martes, 3 de febrero de 2015

LAS FARSAS Y LAS MENTIRAS DE NUESTRO TIEMPO



Todo es mentira

La vida fácil de Bernard Madoff

Pedro Ramos

Editorial Trifolium, Iñás-Oleiros (A Coruña), 2014, 195 páginas



   Aunque en España apenas se produjo revuelo mediático, la estafa de Madoff está considerada como el mayor fraude llevado a cabo por una sola persona. En efecto, Bernard Lawrence Madoff, ex presidente del NASDAQ y presidente de una firma de inversiones, bautizada con su nombre y que llegó a ser la más importante de Wall Street, fue detenido a finales de 2008 por el FBI y acusado de un fraude de 50.000 millones de dólares (se elevarían a 65.000 si se incluyen los intereses). La macroestafa consistió en conseguir inversiones a cambio de suculentos beneficios que fueron efectivos en los primeros tiempos, pero  con el paso de los años se hizo evidente que todo aquel imperio monetario era un ruinoso sistema piramidal, una pirámide de humo, un fraude según el esquema  Ponzi, que lo convirtió en la mayor estafa de la historia..

   Mas la novela de Pedro Ramos, a pesar  del subtítulo (La vida fácil de Bernard Madoff), no se centra en este personaje estafador, sino en otra persona, en un millonario que ha perdido todos sus ahorros en el fraude Madoff -¡un millonario estafado por otro millonario!- y que opta por grabar un videoblog con sus opiniones y recuerdos. A partir de aquí, en el momento en que el protagonista, versado en vender mentiras y que termina probando su propia medicina, se encierra en su domicilio y comienza a grabar el video, se inicia la novela.

   ¿Novela? Más que novela, lo que Pedro Ramos escribe es un verdadero artefacto literario, un monólogo o (mono) diálogo, cuya sinopsis nos ofrece el propio escritor de forma muy convincente en el apéndice de agradecimientos: “(mono) diálogo de un tipo que lo tiene todo, excepto el amor y decide grabar en un vídeo todo lo que piensa y primero ataca el sistema y luego a las personas que lo forman, mientras cuenta cómo llegó hasta la cumbre y cómo decidió irse a vivir a un pueblo, lejos de todo, cómo se enamoró de ella y cómo fue abandonado, (…) de cómo llegó a convertirse en lo que es gracias a la mentira, la estafa y al trabajo de los demás” (página 191-192).

   El resultado es un libro híbrido, fruto, eso sí, de un intenso proceso vital que genera también una peculiar y personal historia en la que, aunque poco tiene que ver con la circunstancia de que el protagonista haya sido timado por un grupo inversor, Madoff está siempre presente en las reflexiones en las preguntas, la mayoría inquietantes y muy apropiadas para reiterarlas en el actual estado de cosas. Madoff, en efecto, será solamente un pretexto para que el autor relate lo que le interesa contarse a si mismo, bucear en su propia identidad, en el sentido de su existencia.

   El libro termina convertido en una interesante amalgama de materiales diversos: el relato de ese contarse a si mismo del protagonista, recuerdos, sensaciones, informes, denuncias sobre todo de la discriminación a la que el Primer Mundo somete al Tercer Mundo, crítica de la cleptocracia, de su impunidad, del sistema capitalista y de sus órganos de control, de las especulaciones financieras, reflexiones ensayísticas sobre la raza humana, sobre la forma absurda de cómo el umano (umanocuerpos / umanocerebros) afronta la vida, persiguiendo a lo largo de la misma esa felicidad que siempre posponemos para más tarde, de ese vivir para consumir, y no solo objetos, sino también actividades, las múltiples actividades por ejemplo con las que los padres atosigan  a sus hijos para no ser menos o para fabricar genios. Y junto a todo eso, cuestionamientos  que el protagonista hace sobre su propia identidad, sobre lo que sabe hacer, para terminar reconociendo que solamente sabe utilizar sus manos para hacer clic.

Pedro Ramos
   No es complaciente ni amena la versión que Pedro Ramos nos ofrece del mundo actual. El desencanto que se va acelerando a medida que avanzan las páginas de su artefacto, conjugado con buenas dosis de irónico sarcasmo, nos ofrece una visión pesimista sobre el hacer humano, con conclusiones muy tajantes pero seguramente certeras: universalidad de la codicia; todos hubiéramos hecho lo mismo que Bernard Madoff; en el tiránico determinismo del libre mercado, siempre ganas los mismo (los poderosos)  y siempre pierden los mismos (los pobres, los parias de este mundo)

   Artefacto literario  que se nutre así mismo de una notable y oportuna intertextualidade. Textos con los que dialoga el protagonista o que le sirven para confirmar sus ideas: pensadores, poetas, novelistas, la música de nuestros días -no la amable y complaciente- le sirven al protagonistas para fortalecer sus pensamientos o para hacer más visibles sus diatribas sobre la situación actual del mundo, sus contradicciones e incoherencias. Libro pues que sutura varios géneros y que, desde una visión escéptica, nos ofrece un retrato bastante aproximado del mundo en el que vivimos. Un mundo cimentado en la farsa, la codicia y en la mentira.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Bernard Madoff

Fragmentos


“Yo habría hecho lo mismo que Bernard Madoff porque todos lo hacéis. Lo hacemos. De acuerdo, a Madoff se le fue la mano, pero ¿quién no coge lo que está a su alcance, si está seguro de que no le van a descubrir? ¿Y por qué no forzar la máquina, coger un poquito más, correr riesgo? La diferencia entre Bernard Madoff y el resto es una cuestión de escala. Seguro que conoces a alguien que utiliza el teléfono de la empresa para sus llamadas particulares, alguien que se lleva material de la oficina a casa, ¿quién no se ha aprovechado de ser «amigo de» o ha rechazado un favor que podría beneficiarle? Lo preocupante no es que exista un tal Bernard Madoff, sino la cantidad de personas que habrían hecho lo mismo.”



…..



“Pero lo que más me llama la atención es que personalidades como Carl Shapiro, amigo y mentor de Madoff, Profesor de Economía en el departamento de Economía de la University of California de Berkeley, autor del libro El dominio de la información, llegase a invertir 250 millones de dólares y no se diera cuenta de nada; Gerald Breslauer, asesor financiero de los famosos de Hollywood, uno de ellos, Steven Spielberg, director de cine, millonario, inteligente, prototipo del American way of life, creador de ET, también cayera en la tela de araña de Madoff; personalidades de esta talla, los más ricos de cada país, en todo el mundo, no tenían suficiente y querían más. Mucho más. Y con Bernard Madoff Securities era sencillo. Nadie entendía cómo lo hacía, pero ¿a quién le importa el cómo si al final de año el saldo es cada vez mayor? Y encima, Madoff no cobraba ninguna comisión por sus gestiones. Según la media del sector, estaba renunciando a un 2% anual sobre el patrimonio y el 20% de los resultados.

Nadie sospechó nada.”



…..



“Nuestro apetito se ha vuelto tan voraz que no sólo consumimos objetos, alimentos y relaciones, también actividades. No podemos estar sin hacer nada, siempre tenemos que estar haciendo algo, en gerundio, como el pie de una foto. Llenamos nuestro tiempo libre con multitud de actividades que nos hacen ir corriendo de un lado a otro. Tenemos que recoger al niño de kárate para llevarlo a inglés y aprovechamos para ir a la piscina. El tiempo justo para volver a la puerta de la academia, llevarle a casa, cenar, acostarle, leerle un cuento, que se duerma, conectarme  para revisar los correos electrónicos no vaya ser qué… Mira la hora que es, casi las dos y media y mañana me tengo que levantar a las siete, dar el desayuno al niño, llevarle al colegio, evitar al padre de Jonathan que se enrolla como las persianas y, si salgo cinco minutos después, me chupo el atasco de entrada y no puedo llegar tarde porque tengo que revisar el informe antes de que me lo pidan.

Hay algunos padres que pagarían lo que fuese por entregar al niño en la guardería, cuando cumple tres años, y no tener que ir a recogerlo hasta que haya terminado la universidad.”



(Pedro Ramos, Todo es mentira, páginas 11-12, 49, 98-99)

domingo, 1 de febrero de 2015

"EL BIGOTE", UNA PESADILLA KAFKIANA



El bigote

Emmanuel Carrère

Traducción de Esther Benítez

Editorial Anagrama, Barcelona, 2014, 179 páginas



   Emmanuel Carrère, escritor, cineasta y realizador de televisión es conocido sobre todo por sus novelas no ficcionales cercanas al reportaje novelado. El adversario, Una novela rusa, De vidas ajenas o Limovov. Mas en el haber escritorial del narrador parisino hay un período estrictamente ficcional en el que publicó varias novelas de pura ficción, originadas exclusivamente en su imaginación. Entre ellas, La moustache (1986) que Anagrama nos ofreció en español en el pasado otoño con el título de El bigote en traducción de Esther Benítez.

   El bigote es aparentemente y durante buena parte de su desarrollo una novela limpia, ingenua, costumbrista, “retórica negativa” como se ha escrito, que pretende ser real, aderezada con pinceladas de humor. Difícilmente se le ocurrirá al lector imaginar el inquietante y espeluznante desenlace que convierte a esta pieza en una verdadera pesadilla, una historia de terror con tintes psicóticos.

   El punto de partida desde el que arranca la novela, es una situación disparatada que el protagonista ni comprende ni encaja. El hecho de cortarse el bigote, un hecho nimio, intranscendente, sin que nada advierta ningún cambio ni diga nada. Efectivamente, un hombre, un exitoso arquitecto, que lleva años luciendo bigote, se lo afeita con el propósito de darle una sorpresa a su mujer con la que convive desde hace cinco años. Mas ante la nueva imagen del esposo, ella no reacciona, es más, niega que haya lucido bigote en algún momento. La sorpresa y el desconcierto aumentan en la mente del personaje cuando tampoco sus amigos advierten en él cambio alguno. Y a partir de aquí, a pesar de que Carrère sigue contándonos una historia de amor con sus glorias y flaquezas, todo se complica, porque la broma va a dar lugar a una situación peligrosa. Por las páginas de la novela comienzan a dejarse sentir los vientos de una historia de intriga criminal, un descenso al infierno psicótico, a una delirante paranoia.

   Son esos los vericuetos por los que deriva la narración y que el lector jamás esperaría en un planteamiento inicial aparentemente pueril e intranscendente. Pero Carrère tiene la habilidad de hacernos palpable cómo el hecho de la desaparición de un bigote y la subsiguiente “broma estúpida” desencadenan una verdadera tempestad que se colorea de tintes kafkianos,  se carga  de fantasmas, irracionalidad y horror al más puro estilo gore.   Será en efecto una bárbara sangría la que restaura el equilibrio (“aplacado por la certeza de que ahora todo había terminado, estaba en orden”, página 179).

   Novela profundamente inquietante, con un final espeluznante y sin retorno para poner fin a un vertiginoso naufragio de los racionamientos, originado por una chiquillada de adulto.

   Un narrador omnisciente conduce hábilmente la historia, dosificando la tensión a medida que avanza el relato hasta desembocar  en el brutal desenlace de una demencia cotidiana que surge sin un porqué, y que trastorna la vida de los protagonistas. Narración lineal, sin piruetas estructurales que dificulten la lectura de una historia con inicios triviales y en la que parece que nada va a suceder, pero en la que la maestría narrativa de Emmanuel Carrère, con un discurso ágil, rítmico, va atrapando al lector al que sumerge en los rutas mentales de una persona cuyo centro de gravedad oscila entre la cordura y la locura. Sin apenas darnos cuenta, entramos en la demencial lógica interna del protagonista y, contagiados de su locura, recorremos su calvario hasta el horror absoluto.

   El estilo de la prosa, claro y preciso, propio de un narrador que sabe, no solamente desarrollar la estructura de una historia, sino también contarla, se va acomodando en sus cadencias a las sacudidas emocionales de una trama kafkiana y a la atmósfera  paranoica que se va creando, especialmente en la segunda mitad del relato. El bigote no es la mejor novela de Carrère; quizás tampoco lo sea entre esas novelas secundarias, ficcionales, de las que el escritor parece haber renegado. En mi opinión sobran posiblemente algunas secuencias del delirante periplo asiático al que la demencia conduce al protagonista. La novela es, sin embargo, es una muestra perfecta de cómo, a partir de una broma intrascendente, se puede desembocar narrativamente en el desasosiego de una perturbación absoluta. Emmanuel Carrère es uno de esos  narradores que gozan del don y de acuidad necesaria para lograr ese “milagro narrativo”.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Emmanuel Carrère

Fragmentos



“Dócilmente, sin pedir explicaciones, ella interrumpió el gesto. Después hablaron, apretados uno contra otro bajo la manta, hasta la madrugada. Ella dijo, aunque él ya lo sabía, que no le estaba tomando el pelo. Lo juró, y él contestó que no tenía necesidad de jurarlo, que estaba seguro de ello, aunque ese tipo de cosas entrara en sus costumbres. En sus costumbres, sí; pero no con él, no así, no esta vez, era preciso que él la creyera, que ella lo creyera. Claro que se creían, ellos se creían de veras, pero entonces, ¿qué creer? ¿Qué se estaba volviendo loco? ¿Qué se estaba volviendo loca? Se apretaban con más fuerza al atreverse a decir eso, se lamían, sabían que era preciso no parar de hacer el amor, de tocarse, si no, ya no podrían creerse, ni siquiera hablar de ello. A la mañana siguiente, si se separaban corrían el riesgo de recomenzar, dudarían de nuevo el uno del otro.”



…..



“Ningún poder del mundo podía defenderlo de esa versatilidad, ni siquiera el ritmo tranquilizador de las travesías en trasbordador, del cual presentía que pronto iba a cansarse. Por lo menos los locos del villorrio, o de los manicomios, tenían como aliado el atontamiento provocado por las medicinas: éste regulaba el péndulo, circunscribía su movimiento, como un trasbordador interior nunca cansado de ir y venir, apaciblemente, en sus cerebros embotados. El motor no estaba gripado, carburaba con las píldoras, las grageas, las cápsulas cotidianas, más seguras aún que las piezas de cincuenta centavos porque siempre había alguien para administrarlas. Se acordaba incluso de la confesión de una aldeana que explicaba ingenuamente al reportero que la ventaja, con aquellos enfermos, consistía en que eran incurables, y por tanto en la seguridad de quedárselos de por vida, de tener hasta su muerte la modesta mina arañada de su manutención. Casi los envidiaba por estar tan descargados de toda responsabilidad, fuera de alcance.”



(Emmanuel Carrère, El bigote, páginas 59-60, 145-146)

miércoles, 28 de enero de 2015

LA GUERRA COMO TELÓN DE FONDO: DOS NOVEDADES DE EDITORIAL GREGAL



   La gironesa Editorial Gregal es una editora catalana, asentada en Maçanet de la Selva, un sello editor independiente, que también edita en castellano. Lo hace en su proyecto Argán, el nombre elegido para acoger sus colecciones en español (Álbum ilustrado, Ensayo, Novela, Todos somos únicos). El argán, conocido como el árbol de las estrellas, es una especie espinosa de gran talla, que da un fruto parecido a la almendra, con una semilla que se tritura para obtener aceite alimentario y de efectos altamente hidratantes para el cuerpo. Su madera, por razón de su dureza extrema, es altamente apreciada en marquetería. Los responsables de este proyecto editorial eligieron el nombre de esta especie botánica para denominar las colecciones de libros en castellano por la belleza de la palabra, las cualidades de sus frutos con aplicaciones sobre todo a la belleza y cuidado personal, por la dureza y resistencia del árbol, y también como homenaje a las raíces andaluzas del principal responsable. Editorial Gregal edita así mismo libros escritos originariamente en otras lenguas periféricas del estado español. Hace muy poco lo hizo con la versión española de la novela Olympia ring, 1934 de Xabier López López.

    La calidad de sus productos literarios me mueven a acercarme hoy a dos de sus novedades del pasado año. Las dos con las guerras como telón de fondo. Es este un avance editorial, meramente informativo, elaborado primordialmente en base a las presentaciones editoriales de estos dos libros. Más tarde volveré a estos dos títulos con una valoración crítica.



Un río dos márgenes

Ramón Valls Bausá

Editorial Gregal, Maçanet de la Selva, 2014, 430 páginas.



   El autor, Ramón Valls Bausá (Barcelona, 1947)  es un escritor que frecuenta diversos géneros: la narrativa juvenil, la novela negra, urbana y social. Con esta novela da un giro radical a su proyecto escritural y se adentra, con una larga y compleja novela, en la microhistoria de dos personas de estatus sociales diferentes que desde bandos opuestos vivieron la tragedia de la Guerra Civil española. Sus ideales o convicciones les forzaron a participar en aquel dramático enfrentamiento que determinó en gran medida en futuro de sus vidas.

   La novela tiene sus raíces en los diarios de un combatiente republicano, cedido al escritor. Ese hecho hizo que Ramón Valls revisase su propia historia de las vivencias de su padre, transmitida por tradición oral.

   El resultado es esta novela de historias  cruzadas de dos hombres, uno casi niño y el otro joven  que afrontaron la Guerra Civil, siguiendo cada uno sus propias convicciones, y marcados ambos por el peso de sus particulares circunstancias. Uno frente al otro, en dos márgenes opuestos como reza el título. Historia novelada que alterna las dos biografías, entreverada por el marcador semántico de la ficción, y que quiere dar respuesta a preguntas fatídicas y a la necesidad de superar aquel terrible conflicto.



Amapola negra

I- Génesis. 1914

Francisco Malero

Editorial Gregal, Maçanet de la Selva, 2014, 495 páginas.



   Francisco Melero (Barcelona, 1974) es autor de varios libros de relatos y de una novela, El faro del unicornio, una incursión en el género fantástico al estilo de Borges, que quedó tercer finalista del Premio Planeta en el año 2009. Es un apasionado del subgénero de la novela histórica. Se ha documentando ampliamente sobre la Primera Guerra Mundial. Fruto de sus investigaciones es un ambicioso proyecto literario, Amapola negra, que nace con la intención de aportar en cuatro volúmenes una visión global de  la primera Gran Guerra, que englobe los principales acontecimientos de la misma, tanto desde la perspectiva bélica como desde el plano social y humano, teniendo en cuenta además la mirada y el pensamiento de los dos bandos contendientes.

   Génesis. 1914 es el primer volumen de ese ambicioso proyecto. En el libro narra Francisco Melero cómo en 1914 la sinrazón se apodera de Europa. La lucha hegemónica entre potencias es un polvorín que explota  a partir de un hecho específico ocurrido en los confines del Imperio Austro-Húngaro. A partir de ese momento, la cuestión nacional va a primar sobre el interés individual o colectivo. Las sociedades se arremolinan en torno a sus ejércitos y respaldan sin reservas la intervención armada. Pero esta Guerra, debido a los progresos tecnológicos, nada tiene que ver con las campañas bélicas precedentes. Desparece la épica de la batalla substituida por modos de matar masivamente,

    La trama de esta primera entrega nos presenta a Henry Taylor, un joven de Terranova que se alista voluntario porque pretende reencontrase con sus raíces europeas. También a Otto von Durnstein, oficial bávaro de origen austriaco, que no comparte, sin embargo, el espíritu bélico de sus camaradas prusianos, pero que es enviado de forma inesperada al centro del conflicto. A Enzo Salandra, un ingeniero italiano que se convierte en piloto de aeroplanos del ejército alemán. A Brigitte Labenenne, una joven francesa de profundas creencias humanistas que abomina de la guerra y se impone como misión detener el conflicto. Y finalmente a Baltasar Moné, un empresario textil español natural de Barcelona que se desplaza a los escenarios bélicos con falsas credenciales de corresponsal de guerra con la intención de hacer negocios con los dos bandos. Sobre estos protagonistas se basa la trama de esta amplia novela poco menos que coral.



Francisco Martínez Bouzas

domingo, 25 de enero de 2015

FRUSTRADAS PROMESAS DE FELICIDAD A CORTO PLAZO



Pronto seremos felices

Ignacio Vidal-Folch

Ediciones Destino, Colección Áncora y Delfín, Barcelona 2014, 325 páginas



   Esta novela del  periodista cultural Ignacio Vidal-Folch (Barcelona, 1952) tiene su origen remoto en la caída del Muro de Berlín, cuyo aniversario se celebró el pasado 9 de noviembre. Aquel día del año 1989 se inició el paso del comunismo al capitalismo en los países del Este, lo que dio lugar a una verdadera y precipitada carrera de privatizaciones y a una eclosión de negocios oscuros que el autor conoció bien por su trabajo como corresponsal periodístico en esos países y en esos años. A esa alocada parafernalia de privatizaciones a precio de saldo acudieron algunos empresarios españoles, aunque sin lograr ningún contrato porque parece ser que no  sabían sobornar, o lo hacían mucho peor que alemanes y austríacos. En ese proceso, vivido en primera mano, hunde sus raíces  la trama de Pronto seremos felices. Ignacio Vidal-Folch recicla pues en forma de ficción sus vivencias en esos países del Este, a cuya descomposición, a finales de los ochenta, asiste como espectador escéptico pero privilegiado.

   Pronto seremos felices es una novela itinerante que viaja por esos países, pero es sobre todo una ficción crepuscular, de desmoronamientos que avanzan hacia un despedazamiento. Pero también es un relato que rezuma nostalgias, las añoranzas del fin de las euforias y sueños juveniles, confiesa el autor. Porque la euforia con la que se inició el proceso de transición del comunismo al capitalismo, concluyó convirtiéndose en escepticismo desesperado, al ver cómo todo lo que se había previsto para el futuro -esa pronta felicidad a la que alude el título- quedó sin cumplir y en el lugar de las utopías se instaló la delincuencia, la corrupción y las mafias. Una novela pues que nace del interés por “chequear qué pasó con las eufóricas ilusiones” en la Europa del Este.

   La novela engarza en su trama varios temas de dimensión universal: la esencia y persistencia del amor, la amistad, la traición y todo lo que bajo estas palabras puede existir de sólido y permanente. Estos grandes ejes temáticos los desarrolla Vidal-Folch a través de una trama en la encontramos a un viajante español que trabaja como delegado de su empresa en los países del Este, y que nos cuenta en primera persona un viaje en tren que emprende hacia Praga, y aprovecha  la excusa de cerrar un acuerdo comercial para revivir los recuerdos con ciertas personas que habían sido muy importantes en su propia experiencia vital en los años agitados del cambio desde el comunismo hacia el capitalismo. Inicia de este modo la reconstrucción de su pasado por países y ciudades como Rumania, Bulgaria, la antigua Checoslovaquia, Brno. Sofía, Bucarest. Un tiempo que ya no existe, un tiempo desabrido, amargo. Y con el recorrido por ciudades y países se reencuentran con su memoria las historias de aquellas mujeres y hombres que conoció durante ese cuarto de siglo que media entre sus vivencias reales y sus recuerdos: Camila, su secretaria, que él comparaba con los arbustos, que jamás renunció a su carnet del Partido Comunista, y a la que busca desesperadamente, mas sus huellas, por motivos políticos, se han perdido definitivamente. A Alina, una coleccionista de amantes, entre ellos el propio protagonista. A Petru, héroe durante la dictadura de Ceaucescu  y villano tras el derrumbamiento de la misma. A Otik, un cura que sufrió en carne propia la persecución religiosa en Praga. A Felipe, un español, un hijo de la Guerra española, que quedó encallado en la Bulgaria comunista y ahora vive el gran desconcierto de una realidad capitalista igualmente opresora.

   Y como la nueva delincuencia de los países del Este forma parte casi indisoluble de su realidad social, por la novela también transitan las mafias rusas que se expanden hacia los antiguos países de la órbita soviética. La delincuencia que surgió auspiciada por las descontroladas privatizaciones  de los bienes estatales de la que surgieron grandes magnates como el Pirata de Praga, Viktor Kozeny que con dos mil dólares se convirtió en propietario de medio país. O grandes frustraciones y naufragios humanos como el poeta obligado a suicidarse, un espía comunista que enloquece. El protagonista se encontrará con algunos de ellos. A otros los reconstruye casi como espectros desde los recuerdos crepusculares de su memoria.

   A través de estos y otros personajes, Vidal-Folch crea un gran mural colectivo de la desilusión, contrapuesta a la propaganda capitalista, publicitada tras la caída del Muro, y que frustró tantas esperanzas, porque, si algo aparece nítido en esta novela es ese escenario de desencantos, de aspiraciones y de promesas sin cumplir. Ilusiones de prosperidad desvanecidas a corto, a medio o a largo plazo. De ahí lo apropiado de un título -Pronto seremos felices- que juega sarcásticamente con las promesas incumplidas por los gobernantes y poderosos que tienen en sus manos el timón del capitalismo salvaje en los países exsoviéticas que visita el protagonista. Se ha ganado en libertad, sobre todo para enriquecerse unos pocos, pero no en bienestar para toda la población.

   Crónica viva y muy realista del cambio efectuado en esos países situados tras el antiguo Telón de Acero en su caminar hacia un estado de bienestar en progresivo declive tras la globalización y debido en buena parte a que, desparecido el comunismo, ya no hay enemigos ni adversarios a los que convencer. Ya no existen pseudo utopías que le hagan frente a la onda expansiva de un capitalismo ultraliberal, despiadado y cada vez menos democrático.

  
Cadáver de Ceaucescu, fusilado en Rumanía 
Novela que también recupera múltiples microhistorias: narración de experiencias no de grandes personajes de la historia reciente en esos países, sino las de la gente de la calle, que han tenido un cierto peso en la vida  del Vidal-Folch, corresponsal español. A través de las páginas de la novela se las recupera del olvido y se les concede voz. Homenaje y celebración pues de los seres anónimos, pero en el fondo, los grandes protagonistas de la historia.

   La novela está levantada a base de relatos que podrían funcionar independientemente, o incluso ser suprimido alguno de ellos sin sufrir menoscabo la trama argumental. Una trama cohesionada por un único narrador, siempre presente, que maneja las distintas voces e hilos narrativos desde una aparente invisibilidad, hasta el punto que concluida la novela, es muy poco lo que de él conocemos. Vidal-Folch se sirve de un estilo de prosa muy densa en ciertos momentos. Echa mano así mismo de la metaliteratura para dilatar el espacio de la narración y extender horizontes, como confiesa el autor. Y modula todo el relato no sólo con recuerdos nostálgicos, sino también con humor, con sarcasmo y fina ironía, sin renunciar a transcribir secuencias pavorosos como la ejecución de Ceaucescu  y su esposa, narrada una y otra vez por la televisión en un ambiente familiar que no le presta más atención que a un bloque de anuncios.



Francisco Martínez Bouzas



                                                    
Ignacio Vidal-Folch

Fragmentos.



“La señora Rugénova resolvió muchas noches de Camila recibiéndola en su casa a despecho de su adhesión al partid., que ya todo el mundo denostaba. (Alguna vez le pedí a Camila que tirase cu carnet de afiliada, sólo porque me encantaba verla en pose heroica, en jarras, y oírla exclamar: «¡Nunca! ¿Los dirigentes pueden estar equivocados pero las ideas generosas no caducan!».) La Rugénova contribuía modestamente al derrumbamiento de aquel régimen con la fuerza de sus sarcasmos. Cada noche disponía de nuevas anécdotas más o menos aparatosas para comparar la calidad de vida de los occidentales -su superior cultura, su teatro más avanzado, su cine más vistoso, sus óperas más suntuosas, sus grandes exposiciones de arte, ay, inaccesibles para ella, sus coches más veloces y cómodos, su ropa de un gusto infinitamente superior, la calidad de sus electrodomésticos- con la escasez local y la necedad de su clase dirigente.”



…..



“En las afueras de Bucarest se rodó una película que excitó al mundo entero.

Es un documental -en realidad una snuff movie- de ritmo tan apresurado y elíptico que el cineasta se ahorró los detalles superfluos y las transiciones y cortó por lo sano: así la primera escena transcurre en el aula de un cuartel de infantería donde una pareja de ancianos -los dos protagonistas-, envueltos en abrigos, las cabezas cubiertas, él con su negro gorro de astracán, ella con un pañuelo de seda anudado a la manera campesina, asisten entre atónitos a irritados al alegato de un fiscal y al veredicto de un juez invisible que en dos minutos les condena a muerte.

-La sentencia será ejecutada inmediatamente.

Segunda escena: al escuchar la sentencia, los condenados superan un instante de asombro, se yerguen, con sus gorros y sus abrigos, y protestan la mar de exaltados.

-¡No reconocemos a este tribunal!

En la siguiente escena irrumpen unos soldados imprecisos que les reducen, les maniatan, les fuerzan a cruzar una puerta…

Y en la cuarta y última, los dos viejecitos cascarrabias y vagamente ridículos ya sólo son dos inertes bultos al pie de una tapia, en un charco de sangre que corre en oscuros regatos por el cuarteado pavimento. Una mano apoya el cañón de una pistola en la cabeza del varón y le asesta el llamado «tiro de gracia». A continuación repite el tiro en la cabeza de la mujer, de la que se desplaza el pañuelo como de un papirotazo…THE END.

Pocos meses antes, a principios de otoño del año 1989, tuve el privilegio de estrechar la mano de aquellos dos ancianos durante una recepción a los invitados extranjeros del que iba a ser el último congreso del Partido. Conocidos como «el Caudillo» y «la Científica de renombre mundial», relucientes de honores, adorados y temidos, no podían imaginar que serían tan rápidamente despojados del poder, la gloria y la vida, y presidían con la pompa de siempre el Congreso.”



(Ignacio Vidal-Folch, Pronto seremos felices, páginas 44, 203-204)

jueves, 22 de enero de 2015

FANTÁSTICAS FARMACOPEAS Y PRODIGIOSOS CURANDEROS



Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos
Álvaro Cunqueiro
Epílogo de Víctor F. Freixanes
Mar Maior (sello de Editorial Galaxia), Vigo 2014, 180 páginas.

   Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911-Vigo, 198) es uno de los grandes escritores de todos los tiempos. Su amplísima obra conjuga con maestría todos los géneros (lírica, narrativa, teatro). Y su calidad soporta todas las mediciones y comparaciones porque sus textos son irrepetibles. Y sin embargo Álvaro Cunqueiro sigue siendo un gran ignorado, especialmente fuera de las fronteras gallegas. Como ha escrito su hijo, César Cunqueiro, todavía hay quien le identifica únicamente como gastrónomo. Por eso mismo el gran universo Cunqueiro, a pesar de las ediciones de sus obras completas tanto en gallego como en español, “goza” de una inmerecida invisibilidad, debida quizás al carácter singular y excéntrico de su producción literaria. El nuevo sello editor Mar Maior sale al mercado global dando a conocer, dentro de la Biblioteca Álvaro Cunqueiro, cuatro de los textos narrativos del escritor mindoniense. Uno de ellos es esta Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos, publicada originariamente en español en el año 1976.
   Esta amalgama de textos en los que se dan cita una potente imaginación y una prodigiosas erudición, forma parte de la obra relatística de Cunqueiro: relatos al margen de sus grandes novelas que o bien configuran un friso del hombre y de la realidad gallega, o bien se “extravían” en fabulosos territorios imaginados, localizados en todos las geografías y en todos los tiempos.
   Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos tiene su origen, si le concedemos crédito a las palabras preliminares del escritor, en los “ocios bastantes” que, desde párvulo, tuvo la oportunidad de disfrutar en la oficina de la botica que su padre poseía en los bajos del palacio episcopal de la vieja villa medieval de Mondoñedo. Y en el libro, confiesa Cunqueiro, en una inigualable sinopsis, “va reunida mi ciencia boticaria, mi saber de farmacopea fantástica, desde la farmacia de Elsinor, castillo muy venteado,  a la botica de La Meca, con su caimán en el techo; desde los venenos de Mahaut d’Artois, que pusieron fin a los Capetos de Francia, a la botica de los señores traductores de Toledo. Se trata aquí del polvo del cuerno del unicornio, obligatorio en las farmacias inglesas todavía en el siglo XVIII, de la piedra bezoar, de la mandrágora, de los Kutbub-al-mawäzin gabirianos. Todo ello compone un mundo a la vez cierto y fantástico, por el que pasa el hombre buscando salud y la larga vida, o dando la muerte.”
   El libro estructurado en dos partes (“Tertulia de boticas”–“Escuela de curanderos”) brota de la capacidad soñadora de Cunqueiro (“Soy un soñador. La mitad del ser humano es sueño”), y de esa prodigiosa erudición, especializada a través de los años en cosas inútiles, tal como bromeaba el escritor mindoniense poco antes de morir. La fantasía de Cunqueiro nos remite en efecto a la botica de La Meca, con el caimán de probada virginidad prendido del techo, con cientos de hierbas entre ellas la famosa yizad, nacida del ámbar, que convierte en fértiles a camellas y mujeres; a la del Preste Juan de las Indias, de la que formaban parte los vientos; a la del viejo Alamut especializada en pócimas con viborillas de oro y en hierbas continentes; a la farmacopea persa especializada en hierbas y en aceites -el de oro especialmente, para la curación de la lepra- que se tomaba con crin de caballo blanco; a la botica de Elsinor, fecunda en venenos y en hierbas como la bermimalva explosiva o voladora; a la del nigromante y volador obispo compostelano Diego Peláez  que había obtenido de un demonio el “licor de la presencia futura”; la botica de los libertinos franceses del siglo XVIII en la que se surtía para sus orgías el marqués de Sade; la de Hama, la melodiosa, en la que los enfermos se curaban columpiándose sobre los rosales. Y así hasta veintiocho boticas registradas por Álvaro Cunquero con la misma fuerza fabuladora.
   El universo de las farmacopeas fantásticas tiene su prolongación en los relatos sobre curanderos, gente que el escritor ha conocido según nos dice. Son los “menciñeiros” gallegos, intuitivos, geniales y poseedores de ciertos poderes mágicos, y que de hecho curaban, o por lo menos sospechaban: Perrón de Braña, Borrallo de Lagoa, El señor Cordal, Cerviño de Moldes, Leivas de Vereda, El cojo de Entrebo, Xil de Ribeira, Melle de Loboso, Lamas Vello.
  
Imagen de una botica antigua
No poco se ha especulado sobre el paralelismo de estas recreaciones fantásticas con Borges y con los autores del boom latinoamericano. Pero Cunqueiro siempre esquivaba esas semejanzas y comparaciones. Él tenía sus propias coordenadas, sus tendencias transgresoras movidas por la ilusión fabuladora que se deja sentir en su obra mucho más que en el realismo mágico. Su insondable capacidad fabuladora, su erudición sin límites, su conocimiento profundo de las tradiciones míticas dieron  luz a textos como los de este libro, nacidos del imaginario de la phantasia  en su sentido más clásico, es decir, esa forma  indirecta de la que dispone nuestra conciencia para representar el mundo mediante imágenes, mediante los mitos a los que ya Platón les otorgaba la función de sostener las esperanzas.
   Los textos de Cunqueiro sobre farmacopeas  y sobre curanderos se entroncan pues con ese rol biológico de la imaginación, con eso que Bergson llamó la “función fabuladora”, en cuanto reacción frente al poder disolvente de la sola razón y la desazón de la dura realidad cotidiana. Leamos pues  estas muestras del mundo cierto y fantástico de Cunqueiro, no como opio negativo y alienante, sino como alimento de eso que también somos los humanos: sueño, imaginación, emotividad, pasión, nuestros únicos asideros de ese horizonte que es la esperanza.

Francisco Martínez Bouzas

                                                    
Álvaro Cunqueiro
Fragmentos

“¡SEA ALABADO EL DIOS único y misericordioso!
La primera noticia detallada de la farmacia de la ciudad santa de La Meca la tenemos por Ahmad el Gafiquí, el más célebre de los botánicos y farmacólogos de Al Andalus, famoso por su Kitab al adwiya al mufrada, o Libro de los medicamentos simples. A Ahmed le trajeron de La Meca, de la gran botica protegida por los Califas, una uña del caimán que allí colgaba del techo. Este caimán -como más tarde el de todas las farmacias renacentistas germanas- había de ser de sexo masculino y virgen o, por lo menos, que no hubiese tenido contacto alguno con mujeres. Aquí entraba una tradición alejandrina recogida por Plinio, según la cual, en el antiguo Egipto, las mujeres se prostituían con los cocodrilos. El califa Harun al Rahid regaló en dos ocasiones caimanes y manteca de caimán  a la botica de La Meca, traídos de los caimanes de Basora por sus pilotos que iban a Especiería, al trato de la canela, la pimienta y el calvo.”

…..

“A parte de los venenos, que se incluían en la política familiar de la dinastía y aun en la política general del reino, la botica de Elsinor era fértil en hierbas, parte de ellas importadas de Oriente desde las primeras navegaciones viquingas por el Mediterráneo, y parte cultivada en un islote en el foso de Elsinor. Se hacían cocimientos de amapola para evitar el soñar con sucesos sangrientos, y de bermimalva explosiva o voladora, llamada así porque llegando a madurez la flor malva y bermeja, que tiene forma de tulipán, pero el tamaño de una cereza, estalla, y hay que recoger, en el aire los vilanos que despide: esta infusión era usada por los ancianos para soñar acciones eróticas, como las de los años mozos y las de las novelas. Este cocimiento se usaría más tarde en Alemania, y su consumo duró hasta los días del consejero Goethe. Los últimos coitos de este parece que fueron sueños, como se prueba con Bettina von Arnim, por ejemplo. Las más de las infusiones de Elsinor están relacionadas con los sueños, y muchas se usaban contra el sudor frío.”

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“Xil fuera músico militar, clarinete, creo, y dejó la banda de música de un regimiento en Burgos para venir a hacerse cargo de la clientela paterna. De los tiempos militares, guardaba el ros para cubrirse en invierno, dentro de casa. Xil herborizaba, y las medicinas las preparaba él mismo, y no cobraba. Xil estaba soltero, y los más de los días vivía en casa de una hermana, o si había curado a uno de Piñeiro, por ejemplo, paseando y viendo nacer el río Miño, o echando una mano en la matanza o en la labranza, o haciendo zuecas. Escuchaba toser la gente a mucha  distancia, y corría hasta donde le parecía que estaba el tosedor, y aunque hubiese varias personas, acertaba con aquel, y se ponía aparte con él, para estudiarlo. Estaba, sobre todo contra la leche.
-Si la leche fuese necesaria para el ser humano, estaríamos mamando toda la vida. Un ternero deja de mamar, y se pasa a la hierba y no vuelve  a mamar. Un zorro deja de mamar, un conejo deja de mamar, y ya no vuelve a probar la leche. Comen de otras cosas. Hay que seguir lo natural.
Apartando la leche de la dieta, Xil recetaba quesos curados, jamón, vino caliente, vino dulce, baños y las esencias, que así llamaba a sus hierbas. Y a cada enfermo daba la suya.
-Tú eres amargo para la genciana -le decía a uno-. Tú eres flojo para la manzanilla -le decía a otro-. Tú mojas la sal de higuera -le dijo a Roque de Valente, que era un tipo pequeño, amarillo, siempre asqueado, salivando, tacaño.”

(Álvaro Cunqueiro, Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos, páginas 13, 52, 156)

martes, 20 de enero de 2015

"OLYMPIA RING, 1934": UNA INDISCUTIBLE NOVELA NEGRA



Olympia ring, 1934

Xabier López López

Traducción de Daniel P. Torres

Editorial Gregal, Maçanet de la Selva (Girona), 2014, 251 páginas



   Xabier López López (Bergondo, A Coruña, 1974), el autor de Olympia ring, 1934, es uno de los más acreditados narradores de la actual narrativa gallega. Un narrador todavía joven -debutó en 1999- y su obra, una decena de libros entre novelas y relatos, se extiende  a lo largo de estos primeros años del siglo actual. Xabier López ha obtenido algunos de los más importantes galardones literarios (Premio García Barros, Premio de la Crítica Española, Premio Xerais de Novela, entre otros). Escritor que tiene la capacidad y la habilidad para frecuentar con éxito varios subgéneros narrativos y suturar de una forma plausible  tramas argumentales y marcos escénicos. Todo eso lo hallará el lector en esta novela, escrita originalmente en gallego, pero traducida y publicada simultáneamente en español.

   En prácticamente todos los sistemas literarios proliferan narradores que, de forma reiterada o eventual, cultivan la novela detectivesca. Sin embargo, son muy pocos aquellos que son capaces de dar un paso más y aventurarse en los territorios de la novela negra. En la narrativa gallega, uno de estos últimos es Xabier López López. Lo hizo de una forma convincente en la novela A vida que nos mata (2003), traducida recientemente al español, y lo vuelve hacer ahora en su última cosecha narrativa, Olympia ring, 1934. La novela editada en el 2003 fue la presentación de un periodista, el “plumífero” Sebastián Faraldo, “un adolescente de cincuenta años y cien kilos”, que contra el parecer de la justicia decide perforar los secretos de un crimen.

   En esta nueva entrega narrativa, el periodista obeso y sentimental vuelve a actuar como accidental sabueso, también en la época de la República, pero no en el Gran Hotel Mondariz-Balneario, en Madrid, Bilbao, Pontevedra y Vigo, sino en la convulsa Barcelona del año 1934. El atípico periodista de sucesos de Pontevedra viaja a Barcelona junto con Valiña, el director del Matutino, el periódico en el que trabaja, para cubrir como cronista deportivo la velada en la que se van a enfrentar por el título mundial del peso pluma el catalán Josep Gironés y Freddie Miller, así como los combates previos, con mucho dinero de apuestas en juego. En uno de ellos intervendrá Manuel Ramírez Castro, O Camión, un boxeador pontevedrés, inteligente, culto, con estudios de bachillerato y concienciado políticamente ya que es miembro del Partido Galeguista. Aunque también viaja realizando el papel de encubridor sin saberlo de las andanzas y aventuras erótico-sentimentales de Valiña, el director del periódico. En el combate entre O Camión y su adversario deportivo, Marc Martell, el boxeador gallego cae en el ring y muere de forma fulminante y sospechosa.

   Tanto la policía como la justicia dan por sentado que lo que había sucedido en aquella velada boxística había sido un accidente casual. Por su parte, Sebastián Faraldo sospecha que se trata de una “muerte matada”, y, al mismo tiempo que ejerce de cronista deportivo, inicia una indagación que lo zambulle en la tensa Barcelona del año 1934, una ciudad agitada desde el punto de vista político y social por la ruptura que Lluís Companys y la Generalit acaban de llevar a cabo con el gobierno de Madrid, la proclamación del Estat Català, la declaración del estado de guerra, intervención armada y reclusión de los miembros del gobierno de la Generalitat en el buque Uruguay, fondeado en el puerto barcelonés. Una ciudad además dominada por el pistolerismo, el terrorismo blanco, el Sindicato Libre, los chulos, los galopines, con bajos fondos muy activos y apuestas amañadas en torno al mundo del pugilato.

   A través de una investigación en la que cobran protagonismo numerosos personajes secundarios y en la que se suturan  múltiples historias fragmentarias, Sebastián Faraldo conducirá la pesquisa de los autores y del porqué del crimen, hasta llegar a un desenlace insospechado: O Camión, el boxeador pontevedrés solamente había sido un pobre actor en una tragedia que no era la suya.

   Xabier López López  le brinda al lector una trama vigorosa, en la que se amalgaman de forma armónica dos grandes ejes narrativos: la propia intriga investigadora y la radiografía histórico-social de la Barcelona de 1934, y también, aunque en menor medida, una imagen de Galicia, centrada sobre todo en la visión moderna de la ciudad de Pontevedra. Reproduce en efecto el autor, con mucha fidelidad y gran rigor histórico, e incluso geográfico-toponímico, el clima social de la Barcelona del 34 y de los años previos. La Barcelona obscura de los bajos fondos, de los negocios sucios, de los tugurios, de los pequeños y no tan pequeños gángsters, la fisonomía física y humana del bario del Raval, el ambiente marchito y decadente de los clubs ingleses o la dura existencia de las clases proletarias en los suburbios y barrios marginales.

   Todo eso más la ambivalente descripción del mundo del boxeo (sus conexiones con el hampa, pero también el extremo sacrifico de un deporte duro), constituyen el marco escénico, el telón de fondo, a través del cual el periodista obeso y sentimental, conduce sus pesquisas sobre la “muerte matada” de O Camión. Acierta plenamente el autor en la caracterización física y emocional de los personajes; no solamente del protagonista, sino también de otros actores secundarios, aunque con indudable peso en el desarrollo de la acción: César Valiña, Malparit, Mister White, Blas Candame, Mar Martell, o ese Eduardo Cortiñas, de sobrenombre Notario, apoyo de Faraldo e en Pontevedra.

Xabier López López
   Un estilo de prosa muy fluido, con frecuentes reproducciones  de frases dialogadas en catalán, un ritmo apropiado que le va ofreciendo al lector pequeñas dosis de intriga hasta desembocar e un final inesperado; una arquitectura compositiva lineal, a partir de la prolepsis inicial, propia del género negro-detectivesco, en la que se da cuenta de la muerte del boxeador gallego, dotan a la acción de Olympia ring, 1934, de la vestimenta apropiada.

   Concluyo con una observación sobre una característica que, en mi opinión, constituye el principal mérito de esta propuesta narrativa de Xabier López: Olympia ring, 1934 no es una novela detectivesca, sino una verdadera novela negra. El hilo conductor en la novela detectivesca es la investigación y la resolución de un hecho criminal, convirtiéndose la indagación del enigma en el elemento estructurador de todo el relato que queda  a merced de esas “máquinas de pensar” que son los detectives clásicos. Frente a eso, la novela negra añade algo muy importante: el retrato crítico de la sociedad y la introspección psicológica, tanto en relación con el investigador como con el criminal o criminales. Así pues, mientras que la novela enigma muestra una gran tendencia a tratar el desciframiento de las incógnitas del crimen como un juego de habilidades, en el que  el misterio y el ingenio tienen un fin en si mismos, la novela negra es mucho más rica: mantiene el misterio, aunque su importancia aparece desplazada o subordinada a la temática y a la ambientación social y a la especulación psicológica. Las dos son hilos narrativos basilares en Olympia ring, 1934.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Imágenes del combate entre Josep Gironés y Freddie Miller celebrado en el Teatro Olympia de Barcelona (año 1934)

Fragmentos



“El entrenador de Manuel no profirió palabra cuando la puerta se cerró a nuestra espalda. Se limitó  a mirarme en silencio, como si en ese preciso momento importase bien poco convertir aquel pequeño cuarto recubierto de azulejos en una suerte de velatorio. A O Camión lo habían puesto boca arriba en un banco, con la precaución de esconder bajo un albornoz la terrible evidencia de su rostro. Como a su rival, a nadie se le pasaba por la cabeza quitarle los guantes. Lo habían desvestido como a un santo, amontonado a los pies del banco desde los botines al protector bucal, pasando por los calzones y los trocitos de algodón de la nariz, mas no habían osado tocar los guantes, no, los guantes, ni pensarlo, como si fuese  inexcusable dejar bien patente a qué se dedicaba el difunto. Uno de ellos colgaba una mísera pulgada del suelo, como un imposible remate a un brazo que mi imaginación ya veía rígido como el de una estatua; el otro, oculto por entero por el albornoz, descansaba sobre el pecho.”



…..



“Con todo, no era exactamente aquello lo que me perturbaba. Aquel nombre «Raval», arrabal en castellano, resucitaba un viejo recuerdo, lleno de horror, de unos días en los que las redacciones de media España -«de medio mundo», corregía con una risa macabra el viejo Blas Candame-  buscaban entre el terror y  la fascinación nuevas informaciones que publicar bajo el título de «Los horrores de Barcelona». En el Raval, y hay cosas que no se olvidan por más que pasen veinte años, se encontraba aquel tristemente célebre carrer del Ponet, en cuyo número 29, si la memoria no me traiciona -y no lo hace- aquella desalmada mujer llamada Enriqueta Martí -prostituta y proxeneta de menores- se dedicaba a trocear, cocer y quitarle los untos a docenas de niños pequeños, al mismo tiempo que mi paisano Portela Valladares, por aquellos años gobernador civil de la provincia, no se cansaba de repetir a quien quisiese escucharlo que  era «completamente falso el rumor que se está extendiendo por Barcelona acerca de la desaparición durante los últimos meses de niños y niñas de corta edad que según las habladurías populacheras habrían sido secuestrados».



…..



“Eran os tiempos del «pistolerismo», tal y como se acaba de bautizar no hace mucho a la época para equipararla con lo que sucede de un tiempo a esta parte en algunas ciudades de la República. Días en los que, bajando de un coche en marcha o saliendo precipitadamente de un portal o de un café, un hombre de gorra o de sombrero de ala flexible propina un par de disparos a otro hombre que camina por la calle. Días en los que los poderosos, como siempre, consiguen que sean los hijos del hambre los que se maten entre ellos, proporcionando armas y excusas y razones a un bando que prefiere creer en ellos antes que en lo que les dicen algunos de sus compañeros de camada.”



…..



“Según se comenzaba a rumorear, todos los diputados del Parlament todavía presos -salvo uno, a quien nadie se atrevía a ponerle nombre- iban a ser liberados de un momento a otro aunque las buenas noticias se quedaban ahí y no se extendían al ejecutivo: Companys y sus consellers seguían presos en los vapores del puerto y ni siquiera ese rumor que volvía a situar al amigo Portela Valladares como gobernador civil en cuanto se firmase el decreto de disolución definitiva de la Generalitat suponía, lamentablemente, esperanza alguna de solución para sus causas. No obstante, algo dentro de mí me decía que más tarde o más temprano, y como tantas otras veces, la tortilla podía…

Me apresuré a ponerle un telegrama al Notario avisándolo de que en un par de días estaba en casa, que procurase que todo estuviese en su sitio y que hubiese suficiente leña para la estufa.”



(Xabier López López, Olympia ring, 1934, paginas 69, 170, 211-212, 246)