sábado, 12 de enero de 2019

HISTORIA DE DOMINACIÓN Y DE AMORES


Amores
Leonor de Recondo
Traducción de Palmira Feixas
Editorial Minúscula, Barcelona, 2018, 201 páginas

    

   Amores, un título en plural que lo dice todo. Adelanta en buena medida todas las variaciones del amor. Así rotula Leonor de Recondo (París, 1976) su penúltima entrega narrativa, publicada en Francia en el año 2015, y que Editorial Minúscula le ofrece a los lectores españoles en traducción de Palmira Feixas. El título, en efecto, revela sin ambigüedades  ni cortapisas una historia de amores, y a la vez una historia de dominación, de estratificación social, de clases sociales, de amos y servidores, de ricos y pobres. Y de todo lo que se oculta bajo los oropeles y alfombras de los poderosos. Pero es  sobre todo una historia de mujeres: sobre su silencio y sometimiento e los que estaban condenadas a vivir a comienzos del siglo XX. Enfrentando a la señora y a la criada, Leonor de Recondo hace palpable que, encerradas en el espacio de una casa burguesa, sus libertades no se podían medir con el mismo metro. Amores es por eso una novela que hurga y escudriña en las miserias de una familia burguesa, miserias finalmente sublimadas por los amores: no solo por los amores carnales entre mujeres, sino también por el amor maternal: el niño parido por la criada violada repetidamente por el señor de la casa, suscitará el amor de las dos mujeres: señora y criada.
   Un hilo conductor y u tema central: la obligación de ser madres que la sociedad impone a las mujeres a lo largo de los siglos como forma de su realización personal. Y un doble tema fundamental: una historia de amor entre mujeres y la comprensión del cuerpo femenino como requisito imprescindible para la liberación femenina.
   El íncipit de la novela es la violación de la criada Céleste por Anselme de Boisvaillant, un notario en una población de provincias, cercana a París. Todo sucede según las pautas sociales de dominación de la época, en un momento en el que dos mundos, el antiguo del siglo XIX y el nuevo del XX, se enfrentan. En los hogares burgueses conviven señores y sirvientes. Céleste tiene el convencimiento de que ha sido contratada para todo, y por consiguiente que no puede decir no al señor. La criada, en cada violación, se da cuenta de que no hay nada que hacer. Solamente esperar a que pase el tiempo. Anselme está casado con Victoire que cree que el amor a su marido consiste en llevar bien la casa, en retomar las riendas del hogar. Para ella el sexo es un “enredo inmundo” un muro de palabras, de sonidos para postergar la copulación.
   A medida que pasan los días, la vida se hace un lugar en el vientre de Céleste, y Anselme experimenta una satisfacción absoluta por el hecho de que va a ser padre y demostrar así que no es estéril. Además la abortista no logra llevar a buen término su trabajo clandestino. Y el niño nace para que la esposa, que oscila entre la melancolía y la histeria, lo asuma como propio. A partir de ese momento se produce el encuentro de dos cuerpos femeninos. La salud del bebé será el pretexto para que la señora y la criada rindan culto al monoteísmo del amor carnal.
   La novela es un fiel reflejo de toda una época: secretos inconfesables que se repiten generación tras generación, barreras sociales que existen de día pero no de noche: cuando el señor se cruza con la criada, no la saluda; ella no existe. Solamente cobra vida cuando un deseo irreprimible le empuja a subir las escaleras hasta el pequeño cuarto de la criada para agarrarla por el moño y tirar de él hasta que consuma su orgasmo. Porque una empleada de hogar es una mujer a la que se le puede ordenar acostarse con el señor de la casa, o con sus hijos como forma de iniciación en el sexo seguro, sin darle posibilidades a negarse ante tamaño abuso.
   Leonor de Recondo no obvia  algunas escenas de sexo perfectamente descritas: sexo de iniciación, de descubrimiento, de amor y también de sexo impuesto y forzado, de desahogo varonil, sexo en definitiva de poder. En el relato cobran vida otros personajes: la cocinera y ama de llaves y su marido sordomudo. Sus existencias están extrañamente imbricadas, Dependen los unos de los otros, cada cual a su manera. Y sobre todo están atados a su rango social
   La novela, bien estructurada, ofrece una lectura fácil, gracias en buena medida a sus capítulos muy breves. Un lenguaje claro y diáfano, sin complicaciones formales, traslada a los lectores una historia de dominación y de amores, en la que si algo sobra es una cierta tonalidad sentimentalista y un desenlace melodramático.

Francisco Martínez Bouzas


Leonor de Recondo


Fragmentos

“Anselme empuja a Céleste sobre el colchón, siempre con el mismo gesto que la arroja sobre el vientre, con la cabeza hundida en la almohada y el pelo al alcance de su mano. Le sube la falda a toda prisa. Ella no se resiste. Él se agarra al moño, tirándole con fuerza de la cabellera. Luego se coloca, plantado entre sus muslos, y empieza. Las patas de la cama de hierro chirrían. Ni Anselme ni Céleste oyen el quejido de la cama que aguanta el amor forzado. Siempre es laborioso. Y largo. Ella se pregunta por qué esos instantes transcurren tan despacio. Por qué no se desmaya para no sentir nada.
En una ocasión, intentó contárselo a Hueguette en la escalera de servicio. Temblando de pies a cabeza, balbució:
-El señor de Boisvaillant…
Las rodillas empezaron a castañearle. Hueguette lo comprendió enseguida. Le mandó callarse, repitiendo varias veces:
-¡Cállate, cállate, y ni se te ocurra decírselo a la señora.”

…..

“Le tiende la mano. Al levantarse, ella vuelca el pequeño taburete de caoba. Lo recoge con un gesto nervioso. Anselme la mira. Bajo la bata de seda rosa anudada a la cintura, lleva un camisón adornado con encaje y, debajo, una prenda con tirantes cuyo nombre se le escapa. Conoce esas espesuras. No le queda más remedio que lidiar con ellas. Su mujer nunca se desviste por completo. Jamás la ha visto desnuda, jamás la ha tocado entera. Se encoge de hombros. Ira al grano, como siempre. Como el grano se sitúa entre los muslos, que ella solo abre a regañadientes, siempre tiene que forzarla un poco. Y cuando, al fin, en medio de las sábanas, de la seda, del encaje, de las florituras y de la pequeña prenda sin nombre levantada hasta el ombligo, logra entrar en ella, todo sucede muy deprisa. Goza enseguida como si quisiera excusarse por esa intrusión, para que termine el silencio en el que se ha encerrado ella de repente, para que retorne a su reconfortante parloteo.”

…..

“Al penetrar a Céleste, Victoire deja entrar, tras ella, el tiempo, las noches y los días: el cortejo de la eternidad.
Las dos mujeres se zambullen la una en la otra, maravilladas de amar. Ese lazo que ahora une sus cuerpos rompe en un instante el tabú de su amor y de las convenciones sociales. Todas esas consideraciones inútiles que, cuando están desnudas, se quedan cosidas a la ropa.
A Victoire le turba la suavidad de Céleste. Una suavidad húmeda en la que puede entrar y salir a su antojo.
-Jamás había tocado ni visto nada tan suave…Te amo, Céleste.
Al declararse, todo el cuerpo de Victoire tiembla, como si esa verdad la hubiera fulminado. El amor está allí, aquí, con ellas.
Y la belleza de esas palabras, susurradas al abrigo del sueño e la casa burguesa, insufla a Céleste la audacia de erguirse, de mover delicadamente a Victoire y de sumergir la boca en el sexo de la otra hasta colmar su sed, hasta oírla gritar de placer.”

(Leonor de Recondo, Amores, páginas 11, 36,115)

viernes, 4 de enero de 2019

NOVEDADES DE EDITORIAL ANAGRAMA PARA INICIAR 2019


   Como en años anteriores, la barcelonesa Editorial Anagrama inaugura el nuevo año 2019 con la publicación de productos literarios de gran calidad en casi todas sus colecciones. Desde la calidad y la singularidad, Editorial Anagrama sigue haciendo frente a la uniformidad del libro único. En poco o en nada se ha notado, desde esa perspectiva, el relevo de Jorge Herralde por Silvia Sesé.
   En la colección bandera de Anagrama,”Panorama de Narrativas” a punto de alcanzar los mil  títulos, dos novedades: Serotonina de Michel Houellebecq y El expdiente de mi madre de András Forgach. La otra colección específicamente dedicada a la narrativa, “Narrativas hispánicas”, anoto dos novedades: Petit Paris de Justo Navarro y Sánchez de Esther García Llovet.
   En otra de las colecciones clásicas de la Editorial, “Argumentos” cabe destacar la publicación de una obra póstuma de Olíver Sacks. Así mismo en “Nuevos cuadernos Anagrama”, dos títulos: Ironía on de Santiago Gerchunoff y Silencio administrativo de Sara Mesa. Finalmente en “Compactos”, la colección de bolsillo de Anagrama, la reedición de otra novela de Michel Houellebecq, Sumisión.
   Como adelanto editorial y en espera de mi valoración crítica, reproduzco las sinopsis de tres de estas novedades que gentilmente me ha hecho llegar la casa editora y que estarán a la venta en librerías a partir del día 9 de enero.

Francisco Martínez Bouzas



Serotonina
Michel Houellebecq
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 282 páginas

Sinópsis:

“Florent-Claude Labrouste tiene cuarenta y seis años, detesta su nombre y se medica con Captorix, un antidepresivo que libera serotonina y que tiene tres efectos adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia.
   Su periplo arranca en Almería –con un encuentro en una gasolinera con dos chicas que hubiera acabado de otra manera si protagonizasen una película romántica, o una pornográfica–, sigue por las calles de París y después por Normandía, donde los agricultores están en pie de guerra. Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura –ni siquiera Proust o Thomas Mann– no es una tabla de salvación.
   Florent-Claude descubre unos escabrosos vídeos pornográficos en los que aparece su novia japonesa, deja el trabajo y se va a vivir a un hotel. Deambula por la ciudad, visita bares, restaurantes y supermercados. Filosofa y despotrica. También repasa sus relaciones amorosas, marcadas siempre por el desastre, en ocasiones cómico y en otras patético (con una danesa que trabajaba en Londres en un bufete de abogados, con una aspirante a actriz que no llegó a triunfar y acabó leyendo textos de Blanchot por la radio...). Se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, cuya vida parecía perfecta pero ya no lo es porque su mujer le ha abandonado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y ese amigo le enseña a manejar un fusil...
   Nihilista lúcido, Michel Houellebecq construye un personaje y narrador desarraigado, obsesivo y autodestructivo, que escruta su propia vida y el mundo que le rodea con un humor áspero y una virulencia desgarradora. Serotonina demuestra que sigue siendo un cronista despiadado de la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI, un escritor indómito, incómodo y totalmente imprescindible.
   «Lo que me impide leer los libros de Houellebecq y ver las películas de Von Trier es una suerte de envidia. No es que les envidie su éxito, pero leer esos libros y ver esas películas sería un recordatorio de lo excelsa que puede ser una obra y lo muy inferior que es mi trabajo» (Karl Ove Knausgård).”

El autor:

Michel Houellebecq (1958) es poeta, ensayista y novelista, «la primera star literaria desde Sartre», según se escribió en Le Nouvel Observateur. Su primera novela, Ampliación del campo de batalla (1994), ganó el Premio Flore y fue muy bien recibida por la crítica española: «Una mirada lacerante –aunque repleta de humor– sobre el vacío vital de este fin de siglo» (Xavi Ayén, La Vanguardia); «Magnífica novela. Si Kafka nos descubrió en sus relatos el seco cañamazo del siglo XX de la burocracia, Houellebecq nos muestra, con espléndido pulso literario, los entresijos oscuros del siglo XXI de la informática y la presunta liberación sexual» (Xavier Lloveras, El Periódico). En mayo de 1998 recibió el Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés. Su segunda novela, Las partículas elementales (Premio Novembre, Premio de los Lectores de Les Inrockuptibles y mejor libro del año según la revista Lire), fue muy celebrada y polémica, así como Plataforma. Obtuvo el Premio Goncourt con El mapa y el territorio, que se tradujo en 36 países, y ha abordado el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea en Sumisión. Las cinco novelas han sido publicadas por Anagrama, al igual que Lanzarote, El mundo como supermercado, Enemigos públicos (con Bernard-Henri Lévy), Intervenciones y los libros de poemas Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento (reunidos en el tomo Poesía) y Configuración de la última orilla. Houellebecq ha sido galardonado también con los prestigiosos premios IMPAC (2002) y Schopenhauer (2004); en España recibió el Leteo (2005)
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Petit Paris
Justo Navarro

Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 236 páginas.


Sinopsis:

 París, marzo de 1943: Alemania e Italia están perdiendo la guerra. Después de la invasión angloamericana del norte de África y la rendición en Stalingrado del mariscal de campo Paulus, se respira la hecatombe militar nazi-fascista, el inminente desembarco de los aliados en Europa. Veinte años antes de resolver los crímenes sobre los que giraba Gran Granada, el comisario Polo se encuentra por accidente en París, temeroso de no poder acabar nunca un viaje que solo iba a durar unos días. En tiempos de guerra no es raro que lo previsto como una excursión de setenta y dos horas se dilate meses, años o décadas, o se convierta en el exilio eterno.
Y Polo se mueve en un pequeño París, Petit Paris, de gente peligrosa: abogados y periodistas que ejercen labores policiales en los servicios consulares de España, colaboradores de la Gestapo a la caza de republicanos españoles en fuga. Entre el personal de la escuadra española se han sucedido en menos de un mes tres muertes violentas, y en el centro aparece el posible suicidio del bello Matthias Bohle, un seductor de vida enigmática que con otro nombre había conquistado la Granada de 1940, incluyendo al irreductible comisario Polo, y que recaló en París tras robar cuatro kilos de oro a un industrial que quizá le encargó sacarlos clandestinamente de España.  
Pronto Polo empezará a investigar su muerte, ayudado por colaboradores tan poco seguros como lo es todo en la ciudad: el abogado Palma, casi un doble de Polo rejuvenecido cuarenta años y con carnet de la Gestapo, que ha descubierto la fuente de la juventud en una mezcla de gin, Dubonnet y anfetaminas; Alodia Dolz, heroína de la Cruzada nacional, agente de la Quinta Columna, que sobrevivió a tres años de temerarias actividades clandestinas en la Madrid roja: «Si entonces no la habían matado, ya no la matarían nunca.» El Petit Paris de Polo es negro puro, una ciudad de inquietante ambigüedad moral donde todos mienten y manipulan como único modo de sobrevivir. Una narración deslumbrante y magnética –con homenajes a Simenon, Leo Malet y Modiano– que juega con los resortes de géneros como el policiaco y el de espías para llevarlos más allá.
«Justo Navarro tiene una voz absolutamente personal, posee un mundo inequívoco de obsesiones y ficciones, aporta un sistema expresivo singularizado y brillante, y trae a la narrativa española un necesario acento de dureza, de rigor estético pero también ético» (Miguel García-Posada, El País).

El autor:

Justo Navarro (Granada, 1953), premio de la Crítica por su libro de poemas Un aviador prevé su muerte, ha publicado en Anagrama las novelas Accidentes íntimos (Premio Herralde de Novela): «Un paso ade­lante en una trayectoria cada vez más densa y cuaja­da» (Santos Sanz Villanueva, Diario 16); «Transita por los caminos auténticos de la narrativa con mayúscu­las» (Ramón Acín, El Heraldo de Aragón); La casa del padre (Premio Andalucía de la Crítica): «Se integra en el privilegiado número de novelas que permiten de­finir lo mejor de una época literaria» (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); «Una novela de clima inol­vidable y una de las más rotundas e inquietantes de la nueva narrativa española» (Felipe Benítez Reyes); El alma del controlador aéreo: «Turbadora gran nove­la» (Enrique Vila-Matas); «De imprescindible lectura» (Ana Rodríguez Fischer, ABC); F. (Premio Ciudad de Barcelona): «Excelente» (Ricardo Senabre, El Mun­do); Finalmusik: «Para paladares delicados» (Ricardo Senabre, El Mundo); «Con sentido del humor y su aguda visión crítica subraya algunas de las grandes paradojas de nuestro tiempo» (María Luisa Blanco, El País); El espía: «Fascinante» (José Luis Amores, Revista de Letras); y Gran Granada (Premio Andalu­cía de la Crítica): «Soberbia» (J. Ernesto Ayala-Dip, El País); «Una novela negra que... no renuncia a ser una novela del propio Navarro, con su estilo riguroso, inteligente, tajante» (Nadal Suau, El Mundo), así como el ensayo El videojugador: «Hacen falta libros como este, capaces de romper la inercia del pensa­miento y de actualizar el placer de la curiosidad libre de prejuicios» (Sergio del Molino, Revista Mercurio).
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Sánchez
Esther García Llovet
Editorial Anagrama, Barcelona 2019, 130 páginas

Sinopsis:

Madrid. Un Madrid nocturno en cuyo cielo de tanto en tanto se ve pasar alguna estrella fugaz. Un Madrid de extrarradio, de timbas, bingos, gasolineras de la M30, Casa de Campo y bares perdidos en la nada. Un Madrid crudamente real en el que de pronto puede suceder lo inesperado, e incluso lo mágico. Ese es el espacio que transitan los personajes de esta novela de perdedores en busca de una oportunidad.
Sus nombres son Nikki y Sánchez. En el pasado compartieron vida, después sus destinos se separaron. Ella ha estado trapicheando con tabaco en La Línea y ahora ha vuelto a Madrid y se ha metido en el mundillo de las apuestas y las carreras de galgos. Él, con fama de gafe y dado a desaparecer, debe dinero y acepta ayudar a Nikki cuando ella lo llama. La propuesta de Nikki a Sánchez: que la ayude a entregar un galgo de nombre Cromwell a una italiana que se dedica al negocio de las carreras. Y durante una interminable madrugada la pareja transitará por un Madrid espectral en busca de ese galgo y se topará con un montón de extraños personajes, como la artista serbia que acaba de celebrar en pleno bosque una performance consistente en comer carne cruda de ciervo durante veinticuatro horas...
Segunda entrega de la Trilogía instantánea de Madrid tras la notabilísima Cómo dejar de escribir, Esther García Llovet se confirma aquí como extraordinaria retratista de un Madrid que no sale en las guías turísticas, de la ciudad marginal de altas horas de la madrugada, poblada por personajes escurridizos e inquietantes.
Una novela breve y contundente, escrita sin florituras y con diálogos como cuchillos, que avanza sin tregua con una estructura de thriller en la que de tanto en tanto asoma un clima surreal, con imágenes y situaciones dignas de un David Lynch en estado de gracia tras ingerir algún brebaje castizo.
«Esther García Llovet es una perra verde. Un bicho raro en el contexto actual de la literatura española: el mundo de sus escritos es también el de una perra verde. El de una exquisita rara avis... Esta autora cuestiona cada código, cada imagen, cada palabra... Estupenda» (Marta Sanz).
«Nos gusta mucho García Llovet, y nos gusta su estilo, su poética: afirma
su preferencia, como lectora, por las grandes novelas oceánicas (con Bolaño y Foster Wallace como inexcusables referencias), pero como escritora apuesta por las novelas escuetas y alusivas. Su universo narrativo incluye una dosis innegable de extrañeza alentada por una especie de arcano inaccesible, de “fatum” de tragedia griega. Autora de culto» (Sara Mesa).
«Una muy buena escritora, que maneja la tensión narrativa y la ambientación de manera soberbia y mesurada» (Sergi Bellver, Bitácora de Sergi Bellver).
«Ha hecho de la calidad una de sus señas» (Javier Moreno, Quimera).
«Su estilo es de cuchilla de afeitar» (Laura Fernández, Go Mag).
«Es de esas escritoras “secretas” que causan adicción» (Carlos Sala, La Razón).
«Una escritora única... Magnetiza al lector» (Recaredo Veredas, Qué Leer).
«Excelente narradora... Brillante» (Alberto Olmos).

La autora:

Esther García Llovet (Málaga, 1963) vive en Madrid desde 1970, donde estudió Psicología Clínica y Direc­ción de Cine. Ha publicado Coda (2003), Submáquina (2009), Las crudas (2009) y Mamut (2013), además de relatos en diversas antologías y revistas. Es traducto­ra del inglés y colabora habitualmente en la revista Jot Down.
En Anagrama ha publicado Cómo dejar de escribir(2017): «García Llovet es una pegadora certera, de buen juego de piernas y golpe preciso» (Carlos Zanón, El País); «Espléndida novela corta. Mé­rito literario, sustentado en una prosa de buscada sencillez, ingeniosa en sus manifestaciones de hu­mor excéntrico y muy expresiva en su bien dosifi­cada creación de juegos de palabras. A lo cual con­tribuyen también la fluidez y el dinamismo de sus diálogos» (Ángel Basanta, El Mundo); «Esther García Llovet tiene una capacidad muy grande para repro­ducir el lenguaje de la calle, de la gente que anda perdida por un Madrid fantasmagórico, entregada a búsquedas raras porque no tienen nada que hacer» (Benjamín Prado); «Su prosa no mece, no calma, no acompaña, porque supone una sístole ancha y pro­funda, capaz de dar la bofetada oportuna. El lector no olvidará el impacto de su ritmo, la melodía de su verbo y la impronta de una narradora que respira por el pulmón del mejor McCarthy, del eterno Bellow y del último Bolaño» (Ángeles López, La Razón).

martes, 1 de enero de 2019

NOVELA EN LA LOCURA


Antes del huracán
Kiko Amat
Editorial Anagrama, Barcelona, 2018, 420 páginas.

   

   Una novela encarnada en dos épocas distintas: 1982 y 2017. Y en el mismo escenario: la población de Sant Boi en el Baix Llobregat. Buena parte de la misma en el Hospital Psiquiátrico Santa Dympna, recreación ficcional del Psiquiátrico Benito Menni, regido por las Hermanas Hospitalarias. En esas dos fechas y en el espacio de la población y del Hospital Psiquiátrico, recrea Kiko Amat una novela tan rica como compleja. Una novela potente que discurre sobre todo por el mundo de la locura. Pero más que novela de locos, novela en la locura, como se ha escrito, cuyo principal personaje, Curro Abad y su familia transitan  de forma imparable y derterminística hacia la demencia, hacia la esquizofrenia. Por eso mismo Antes del huracán nos pega de lleno, nos sacude sin remisión a todos aquellos que están o estamos tranquilos. Porque ese fue el propósito del autor: transmitir a los lectores una historia dura, sin concesiones, la de la doble o cuádruple marginación de la periferia barcelonesa.
   Y todo ello sin hacer cesación del humor y con frecuencia del esperpento. Relato trepidante que engancha al lector a pesar de sus excesos escriturales, de secuencias con poca o nula transcendencia, y de debates superfluos entre dos de los personajes inmersos en el mundo de la esquizofrenia, en el territorio de esos locos que ya, en la época de El Bosco, llevaban embudo en la cabeza.
   La novela, estructurada en dos tiempos como ya dije, es la transcripción del guión del delirio. Kiko Amat nos hace llegar la historia de Curro, internado en el Hospital Psiquiátrico de Santa Dympna, acompañado de Placido, compulsivo citador de Churchill. Ambos son conscientes de su locura, de que el otro está en su cabeza. Pero Curro tiene la firme determinación de fugarse. Es la parte de la novela relatada en el presente del año 2017. Mas, a través de capítulos alternos, el autor nos retrotrae al año 1982  (La Guerra de las Malvinas, el mundial  de futbol en España). Curro es un niño frágil de doce años. Vive con su familia. Cuatro  especímenes: el padre, un crustáceo depredador y con interesado afán atlético, apropiada tapadera para camuflar el cofre de sus secretos e infidelidades. La madre, obesa que se va degradando en su físico y en su mente progresivamente. Richard, el hermano mayor, es el espécimen tercero, pero apenas interviene en la novela. Clochard, un mamífero doméstico, un cánido, es el cuarto espécimen. Una familia perfecta imagen del pandemónium, heredera de la locura del abuelo que, a raíz de la batalla del Ebro en la que el destino le canjeó muerte por demencia, lleva la esquizofrenia en la solapa. Viven en Sant Boi de Llobregat, una vieja letrina, y hablan con la gramática de la miseria.
   Un paisaje que al autor recrea con realismo y sin concesiones: suelos estriados, socavones de metro y medio, tierra arcillosa mezclada con pedruscos y malas hierbas, xibecas  rotas, palets de madera astillada, un gato gris muerto cubierto de gusanos, descampados, matojos y espiguillas…
   Curro tiene en Priu a su mejor amigo. Ambos representan la nostalgia de la infancia feliz, pero orientada, en el caso de Curro, hacia la hecatombe ya que su mundo familiar, especialmente el footing de su padre que esconde secretos de infidelidad, de la que Curro es cómplice con su silencio, le empuja hacia la fatalidad de la catástrofe, hacia el huracán que, cual ciclogénesis, terminará por explotar.
   Treinta años más tarde, Curro se encuentra ingresado en el manicomio, siempre acompañado por Plácido, su fiel escudero, el único paciente pulcro del Hospital. La locura de Plácido discurre por ríos subterráneos. Con la mira puesta en la fuga de Curro, ambos viven el día a día de sus locuras con conversaciones engoladas. Hablan de todo, verbalizan cosas llenas de lógica y en sus charlas reproducen la vida del manicomio. Han diseñado un plan de fuga que consiste en no tener ningún plan.
    

                                              
La extracción de la piedra de la locura. El Bosco (óleo sobre madera)

   Una novela que indaga en la locura sin que el escritor pretenda llegar a ninguna conclusión. Solamente constatar que la gente se rompe, que hay un punto de fractura. Y Kiko Amat nos cuenta la historia desde una perspectiva exclusivamente narrativa; con secuencias cómicas y exageradas, de humor inglés y sin ninguna pretensión clínica. Se hace llegar a los lectores una historia dura, trepidante, que engancha a pesar de lo que, en mi opinión sobra y ralentiza el ritmo. Novela pues en la locura como insiste el autor. Que nos hace ver cómo la marginación de la periferia genera pringados y dementes. Tonalidad a veces esperpéntica, carnavalesca y “astracanada” de humor inglés, con secuencias de gran tristeza e inimaginable desolación, tanto en el relato de la vida manicomial, como en la reconstrucción de la infancia de Curro y de su familia que corre a tumba abierta hacia la hecatombe en ese Sant Boi de Llobregat congelado a inicios de los años ochenta.
   Narración pausada en demasía, que se recrea e indaga en la vida y miserias de los personajes. Con momentos dramáticos no forzados, si bien quizás un poco confusos. Una estructura novelesca con capítulos contados en el pasado y en primera persona -la infancia de Curro- y otros en el presente -la vida del manicomio-, varios interludios y otros textos como informes clínicos.
   En definitiva, una novela de lo que somos o podemos llegar a ser cuando la miseria física, moral, sentimental nos rodea y no nos da tregua.

Francisco Martínez Bouzas


 
Kiko Amat

Fragmentos

“Un grupo de siete enfermos mentales, dos mujeres, cinco hombres, desciende ahora las escaleras del pabellón C, el de subagudos, que queda a su izquierda, y cruza por delante de ellos. Todos parecen locos, igual que Curro; es ese algo indescriptible. Los hombros caídos, quizás, la mirada encajada en un punto lejano; ojos rotos y vacíos y polvorientos, como el escaparate de una tienda que hubiese quebrado años atrás. Llevan ropa anticuada, de los ochenta, jerséis de poliéster trenzado de un bermellón intenso, los pantalones muy caídos pero no por moda. Bambas J`hayber blanca en los pies, más grandes que barcazas.
-¿Sabes, Plácido? -dice Curro ahora examinando el grupo de locos que se aleja-. Quizás lo anormal sea la cordura, después de todo. ¿No crees? En un mundo regido por la aleatoriedad, rodeado de vacío. Crueldad y violencia. Donde nada significa nada y los inocentes son aplastados. En un mundo así, Plácido, solo puedes beber o enloquecer. Yo hic lo primero y luego, cuando eso ya no bastaba, lo segundo.”

…..

“Ay, la vida es muy complicada, Curro, ya lo verás cuando seas mayor, tener hijos es difícil, tu padre y yo hemos hecho muchos sacrificios, y han pasado factura, también en la cama, tu padre y yo ya no hacemos el amor como antes, cuando éramos jóvenes tu padre siempre me satisfacía, siempre, y tu padre era tan guapo, oh, era el hombre más guapo que había visto cuando era más joven se  parecía a Robert Wagner, ahora ya no tanto, y sabía tantas cosas, de historia y de ciencia, y me hacía cosas en la cama, yo siempre me ponía encima porque era como más le gustaba a él, ay, cómo las echo de menos, aquellas cosas ricas, claro que él tiene razón, la culpa es mía por haberme dejado, una mujer tiene que cuidarse para que el marido la encuentre atractiva…”

…..

“-Lo llamaré Marc. ¿Te gusta?
Mi madre se acaricia la barriga, aunque no tiene barriga, solo una pequeña hinchazón anoréxica. Los pechos le cuelgan, deshinchados, y un par de pezones gigantes, en forma de tapones de champán, se marcan en el tejido de su vestido. Apuntan hacia el suelo. Ha perdido muchos más kilos en estas pasadas semanas. Miro la puerta abierta, por la que se cuela un frío molesto. Otoño acaba e inaugurar su ofensiva, y el aire huele a chapa y teja. Me acerco a la puerta y la cierro. La pintura verde se está descascarillando en la parte donde la puerta roza con el dintel. A través del fino cristal veo el suelo de cemento estriado del patio, que reluce de rocío nocturno. No ha llovido, creo, pero lo parece. Se oye a lo lejos la percusión metálica de los butaneros, anunciando bombas de gas a golpe de martillo.”

(Kiko Amat, Antes del huracán, páginas 112-113, 296-297, 318)