior: Grecia; sus ruinas, que no son piedras muertas sino que atesoran la quintaesencia de lo humano y son, por lo mismo, una experiencia existencial única; sus paisajes; las ciudades míticas del pasado (Micenas, Cnossos, Epidauro); el pueblo griego; sus gentes que Miller percibe como herederos de aquellos hombres que alcanzaron la percepción, la divinidad en la tierra, con excepción de los griegos americanizados que rinden pleitesía al sueño americano; las cálidas y brillantes aguas del Mediterráneo; la sensualidad griega; la tierra griega que se abre como el Libro de la Revelación; los vasos de agua en todas partes. Sus amigos, hombres de la talla de Durrell, Seferis, Katsimbalis, un gran contador de historias fabulosas, a quien Miller dedica el libro, Ghida, el pintor de Hydra… La Grecia misma, un lugar donde “se tiene siempre una sensación de eternidad”.
   Pero El coloso de Marusi, también abre rendijas para el conocimiento interior. Por eso mismo, esta excursión por Grecia, en vísperas de la mayor catástrofe bélica de la humanidad, es igualmente un viaje de iniciación, de descubrimientos existenciales cruciales: el camino de la perfección anímica; del conocimiento de los absurdos que creamos alrededor de nuestro yo (el orgullo, la envidia, la libertad engañosa, la paz que solo  es tal cuando deriva  de un cultivo interior.
   Un clásico pues de la literatura de viajes y un gran relato de experiencias vitales. Prosa vitalista y autobiográfica, repleta de impresiones, escrita con estilo directo y con la fuerza vital del poeta que en Grecia halló el sentido de una civilización, quizás pobre en dinero y bienes materiales, pero colmada de profundos sentidos, de espíritu de eternidad. Y donde las mujeres fueron igual de heroicos que los hombres (página 43)

Francisco Martínez Bouzas


Henry Miller en Hydra (1939)

Fragmentos

“En Atenas, el tiempo era seco e inesperadamente caluroso. Era como si volviésemos al verano de nuevo. De vez en cuando, el viento bajaba de las montañas circundantes y entonces hacía un frío como de hoja de cuchillo. Por las mañanas, me iba con frecuencia paseando hasta la Acrópolis. Me gustaba más la base que la propia Acrópolis. Me gustaban las casuchas en ruinas, el caos, la erosión, el carácter anárquico del paisaje. Los arqueólogos han arruinado ese lugar; han destrozado grandes trechos de tierra para dejar al descubierto una caterva de reliquias antiguas que quedarán escondidas en museos. Toda la base de la Acrópolis se parece cada vez más a un cráter volcánico en el que las amorosas manos de los arqueólogos han sacado a luz cementerios de arte.”

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“Epidauro es un mero lugar simbólico: el lugar real está en el corazón, en el que cada uno de los hombres, con tal que se detengan a buscarlo. Todo descubrimiento es misterioso, en el sentido de que revela lo que es tan inesperadamente inmediato, tan cercano, tan larga e íntimamente conocido. El hombre sabio no necesita viajar lejos; el idiota es que busca la olla de oro al final del arco iris, pero los dos están siempre destinados a encontrarse y unirse. Se encuentran en el corazón del mundo, que es el comienzo y el final del sendero. Se encuentran en la realización y se unen en la transcendencia de sus papeles.”

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“La mayor impresión particular que me causó Grecia es la que es un mundo a la medida del hombre. Cierto es que Francia da también esa impresión y, sin embargo, hay una diferencia, que es profunda: Grecia es la cuna de los dioses; pueden haber muerto, pero su presencia sigue dejándose sentir. Los dioses tenían proporciones humanas: fueron creados a partir del espíritu humano. En Francia, como en otros países del mundo occidental, esa vinculación entre lo humano y lo divino ha desaparecido. El escepticismo y la parálisis producidos por ese cisma en la propia naturaleza del hombre brinda la clave para el inevitable hundimiento de nuestra presente civilización. Si los hombres dejan de creer que un día llegarán a ser dioses, seguro que se volverán gusanos. Mucho se ha hablado sobre el nuevo orden de vida destinado a surgir en este continente americano. Sin embargo, conviene tener presente que ni siquiera se ha vislumbrado un posible comienzo durante al menos mil años por venir.”

(Henry Miller, El coloso de Marusi, páginas, 50, 87, 242)

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