lunes, 21 de marzo de 2016

LA NARRATIVA ERÓTICA DE ARMANDO G. MUÑOZ



Palabras Morbosas

Cuentos eróticos

Armando G. Muñoz

CreateSpace:Self Publishing, Charleston, 2015, 84 páginas.



   Las redes sociales están propiciando que también en el mundo del libro, incluido el libro en papel, se hayan anulado las distancias. Esa es la razón por la que he podido leer, en estos últimos años, narrativa y  poesía editada en América Latina y en Estados Unidos, en esa segunda Latinoamérica que es el estado de Florida. Y de Kissimee, Florida, me han llegado tres muestras de las inquietudes y del quehacer escritural de Armando G. Muñoz, heterónimo del escritor cubano Bárbaro Gregorio Muñoz (Marianao, Ciudad de la Habana, 1957), que, como el mismo confiesa, vivió durante casi cuarenta y nueve años el experimento socialista cubano. Y cuya vida, hasta que en el año 2006, gracias a los beneficios de la lotería de la visa, logró salir de Cuba y trasladarse a los Estados Unidos, es una verdadera novela: desertor del Ejército Juvenil del Trabajo, capturado y condenado a cuatro años de prisión que redimió en parte en la zafra. Múltiples intentos de salir de Cuba por distintas vías, pero algo siempre falló. Finalmente en el frío invierno de New Jersey, a orillas del río Hudson, pudo dar inicio a su sueño, largo tiempo ansiado.

   Armando G. Muñoz es un verdadero currante  de la literatura, aunque sin salario fijo. Cuentos, poemarios, antologías poéticas, una entrevista ficticia a Fidel Castro y varias novelas. Hoy leo y comento su colectánea de cuentos eróticos, Palabras Morbosas. Una selección de relatos de mediana extensión en los que el lector hallará, en efecto, cinco narraciones donde se rinde culto a la erótica, esa afección teñida de deseo, que es así mismo género literario, y que tiene que ver con la recuperación de los cuerpos silenciados y transgresores.

   Tanto en los tres relatos cimentados y sustentados en una trama, como en los dos que son simples escenas, instantáneas, la sexualidad ocupa la centralidad, y su narración produce desasosiego en el lector, porque reúnen las dos condiciones imprescindibles de la literatura que se encuadra en este subgénero: tensión erótica y una aceptable elaboración literaria, especialmente en los primeros. Armando G. Muñoz nutre sus relatos con aquella condición que ya exigía Rousseau: que los lectores puedan leer con una sola mano. La otra, libre para ejecutar lo que dicte el deseo. Y cumple además con otro requisito, seguramente más substancial y difícil de lograr: el darse por entero al lector para que este sienta placer, como escribió Roland Barthes.

   En las dos historias carentes de trama, el autor nos regala el encuentro-desencuentro de la bella mujer madura que se transforma en un frenesí sexual (“Te descubrí”). O el deseo, el sabor del sexo, sus placeres en una sesión de chat con cámara web (“Chateamos”). Mucha más substancia diegética anida en “Mario o María”. Mario, el niño cubano que nace maricón, se prostituye con viejos oficiales, conoce a  extranjeros que a la Isla llegan buscando sexo con los hijos de José Martí, vende su cuerpo por el placer de la comida, del trago o por un paseo. Amante de una española en Madrid por expreso deseo de su marido, se enamora, sin embargo de un hombre maduro, al que le entrega su corazón y su cuerpo transformado por el bisturí. Pero la bomba asesina de ETA -no la mano asesina de Fidel Castro, como afirma el autor, por mucho que en Cuba estuviera instalada una colonia etarra- lo arranca de su lado.

   “Confesiones de una mujer de cuatro décadas” es una historia que encierra varias historias: la violación de una niña de cinco años por el hermanastro de treinta, el juego de la seducción al alcanzar los quince con un hombre mayor, amigo de su padre. La única obsesión: ser penetrada por un hombre, el embarazo, el casamiento, el infierno de las traiciones, hasta que la protagonista se siente la señora de cuatro décadas y se lanza a conquistar el mundo y a saciar sus deseos. Un relato centrado en la represión, debido a los tabúes de la educación, y en el desamparo más absoluto, exento de amor.

   Finalmente, “Ir a tu encuentro”, el relato que cierra el volumen, deja un buen sabor de boca: el encuentro afectivo y sexual, en la noche bogotana, de dos seres que se habían conocido por internet. Serán felices hasta el abismo de la partida, pero con la seguridad de que nada los separará.

   El sexo, la pasión, la lujuria hallan en las páginas de Armando G. Muñoz un escenario para expresarse, casi para tener vida. Los relatos de Palabras Morbosas son congruentes con el rótulo del libro. Están escritos con la intención de inquietar al lector, para producir en él excitación y desasosiego, sin caer en la afectación relamida. Con un lenguaje, no solo insinuante, sino abiertamente explícito, muchas veces cercano al código pornográfico, aunque entre ambos las fronteras son difusas. Pero, en todo caso, capaz de introducir al lector en las escondidas y secretas regiones de la fantasía y en las moradas del deseo, ajeno a tabúes y prohibiciones.

   Una edición con un tipo de letra que agradecerán los présbites, en la que sería preciso subsanar, en sucesivas ediciones, algunos errores ortográficos, le da forma y vestimenta a esta incursión del autor en ese santuario donde se rinde culto a Eros, el dios primordial, responsable del amor, la atracción sexual y el sexo.



Francisco Martínez Bouzas




                                                   
Aramando G. Muñoz


Fragmentos



“He llegado a Madrid hace menos de dos horas, Pilar me ubicó en un precioso, cálido y confortable ático del barrio de Lavapiés, allí me ha creado un refugio donde pueda vivir a gusto, es un barrio lleno de inmigrantes, donde pasado y presente se funden. Nada más hemos entrado y nos devoramos a besos, los besos de hembra deseosa, sedienta, de fiera hambrienta, mientras subimos las escaleras que conducen a la habitación vamos soltando las ropas, dejándola como huellas de nuestro camino a los placeres de la carne, nos tiramos en el lecho y la devoro con mis labios, la recorro completa, beso su cuello, sus senos que se yerguen golosos buscando mi boca, su blanco vientre, se regodea de placer, gime la hembra en celo, mis labios besan sus muslos, aspiro el aroma del sexo ardiente, aún no es su turno, continúa mi búsqueda de nuevos sitios no besados, de lugares ávidos de ser recorridos por mis labios, beso sus pies, es increíble como alborota su cuerpo cuando llevo los pies a mi boca, le descubrí, como partes del cuerpo son también erógenas, gime, no puede detener su orgasmo, el vientre le palpita como si el corazón acelerado lo hubiera cambiado de sitio, grita, me pega en los hombros con los puños cerrados, atrae mi boca a sus labios, me besa, hace mucho nadie me besaba como ella  lo hace, es una mezcla de amor y deseo salvaje, juego con mis dedos en su clítoris, su orgasmo ha humedecido parte de sus muslos…”



…..



“Mi mano busca tus blancos muslos semi ocultos en la pequeña falda que vistes, no llevas pantis, abre tus piernas golosas, entregando tu húmedo sexo, sin dejar de besarte lo toco, lo palpo, mis dedos recorren tu cabellera, tu humedad, tu clítoris se inflama por la fuerza de tanta sangre, introduzco un dedo, otro, mientras el pulgar roza tu vulva, te crispas, te abres más, me muerdes los labios, mueves el vientre, jadeas, aprietas mi rostro contra el tuyo, mientras te corres en mi mano, estás loca, la puta dormida en ti se despierta, grita, requieres más.

Abres mi cremallera, sacas mi sexo, lo palpas, lo mides, sientes su dureza y lo buscas ávida, golosa con tu boca, no es lo que quieres, necesitas más, mucho más para satisfacer las ganas de placer…”



…..



“A los cuarenta y cuatro años con un chico once años más joven aprendí cuanto disfruta una mujer cuando le hacen sexo oral, conocí el placer de un orgasmo mientras unos labios diestros y conocedores besan tus labios vaginales y manipulan tu clítoris y vulva, el nunca lo hizo, al muy hijo de su madre le encantaba se lo hiciera, una sola vez lo intentó y largó un asqueroso vómito en mi sexo, hoy tuve dos maravillosos orgasmos, mientras el chico se comía literalmente mi sexo, pero algo le faltaba, solo me penetraba y «pun», tenía su orgasmo, el chico no los controlaba. Con él conocí dos cosas de las que antes había escuchado hablar y no conocía, «el sexo oral y la eyaculación precoz». No nos volvimos a acostar, no quiso ir de nuevo a mi lecho, le hablé, le expliqué, le dije de ir a un especialista, no aceptó. Conocía su mal, pero no deseaba darle solución.”



(Armando G. Muñoz, Palabras Morbosas, páginas 18-19, 26, 71)

sábado, 19 de marzo de 2016

"VIVA": TROTSKI & LOWRY EN EL HERVIDERO MEXICANO EN BÚSQUEDA DE LO IMPOSIBLE



Viva

Patrick Deville

Traducción de José Manuel Fajardo

Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 251 páginas.



   Viva es el título con el que Patrick Deville (Saint-Brevin-les Pins, 1957) está a punto de completar su saga de historias que, partiendo del año fronterizo de 1860, viajan de Oeste a Este, y que forman parte de un ambicioso proyecto de doce piezas narrativas rotuladas con la expresión latina “Sic Transit Gloria Mundi”. Las otras seis harán el viaje al revés. Todas ellas, Viva incluida, persiguen el objetivo de recorrer el mundo acompañando a héroes o antihéroes, luminosos o fracasados momentáneamente, pero que están en el origen o participan en el desarrollo de una exploración, un avance científico, una conquista o un acontecimiento con importantes repercusiones en el transcurrir de la Historia. Novelas de no ficción, cimentadas en un laborioso trabajo de investigación, que incluyen numerosos viajes y se convierten en literatura cuando el escritor detiene la investigación e inventa una forma. Con este plan y esa forma de trabajo escritural, han salido de la pluma de Patrick Deville Pura vida (2004), que recupera la historia del filibustero norteamericano William Walker que alcanzó la presidencia de Nicaragua y sería fusilado; Ecuatoria (2009), un inabarcable mosaico de historias que, de la mano de Pierre Savorgnan de Brazza y otros exploradores antitéticos nos interna en la inmensa franja ecuatorial africana; Kampuchea (2011), sobre el proceso de los jemeres rojos en Camboya; Peste & Cólera, recreación de la existencia de Alexander Yersin, sus aventuras y avatares vitales, y sobre todo sus descubrimientos. Es ahora la vez de Viva, editada en Francia hace dos años y en este mismo mes de marzo traducida al español y publicada por Anagrama.

   Al igual que las cuatro precedentes, Viva es una “novela de aventuras de verdad”. Y como ellas, abundantemente documentada, intensamente épica y adecuadamente ficcional; y transitada así mismo por múltiples personajes que han hecho la Historia, mas con dos protagonistas, dos vidas paralelas y antitéticas, Malcom Lowry y León Trotski, en el turbulento hervidero cultural y político de los años 30 del pasado siglo en México, país de emigrantes y desarraigados, también de soledades según Octavio Paz, generoso asilo de exiliados de todo el mundo y teatro de vidas paralelas, de encuentros y desencuentros. En ese México efervescente y en ebullición, ellos Trotsky y Lowry serán las columnas dorsales  de una historia río, con múltiples afluentes, que Patrick Deville confiesa haber escrito contra la amnesia general, y también contra la propia. Pero en ese frenético borboteo mexicano, convergen otros nombres que, a su manera, también han acarreado su grano de arena a las dunas de la Historia. Por eso mismo, Viva  es una gran caja de resonancia de los grandes acontecimientos culturales, políticos e incluso bélicos de la primera mitad del siglo XX. Y punto de encuentro de los personajes más emblemáticos, creativos, contradictorios y destructivos, de los que van de exilio en exilio, de los que viven en el filo de la navaja. En las páginas de Viva, junto al proscrito Trotski, el defensor de la Revolución permanente e inventor de la Cuarta Internacional, y Lowry, el genio en fuga, el “obrero literario”, hundido en el alcohol y en la embriaguez mezcalera, cuyas vidas Deville reconstruye de forma fragmentaria, aparecen otros muchos que llegan a México: Ret Marut que será Traven y Cravan, del que heredaremos El tesoro de Sierra Madre; Antonin Artaud que ha venido a México a calcinar sus nervios; Tina Modotti, ciudadana del dolor del mundo, que extrae la savia de sus raices temperamentales italianas y las alimenta con sus cinco amantes; Graham Greene, novelista y agente secreto que llega para escribir una novela sobre las miserias de los hombres y sobre los horrores de la Historia; André Breton que no sabe a qué viene, se siente inhibido ante Trotsky y que será para Frida Kahlo, junto con todos los surrealistas, la mierda que provoca el surgimiento de los Hitler y Musolini.

   Es el México que, después de la batalla del Ebro, recibe a los refugiados del POUM y a los estalinistas de las checas que los exterminaban. Que también acoge a los enviados de Stalin, una madre y su hijo, Caridad Mercader y Ramón Mercader, que llega con un pasaporte falso, un piolet y formado en Moscú para matar a Trotski.

  Todo comienza en Tampico, con el mecánico Sandino descubriendo el anarcosindicalismo y que en Nicaragua será  el “general de los hombres libres”. También en Tampico arriba, a bordo de un petrolero noruego, León  Trotski y su mujer Natalia Ivanova Sedova. Trotski ya es un “vencido errante” que ha recorrido el planeta. Los recibe una joven mujer, Frida Kahlo. En el tren personal del presidente Lázaro Cárdenas, se dirigen hacia la Ciudad de México y, en la Casa Azul, retoma su combate revolucionario, recibe las noticias de los fusilados por trotskismo y sabe que su nombre está siendo barrido de la Historia. A su lado estarán Diego Rivera, el ogro devorador de mujeres, el genio encarnizado, homérico, el artista criado en el bosque, según su propia leyenda. También otros muralistas, Orozco y Siqueiros que comandará el primer intento de asesinato. Y la banda de los trece que se reúnen en la casa de Tina Modotti y se convierten en  héroes o traidores.

   En 1936 llegaba a Acapulco un joven inglés, Malcon Lowry. Le acompaña su esposa, Jan Gabriel. Se instalan en Cuernavaca, más tarde en Oaxaca y, entre excesos alcohólicos, soñará con escribir Bajo el volcán, que, tras incontables reescrituras, concluirá diez años más tarde en una cabaña en la Columbia Británica. Pero en México, tal como escribe Juan Villoro, uno de los escritores actuales presentes así mismo en la novela, Lowry encontrará de manera definitiva el deslumbramiento y el desplome que buscaba.

   Tras haber recorrido el mundo cada uno por su lado, el escritor y revolucionario ruso y el escritor inglés están en México, pero sus existencias mexicanas discurrirán en paralelo, sin jamás encontrarse.

   Todo había comenzado en Tampico y todo acaba en Tampico, en la guerra abierta que libran los cárteles de la droga. Y tras incontables amores, infidelidades, traiciones, fracasos, idealismos, desgarros, intentos de participar en la Historia, con muchas manos manchadas imprescindibles para que aquella avance, ya los hemos olvidado. Porque, tal como cierra la novela el autor, “Aquellos que, en lo alto, creían distinguir en el horizonte los amaneceres radiantes de las revoluciones políticas y poéticas descienden ya a la oscuridad” (página 242).

  
Patrick Deville
Novela fragmentaria, quizás dislocada, con roturas temporales, con anticipos, avances y retrocesos. Mas ello no obsta para que estemos ante una novela, ese reino de la libertad que por su misma naturaleza puede y seguramente debe de ser proteica y abierta. Patrick Deville maneja con oficio esta nueva amalgama de historias, biografía, ficción y reportaje. Acierta, una vez más, con esas estructuras paralelas y con la subversión del género novelesco en el que, sin calzador, introduce testimonios, referencias, citas, epistolarios…. Todo en un productivo diálogo con la ficción. El autor relata así mismo sus propias errancias por algunos de los derroteros recorridos por sus héroes o villanos. Y describe, a la vez con precisión y fantasía, los años 30 del tumultuoso hervidero mexicano, la indígena belleza convulsiva de un país que a la vez atrapa y espanta. Con dos brochazos o dos sutiles pincelas (“La linda princesa y el sapo gordo”, Frida Kahlo y Diego Rivera, página 54) delinea los personajes, un amplísimo abanico de transeúntes por las veredas mexicanas o por los caminos de medio mundo. Y sus hechos paralelos que integra y funde en una estructura superior cuyo resultado es una exultante novela, escrita con un estilo de prosa claro y preciso, dotado de gran fuerza evocativa, refulgente y atravesada por ciertos ramalazos líricos que penetran con fuerza en el entramado novelesco, y elevan su tonalidad épica -quizás Viva es la más épica de la saga-, que trasladan al lector a lo más profundo de aquellos seres que, con sus obsesiones, sus excesos, alucinaciones, fuerzas volcánicas e idealismos, han sido capaces de dividir la Historia y se han aproximado a lo absoluto o a lo imposible.



Francisco Martínez Bouzas


                                                      
Frida Kahlo recibiendo a Trotski y a Natalia Sedova en Tampico (1937)

Fragmentos



“Rivera dibuja los arcanos isabelinos de sus amores y disputas, el nido de víboras. Trotski se entera de que Frifa Kahlo y Diego Rivera se casaron en casa de la fotógrafa revolucionaria Tina Modotti, también ella miembro del Partido, aunque estalinista: Tina, la traidora. Frida Kahlo tiene veintinueve años, tiene los senos pequeños y levantados, sus pezones son muy oscuros, así se ven en una fotografía de ella con el torso desnudo, quizás tomada por Tina Modotti, la mirada es orgullosa y lleva una pistola metida en la cintura de su falda larga. Trotski todavía no los ha visto, los senos de Frida.

Cada noche trata de retener los nombres, comienza a comprender que ha abandonado a una hechicera por otra, la noruega por la mexicana. En mayo de 1940, será uno de los pintores muralistas, David Alfaro Siqueiros, quien propicie el primer atentado con metralleta contra él. Sólo algunos nombres de esa pequeña banda le resultan ya conocidos. Sandino, por supuesto, y quizás Traven. Sobre todo Maiakovski, el poeta ruso sobre el que escribió una alabanza. Éste había embarcado en Saint-Nazaire rumbo a Veracruz, había escrito a bordo «El océano Atlántico» y se había quedado un tiempo en Ciudad de México, en medio de la pequeña banda, antes de regresar a Moscú a pegarse un tiro en el corazón.”



…..



“Tiene cincuenta y siete años y ésta es la última cosa que esperaba. Ha escapado de la nieve y del hielo de Noruega, de las garras de la GPU de Stalin y de la Gestapo de Hitler. Si ningún país hubiera aceptado darles un visado, el proscrito y Natalia habrían sido devueltos a los soviéticos, y eso habría significado la muerte en Rusia. Diego Rivera había sabido convencer al presidente Lázaro Cárdenas para que acogiera a los fugitivos, utilizó su inmenso prestigio para salvarles la vida y organizó su acogida en la casa azul de su compañera. Gracias a Rivera él está vivo, pero está también fuertemente enamorado de su compañera, de la Malinche, de la amante indígena de Cortés, que le enumeró los dioses de los aztecas y tradujo las palabras del emperador Moctezuma.”



…..



“Pero en Lowry y en Trotski la cuestión es mucho más amplia: saber con qué fin se vende el alma al Diablo. Para que esta hermosa y terrible soledad y esa fuerza interior que les hace abandonar la vida que les gustaría llevar y a los seres que aman, para irse siempre cada vez más lejos en busca del fracaso que vendrá  a coronar sus esfuerzos.

Les gusta la misma clase de felicidad, una felicidad simple y antigua, la del bosque y la nieve, la de nadar en aguas frías y la de la lectura. Lo de estos es como acercarse al misterio de la vida de los santos, buscar aquello que los impulsa hacia los eternos combates perdidos de antemano, el absoluto de la Revolución o el absoluto de la Literatura, en los que nunca encontrarán la paz, la tranquilidad de la labor cumplida. Es ese vacío que se siente y el que el hombre, en su insoportable finitud, no sea aquello que debería ser, la insatisfacción, el rechazo de la condición que nos vence, también el inmenso orgullo de ir  a robar una chispa cuando es su turno, incluso si saben bien que terminarían encadenados a la roca y continuarán así demostrándonos eternamente que han intentado lo imposible y que lo imposible puede buscarse. Eso es lo que gritan y lo que nosotros solemos fingir que no oímos: que de cada uno de nosotros se espera lo imposible.”



(Patrick Deville, Viva, páginas 43, 54-55, 148-149)

lunes, 14 de marzo de 2016

"UNA HOGUERA EN LOS PÁRPADOS": VERSOS QUE TRANSITAN POR LABERINTOS EXISTENCIALES



Una hoguera en los párpados

Marta Domínguez Alonso

Olifante. Ediciones de Poesía, Zaragoza, 2015, 59 páginas.



   No era necesario que Marta Domínguez intentase captar la benevolencia lectora mediante un poema que, desde el pórtico introductorio, nos ofrece sus palabras, nos invita “a todos los viajes del mundo”, nos brinda, en fin, sus abstracciones. Y no era preciso porque sus versos sí que son “de ascenso al cielo”, como la obra perdurables de los buenos poetas: esos y esas poetas capaces de convertir las palabras en el gran milagro y en la gran verdad del mundo, como acertadamente reiteraron los clásicos de mi tierra. Porque denotan, en el acto escritural y en el placer de la lectura, la presencia de los maravilloso en la vida cotidiana. Se ha escrito, en más de una ocasión, que percibir el universo con su entera carga profunda de sensaciones y significados para descorrer el velo de la realidad, frecuentemente inasible, es la condición esencial para escribir poesía. Y a esta develación   no es ajena  la joven poeta aragonesa Marta Domínguez, una voz fresca y poderosa en la actual lírica española, tal como lo acreditan todas las secretas substancias de este libro.

   Un poema no es nada, pero puede serlo todo, escribió con acierto Pedro Salinas, porque cuando es algo más que vacuas palabras rimadas o no, que obligan al poeta a decir lo que no quiere, se convierte en el mejor instrumento humano para apropiarnos de la realidad. Y eso percibo e identifico en los poemas que Marta Domínguez nos brinda en este su segundo poemario.

  Un poemario en cuya primera parte (“Del lado de la Tierra”) es reconocible una obra de pensamiento, el lugar de la lengua donde se ejerce una proposición sobre el ser y sobre el tiempo, tan frecuentados por los poetas de la “edad de los poetas”, como afirma Alain Badiou. No cabe duda de que en muchos de los poemas de Una hoguera en los párpados, su autora ocupa el lugar de los “amantes de la sabiduría”. Entonces, ¿poesía metafísica? Sí y no, porque la poesía que nos ofrece Marta Domínguez poco o nada tiene que ver con los poetas metafísicos ingleses del siglo XVII, cuyos versos se orientaban a captar más la razón que las emociones, y en cuyas antípodas se sitúa la poesía de Marta Domínguez que no desdeña, sin embargo, la conceptualización, ni aquellas palabras e imágenes que le permiten penetrar en los insondables territorios del ser. No del ser metafísico, sino del ser existencial, el Dasein, esa entidad que cada uno de nosotros es por sí mismo y que está aquí en el mundo, en el decir de Heidegger. Y con esos versos entreverados de lirismo y de pensamiento, la voz poética de Marta Domínguez es capaz de incendiar nuestras noches, porque nos alertan de que somos “mil formas de morir”, “un maniquí que se prueba el sudario”, de que “navegaremos río arriba / al lugar alto / donde conviven ratas y palomas.” (página 21). Versos arraigados en nuestra dimensión existencial, que exploran nuestra finitud, con los recursos luminosos, unos contenidos, abiertamente sensuales otros, y las fuerzas mágicas del decir poético. Un decir poético que guarda “una hoguera en los párpados”, guarda memorias, vivencias. También “los viejos rencores en las sábanas de todos los ajuares” (página 24). No están ausentes de este poemario la queja, la denuncia y la reivindicación social y política. Poemas tan bellos, tan crudos y tan sutilmente combativos como “Oriente próximo” o “Sur” así lo confirman. La voz poética abandona entonces el tono mesurado para convertirse en explosión, en denuncia radical de las vilezas del presente.

   Una corta segunda parte (“Monólogo de amor”) a la que dan contenido y forma tan solo tres poemas, nos conduce por las llamas del erotismo. Versos transitados por el “pathos” amoroso, por esa “ubris” psico-afectiva constitutiva de nuestra especie y que hallan su plenitud en los estados amorosos que transforman las experiencias humanas en momentos, quizás precarios, aleatorios, pero que vivimos como óptimos y supremos, hasta llegar a “llorar estrellas encendidas” (página 41).

   La última parte del poemario (“De otros lados”), generosa de nuevo en originales creaciones poéticas, es una exploración, desde la memoria, desde vivencias y experiencias, del propio yo poético: el yo lírico experimenta las horas bizarras del delirio, ve el mundo que arde en las alturas, se siente vaciado por dentro o es consciente de correr quizás tras señales náufragas…, pero sin desprenderse de esa servidumbre y a la vez dicha existencial que marca la tonalidad de todo el poemario.

   No desprecia la poeta los privilegios fonocéntricos, pero no es cautiva ni de la métrica ni de la rima, generadoras muchas veces de mares de versos aprisionados. Versos libres los suyos que le otorgan mayor importancia a otras dimensiones, figuras afortunadas por las que el discurso en la expresión de las ideas, de los pensamientos y sentimientos se aleja de expresión simple o común, como las definió Fontanier. Versos libres para expresar los vivido o lo soñado, pero que jamás renuncian a la forma. Porque el verdadero poema siempre tiene forma. Y la voz lírica de Marta Domínguez asume con éxito el reto de crear nuevas formas para sus poemas, esculpiendo, estirando, engrosando las posibilidades de la lengua, la verdadera patria del poeta.



Francisco Martínez Bouzas



                                                     
Marta Domínguez Alonso

Selección de poemas



ECCE HOMO



“Soy humana,

he aquí la muestra de mi necesaria humanidad,

soy una plegaria hecha de escombros en Nepal,

una huella en el Atlas, como garras que se agarran a la roca,

un surco de tu piel, pequeña,

una sierra escarpada donde hallar múltiples muertes,

soy mil formas de morir,

miles de entrañas, una boca asombrada en la boca del lobo,

soy gotas que titilan en la hoja

de este castaño que aquí ves,

diminutas gotas a punto de extinguirse.

Soy la piedra arrojada contra el tanque,

una nana a medias en Ramalah.

Soy un grito ahogado en Lampedusa.

El botón-ojo que mira alucinado,

de un muñeco de trapo,

un maniquí que se prueba el sudario.

Soy humana,

he aquí la muestra de mi necesaria humanidad.”



…..



ENTRE TUS PIERNAS


“Entre tus piernas

el sol

reflecta rayos de oro.

Y yo me duermo sosegado por el mar

desde el otro lado del contorno de tus senos.

Por llegar a ti, cruzaré cada noche el Helesponto

como un Leandro de pies desorbitados.

Quiero ser estrella arrinconada, anidando dentro de tu ombligo

y deshojar tu risa a cañonazos,

tirar del hilo de Ariadna de tus labios,

lamer la salvia que escurre por tu pecho

y llorar estrellas encendidas

por las noches que no pueda ofrecer

tu cuerpo en algún templo.

En mi plegaria, tu sexo,

que otro tiempo tomé como tributo.

Tu sangre es el cáliz del deseo

que beberé del surtidor preciso

y del anhelo de saberte mía,

arrancaré tus piernas del espejo.”



…..



NIHILISTA



“Me pidieron que hablara sobre flores

pero solo puedo escribir entre las brumas.

Mi danza es nihilista,

atiende siempre al compás del azar.

Subida en hombros de gigantes

veo el mundo que arde en las alturas,

y desdigo a dios jugando con mis dados.



Hambre de justicia tras la plaga

de langostas en el maizal.

Solo ha caído una gota,

solo hay espacio para esta lágrima

surgida de un ojo en vertical.”



(Marta Domínguez Alonso, Una hoguera en los párpados, páginas 18, 41, 47)