sábado, 9 de junio de 2018

LO TRIVIAL TRANSFORMADO EN OBRA DE ARTE


La autopista del Sur

Julio Cortázar

Nórdica libros, Madrid, 72 páginas

(Libros de siempre)



    

   La autopista del Sur es el relato que abre el volumen Todos los fuegos el fuego que Julio Cortázar (Ixelles, Bélgica 1914-París 1984) publicó en 1966. Cortázar es un escritor referencia incuestionable de la narrativa universal del siglo XX. Paradigma del intelectual y del escritor progresista y comprometido, es una de las principales voces de aquel estallido de la literatura latinoamericana que se conoce con el nombre de boom ya que representa al escritor por excelencia: perfección técnica, afán de cosmopolitismo y universalidad, gran formación cultural… todo ello unido a un fuerte compromiso progresista que demuestra con sus críticas, como intelectual, a las dictaduras del Cono Sur, Argentina y Chile especialmente. Es el modelo del intelectual que ejercía sin complejos su papel en nuestra sociedad.

   El cuento La autopista del Sur es una de las piezas maestras de ese gran escritor de relatos que fue Cortázar. Todo ello, a pesar de su brevedad. Un relato que amalgama una carga diegética sencilla pero muy intrigante; un fuerte y eficaz peso simbólico, porque Cortázar fue capaz de convertir un hecho trivial, el embotellamiento de coches en una autopista que lleva a París, en la alucinación y pesadilla de una situación irreal, tan fantástica como absurda, que dura varios días durante los que surgen situaciones tan absurdas como trágicas e incluso románticas (suicidios, fallecimientos, relaciones amorosas…).

   Todo comienza, en efecto, con un normal embotellamiento de automóviles que en un domingo regresan a París. Un atasco, como tantos otros, en el regreso a la gran urbe. Pero el embotellamiento se prolongará durante varias jornadas, sin que los conductores de los coches y sus acompañantes sepan muy bien cuáles son las causas y sin que acuda la policía. Cada persona, en su automóvil, identificado por la marca o modelo del mismo, tiene como objetivo llegar a la capital con el fin de cumplir con algún compromiso o tarea. El lector nunca llega a saber a ciencia cierta lo que sucede: una situación nunca explicitada, posiblemente un accidente, provocará que los automovilistas se vean obligados a compartir un mismo espacio y un mismo tiempo en la autopista. Una situación que se prolonga durante varios días. Se forman varios grupos con la vista puesta en la supervivencia; sin embargo, cada protagonista vive y experimenta su propia soledad.

   Distintas voces informan sobre las posibles causas del atasco, en la línea de los artificios técnicos empleados por Cortázar con vistas a crear una sensación de misterio e incluso de fantasía. Y de este modo un hecho extraño, próximo a las pesadillas, surge de algo enteramente trivial o cotidiano. Es la técnica de lo neofantástico usada magistralmente por Cortázar.

   Po encima de cualquier otra consideración, La autopista del Sur es una metáfora temporal. El transcurrir del tiempo, su cálculo, su relatividad, son alguno de los motivos principales del cuento. Otros hilos narrativos, en mi opinión también relevantes, son la organización social -en el relato se llega a establecer una organización de la sociedad en pequeño semejante a la de las sociedades tradicionales-, el arribismo, la cooperación, la empatía entre las personas, la filantropía, la codicia, la comparación entre la juventud y la ancianidad e incluso el regreso a a la normalidad como algo no deseado. Y muchos otros motivos que la acuidad de un narrador como Cortázar fue capaz de integrar en este relato modélico.

   Desde un punto de vista técnico, es preciso resaltar en la escritura del relato, el clima agobiante que supo crear el autor con pausas prolongadas e insignificantes avances de los automóviles; el dominio del tiempo narrativo: el tiempo de la historia, con contadas anacronías, coincide con el tiempo del relato. El protagonismo coral en el desarrollo de la historia, un efectivo acierto del autor, ya que la narración pretende ser un reflejo de la organización social humana. También acierta el escritor en la elección del punto de vista narrativo: narra desde la perspectiva de los personajes, puesto que en el relato cobran gran importancia las relaciones humanas y los conflictos existenciales, en un contexto surrealista en este caso, relatados además por un narrador omnisciente que lo sabe todo, sin excluir lo que sienten y piensan los personajes.

   Un relato en definitiva que muestra la vulnerabilidad de los seres humanos, que convierte a lo trivial en el tema de fondo de una pequeña pero meritoria obra literaria, que acumula gran riqueza dentro de lo narrado y que, por lo tanto, da pie a que la imaginación adivine el desenlace más real o más disparatado.







                                                    
Julio Cortázar

                                                  

Fragmentos

  

“Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203 (detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas.”



…..





“En algún momento (suavemente empezaba a anochecer, el horizonte de techos de automóviles se teñía de lila) una gran mariposa blanca se posó en el parabrisas del Dauphine, y la muchacha y el ingeniero admiraron sus alas en la breve y perfecta suspensión de su reposo; la vieron alejarse con una exasperada nostalgia, sobrevolar el Taunus, el ID violeta de los ancianos, ir hacia el Fiat 600 ya invisible desde el 404, regresar hacia el Simca donde una mano cazadora trató inútilmente de atraparla, aletear amablemente sobre el Ariane de los campesinos que parecían estar comiendo alguna cosa, y perderse después hacia la derecha. Al anochecer la columna hizo un primer avance importante, de casi cuarenta metros; cuando el ingeniero miró distraídamente el cuentakilómetros, la mitad del 6 había desaparecido y un asomo del 7 empezaba a descolgarse de lo alto. Casi todo el mundo escuchaba sus radios, los del Simca la habían puesto a todo trapo y coreaban un twist con sacudidas que hacían vibrar la carrocería; las monjas pasaban las cuentas de sus rosarios, el niño del Taunus se había dormido con la cara pegada a un cristal, sin soltar el auto de juguete.”



…..



“La columna volvía a ponerse en marcha, lentamente durante unos minutos y luego como si la autopista estuviera definitivamente libre. A la izquierda del 404 corría un Taunus, y por un segundo al 404 le pareció que el grupo se recomponía, que todo entraba en el orden, que se podría seguir adelante sin destruir nada. Pero era un Taunus verde, y en el volante había una mujer con anteojos ahumados que miraba fijamente hacia adelante. No se podía hacer otra cosa que abandonarse a la marcha, adaptarse mecánicamente a la velocidad de los autos que lo rodeaban, no pensar. En el Volkswagen del soldado debía de estar su chaqueta de cuero. Taunus tenía la novela que él había leído en los primeros días. Un frasco de lavanda casi vacío en el 2HP de las monjas. Y él tenía ahí, tocándolo a veces con la mano derecha, el osito de felpa que Dauphine le había regalado como mascota. Absurdamente se aferró a la idea de que a las nueve y media se distribuirían los alimentos, habría que visitar a los enfermos, examinar la situación con Taunus y el campesino del Ariane; después sería la noche, sería Dauphine subiendo sigilosamente a su auto, las estrellas o las nubes, la vida. Sí, tenía que ser así, no era posible que eso hubiera terminado para siempre. Tal vez el soldado consiguiera una ración de agua, que había escaseado en las últimas horas; de todos modos se podía contar con Porsche, siempre que se le pagara el precio que pedía. Y en la antena de la radio flotaba locamente la bandera con la cruz roja, y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.”



(Julio Cortázar, La autopista del Sur)

miércoles, 6 de junio de 2018

UN CLÁSICO DE LA FICCIÓN DISTÓPICA


1084

George Orwell

Traducción de Miguel Temprano García

Editorial Debolsillo (Peguin Random House Grupo Editorial) Barcelona, 2018, 352 páginas

(Libros de siempre)



   

    1984, en su versión original en inglés  Nineteen Eighty-Four, fue escrita por Georges Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. Desde entonces, se ha traducido a numerosos idiomas en los que ha tenido múltiples ediciones hasta convertirse en un clásico de la ficción distópica. Una obra paradigmática en ese intento de inventar el porvenir, la ciudad imaginaria del futuro que traduzca las esperanzas o los miedos de los seres humanos que viven un presente preñado de carencias e imperfecciones. “El delirio de los indigentes -escribía Cioran, crítico cáustico de la civilización occidental- es un creador de acontecimientos…una muchedumbre de seres que quieren otro mundo, aquí abajo y en este instante.”

   Los deseos utópicos, en sus dos vertientes fundamentales (utopías positivas y utopías negativas o distopías) acostumbran a cimentarse exclusivamente en la razón humana, dejando al margen los datos provenientes de la historia, de la economía o de la política. Sin embargo, no es ese el caso de la novela 1984 de Georges Orwell. La odisea de Winston Smith, en un Londres dominado por el Gran Hermano y el partido único, debe de interpretarse como una crítica de todas las dictaduras, si bien las analogías con el comunismo estalinista resultan obvias, sobre todo si tenemos en cuenta la trayectoria vital y política del autor hasta que en 1947 y 1948 escribió esta novela.

   Pero 1984 no solamente es la más famosa y conocida de las distopías o antiutopías, sino también la más depurada y clarificadora, ya que describe con gran claridad lo que es una sociedad opresiva y cerrada sobre sí misma bajo el control de un gobierno totalitario, pero presentándola a los ciudadanos como un ideal deseable e incluso necesario. Lo que, sin embargo, Orwell delinea no son relaciones verdaderamente humanas, sino el monstruo totalitario, en una imagen estremecedora e incluso caricaturesca. Los mismos nombres de los organismos y de las instituciones del régimen totalitario del Gran Hermano dan fe del escalofrío caricaturesco que provocan en los lectores de nuestros días. Ministerio de la verdad, Ministerio de la paz (gestiona los asuntos de la guerra), Policía del pensamiento, Ministerio del amor (organismo encargado de torturar a aquellos que como Winston Smith, no aceptan que el enunciado 2+2=5 es verdadero.)

   Georges Orwel relata el control total del individuo y la historia trágica y aparentemente emancipadora de Winston Smith y Julia, a través de un relato de lavado de cerebros, educación totalitaria de la juventud, empleo de la psicología y del lenguaje, substitución del amor entre las parejas por el amor hacia el Gran Hermano, único sentimiento afectivo tolerado por el régimen.

   La obra de Orwell continúa una tradición narrativa cuyos antecedentes más claros y notorios son las novelas Nosotros de Yevgueni Zamiatin, Un mundo feliz de Aldos Husley y  Darkness at noon de Arthur Koestler. Así mismo es preciso reconocer que 1984 ejerció fuertes influencias literarias y cinematográficas en el mundo de la cultura posterior.

   
                                                 
Cartel de la versión cinematográfica de 1984 estrenada en 1956
   

 Pero lo más preocupante es que la novela transciende el ámbito puramente literario y podemos hallar huellas de 1984 en la vida cotidiana. La conclusión más extendida cuando se cumplió la fecha de 1984, es que Orwell había fracasado como profeta: el Gran Hermano no gobernaba el planeta. Pero Orwell nunca pretendió ser un vaticinador sino un escritor que, si algo pretendía, era concienciar. Y lo que parece evidente es que las actitudes descritas por Orwell no se evaporaron. Hoy en día, ni tan siquiera es preciso apelar a la represión para mantener la cohesión social. Una dictadura como la que Orwell describe, no es viable en las sociedades capitalistas liberales. Pero existen mecanismos mucho más sutiles y peligrosos para tiranizar a la ciudadanía como es el control de los derechos civiles. Existen mecanismos, formalmente democráticos y constitucionales mediante los que los ciudadanos cedemos parte de nuestra soberanía al estado para proteger, por ejemplo, nuestra seguridad. Modelos de sometimiento semejantes a los descritos en 1984, pero revestidos de apariencias mucho más humanas e incluso “deseables” y que, sin embargo, nos quieren libres viviendo en la esclavitud, uno de los lemas del Partido único e ubicuo del Gran Hermano. He aquí pues la vigencia de Orwell y la necesidad de no olvidarnos de este clásico de la ficción utópica negativa.








Georges Orwell




Fragmentos



"No habrá lealtad; no existirá más fidelidad que la que se debe al Partido, ni más amor que el amor al Gran Hermano. No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro. figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente."



…..



"-Nosotros, Winston, controlamos la vida en todos sus niveles. Te figuras que existe algo llamado la naturaleza humana, que se irritará por lo que hacemos y se volverá contra nosotros. Pero no olvides que nosotros creamos la naturaleza humana. Los hombres son infinitamente maleables. O quizás hayas vuelto a tu antigua idea de que los proletarios o los esclavos se levantarán contra nosotros y nos derribarán. Desecha esa idea. Están indefensos, como animales. La Humanidad es el Partido. Los otros están fuera, son insignificantes."



…..



"Los hechos no podían ser ocultados, se los exprimían a uno con la tortura o les seguían la pista con los interrogatorios. Pero si la finalidad que uno se proponía no era salvar la vida sino haber sido humanos hasta el final, ¿qué importaba todo aquello? Los sentimientos no podían cambiarlos; es más, ni uno mismo podría suprimirlos. Sin duda, podrían saber hasta el más pequeño detalle de todo lo que uno hubiera hecho, dicho o pensado; pero el fondo del corazón, cuyo contenido era un misterio incluso para su dueño, se mantendría siempre inexpugnable."



(Georges Orwell, 1984)
  

sábado, 2 de junio de 2018

LAS CIUDADES METÁFORA: UN ZODÍACO DE FANTASMAS DE LA MENTE


Las ciudades invisibles

Italo Calvino

Traducción de Aurora Bernárdez

Ediciones Siruela, Madrid, 2018, 3ª edición, 172 páginas.



   

    Italo Calvino (Santiago de las Vegas, la Habana, 1923 – Siena, 1985) fue un brillante experimentador en el terreno escritural que salta de una forma literaria a otra. Tras la trilogía I nostri antenati  (El vizconde demediadoEl barón rampante, El caballero inexistente), una representación alegórica del hombre contemporáneo, se han ido traduciendo a las distintas lenguas, incluidas las periféricas y minoritarias como el gallego, otras de sus obras más importantes, como Las ciudades invisibles, con la que obtuvo en 1972 el Premio Feltrinellli.

   Italo Calvino es un escritor polifacético, de evolución variada y muy rica. A su inicial neorrealismo le sucedió un tipo de escritura, por una parte fantasiosa: los relatos de Último viene il cervo (1949) y la ya apuntada trilogía de seres imposibles. Y por otra, su trilogía urbana, modulada en clave política y de denuncia social. Posteriormente Italo Calvino se entregó al experimentalismo vanguardista  escribiendo una novela de la novela Se una notte d’inverno un viaggiatore,  a la “fanta-ciencia” (La cosmicomiche) a la “fanta-historia”, un subgénero narrativo en el que se puede incluir Las ciudades invisibles.

   En efecto, Las ciudades invisibles es plenamente fantasía histórica y recreación de mitos, si bien el libro esconde otros presentes hábilmente enmascarados. El núcleo argumental de la obra no es otro que las conversaciones entre el emperador mongol Kublai Kahn y Marco Polo, en las que este le describe al Gran Kahn las ciudades de su imperio. Sin embargo, no se trata de una reinterpretación literaria del Libro de las maravillas de Marco Polo, sino de una recreación plenamente original de las ciudades imaginarias y de las relaciones, igualmente imaginadas, entre el emperador y Marco Polo.

   El tiempo del relato corresponde posiblemente al siglo XIII, mas el coloquio entre los dos personajes transcurre en un tiempo imaginario e indefinido, con características incluso de nuestros días. Marco Polo  representa ante el Gran Kahn las ciudades de los territorios imperiales, ciudades con nombres femeninos que se convierten en verdaderos símbolos de la sociedad y de la existencia humana. En el imperio tártaro se yerguen ciudades como Anastasia que crea esclavos de aquellos que creen gozar de la misma; como Zoe en la que el viajero solamente cobija dudas, o como Hipatia en la que no existe lenguaje sin engaño. Ciudades telaraña como Octavia o como Bauci a la que se llega antes de acertar a divisarla. Urbes sin espesor que consisten solamente en un anverso y en un reverso como Moriana, y otras como Pentasilea que acaso solamente es periferia de si misma, sin que fuera de ella exista un fuera. Ciudades-joya, como Bersabea que solamente cuando defeca no es avarienta, calculadora e interesada.

   Las ciudades que Marco Polo detalla al regreso de sus embajadas, y que aparecen en su mente como los pensamientos que le vienen a quien toma el fresco al anochecer, están, al igual que lo sueños, construidas de deseos y de miedos. Todas tienen algo de Venecia y representan la existencia humana en la vida y en la muerte. Hay ciudades, en el relato de Marco Polo, a las que se llega muriendo y en las que cada uno se reencuentra con sus muertos -señal de que también yo morí-; y casi que todas ellas ocultan dos caras o se componen de dos medias ciudades, de un anverso y de un reverso: lo bueno y lo malo, la justicia y la injusticia, los rectos y los sicofantes. Así pues, una sucesión en el tiempo de estructuras diferentes, alternativamente justas e injustas.

   Como hace el autor en El vizconde demediado con relación al ser humano, tras leer Las ciudades invisibles correspondería formular igualmente una pregunta inquietante: ¿La ciudad total, perfectamente harmónica, no será un mito inalcanzable? ¿La ciudad real y las ciudades diferentes que aquella esconde y que se originan y crecen en sus entrañas, la ciudad de los justos y la ciudad de los calumniadores, no será la misma y única ciudad que existe?

   Una escritura, sin ninguna duda, de profunda filiación filosófica en la que además  son destacables otras ideas importantes. Entre ellas, la potencia de la memoria: el tuyo es en realidad un viaje en la memoria, le dice el Gran Kahn al humilde extranjero Marco Polo que, como único equipaje, presenta lo que es capaz de recordar, un poder, no obstante, infinitamente superior al de Kublai que desconoce su propio imperio. En definitiva, todo lo que resume la ajustada consigna de Francis Bacon: “Saber es poder”, que podría servir de lema a la aventura del conocimiento moderno.

   Y junto a la memoria, aparece latente en las páginas de Italo Calvino la imposibilidad de expresar la realidad por medio de signos lingüísticos, que colocan a este libro en la órbita del estructuralismo lingüístico. En las conversaciones con Kublai, Marco Polo, más que con palabras, representaba a las ciudades que describía con gestos, gritos de maravillas y de horrores, ladridos o píos de animales…, improvisaba pantomimas que el soberano debía interpretar. En la mente del emperador, cada nueva ciudad aparece evocada, a la manera de un emblema, por un primer gesto o por el objeto con el que había sido designada por Marco Polo. De ahí que con frecuencia para el Gran Kahn su imperio no es otra cosa que un zodíaco  de fantasmas de la mente.

   Las ciudades invisibles es un libro importante, de eses que conjugan en sus páginas magia y un verdadero juego intelectual,  embebido  en un efectivo refinamiento lingüístico que, sin embargo, no convierte en gravosa su lectura.







Italo Calvino




Fragmentos





"En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud inconmensurable de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y a comprenderlos, una sensación como de vacío que nos asalta una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros, un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de los planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbe, de derrota en derrota, de los últimos ejércitos enemigos y resquebraja el lacre de los sellos de reyes que jamás oímos nombrar, que imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en metales preciosos, pieles curtidas y caparazones de tortuga; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es un desmoronarse sin fin ni forma, que la gangrena de su corrupción está demasiado avanzada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina.”



…..



“Partiendo de allá y andando tres jornadas hacia levante, el hombre se encuentra en Diomira, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas de bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro que canta todas las mañanas en lo alto de una torre. Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices. "



…..



"A ochenta millas de proa al viento maestral, el hombre llega a la ciudad de Eufemia, donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en cada equinoccio. 

La barca que fondea con una carga de jengibre y algodón en rama volverá a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de uva ya lía sus albardas para la vuelta con rollos de muselina dorada. 



Pero lo que impulsa a remontar ríos y atravesar desiertos para venir hasta aquí no es sólo el trueque de mercancías sino también porque de noche, junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice como "lobo", "hermana", "tesoro escondido", "batalla", "sarna,", "amantes", los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, de tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. 



Y tú sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar uno por uno todos los propios recuerdos, tu lobo se habrá convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufemia, la ciudad donde en cada solsticio y en cada equinoccio intercambiamos nuestros recuerdos". 



(Italo Calvino, Las ciudades invisibles)