jueves, 14 de febrero de 2013

"TUYA", CUANDO EL SEXO SE CONVIERTE EN DROGA


Tuya
Cecilia Guiter
Ediciones Temas de Hoy,  Madrid, 2013, 319 páginas.


   No cabe duda de que la trilogía de E. L. James, Cincuenta sombras de Grey, ha marcado un antes y un después en el ámbito de la literatura erótica, al menos en cuanto a ventas se refiere. Desarrollada a partir de la “fanfiction”, el 1 de agosto del pasado año Amazon anunciaba que había vendido más copias que de  la serie completa de Harry Poter. Es que la descripción revalorizada de los placeres carnales que vuelve a la carne deseable, como un juego placentero, ha estado asociada a la cultura y a la sociedad, y en definitiva a los seres humanos, desde siempre y a pesar de las censuras. Lo sigue y lo seguirá estando. Con la llegada de Internet se han facilitado las cosas y la literatura erótica, aunque de forma transversal, ha alcanzado un gran incremento. El anonimato y la facilidad para crear sitios web están facilitando su difusión.
   Cecilia Guiter, otro fruto del taller literario de Clara Obligado, debuta en la narrativa de formato largo con esta novela, Tuya, un texto con una profunda carga erótica, pero no solo eso, editada en Temas de Hoy.
   La autora en efecto enhebra una novela de alta pulsión erótica, pero no exenta de trama argumental, con un buen desarrollo narrativo, fácil de leer, y sobre todo siendo su texto un fiel reflejo de los hábitos de nuestros días en materia sexual y un testimonio de hasta qué  punto puede llegar la sumisión. Novela de sexo explícito, con múltiples escenas de alto contenido erótico. Pero quizás el componente sexual es lo menos importante en este debut narrativo de Cecilia Guiter.
   La novela nos traslada la historia de Dakota Udaz, una mujer divorciada que a sus treinta y siete años ha desarrollado en plenitud su faceta profesional, ha adquirida un gran status  en la empresa en la que trabaja, cuenta con buenas amigas, pero su trabajo empieza a absorberla tan sutilmente que, sin siquiera percatarse, comienza a tener sueños húmedos. Buena estudiante, exitosa, todavía es joven, se siente una persona completa, libre y feliz, aunque no tiene vida sexual. Pero de pronto toma una decisión: buscarse un amante. Sus amigas la aconsejan ir directamente a un portal de ligues por Internet. Lo que busca es acostarse con un hombre sin implicarse emocionalmente. Lo halla en el primer intento y aquí comienza una impensable historia de sumisión, que convierte en un título muy apropiado  el que la autora ha elegido para rotular su novela. La protagonista se verá sometida a experiencias sexuales extremas, a emociones nuevas en una mezcla ambivalente de sentimiento y deseo.
   Todo ello hace que surja espontánea la reflexión y la pregunta que inquietará sin duda al lector: ¿hasta dónde llega el poder del deseo? Ese deseo sexual convertido en  absoluto acatamiento, que es capaz de arrastrar a una mujer madura, culta, educada “maternalmente de Corte Clásico”,  a soportar situaciones límites como que terceros la hagan suya, atada, exhibida, prostituida simplemente porque  todo eso pone cachondo al “maravilloso” hombre que encontró en Internet, un adicto que ha convertido el sexo en el epicentro de su vida. La relación tóxica y obsesiva termina como tenía que acabar: en la incertidumbre y en las puertas de la tragedia.
   Novela de protagonismo femenino. Son mujeres las que con éxito manejan una empresa, las que toman iniciativas, las dueñas de sus cuerpos y de sus deseos, las que, a conciencia, se convierten en Gatas Salvajes, las que rompen con los tabúes sexuales y afrontan sus consecuencias. Si hay un apelativo que en justicia les corresponda a los varones de esta novela, éste, con la excepción del amigo Nick, es el de “escapismo”.
   Una vez más con el digno debut en la narrativa de formato largo de Cecilia Guiter, la literatura recrea con su juego interminable y  a veces insensato de palabras, una historia erótica, con el acicate  de intrigantes preguntas que sin duda desasosegarán al lector mucho más que los escenarios sexuales y el sexo explícito del que está repleto esta novela.

Francisco Martínez Bouzas



Cecilia Guiter

Fragmentos

“Esta noche, Dakota ha tenido otro sueño húmedo. Medio dormida, sin abrir los ojos aún, trata de capturar las imágenes evanescentes. Entonces lo evoca: un hombre entra en su cuarto y avanza hacia ella. Está desnudo de cintura para arriba y muestra un torso grande, con bastante vello, brazos musculosos y un tatuaje tribal en el izquierdo. Su cara tiene los rasgos difuminados. Se desprende de los pantalones. De pronto está junto a su lecho La ley de la gravedad y el tiempo son diferentes, con una cualidad sensual. La mira. Ve la huella de su cuerpo bajo la sábana de un blanco nacarado. Alza la mano y retira la sábana despacio, haciéndole notar la tela por su piel. Se sube encima de ella a horcajadas. Ambos están desnudos y ella desea recibirlo. Sujetándola por las muñecas, la penetra con una mirada neutra. Dakota ve una fisonomía sin rasgos y aún así se estremece.”

…..

“Sueña  que Eliseo aparece en su cuarto. Trae unas cuerdas. Con lentitud, ata un extremo a su muñeca y el otro al dosel de la cama. De repente ella está atada de pies y manos. Desliza su lengua por un pie, tomándose su tiempo, subiendo por la rodilla. Se detiene. Sube por el muslo, rozando una zona peligrosa, esquivándola, alcanza el ombligo y termina besándole un pecho, el otro. Ella, impotente, liberando un placer puro, espera retorcida de deseo. Él la besa con los labios y vuelve a bajar. Se centra en la piel de la ingle y no llega nunca…, hasta que por fin alcanza el sitio que busca, y cuando bebe de ella estalla su orgasmo. Se despierta luchando por respirar, con la sábana mojada, pegada a su contorno, completamente trastornada”

(Cecilia Guiter, Tuya, páginas 9, 138)

domingo, 10 de febrero de 2013

"LA CONJURA DE LOS NECIOS", LA FARSA ESTRUENDOSA DE IGNATIUS REILLY


La conjura de los necios
John Kennedy Toole
Traducción de J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez
Editorial Anagrama, Colección “Otra vuelta de tuerca, 2013, 389 páginas.


   En este libro, se nos dice en la presentación editorial, todo es extraordinario, empezando por su historia. Es, sin duda una de las obras maestras de la literatura norteamericana, de la segunda mitad del siglo XX. Pero el rechazo de las editoriales a publicarla, hizo que su autor John Kennedy Toole (1937-1969) se suicidase e los treinta y dos años. Sin embargo, su madre que creía ciegamente en el valor literario de la novela, lo siguió intentando infatigablemente. No lo consiguió hasta 1980 en una pequeña editorial universitaria de Louisiana, lo que no prometía gran cosa de cara a una consagración literaria. Sin embargo, A Confederacy of Dunces fue considerada en pocos meses una divertida tragicomedia épica, alcanzó un gran éxito de ventas y, al año siguiente, se alzó con el Premio Pulitzer y con el entusiasta fervor de la crítica. En España el libro ha corrido una suerte similar: editado por primera vez por Anagrama en “Panorama de narrativas” (1982); editado de nuevo diez años más tarde por el mismo sello editorial en “Compactos”. En febrero de este año aparece la primera edición en la colección “Otra vuelta de tuerca”.
   El primer lector de la novela de Kennedy Toole fue Walker Percy que por compromiso hacia la madre del autor se vio obligado a examinar el manuscrito en papel carbón, apenas legible. Y lo leyó con la incredulidad de haber hallado un buenísimo producto literario. Pero la tragedia que encierra este libro (el suicidio de J. K. Toole a los treinta y dos años) contrasta frontalmente con la farsa grotesca, estruendosa, moldeada sobre un fondo trágico, que encierra la trama picaresca de este libro y, sobre todo, con la figura de su personaje central, Ignatius Reilly, uno de los grandes antihéroes  de la narrativa de todos los tiempos, comparable a un “Don Quijote adiposo y a Tomás de Aquino perverso”, como escribe el prologuista, W. Percy. Por eso mismo, este tipo raro que se consideraba a si mismo como Boecio, pero es en realidad un ser excéntrico, extemporáneo e inadaptado, convierte sus peripecias en el punto de mira de John Kennedy. Toole, quizá la caricatura o espejo interior de su propio yo.
   Con todo, no resulta fácil describir en pocas palabras la trama de La conjura de los necios, sin spoilerizar el argumento,  porque el libro es a la vez comedia, tragedia, ensayo y un verdadero drama. El hilo argumental se sustenta, como he dicho en la figura de Ignatius J. Reilly que, en la Nueva Orleans de los años 60, vive situaciones cotidianas disparatadas. Él mismo cae mal desde la primera página, de lo que es consciente echándole la culpa a la forma descuidada en que probablemente eyaculó su padre. Vive a costa de su madre y se imagina que está luchando por un mundo mejor. Con tal fin escribe cuaderno tras cuaderno garabateados desde la cama, en los que transcribe su rara y vetusta visión del mundo. Un accidente automovilístico  le obligará  a deambular por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo y de este modo comienza a transformarse en el caleidoscopio  que refleja una sociedad plagada de personajes esperpénticos  que con la misma fuerza provocan  tanto la hilaridad como la impotencia. Incluso con su novia Myrna, una revolucionaria universitaria que cree que lo que Ignatius necesita es sexo, mantiene una relación anti-convencional, rayana al surrealismo.
   La conjura de los necios es una acidísima, mordaz y grotesca crítica de la sociedad desde la mente de un inadaptado que cree hallar en la Edad Media el paradigma de la perfección moral y en Batman la transcendencia de la sociedad abismal. Desfile de personajes secundarios, verdaderos frikis, en el lenguaje de hoy. Caricatura grotesca y satírica de todo quisque (“Esta  ciudad es famosa por sus jugadores, prostitutas, exhibicionistas, anticristos, alcohólicos, sodomitas, drogadictos, fetichistas, onanistas, pornógrafos, estafadores, mujerzuelas…gente que tira la basura a la calle, por sus lesbianas…, gentes todas que viven en la impunidad mediante sobornos” ( página 17). Agrio retrato así mismo de los jefes corruptos, por lo que la lectura de esta obra maestra, “que no trata realmente de nada y  a la vez trata de todo”, nunca dejará de ser actual. Muy recomendable pues para ser leída no solo en el Barrio Francés de Nueva Orleans, sino también en un país como el nuestro y en un tiempo como el de nuestros días, poco propicio para leer De Consolatione Philosophiae de Boecio, cuya  estructura reproduce John Kennedy Toole, pero asombrosamente resignado con la corrupción que también se refleja en el libro. O eso parece.

Francisco Martínez Bouzas




Johon Kennedy Toole

Fragmentos

Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en los plieguecitos llenos de reproche y de restos de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H .Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir.”

…..

“Descubro, estimado lector, que he ido habituándome al agitado ritmo de la vida oficinesca, adaptación de la que no me creía capaz. No hay duda, desde luego, de que en mi breve carrera en Levy Pants Sociedad Limitada, he logrado introducir varias innovaciones prácticas y eficientes. Los lectores que sean también trabajadores administrativos y estén leyendo este penetrante diario en el descanso del café, o en otra circunstancia similar, deberían tomar buena nota de una o de dos de mis innovaciones. Dirijo también estos comentarios a los funcionarios y a los ricachos en general.
He dado en llegar a la oficina una hora más tarde de lo que allí se me espera. En consecuencia, me encuentro muchísimo más reposado y fresco cuando llego, y evito esa primera hora lúgubre de la jornada laboral en la que los sentidos y el cuerpo entorpecidos aún por el sueño convierten cualquier tarea en una penitencia. Considero que, al llegar más tarde, mejora notablemente la calidad del trabajo que realizo.”

…..

“-Mi personalidad tiene muchas facetas.
-Me asombras. -El joven miró detenidamente el atuendo de Ignatius-. Pensar que te dejan andar suelto por ahí. En cierto modo, te respeto.
-Muchísimas gracias. -El tono de Ignatius era suave, complacido-. La mayoría de los necios no entienden mi visión del mundo en absoluto.
-Me lo imagino, me lo imagino.
-Sospecho que bajo tu fachadas ofensiva y vulgarmente afeminada puede haber una especie de alma. ¿Has leído suficientemente a Boecio?
-¿A quién? Oh, Dios mío, no. Yo no leo siquiera los periódicos.
-Entonces debes iniciar inmediatamente un programa relecturas, para que puedas llegar a comprender la crisis de nuestra época –dijo solemnemente Ignatius-. Empezaremos con los últimos romanos, incluido Boecio, claro. Luego profundizaremos extensamente en la Alta Edad Media. Podrás dejar a un lado el Renacimiento y la Ilustración. Todo eso es más que nada propaganda peligrosa. Ahora que lo pienso, será mejor que saltes también a los románticos y a los victorianos. En cuanto al período contemporáneo, deberías estudiar algunos cómics seleccionados.
-Eres fantástico.
-Te recomiendo especialmente Batman, porque tiende a trascender la sociedad abismal en que se encuentra.  Su moral es bastante rigurosa, además. Le respeto muchísimo.”

(John Kennedy Toole, La conjura de los necios, páginas 15, 107-108, 258-259)


miércoles, 6 de febrero de 2013

"SISTER CARRIE", LA GRAN NOVELA DEL NATURALISMO NORTEAMERICANO


Nuestra Carrie
Theodore Dreiser
Tradución de Celia Montolío
Alba Editorial, Barcelona, 581 páginas
(LIBROS DE FONDO)


   Theodore Dreiser (1871-1945) es el gran representante del naturalismo en la literatura norteamericana. Sister Carrie supuso su inicio en la literatura (año 1900), aunque no fue editada de forma plenamente original hasta 1981. Ninguna de las lenguas peninsulares tradujo esta formidable novela hasta 2002. En efecto con casi un siglo de retraso la traducción de Alba Editorial nos permite leer en español este clásico del naturalismo. Prácticamente ausente de los manuales literarios de nuestro país, Theodore Dreiser está, sin embargo, considerado como una de las grandes figuras de la así llamada escuela naturalista.
   Periodista y crítico musical, su carrera se inició como ya señalé en 1900 con Sister Carrie. Publicada de muy mal grado por su editor (Hermanos Harper) que la consideraba inmoral, Sister Carrie fue retirada de las librerías debido  a las virulentas protestas del público que veía en la novela obscenidades debido al tratamiento realista de los temas sexuales. Al publicar su segunda novela, Jenny Gerhardt en 1911, su obra obtuvo  apoyos  influyentes, entre ellos los de los escritores británicos, H. G. Well  y Hugh Seymour y desde entonces Dreiser pudo dedicarse por entero a la literatura. Pero sus obras siguieron provocando encendidas controversias, lo mismo que su persona, ya que se hizo miembro del Partido Comunista  de Estados Unidos, visitó la unión Soviética y en el libro Una mirada de Dreiser a Rusia (1928), ofrece una visión muy favorable de este país.
   Nuestra Carrie -así es el título con el que aparece en la traducción española- está basada en la vida de la propia hermana de Dreiser, Emma, asidua practicante par aquel tiempo de transgresiones morales. En su propia vida y en sus escritos, Theodore Dreiser se guió siempre por el principio de que el primordial apetito del ser humano es la sexualidad, capaz muchas veces de mover montañas. Nuestra Carrie fue rechazada, como he dicho hace más de un siglo. Sin embargo los elogios  de Sinclair Lewis (“Sister Carrie es la primera novela libre de la influencia literaria inglesa”) y el paso de los años hicieron que fuese valorada como la gran novela naturalista norteamericana.
   Con un estilo de cadencia lenta y demorada y prestando gran atención a los minúsculos detalles, pero con gran rigor constructivo, Theodore Dreiser describe la completa carrera de su heroína que, bajo el nombre de Caroline Meeber, abandona su aldea natal y llegará a asombrar con el nuevo de Carrie Madenda a los espectadores de los teatros de Brodway. Dos ciudades soñadas, Chicago y Nueva York, que habían conocido miserias y fastuosidades, se acabarán rindiendo ante Carrie. E igualmente dos hombres se convertirán en marionetas de los deseos de Carrie Madenda. Porque en esta primera obra, libre del influjo literario inglés y sobre todo de la moral victoriana, se defiende que el ser humano, demasiado familiarizado con el lastre de fuerzas invisibles e inexplicables, no puede seguir dudando de que su mente se encuentra movida y empujada por cosas que ni piensan ni hablan. “No solamente en las aguas del mar influye la luna”, escribe el autor de esta magnífica pieza literaria que, a pesar del paso del tiempo, no envejece.

Francisco Martínez Bouzas


Theodore Dreiser


Fragmentos

“Cuando Caroline Meeber subió al tren de la tarde con rumbo a Chicago, sus avíos al completo consistían en un pequeño baúl, facturado en el vagón de equipajes; un barato maletín imitación piel de caimán con minucias varias para el aseo; un frugal almuerzo metido en una caja de cartón y un monedero de cuero amarillo que contenía su billete, un trozo de  papel con la dirección de su hermana en la calle Van Buren y un capital de cuatro dólares. Era agosto de 1889. Tenía dieciocho años y era una muchacha despierta y tímida, con todas las ilusiones de la ignorancia y de la juventud”

…..

Carrie nunca había albergado sentimientos hostiles a Hurstwood. Tan sólo un momento antes le había escuchado con cierta complacencia, recordando lo encariñada que había estado. Era tan apuesto, tan audaz…
Pero ahora había empezado a sentir rechazo, un rechazo que en vano iba aumentando y por un instante la dominó; poco después, mientras Hurstwood la estrechaba entre sus brazos, empezó a disminuir y fue otra parte de sí misma la que tomó la palabra. El hombre que la estaba estrechando contra su pecho era fuerte y apasionado, la amaba…y ella estaba sola. Si no acudía a él, si no aceptaba su amor, ¿adónde iba  air? Además, lo físico también tiene sus exigencias. Su resistencia empezaba a disolverse en el torrente de pasión de Hurstwood”

(Theodore Dreiser, Nuestra Carrie, páginas 11, 344)

lunes, 4 de febrero de 2013

"EL GUARDIÁN INVISIBLE", UN BEST SELLER CON CALIDAD LITERARIA


El guardían invisible
Dolores Redondo
Ediciones Destino, Colección Áncora y Delfín, Barcelona, 2013, 435 páginas.


    Hay  libros que nacen estrellados y otros siguiendo de sopetón  el rastro de la estrella del éxito. Así ocurre con este fenómeno editorial, El guardián invisible de Dolores Redondo que, en menos de dos semanas, ha alcanzado la categoría de super-ventas. En efecto, el primer volumen de la Trilogia del Baztán fue publicado simultáneamente a mediados de enero del presente año en todas las lenguas peninsulares y la programación de su traducción y edición  en otros idiomas es imparable: al italiano en febrero, en marzo al francés y al holandés, en junio al alemán y portugués de Brasil. Al checo y al inglés a lo largo de 2013. Y la previsión para 2014: al turco, noruego…No cabe duda de que estamos ante la “fabricación” de un best seller, solo comparable en España con La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, El tiempo entre costuras de María Dueñas o alguna de las novelas de Arturo Pérez Reverte. Un best seller no originado directamente por el boca a boca, sino a través de una operación de marketing perfectamente programada que elige dos subgéneros específicos muy atractivos para el público lector: el detectivesco con fuertes dosis de mitología y supersticiones.
   En ciertos ámbitos de la crítica se suele cuestionar la calidad de este tipo de obras de consumo masivo, considerándolas literatura marginal, ese subcampos literario de la gran producción que diría Pierre Bourdieu, que goza de escasa autonomía, se guía por el beneficio económico y posee exiguo valor simbólico. Pero como en literatura no existe ningún tipo de determinismo, cabe preguntarse si esta segunda novela de la autora vasca, de ascendencia gallega, pertenece al subcampos de la gran producción o al de la producción restringida. O dicho con palabras llanas: si es una obra de posible consumo masivo que “deja sin aliento a quien la lee” como afirma la presentación de la edición gallega, precisamente por su calidad literaria, o es en cambio literatura marginal de fácil y gratificante lectura pero nada más.
   La novela de Dolores Redondo reúne todas las fórmulas e ingredientes para impactar al lector: una historia de crímenes ubicada en un escenario  excepcional: el corazón del País Vasco, en los márgenes del río Baztán, un valle navarro asido por leyendas y antiguos mitos que desempeñan un importante papel en la trama novelesca. Un espacio mítico, en efecto, porque el valle del Baztán es un lugar repleto de bosques impenetrables con dólmenes salpicando el paisaje, cuevas habitadas desde hace miles de años que remiten sin duda a una cultura druida, como sugiere la misma narradora o a leyendas de criaturas mágicas. Un escenario muy propicio para hacer surgir entre sus pobladores miedos ancestrales, incertidumbres acrecentadas por no pocos desastres que han castigado a sus habitantes a lo largo de los tiempos.
   Por eso mismo, como dice un personaje de la novela: “Hace cien años, ciento cincuenta a lo sumo, era raro encontrar a alguien que declarase no creer en las brujas, sorgiñas, belagiles, basajaun, tartalo  y, sobre todo, en Mari,  la diosa, genio, madre, la protectora de las cosechas y los ganados que a capricho hacía tronar el cielo y caer granizos que sumían al pueblo en la más terrible de las hambrunas” (página 108).
   En este espacio de mitos y leyendas aparecen los cadáveres de dos adolescentes en una macabra puesta en escena, con mutilaciones sexuales incluidas y con la impresión de la mitología del valle de Baztán. Todo hace sospechar en un asesino en serie. Se hace cargo de la investigación Amaia Salazar, inspectora de la Policía Foral de Navarra que vive angustiada por una maternidad que le dolía porque no acababa de llegar. Regresará así, para investigar los crímenes, a Elizondo, la capital del valle donde un terrible suceso, ocurrido en su niñez, la dejó traumatizada para siempre.
   La intriga que avanza al mismo ritmo con el que corren las páginas, hará que el lector sospeche que el autor del crimen es un basajaun, un ser mitológico, ese guardián invisible que habita en los bosques en los que actúa como entidad protectora. Pero la investigación se va complicando, quedando envuelta en la nebulosa familiar de la propia inspectora, dando lugar a un formidable e inesperado complot.
   Así pues, un thriller que amalgama hábilmente el suspense de una investigación policial con la magia de los mitos vasco-navarros, las ajustadas descripciones de las pruebas forenses y, sobre todo, una asfixiante atmósfera de leyendas suturada al pequeño universo de una naturaleza exuberante en el valle de Baztán.
Caserío del  valle del río Baztán
   Destaco en el haber de la novela, ante todo la intriga, perfectamente planteada y enriquecida por los constantes giros y las analepsis  que, insertadas en el relato primario, nos revelan el doliente pasado de la protagonista y sus personales fantasmas. La ambientación del suspense suturado a la mitología que lo hace original. La combinación de lo racional e irracional, de lo real y lo fantástico. Un ritmo narrativo vibrante, con aceleraciones y oportunos momentos de pausa. Un lenguaje rico y potente, sobre todo en las descripciones de la naturaleza que sin embargo no ahogan la trama. Una lengua muy actual y sin tapujos a la hora de hablarnos de las prácticas y hábitos de algunos jóvenes de hoy (sexo cañero, alcohol, drogas…). La exploración de la complejidad  de los vínculos familiares con su parte emocional que cobra en la novela tanta importancia como el mismo desenlace de la investigación policial. La fiel radiografía de la actual sociedad con los cambios sociales y éticos experimentados en los últimos tiempos, así como las lacras que siguen vivas o han renacido con fuerza (machismo, precariedad laboral…) hasta el punto de formar parte de nuestra cotidianeidad.
   Quizás lo menos logrado de la novela sea la construcción de personajes que no evolucionan demasiado a lo largo del relato, procedimiento frecuente en el género policíaco. La novela refleja correctamente el rol que ha adquirido  la mujer en la sociedad actual. Pero en los pensamientos de ese poderoso personaje femenino que asume el papel del héroe y es una mujer de nuestro tiempo, sobran ciertas reflexiones sobre la maternidad como la realización máxima de la mujer.
   Todo ello son alicientes suficientes para considerar esta primera novela de la Trilogía del Baztán, que parece ser que ya está medio escrita, como un best seller que puede ser inscrito en la buena literatura. La condición de best seller es una circunstancia paraliteraria que esperemos que no haga que Dolores Redondo se desborde como seguramente lo hace el río Baztán en estas fechas.

Francisco Martínez Bouzas




Dolores Redondo ante el río Baztán


Fragmentos

“El cementerio estaba repleto de vecinos que habían abandonado sus faenas y hasta cerrado su negocio para asistir al sepelio. El rumor de que podría no ser la primera chica que moría asesinada por el mismo criminal comenzaba a afianzarse entre la gente. Durante el funeral, que había tenido lugar apenas dos horas antes en la parroquia de Santiago, el sacerdote había insinuado en el sermón que el mal parecía estar acechando en el valle; y durante el responso, frente a la tumba abierta en el suelo, el clima era tenso y ominoso, como si sobre las cabezas de los presentes se cerniera una maldición de la que no podrían escapar.”

…..

“No era raro en medio de este bosque aceptar la existencia de las criaturas mágicas que conformaron el pasado de las gentes de aquella región. Todos los bosques son poderosos, algunos son temibles por profundos, por misteriosos, otros por oscuros y siniestros. El bosque de Baztán es hechizante, con una belleza serena y ancestral que evoca sin buscarlo su parte más humana, la parte más etérea e infantil, esa que cree en las maravillosas hadas con pies de pato que vivían en el bosque (…)
Amaia sentía en aquel bosque presencias tan palpables que resultaba fácil aceptar una cultura druida, un poder del árbol por encima del hombre, y evocar el tiempo en que en aquellos lugares y en todo el valle la comunión entre seres mágicos y humanos fue religión.”

…..

“El perfil criminológico del basajaun resultaba sobrecogedor por la evidencia de su comportamiento casi de manual. Amaia recordaba su estancia en el curso sobre perfiles criminales con el FBI y que allí aprendió, entre otras cosas que la parafernalia psicosexual que muchos asesinos en serie montaban en torno al cadáver indicaba su deseo de personalizarlos para establecer un vínculo entre ellos y sus víctimas que de otro modo no existiría, Había lógica en sus actos, no se evidenciaba trastorno mental alguno. Los crímenes estaban perfectamente planificados y premeditados, hasta tal punto de que el asesino era capaz de reproducir una y otra vez el mismo crimen en diferentes víctimas.”

(Dolores Redondo, El guardián invisible, páginas 45, 91-92, 211-212)

sábado, 2 de febrero de 2013

"EL GATO", LA SÓRDIDA COTIDIANEIDAD DE UNA PAREJA


El gato
Georges Simenon
Traducción de José Ramón Monreal
Acantilado, Barcelona 2012, 174 páginas.

   

   La obra de Georges Simenon (Lieja 1903-Lausana 1989) ha sido hasta el momento la gran aportación de Bélgica a las letras francesas. Georges Simenon, un creador incansable bajo múltiples sinónimos de novelas de consumo rápido protagonizadas por el somisario Maigret, que incluso llegaron a despertar la admiración de André Gide, Walter Benjamin, Faulkner o García Márquez. En 1972 Maigret y el señor Charles clausuraría la serie del comisario Maigret que en unos cuarenta años había protagonizado más de cien aventuras. Pero las grandes dotes de observador de Simenon, su sensibilidad dolorida, a flor de piel, sus tonos frecuentemente fatalistas y su prosa altamente eficaz se proyectaron en libros de memorias y textos de distinta naturaleza que lo elevarían a la categoría de “pequeño Balzac de consumo masivo”.
   Uno de esos relatos, ajenos a ese tipo gris que es el comisario Maigret, mas no a la gente corrientes que encarna todas las debilidades humanas y “lucha por sobrevivir en territorio hostil” (Héctor J. Porto), es esta historia publicada por Simenon en 1966, con el rótulo de Le chat y que ahora traduce para Acantilado José Ramón Monreal. El gato es una de esas novelas que Simenon definía como “romans durs”, novelas duras, desabridas, pesimistas, pero que según muchos críticos son las mejores del escritor belga, porque en ellas sus protagonistas son capaces de evadirse de ese investigador gris, nacido y educado en provincias, que sueña con ser “reparador de destinos”. Son novelas de gente corriente en las que el crimen puede hacer acto de presencia o estar ausente, como ocurre en El gato, pero no el odio, alimentado sin ningún tipo de máscaras por sus protagonistas.
   Esta es una breve sinopsis de esta novela de desamor que intentaré presentar sin “spoilerizar” su contenido. El gato es una novela sobre el limbo (parece que ya no lo hay), el purgatorio y el infierno de una pareja de ancianos que envejecen, arropados no por la ternura del uno hacia el otro, sino empapados de odio y sin cesar de hacerse mutuamente maldades. Son Émile y Marguerite, ambos viudos, de desigual nivel social, cultural y económico, que contraen matrimonio sin saber lo que es el amor, sino como garantía de una vejez en compañía y de un servicio de reparaciones domésticas gratuito en los pensamientos de ella. Ambos aportan al matrimonio una mascota: Émile, su gato, Marguerite, su loro. Tales mascotas son convertidas por Simenon en los destinatarios de los odios, maldades, burlas sutiles y diabólicas con las que cada miembro de la pareja quiere herir al otro.
   Simenon inicia  la historia cuando Émile y Marguerite ya llevan ocho años casados. Si en el inicio de su convivencia no se tuteaban, ahora ya llevan una eternidad sin dirigirse la palabra, comunicándose por medio de notas escritas en un papel. La avaricia, frialdad y puritanismo de ella provocará que él busque consuelo en los escarceos eróticos con la tabernera Nelly y en las añoranzas de su primera mujer. Pero ese odio que a la vez les ahoga y los une, terminará por destruirlos.
  Novela sobre la mezquindad que en la pluma de Simenon parece formar parte del ser humano. Y como en las novelas en las que no interviene el comisario Maigret, la pluma de Simenon extrae de sus manantiales una fabulación de sombríos personajes, respetables aparentemente, envueltos por atmósferas con una alta densidad de agobio y de hipocresía.
   Con estilo seco y conciso, Simenon construye una estructura novelesca original en la que las analepsis y prolepsis  no retardan la acción, sino que sirven para permitirnos conocer los antecedentes de estos dos seres humanos, víctimas del desamor y crear así mismo un clima de tensión y suspense, basado en los deseos más perversos que el lector descubre ya en el primer capítulo.

Francisco Martínez Bouzas





Georges Simenon

Fragmentos

“A Marguerite y a él les había costado lo suyo llegar a tutearse. Él tenía sesenta y cinco años cuando se había casado en segundas nupcias, ella sesenta y tres. Se mostraban torpes el uno frente al otro, más intimidados que unos jóvenes enamorados.
Pero ¿estaban enamorados de verdad.”

…..

“Cuando iban al cine, cada uno se pagaba su entrada.
-Es más justo…
Cuando comía lo espiaba, adoptando una expresión de asco cada vez que él, por ejemplo, usaba una cerilla como mondadientes. Con frases en apariencia banales, con miradas insistentes, no perdía ocasión de subrayar sus modales vulgares.
Todo en él la hería. No sólo el gato que cada noche dormía contra sus piernas.
-Mi primer marido tenía la piel del cuerpo lisa como la de una mujer…-había dicho un día que él daba vueltas por la habitación con el torso desnudo.
Ello equivalía a decir que los pelos negros e hirsutos de que él estaba cubierto le repugnaban.”

…..

“Varias veces, en aquel período, él estuvo a punto de hablarle, de decirle cualquier cosa, palabras de consuelo. Sabía que era tarde, que no podían volver atrás.
Algunas mañanas, después de una noche en blanco, volvía a mostrarse agresiva. Un día, ansioso por asistir al avance de las obras de enfrente, que ahora seguía ya con interés, no se había duchado. Y más tarde, encontró un mensaje encima del piano:
HARÍAS BIEN EN LAVARTE.
HUELES MAL
Ninguno de los dos era capaz de deponer las armas. Aquello se había convertido en su vida. Mandarse notitas envenenadas era para ellos natural y necesario como para otros intercambiarse besos y gentilezas”

(Georges Simenon, El gato, páginas 30, 70-71, 164-165)

domingo, 27 de enero de 2013

"GRITOS ANTES DE MORIR", LA NARRATIVA SINIESTRA DE LAURA FALCÓ


Gritos antes de morir
Laura Falcó Lara
Libros del Silencio, Barcelona, 2012, 236 páginas


   Pocas semanas antes de su fallecimiento, Gonzalo Canedo, fundador y director de Libros del Silencio, tuvo la oportunidad de editar, en una colección singular de su sello editorial, el debut literario de otra editora, Laura Falcó Lara (Barcelona, 1969), directora en su día del departamento de marketing de Planeta y, en la actualidad, al frente de cinco de sus sellos editoriales. Colaboradora además en temas de libros en varios medios de radio y televisión. Fue el primer libro de terror publicado por Gonzalo Canedo, el editor gallego afincado en Barcelona.
   En efecto, Gritos antes de morir es un verdadero friso de los temas de terror, ofrecido al lector a través de veintisiete relatos de mediana extensión. Narrativa siniestra  escrita por una debutante que, no obstante, domina los registros del género y sigue las pautas canónicas no solo de su referente inmediato Stephen King, sino también  el ejemplo y los dictados de los grandes especialistas, Todorov, Lovecraft e incluso el mismo Freud en su estudio sobre lo siniestro. Se amoldan así mismo los relatos de Laura Falcó a algunos de los grandes marcos de la ficción de terror. Es decir, adopta para transmitir sus historias el formato del relato, pues como decía Alan Poe, son idóneas para la narrativa de terror  aquellas composiciones que, debido a su brevedad, permiten ser leídas en una sola sesión de lectura, ya que la interrupción altera la creación “in crescendo” del clímax. Además en el cuento el lenguaje adopta un uso más implícito y simbólico y, por consiguiente, es más transgresor.
   Si a todo esto se suma que en la misma estructura del cuento existe una voluntad lúdica, fruto en buena medida de la composición y de la ocultación, podemos decir que la autora ha acertado plenamente al ofrecernos sus historias de terror, en las que se produce una vulneración del determinismo de las leyes naturales, a través de un género tan eficaz como el relato.
   El terror, según confiesa la propia autora, forma parte del imaginario de Laura Falcó desde la infancia. El terror vinculado a la muerte de forma fatal. No debe extrañarnos, por consiguiente, que el nexo de sutura de estos veintisiete relatos de su debut literario sea el terror. Cumplen además los relatos de Gritos antes de morir con uno de los preceptos fundamentales de la literatura de miedo: mostrar el sentido de lo morbosamente antinatural  que diría Lovecraft. Por ello, la mayoría de estos relatos se pueden adscribir al llamado terror preternatural, que evoca la oposición cosmogónica  entre el bien y el mal, con profusión de circunstancias, fuerzas y seres  maléficos (fantasmas, criaturas asesinas, edificios encantados, vampiros, videntes, reencarnaciones, premoniciones, augurios siniestros, espectros sin nombre, seres del submundo…). Una amplia panoplia presidida por la muerte y cuya finalidad no es otra que la de provocar el miedo pánico, mas por medio de cauces narrativos que nada tienen que ver con ese subproducto, el gore, desde mi punto de vista una degradación de la tradicional literatura de miedo preternatural. Quizás haya que señalar que en este sentido la portada del libro no le hace justicia a la narrativa de estos relatos y sí al gore.
   La autora aplica hábilmente algunas de las estrategias compositivas o recursos técnicos recomendados por los maestros del género: introducción de elementos distorsionantes, dislocación de las categorías de tiempo y espacio, situación de las historias en un marco próximo a la actualidad, abundancia de imágenes que el discurso narrativo va superponiendo y que preparan el campo para la aparición de lo extraño y la explosión del clímax. Así mismo, correcto uso de los espacios de silencio, más sugerente a veces que la misma narración. Juego pues de ocultaciones.
   Con todo ello y el empleo de un lenguaje natural y directo -el vocabulario demasiado técnico o rebosante de exquisiteces literarias es un factor de distanciamiento- la autora consigue atrapar al lector. Su ejercicio de prestidigitación o mixtificación logra el efecto deseado: mientras va mostrando lo accesorio, el sentido de la realidad prepara el desenlace. Finalmente, un buen uso del tiempo del relato le permite mantener la tensión en un amplio abanico temático, repleto de sorpresas, intrigas y con lo siniestro aguardando en cada página.

Francisco Martínez Bouzas




Laura Falcó Lara


Fragmento

“Si no estuvo allí, ¿dónde pudo estar? ¿Quién era aquel extraño hombre? Y, lo más importante, ¿Qué se suponía que era el diabólico libro? Angustiado y sin rumbo, Tom pasó toda la mañana dando vueltas por la ciudad procurando aclarar sus ideas. Primero intentó tirar el libro al río, luego trató de abandonarlo, pero a los pocos minutos el horrible tomo volvía a aparecer junto a él. Entonces, cuando ya estaba al borde de la desesperación, lo vio. Estaba allí, sentado en un banco del parque, fumando un cigarrillo y mirándole fijamente. Era él, el hombre canoso de aspecto siniestro que le había vendido aquel condenado libro. Sin pensarlo dos veces corrió hasta él y, empuñando el volumen como si de un cuchillo se tratase, lo arrojó sobre sus muslos.
-¿Por qué me dio esa monstruosidad? ¡No la quiero! ¿Me oye? ¡Ya se la puede quedar! –dijo, completamente fuera de si.
-Lo siento, pero se lo avisé: «Si empieza no podrá parar». ¿Recuerda? –dijo, mientras solevantaba dispuesto a irse.
-¡Me da igual que me lo dijera! ¡No quiero este libro Y además …¿quién es usted? Ronald dice que no le conoce.
Fue en ese momento cuando Tom vio en los ojos de aquel enigmático personaje algo que le aterrorizó. Al igual que el libro maldito, el ser que estaba frente a él no era de este mundo. Sus ojos eran el reflejo de la maldad, del pesar, de la agonía, del mismísimo infierno”

(Laura Falcó Lara, Gritos antes de morir, páginas 15-16)

jueves, 24 de enero de 2013

CRÓNICA DE UN HOMBRE CAJA, UN ANTICIPO DE LA POSMODERNIDAD


El hombre caja
Kobo Abe
Traducción de Ryukichi Terao
Ediciones Siruela, Madrid, 2012, 157 páginas


   Con las palabras con las que rotulo este comentario crítico, da comienzo prácticamente esta novela de Kobo Abe (Tokio 1924-1993), un escritor capaz de abarcar con su escritura un amplio registro, tanto en los terrenos líricos como en los novelísticos y en la dramaturgia. Su nombre, unido por ejemplo a  Kenzaburo Oe o a Kawabata, demuestra que la literatura nipona contemporánea no solo es Mishima o, en nuestros días Murakami. Kobo Abe es probablemente el escritor más homologable a la narrativa occidental, porque, tras un breve período como dramaturgo marxista, generó una escritura que se convirtió en su estilo característico. En efecto, instalado en una estética del absurdo muy kafkiana, Kobo Abe acostumbra  presentar y  formular en su novelística problemas y preguntas sobre la identidad individual, llegando incluso a transformar al protagonista o  a alguno de los actantes de sus novelas en objetos o animales. Su elenco de personajes suele estar copado por seres alienados transitando por situaciones estrambóticas con una profunda carga simbólica y toques surrealistas. Dentro de este extraño y a la vez sugestivo universo abeano, destacan La mujer de arena (1962), El mapa quemado (1967), Idéntico al ser humano (1967), y El hombre caja (1973).
   El paraíso que busca el ser humano en la narrativa de Kobo Abe, se encuentra  en la respuesta en el ya mencionado interrogante identitario: ¿Quién soy yo? ¿Quién es el otro? Preguntas que adquirirán una gran relevancia después de la derrota de la Segunda Guerra Mundial, que generó en Japón amplias transformaciones culturales, sociales y políticas, entre ellas la preocupación por la paz, el valor de la democracia, el deseo de progreso, con profundos contrapuntos: la vacuidad y el consumismo que tanto atormentaron a Mishima en la antesala de su suicidio.
   El hombre caja es una propuesta narrativa estrechamente relacionada con el universo de Kafka y de Samuel Beckett, y en la substancia más recóndita de la novela se esconde igualmente el tema de la alienación humana.
   Pero ¿quién es esa metamorfosis del hombre caja? Ese individuo que se pone una caja en la cabeza que le cubre medio cuerpo, no tiene porque ser el propio sujeto de forma exclusiva. Existen sin duda muchos hombres caja, pero su presencia no es llamativa. Suelen confundirse con basura, escondidos debajo de un puente peatonal (página 13). Mas que nadie confunda al hombre caja con un vagabundo. Ellos le rechazan y maltratan, en especial los “mendigos emblema”. Sin embargo el hombre caja ha perdido su identidad y despide un aliento letal. Pese a ello, cuando alguien se contagia de la presencia del hombre caja, incuba el deseo de convertirse él mismo en hombre caja.
   El hombre caja deambula por la ciudad observando la realidad: el mundo y la gente desde el periscopio de su caja de cartón. ¿Qué pretende Kobo Abe con todas estas referencias? A mi entender, hacernos ver que el hombre de hoy ha perdido su identidad y por eso se refugia en ese artefacto de la caja que oculta su propio yo. Y así avanzan las páginas de esta novela: imágenes deslumbrantes, múltiples referencias metanarrativas  que atrapan al lector en un extraño laberinto, en una alucinación fantasmagórica, “productos de la imaginación pero nada de mentira” (página 121), capaces de atrapar a un lector  que transcienda el exotismo de una buena parte de la literatura japonesa y apueste por los universos simbólicos de este Kafka nipón, por sus fantasías, sus secuencias aparentemente absurdas, pero cargadas de simbolismo. Por todo ello, esta obra, pese a estar escrita en la década de los setenta, es un verdadero anticipo de la posmodernidad. La degustarán con placer aquellos paladares dispuestos a sumergirse en lo simbólico y en el mar de fondo de las obsesiones del autor. Si lo hemos hecho con Kafka, ¿por qué no hacerlo con este su “pariente” oriental?

Francisco Martínez Bouzas



Fragmentos

“Mi caso

Ésta es la crónica de un hombre caja. Acabo de empezar a redactar esta crónica dentro de una caja de cartón que, puesta sobre la cabeza, me cubre medio cuerpo con holgura, justo hasta la cintura.
Es decir, el hombre caja, de momento, soy yo; acomodado dentro de la caja, el hombre caja redacta la crónica sobre el hombre caja.”

…..


“Aunque parezca redundante, reitero que ahora yo mismo soy un hombre caja. En lo sucesivo, me permitiré escribir un poco sobre mí mismo.
En este mismo instante, estoy redactando estos apuntes, resguardado de la lluvia, bajo el puente de la avenida estatal número 3, que atraviesa el canal…Bajo el peso de la lluvia que no ha cesado desde la mañana, el cielo nocturno, todo oscuro, arrastra faldones de nubes densas sobre la tierra. Sólo se distinguen las bodegas de la unión pesquera y depósitos de madera hasta donde alcanza la vista…La única luz de que dispongo es la linterna que cuelga del techo. La tinta supuestamente verde del bolígrafo ahora se ve negra.”

…..


“Ahora estás escribiendo tú.
Estarás quizás en un cuarto oscuro con todas las luces apagadas, menos la lámpara colocada sobre el escritorio. Acabas de respirar hondo, levantando la vista de la «Declaración», a medias todavía. Sin cambiar de postura, giras en diagonal la cabeza hacia la derecha y encuentras un tenue rayo que roza el extremo derecho del escritorio; es la luz del pasillo que se cuela por debajo de la puerta. Si pasa alguien, su sombra se proyecta automáticamente al atravesar la luz. Esperas siete, ocho segundos…No hay nadie.”

(Kobo Abe, El hombre caja, páginas 8, 20, 101)