domingo, 9 de febrero de 2020

DAS VIAXES MAIÚSCULAS / DE LOS VIAJES MAYÚSCULOS


Das viaxes mayúsculas
De los viajes mayúsculos
Domingo Tabuyo
Ediciones Carena, Barcelona, 2019, 112 páginas.

    
  Desconozco a que generación pertenece. Solo sé, como afirma el prologuista, Emilio Xosé Insua en una introducción extensa y sustanciosa que Domingo Tabuyo es un “verso libre”, ajeno a modas y capillas. Y que lo suyo no es la narrativa con la que debutó en el años 2002 (Carmín) y repitió en 2001 con Svea Köt (Carne sueca). No, Domingo Tabuyo es un excelente poeta. De ello me convencí cuando en 1994 en una digna revista de un instituto cambadés, leí, releí y degusté alguno de sus poemas, especialmente “Avalón”  (“Alá no Occidente de todos os Atlánticos /no bauprés temerario de tódalas Fisterras / existe un mar minúsculo, humilde e compartido…). Desde entonces, Domingo Tabuyo ha publicado bastantes poemarios, muchos de ellos galardonados. El último Das viaxes maiúsculas / De los viajes mayúsculos, galardonado con el  Premio Camino de Santiago en su primera edición, convocado por la Academia Xacobea, con distintos patrocinios y publicado por Ediciones Carena en edición bilingüe. El Premio Camino Xacobeo debe incidir en la vida como camino, con una vinculación, explícita o implícita, al Camino de Santiago.
   El poemario de Domingo Tabuyo es una propuesta poética singular, ajena  en gran medida a la lírica de los “novísimos” de la poesía gallega; y en el que destaca, como señaló el jurado, la brillante imaginería poética, su capacidad simbólica que invitan al lector a adentrarse en la ruta xacobea. Y lo hace a través de una escritura fundamentalmente conceptual y sugestiva que se sirve con maestría del endecasílabo blanco y del verso libre.
   Uno de los grandes tópicos de la poesía, ya desde los griegos, es el hacer camino, el caminar. “Poesía es caminar y hacer camino /Hacer camino es vivir y dar vida / Dar vida es sembrar y asombrar”, se nos dice en un poema de Víctor Corcoba Herrero. Y ellos sin tener que recurrir a Antonio Machado. Pero lo cierto es que a las personas se las conoce caminando.
   El resurgimiento de la literatura xacobea se produce a finales del siglo pasado, tanto por las razones espirituales que movían a los peregrinos de antaño, como las que impulsan a los actuales caminantes. Se pueden contar por cientos las obras literarias escritas sobre el Camino Xacobeo, desde el Codex Calixtino hasta El Camino de Santiago de Paulo Coelho. Por lo que se refiere a la poesía, el Camino llamó la atención de los juglares. Hoy quizás han desaparecido quienes cantaban o recitaban la vida hecha estrofa y rima de los peregrinos, pero queda un grupo de poetas que tratan los temas que el Camino ofrece (Manuel María, Cesáreo Sánchez Iglesias, Uxío Novoneyra). El poemario de Domingo Tabuyo es uno de ellos. Todo es reseñable y hermoso en este libro comenzando por la portada de Sandra Jiménez.
    

                                              
Domingo Tabuyo


   Los treinta y ocho poemas que nos ofrece Domingo Tabuyo, se hallan estructurados en dos grandes secciones: “La leve sugestión” y “Rituales de tránsito”. Y es literatura viajera, con la ruta xacobea como referente incitativo, como marco reconocible. Muy lejos del costumbrismo paisajístico, como también señala el prologuista. El yo poético es el que realmente late en estrofas y versos. Son los mundos interiores propios y los de las personas amadas los que palpitan ciertamente en estos viajes mayúsculos. Por eso, en este poemario predomina una poesía reflexiva, meditativa, introspectiva que en el prólogo se resume a la perfección: “El caminar físico que supone avanzar hacia una meta (Compostela, el mar de Fisterra, el occidente donde descansa cada día el sol) se convierte fácilmente en metáfora de otro camino particular. «hacia dentro», interior y reflexivo. En versos del propio Tabuyo: «caminar, trascender, llegar a ser». Por eso mismo « peregrinar es un aliento vital», «»encaminarse a mundos plenos» y «caminar es consecuencia de que amamos».

Francisco Martínez Bouzas


TRES POEMAS


“Haberá lugares onde os versos
Terán a identidade de profetas,
 e serán voz no árido deserto
ou choiva nese mar de Galilea…
espazos concebidos como esperas
onde todo é global e ten sentido,
porque nada encomenza nin remata
máis alá do dicurso, casi íntimo,
dunha palabra fonda e dunda idea…
lenda, tradición, camino das estrelas,
partículas rivativas e herméticas
coas que tecemos  a man cada poema”

Traducción al español:

“Habrá lugares donde los versos
tendrán la identidad de los profetas
y serán voz en el árido desierto
o lluvia en ese mar de Galilea…
espacios concebidos como esferas
donde todo es global y tiene sentido,
porque nada comienza ni termina
más allá del discurso, casi íntimo,
de una palabra honda y de una idea…
leyenda, tradición, camino de estrellas,
partículas privadas y herméticas
con las que tejemos a mano cada poema.”
(páginas 54-55).

…..


“Camiñar é consecuencia de que amamos.
De compartir invernos e hipótesis feridas
incluso de sentir as tardes no horizonte
apagando as glicinias e a luz das alamedas,
fomos a pulsión única que habitaba n aterra.
Entre arboredos verticais e sendeiros de herba,
con valados brancos e miradoiros baleiros,
reciteille os bordes de estrela dun poema.
Ao abeiro dun despintado banco de madeira,
Entre recendos intensos de jaras e lentiscos
Man a man adobamos afectos interiores,
Falamos das feras que cohabitan connosco
E liberamos as pombas que falan de armisticios.”

Traducción al  español:

“Caminar es consecuencia de que amamos.
De compartir inviernos e hipótesis heridas
incluso de sentir las tardes en el horizonte
apagando las glicinias y la luz de las alamedas,
fuimos la pulsión única que habita la tierra.
Entre arboledas verticales y senderos de hierba,
con vallados blancos y miradores vacíos,
le recité los bordes de estrella de un poema.
Al abrigo de un despintado blando de madera, entre aromas intensos de jaras y lestiscos
piel a piel adobamos afectos interiores.
hablamos de las fieras que viven en nosotros
y liberamos palomas que anuncian armisticios.”
(páginas 80-81)

…..

Vivir es un ejercicio complicado
Esmorecer, sentindo o paso feble
do tempo que suspira e deixa queixa.
Redimirse, facerse diseccións e retomarse
no punto de inflexión no que sentimos
estar feitos para amosarnos coincidentes.
Chegar a Compostela ao fin e ser contigo
una nota grafada no himno das etrelas,
acaso, una pedra máis daquel amilladoiro
ou o Ulteria do encontró como clave emotiva
de saberse inicio e meta, orixe e término
sincretismo interior de todos os camiños.”

Traducción al español:

“Vivir es un ejercicio complicado.
Desfallecer, sintiendo el peso débil
del  tiempo que suspira y deja queja.
Redimirse, diseccionarse y retomarse
en el punto de inflexión en que sentimos
estar hechos para mostrarnos coincidentes.
Llegar a Compostela al fin, y ser contigo
una nota grafiada en ese himno de estrellas,
acaso una piedra más en aquel Milladoiro
o el Ultreya del encuentro como clave emotiva
de saberse inicio y meta, origen y término
sincretismo interior de todos los caminos.”
(páginas 108-109)









sábado, 8 de febrero de 2020

"UNA CITA CON LA LADY": VIAJE A LA TIERRA DE LOS MUERTOS



Una cita con la Lady
Mateo García Elizondo
Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 197 páginas.

    

En una escueta síntesis de este libro, a la vez trágico y amoroso, se podría decir que un tipo enganchado a las drogas llega a un pueblo a morir. El pueblo es Zapotal, una especie de réplica de Comala. Solamente sabe que en Zapotal la desolación era total, que le faltaba apenas nada para ser un pueblo fantasma, es el fin, la línea. Más allá la selva o la manigua. Pero en el desenlace el protagonista concluye que Zapotal quizás no sea más que el reflejo de la soledad y de la desolación de los que la habitan y que quizás él nunca dejó la ciudad. Se ha desprendido de todo lo que le ataba y solo lleva una lata con el kit para la droga: unos gramos de goma de opio, un cuarto de onza de heroína. Cree que con eso le alcanzará para matarse y no morirse de hambre o de frío, porque luego no podrá comprar más Lady (heroína). Se hace también  con un cuaderno para entretenerse contando cómo se siente al morirse.
   Cuando emprende el viaje, su vida ya carece de todo deseo. Le ha aconsejado que en ese pueblo final de la línea la droga le conducirá a un hermoso viaje sin retorno. Y así pretende abandonar este mundo: fumando opio y consumiendo heroína, teniendo sueños, incluso de aparecidos; y transcribiendo sus últimos actos de vida. Morirse no es como lo pintan: algo pavoroso. Morirse en manos de la Lady  es como desligarse uno entero, en un lugar cálido y estrecho como una gran vagina, y salir al otro lado ligero.
   Pierde la volición, no hace más que lo que le dicta su cuerpo para preservarse a si mismo en este pueblo donde todo es como él: muertos vivientes y del que Dios se ha olvidado. Pero a él pronto le consideran “el Muertito”; y en efecto, se convence de que la verdadera vida es aquella que se vive bajo la influencia de la Lady, la gran señora.
   Poco a poco la mente le abandona y los sentidos y su imaginación producen recuerdos, imágenes, la mayoría irreales.  Cosas que se  figura debido al opio. Le sorprende la tenacidad de su cuerpo para mantenerse vivo, pero ante la gente parece un muerto en vida, un zombi. En la cuneta donde está tirado, los únicos que le dan la lata son los muertos. Ellos jamás descansan. Llaman la atención escenas muy crudas como la de una mujer que le tiende su bebé, pero arropado en las cobijas que trae en sus brazos, no hay más que una piedra del río.
   Se queja porque no acaba de pegarle esa malilla infernal que acabe por tumbarle. Hasta que un grupo de adolescentes le dicen que ya ha pasado al otro lado, que ya es un muerto. Y en efecto, el hambre que siente, es el hambre de los fantasmas. El final concluye que él no es más que puro silencio.
   El autor, Mateo García Elizondo, nieto de Gabriel García Márquez y de Salvador Elizondo, confiesa que esta su primera novela está escrita con la piel. Es un descenso hacia ese inframundo en el que los hombres y las mujeres actúan del mismo modo: como muertos creyéndose vivos; lo cual no es nada extraordinario en un país donde la línea divisoria entre la vida y la muerte es muy tenue y difusa. La novela se halla contextualizada en un trasfondo onírico. Pocas veces se ha escrito con la crudeza fantasmal con la que lo hace el autor sobre lo que es ser víctima del mono. Pero lo que nos ofrece Mateo García Elizondo no es un reportaje, sino una ficción alucinada, embrujada, de los que es el síndrome de abstinencia. Con crudo realismo describe los efectos de la Lady, la  chingada de los piquetes: algo extraordinario cuando te la metes por primera vez, pero poco a poco te sentirás precipitado en el abismo, en la miseria que no cesará de afligirte. Lástima que  no exista heroína para el alma, como se dice en la novela.
   

                                                 
Mateo García Elizondo


 Lo que pretende el autor es darle sentido a la experiencia de la adicción. Y en México, que es literatura viva y casi andante y confusión entre  la vida y la muerte, el autor trata con originalidad el fenómeno terminal de la muerte: ambas son un continuo único, dos caras de la misma moneda. No es cosa fácil esto de morirse, pero es lo más bonito, no es como lo pintan: confuso, aterrador. Es como desligarse de todo. La muerte no nos pide que avancemos; nos pide que hagamos retrocesos hasta llegar al origen de todas las cosas. Y para los servidores de la Lady, morirse es vagar por el mundo, añorando, desentrañando la dicha de la Señora, amante celosa y caprichosa. En la novela, Mateo García Elizondo muestra un dominio absoluto del lenguaje incluidos los argots del mundo de la droga, pero lo más reseñable es la tonalidad: un verdadero: trainspott en Comala, ya que, como Juan Rulfo, nos transporta con gran pericia de lo real a lo fantástico.

Francisco Martínez Bouzas

sábado, 1 de febrero de 2020

LA AMENAZA POSTERGADA



La amenaza
Abrasha Rotemberg
Grupo Tierra Triviumm Madrid, 2019, 320 páginas.


   

    Abrasha Rotemberg es un judío ucraniano nacido en 1916. A los cuatro años se traslada a Moscú. Y cuatro años más tarde llega a Buenos Aires donde residía su padre. En Buenos recibe una educación laica, tanto cristiana como judía. En los años 1950 y 1951 estudia economía y sociología en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Al retornar a Buenos Aires, se dedica a ejercer su profesión, y participa en la fundación del periódico La Opinión. Tras el golpe militar, se vio forzado a exiliarse en Madrid.
   De su experiencia en Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, en un pueblo de la serranía cordobesa que culmina en plena dictadura militar, nace esta novela. Son fechas dramáticas para el personaje principal de la novela, un adolescente, Moisés Travinsky (se hará llamar Travin), inteligente, inquieto y fabulador. Los albores de la sangrienta dictadura militar (1976-1977) corresponden al arranque y al desenlace de la novela. Pero el grueso de la misma transcurre en 1942, cuando el adolescente emigrante se desplaza en el verano a la localidad de Río Ceballos en compañía de su madre y hermana.
   Aclaro de entrada que La amenaza es un libro autobiográfico, como los dos anteriores del autor, aunque tiene tintes de ficción. El libro está inspirado en un episodio que el autor padeció en su adolescencia; una circunstancia humillante de la que se siente avergonzado. Y lo trasladó a la narrativa con la esperanza de que la escritura le permitiera digerir y superar el dolor que le supuso descubrirse, y al mismo tiempo confesar las raíces de su vida.
   La amenaza, sobre todo en su desenlace, se desarrolla en las fechas dramáticas para Argentina y para el protagonista, 1976-1977. Pero, como ya  quedó anotado, la mayor parte de los que se narra en la novela, tiene lugar en 1942. Al inicio del libro y en su cierre, se nos informa de la sombra siniestra que la dictadura militar proyectan sobre el periodista crítico y hombre de una ética intachable, Moisés Travinsky, incluida su desaparición en el silencio, la obscuridad y el dolor. Mas la mayor parte de la novela discurre en la minúscula geografía de un pueblo, Río Ceballos y en un pequeño hotel donde repercuten los ecos de la Segunda Guerra Mundial, entre las expectativas  de los partidarios de Alemania y las de los aliados. Y en el contexto de un país por donde campan a sus anchas nazis locales y extranjeros, espías y refugiados. A la vez que se suceden tramas militares que aspiran a hacerse con el poder en el país austral.
    
                                                     
Abrasha Rotemberg
 
    En este contexto, coloca el autor a una familia de judíos que pasa unos días de vacaciones. El antisemitismo les rodea por todas partes. Y a un protagonista central, Travin, fabulador, vehemente y avergonzado de su condición  judía y humilde. Admirador de la Unión Soviética y convencido del advenimiento de una sociedad justa. Vive rodeado de un arsenal de certezas y de muy pocas dudas. La mayoría del país simpatiza con las democracias aliadas, pero los mandos del ejército argentino admiran a Hitler y creen que derrotará a los aliados.
    Travin, poco a poco, va descubriendo un ámbito para él desconocido; queda fascinado por los hijos del General y especialmente por su hija, una mujer inaccesible para él. Bajo una falsa identidad logra introducirse en ese círculo cerrado, reaccionario y antisemita hasta el punto de confiar en su incauto enamoramiento. Se verá obligado a jugar una doble vida de la que solo obtendrá decepciones, humillaciones y agravios morales y físicos. Y sobre todo una amenaza que se ejecutará treinta años más tarde.
   El autor huye de florituras verbales y escribe una novela de suspense e intriga, en un lenguaje sencillo, directo, con diálogos siempre inteligentes, a veces cargados de humor; otras de miedo y terror. Describe así mismo con gran acierto los ambiguos ambientes de los veraneantes en las serranías cordobesas. En definitiva, una parábola que tiene mucho de realidad, que nos ilustra sobre la sociedad argentina en su relación con el antisemitismo y su inmadurez  democrática, al menos en aquellos tiempos.

Francisco Martínez Bouzas