domingo, 15 de febrero de 2015

"LA MUJER AJENA": MIEDOS MASCULINOS, AJENEIDAD FEMENINA



La mujer ajena

Ramón Bueno Tizón

Editorial Candaya, Avinyonet del Penedés (Barcelona), 2014, 124 páginas



   Tuve la oportunidad de saborear el buen hacer narrativo de Ramón Bueno Tizón (Lima, 1973) en el volumen que Editorial Candaya editó en 2013, Emergencias, en el que doce autores iberoamericanos emergían por primera vez o se mostraban, sobre todo a los lectores españoles. Lo hacían mediante la narrativa de la brevedad, de las distancias cortas. En aquella antología Ramón Bueno Tizón nos ofrecía una muestra de su buen hacer literario con el cuento “María Ozawa”, recogido así mismo en esta colectánea que reúne once relatos, todos ellos de su autoría, y en los que el autor se acoge de nuevo a la ficción breve, de paginación intermedia.

   Con un título, La mujer ajena, que sí, es verdad que se puede prestar a múltiples interpretaciones, entre ellas la de un dicho sentencioso machista, -aunque el autor piensa en otro tipo de ajenidad: la que para muchos hombres significa el mundo femenino-, el narrador limeño nos ofrece un verdadero friso de seres, casi todos varones, huérfanos de calor humano, seres marginales y perdedores en su mayoría que en las mujeres solamente perciben sus lejanías, seres distantes y ajenos, y que sustituyen el miedo, la falta de éxito o una verdadera relación humana, amorosa o erótica, por el sexo rentado.

   No son los de Ramón Bueno Tizón relatos en los que proliferen grandes acontecimientos, tampoco grandes dramas, aunque sí peleas conyugales. Son, sin embargo, prosas rebosantes de narratividad, de historias cotidianas bien trenzadas y bien escritas, y en las que el autor ausculta sobre todo el clima interior de sus personajes.

   Ese buceo en las interioridades se percibe ya en el relato que inaugura el volumen (“Nacimiento”), un triste cuento que recrea el montaje de un nacimiento navideño, en los años de los atentados terroristas en Perú, desde la perspectiva de un niño y una adolescente que, a pesar de los apagones y peleas de sus progenitores, intentan que en el hogar no se hiele el calor navideño. Le sigue “El almuerzo”, un relato muy condensado sobre infidelidades masculinas y las subsiguientes pesadillas. En “Philippe y los náufragos” el escritor nos invita a reflexionar sobre el éxito y la mediocridad en  el mundo de la música, con la figura de un pianista que quiere ser fiel a sus inquietudes y por eso mismo toca el piano aunque sea en un local frecuentado por náufragos de la vida: prostitutas y bebedores. En “Los duros” la acción se traslada a Itagüí (Colombia) y asistimos a un derroche de  violencia, muerte y sexo en ambientes marginales.

   La ajeneidad femenina y el desamparo de los protagonistas masculinos se deja sentir todavía con más fuerza en algunos de los restantes relatos de la colectánea: el jinete en el ocaso de su carrera, acosado por las deudas, sin éxito entre las mujeres, asido inútilmente a la esperanza de la última monta (“Jonás en la última”). O en el que nos acerca al torero veterano y cansado, en cuyo interior se dan cita el miedo  a  hacer el ridículo y el misterio que para él significan las mujeres desnudas, ante las cuales aparecen sus fantasmas (“Verónica”). En “Weininger y yo”, un personaje histórico, el filósofo y escritor E. M. Cioran, al que la lectura de un libro de Weininger libera de la “atadura de la mujer” y le arroja en la bulliciosa escuela de la vida que son los burdeles y las putas. Un estremecedor relato, en mi opinión uno de los mejores, sobre los sufrimientos pesadillas de Cioran, de tal magnitud de que un día su madre, tras presenciarlos, pronunció esta frase: “Si lo hubiese sabido, habría abortado”. Sobre hombres inseguros, machos débiles, vulnerables, predecibles, que prefieren besar en la entrepierna y lamer como animalitos, versa así mismo el relato “La princesa china”. En “María Ozawa”, otra excelente narración, el autor refleja la vida de los emigrantes latinos en el Imperio, odiados por los chicanos. Su desazón, sus miedos, su ajeneidad femenina, reflejados a través de la metáfora de la muchacha en flor, María Ozawa, una actriz porno japonesa. Un relato rebosante de amargura, orfandad, de las que hombres esclavos del sexo rentado, intentan despegarse con las fotos porno de la chica japonesa. Finalmente en la pieza que cierra el volumen (“Nosotros los que miramos”), el autor nos convierte en testigos de  la iniciación en la bebida y en el sexo más deshumanizado de unos adolescentes quinceañeros marginales, en un viaje de Lima a Chiclayo.

   En su conjunto, las piezas narrativas de Ramón Bueno Tizón no permiten que se filtren rayos de luces optimistas, ni siquiera sus engañosos amagos. Mas el escritor no extravía su mirada y el conjunto de sus relatos refleja con fidelidad algunas de las dolencias de nuestro tiempo, y posiblemente de todos los tiempos y comunes a todas las geografías. Porque, aunque es Lima el espacio en el que se desarrolla la mayoría de las tramas, la narrativa breve aquí reunida ubicará al lector en otras épocas y en otras cartografías. Aquello que seguramente nos hace más humanos está en crisis en Lima, Itagüí, Rumania o en el desierto de Texas. En nuestros días o en los del antiguo reino de Lidia.

   La edición de Editorial Candaya, fiel a su tradición, respeta el español de América. Un ejemplo paradigmático es sin duda el último relato (“Nosotros los que miramos”), un verdadero festín lingüístico para todos aquellos lectores que creen que los modismos y localismos no son un estorbo de la lengua estándar, sino todo lo contrario: su enriquecimiento.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Ramón Bueno Tizón

Fragmentos



“Me asusté y no sé cómo me resbalé, y caí al piso. Mi papá se detuvo y creo que volteó hacia donde yo estaba. Tuve el tiempo suficiente para regresar a mi cama y hacerme la dormida. Mi papá entró en mi cuarto y me pasó la mano por el cabello. Sus manos olían a un perfume de mujer que no era de mi mamá. Yo mantenía los ojos cerrados. Mi papá regresó a la sala. Hubo un último ruido, seco y brutal. Después oí que la puerta principal se abrió y se cerró. Mi mamá continuó sollozando. Volví a pensar en José María, que estaría escuchando todo, viéndolo tal vez. Finalmente me quedé dormida.”



…..



“Con Verónica también tuve que tomar viagra. Sólo así pude lograr la suficiente confianza como para ahuyentar los viejos temores. Más todavía si han corrido líneas de coca y si se trata de una mujer tan bella como Verónica. Cuando no tomo viagra, me convierto en un espectador de mí mismo, pendiente y temeroso de mis propias reacciones. Y siempre termino bloqueándome. Los médicos me dicen que es efecto placebo, que todo está en mi mente. Puede ser, pero yo prefiero no arriesgarme a patinar, aunque me dé un infarto.”



…..



“En la segunda fotografía, María Ozawa nos mira desde la lejanía de su inmenso poder, el rostro inclinado hacia la derecha. Una mano hunde sus dedos entre su cabello negro, desordenado intencionalmente. La otra mano cae sobre su muslo interior, junto a su bajo vientre, ahí donde el monte de Venus de María Ozawa se enciende en una mata salvaje y lúbrica. No es el enterizo ajustado de malla que trae puesto lo que perturba y conmueve al espectador. Tampoco la turgencia de sus pechos, medianos y precisos. Lo que sobrecoge es la naturaleza agreste de su vello pubiano, de una oscuridad arcana, intimidante pero magnética al miso tiempo. Como una flor carnívora, hermosa y espeluznante. O como una tarántula posada entre las piernas de un hafu.”



…..



“Ellos  chupan con las mujeres de la promoción, bailan con ellas, tienen enamoradas y tiran con putas. Nosotros chupamos juntos, los viernes por la tarde: puto calzoncillo nomás, ninguna hembrita. Nos colamos a los tonos y quiceañeros que consigue el Guanay pero jamás computamos a nadie y nos quedamos chupando gratis, en un rincón. No les hablamos a las chicas del colegio porque no tenemos nada que decirles. Intercambiamos porno y nos corremos la paja en secreto; todos lo sabemos pero nadie quiere admitirlo. Qué le vamos a hacer, ellos pueden y nosotros miramos. Por eso somos patas o decimos serlo.”



(Ramón Bueno Tizón, La mujer ajena, páginas 19-20, 64-65, 92, 107-108)

jueves, 12 de febrero de 2015

"VIENTO DE TRAMONTANA": EN CLAVE PARÓDICA Y SURREALISTA



Viento de tramontana
Sergio Gaspar
Edhasa, Colección Tusitala, Barcelona 2014, 278 páginas

   A los dos años de haber puesto fin a su  meritoria labor editorial en la extinta DVD Ediciones, debuta en la narrativa Sergio Gaspar (Checa, Guadalajara, 1954), primerizo en la prosa ficcional, pero en su haber con el aval literario de cuatro libros de poesía. Y lo hace con un libro muy especial: una pieza híbrida en cuanto a forma y contenido. Lengua híbrida: conjuga el español, el catalán y el español-gitano; prosa narrativa / descriptiva con abundantes escenas y diálogos teatrales. Incluso variados tipos y tamaños de letra. Pero es especial sobre todo en su contenido, porque Viento de tramontana es un texto que retrata la realidad catalana y española en forma de sátira escrita con aires actuales. Un texto delirante, confiesa el autor porque, añade, la realidad que nos presenta el poder político, editorial, universitario… es frecuentemente tan falsa que solo se puede describir de ese modo. Una verdadera amalgama pues de lo paródico y carnavalesco, con buenas dosis de superrealismo, reivindicando y ejecutando así una de las funciones tradicionales de la literatura, mas proyectándola, como ya señalé, sobre la realidad actual. Pero no solo la sátira deja su marca en este debut narrativo de Sergio Gaspar: en el libro están presentes los ecos de la historia, la reflexión sociológica y filosófica, las calles y barrios de Barcelona, una rica guía de viajes, e incluso la metaliteratura y un provechoso diálogo intertextual con muchas obras y autoras de nuestros días y del pasado.
   Nadie mejor que Sergio Gaspar para describir la esencia temática de su novela. En un texto previo al índice y a las dedicatorias sustanciosas y llena de enjundia, después de reconocer que todas las situaciones narradas son ficticias -“la literatura no es creíble, una propuesta increíble”-, escribe que Viento de tramontana es una parodia de la vida política y de la industria editorial española (página 7). En la construcción de esa parodia, el autor se sirve de un verdadero frenesí imaginativo: a la voz narrativa y a su pareja se les presenta en una carretera del Ampurdán, montado en un asno trotero y pardo, Josep Pla, “un vejete vestido con traje de pana negra, camisa  blanca y boina negra sobre la cabeza” (página 22). Más adelante en una analepsis se nos dirá que Jordi Pujol le había pedido a Pla que se muriese, que residirá en los sótanos de la Biblioteca  Nacional de Cataluña en el palpitante corazón del Barrio Chino. Como recompensa se le zanjará el hecho de que el mayor prosista de la prosa catalana haya colaborado con Franco, transformándolo así de traidor en legítimo patriota. Josep Pla se hace llamar José Llano, se pasea con su burro volador por el Ampurdán, haciendo sobre todo turismo político, con numerosas e ilustrativas digresiones: (paisajísticas, literarias, históricas, urbanísticas, sociales, políticas…) para sus acompañantes. Entre ellos el Gran Hombre Bajito, Nuestro Caudillo, Su Excelencia, que no es capaz de entender el concepto de anacronía y está preocupado, casi de forma exclusiva, por los años en que su Avenida se llamará como él.
   En otro de sus viajes por Barcelona se encuentra con Miguel de Cervantes, que visita la ciudad como un turista más. Juntos inician un recorrido por la capital de Cataluña, por sus calles y barrios, recorrido que hace que Viento de tramontana sea también la novela de Barcelona, con calles como el Passeig de Gràcia que representa simbólicamente a Cataluña y la Diagonal a España. La Barcelona del Eixample diseñada por Cerdà es curiosamente una ciudad planeada por España, por el centralismo madrileño.
   La novela disecciona por la vía del humor los nacionalismos, tanto el catalán como el español. No rehúye adentrase en las cuestiones espinosas de hoy y de siempre del nacionalismo catalán y en sus aspiraciones soberanistas, dejando caer que una Cataluña independiente tendría que ser binacional: el Ampurdán debería separarse de Cataluña y construir su propio estado. 
  
Josep Pla
Tampoco obvia ejecutar una parodia hilarante con el mundo editorial. En las páginas de la novela hacen acto de presencia conocidas editoras y agentes literarias. Los premios literarios también entran en sus reflexiones: han caído desde hace tiempo en la monotonía y en el descrédito. Premios otorgados  a dedo. Sergio Gaspar pone en boca de  César  González Ruano, “un fascista mussoliniano” que aspiraba a ganar el primer Nadal, y que ganaría sin embargo Carmen Laforet, estas casi siempre certeras  palabras:”Es la primera vez en la historia de la literatura española que se crea un premio para no darlo a un amigo” (página 142).
   Novela construida de forma fragmentaria, con una arquitectura en cierta medida caótica, pero unida por las deformaciones satíricas, paródicas en la que subyacen, sin embargo, análisis conspicuos y muy inteligentes acerca de las realidades catalana y española. Un gran amor a la literatura  que se deja sentir en los frecuentes diálogos con otros textos y autores, no porque resulte cómodo y útil, sino porque son lecturas de las que Sergio Gaspar se ha empapado y se apropia de forma inteligente, y ese diálogo resulta para su propuesta creativa. En pocas líneas: un texto muy actual, tanto por su contenido como por su construcción postmoderna, repleto de sarcasmo y humor, pero también de sabiduría. Y apto sin duda para generar polémica.

Francisco Martínez Bouzas

                                                     
Sergio Gaspar
Fragmentos

“S ya lo sabía yo… -nos explicaba, radiante-. La burguesía nacionalista catalana es y será siempre católica, fascista y corrupta. Nuestra España eterna de derechas: la masía andaluza y el cortijo catalán, intercambiables. Los señoritos de Madrid y los señoritos de Barcelona. Meapilas, antiabortistas y machistas. Tienen los cojones tan machistas que no son capaces de engendrar a una mujer.
-¿Me acompaña, señora…?
-¿A dónde?
-No iremos lejos.
En efecto, no anduvimos mucho. Pla se detuvo en la casa de al lado. Buscó la ventana adecuada, una que aparecía entreabierta, y nos dijo:
-Siéntense en el antepecho, por favor
Nos sentamos los tres.
-Ahora comprobarán ustedes la fuerza de la tradición y la cultura del pueblo catalán. Canten conmigo.
Patim, patam, patúm
          homes i dones del cap dret,
 patim, patam, Batum,
     no trepitgeu el Patufet.”

…..

“-Tías en bikini y ropa interior. Tías en bragas y sujetadores. Tías más altas que nosotros, eso siempre. Mucho más altas y a ser posible extranjeras. Ésta era la fórmula para acabar con el franquismo. Porque los hombres españoles, fuésemos rojos o nacionales, sin distingos, después de vencer el hambre de la posguerra, después de bajarnos de la mula y subirnos a los biscúteres, las vespas y las montesas, sólo teníamos hambre de montarnos en una tía, en un montón de tías y follarlas. Ni toros ni fútbol. Eso ya lo teníamos. Ni novias ni esposas. Eso también lo teníamos. La democracia significaba poder follar. Los tontos del bote de la censura ni se dieron cuenta. Bueno, a lo mejor sí lo sabían, pero y andaban enfrascados en preparar traidoramente la transición como nosotros. Y las españolas, ¿qué querían las españolas? Pues lo mismo que nosotros: despelotarse y follar.”

…..

“-Ustedes, los gallegos, son bisentimentales. Se quieren a  sí mismos y quieren a España. Los catalanes nunca. No se deje engañar por monsergas de poetas modernistas y otras máscaras líricas o periodísticas. Nosotros, los catalanes, somos unisentimentales y monoamantes. No le voy a negar, porque nuestra historia así lo demuestra hasta el aburrimiento, que a menudo cometemos adulterio con España, o dicho con más precisión, con los reyes, presidentes de república y gobiernos de España. Pero siempre será un adulterio por interés, por cálculo político, jamás por atracción erótica, ni desde luego por amor. España, Excelencia, no nos la levanta.”

(Sergio Gaspar, Viento de tramontana, páginas 43-44, 125-126, 130-131)

lunes, 9 de febrero de 2015

"TAMBIÉN ESTO PASARÁ", LAS CRUELES EMBESTIDAS DE LA PÉRDIDA



También esto pasará
Milena Busquets
Editorial Anagrama, Barcelona, 2015, 172 páginas

   Según atestigua la representante literaria de la autora, este libro ya triunfó antes de su edición. Parece ser que el manuscrito de También esto pasará se convirtió en el libro caliente de la última Feria del Libro de Frankfurt: “Dos semanas antes de la feria ya estaba en boca de todos y organizamos una subasta de derechos”, revela la agente literaria, Anna Soler-Pont. Derechos que fueron adquiridos en  cifras millonarias por algunas de las más importantes casas editoras de Europa y América. Un fenómeno que no alcanza a explicar el pedigrí personal / familiar  de la autora (ex editora de R que R Editorial e hija de una célebre escritora y editora, Esther Tusquets). Porque la novela que supuso el debut literario de Milena Busquets, Hoy he conocido a alguien (2008), pasó sin pena ni gloria. Aquella primera tentativa de Milena Busquets adolece de falta de sustancia. Es bastante infantil, como reconoce su autora. En esta su segunda incursión en la narrativa, pese a ser un libro elegíaco sui géneris, que nos muestra lo más doloroso de la pérdida, hay una verdadera historia, que quizás nos rasgue las tripas de vez en cuando, pero una historia llena de sagacidad, viveza, sinceridad e incluso profundidad, contada además con un impresionante brío escritural. Y todo ello a pesar de la gran simplicidad que rezuma la trama argumental.
   Diré de entrada que Milena Busquets fusiona con habilidad realidad y ficción, o mejor dicho, trastoca la realidad con la magia de la ficción. Pero difícilmente engaña al lector. La madre de la autora, Esther Tusquets, falleció en julio del año 2012. La protagonista de la novela, Blanca, también acaba de perder a su madre, y si algo está presente en esta pieza narrativa, es el eco de la pérdida, el desgarro de la  definitiva ausencia materna. Pero es tal la dolorosa sinceridad de la prosa de esta novela que no hace falta que aparezcan los nombres de la autora y de su madre, Esther Tusquets, para que nos demos cuenta de que los personajes de ficción se identifican con los reales. Sin embargo, Milena Busquets lo tiene muy claro y, a pesar de que una buena parte de los elementos de su narración están extraídos de su propia biografía, personal y familiar, erigió entre ambas una clara frontera: su libro no es un diario, no escribe sobre Esther Tusquets editora famosa, persona glamorosa, sino sobre las relaciones madre-hija. Y para eso poco importan los nombres. En la ficción, la protagonista se llama Blanca y hace acto de presencia con cuarenta años, en un cementerio, en Cadaqués, en el funeral de su madre. Y a ella se dirige para digerir su duelo, habla con el tú ausente empleado siempre la primera y segunda persona, desde ese “tú, la muerta, les puteaste bastante” de las primeras líneas.
   La novela es un atípico recorrido por los trayectos del duelo. Sí, con algo que se parece de vez en cuando al poema de lamento, a la actitud elegíaca, pero yendo mucho más allá: desnudándose la autora, o su alter ego, emocional y sentimentalmente hasta extremos inusitados, quizás pornográficos para los bien pensantes. Es por supuesto la madre muerta la que da sentido a la narración. A ella se dirige y a ella le increpa tantas cosas: ese tiempo de puntos suspensivos en los que Blanca pensaba que su madre no la quería y ella misma no sabía si la seguía queriendo. Ante ella confiesa no solo el dolor de su ausencia, sino sus necesidades afectivas (“tengo la sensación de que lo único que hago es ir rapiñando amor”, página 60). Y a  pesar de que frente al sufrimiento de la pérdida definitiva no existen antídotos, el duelo le servirá a la protagonista para realizar un ajuste de cuentas con su presente y con su pasado, una espeluznante indagación  sobre si misma. Será en Cadaqués, con la vista de ese mar que hace que se amontonen los recuerdos, rodeada de sus ex maridos, del amante, de las amigas y amigos y de una tropa de niños.
                                                 
Cadaqués (Alt Empordá), playa de Portdoguer

 Allí, en la ebullición veraniega,  a través de la lucidez mezquina y cruel que conceden el alcohol, los porros, el despego y las ideas negras, serán convocados fragmentos del pasado, del presente y del futuro: “la picuda arquitectura” de los años setenta, la educación feroz y eficaz a la que la sometía su madre contra cualquier tipo de sentimientos, los amigos progres de la progenitora, las separaciones, la vejez de la madre, la muerte de las personas amigas; la madre convertida en el último mes en un monstruo de egoísmo. De este modo, el recuerdo de todas las experiencias vividas se alza como una resbaladiza pared que la aísla momentáneamente de la verdad. También el sexo, el contacto físico, que no da resaca, es capaz de disipar fugazmente la muerte. Lo reduce todo a escombros, pero solo durante unos instantes. Porque al final todo el amor de los amigos, de los hijos, la relación cariñosa con sus dos ex maridos, el sexo con el amante clandestino… no son capaces de hacer olvidar las embestidas de una ausencia. Y lo único que queda son esas palabras concluyentes, el guiño del ojo de la madre: “También esto pasará…El dolor y la pena pasan, como pasa la euforia y la felicidad”, página 170). Una suerte de bálsamo que le ayudará a la protagonista a pasear por el terreno de los vivos más o menos alegremente, aunque el soplo de la muerte siga enfriando su nuca.
   Libro pues sobre el dolor que deriva, no en una catarsis, pero sí en una verdadera introspección personal y que la autora aleja de cualquier sentimentalismo lacrimógeno. Escrito con una lengua descarnada, aunque sin perder una equilibrada tonalidad intimista, que nos interpela y hasta nos puede dejar inermes. Riqueza estilística, con verdaderos aciertos formales y quizás alguna metáfora forzada o demasiado cotidiana (“… y recibo con alivio un bofetón de aire acondicionado”, página 115)
   La novela, además de transformar en ficción vivencias personales, atesora reflexiones interesante sobre los gloriosos años sesenta y setenta, con aquellos colonos, intelectuales y artistas, empeñados en que el mundo fuese una fiesta, con hijos asilvestrados, tan distintos de la nueva generación de niños, cuyas madres consideran la maternidad una religión. El impúdico amor maternal contemporáneo, madres que educan a sus hijos “como si fuesen a reinar sobre un imperio…inundan las redes sociales de fotos de sus retoños” y cuando crezcan,  se convertirán en seres humanos tan deficientes, contradictorios e infelices como nosotros. (página 161)

Francisco Martínez Bouzas
                                                     
Milena Busquets. En el fondo, su madre Esther Tusquets

Fragmentos

“Lo contrario de la muerte no es la vida, es el sexo. Y a medida que la enfermedad se iba volviendo más feroz e implacable contigo, mis relaciones sexuales se iban volviendo también más feroces e implacables, como si en todas las camas del mundo sólo se estuviese librando una batalla, la tuya. Los desesperados follamos desesperadamente, ya se sabe. Adiós a las mañanas en las que abría los ojos, sola o acompañada, y pensaba, feliz: el mundo es un poco más pequeño que mi dormitorio. A veces, tenía la sensación de que las dos nos  estábamos convirtiendo en árboles resecos y quebradizos, grises como fantasmas, a punto de convertirse en polvo. Pero cuando te lo decía, me asegurabas que no. Que éramos las dos personas más fuertes que conocías y que ningún vendaval podría con nosotras.”

…..

“Después de todo, amamos como nos han amado en la infancia, y los amores posteriores suelen ser sólo una réplica del primer amor. Te debo, pues, todos mis amores posteriores, incluido el amor salvaje y ciego que siento por mis hijos. Ya no puedo abrir un libro sin desear ver tu cara de calma y de concentración, sin saber  que no la veré más y, lo que tal vez sea incluso más grave, que no me verá más. Nunca volveré a ser mirada por tus ojos. Cuando el mundo empieza a despoblarse de la gente que nos quiere, nos convertimos, poco a poco, al ritmo de las muertes, en desconocidos. Mi lugar en el mundo estaba en tu mirada y me parecía tan incontestable y perpetuo que nunca me molesté en averiguar cuál era. No está mal, he conseguido ser una niña hasta los cuarenta años, dos hijos, dos matrimonios, varias relaciones, varios pisos, varios trabajos, esperemos que sepa hacer la transición a adulto y que no me convierta directamente en una anciana.”

…..

“Viviré sin ti hasta que me muera. Me diste los flechazos como única forma posible de enamoramiento (tenías razón), el amor al arte, a los libros, a los museos, al ballet, la generosidad absoluta con el dinero, los grandes gestos en los momentos adecuados, el rigor en los actos y en las palabras. La falta total de sentido de culpa, y la libertad, y la responsabilidad que conlleva. En casa, nunca nadie se sentía culpable de nada, uno pensaba y actuaba en consecuencia y, si se equivocaba, no valía sentirse culpable, se apechugaba con las consecuencias y punto. Creo que jamás te escuché un «lo siento». También me regalaste la risa loca, la alegría de vivir, la entrega absoluta, la afición a todos los juegos, el desprecio por todo lo que te parecía que hacía la vida más pequeña e irrespirable: la mezquindad, la falta de lealtad, la envidia, el miedo, la estupidez, la crueldad sobre todo. Y el sentido de la justicia. La rebeldía. La conciencia fulgurante de la felicidad en esos instantes en los que uno la tiene en la mano y antes de que eche  a volar de nuevo.”

(Milena Busquets, También esto pasará, páginas 29-30, 77, 170)

viernes, 6 de febrero de 2015

"SALMO 44": AUSCHWITZ, LA DEMOLICIÓN DEL HOMBRE



Salmo 44

Danilo Kĭs

Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Thomir Pištelek

Acantilado, Barcelona, 2014, 125 páxinas.



   Prosigue Acantilado con la publicación de las obras completas del escritor serbio Danilo Kĭs (Subótica, 1935 – París, 1989), publicación iniciada en 2006 con la edición de la novela más conocida del escritor, Una tumba para Boris Davidovich. Salmo 44, una novela breve, supuso el debut de Danilo Kĭs, en 1962. Una pequeña obra maestra que condensa en sus escasas páginas una historia terrible, que agita sin duda las coordenadas intelectuales y morales  de los lectores. Sostenía Danilo Kĭs que la literatura es la destrucción de uno mismo, pero gracias a ella, a su capacidad para conservar la memoria y hacerlo además de esa manera, con esa precisión de lenguaje, con esa intensidad y madurez, con sus centelleos estéticos, ayuda a sobrevivir, a liberarse del infierno a aquellos seres humanos cuyos familiares fueron exterminados en campos de concentración, o se vieron obligados a presenciar en su niñez matanzas  de judíos como la de Novi Sad. Sin embargo, el autor, al escribir esta breve pieza, lo que pretendió fue liberarse del horror, dejar atrás la sombra de la tremebunda memoria. Lo consiguió posiblemente, mas esa terrible memoria es un legado para las generaciones venideras. Es el poder de la literatura: permite una liberación personal de un destino trágico y, a la vez, es un testimonio para el futuro de esa tragedia o de esa barbarie.

   En Salmo 44 la escritura de Danilo Kĭs se halla todavía sumida en la incertidumbre sobre qué orientación estética debe adoptar para describir la tragedia del pueblo hebreo, en especial sobre la oportunidad de utilizar el discurso directo. No obstante, a través de Marija, la protagonista de la novela, judía de origen polaco, el escritor fue capaz de realizar una síntesis de varios temas: el Holocausto, un tema que la literatura yugoslava se resistía  a tratar, la desaparición del padre, su propia infancia cargada de sufrimientos y miedos, la humillación, la diversidad hebraica.

   Basándose en personajes inspirados en prisioneros y guardias de Auschwitz -en la narrativa de D. Kĭs se entrecruza la historia y la ficción-, el autor serbio nos ofrece un relato de la rutina cotidiana de un grupo de prisioneros del campo de concentración en los días previos a la huida colectiva que están planeando, cuando en la lejanía ya se oía el estampido de los cañones de los aliados. Tras las primeras páginas en las que se nos permite percibir cómo piensan y actúan  algunos de esos personajes, Danilo Kĭs nos estremece con una escena pavorosa, el “lamento babilónico”: un convoy de vagones sellados, repletos de prisioneros que asomaban caras fantasmales por los ventanucos y que susurran en todos los idiomas de Europa la palabra agua, “como si fuese la misma encarnación de la vida” (página 16).

   Vendrá después el retrato de la cara más espantosa de Auschwitz, el terrible día a día. A través de la voz vicaria de Marija, Danilo Kĭs enfrenta al lector con aquel momento en el que ya no solo muere el animal, sino también el hombre; con la colección de cráneos y esqueletos de judíos que el médico nazi quiere que se conserven a toda costa porque piensa  que será lo último que se conserve de una raza extinguida. La lucha por no perder la esperanza, porque el verdadero muerto es solo un hombre sin esperanza (página 52).

Danilo Kis
   Y afloran los recuerdos: los primeros días en el campo; las mujeres desnudas y con la cabeza rapada, seleccionadas para servir de diversión a los oficiales alemanes que marchaban o volvían del frente. Otras  elegidas para cobayas de la eugenesia nazi. Recuerda todo lo que sus ojos han visto. También la violación de una chica pechugona por un nazi, a la que, una vez consumado el ultraje, le aplasta la mejilla y le raja la boca.

   Sin embargo incluso en medio de esta crónica de lo más espantoso, de la demolición del hombre que diría Primo Levi, hay un lugar para la esperanza. La banalidad del mal no será capaz de impedir que la protagonista le transmita a su hijo, nacido en Auschwitz, la alegría de aquellos que de la muerte y del amor han podido crear una vida (página 121).

   La lengua sencilla, mas con instantes de profundo lirismo arropa una crónica aterradora que bascula entre la realidad histórica y la ficción, y cuyo final nos convence de que no se equivocan los editores españoles de Salmo 44: sí, después de Auschwitz, la poesía sigue siendo posible.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Foto del Álbum de Auschwitz

Fragmentos



“Y así llegó sin darse cuenta a la estación y vio un largo convoy de vagones sellados de los que asomaban caras fantasmales por ventanucas enrejadas y reconoció ese lamento babilónico que también ella misma había experimentado cuando la deportaron en vagones iguales, ese lamento que se transforma en susurro oscuro, seco: la palabra agua pronunciada en todas las lenguas de Europa como si fuera la misma encarnación de la vida, algo más que el arcaico elemento primordial griego y la sustancia básica de todo lo vivo, junto con el aire y la tierra, por supuesto.”



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“Y ella se acordó de cuando le rogó a Jakob que hiciera algo por María Belianska, su tocaya, que dormía en el mismo cuarto: la habían llamado con otras diez mujeres para que se presentara al doctor Nietzsche, y él le puso una inyección a causa de la cual se les inflamaron las piernas; María había ido varias veces a la sala de operaciones, donde le tapaban la cabeza con una manta de modo que no podía ver lo que le hacían en la pierna, que le dolía horriblemente y que estaba vendada y escayolada. Después le quitaron la escayola  y las vendas, y la herida supuraba pus. No podía tenerse en pie, y enseguida la llevaron a la cámara de gas.”



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“El que había escogido a la muchacha y la había arrastrado hasta las escaleras desde las que una ametralladora apuntaba al gentío, y todavía pudieron ver cómo la chica se resistía y se aferraba a la nieve, y luego cómo, ya desnuda y exhausta, se desplomaba medio inconsciente y, mientras el hombre se quitaba el cinturón del abrigo, ella chillaba abalanzándose contra la multitud, pero el hombre blandió el cinturón y se lo enroscó alrededor del cuello (…),luego le dio media vuelta hasta tenerla boca arriba y con esfuerzo le separó las rodillas como cuando se abre una concha con las uñas: y después el hombre se incorporó, se ajustó el cinturón sobre el corto abrigo gris, se pudo de rodillas al lado de la muchacha, sacó la bayoneta y se dispuso a hacer lo que ella no vio pero sí comprendió: con la mano izquierda le aplastó las mejillas hasta que se le abrió la mandíbula y luego con dos movimientos le rajó la boca por las comisuras hasta las orejas y golpeó con el mango los molares de oro hasta que cayeron en su mano: la cabeza yacía abierta de par en par como una suerte de monstruoso pez caníbal; comprendió también lo que no vio: para los pendientes no fue necesaria la bayoneta, cuando el tejido se congela se vuelve quebradizo y se rompe fácilmente.”



…..



“Luego percibió la presencia casi física de la muerte y moratones verdinegros en la carne de la noche. Y de pronto, de algún lugar delante de ellos, el olor del viento y de la noche que entraba a través de una rendija en el cristal o en la pared, o por una ventana entreabierta, invisible en las tinieblas, y sintió que el viento húmedo, helado, le insuflaba un silencio nuevo, un silencio que tenía un sabor, un aroma y un peso específicos, diferentes del silencio denso del cementerio que quedaba a su espalda.”



(Danilo Kĭs, Salmo 44, páginas 16, 40-41, 97-98, 102)

martes, 3 de febrero de 2015

LAS FARSAS Y LAS MENTIRAS DE NUESTRO TIEMPO



Todo es mentira

La vida fácil de Bernard Madoff

Pedro Ramos

Editorial Trifolium, Iñás-Oleiros (A Coruña), 2014, 195 páginas



   Aunque en España apenas se produjo revuelo mediático, la estafa de Madoff está considerada como el mayor fraude llevado a cabo por una sola persona. En efecto, Bernard Lawrence Madoff, ex presidente del NASDAQ y presidente de una firma de inversiones, bautizada con su nombre y que llegó a ser la más importante de Wall Street, fue detenido a finales de 2008 por el FBI y acusado de un fraude de 50.000 millones de dólares (se elevarían a 65.000 si se incluyen los intereses). La macroestafa consistió en conseguir inversiones a cambio de suculentos beneficios que fueron efectivos en los primeros tiempos, pero  con el paso de los años se hizo evidente que todo aquel imperio monetario era un ruinoso sistema piramidal, una pirámide de humo, un fraude según el esquema  Ponzi, que lo convirtió en la mayor estafa de la historia..

   Mas la novela de Pedro Ramos, a pesar  del subtítulo (La vida fácil de Bernard Madoff), no se centra en este personaje estafador, sino en otra persona, en un millonario que ha perdido todos sus ahorros en el fraude Madoff -¡un millonario estafado por otro millonario!- y que opta por grabar un videoblog con sus opiniones y recuerdos. A partir de aquí, en el momento en que el protagonista, versado en vender mentiras y que termina probando su propia medicina, se encierra en su domicilio y comienza a grabar el video, se inicia la novela.

   ¿Novela? Más que novela, lo que Pedro Ramos escribe es un verdadero artefacto literario, un monólogo o (mono) diálogo, cuya sinopsis nos ofrece el propio escritor de forma muy convincente en el apéndice de agradecimientos: “(mono) diálogo de un tipo que lo tiene todo, excepto el amor y decide grabar en un vídeo todo lo que piensa y primero ataca el sistema y luego a las personas que lo forman, mientras cuenta cómo llegó hasta la cumbre y cómo decidió irse a vivir a un pueblo, lejos de todo, cómo se enamoró de ella y cómo fue abandonado, (…) de cómo llegó a convertirse en lo que es gracias a la mentira, la estafa y al trabajo de los demás” (página 191-192).

   El resultado es un libro híbrido, fruto, eso sí, de un intenso proceso vital que genera también una peculiar y personal historia en la que, aunque poco tiene que ver con la circunstancia de que el protagonista haya sido timado por un grupo inversor, Madoff está siempre presente en las reflexiones en las preguntas, la mayoría inquietantes y muy apropiadas para reiterarlas en el actual estado de cosas. Madoff, en efecto, será solamente un pretexto para que el autor relate lo que le interesa contarse a si mismo, bucear en su propia identidad, en el sentido de su existencia.

   El libro termina convertido en una interesante amalgama de materiales diversos: el relato de ese contarse a si mismo del protagonista, recuerdos, sensaciones, informes, denuncias sobre todo de la discriminación a la que el Primer Mundo somete al Tercer Mundo, crítica de la cleptocracia, de su impunidad, del sistema capitalista y de sus órganos de control, de las especulaciones financieras, reflexiones ensayísticas sobre la raza humana, sobre la forma absurda de cómo el umano (umanocuerpos / umanocerebros) afronta la vida, persiguiendo a lo largo de la misma esa felicidad que siempre posponemos para más tarde, de ese vivir para consumir, y no solo objetos, sino también actividades, las múltiples actividades por ejemplo con las que los padres atosigan  a sus hijos para no ser menos o para fabricar genios. Y junto a todo eso, cuestionamientos  que el protagonista hace sobre su propia identidad, sobre lo que sabe hacer, para terminar reconociendo que solamente sabe utilizar sus manos para hacer clic.

Pedro Ramos
   No es complaciente ni amena la versión que Pedro Ramos nos ofrece del mundo actual. El desencanto que se va acelerando a medida que avanzan las páginas de su artefacto, conjugado con buenas dosis de irónico sarcasmo, nos ofrece una visión pesimista sobre el hacer humano, con conclusiones muy tajantes pero seguramente certeras: universalidad de la codicia; todos hubiéramos hecho lo mismo que Bernard Madoff; en el tiránico determinismo del libre mercado, siempre ganas los mismo (los poderosos)  y siempre pierden los mismos (los pobres, los parias de este mundo)

   Artefacto literario  que se nutre así mismo de una notable y oportuna intertextualidade. Textos con los que dialoga el protagonista o que le sirven para confirmar sus ideas: pensadores, poetas, novelistas, la música de nuestros días -no la amable y complaciente- le sirven al protagonistas para fortalecer sus pensamientos o para hacer más visibles sus diatribas sobre la situación actual del mundo, sus contradicciones e incoherencias. Libro pues que sutura varios géneros y que, desde una visión escéptica, nos ofrece un retrato bastante aproximado del mundo en el que vivimos. Un mundo cimentado en la farsa, la codicia y en la mentira.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Bernard Madoff

Fragmentos


“Yo habría hecho lo mismo que Bernard Madoff porque todos lo hacéis. Lo hacemos. De acuerdo, a Madoff se le fue la mano, pero ¿quién no coge lo que está a su alcance, si está seguro de que no le van a descubrir? ¿Y por qué no forzar la máquina, coger un poquito más, correr riesgo? La diferencia entre Bernard Madoff y el resto es una cuestión de escala. Seguro que conoces a alguien que utiliza el teléfono de la empresa para sus llamadas particulares, alguien que se lleva material de la oficina a casa, ¿quién no se ha aprovechado de ser «amigo de» o ha rechazado un favor que podría beneficiarle? Lo preocupante no es que exista un tal Bernard Madoff, sino la cantidad de personas que habrían hecho lo mismo.”



…..



“Pero lo que más me llama la atención es que personalidades como Carl Shapiro, amigo y mentor de Madoff, Profesor de Economía en el departamento de Economía de la University of California de Berkeley, autor del libro El dominio de la información, llegase a invertir 250 millones de dólares y no se diera cuenta de nada; Gerald Breslauer, asesor financiero de los famosos de Hollywood, uno de ellos, Steven Spielberg, director de cine, millonario, inteligente, prototipo del American way of life, creador de ET, también cayera en la tela de araña de Madoff; personalidades de esta talla, los más ricos de cada país, en todo el mundo, no tenían suficiente y querían más. Mucho más. Y con Bernard Madoff Securities era sencillo. Nadie entendía cómo lo hacía, pero ¿a quién le importa el cómo si al final de año el saldo es cada vez mayor? Y encima, Madoff no cobraba ninguna comisión por sus gestiones. Según la media del sector, estaba renunciando a un 2% anual sobre el patrimonio y el 20% de los resultados.

Nadie sospechó nada.”



…..



“Nuestro apetito se ha vuelto tan voraz que no sólo consumimos objetos, alimentos y relaciones, también actividades. No podemos estar sin hacer nada, siempre tenemos que estar haciendo algo, en gerundio, como el pie de una foto. Llenamos nuestro tiempo libre con multitud de actividades que nos hacen ir corriendo de un lado a otro. Tenemos que recoger al niño de kárate para llevarlo a inglés y aprovechamos para ir a la piscina. El tiempo justo para volver a la puerta de la academia, llevarle a casa, cenar, acostarle, leerle un cuento, que se duerma, conectarme  para revisar los correos electrónicos no vaya ser qué… Mira la hora que es, casi las dos y media y mañana me tengo que levantar a las siete, dar el desayuno al niño, llevarle al colegio, evitar al padre de Jonathan que se enrolla como las persianas y, si salgo cinco minutos después, me chupo el atasco de entrada y no puedo llegar tarde porque tengo que revisar el informe antes de que me lo pidan.

Hay algunos padres que pagarían lo que fuese por entregar al niño en la guardería, cuando cumple tres años, y no tener que ir a recogerlo hasta que haya terminado la universidad.”



(Pedro Ramos, Todo es mentira, páginas 11-12, 49, 98-99)

domingo, 1 de febrero de 2015

"EL BIGOTE", UNA PESADILLA KAFKIANA



El bigote

Emmanuel Carrère

Traducción de Esther Benítez

Editorial Anagrama, Barcelona, 2014, 179 páginas



   Emmanuel Carrère, escritor, cineasta y realizador de televisión es conocido sobre todo por sus novelas no ficcionales cercanas al reportaje novelado. El adversario, Una novela rusa, De vidas ajenas o Limovov. Mas en el haber escritorial del narrador parisino hay un período estrictamente ficcional en el que publicó varias novelas de pura ficción, originadas exclusivamente en su imaginación. Entre ellas, La moustache (1986) que Anagrama nos ofreció en español en el pasado otoño con el título de El bigote en traducción de Esther Benítez.

   El bigote es aparentemente y durante buena parte de su desarrollo una novela limpia, ingenua, costumbrista, “retórica negativa” como se ha escrito, que pretende ser real, aderezada con pinceladas de humor. Difícilmente se le ocurrirá al lector imaginar el inquietante y espeluznante desenlace que convierte a esta pieza en una verdadera pesadilla, una historia de terror con tintes psicóticos.

   El punto de partida desde el que arranca la novela, es una situación disparatada que el protagonista ni comprende ni encaja. El hecho de cortarse el bigote, un hecho nimio, intranscendente, sin que nada advierta ningún cambio ni diga nada. Efectivamente, un hombre, un exitoso arquitecto, que lleva años luciendo bigote, se lo afeita con el propósito de darle una sorpresa a su mujer con la que convive desde hace cinco años. Mas ante la nueva imagen del esposo, ella no reacciona, es más, niega que haya lucido bigote en algún momento. La sorpresa y el desconcierto aumentan en la mente del personaje cuando tampoco sus amigos advierten en él cambio alguno. Y a partir de aquí, a pesar de que Carrère sigue contándonos una historia de amor con sus glorias y flaquezas, todo se complica, porque la broma va a dar lugar a una situación peligrosa. Por las páginas de la novela comienzan a dejarse sentir los vientos de una historia de intriga criminal, un descenso al infierno psicótico, a una delirante paranoia.

   Son esos los vericuetos por los que deriva la narración y que el lector jamás esperaría en un planteamiento inicial aparentemente pueril e intranscendente. Pero Carrère tiene la habilidad de hacernos palpable cómo el hecho de la desaparición de un bigote y la subsiguiente “broma estúpida” desencadenan una verdadera tempestad que se colorea de tintes kafkianos,  se carga  de fantasmas, irracionalidad y horror al más puro estilo gore.   Será en efecto una bárbara sangría la que restaura el equilibrio (“aplacado por la certeza de que ahora todo había terminado, estaba en orden”, página 179).

   Novela profundamente inquietante, con un final espeluznante y sin retorno para poner fin a un vertiginoso naufragio de los racionamientos, originado por una chiquillada de adulto.

   Un narrador omnisciente conduce hábilmente la historia, dosificando la tensión a medida que avanza el relato hasta desembocar  en el brutal desenlace de una demencia cotidiana que surge sin un porqué, y que trastorna la vida de los protagonistas. Narración lineal, sin piruetas estructurales que dificulten la lectura de una historia con inicios triviales y en la que parece que nada va a suceder, pero en la que la maestría narrativa de Emmanuel Carrère, con un discurso ágil, rítmico, va atrapando al lector al que sumerge en los rutas mentales de una persona cuyo centro de gravedad oscila entre la cordura y la locura. Sin apenas darnos cuenta, entramos en la demencial lógica interna del protagonista y, contagiados de su locura, recorremos su calvario hasta el horror absoluto.

   El estilo de la prosa, claro y preciso, propio de un narrador que sabe, no solamente desarrollar la estructura de una historia, sino también contarla, se va acomodando en sus cadencias a las sacudidas emocionales de una trama kafkiana y a la atmósfera  paranoica que se va creando, especialmente en la segunda mitad del relato. El bigote no es la mejor novela de Carrère; quizás tampoco lo sea entre esas novelas secundarias, ficcionales, de las que el escritor parece haber renegado. En mi opinión sobran posiblemente algunas secuencias del delirante periplo asiático al que la demencia conduce al protagonista. La novela es, sin embargo, es una muestra perfecta de cómo, a partir de una broma intrascendente, se puede desembocar narrativamente en el desasosiego de una perturbación absoluta. Emmanuel Carrère es uno de esos  narradores que gozan del don y de acuidad necesaria para lograr ese “milagro narrativo”.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Emmanuel Carrère

Fragmentos



“Dócilmente, sin pedir explicaciones, ella interrumpió el gesto. Después hablaron, apretados uno contra otro bajo la manta, hasta la madrugada. Ella dijo, aunque él ya lo sabía, que no le estaba tomando el pelo. Lo juró, y él contestó que no tenía necesidad de jurarlo, que estaba seguro de ello, aunque ese tipo de cosas entrara en sus costumbres. En sus costumbres, sí; pero no con él, no así, no esta vez, era preciso que él la creyera, que ella lo creyera. Claro que se creían, ellos se creían de veras, pero entonces, ¿qué creer? ¿Qué se estaba volviendo loco? ¿Qué se estaba volviendo loca? Se apretaban con más fuerza al atreverse a decir eso, se lamían, sabían que era preciso no parar de hacer el amor, de tocarse, si no, ya no podrían creerse, ni siquiera hablar de ello. A la mañana siguiente, si se separaban corrían el riesgo de recomenzar, dudarían de nuevo el uno del otro.”



…..



“Ningún poder del mundo podía defenderlo de esa versatilidad, ni siquiera el ritmo tranquilizador de las travesías en trasbordador, del cual presentía que pronto iba a cansarse. Por lo menos los locos del villorrio, o de los manicomios, tenían como aliado el atontamiento provocado por las medicinas: éste regulaba el péndulo, circunscribía su movimiento, como un trasbordador interior nunca cansado de ir y venir, apaciblemente, en sus cerebros embotados. El motor no estaba gripado, carburaba con las píldoras, las grageas, las cápsulas cotidianas, más seguras aún que las piezas de cincuenta centavos porque siempre había alguien para administrarlas. Se acordaba incluso de la confesión de una aldeana que explicaba ingenuamente al reportero que la ventaja, con aquellos enfermos, consistía en que eran incurables, y por tanto en la seguridad de quedárselos de por vida, de tener hasta su muerte la modesta mina arañada de su manutención. Casi los envidiaba por estar tan descargados de toda responsabilidad, fuera de alcance.”



(Emmanuel Carrère, El bigote, páginas 59-60, 145-146)