domingo, 14 de julio de 2019

EL PEDÓFILO QUE TRABAJA EN EL CAMPO DEL MAL


Degenerado
Ariana Harwicz
Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 124 páginas.

    


   Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) es una buena escritora que posiblemente pase a la historia de la narrativa como narradora maldita. Sus tres novelas publicadas hasta ahora, calificadas como la “trilogía de la pasión”, en las que profundiza en la relación madre–hija/hijo, le confieren el privilegio de ser leída por sus seguidores como una narradora inquietante, transgresora en parámetros intensos, pero bien escritas. Por uno de sus libros, Mátate, amor, en su versión inglesa, fue nominada a diversos premio, entre ellos al Man Booker International el pasado año. Sus libros se hallan traducidos a numerosos idiomas y es este que ahora nos ocupa, finalista del Premio Herralde de Novela, será igualmente traducido, incluido el iraní.
   También en esta novela, Degenerado, la autora inquieta al lector porque se mete en la mente de un pedófilo acusado de abusar y matar a una niña. Y lo hace, en la mayor parte de la novela a través de un monólogo autónomo o interior desde el banquillo de los acusados.
   Ariana Harwicz tiene ciertos recelos de que su novela sea leída en clave realista, porque el personaje central justifica sus acciones depredadoras a través del deseo. Llega a decir que “la pederastia es otra versión del amor” ya las leyes no pueden legislar y menos reprimir los deseos. No obstante, la misma escritora reconoce que lo que se dice en la novela es una deformación, es ficción que procura la exageración. Pero no deja de admitir que la pederastia es un gran crimen.
   Es este el primer libro en el que la autora se vale de la voz de u hombre para desarrollar su ficción, y al que considera un chivo expiatorio, sin que por ello justifique sus acciones deleznables. Según la autora, en  Degenerado  hay una tesis central: la falsedad que se incrusta  en el corazón de cualquier tentativa de encontrarle a un hombre o a una mujer una identidad. Por eso mismo, el largo monólogo que el acusado realiza en su defensa en el juicio, en un tribunal francés, es en realidad una guerra contra la identidad que le pretenden atribuir. Es esa la razón por la que “escupe” todo lo que le asignan: jubilado, viejo, degenerado, alcohólico, perverso, presidiario… Nada va con él, con su identidad. Ni siquiera admite la identidad filial: “uno puede no ser hijo” le dice a su madre.
   En la novela, la autora escribe sobre cosas que incomodan, que nos llenan de zozobras e interrogantes. Escribe sobre el crimen sexual, sin duda el que peor consideración tiene en la ética y en la cultura occidental y en las de otros muchos países. Pero lo que Ariana Harwicz le interesa de que se hable es de la acusación: de la acusación a un viejo sí, pero el degenerado del pueblo, al que se le da voz. Mas él adopta la dialéctica del victimario y llega a decir que matar es como cambiar un neumático. Y que todo amor es un crimen, pero cómo podría vivir sin eso.
   En el inicio de la novela hablan en primer lugar los vecinos franceses que lo consideran un vecino sin historia, un hombre normal, aunque admiten que puede tener sus vicios que a ellos no les incumben. Y a continuación, es el abuelito de más de setenta años, el que cuenta su experiencia: le colgaron denudo junto a un árbol, le pillaron bicheando. Y va relatando, sin pudor, las crueldades que hace con los animales. Los vecinos le avisan de que a los pedófilos los castran, pero no con productos químicos, sino con una sierra. Días de aislamiento penitenciario e los que recuerda, por ejemplo al padre y a la familia en situaciones críticas, comprometidas, su infancia con el pantalón meado.
   Viola a la niña, mientras otros la golpean a palos. Reconoce innumerables lacras de la sociedad y entre los pedófilos; su fatalidad, que su amor es el más radical imaginable. Y si algo insiste el pedófilo es en intentar espolear lo más posible la moralidad y la misma legalidad: “el deseo es el deseo, cómo va a ser legislado”. En cierta medida, aunque consciente de su delito, pretende hacer el papel del abogado del diablo, y servirse  de su condición de vejez para cuestionar lo que es el deseo, qué le digan cómo se controla. Es el mal redentor en el que cree el pederasta. Al final, le acusa la jueza de no haber hecho nada para no ser un monstruo.
    
                                                
Adriana Harwicz
 
   En este sórdido monólogo, lo que posiblemente pretende la escritora es asumir el papel de la otra parte, del pederasta y hacernos ver cómo piensan ellos, los violadores, llevando su postura hasta lo irónico. La autora asume riesgos en esta novela radical y bizarra. Un pederasta ha violado a una pequeña, se victimiza pero también ataca con una historia familiar a sus espaldas que sin embargo no justifica lo que hace.
   Un estilo en el que no se deja sentir esa preocupación por la lengua que toma la autora, un “experiencia de lengua”, ya que vivió treinta años en Argentina y lleva cerca de doce afincada en Francia. Sin embargo en su forma de escribir está ausente lo híbrido y se le nota una cierta influencia poética. Si algo sobra son las excesivas matizaciones jurídicas.

Francisco Martínez Bouzas

jueves, 11 de julio de 2019

UN HAIKÚS DE MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ


Diecisiete alfiles
María Ángeles Pérez López
Abada Editores, Madrid, 2019, 84 páginas



 Al azar, abro el libro, Diecisiete alfiles, una selección de haikús que la poeta y profesora de la Universidad de Salamanca, María Ángeles Pérez López, acaba de publicar. Sin apenas tiempo para leer alguno que otro y admirar su hermosura y su desobediencia, porque la autora dialoga con la poesía oriental, con Bashô por ejemplo, desde otra lógica cultural e histórica como escribe la prologuista (Erika Martínez).

   Más de treinta haikús surgidos de la inspiración, el soplo, el instinto y el esfuerzo para atrapar de forma muy breve un momento intenso, “una fibra de la luz” -palabras de la escritora-. La autora con un corpus poético amplio y muy trabajado (seis libros y dos plauquettes) y una formación teórica que admite pocas comparaciones, nos deleita y nos seguirá seduciendo con su meditado decir poético en sus poemas largos y con estos fogonazos de luz que son sus haikús. No los haikus porque María Ángeles Pérez López hace personal una forma milenaria de la poesía japonesa pero que lleva cien o más años dando frutos en español. En los días venideros es mi intención valorar en su conjunto este despliegue de haikús.


Francisco Martínez Bouzas





María Ángeles Pérez López



HAIKÚS DE LA VIDA MUY URGENTE



                                                
Parto natural, escultura  de Paco Arasa


“Cateterismo.

Por las venas ascienden

conciencia y signo.



             ∞



Matriz abierta

que las palabras lamen

como lobeznas.



            ∞



Pubis caliente.

Pezón hasta la boca

Que se abre agreste.



              ∞



Ser verso suelto.

Lumbre que desordena

cada destello”



María Ángeles Pérez López, Diecisiete alfiles, pagina 25 (Abada Editores)

miércoles, 10 de julio de 2019

ERÓTICA EN LA PRIMERA NOVELA DE FRANCISCO UMBRAL


Balada de gamberros
Francisco Umbral
Menoscuarto (E. Cálamo), Palencia 2019, 113 páginas.

    
 

   “No es aconsejable la publicación de novelas de este tipo (refiriéndose a Balada de gamberros), en las que además predomina un lenguaje francamente soez”. Así concluía el censor que, durante la dictadura, hizo un informe sobre esta novela. Además coloca perlas en el cuerpo de este relato-novela que ya por si solas animan a abrir el libro: “narración desvergonzada, cínica, irreverente de las andanzas y fechorías de una banda de gamberros jóvenes y amorales: cometen robos, raptan a una chica, perturban la paz de las gentes, tienen tratos sexuales con mujeres de distinta condición, aluden a intimidades de sus propios padres con la mayor desvergüenza y falta de pudor…”.
   Una perfecta sinopsis hecha desde los criterios morales de la dictadura franquista del momento. A pesar de tal informe, Francisco Umbral (1932-2007) logró que su novela fuera publicada gracias a Camilo José Cela que la editó en Alfaguara.  Pasa por ser la primera novela del escritor, aunque del mismo año es igualmente Días sin escuela. Tras su primera edición fue profusamente publicada.
   Son los inicios de Francisco Umbral en la narrativa, para no pocos críticos y lectores, pura carnaza. Según Juan Ramón Jiménez, Balada de gamberros es un borrador silvestre de lo que habría de ser toda la literatura de Umbral de infancia y provincias. Escritura en definitiva del pasado remoto del autor vallisoletano, y quizás todavía de su presente en 1980 cuando compuso el prólogo de este libro que, según el mismo escritor, “nace del realismo corto -secamente poético- de Balada de gamberros. Entre sus muchas ediciones, destaca esta de Menoscuarto en la nueva colección “Entretanto”.
   Balada de gamberros es una mininovela, la transición del relato corto a la novela larga, un cuento estirado, hecho del que se acusa el mismo autor. Una obra menor, con muchos trazos de episódica, pero, a pesar de la bisoñez del autor, es una pequeña obra de buena literatura, sin pretensiones transcendentes, mas no carente de ritmo y de grata lectura, que ya como primer eslabón confirma la hechura literaria de la escritura del autor.
   Trama contemporánea con la fecha de su publicación, sobre un grupo de preadolescentes que ya han dejado la pubertad. Se mueven en las periferias de una ciudad de provincias, Valladolid posiblemente. Sin arraigo familiar, con los días libres para poder hacer girar sus acciones entre la travesura adolescente y la delincuencia. Juzgando algo de lo que hacen, hoy serían considerados otra Manada.
   Relatada en primera persona por alguien que semeja ser el alter ego del autor, se inicia con las peleas desde las orillas del río helado entre dos bandas rivales, con el resultado de la muerte del más canijo de una de las bandas. El que más se asemeja al que lleva la voz de protagonista recorre con un amigo el río en una barca, irrumpiendo intimidades de novios; y batallan en el centro de la corriente con otras barcas. Muy pronto el protagonista intenta la aventura erótico amorosa como otros compañeros que siempre se hacían con una chica arrinconada. Buscan operaciones rentables con el robo del cobre y de los contadores del agua, saquean almacenes y “trabajan” en operaciones incluso más productivas. Raptan a una gitanilla para ejecutar una venganza.   En las páginas finales, hay un festival de rock que termina en un brote de delincuencia juvenil.
   
                                       
Francisco Umbral
    Lo que sí no falta en este relato-novela es erotismo. Francisco Umbral nos permite acercarnos, si bien de forma epidérmica y camuflada, a esa España donde regía la censura y la estrechez moral. Pero el protagonista y sus compinches se las arreglan como pueden para dar rienda suelta a sus pulsiones sexuales. En el caso del protagonista, el suyo será un erotismo más fantaseado que llevado a la realidad. Vive casi sin saber lo que es una mujer. Pero, por mucho que se lo propone, en realidad no consigue “hacerse con ellas”. Ni siquiera pudo debutar, porque para besar a la chica del ojo bizco, tiene que cerrar sus propio ojos.
   En síntesis, vidas que se debaten, con dieciséis o diecisiete años en el arroyo, sin otro horizonte vital. Tal fue el debut de Francisco Umbral con esta novela escrita de forma lúcida.

Francisco Martínez Bouzas

sábado, 6 de julio de 2019

POEMAS ENTREVERADOS DE PENSAMIENTO


cauces del que teje

Eva Yárnoz

Ediciones Trea, Gijón, 2019,68 páginas.



    



   Por segunda vez y en el breve período de unos meses, me acerco y degusto la poesía de Eva Yárnoz. Degusto y reflexiono porque es imposible leer los poemas de la poeta nacida en Pamplona, pero aclimatada en Madrid, sin que sus versos no nos penetren muy dentro y nos hagan meditar. Fue primero Filiación (2017), también una colectánea de poemas con gran carga significativa y experiencial. Es ahora cauces del que teje, recientemente editado por Ediciones Trea; un libro que reúne más de cuarenta poemas y que, como los textos versales de Filiación tampoco transitan por contornos lingüísticos y sobre todo conceptuales sencillos. ¡Qué diferencia tener ante los ojos la simpleza poética, casi siempre de signo erótico, que transita por algunas redes sociales y este entramado de poemas en los que no hay concesiones ni a la galería ni a golosas sensualidades sensoriales!

   Poemas que no buscan agradar sino descorrer el velo de la realidad. Poemas en los que no se trabaja el efectismo, y están muy lejos de lo coloquial exteriorista, de aquello que, a primera vista, puede impulsar al lector, mas privándole de pensar. Por eso si a algo me suena esta selección de poemas es a poesía meditativa, con ciertos ramalazos de intuición, con fusiones quizás de lo poético, lo filosófico y lo teórico. Se acostumbra a calificar este tipo de poesía como esencialismo lírico, pero con una importante salvaguarda: en los poemas de Eva Yárnoz no hay una deshumanización de los elementos estéticos y de la literatura. Quizás a veces se trata de una poesía del conocimiento intelectualizado y con ciertos visos de hermetismo, al que se vinculan poetas como Jorge Guillén o Paul Valery.

   Una poética que promueve la relevancia del libro de poemas visto como macroestructura unitaria, en detrimento de una posible intención como colectánea de textos, rebosantes cada uno de distintos mensajes.

   En la sinopsis del libro de alguna manera se alude a todo esto: “(…) evoca un entramado de fuerzas invisibles que ordenan el universo, un cosmos al que solo podrá accederse transcendiendo el reino de la mente” Y todo ello desde el no saber socrático, ya presente en las raíces de Filiación. El no saber la realidad para poder llegar a comprenderla en puridad. Llegando para ello la voz poética a renunciar a entender intelectualmente lo que la rodea, asumiendo, en consecuencia, realidades emocionalmente dolorosas.

   Así, por ejemplo el poema “prisma” que nos acerca a los territorios del deseo y a lo que somos incapaces de ver y comprender cuando deseamos algo. No debe extrañar, por consiguiente, que el libro se inicie con un breve poema, “espiga sola”, un texto versal en el que el yo poético prácticamente reitera lo que vengo diciendo: convertirse en espiga sola mecida por el viento (…) sin apelación de nombres. “nadamos en la incertidumbre absoluta”. En otros poemas se nos habla de claustros encerrados, habitar entre las piedras, sin jamás tocar nada (…) “quedamos en el campo incierto de las costuras”; permitir que los significantes sean solamente eso (…) “permitir la vida sin nosotros” (…) estar sobre los bosques, “amado terror entre las hojas muertas”. Estar en la disolución sin nombre para perseguir la liberación de uno mismo, especialmente del sufrimiento interior.

   Habitar en la soledad, un motivo poético que se reitera en varios poemas. La soledad como una costura rota, de disoluciones próximas, disolución de los pulmones. Hasta la realidad  es inestable porque es un espacio que se deforma. Ausencia o negación de nombres, o nombres rebosantes o rebosados por la materia; nombres al sonido que se diluye. Y tras todo ello, la esencia de todo  lo que sufre. Mas siempre hay un intento de asumir esa negatividad y convertirla en luz difusa que nos permite ver solo los jardines, no la totalidad de lo que significa vivir y poder seguir procreando, no en lo feo, sino en lo bello como reza la cita de Diótima.

   Poesía tanto en prosa como en verso, alejada de lo volcánico. La poeta sabe contener la calma furiosa que podría aquejarla. No hay desenfreno ni desmesuras, pocos operadores poéticos formales. Pero casi todos los poemas de este libro son gritos que nos interpelan. La poeta alienta con aciertos la respiración lírica, por dolorosa que sea, usando además con acierto esas palabras menos afectivas que las de Filiación. Pero ese es su cometido: no inducirnos a gozar sensorialmente, sino a hacernos pensar. Poesía quizás no de hoy, poco novedosa. No rebosa cotidianeidad, ni humor y hondura sentimental, amorosa. Rebosa, eso sí, de incitaciones para hacernos reflexionar.



Francisco Martínez Bouzas





Eva Yárnoz






Cuatro poemas de “cauces del que teje”



espiga sola



“así hago tu voluntad torpemente, hasta donde puedo.

así me convierto en la espiga sola  mecida por el viento.

así congrego a mis amigos, sin apelación de nombres, y separo las formas incontables, y las destruyo.

Estoy en la apelación con los nombres, y silvo al viento que me circunda, y a las olas que son una. y a los dedos que nunca tocan.

sin apelación de nombres, nunca tocamos nada. Nadamos en la incertidumbre absoluta y no decimos sino amarillos en lo azul perenne que nada significa”

(página 11)



…..



partos



“reposa la mano ardiente, el deseo agota los términos que preguntan. quedas exhausta con las manos tendidas, sobre el cuerpo de hielo o sobre el llanto helado. quedas tendida sin nombres, sobre la masa inerme que anhelabas. todo era todo.   todo se disuelve. todo está enhebrado tiernamente por un orden de la calma, contemplamos sin sombres las auroras, y si nace un niño, el niño nace en tus ojos quieto. No estamos aquí para sistematizar los partos.”

(pagina 17)



…..



nieve



“la mente que sabe en su cubil del pensamiento cuestiona los tapices que cuelgan de sus paredes. y no sabe qué dicen las voces que gimen ahora en los profundo de la nieve. hay en la nieve sinfín de ritmos, sin el movimiento dulce y consistente del último que subyace.



Congelamos los mimbres. está próxima la hibernación de los organismos unicelulares. hay vida interestelar en la falda de los volcanes.”

(pagina 28)



…..



baile silencioso



“estoy en un baile silencioso con las algas y el coral. no espero nada entre las piedras disgregadas del agua. el agua respira bajo la arena. las aves marinas rezan en su lengua un saludo al sol o un sin morir ahora. no contamos más segundos. el universo se deforma en mis pupilas.



mis ojos constriñen la materia hasta que estalla. como dientes de león expandidos viajan en sus cuencas con sus miembros. y todo se contrae o se dilata.”

(pagina 32)



Eva Yárnoz, cauces del que teje)