sábado, 2 de junio de 2018

LAS CIUDADES METÁFORA: UN ZODÍACO DE FANTASMAS DE LA MENTE


Las ciudades invisibles
Italo Calvino
Traducción de Aurora Bernárdez
Ediciones Siruela, Madrid, 2018, 3ª edición, 172 páginas.

   

    Italo Calvino (Santiago de las Vegas, la Habana, 1923 – Siena, 1985) fue un brillante experimentador en el terreno escritural que salta de una forma literaria a otra. Tras la trilogía I nostri antenati  (El vizconde demediado,  El barón rampante, El caballero inexistente), una representación alegórica del hombre contemporáneo, se han ido traduciendo a las distintas lenguas, incluidas las periféricas y minoritarias como el gallego, otras de sus obras más importantes, como Las ciudades invisibles, con la que obtuvo en 1972 el Premio Feltrinellli.
   Italo Calvino es un escritor polifacético, de evolución variada y muy rica. A su inicial neorrealismo le sucedió un tipo de escritura, por una parte fantasiosa: los relatos de Último viene il cervo (1949) y la ya apuntada trilogía de seres imposibles. Y por otra, su trilogía urbana, modulada en clave política y de denuncia social. Posteriormente Italo Calvino se entregó al experimentalismo vanguardista  escribiendo una novela de la novela Se una notte d’inverno un viaggiatore,  a la “fanta-ciencia” (La cosmicomiche) a la “fanta-historia”, un subgénero narrativo en el que se puede incluir Las ciudades invisibles.
   En efecto, Las ciudades invisibles es plenamente fantasía histórica y recreación de mitos, si bien el libro esconde otros presentes hábilmente enmascarados. El núcleo argumental de la obra no es otro que las conversaciones entre el emperador mongol Kublai Kahn y Marco Polo, en las que este le describe al Gran Kahn las ciudades de su imperio. Sin embargo, no se trata de una reinterpretación literaria del Libro de las maravillas de Marco Polo, sino de una recreación plenamente original de las ciudades imaginarias y de las relaciones, igualmente imaginadas, entre el emperador y Marco Polo.
   El tiempo del relato corresponde posiblemente al siglo XIII, mas el coloquio entre los dos personajes transcurre en un tiempo imaginario e indefinido, con características incluso de nuestros días. Marco Polo  representa ante el Gran Kahn las ciudades de los territorios imperiales, ciudades con nombres femeninos que se convierten en verdaderos símbolos de la sociedad y de la existencia humana. En el imperio tártaro se yerguen ciudades como Anastasia que crea esclavos de aquellos que creen gozar de la misma; como Zoe en la que el viajero solamente cobija dudas, o como Hipatia en la que no existe lenguaje sin engaño. Ciudades telaraña como Octavia o como Bauci a la que se llega antes de acertar a divisarla. Urbes sin espesor que consisten solamente en un anverso y en un reverso como Moriana, y otras como Pentasilea que acaso solamente es periferia de si misma, sin que fuera de ella exista un fuera. Ciudades-joya, como Bersabea que solamente cuando defeca no es avarienta, calculadora e interesada.
   Las ciudades que Marco Polo detalla al regreso de sus embajadas, y que aparecen en su mente como los pensamientos que le vienen a quien toma el fresco al anochecer, están, al igual que lo sueños, construidas de deseos y de miedos. Todas tienen algo de Venecia y representan la existencia humana en la vida y en la muerte. Hay ciudades, en el relato de Marco Polo, a las que se llega muriendo y en las que cada uno se reencuentra con sus muertos -señal de que también yo morí-; y casi que todas ellas ocultan dos caras o se componen de dos medias ciudades, de un anverso y de un reverso: lo bueno y lo malo, la justicia y la injusticia, los rectos y los sicofantes. Así pues, una sucesión en el tiempo de estructuras diferentes, alternativamente justas e injustas.
   Como hace el autor en El vizconde demediado con relación al ser humano, tras leer Las ciudades invisibles correspondería formular igualmente una pregunta inquietante: ¿La ciudad total, perfectamente harmónica, no será un mito inalcanzable? ¿La ciudad real y las ciudades diferentes que aquella esconde y que se originan y crecen en sus entrañas, la ciudad de los justos y la ciudad de los calumniadores, no será la misma y única ciudad que existe?
   Una escritura, sin ninguna duda, de profunda filiación filosófica en la que además  son destacables otras ideas importantes. Entre ellas, la potencia de la memoria: el tuyo es en realidad un viaje en la memoria, le dice el Gran Kahn al humilde extranjero Marco Polo que, como único equipaje, presenta lo que es capaz de recordar, un poder, no obstante, infinitamente superior al de Kublai que desconoce su propio imperio. En definitiva, todo lo que resume la ajustada consigna de Francis Bacon: “Saber es poder”, que podría servir de lema a la aventura del conocimiento moderno.
   Y junto a la memoria, aparece latente en las páginas de Italo Calvino la imposibilidad de expresar la realidad por medio de signos lingüísticos, que colocan a este libro en la órbita del estructuralismo lingüístico. En las conversaciones con Kublai, Marco Polo, más que con palabras, representaba a las ciudades que describía con gestos, gritos de maravillas y de horrores, ladridos o píos de animales…, improvisaba pantomimas que el soberano debía interpretar. En la mente del emperador, cada nueva ciudad aparece evocada, a la manera de un emblema, por un primer gesto o por el objeto con el que había sido designada por Marco Polo. De ahí que con frecuencia para el Gran Kahn su imperio no es otra cosa que un zodíaco  de fantasmas de la mente.
   Las ciudades invisibles es un libro importante, de eses que conjugan en sus páginas magia y un verdadero juego intelectual,  embebido  en un efectivo refinamiento lingüístico que, sin embargo, no convierte en gravosa su lectura.

Francisco Martínez Bouzas


Italo Calvino


Fragmentos


"En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud inconmensurable de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y a comprenderlos, una sensación como de vacío que nos asalta una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros, un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de los planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbe, de derrota en derrota, de los últimos ejércitos enemigos y resquebraja el lacre de los sellos de reyes que jamás oímos nombrar, que imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en metales preciosos, pieles curtidas y caparazones de tortuga; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es un desmoronarse sin fin ni forma, que la gangrena de su corrupción está demasiado avanzada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina.”

…..

“Partiendo de allá y andando tres jornadas hacia levante, el hombre se encuentra en Diomira, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas de bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro que canta todas las mañanas en lo alto de una torre. Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices. "

…..

"A ochenta millas de proa al viento maestral, el hombre llega a la ciudad de Eufemia, donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en cada equinoccio. 
La barca que fondea con una carga de jengibre y algodón en rama volverá a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de uva ya lía sus albardas para la vuelta con rollos de muselina dorada. 

Pero lo que impulsa a remontar ríos y atravesar desiertos para venir hasta aquí no es sólo el trueque de mercancías sino también porque de noche, junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice como "lobo", "hermana", "tesoro escondido", "batalla", "sarna,", "amantes", los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, de tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. 

Y tú sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar uno por uno todos los propios recuerdos, tu lobo se habrá convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufemia, la ciudad donde en cada solsticio y en cada equinoccio intercambiamos nuestros recuerdos". 

(Italo Calvino, Las ciudades invisibles)

3 comentarios:

  1. Tu reseña me ha hecho recordar su lectura hace ya mucho tiempo. Y describes la obra tal cual es, con algo de esa magia que torna invisible hasta al propio lector. Es una obra de las mejores que recuerdo. Octavia ciudad telaraña, es la que más me llegó. Tanto que tengo un cuento que se acerca a una recreación de esa ciudad imaginada, ya lo subiré en otro momento.
    Gracias por tu reseña siempre tan acertada.

    ResponderEliminar
  2. Realmente interesante ...

    Saludos
    Mark de Zabaleta

    ResponderEliminar
  3. Gracias por tu reseña, son de esos tipos de libros que atrapan, por la cultura que conllevan, te dejo un abrazo y me disculpo, por pasar hasta hoy.

    ResponderEliminar