domingo, 16 de octubre de 2016

"TODO ESTO TE DARÉ": UN PREMIO PLANETA AL REBUFO DE LA TRILOGÍA DEL BAZTÁN




   Todos los rumores y quinielas consideraban a Dolores Redondo ganadora del 65º Premio Planeta de Novela, el segundo  premio literario mejor dotado económicamente después del Nobel. A la convocatoria del Planeta 2016, se habían presentado 552 originales, de ellos 147 proceden de Latinoamérica, 18 de Estados Unidos, 12 de Europa, 2 de Asía, 68 de procedencia no especificada y 298 de España. Finalmente el Premio dotado con 601.000 euros fue para Dolores Redondo (Donostia-San Sebastián 1969) por la obra presentada bajo el rótulo falso Sol de Tebas que se titulará Todo esto te daré. Aunque la nueva novela no es la cuarta entrega de la Trilogía del Baztán, ni persigue  las aventuras de la policía foral protagonista de su trilogía, mantiene su mismo aire de familia: una novela detectivesca, cuyo tema de fondo es la codicia, según reveló la propia autora en la rueda de prensa posterior. Es así mismo una novela sobre la amistad “entre hombres adultos que se conocen y son capaces de superar prejuicios y trabas”. Todo esto te daré está ambientada en un escenario privilegiado: la Ribeira Sacra lucense. Una novela escrita al estilo de Agatha Christie, y espejo de una España que sobrevive a la modernidad.
   Sin negar el mérito de una novela que no he leído y que se convertirá sin duda en best-seller, no me cabe la menor duda de que ha sido premiada, en el día de ayer, tras la estela de los tres volúmenes de la Trilogía del Baztán (El guardián invisible, enero 2013, Legado en los huesos, noviembre 2013 y Ofrenda a la tormenta, 2014), editados conjuntamente en las cuatro lenguas del estado español, traducidos a más de quince idiomas y que solamente en las ediciones en español de Destino han vendido más de 700.000 ejemplares.
   En esta entrega recupero una parte de los comentarios que, en español o en gallego, publiqué en su día de las dos primeras novelas de la Trilogía del Baztán.

El guardían invisible
Dolores Redondo
Ediciones Destino, Colección Áncora y Delfín, Barcelona, 2013, 435 páginas.

    Hay  libros que nacen estrellados y otros siguiendo de sopetón  el rastro de la estrella del éxito. Así ocurre con este fenómeno editorial, El guardián invisible de Dolores Redondo que, en menos de dos semanas, alcanzó la categoría de super-ventas. En efecto, el primer volumen de la Trilogía del Baztán fue publicado simultáneamente a mediados de enero del año 2013 en todas las lenguas del estado español y la programación de su traducción y edición  en otros idiomas es imparable. No cabe duda de que estamos ante la “fabricación” de un best-seller, solo comparable en España con La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, El tiempo entre costuras de María Dueñas o alguna de las novelas de Arturo Pérez Reverte. Un best-seller no originado directamente por el boca a boca, sino a través de una operación de marketing perfectamente programada que elige dos subgéneros específicos muy atractivos para el público lector: el detectivesco con fuertes dosis de mitología y supersticiones.
   En ciertos ámbitos de la crítica se suele cuestionar la calidad de este tipo de obras de consumo masivo, considerándolas literatura marginal, ese subcampo literario de la gran producción que diría Pierre Bourdieu, que goza de escasa autonomía, se guía por el beneficio económico y posee exiguo valor simbólico. Pero como en literatura no existe ningún tipo de determinismo, cabe preguntarse si esta segunda novela de la autora vasca, de ascendencia gallega, pertenece al subcampo de la gran producción o al de la producción restringida. O dicho con palabras llanas: si es una obra de posible consumo masivo que “deja sin aliento a quien la lee” como afirma la presentación de la edición gallega, precisamente por su calidad literaria, o es en cambio literatura marginal de fácil y gratificante lectura, pero nada más.
   La novela de Dolores Redondo reúne todas las fórmulas e ingredientes para impactar al lector: una historia de crímenes ubicada en un escenario  excepcional: el corazón del País Vasco, en los márgenes del río Baztán, un valle navarro asido por leyendas y antiguos mitos que desempeñan un importante papel en la trama novelesca. Un espacio mítico, en efecto, porque el valle del Baztán es un lugar repleto de bosques impenetrables con dólmenes salpicando el paisaje, cuevas habitadas desde hace miles de años que remiten sin duda a una cultura druida, como sugiere la misma narradora o a leyendas de criaturas mágicas. Un escenario muy propicio para hacer surgir entre sus pobladores miedos ancestrales, incertidumbres acrecentadas por no pocos desastres que han castigado a sus habitantes a lo largo de los tiempos.
   Por eso mismo, como dice un personaje de la novela: “Hace cien años, ciento cincuenta a lo sumo, era raro encontrar a alguien que declarase no creer en las brujas, sorgiñas, belagiles, basajaun, tarttalo  y, sobre todo, en Mari,  la diosa, genio, madre, la protectora de las cosechas y los ganados que, de forma caprichosa, hacía tronar el cielo y caer granizos que sumían al pueblo en la más terrible de las hambrunas” (página 108).
   En este espacio de mitos y leyendas, aparecen los cadáveres de dos adolescentes en una macabra puesta en escena, con mutilaciones sexuales incluidas y con la impresión de la mitología del valle de Baztán. Todo hace sospechar en un asesino en serie. Se hace cargo de la investigación Amaia Salazar, inspectora de la Policía Foral de Navarra, que vive angustiada por una maternidad que le dolía porque no acababa de llegar. Regresará así, para investigar los crímenes, a Elizondo, la capital del valle donde un terrible suceso, ocurrido en su niñez, la dejó traumatizada para siempre.
   La intriga que avanza al mismo ritmo con el que corren las páginas, hará que el lector sospeche que el autor del crimen es un basajaun, un ser mitológico, ese guardián invisible que habita en los bosques en los que actúa como entidad protectora. Pero la investigación se va complicando, quedando envuelta en la nebulosa familiar de la propia inspectora, dando lugar a un formidable e inesperado complot.
   Así pues, un thriller que amalgama hábilmente el suspense de una investigación policial con la magia de los mitos vasco-navarros, las ajustadas descripciones de las pruebas forenses y, sobre todo, una asfixiante atmósfera de leyendas suturada al pequeño universo de una naturaleza exuberante en el valle de Baztán.
   Destaco en el haber de la novela, ante todo la intriga, perfectamente planteada y enriquecida por los constantes giros y las analepsis  que, insertadas en el relato primario, nos revelan el doliente pasado de la protagonista y sus personales fantasmas. La ambientación del suspense suturado a la mitología que lo hace original. La combinación de lo racional e irracional, de lo real y lo fantástico. Un ritmo narrativo vibrante, con aceleraciones y oportunos momentos de pausa. Un lenguaje rico y potente, sobre todo en las descripciones de la naturaleza que sin embargo no ahogan la trama. Una lengua muy actual y sin tapujos a la hora de hablarnos de las prácticas y hábitos de algunos jóvenes de hoy (sexo cañero, alcohol, drogas…). La exploración de la complejidad  de los vínculos familiares con su parte emocional que cobra en la novela tanta importancia como el mismo desenlace de la investigación policial. La fiel radiografía de la actual sociedad con los cambios sociales y éticos experimentados en los últimos tiempos, así como las lacras que siguen vivas o han renacido con fuerza (machismo, precariedad laboral…) hasta el punto de formar parte de nuestra cotidianeidad.
   Quizás lo menos logrado de la novela sea la construcción de personajes que no evolucionan demasiado a lo largo del relato, procedimiento frecuente en el género policíaco. La novela refleja correctamente el rol que ha adquirido  la mujer en la sociedad actual. Pero en los pensamientos de ese poderoso personaje femenino que asume el papel del héroe y es una mujer de nuestro tiempo, sobran ciertas reflexiones sobre la maternidad como la realización máxima de la mujer.
   Todo ello es un aliciente suficiente para considerar esta primera novela de la Trilogía del Baztán, que parece ser que ya está medio escrita, como un best-seller que puede ser inscrito en la buena literatura. La condición de best-seller es una circunstancia paraliteraria que esperemos que no haga que Dolores Redondo se desborde como seguramente lo hace el río Baztán en estas fechas.

Legado en los huesos
Dolores Redondo
Ediciones Destino, Colección Áncora y Delfín, Barcelona, 2013, 560 páginas.

   De nuevo estamos delante de un fenómeno propio de nuestro tiempo: la “fabricación” de un superventas, originado a través de una operación de marketing perfectamente programada que elije dos subgénero específicos muy atrayentes para el lector: el detectivesco y la narrativa de sabor mitológico, con no pocas dosis de supersticiones. Y de nuevo formulo la misma pregunta: ¿Legado en los huesos pertenece al subcampo de la gran producción que goza de escasa autonomía, se deja llevar por el beneficio económico y posee un exiguo valor simbólico, a la literatura marginal de fácil y gratificante lectura, pero nada más? ¿O al contrario, al de la producción restringida, una pieza novelesca de posible consumo masivo, mas no huérfana de calidad?
   Respondo y sin ningún reparo mantengo que el libro está bien escrito, con las mismas virtudes, flaquezas y concesiones a lo comercial del primer volumen de la Trilogía del Baztán. Un best-seller bien articulado, con una trama perfectamente encadenada que hace que la intriga avance al mismo tiempo que corren sus abundantes páginas. Y con todos los ingredientes y fórmulas del género negro-detectivesco.
   El personaje central de la novela, la heroína, vuelve ser Amaia Salazar, una joven inspectora de la Policía Foral. Muy sensata y sagaz, aunque con un pasado turbio y agitado. Sabemos desde las primeras líneas del libro que acaba de ser madre, pero en esa situación debe enfrentar una nueva y extraña cadena de horrores: hombres, aparentemente sin nada en común, que asesinan a sus parejas sentimentales, o a mujeres objeto de su codicia, que se suicidan dejando la palabra “Tarttalo” como última nota. La novela nos sumerge de lleno en la mitología vasco-navarra. Si el “basajaun”, protector de los bosques y de sus habitantes, centraba el proceso de investigación de El guardián invisible, el “Tarttalo”, una especie de agreste y violento cíclope, será el objetivo de la investigación en esta segunda entrega.
   La trama de la novela, sin spoilerizar  el argumento, se resume en la siguiente sinopsis: en los últimos días de su embarazo, Amaia Salazar asiste al juicio contra Jasón Medina, acusado de haber matado a la hija de su mujer. La inspectora reúne pruebas inculpatorias contra este personaje que, imitando la forma de actuar del “basajaun”, viola y asesina a Johana, la hija adolescente de sus pareja. Mas de forma inesperada, el juez suspende el juicio, puesto que el inculpado, Jasón Medina, acaba de suicidarse dejando una nota para la inspectora. Un mensaje extraño en el que solamente aparece la palabra “Tarttalo”. Será este el primero de una cadena de suicidios con características semejantes. En todos ellos aparece la misma palabra “Tarttalo”, un nombre que remite a un personaje fabuloso del imaginario popular vasco navarro, y que oculta una trama espeluznante en la que se sumerge Amaia Salazar llevando la investigación hasta un vibrante final.
   Con maestría y habilidad nos introduce la autora en un escenario excepcional: el corazón del País Vasco, en las márgenes del río Baztán. Un valle que, por sus características naturales y las leyendas y mitos ancestrales que lo rodean, se convierte de nuevo en el espacio apropiado para el desenvolvimiento de la novela. Además, Dolores Redondo teje con maestría una historia original, con una buena presentación y desenvolvimiento de la intriga, y un ritmo narrativo vibrante, y de nuevo con oportunas aceleraciones y momentos de pausa. Sus personajes son creíbles, aunque bastante planos y sin que evolucionen a lo largo del relato.
   No obstante, se puede hacer una lectura basada en la ideología que transmite la novela; con opiniones posiblemente discrepantes. Me refiero en concreto al tema de la maternidad, de considerable peso en esta novela. La protagonista principal acaba de ser madre, quiere ser una madre perfecta, una madre de manual; con profundos sentimientos de culpabilidad por no poder estar más tiempo al cuidado de su hijo. Un guiño a la maternidad que será valorada con simpatía por ciertos lectores que aplauden las maravillas y dificultades de la condición maternal. Sin embargo, para otros esas reflexiones sobran en la novela porque avalan la idea de que la maternidad es la realización máxima y por excelencia de la mujer.
   Mas nada de esto es un estorbo para que Legado en los huesos deba de ser considerado un thriller bien pensado, estructurado y escrito. Un best-seller no carente de calidad literaria.

Francisco Martínez Bouzas

                                                           
Los reyes de España entregan el Premio Planeta a Dolores Redondo
Fragmentos

“El cementerio estaba repleto de vecinos que habían abandonado sus faenas y hasta cerrado su negocio para asistir al sepelio. El rumor de que podría no ser la primera chica que moría asesinada por el mismo criminal comenzaba a afianzarse entre la gente. Durante el funeral, que había tenido lugar apenas dos horas antes en la parroquia de Santiago, el sacerdote había insinuado en el sermón que el mal parecía estar acechando en el valle; y durante el responso, frente a la tumba abierta en el suelo, el clima era tenso y ominoso, como si sobre las cabezas de los presentes se cerniera una maldición de la que no podrían escapar.”

…..

“No era raro en medio de este bosque aceptar la existencia de las criaturas mágicas que conformaron el pasado de las gentes de aquella región. Todos los bosques son poderosos, algunos son temibles por profundos, por misteriosos, otros por oscuros y siniestros. El bosque de Baztán es hechizante, con una belleza serena y ancestral que evoca sin buscarlo su parte más humana, la parte más etérea e infantil, esa que cree en las maravillosas hadas con pies de pato que vivían en el bosque (…)
Amaia sentía en aquel bosque presencias tan palpables que resultaba fácil aceptar una cultura druida, un poder del árbol por encima del hombre, y evocar el tiempo en que en aquellos lugares y en todo el valle la comunión entre seres mágicos y humanos fue religión.”

…..

“El perfil criminológico del basajaun resultaba sobrecogedor por la evidencia de su comportamiento casi de manual. Amaia recordaba su estancia en el curso sobre perfiles criminales con el FBI y que allí aprendió, entre otras cosas que la parafernalia psicosexual que muchos asesinos en serie montaban en torno al cadáver indicaba su deseo de personalizarlos para establecer un vínculo entre ellos y sus víctimas que de otro modo no existiría, Había lógica en sus actos, no se evidenciaba trastorno mental alguno. Los crímenes estaban perfectamente planificados y premeditados, hasta tal punto de que el asesino era capaz de reproducir una y otra vez el mismo crimen en diferentes víctimas.”

(Dolores Redondo, El guardián invisible, páginas 45, 91-92, 211-212)

sábado, 15 de octubre de 2016

"CERO K": LA QUIMERA DE LA INMORTALIDAD DE LOS BILLONARIOS



Cero K
Don DeLillo
Traducción de Javier Calvo
Editorial Seix Barral, Biblioteca Formentor, Barcelona, 2016, 318 páginas.

   Seix Barral publica en español Zero K (2016), la última novela de Don DeLillo, el escritor de Bronx, referencia imprescindible en la literatura norteamericana (narrativa de ficción, teatro, ensayo, guiones cinematográficos). El reconocimiento unánime lo alcanzó en 1985 con White Noise (Ruido de fondo en la traducción española), si bien se sigue considerando a Underworld (1997, Submundo en la traducción española) su mejor novela. Ganador de los grandes premios de las letras estadounidenses, eterno candidato al Nobel, sus ficciones reinciden en más de una ocasión en el destino del ser humano, el ancestral miedo a la muerte y aquellos hábitos consumistas y tecnocientíficos que nos introducen en quimeras y fáusticas aspiraciones para evitarla. Cero K se inscribe en esta línea por retener la vida, por eludir ese destino que es la muerte.
   Obsesionados por la muerte que acecha de mil maneras y a la vuelta de cualquier esquina, los personajes de su ficción intentan conjurarla, luchando incluso contra ella mediante el sometimiento voluntario y transitorio a sus exigencias: por medio del fallecimiento inducido, la congelación mediante un procedimiento criogénico secreto (el proyecto Convergencia, organizado por una secta apocalíptica), en espera de que los avances tecnológicos futuros sean capaces de curar sus enfermedades y recuperar cuerpos y mentes. Cero K es la unidad especial de ese ultra secreto complejo y donde los pacientes que han adoptado la decisión de morir, harán la transición al siguiente nivel (la muerte artificial y la congelación a la temperatura del cero absoluto o cero k en la escala de Kelvin). Evitan así la muerte natural.
   La esposa de Ross Lockhart, discapacitada por varias enfermedades, elige esa forma de muerte artificial / suicidio asistido. Pero de pronto su marido cuya salud es perfecta, decide acompañar a su esposa y someterse igualmente al procedimiento criogénico. A una comuna situada en Kazajistán, rodeada de rocas precámbricas,  son conducidos los billonarios que aspiran a la inmortalidad, entre ellos Ross, principal inversor del proyecto Convergencia y su esposa Artis Martineau. Pero la ficción hace así mismo que hacia allí viaje Jeffrey Lockhart, narrador homodiégetico  y conductor de la historia, para asistir a los últimos momentos de su madrastra que pondrá fin a una versión transitoria de la vida para acceder a otra más permanente. Mas Jeffrey mantiene una visión escéptica de ese procedimiento / espectáculo extravagante en el que participan su padre y su esposa, por más que el padre pretenda, en una comunicación adornada de sentimientos, que el hijo apoye su decisión vital, la forma de poder revivir algún día. Morir para no morir. Jeffrey se rebela contra la decisión paterna, consciente de que le habían lavado el cerebro y de que lo que pretende hacer su progenitor es un crimen mafioso en el que al morir en forma humana le sucederá algún día un revivir convertido en un dron isométrico.
   En buena parte todo sucede como estaba previsto, pero la novela, en su desenlace, se convierte en una celebración de la vida mortal, la de este mundo repleto de enfermedades, achaques, guerras, catástrofes, caos, terrorismo. Es la voz del protagonista quien nos lo transmite de una forma muy simple: “No necesitaba la luz del paraíso. Ya tenía los gritos maravillados del niño” (página 318).
   Cero K no es una novela complaciente, una golosina literaria, pero sí un relato sin concesiones, de potencia demoledora, que nos invita a interrogarnos sobre el poder y los límites de la tecnociencia, esa ciencia que altera todas las creencias previas. Aún admitiendo que la secta apocalíptica de la Convergencia tuviera, mediante criopreservación, la posibilidad de devolver la vida a aquellos a los que previamente se la había quitado, la pregunta kantina “¿Qué debo hacer?” sigue estando ahí, con la misma fuerza con que la formuló el filósofo de Könisberg. La tecnociencia ha agrandado de forma casi infinita el campo del quehacer humano, el futuro de nuestra especie, hoy perfectamente moldeable. Mas aquello que es moldeable, también es susceptible de ser controlado. El mismo Don DeLillo lo dice a través de la voz de su protagonista: “Me pregunté si estaba mirando el futuro controlado, hombres y mujeres subordinados, de forma voluntaria o no, a alguna forma de mando centralizado” (página 168). Vidas convertidas pues en maniquíes.
   Aunque sin censuras inquisitoriales, no podemos admitir sin más el imperativo tecnológico: “poder implica deber”; la quimera de la inmortalidad de los millonarios por otro lado que viajan hacia el renacer, está totalmente fuera de esa narración que denominamos Historia, y produce en la voz narradora un verdadero sobrecogimiento.
   Atendiendo a su arquitectura compositiva, Cero K, tras plan
tear su núcleo argumental, nos sumerge en profundas reflexiones, a veces dialogadas, sobre las relaciones padre-hijo, la identidad personal y la posibilidad del despojamiento de la propia persona, entendida en el sentido etimológico griego (máscara); cavilaciones así mismo sobre el sentido de la muerte y el elemento definitorio que es la vida y que algún día terminará. Un comienzo quizás demasiado abstracto y filosófico, al que sigue el meollo de la trama. La descripción del complejo Convergencia, sus pasillos laberínticos, habitaciones sin ventanas, guardianes que parecen más una forma de vida que seres humanos. En definitiva un ambiente kafkiano. Y el relato con tintes de ciencia ficción de como se prepara  a Artis y a otros candidatos para su tránsito hacia un futuro renacer.
   Con gran acierto introduce el autor un monólogo de Artis desde la cápsula en la que reposa su cuerpo criopreservado, inquiriéndose  si es alguien o son solamente las palabras las que le hacen creer que es alguien.
   Son muchos y variados los recursos narrativos de Don DeLillo, entre ellos las analépsis, eses saltos hacia el pasado que hacen inteligible las razones del punto de no retorno de la relación padre e hijo. También el nuevo lenguaje para poder  definir ese morir momentáneo y la fe de sentirse vivo en el futuro. Una lengua que se ajusta a la tonalidad de la novela y a la complejidad  de sus temas: alejada de cualquier floritura complaciente, seca, fría, precisa, quizás minimalista, pero no por ello menos contundente.

Francisco Martínez Bouzas
                                                    
Don DeLillo
Fragmentos

“- ¿Conoces los procedimientos por los que vas a pasar, los detalles, cómo lo van  a hacer?
-Los conozco exactamente.
-¿Piensas en el futuro? ¿En cómo será volver? El cuerpo será el mismo, sí, o incluso mejorado, pero ¿qué pasa con la mente? ¿La conciencia no se verá alterada? ¿Serás la misma persona? Te mueres siendo alguien  con un nombre determinado, y con tu historia, tus recuerdos y tu misterio reunidos en esa persona y ese nombre. Pero ¿te despiertas con todo eso intacto? ¿Es simplemente como dormir durante una noche muy larga?
-Ross  y yo tenemos un chiste recurrente. ¿quién seré yo al despertar de nuevo? ¿Acaso mi alma habrá abandonado mi cuerpo y habrá migrado a otro? ¿Cuál es la palabra adecuada para el proceso? ¿O bien me despertaré convencida de que soy un murciélago de la fruta de Filipinas? Con hambre de insectos.”

…..

“Amor de una mujer, sí. Pero me acordé de lo que habían dicho los gemelos Stenmark en la sala de piedra, hablando directamente con los ricos benefactores. Dad el salto, les habían dicho. Vivid el mito de la inmortalidad para los multimillonarios ¿Y por qué no hacerlo ya?, pensé. ¿Qué más le quedaba por adquirir a Ross? Dales a los futuristas su dinero manchado de sangre y ellos te permitirán vivir para siempre.
La cápsula será su mausoleo por derecho.”

…..

“Aquellas figuras, aquellos santos del desierto, momificados, disecados en su cámara mortuoria subterránea, el poder claustrofóbico de la escena, el ligero hedor a podredumbre. Estuve un momento sin poder respirar. ¿Acaso podía interpretar aquellas figuras como la versión ancestral de los hombres y las mujeres erguidos en sus cápsulas, humanos reales al borde de la inmortalidad? Yo no quería interpretación. Quería ver y sentir lo que había allí, por mucho que no estuviera a la altura de la experiencia que se estaba desplegando a mi alrededor.”

(Don DeLillo, Cero K, páginas 56-57, 136, 153-154)

jueves, 13 de octubre de 2016

MEMORIA DE DARIO FO



Con dos noticias de signo distinto, nos sorprende este 13 de octubre. A las 13 horas conocíamos la concesión del 109 Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Un premio controvertido, “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”, tal como lo justificó la Academia Sueca. Horas antes, conocíamos el fallecimiento de Dario Fo (Sangiano, 24 de marzo de 1926), igualmente Premio Nobel de Literatura en 1997, “por emular a los bufones de la Edad Media en la autoridad flagelante y por defender la dignidad de los oprimidos”.
   Dario Fo, autor, director, actor, escribió su primera obra teatral en 1944, y en 1948 el mismo debutó como actor en la escena. En colaboración con su esposa, Franca Rame (fallecida en 2013), escribió y representó más de cincuenta obras de teatro, ácidas sátiras políticas en las que arremete sin piedad contra el poder político, el capitalismo, la mafia y la Iglesia jerarquía del Vaticano. Misterio Buffo y otras comedias, Muerte accidental de un anarquista o Aquí no pasa nada son algunas de sus obras maestras. En 2014, Dario Fo publicó su primera novela, Lucrecia Borgia, la hija del Papa, editada en España por Siruela. Y el pasado año volvió a la narrativa con C‘è un re pazzo in Dinamarca editada igualmente en español.
   En recuerdo y homenaje de este Arlecchino de Italia, heredero de la tradición de los juglares, azote del poder político y eclesial, activista incansable que lo convirtió en referente moral de la izquierda italiana que dejó de existir el día “en que se casó estúpidamente con el poder”, reproduzco dos textos de Dario Fo, inmenso maestro de la sátira, extraídos  de Hay un rey loco en Dinamarca.

Hay un rey loco en Dinamarca
Dario Fo
Traducción del italiano de Carlos Gumpert
Ediciones Siruela, Madrid, 2016, 182 páginas

   La idea de este libro, surge, tal como confiesa el autor en la nota introductoria, a raíz de una investigación realizada por su hijo Jacopo sobre los reyes daneses del siglo XVIII, en concreto, de las  crónicas, comentarios y diarios que desde el siglo XV solían escribir los hombres que tenían práctica en las letras. De este modo, han llegado hasta nosotros testimonios de personajes históricos que alcanzaron la fama. El hallazgo de estos papeles ha permitido reconstruir los trágicos y grotescos sucesos que marcaron Escandinavia durante el período comprendido entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, desconocidos durante mucho tiempo. El autor más importante de estas memorias salidas a la luz es Cristián VII, rey de Dinamarca y de Noruega desde 1766 a 1808, que a pesar de que sufría graves problemas mentales, posiblemente esquizofrenia, y era un crápula y libertino, asumió el trono tan solo con dieciséis años. A esa esa misma edad se casó con la princesa de Gales, Carolina Matilde de Hannover, hermana del rey Jorge III de Gran Bretaña.

Francisco Martínez Bouzas

Dario Fo en 2008 (foto de Bernardo Pérez)

Textos

Dentro y fuera de un cuento de hadas

“Me llamo Cristián y soy de fe luterana. Tengo treinta años, más o menos, no lo recuerdo con exactitud, pero me molesta pedir información sobre mi nacimiento a alguien de la servidumbre o de la corte. Vine al mundo en Copenhague, supongo que en el palacio real con la ciudad cubierta de nieve, ¡fue en pleno invierno…! Más o menos  a mediados del siglo XVIII.
Mi madre, Luisa de Hannover, fue la primera mujer de Federico V, rey de Dinamarca como es natural. De ella no tengo casi memoria, ni de su voz ni de sus senos mientras me amamantaba. Y es que fui depositado de inmediato entre los brazos de una nodriza de la que recuerdo con exactitud sus pechos tiernos y henchidos de leche y una voz que me cantaba para que me adormeciera. Mi madre murió cuando yo tenía dos años y no lo supe hasta mucho más tarde, cuando mi padre el rey volvió a casarse con otra mujer noble, muy hermosa pero codiciosa también, y carente de humanidad, Juliana María de Brunswick-Lüneburg, de la que me esforzaré por hablar ampliamente dentro de poco. Solo anticipo al lector que descubrir a esa señora, que parecía surgida de las leyendas mitológicas de un antiguo narrador escandinavo, fue para mí algo terriblemente desagradable. Era una auténtica madrastra, como la de esos crueles cuentos de hadas inventados a propósito para asustar a los niños.
El día en el que, al cabo de un año, la madrastra dio a luz a su primogénito caí prostrado por unas terribles fiebres, no desde luego  a causa de ese nacimiento. El médico, llamado con urgencia, decretó que era probable que no se tratara de nada grave: un fenómeno normal, propio del desarrollo infantil. Pero, por desgracia, el diagnóstico era completamente erróneo; no me recuperé más que al cabo de meses de semiinconsciencia. (…)

…..

Escenas de un loco amor

“Me desperté en el momento en el que las criadas empezaban a quitarme la ropa para ponerme una túnica de seda perfumada. Cristián también apareció al rato con una especie de paño decorado a la oriental encima. Dio órdenes para que toda la servidumbre desapareciera. Al quedarnos solo, dejó caer la gualdrapa y apareció desnudo ante mí. Se metió en la cama y me abrazó. No tardamos en caer dormidos como dos criaturas.
Me desperté todavía en sus brazos, era el amanecer. De la habitación de al lado venía olor a café y  a pásteles de crema. Me deslicé con la mayor ligereza posible fuera de la cama y, desnuda como estaba, me asomé para echar un vistazo a la enorme mesa en la que estaba preparado un desayuno imposible.
Me senté frente a aquel desfile de pasteles y de frutas, así como de bebidas, y empecé a pellizcar de unos y de otras igual que hacía de niña. En ese momento aparece ante mí Cristián y de inmediato exclamo entre aspavientos:
-¡Dios mío, mi marido! ¡Él también desnudo!
-¡No estoy desnudo en absoluto, mírame bien! –Y señala las frutas que le penden de las orejas, y las bayas y piñas colgando de la cintura enmascarando apenas su intimidad. Cristián se ríe, no se preocupa lo más mínimo por ponerse prenda de vestir alguna, exactamente como me he comportado yo. Desayunamos con una voracidad de huérfanos hambrientos. Él me acaricia la cara con las manos bañadas en crema y luego me besa limpiándome con voluptuosidad, casi como si me hubiera convertido en un cruasán recién horneado. Yo hago lo mismo rociándolo de mermelada de manzanas y, sin pudor alguno, trato de lamerlo aquí y allá.
-¡No! ¡Cosquillas no, no puedo soportarlas!
Me arroja sobre la mesa y rodamos entre platos y tazas repletas de toda clase de manjares. Ambos nos reímos y pataleamos igual que dos amantes. Estoy viviendo una luna de miel realmente triunfal. Me siento feliz, sobre todo porque en el comportamiento de Cristián no se aprecia en ningún momento el menor atisbo de enfermedad o locura. Pero, por desgracia, esta condición maravillosa estaba destinada a durar poco.”

(Dario Fo, Hay un rey loco en Dinamarca, páginas 14-15, 35-36)