lunes, 7 de julio de 2014

ALEXANDRE YERSIN: REALIDAD Y FICCIÓN



Peste & Cólera
Patrick Deville
Traducción de José Manuel Fajardo
Editorial Anagrama, Barcelona, 2014, 234 páginas

   Abundantemente documentada, adecuadamente ficcional, intensamente épica. Una sola línea que bastaría para describir lo más externo de esta novela de Patrick Deville. Pero es mucho más. Cimentándola, en efecto, en testimonios y documentos científicos y comerciales, así como en las cartas que Alexandre Yersin cruzó con su madre y hermana y en el testimonio de personas que lo conocieron en vida, el escritor y viajero francés Patrick Deville ha reconstruido a Alerxandre Yersin: sus aventuras y avatares vitales  y sobre todo los descubrimientos científicos -el bacilo de la peste bubónica (“Yersinia pestis”) especialmente- transitando por el Extremos Oriente, explorando la jungla, por Aden y Madagascar  y siendo testigo de guerras y de la opresiva colonización europea.
   Todo ello en esta obra excepcional, que ha sido calificada como “novela de aventuras de verdad”, novela de invención sin ficción, que se ha hecho acreedora de numerosos premios, en especial, el “Prix des Prix de 2012” en su segunda convocatoria. Es Peste & Cólera (2012) traducida y editada en español hace apenas dos meses por Anagrama. Otra obra maestra del escritor y viajero francés, la mayoría de cuyos libros (Pura vida, Equatoria, Kampuchea) recuperan los periplos de exploraciones y rescatan del baúl de los olvidos a figuras que han creado la Historia, pero que al mismo tiempo han huido de la fama, como es el caso del suizo-francés Alexandre Yersin, a la vez científico y aventurero, que en 1885 se instala en París para colaborar con Louis Pasteur. A pesar de sus méritos -libró al mundo del innombrable azote de la peste bubónica, cuyo bacilo descubrió durante la gran epidemia de Hong Kong en 1894, así como la vacuna o suero antipeste, investigó en Indochina las causas del cólera, y ya había descubierto junto a Émile Roux la toxina diftérica- Yersin es un ser olvidado, una víctima de la desmemoria de la Historia. Patrick Deville, en un relato vivaz que da lugar a un gran ejercicio literario, rescata a Yersin  de la invisibilidad  y lo convierte en un personaje legendario, un verdadero adalid de la experimentación médica a finales del siglo XIX, en el contexto del abyecto colonialismo europeo. Es quizás su libro la historia con minúscula que suele pasar desapercibida para la Historia oficial.
   Esta novela de aventuras de verdad no nace de la nada. Sabemos, precisamente desde Pasteur, tan presente en este libro, que nada nace de la nada. Patrick Deville levanta su extraordinaria recreación de la existencia de Alexandre Yersin  empleando como cimientos las cartas del último superviviente de la banda de Pasteur a su madre Fanny, a Émile su hermana, a los pasteurianos  Roux y Calmette, las recomendaciones del propio Pasteur y otros testimonios que constituyen el verdadero relato, los diarios del hombre que sabe en la soledad de su vivienda de Hon Ba que, a pesar de sus incontables méritos, no dejará tras de sí más que dos palabras latinas:”Yersinia pestis” conocidas únicamente por el gremio de los médicos.
   La novela presenta a Yersin como un activista de la revolución microbiana, pero explora así mismo sus otras muchas facetas, porque si alguna tacha se le puede achacar a su actividad científica, es la dispersión. Hombres jóvenes y con coraje que, con escasos medios, se abalanzan  sobre las epidemias. Es la banda de Pasteur en competencia en medio mundo con la de Koch. Yersin es uno de ellos. Su vida, en el retrato que de la misma hace Patrick Deville, se nos muestra como una emocionante epopeya de lindes conradianos.  Un viaje de aventuras sí, pero no al estilo tradicional con ataques de tigres o con la percepción de lánguidas princesas indígenas de senos puntiagudos, sino como un relato en el que Yersin no solo se adentra  en la investigación médica, sino en otros muchos saberes y exploraciones, comenzando por la topografía, “la poesía de los útil” (página 84).
   
                                               



 El libro es pues un apasionante derrotero en búsqueda de los vestigios de Yersin en el contexto de las guerras franco-alemanas y de los grandes acontecimientos políticos de finales del siglo XIX y de la primera mitad del XX, el siglo de la barbarie infinita. Por ejemplo, Yersin se entera y se duele en el año 1941 de que los descubrimientos pasteurianos sirvan para fabricar armas bacteriológicas.
   Vestigios que el autor halla en Europa y en Asia: el abandono de Suiza por Francia donde Yersin descubre a Pasteur, los experimentos con la vacuna de la rabia, se doctora en medicina a los veinticinco años; un curso de dos meses en Alemania con Robert Koch; abandono del Instituto Pasteur por el mar (médico de a bordo en Asia), consagrando su tiempo libre al cabotaje por los ríos y a la investigación etnológica. Aburrido del mar, después de dos años de navegación, se instala en Nha Trang donde abre una consulta en la que cobra a los notables y ricos y atiende gratuitamente a los pobres. Se convierte en un nuevo Livingstone: explorador y agrimensor a sueldo del gobernador general de Saigón. A petición de Roux y Pasteur se dirige a Hong Kong para investigar la Peste Neumónica Manchuria y, en una choza de bambú y paja y sin que los ingleses le proporcionaran  ningún cadáver (sí en cambio los obstine el japonés Kitasato), observa el bacilo de la peste: un verdadero puré de microbios en los bubones, logra aislarlos e identificarlos, descubre la vía de transmisión  a los humanos desde los roedores, aunque no será él, sino Simond el hombre de la pulga. Y prueba con éxito el suero-vacuna contra la peste bubónica. Por todo ello le hubieran dado el nobel, pero aún no existía tal galardón.
   Yersin escoge la soledad y, como hiciera Pasteur con la rabia, no registra sus descubrimientos. Algunos, como la “Yersinia coca” (“Coca-Canela” es el nombre que él le da), de haberlos patentado le hubieran convertido en el millonario inventor de la Coca-Cola!  Pero hay  nuevos abandonos, regresos y nuevos apegos: la etnología, la agricultura, la arboricultura, -rey de la quinina y del caucho en Oriente-, la arquitectura…. También meta la nariz en la literatura, en el latín y en el griego  al final de su vida. Y lo último de lo último, la anotación de mareas en Nha Trag.
   Patrick Deville apenas se refiere a la vida personal de este viajero e investigador que sale de la Historia y que vive en una aldea de pescadores como un campesino. Únicamente hace alusión a su negativa a casarse porque la prometida que le busca su madre, esperaba leer inflamados sonetos alejandrinos y Yersin le escribe como si fuera una exposición sobre la difteria. Concluye pues que tener una esposa pegada a los faldones no habría tardado en ser un estorbo” (página 31). También hace una breve referencia a la leyenda negra que le rodeo durante un tiempo: las patrañas de ciertos periódicos que le adjudicaban descendencia con una indígena de las montañas.
   Peste & Cólera no es una novela plana como alguien ha afirmado, ni propiamente un libro de aventuras, ni una novela al cien por cien, sino el magistral redescubrimiento de una gran personaje, prácticamente invisible hasta ahora: Y justifico esta apreciación por las siguientes razones: el autor narra con el talante ágil de un periodista y sin caer en la hagiografía una “apasionada aventura humana y científica” que convierte a su protagonista en un personaje legendario, a pesar de su ocultamiento hasta el presente. La narración le sirve a la vez a Deville para captar la evolución humana y científica desde el último tercio del siglo XIX hasta la actualidad. Recrea y caracteriza con gran profundidad psicológica personajes, principalmente los de Yersin y Pasteur. Con gran verosimilitud compone y dibuja escenarios, tiempos y espacios en base a un ingente trabajo de documentación. Es muy hábil a la hora de integrar un amplio abanico de personajes y hechos paralelos que funde en una estructura superior, sólida y bien elaborada. Es reseñable así mismo el buen tino del autor a la hora de hacer progresar su relato a la hora  de forma dosificada, procedimiento con el que logra mantener la atención lectora y la tensión narrativa.
Vivienda y laboratorio en Hong Kong donde Yersin aisla el bacilo de la peste
   Acierta, en mi opinión Patrick Deville con la estructura en paralelo que introduce en el relato: narra la aventura vital de Yersin desde el punto de vista de un hombre de setenta y siete años que, en el verano de 1940, mientras viajaba en un hidroavión hacia Saigón huyendo de los nazis, piensa que la vida se borra y el mundo se viene abajo. Por eso al autor realiza un adecuado juego de saltos en el tiempo de la historia (analepsis y prolepsis)  que nos permiten captar la visión que el personaje tiene de su vida, en especial de sus años jóvenes y del marco histórico, político y cultural en que se desarrolla la pluriforme actividad de Yersin y la de la banda de los pasteurianos, un verdadero ensalzamiento, si bien crítico, de la modernidad, de las luces de la razón en la lucha emancipadora con el obscurantismo. Atina igualmente Patrick Deville en el procedimiento de las vidas paralelas: a pesar de que Yersin no es un hombre de Plutarco y nunca ha querido hacer Historia, Deville lo presenta en paralelismo, no con los traidores como en algunos casos de Vidas paralelas, sino con científicos, poetas, viajeros (Rimbaud, Livingstone, Stanley, Brazza, Conrad). A la luz del otro, especialmente de Rimbaud retratado con pinceladas certeras, frecuentemente dramáticas, la existencia del protagonista aparece como un hombre simple, recto, que “intenta gobernar su barca en solitario”, pero al que también empuja el espíritu aventurero de Livingstone.
   Finalmente, el estilo de la prosa, claro y conciso, adopta, con cierta frecuencia una tonalidad épica. Eso y un acertado manejo del color y de la frescura narrativa son capaces de enardecer mentes y sentidos. Recuperación pues de la aventura vital, que también es su mitificación, de un hombre, Alexandre Yersin, que como el otro gran pasteuriano Émile Roux, no tuvo descendencia, excepto la mítica y esas dos palabras latinas: “Yersinia pestis”.

Francisco Martínez Bouzas

 
Patrick Deville

Fragmentos

“Mientras Yersin prepara sus expediciones, se produce la caída del caballo en Diré Daoua. Righas, el amigo griego de Rimbaud, escribe que a éste «se le dislocó la rodilla y se desgarró con un pincho de mimosas». Tienen eso en común, la soledad y el irse a ver otros lugares y avanzar a la cabeza de caravanas, intentando hacer más y hacerlo mejor que sus padres ausentes. Ir más lejos, en la ciencia y en la geografía, de lo que fueron esos padres a los que no conocieron. Uno con el microscopio y el bisturí encontrados en el granero de Morges. El otro con el Corán y la gramática árabe encontrados en el granero de Roche. Se trata de ir más lejos que aquel capitán Rimbaud de la banda de los saharianos, y abrir la ruta de Entotto a Harar. Se trata de ir más lejos que el intendente de la fábrica de explosivos, y abrir la ruta de Nha Trang a Phonom Penh. Los calores atroces y la sed se los contarán a las mujeres, a las sedentarias madre y hermana que nunca han salido de Suiza ni de las Ardenas, y lo harán ocultando su nombre ,firmando brutalmente con el apellido, como padres: uno, Rimbaud; el otro Yersin.
No haber descubierto el bacilo de la peste hubiera condenado a Yersin a morir como un explorador desconocido. Bastó un pinchazo en la punta de un dedo, como en los cuentos de hadas. Pero la vida novelesca y ridícula de los hombres es siempre así. Ya curen la peste o mueran de gangrena.”

…..

“Yersin desembarca en Hong Kong a mediados de junio y acude al hospital Kennedy Town, que dirige el doctor Lawson.
Desde su llegada al puerto, bajo una lluvia torrencial, ha visto cadáveres de apestados por las calles, entre los charcos, en medio de los jardines, a bordo de juncos fondeados. Los soldados británicos se llevan a los enfermos a la fuerza y vacían sus casas, lo amontonan todo y lo queman, echan cal y ácido sulfúrico, levantan muros de ladrillos rojos para impedir el paso a los barrios infestados. Yersin toma fotografías, escribe durante la noche sus primeras visiones de ese infierno bajo el cielo gris y el diluvio de los aguaceros. Los hospitales inundados se colman en vano. En una antigua fábrica de cristales o en un matadero en construcción, en chozas de paja requisadas, Lawson abre por aquí y por allá lazaretos que se tornan morideros. Allí se echan sobre el suelo esteras que acabarán quemadas junto con sus ocupantes. La muerte llega en pocos días. A través de las cortinas de lluvia cálida de la borrasca, ruedan el paso de las carretas cargadas de cadáveres apilados. «Me he fijado que hay muchas ratas muertas que yacen en el suelo.» La primera nota garrapateada por Yersin esa misma noche se refiere a las cloacas desbordadas y a las ratas en descomposición. Desde Camus es algo evidente, pero entonces no lo era. He ahí lo que Camus le debe a Mersin cuando escribe su novela justo cuatro años después de la muerte de éste.”

…..

“Yersin vuelve a sentir el regocijo parisino de las probetas como volar cometas. «El bubón está muy definido. Lo extraigo en menos de un minuto y lo subo a mi laboratorio. Hago rápidamente una preparación y la pongo bajo el microscopio. Identifico a primera vista un verdadero puré de microbios, todos parecidos. Son pequeños bastoncillos rechonchos con las extremidades redondeadas.»
Todo está dicho. No hay ninguna necesidad de escribir un libro de memorias. Yersin es el primer hombre que observa el bacilo de la peste, como Pasteur había sido el primero en observar los de la pebrina del gusano de la seda, el carbunco de las ovejas, el cólera de las aves o la rabia de los perros.”

(Patrick Deville, Peste & Cólera,páginas 100, 113-114, 115-116)

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