miércoles, 9 de agosto de 2017

LA IMPORTANCIA DE LOS SERES INFRECUENTES



Los seres infrecuentes
Isabel Garzo
Prólogo de Gustavo Martín Garzo
Editorial Pie de Página, Madrid, 2016, 190 páginas.

   Cimentándola en un buen hacer narrativo, con una arquitectura tripartita y con erratas colocadas estratégicamente, según se nos advierte en el paratexto, Isabel Garzo nos regala su segunda novela que, en palabras del prologuista, rinde un generoso tributo a las bodas misteriosas entre sueño y realidad, entre el amor y la muerte. Una novela de difícil catalogación y registro, que no ofrece demasiadas facilidades a la hora de definirla, pero que, si en algún subgénero narrativo puede ser encuadrada, es en la literatura intimista. La literatura intimista no es esclava de cuestiones semánticas; y es por ello penetrantemente narrativa;  pone su foco de atención en los problemas existenciales, en asuntos íntimos, familiares, en las oscilaciones y estados del ánimo humano, en los sentimientos y emociones. Justifico esta taxonomía porque, en esta novela, Isabel Garzo se encuentra a años luz de las actitudes retóricas, tanto en la forma como en el contenido. Huye así mismo de los tonos ampulosos, no ensalza a seres excepcionales, ni canta gestas heroicas, sino que privilegia las representaciones de la vida diaria, y lo hace frecuentemente con un estilo evanecido y en buena medida casi difuminado. La representación de la realidad no es concluyentemente objetiva, sino que nos llega reinterpretada a la luz del mundo interior de los personajes, filtrada a través de sus recuerdos, emociones y estados de ánimo.
   Mas nada de lo dicho significa que Los seres infrecuentes carezca de trama argumental. En la novela conviven tres hilos narrativos que no corren simplemente paralelos. Al contrario, se retroalimentan entre sí, o mejor dicho, los dos secundarios sustentan y suministran sentido al principal: la historia cuyo protagonista es Brais, un personaje que, en compañía de su esposa Elena y de su hijo Jesús, nacido con una malformación cardíaca, vive en Madrid, estrechamente unidos a su abuelo, un gallego de  A Costa da Morte que enviudó al poco tiempo de casarse y se responsabiliza de su único hijo, el padre de Brais, al que este no alcanzó a conocer, pues, tanto él como la madre supuestamente fallecieron jóvenes, con Brais apenas de tres años.
   Tras un viaje a Rumanía para adoptar a una niña, Mirela, la familia efectuará un desplazamiento transcendental a Galicia, a la aldea natal de Ézaro, donde Brais se enfrentará con sus verdaderos orígenes y descubrirá los insospechados giros que da la vida y que no revelaré en esta reseña ya que en ellos reside toda la magia de esta novela, un verdadero tirabuzón, tal como la define el principal protagonista; y no exenta de intriga.
   Y a la par, los otros hilos argumentales: la fábula “Ciudad de Lis” que le contó el abuelo a Brais, un regalo que incluía el permiso para hacer de su vida un cuento sin avergonzarse, ser él mismo, atreverse a elegir a Elena y convencerse de que no existen reglas que valgan para todos. Y la historia de “La pareja de cuento” que tiene gran incidencia  en la trama principal: cuando al marido le importa más su honor que la intimidad con la esposa porque el hijo que ella acaba de parir no se parece en nada  a él y concluye que su mujer le ha sido infiel. Mas los giros y golpes de efecto de los que se nutre la novela, harán que el lector se lleve una indiscutible sorpresa y que la verdadera pareja de cuento sea realmente otra: la formada por la bella joven y el padre de Brais, no el esposo rico con el que aquella se vio obligada a casarse.
   En Los seres infrecuentes todo nos llega filtrado a través de los ojos y de la voz del principal protagonista. Los escasos personajes que intervienen en la triple trama son actantes secundarios, a excepción de la figura del abuelo y de la anciana Ingrid, la meiga de Ézaro. Los otros forman la familia o el entorno de Brais. Personajes cercanos y muy naturales, cualidades que comparten con Brais que no solo es la voz narrativa en su propia historia, sino el referente en buena parte de las otras dos. Brais, como personaje, evoluciona conforma avanza la historia, y llena el texto con agudas reflexiones: la incidencia de los demás  en la propia vida, el cuestionamiento de la existencia, los caprichos del destino, el determinismo de las relaciones familiares y la importancia así mismo de otras que son aleatorias  y que vamos construyendo día a día. Se trata de la relación con los seres infrecuentes con los que nos cruzamos en la vida y que también influyen en nuestras decisiones hasta el punto de poder revolucionar nuestra existencia.
   Acertadas, en mi opinión, varias de las estrategias compositivas que emplea la autora. En especial, el hecho de prestar atención a los pequeños detalles que ayudan, sin embargo, a entender el sentido de la narración. Cobra así mismo un importante valor el factor sorpresa que aligera y hace más soportable una narración centrada sobre todo en el mundo interior de los personajes.
   
Cascada de Ézaro donde el Río Xallas se funde con el Atlántico

                                                          
  
   Pocas descripciones de ambientes y espacios, con una notable excepción: el retrato que la autora hace de Ézaro en A Costa da Morte, desvelada con ajustadas pinceladas. Estilo lento, parsimonioso, mas muy envolvente, para hacernos degustar historias aparentemente sencillas pero profundamente vitales e intimistas. Novela con intensos sabores gallegos; se nos habla de meigas, de  Ézaro, del río Xallas, el principal protagonista lleva un nombre gallego… Desconozco si el empleo del topónimo “La Coruña”, para referirse a la ciudad gallega, es una de esas erratas colocadas estratégicamente. Mas, sea como fuere, quiero dejar constancia de que el nombre correcto y normativo de la capital herculina, tanto en gallego como en español, es “A Coruña”.  La disputa “A Coruña / La Coruña” fue un debate, hoy felizmente superado.

Francisco Martínez Bouzas

                                                  
Isabel Garzo

Fragmentos

“Muchas veces después de aquello, sobre todo en los momentos más felices de mi vida, imaginaba todo lo que no tendría si esa operación hubiera salido mal. Había visto muchas películas en las que parejas que se amaban se separaban porque no podían sobrellevar la pérdida de un hijo. Había leído libros de personas que se veían inmersas en la indigencia de la noche a la mañana tras sufrir algo así y decidir que ya no tenían fuerzas para nada.
Supongo que, al fin y al cabo, aquel momento de la operación y el que ahora enfrentaba en Constanza eran bastante  parecidos  en cuanto a que, salieran como salieran, marcarían un antes y un después en mi vida. De ahí que lo recordara justo ese día, frente a la cinta transportadora de equipajes. La vida fluye en un juego de paralelismos, de actos, momentos y personas conectados por un engranaje de hilo, momentos y personas conectados por un engranaje de hilo invisible que no entendemos. Solo de vez en cuando, gracias a un rayo de luz que se extravía, que seguramente no debería estar ahí, vislumbramos uno de esos hilos. Entendemos, por un momento, la conexión, la coincidencia. Amamos las partes coincidentes antes de dejarlas alejarse de nuevo por quién sabe cuánto tiempo más.”

…..

“En esos primeros encuentros conocí un deseo sin límites y saboreé el respeto que sentía cada uno por el cuerpo del otro. Si nuestras manos se rozaban, si compartíamos cualquier otro gesto, tratábamos cada  centímetro de piel como si estuviera hecho de un frágil y carísimo material. Todos los encuentros románticos o sexuales que había tenido en los años anteriores con otras personas pasaron a convertirse en otra cosa. No tenían nada que ver con lo que hacía con Elena; deberían llamarse de otra forma.
Cada vez que quedábamos, pasábamos nerviosos los primeros minutos. Tardamos semanas en darnos un beso en condiciones porque nos derretíamos cuando nuestros labios se rozaban, lo que hacía que nos quedáramos durante minutos simplemente así, posados el uno sobre el otro, acompasando nuestra respiración, sintiendo. Después de despedirme de ella, ya en la casa que compartía con otros dos compañeros, esos proyectos de beso eran suficientes para desarrollar mi imaginación hasta límites insospechados, para acompañarme una y otra vez durante decenas de noches, para acunarme en los momentos previos al sueño y hacer que me durmiera con una sonrisa.”

…..

“Era difícil  arrancarse uno de la tierra a la que pertenecía. Aunque para la gente de ciudad, siempre con prisa, vivir en Ézaro  podía resultar tremendamente aburrido, lo cierto es que Ingrid había vivido muchas emociones en ese pueblo. La Costa de la Muerte es muy abrupta, los temporales son frecuentes y en esos años no era raro que las olas arrastraran hasta la playa los restos de algún naufragio o la mercancía perdida de algún barco. Ingrid, el abuelo y el resto de su generación habían pasado su adolescencia y juventud rodeados de leyendas, cuentos de fantasmas y misterios que llegaban a la orilla en cajas de madera. Calzado, maniquíes… Quien menos tenía una historia que contar de algo inesperado que las olas llevaron hasta sus pies  como por arte de magia.”

(Isabel Garzo, Los seres infrecuentes, páginas 25-26, 63, 163)

viernes, 4 de agosto de 2017

RETRATO DESPIADADO DEL GRAN SUEÑO AMERICANO



El Gran Gatsby
F. Scott Fitzgerald
Traducción y epílogo de  Justo Navarro Velilla
Editorial Anagrama, Barcelona, 2011 (Panorama de Narrativas), 2012 (Compactos)
(LIBROS DE FONDO)

   Francis  Scott Fitzgerald (1896-1940) es uno de los escritores más importantes y emblemáticos de la literatura norteamericana y el mejor cronista de toda una generación que nace, como él mismo escribió, para hallar muertos todos los dioses, terminadas todas las guerras y toda la fe en el ser humano sometida a una duda radical. Nadie como F. Scott Fitzgerald supo definir la llamada “era del jazz”, la prosperidad derivada de la primera Guerra Mundial; y diagnosticar con crudeza su fracaso, la traición que, con su ignorancia y materialismo, la llamada nueva clase, surgida del enriquecimiento fácil, acabaría por volatilizar todos los ideales del alegre sueño americano. Y supo además definir las coordenadas de ese sueño porque F. Scott Fitzgerald representa de forma modélica a aquella “Generación Perdida”, slogan que empleó Gertrude Stein para encuadrar a ciertos compatriotas suyos más jóvenes y osados que ella, que vivían y, sobre todo, bebían bajo los alientos voluptuosos de los felices años veinte.
   En efecto, el autor de El Gran Gatsby representa muchos más que ningún otro escritor, al modelo del perdedor de la época; un hombre a quien sus escritos, y de forma especial sus relatos, hacen famoso de la noche a la mañana y que finiquita sus días, a comienzos de la década de los cuarenta, alcoholizado, sin dinero, su contorno privado de amor y olvidado por el público norteamericano.
   La genialidad de Scott Fitzgerald consistió justamente en convertir todo esto en un tema artístico; en presentar literalmente al dinero en toda su materialidad, algo voluptuoso y volátil, símbolo de un ideal que es al mismo tiempo tan frágil y efímero como el placer.
   El Gran Gatsby forma parte de aquella literatura que hace de la sátira social y del reflejo de la decadencia y de la corrupción de una sociedad su tema central. Una novela que trata de amores nunca logrados, de la muerte, de fiestas disparatadas, de ideales románticos. Y contiene el retrato despiadado e implacable de la sociedad americana en los años posteriores a la primera Gran Guerra, en los que surgen, como clase social, los nuevos ricos, sin que los pobres hayan dejado de serlo.
   Jay Gatsby, el protagonista de la novela, es el prototipo de esta nueva clase social, amoral e independiente, que desvaría por triunfar sea como sea y que finalmente será destruida por aquellos a los que intenta imitar. Sin embargo, Nic Carraway, narrador de la historia, un ser con especiales cualidades para captar la falsedad y la dureza del sistema clasista americano y el fracaso de su sueño, acaba por rendirse delante del incuestionable hechizo de Gatsby. Su aura romántica hace que el personaje no pertenezca por entero al grupo de los ricos de origen, una clase sin moral y sin posibilidades de redención. De hecho, en Gatsby la necesidad de hacerse rico no tiene otro origen y finalidad que los de conseguir el amor de Daisy.
   En el fondo, F. Scott Fitzgerald es heredero de la idea romántica de que la verdad es hermosura, pero también de que es necesario vivir la vida al instante, puesto que nada mortal es eterno. Así pues, sobre la novela planea un cierto aire de tragedia griega. Personajes como Jay Gatsby, con su indomable capacidad de amar a Daisy, la joven que tiene la voz rebosante de dinero, nos recuerdan a los grandes héroes trágicos clásicos que, cuando se aproximan a la meta, esta desaparece en el horizonte.
   El Gran Gatsby fue publicada en 1925, pero no logró el éxito popular de los relatos breves del autor, ni tampoco el de sus primeras novelas (A este lado del paraíso, 1920, Hermosos y malditos, 1922). No obstante, los críticos más exigentes escribieron que era una de las obras de la literatura más notables de la literatura escrita en lengua inglesa. Una categoría que queda demostrada al comprobar los magistrales enfoques narrativos; la complejidad de la voz narradora, a la vez observador y participante en el destino del protagonista; los diálogos perfectos; las descripciones incomparables; la luz del embarcadero de Daisy en Long Island que Jay Gatsby custodia en el verano y que, desde entonces, se convirtió en la gran metáfora de las ilusiones y de los sueños inalcanzables.

Francisco Martínez Bouzas

                                                 
F. Scott Fitzgerald

Fragmentos

“A medio camino entre West Egg y Nueva York la carretera confluye de pronto con la línea del ferrocarril y corre a su lado cerca de cuatrocientos metros, como si quisiera evitar cierta extensión de tierra desolada. Es un valle de cenizas: una granja fantástica donde las cenizas crecen como el trigo hasta convertirse en cordilleras, colinas y jardines grotescos, donde las cenizas toman la forma de casas y chimeneas y humo y, por fin, en un esfuerzo trascendental, de hombres de ceniza que se agitan como sombras y se deshacen en el aire polvoriento. De vez en cuando una fila de vagones grises se arrastra por una vía invisible, se estremece en un crujido espectral y se detiene, e inmediatamente los hombres de ceniza salen como un enjambre con palas que parecen de plomo y levantan una nube impenetrable que nos oculta sus misteriosas operaciones.
Pero sobre la tierra gris y las ráfagas de polvo inhóspito que soplan incesantemente sobre ella, se distinguen, al cabo de un momento, los ojos del doctor T. J. Eckleburg. Los ojos del doctor T. J. Eckleburg son azules y gigantes: sus pupilas casi alcanzan un metro de altura. No miran desde una cara, sino desde unas enormes gafas amarillas que se apoyan en una nariz inexistente. Algún oculista insensato y bromista los debió de poner ahí para aumentar su clientela en la zona de Queens, y luego se hundió en la ceguera eterna, o los olvidó y se fue a otra parte. Pero sus ojos, algo deslucidos por los muchos días expuestos a la lluvia y al sol sin recibir jamás una mano de pintura, siguen meditando tristemente sobre el solemne vertedero.
Un riachuelo sucio limita el valle de cenizas por uno de sus flancos,  y, cuando el puente levadizo se alza para que pasen las barcazas, los pasajeros de los trenes pueden quedarse media hora contemplando el lúgubre lugar mientras esperan. Es inevitable detenerse allí, aunque sea un momento, y precisamente por eso conocí a la amante de Tom Buchanan.”

…..

“Abrimos al azar una puerta que parecía importante y entramos en una biblioteca gótica, de techos altos y paredes recubiertas de roble inglés tallado, probablemente transportada completa desde alguna ruina de ultramar.
Un individuo corpulento, de mediana edad, con gafas enormes y ojos de búho, algo borracho, se sentaba en el filo de una mesa grande y, titubeante, se concentraba en mirar los anaqueles de libros. Cuando entramos, giró sobre sí mismo, nervioso, y examinó a Jordan de pies a cabeza.
-¿Qué les parece? -preguntó con verdadero ímpetu.
-¿Qué?
Señaló hacia los libros con la mano.
-Eso. Y no tienen que molestarse en comprobarlo. Lo he comprobado yo. Son de verdad.
-¿los libros?
Asintió.
-Absolutamente de verdad: tienen páginas y todas esas cosas. Pensé que serían de cartón hueco, resistente. Pero son absolutamente de verdad. Páginas y… Fíjense, déjenme que se lo demuestre.
Dando por sentado nuestro escepticismo, se precipitó hacia los estantes y volvió con el primer volumen de las Conferencias de Stoddard.
-¡Miren! -exclamó triunfalmente-. Es una pieza auténtica de material impreso. Había conseguido engañarme. Este tipo es un verdadero Belasco. ¡Qué triunfo! ¡Qué meticulosidad! Y también supo dónde pararse: las páginas están sin cortar, sin abrir. ¿Pero qué esperaban ustedes? ¿Qué querían?
Me arrebató el libro y lo devolvió corriendo a su estante, murmurando que si quitáramos un ladrillo toda la biblioteca podría venirse abajo.
-¿Quién les ha traído? -preguntó-. ¿O ustedes han venido por su cuenta? A mí me han traído. A casi todo el mundo lo traen.
Jordan lo miraba muy atenta, feliz, sin responder.
-A mí me ha traído una mujer que se llama Roosevelt –continuó-. La señora Claud Roosevelt. ¿No la conocen? Yo la conocí anoche, no sé dónde. Llevo casi una semana borracho, y pensé que sentarme un rato en una biblioteca a lo mejor me despejaba.
-¿Ha funcionado?
-Un poco, sí, creo. Todavía es pronto para decirlo. Sólo llevo aquí una hora. ¿Les he dicho lo de los libros? Son de verdad. Son…
-Nos lo ha dicho.
Le estrechamos la mano solemnemente y salimos.”

(F. Scott Fitzgerald, El Gran Gatsby)

miércoles, 2 de agosto de 2017

LOS "BUENOS PASOS" DE MALPASO EDICIONES



   Considero que una de las formas más apropiadas de iniciar, desde la lectura de buena  literatura, el mes por excelencia vacacional, al menos en el hemisferio norte, puede ser dar cuenta, por el momento con una óptica exclusivamente informativa, de tres novedades de un sello editorial que surgió empujado por los vientos de la crisis. Me refiero a Malpaso Ediciones, una editorial tan independiente como innovadora que por si sola merece que se le preste atención. Una aventura delirante, como reconocen desde este sello editor que inició su andadura en octubre de 2013, bajo el impulso de Malcolm Otero Barral, un verdadero trotamundos de la industria del libro que lleva en la sangre los genes aventureros de su abuelo Carlos Barral, y que con Julián Viñuales, editor igualmente con mucha experiencia y galones, iniciaron esta aventura nacida con ganas, ilusión y, sobre todo, con un catálogo de buenos títulos. En la editorial surgida, como digo, en tiempos difíciles sostienen que las crisis son oportunidades para innovar, aprender, crecer y dar también un mal paso o los que se precisen, huyendo siempre de la grandilocuencia.
   Con un proyecto muy original, los libros de Malpaso Ediciones están llegando a un amplio espectro de libreros y lectores. El mal paso firme que están dispuestos a dar, echó sus raíces en Barcelona, pero paulatinamente van extender sus ramas por México, Buenos Aires, Nueva York, por el momento porque el amplísimo equipo editorial de Malpaso está formado por mujeres y hombres todavía muy jóvenes, no carentes sin embargo de experiencia, de los que cabe esperar que expandan los “buenos pasos” de Malpaso por medio planeta.
   Con un decálogo preciso y original (Malpaso no quiere ser uno más, cree en la literatura de excelencia y en el ensayo comprometido, acepta múltiples tendencias y gustos pero la calidad es cualidad indispensable para todos sus libros…) Malpaso Ediciones ha lanzado hasta ahora cinco colecciones:
Ficción: con la edición por ejemplo de los Cuentos completos de E.L. Doctorow, uno de los grandes de la narrativa contemporánea norteamericana. O la recuperación de una novela perdida, Rumbo al Mar Blanco de Malcolm Lowry, el autor de Bajo el volcán, edición programada para finales de este mes.
No ficción: colección en la que destaco La verdadera vida de Alain Badiou; Panóptico de Hans Magnus Enzensberger o las Memorias de Roman Polanski.
Música: memorias y ensayos de o sobre grandes iconos musicales.
El hombre del TR35: una colección que está colocando en las manos lectoras ensayos que explican el mundo en el que vivimos.
Malpasito: colección que ofrece grandes libros para pequeños lectores.
   Malpaso le brinda a los lectores de forma gratuita la posibilidad de hacerse miembros del Club Malpaso que nos permite una lectura privilegiada de fragmentos de libros a punto de ser lanzados, o descargar extractos de obras ya publicadas.
   Y a continuación, las sinopsis de los tres libros que han llegado a mis manos por cortesía de José Montfort, responsable de prensa de este equipo de “locochones y chingones” que con todas las de la ley están dando “un mal paso firme”. En fechas próximas ofreceré mi valoración crítica personal.

Francisco Martínez Bouzas

 
Tratado de la infidelidad
Julian Herbert
León Plascencia Ňol
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 119 páginas.

Sinópsis:
    
   Los relatos incluidos en Tratado de la infidelidad están cargados de imágenes de una potencia turbadora, con escenas de sexo crudo y de deseo sutil, de vida y de muerte, con personajes sórdidos y extraños y otros presuntamente normales pero que siempre parecen eludir la felicidad convencional
Los autores de Tratado de la infidelidad eluden cargar las tintas en la culpa o el remordimiento y desmenuzan el conflicto desde sentimientos complejos, como la lealtad con uno mismo o el deseo ingobernable, de unos personajes que nos hablan desde el tormento o desde un prisma lúdico, pero siempre con acidez y con dosis ingentes de humor negro, negro azabache.
Un libro que nos hace testigos de la más afilada y descarnada intimidad de sus personajes que van desde parejas con furor amatorio, ninfómanas, músicos que buscan prostitutas hasta friquis de La guerra de las galaxias. Como dice Sofía Ramírez en Cuadrivío «Tratado sobre la infidelidad busca provocar a las buenas conciencias» y, efectivamente, la lectura de estos relatos nos coloca constantemente frente a los conflictos morales de los protagonistas que, en el fondo, que no dejan de ser los nuestros.

Los autores:
    
   Julián Herbert: nació en Acapulco en 1971. Es un artista polifacético, autor de los libros de poemas El nombre de esta casa (1999), La resistencia (2003), Kubla Khan (2005) y Pastilla camaleón (2009); del libro de cuentos Cocaína (manual de usuario) (2006); de las novelas Canción de tumba (2011) y La casa del dolor ajeno (2015) y del volumen de ensayos Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente (2010). Es coautor de colecciones de relatos y compilaciones, fundador de un colectivo de arte interdisciplinario, videopoeta, performer de electropoesía… también ha sido miembro de dos bandas de rock.
   León Plasencia  Ňol (Jalisco, 1968) es poeta, narrador, editor y artista visual. Entre otras ha publicado las obras El árbol la orilla (2003), Apuntes de un anatomista de ciudades (2006), Revólver rojo (2011), Lenguaje privado  (2024). Y junto con Rocío Cerón y Julián Herbert, editó la antología El decir y el vértigo: panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979) (2005). Ha sido galardonado con el Premio Álvaro Mutis (1996), el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (2005) y el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez (2008). En la actualidad dirige la editorial Filodecaballos; ha sido director así mismo de las revistas Parque Nandino y La Zona, y colabora asiduamente con periódicos y revistas de España, Estados Unidos y de distintas ciudades de Latinoamerica.

 
Un mundo infiel
Julián Herbert
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2016, 156 páginas.

Sinópsis:
    
   La escritura áspera y hermosa de Julián Herbert nos lleva de lo salvaje a lo poético. Un mundo infiel es una novela desgarrada que transita por atmósferas sórdidas de perros callejeros, sexo, tragos, drogas y miseria moral. Es también un prodigio literario que combina crudeza con lirismo para llevarnos de viaje por una noche delirante en compañía de unos personajes que, como afluentes, van alimentando el torrente en el que navegan, casi siempre a la deriva.
   Hay páginas de este texto, norteño y fronterizo, que cortan como bisturís, y otras que abren el mundo interior, incluso el onírico, de unos personajes de complejas motivaciones que permanecerán mucho tiempo en nuestra cabeza sin dejar de incomodarnos.
   Un mundo infiel inició el mundo narrativo de Julián Herbert y lo situó, de golpe, entre los narradores mexicanos más importantes de su generación. El autor ha reescrito esta gran historia de historias para Malpaso.

El autor: (Remito a lo escrito en el libro anterior)


Los días de la peste
Edmundo Paz Soldán
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 325 páginas.

Sinópsis:
   
  La Casona es mucho más que una cárcel: es un microcosmos donde cada uno de los individuos que lo componen, desde el gobernador de la prisión hasta su mujer, pasando por los presos y los guardias, aceptan su suerte con resignación.
   La religión como salvación, el culto prohibido que todos profesan a una diosa vengativa que pretende destruir el mundo, y la peste, que matará por igual a ricos y pobres, une a estos personajes dispares de un rincón recóndito del mundo.
   En Los días de la peste, una virtuosa novela coral, el autor nos sumerge magistralmente en una prisión narrativa, rompiendo con la manera de narrar clásica y se consagra cómo una de las voces más singulares de la actual narrativa latinoamericana.

El autor:
    
Edmundo Paz-Soldan - Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como «McOndo» gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).