miércoles, 18 de mayo de 2016

"LA ELEGANCIA DEL ERIZO": LA PORTERA PARISINA QUE HABLA DE MARX Y DE HUSSERL



La elegancia del erizo
Muriel Barbery
Editorial Seix Barral, Barcelona, 368 páginas
(Libros de fondo)

   Desde el año 2007 podemos disfrutar en español de un texto literario que  alcanzó un gran éxito no solo en Francia (con más de un millón de ejemplares vendidos), sino también en muchos otros países a cuyas lenguas fue traducido. La novela que ganó el “Prix des Libraires” franceses, fue así mismo adaptada al cine bajo el título “Le Hérrisson”, dirigida por Mona Achade. Muriel Barbery (Casablanca, 1969) es una profesora de filosofía que se convirtió con dos novelas en una verdadera revelación literaria, tal vez porque la autora es capaz de amalgamar profundas y constantes pinceladas de profundidad y frecuentes toques de humor sumamente inteligente.
    Y todo eso a través de un hilo narrativo que cautiva la atención lectora ya desde el preámbulo en el que una, a la vez típica y atípica portera parisina, nos habla de Marx y de La Ideología Alemana.. Muriel Barbery escribe, en efecto, con grandes dosis de humor, ternura, ironía, estilo sencillo, y, al mismo tiempo, refleja con perspicacia analítica la sociedad actual, ofreciéndonos una historia original y entrañable que tiene incluso la capacidad de desdramatizar el hecho inexorable de la muerte.
   La historia que Muriel Barbery desarrolla, transcurre en un edificio del París señorial, en la rue Grenelle, donde habitan las familias de la élite francesa, y se estructura alrededor de los diarios de la portera del inmueble, Renée Michel, y de Paloma, la hija de uno de los propietarios de las lujosas viviendas. Renée es viuda, baja, fea, regordeta y con juanetes. Lo que la creencia social aglutina como el paradigma de portera. Pero su personalidad nada tiene que ver con este estereotipo, por mucho que intente esconderse tras una máscara. Es una proletaria autodidacta, poseedora de una extraordinaria cultura, una envidiable apertura mental y gustos musicales, literarios, filosóficos, muy refinados. Tiene a Husserl como maestro de referencia, escucha a Purcell y es una ferviente entendida de la cultura japonesa, de las películas de Ozu. Su gato se llama León en homenaje a Tolstoi. No obstante, esta Renée que descubren los lectores es clandestina. Fue ella misma quien decidió no revelarse al mundo y conformarse con el rol social que se espera de una portera. Reproduce pues escrupulosamente todos los elementos y marcas del estereotipo. Por ejemplo, tiene el televisor siempre encendido, al tiempo que ella en su habitación escucha a Mahler.
   La otra mitad de la novela recoge la voz, en forma también de diario, de Paloma Josse, doce años, hija de un ex ministro y diputado socialista. Ella se reconoce a sí misma excepcionalmente inteligente, mas como no tiene demasiadas ganas de llamar la atención en el colegio, intenta no sobresalir en nada. Se esfuerza por parecer tonta, y eso la libera de morir de aburrimiento. Y como está convencida de que el mundo es absurdo, toma la decisión de suicidarse cuanto concluya el curso escolar, el día en que cumpla trece años.
   La novela asume así una estructura isomorfa. En el mismo edificio viven dos personajes solitarios que se disfrazan, escondiendo su extraordinaria naturaleza detrás de los estereotipos propios del rol. Mas aquí concluiría la historia de Muriel Barvery si no entrase en escena un nuevo personaje que asume el puesto de uno de los inquilinos, que muere por el bien de la historia. Es el señor Kazuro Ozu, un rico y perspicaz japonés que tiene el don de ir más allá y desenmascarar a las dos figuras. He aquí pues la cifra secreta que esconde el título. La señora Michel tiene la elegancia de erizo: por fuera cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero luce por dentro el mismo sencillo refinamiento de los erizos.
   El desenmascaramiento que efectúa el señor Ozu, conduce al desenlace de la historia, y también a la catástrofe, en el sentido etimológico del término griego.
   La elegancia de erizo puede ser leída como una crítica mordaz a la burguesía francesa, a la hipocresía social, al consumismo desmedido, al mundo de las jerarquías. Pero también como un himno, escrito con estrofas de humor y de ironía, a la hermosura de las pequeñas cosas y a la belleza interior, a la inteligencia que la autora considera que es algo transversal y propio de las anti heroínas. Como la de esta historia de la Cincenta que Muriel Barbery sitúa en la rue Grenelle de París.

Francisco Martínez Bouzas

                                                        
Muriel Barbery
Fragmentos

“Tal es la fenomenología: la "ciencia de lo que aparece a la conciencia". ¿Cómo es un día normal en un fenomenólogo? Se levanta, tiene conciencia de enjabonar bajo la ducha un cuerpo cuya existencia carece de fundamento, de tomarse unas tostadas reducidas a la nada, de vestir una ropa que es cómo unos paréntesis vacíos, de ir al trabajo y de asir un gato. 
Poco le importa que el gato exista o no y lo que el gato sea en su esencia misma. Lo que no se puede decir no le interesa. En cambio, es innegable que a su conciencia se le aparece un gato y es ese aparecer el que preocupa a nuestro hombre. 
Un aparecer por lo demás bastante complejo. Es desde luego notable que se pueda detallar hasta ese punto el funcionamiento de la aprehensión por parte de la conciencia de algo cuya existencia en sí es indiferente. ¿Saben ustedes que nuestra conciencia no aprehende nada de una sentada, sino que efectúa complicadas series de síntesis que, mediante perfilados sucesivos, consiguen que nuestros sentidos perciban objetos diversos como, por ejemplo, un gato, una escoba o un matamoscas? (No me negarán que no resulta útil este mecanismo.) Realicen el ejercicio de mirar a su gato y de preguntarse cómo es que saben ustedes qué aspecto tiene por delante, por detrás, por arriba y por abajo cuando en ese momento sólo lo están viendo de frente. Ha sido necesario que su conciencia, sintetizando sin que ustedes se dieran cuenta siquiera las múltiples percepciones de su gato desde todos los ángulos posibles, termine creando esa imagen completa del gato que su visión actual no les proporciona jamás. Lo mismo ocurre con el matamoscas, que no perciben nunca ustedes más que por un lado, si bien pueden visualizarlo entero en sus mentes y. milagro, saben sin tener siquiera que darle la vuelta qué aspecto tiene por el otro lado. 
Estaremos de acuerdo en que ese saber resulta muy útil. Resulta difícil imaginar a Manuela utilizando un matamoscas sin echar mano inmediatamente del saber que tiene de los distintos perfilados necesarios para su aprehensión. Por otra parte, resulta difícil imaginar a Manuela utilizando un matamoscas por la sencilla razón de que en las casas de los ricos no hay moscas. Ni moscas, ni viruela, ni malos olores, ni secretos de familia. En casa de los ricos todo es limpio, sin aristas, sano y por consiguiente preservado de la tiranía de los matamoscas y del oprobio público.
He aquí pues lo que es la fenomenología  un monólogo solitario y sin fin de la conciencia consigo misma, un autismo puro y duro que ningún gato real y verdadero importuna jamás.”

…..

“Sobre todo no hay que olvidarlo. No hay que olvidar a los viejos de cuerpo podrido, los viejos a dos pasos de una muerte en la que los jóvenes no quieren pensar (confían a la residencia de ancianos la tarea de llevar a sus padres a la muerte sin alboroto ni preocupaciones), la inexistente alegría de esas últimas horas que tendrían que disfrutar a fondo pero las pasan en el tedio y la amargura, rumiando los mismos recuerdos una y otra vez. No hay que olvidar que el cuerpo se degrada, que los amigos se mueren, que todos te olvidan, que el final es soledad. No hay que olvidar tampoco que esos viejos fueron jóvenes, que el tiempo de una vida es irrisorio, que un día tienes veinte años, y al siguiente ya son ochenta. Colombe cree que uno "puede darse prisa en olvidar" porque para ella la perspectiva de la vejez está aún tan lejos que es como si nunca fuera a ocurrirle. Yo en cambio hace tiempo que aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos de mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana... Pero si se teme al mañana es porque no se sabe construir el presente, y cuando no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis?
De modo que sobretodo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.
Para esto sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos."

(Muriel Barbery, La elegancia del erizo, capítulo 6 de “Camelias” y capítulo “Idea profunda nº. 8”)

lunes, 16 de mayo de 2016

"BITÁCORA DE AUSENCIAS": ISOBARAS DE HORROR, RABIA Y TERNURA



Bitácoras de ausencias

Montserrat Villar González

Ilustraciones de Ángel Perdomo

Prólogo de María Ángeles Pérez López

Amargord Ediciones, Colmenar Viejo (Madrid), 2015, 88 páginas



   Se ha afirmado, y no sin razón, que los que escriben fuera de Galicia no existen para el sistema literario gallego. Es el caso de Montserrat Villar González, hija de esta tierra (Cortegada de Baños, Ourense). Y lo es por doble motivo: por ser una poeta y traductora que escribe extramuros, llevando dentro, no obstante, esa música mortal que nos ata a la tierra, como escribió Fermín Bouza. Y en segundo lugar, porque según los cánones que pontifican lo que es y no es literatura gallega, Montserrat Villar, pese a que alguno de sus libros, la antología bilingüe traducida por Xavier Frías Conde, Terra en mármore e tenrura (2015), nos permite leer sus versos en la lengua de Rosalía. Montserrat Villar, por circunstancias de la vida, es una poeta “en tránsito” en Salamanca, una ciudad de monumentos y momentos de intenso contenido cultural, formativo y también literario para muchos gallegos y gallegas. Quizás algún día se pueda reunir en una antología, como se hizo con los poetas gallegos residentes en Cataluña y Madrid, los poemas y textos de escritura de escritores gallegos asentados en la “diáspora” de la vieja Helmántica.

   Sea como fuere, la verdadera biografía de un escritor está en sus escritos. Pero la escritura (el poema, el relato, la novela) no sale de la nada, sino de un ser de carne y hueso, que lo es desde la niñez. Y la infancia de Montserrat Villar se alimentó entre los paisajes y rumores que baña o genera el río Miño, en su Galicia natal. Apostaría pues que los vacíos “que la realidad clava en mi alma” y que “se llenarían de poesía”, tal como lo expresa en su poética Montserrat Villar, también se han ido colmando en los paisajes y vivencias de su tierra natal, y han sido fecundados por las aguas del padre de los ríos gallegos. También es verdad que Montserrat Villar, en su ya dilatada obra poética, plasma la condición más esencial para escribir poesía: percibir el universo con su carga profunda de significados para descorrer el velo de la realidad, y, tras un tiempo de reposo en sus entrañas, los ha sabido expresar con palabras sonoras, “con la pretensión de comunicar y de hacer sentir emociones” (de nuevo me remito a su personal poética). Ciertamente en Bitácora de ausencias, el verbo creado y creador (Pedro Salinas), el logos sonoro de sus poemas cumple con esa función de la poiesis y del poeta, en las tres partes en las que la autora estructura el poemario. Tres partes que configuran, no obstante, una singular obra unitaria.

   La primera, “Las cenizas del silencio”, enraizada en tan solo cuatro poemas, encierra en sus estrofas y versos una gran tensión creativa, muy congruente con los momentos en los que una espantosa realidad se clavó  en el alma de la poeta: un viaje a Polonia, la visita a los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau y el esfuerzo / homenaje que la poeta rinde a las víctimas del Holocausto. Poesía habitada por una inhabitual potencia expresiva para hacernos presente el horror, el tormento, el dolor y la muerte. Y aquí surge, una vez más, “la palabra que más ha atormentado la imaginación poética del siglo XX”, como escribe María Ángeles Pérez López en un pórtico introductorio digno del poemario de Montserrat Villar: Auschwitz. A la mente viene el dictum de Adorno: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. Mas Montserrat Villar, como lo hicieron en su día Primo Levi, Imre Kertész, Wislawa Szymborsca o el mítico Paul Celan, le quita la razón a Adorno, porque, aunque es cierto que ninguna lengua cuenta con las suficientes palabras para expresar la ofensa recibida por la humanidad, un poeta no puede dejar de escribir, como mantuvo Paul Celan. Y suyo precisamente es el más célebre y estremecedor poema sobre Auschwitz, “Muerte en fuga”.

   Monserrat Villar reescribe pues el infierno inimaginable, la irracional monstruosidad del campo de exterminio, y, en sus estrofas y versos, nos damos de bruces con el espanto. La poeta no admite que un mundo de palabras silencie los horrores del pasado; recuerda a los muertos que “dejaron caer el peso de sus cadáveres sobre los otros” y apuesta por la vida y sus sueños que permitan suavizar el silencio que asfixia la voz de los masacrados. Ese millón y medio de almas, los cadáveres amontonados que esperan solo ser cenizas, como los recuerda la poeta en esas cortas estrofas de un largo poema, “Breviario”; y por los que implora en el poema “Oración por los derrotados. Una súplica en forma de anáfora que intensifica el relieve semántico, dirigida no solo a y por los muertos en el Lager, sino también por nosotros para que nunca olvidemos, porque Auschwitz, como explicó Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz y también deportado, desafía la imaginación y la percepción. Solamente se somete a la memoria. Mas si hay un poema en esta primera parte que testimonie el pavor, este es sin duda “Cóncavo silencio”. Precedido de un esclarecedor epígrafe de Antonio Orihuela (“Auschwitz no es historia, era premonición”), la poeta rememora “el grito cóncavo del horror”, “el dolor cóncavo de vuestros cuerpos” que macera nuestra piel. Un poema merecedor, en mi opinión, de figurar en la antología poética de muerte y vida que significó y sigue significando Auschwitz. Y digo vida siguiendo a Hölderlin (“Nada viviría que no tuviera esperanza”), porque, en la obra de arte, la muerte es tan solo un pálido reflejo, porque es la vida, quizás transmutada, la que al final triunfa.

   “Andamio y tormentas” es el título con el que Montserrat Villar rotula la segunda parte, los veintidós poemas que constituyen el andamiaje del poemario. Poemas para sobrevivir, para sujetarse a la vida, para no derrumbarse, que hablan de abandonos invisibles, del hambre que tatúa todo el cuerpo, del llanto que testimonia que sigue viviendo, que urgen a liberarse del terror de estar viva. La poeta que gritó lo ocurrido en Auschwitz-Birkenau, dirige ahora la rabia de sus gritos hacia el propio yo. Y con poemas de tonalidad expresionista, la voz poética explora la dimensión existencial, la finitud, el duelo con final previsto entre la vida, una obra que nunca termina de construirse, y su desenlace, la muerte. Versos que exploran lo que somos, y lo hacen con un lirismo frecuentemente explosivo, radical, con un léxico duro, furioso, arrebatado que expresa cabalmente esa “ubris” psico-afectiva constitutiva de nuestra especie. Dolor, terror, espanto existencial, pero sin olvidarse de la mejor coraza: el abrazo amoroso. Un panegírico dedicado a Leopoldo María Panero, un pota admirado por Montserrat Villar, le pone el ramo a esta parte, preñada así mismo de dolor, pero también de esperanza.

   Concluye Bitácoras de ausencias con dos largos poemas que le dan forma y contenido a la sección “Ausencia de la memoria”. Dos poemas metagenéricos, construidos desde una deliberada transgresión de géneros, en los que tienen cabida y acaban por confundirse lo poético y lo narrativo. Poemas y prosas poéticas que cartografían el personal periplo repleto de ausencias y de presencias, y que, desde la infancia y sus recuerdos y a través del océano de la vida, arriba en ese lado del mar que es el presente, un presente compartido: “el mío y el suyo sin fantasmas / sin vampiros que me sangren / sin conciencia ni recuerdos”. Y que es así mismo un regreso al paraíso, al incendio de la ternura, ya que la vida se construye con mimos y deseos.

   Versos, estrofas, poemas que configuran un personalísimo magma lírico, un cuaderno de bitácora, repleto de operaciones de lenguaje y pensamiento. Y aunque no desprecie la poeta las gracias fonocéntricas, no es cautiva de la métrica ni de la rima, de versos aprisionados; versos libres en su mayoría los suyos, mas no carentes de forma. Poemas escritos sin palabras vanas, alejados de excesos barroquizantes, pero rebosantes de tensión, fuerza, emotividad, bríos y fulgores. Poesía pues para ser pensada y gozada.

Francisco Martínez Bouzas

Montserrat Villar González

Selección de poemas


CÓNCAVO SILENCIO

(Auschwitz-Birkenau, abril 2014)



Auschwitz no es historia,

era premonición

Antonio Orihuela

“El grito cóncavo del horror en los ojos

se clava

en la cara de los que silenciaron vuestras muertes,

en las manos que ahogaron vuestras vidas,

en la mente de los que prefieren ignorar vuestra ausencia,

en la espalda de quienes, todavía, os buscan,

en el alma de aquellos que no olvidan.



El dolor cóncavo de vuestros cuerpos

nos envuelve macerando

nuestra piel hasta llegar a la inconsistencia

de estas cenizas de las que somos cómplices.



En la hiel de los que os despidieron

se agarra el horror ante la noche

en la que los sonidos expulsan ecos

que mueren a la muerte misma.”



…..



AQUÍ ESTOY Y AQUÍ ME SOSTENGO



“Aquí estoy y aquí me sostengo

con una mano en tu cordura

y con otra en el desenfrenado miedo

a esta falta de futuro que nos corresponde.



Aquí estoy y aquí me acieno

subida a este andamio que es la vida

a esta obra que nunca se construye

a estas goteras que no precipitan.



Aquí estoy y me derrumbo

en esta nocturna tarde

en que no comparto abrazos

bajo los escombros de esta oscuridad.



Aquí estoy sin equilibrio

al  perder la sonrisa ante lo imposible

esperanza de vivir en un mundo

de sueños, caricias y sólidos lazos.”



…..



NECESITO ROMPER LAS MANGAS



“Necesito romper las mangas

de esta camisa de fuerza que me abraza

y liberarme del terror de estar viva.

Necesito rasgar estas mangas

Desalojar la nada que me puede

ahogar este incansable llanto

asesinar mis miedos y vergüenza.



Necesito crear un abrazo

que llegue hasta ti sin recuerdos

sin pisadas de pies que me persiguen.

Sin demoras de horas que se han ido

entre sombras y uñas clavadas en los ojos

sin ningún ayer, sin nada.”



…..



PARIA POR NO PARIR



“Paria por no parir.

Paria por parir ausencias.

Paria por parir pena

o palabra sin sentido.

Paria por parir silencios

Paria por finitud.

Paria por desesperanza y desespero.

Paria por parir nada.”



…..



PANEgiRicO, EN ESTE DÍA DE MUERTE Y SILENCIO

(A Leopoldo Mª Panero, el día de su muerte)



“Que la sangre

que cuaja en el cuello de los ahorcados

sirva para calmar

tu dolor y enjugar

en tus ojos las lágrimas

que se convirtieron

en palabras.



Que la violencia

con la que tú mismo te agredías

se convierta en belleza

que calme tus entrañas

y, ahora, ya, sólo grites

para disfrutar el eco de tus versos.”



(Montserrat Villar González, Bitácora de ausencias, páginas 22, 36, 52, 54, 63)

domingo, 15 de mayo de 2016

"LAS LLANURAS": CUANDO NOS CONSTRUYE EL PAISAJE



Las llanuras
Gerald Murnane
Traducción de Carles Andreu
Editorial Minúscula, Barcelona, 2015, 147 páginas

   Como genio, como un Proust que no ha salido nunca de Combray, como un digno heredero de Beckett, así ha sido definido Gerald Murnane (Coburg, Melburne, 1939), el autor de Las llanuras, y uno de los escritores australianos más innovadores, autor de una producción literaria de difícil clasificación, ya que en ella se dan cita el relato autobiográfico, el ensayo, tratados de historia y la ficción. La novela que ha traducido Carles Andreu para Editorial Minúscula es una rara avis en las listas de la ficción alternativa australiana, porque es de la pocas ocasiones en las que un territorio, las llanuras australianas se convierte, no en protagonista, pero sí en el verdadero núcleo diegético de una novela, a cuya representación el lenguaje difícilmente tiene acceso. Las llanuras, más que paisaje, es una forma de vida, y también una verdadera radiografía de las personas que moran en uno de los lugares más espectaculares y solitarios de nuestro planeta.
   La novela es una indiscutible amalgama de narrativa, ensayo filosófico y dédalo  por donde se extravía la memoria. Un libro pues que halla un perfecto marco en la colección “Paisajes narrados” de Minúscula.
   Pero Las llanuras no carece de protagonistas. Lo es un joven cineasta que se interna en la Australia interior con el propósito de filmar una película que revele el verdadero ser del territorio de las llanuras, una región sin fronteras situada en la zona central del vasto continente. Mas muy pronto el proyecto de película deriva hacia algo mucho más complejo y ambicioso de lo que había proyectado, porque, en las llanuras interiores australianas, encontrará una realidad y un tipo de vida, tradiciones, costumbres y hábitos enteramente distintos de las pautas de vida de los habitantes de las ciudades costeras del país.
   Después de interactuar con algunos de los habitantes de una de las ciudades interiores, el protagonista es invitado por uno de los hacendados terratenientes de las llanuras, y se instala en su mansión, con la intención de que la finca del hacendado sea el escenario para la proyectada película, con la que pretendía documentar un viaje de exploración. En la mansión, frecuenta asiduamente la biblioteca para completas las notas del guión, y allí coincide con la esposa del terrateniente llanero que deambula sobre todo por la sala del Tiempo.. Y vislumbra a la hija montando a caballo a través de los inabarcables prados. Finalmente es consciente de su fracaso como cineasta, renuncia a traducir sus anotaciones en una película real y se siente satisfecho con su papel de explorador de un paisaje muy particular. Porque, en las llanuras, el paisaje es imposible de ser representado en imágenes, de forma que no se traicione lo que realmente es. Y sin embargo ese paisaje nos construye, en él es donde el hombre se construye a sí mismo (página 73).
   Las llanuras es, como ya señalé un cruce de géneros, con una tonalidad meditativa y reflexiva que convierte al libro en una parábola, fábula, mitología, como se ha dicho. Una meditación sobre el paisaje y el tiempo y sobre las llanuras como una forma de vivir, como un tipo de llanura más.
   El autor traslada en varias secuencias del libro las controversias artísticas y filosóficas entre los horizontunos  y los lebrunos, cuyas divisas son representadas respectivamente por el verdeazulado y el oro viejo. Cada uno de estos grupos estéticos reivindica el verdadero tejido cultural de las llanuras. Y lo mismo hace con la existencia de verdaderos ejércitos privados bajo la apariencia de clubs de polo.
   En definitiva, un libro que, a pesar de su contenido abstruso, nos acerca a la esencia de los espacios abiertos, casi infinitos, de las llanuras australianas, a su cultura y, sobre todo, a los efectos que su visión produce en la mente humana. Y también, al alma de los hombres y mujeres de esos espacios abiertos en el interior del continente austral.

Francisco Martínez Bouzas
                                                       
Gerald Murnane

Fragmentos

“Un terrateniente solitario, aislado en una sala repleta de libros, detrás de galerías frondosas y hectáreas de pasto en el corazón de sus kilómetros de tierra silenciosa, había estado soñando en la llanura tal como debería haber sido. Había hablado con otros de su clase. Todo el boato de las sociedades secretas, las ediciones privadas de ensayos que resucitaban las viejas disputas olvidadas, los planes acerca de campañas militares comunicados entre susurros…Todo ello había sido obra de hombres ilusos y solitarios. Hablaban de separar las llanuras de Australia cuando ellos mismos vivían aislados en sus fincas y sus pastos, a una distancia colosal del continente.”

…..

“Ese autor afirmaba que, en el fondo, cada hombre es un viajero en un paisaje sin límites. Pero incluso los habitantes de las llanuras (que deberían haber aprendido a no temer la amplitud de horizontes) buscaban puntos de referencia e indicadores en el inquietante terreno del espíritu. Si un llanero sentía la necesidad de multiplicar la presencia de su monograma o de una nueva gama cromática de reciente elección en las llanuras visibles, lo hacía tan solo para marcar los límites del territorio que reconocía. Ese hombre, concluía el artículo, habría hecho mejor explorando lo que había más allá de unas ilusiones que podían representarse mediante una serie de formas y motivos simples.”

…..

“Como ninguno de esos hombres ha explicado nunca, ni de palabra ni por escrito, el porqué de su preferencia por vivir  discretamente y al margen de toda ambición en un anexo modestamente amueblado de sus sencillas casas, solo puedo decir que percibo en ellos una devoción callada, obstinada, por demostrar que las llanuras no son lo que muchos llaneros creen. Que no son, por así decirlo, un vasto teatro que dota de mayor significado los acontecimientos que en él se representan; tampoco son un campo inmenso para exploradores de todo tipo. Son simplemente una práctica fuente de metáforas para quienes saben que los hombres inventan sus propios significados.”

(Gerald Murnane, Las llanuras, páginas 42, 48-49, 121-122)