viernes, 15 de marzo de 2013

EN LEGUA DE ESFUERZO, DE AMOR Y DOLOR

Cativa en su lughar / Casa Pechada
Luz Pichel
Interlogo de Maria Salgado
Progresele, Ibiza, 2013, 207 páginas.

 

    Con evidente sentido do humor, alguien ha escrito que en Galicia conviven en perfecta armonía al menos nueve lenguas romances: el gallego (casi extinguido!), el castellano, el coruñés, el bazanero, el chapurrao (o “Lingua Conselleira”), el sunteiro (lengua koiné utilizada por la Sunta / Xunta y sus medios de difusión), el portuxés, el vigués y el castrapo ( el más extendido y equivalente al gallego moderno).
   La poeta Luz Pichel, aclimatada desde el año 1971 en Madrid, en ese Madrid que, según afirma Manuel Rivas, huele a todos los destierros, aunque a ella no le ha hecho olvidar su lughar de Alén, una pequeña aldea del valle del Deza (Pontevedra), acaba de regalarnos un libro hasta ahora seguramente único en su género, lo que lo convierte en una joya bibliográfica: una versión libre, libérrima y en castrapo de su poemario Casa Pechada, Premio Esquío de poesía en lengua gallega en el año 2006.
   No oculta la poeta su “pánico” por tamaña osadía y sobre todo por traer este libro a Galicia. Pero creo que es un pavor sin razón porque el castrapo, variante popular del castellano hablado en Galicia, caracterizada por el uso de sintaxis, vocabulario y expresiones tomadas del gallego y que no existen en castellano, puede y debe ser entendido desde dos actitudes: como una variante idiomática, socialmente vulgar, consecuencia de la agresión o desplazamiento del gallego por muchos hijos de las clases medias y bajas hablantes del gallego que abandonan su lengua materna para ascender socialmente adoptando la lengua que en su subconsciente va unida al prestigio social y al bienestar económico, y que daría lugar a esa “identidad castrada” de la que habla la autora. Pero también como “lengua de esfuerzo, amor y dolor” porque significa -y me remito a las clarificadoras palabras de la poeta- “el trabajo del miembro de la tribu por hacerse entender de quien, de fuera, se acerca”. Lengua pues de quien sufre cuando habla por el mismo hecho de hablar su propia lengua.
   A esta lengua de caricatura, de burla y humillación (lengua difformis, matalengua), dialecto sin norma, traduce Luz Pichel sus versos para la edición bilingüe de Casa Pechada. Y con la versión, el libro queda “artefeito” como castrapo. El uso del castrapo como legua de autotraducción de la poesía, que circula tranquilamente por los quirófanos, por la castración, la construcción y sus contrarios, permite a esta versión libre expresar y transmitir contenidos, miradas, esos mundos do lughar que de otra manera serían difícilmente enunciables.. Ese es el gran centro de interés de este libro. La poeta rehace su poemario, sin liberarse del original, pero impulsada por una nueva libertad creativa que la llevará por sendas impensables, aunque demandadas por la distancia temporal y otras circunstancias, hacia una versión libre.
   Así pues, en Cativa en su lughar de los poemas originales de Casa Pechada queda la médula. El resto ha sido transformado con nuevos hilos y nuevo tejido, que con esfuerzo y amor siguen cosiendo o arropando a una lengua para que no muera. Hilos también de dolor porque fue el castrapo la lengua que amamantó l la adolescencia de la escritora en el colegio de monjas que frecuentó. La que la hizo sufrir. Quizás algún día Luz Pichel -y yo desde aquí la animo- nos relate cómo las lenguas del poder gramatical y políticamente correcto pusieron clavos y espinas sobre aquella “paparruxada” lingüística que a juicio de la censura monjil empleaba el padre en las cartas que escribía a su hija.
   Luz Pichel, como se ha reiterado, autotraduce su versión libre de Casa Pechada desde su lughar.  Y en su lughar la lengua gallega emplea con naturalidad la gheada. Un fenómeno fonético consistente en pronunciar el fonema /g/ oclusivo velar sonoro como /h/ aspirante sonoro semejante a la letra jota. De ahí que en esas recreaciones poemáticas de Casa Pechada la gheada pasa con naturalidad al castrapo porque es propia de la comarca del Deza.
   El volumen se completa con las glosas poético lingüísticas, pequeños manjares con los que la autora agasaja a los lectores descubriendo la esencia y la vida del vocabulario gallego introducido en su autoversión. Y con “Findologos”, doce notas en las que, también desde un castellano con cierto mestizaje gallego, la poeta madrileña hija de gallegos, Maria Salgado nos brinda su mirada a este libro, a este juego de “artefacer”.
   Y finalmente, la reedición del original de Casa Pechada, ese ajuste de cuentas con la propia lengua y con la historia personal y familiar, escrita desde muy lejos y a la vez muy cerca del gallego. Un poemario sobre segundas emigraciones que obligan a cerrar la casa. Evocación de vivencias, sobre todo infantiles, vivencias desidealizadas, con versos preñados de desgarros ante ese viaje interior del abandono del lugar de origen. Por eso mismo todo se siembra de letreros para impedir la desmemoria. Acción catártica frente al abandono y la pérdida que se lleva a cabo pronunciando el nombre de las cosas que se encuentran recorriendo las estancias de la casa familiar y  su contorno. Casa Pechada, lo escribió en su día un gran poeta gallego, Xosé María Álvares Cáccamo, significa también preservar la historia del país y las sendas de identidad colectiva, función semejante a la que desempeña la recuperación de su lengua y la nuestra que emprende Luz Pichel con este libro. Un libro ahora reinventado en  lengua “ruin”, pero siempre, y de ello no cabe duda, lengua de esfuerzo, amor y dolor.

Francisco Martínez Bouzas



Luz Pichel



Fragmentos

Poema prólogo

“Hai nesta aldea un gato
que coñece os abismos.

Ás noites,
desde o Alto das Penas,
érguese e mira para a casa que fora do seu dono
e laia coma un cadelo adoecido.
A súa sombra é longa e afiada.
Espétaselle a a un no peito de por vida.

Vai haber que o matar”
      (Casa Pechada, página 132)

Poema prólogo
Al animal

“Un animal, un gato, un ghato,
dos córnea, dos cortes verticales frente a lo hondo,
lo fondofondo, la noche, la noiteneghra.
A la nochenegra, yérguese, animalito,
espeta sus dos patas en el Alto das Penas,
yérguese y mira para la casa que fue de su amo,
que fue de su amo,
lo hondo allá hondo qué es
quéjase, laia, es
un cadelo adolientado,
una sombra longa
una sombra un hilo
un filo negronegro
un filo neghroneghro,
clávasele a una de por vida
clávasele a cualquiera de por vida y va a haber que matarlo
va a haber que matarlo
va a haber que lo matar”
      (Cativa en su lughar, página 15)

…..
Queimar a leña

“A néboa do amañecer énchese de tráfego
de xente voandeira.
O canto dun galo que vén de lonxe
correspóndese co canto do corvo
que foxe escorrentado
polos golpes dos homes.

Érgense co día e rompen mazas
contra as portas do gando.

Outro galo respóndelle.
Miro para o cuberto da leña e penso
como me gustaría dala queimado toda”
      (Casa Pechada, página 134)

Quemar la leña

“Amanece en nébulas,
neblina, nebulas, néboa. Tráfico.
trasiego de volanderos.
la cantiga de un gallo de lejos
corresponde con el croack del corvo
que escaramuza en fuga
al escape de hombres berrinchudos.

Yérguense con el día, rompen
mazas contra las puertas
de los gandos.
Después cómbanse al uso y caen,
son vocales.

Otro gallo arrebátase
con el lucir del son.

Miro para el alpendre de la leña y
dígome
cómo me gustaría
cuánto me gustaría
cuánto me ghustaría
darla quemado toda,
ghastarla
consumirla
rematarla ¿entiendes?”
      (Cativa en su lughar, página 19)

lunes, 11 de marzo de 2013

EDUARD LIMÓNOV, CARNE DE NOVELA

 
Limónov
Emmanuel Carrère
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2013, 396 páginas.


   Una y otra vez reitera Emmanuel Carrère que Limónov no es un personaje de ficción, que existe y que él lo conoce. Y no engaña a nadie al novelar la vida de Eduard Veniaminovich Savienko (Dzerzhinsk, 1943), escritor y político, fundador del incatalogable ultranacionalista Partido Nacional Bolchevique, oponente político de Vladimir Putin y aliado o ex aliado del ex campeón mundial de ajedrez, Gary Kasparov en el partido político Otra Rusia. Personaje real que sin embargo parece surgido de la ficción como carne de novela. Personaje vitriólico en un país como Rusia donde el cinismo es religión, maleante fallido, poeta fracasado en su juventud, pequeño proleta, bohemio en los años en los que la sociedad soviética no solo es totalitaria sino también un desmadre. Y hoy en día, uno de los más encarnizados opositores de Putin y Medvédev, por lo que ha sido detenido en numerosas ocasiones en las tradicionales manifestaciones de los días 31 a favor de la libertad de reunión. Y también un escritor de culto, “el más escandaloso de los escritores rusos vivientes y uno de los más importantes novelistas de la Rusia contemporánea”, que ha conseguido vender cientos de miles de ejemplares de sus más de cuarenta poemarios o novelas, pero sin salir de la miseria.
   A la extensa y apasionada peripecia vital de este personaje nos acerca Emmanuel Carrère. Nadie como él para familiarizarnos con una figura desmesurada y estrafalaria como Limónov y regalarnos al mismo tiempo un retrato contundente de la Rusia de los últimos cincuenta años. Para nosotros casi todo lo referente a Rusia nos es ajeno. Emmanuel Carrère, nieto de rusos blancos, está por el contrario empapado de Rusia y lo refleja perfectamente en esta biografía novelada o novela de no ficción, que es a la vez muchas cosas: novela picaresca, de aventuras, retrato del comunismo y del poscomunismo, pieza profundamente metaliteraria que ha sido galardonada en Francia con los premios literarios más importantes (Renaudot, Premio de la Lengua Francesa 2011 y Prix des Prix 2011).
   La historia comienza en la primavera de 1942 en una ciudad a orillas del Volga. Allí viven los padres de Limónov, Veniamin Savienko y Raia Zybin. Al año siguiente, veinte días antes de la capitulación del sexto ejército del Reich, nace Eduard. Es pues un hijo de la victoria, pero su infancia fue acuñada entre los millones de rusos muertos por los alemanes y por las purgas de Stalin. En Ucrania no pasó de ser un gamberro, un maleante fallido que salta de pequeño proleta a bohemio y a aspirante de poeta. En 1967 se traslada a Moscú, junto con Anna, su primera pareja y allí intenta actuar como lo que Stalín denominó “ingenieros del alma”, como poeta que en siete años recorre los circuitos del underground moscovita  y por eso él y su segunda pareja, Elena, emigran a Nueva York. Serán cinco años de envilecimiento en la ciudad de los rascacielos: proletario de lujo con ínfulas de poeta, pero no hay tal poeta sino un mendigo perdido en Manhattan, chapero que se deja encular  por negros, ayuda de cámara de un multimillonario. Lo encaja todo: rechazo de los editores, trabajos de mierda, chicas de categoría E… Más tarde, escritor de moda en París a raíz del éxito de su novela, El poeta ruso prefiere a los negrazos, con acceso a las mujeres de clase A y a los círculos de homosexuales. En todos estos avatares interpreta a la perfección el papel de rufián encantador. Pero es así mismo una época de intensa producción literaria: libros buenos, directos, escandalosos quizás, pero llenos de vida.
   Soldado perdido en los Balcanes defendiendo a las minorías servias. Y de nuevo en Moscú viviendo intensamente la caída del comunismo y el desmadre del poscomunismo, convertido en el escritor favorito y en el héroe de la vida real de miles de jóvenes con el porvenir totalmente obstruido. Vendrá después el encarcelamiento en Lofórtovo, en Sarátov y en el campo de concentración de Engels, la inesperada liberación y la oposición radical a Putin.
   Carrère confiesa que Limónov se ve como un héroe y se le puede considerar un canalla. Es por ejemplo un ávido seductor de adolescentes, pero profundamente monógamo. El mismo autor confiesa que, mientras escribía el libro, hubo períodos en los que detestaba a su personaje, hasta que la profesora Olga Mátich, una rusa blanca profesora de literatura en Berkeley, le convence de que Limónov es un tipo decente: mezcla de honradez y sentido común, desconfianza hacia las grandes palabras y respeto de la palabra dada, apreciador realista de las situaciones y atención al prójimo.
   No cabe duda de que Carrère escribió sobre Limónov porque su héroe / antihéroe tuvo una vida apasionada, peligrosa, “una vida que ha arrastrado el riesgo de participar en la historia” (página 392). Pero su libro transciende al personaje y se convierte en retrato de la sociedad rusa, sobre todo en los tiempos de Breznev, Gorvachov, Yeltsin y Putin. Describe perfectamente Emmanuel Carrère la efervescencia rusa, la implantación de la economía liberal, cómo se amasaron las grandes fortunas rusas bajo Yeltsin. Y nos muestra así mismo la Rusia actual en la que los oligarcas lo poseen absolutamente todo. Y el impacto desmedido entre la gente al ver como el mercado sustituye en unos meses a la dictadura del proletariado como único horizonte de porvenir.
   En el relato del escritor francés el lector no ajeno a la metaliteratura hallará un nuevo aliciente, porque la novela no solo ensaya el retrato de un personaje inverosímil, sino que novela a un escritor. En efecto, Carrère explota la faceta de escritor de Limónov, aunque no sea la única. Su lucha titánica desde la adolescencia por convertirse en poeta, sus arrebatos a la hora de escribir, su método escritural, su disciplina espartana cuando tocaba  coger la pluma en los años de cárcel, donde, por ejemplo escribió El libro del agua que estuvo en la shortlist del Booker Prize, su batalla con los editores. Por la novela además desfilan como actantes con suficiente relieve la mayoría de los escritores rusos del pasado siglo: Maldelsatam, Tsvietáieva, Evtushenko, Pasternak, Brodsky, Simiavski, Yuli Daniel, Solzhenitsyn. Todos ellos son en buena medida personajes prototípicos de la novela.
   Limónov es seguramente el libro más complejo de Emmanuel Carrère. Fruto de un gran trabajo de documentación, su peripecia autorial en este caso es mucho más arriesgada y ardua  que en anteriores obras del escritor francés, que de una forma precisa, aunque repleta de detalles y sutiles matices y con una tonalidad periodística rebosante de frases secas y densas, nos ofrece una materia prima inestimable: el devenir vital de un hombre que se ve como un héroe, al que muchos consideran un cabrón y al que el escritor francés no se atreve a juzgar.

Francisco Martínez Bouzas





Fragmentos

“Por un millón de espabilados que gracias a la «terapia de choque» empezaron a enriquecerse frenéticamente, ciento cincuenta millones de remolones se hundieron en la miseria. Los precios seguían aumentando sin que subieran los sueldos. A un ex oficial del KJB como el padre de Limónov apenas le alcanzaba la pensión para comprarse un kilo de salchichón. Un oficial de rango más alto, que había empezado su carrera en los servicios de información en Dresde, en Alemania del Este, una vez repatriado de emergencia porque ya no existía Alemania oriental, se encontró sin empleo ni alojamiento pagado, y tuvo que trabajar de taxista sin licencia en su ciudad natal, Leningrado, maldiciendo a los «nuevos rusos» con tanta crudeza como Limónov. Este oficial no es una abstracción estadística. Se llama Vladímir Putin, tiene cuarenta años, piensa como Limónov que el fin del imperio soviético es la catástrofe más grande del siglo XX y está llamado (entre otros) a desempeñar un papel nada desdeñable en la última parte de este libro.”

…..

“He querido avisar a Natasha, pero no contesta al teléfono. Eduard llega temprano, llama a la puerta, espera un minuto -a su manera es un chico educado- y después abre con su llave. La encuentra desplomada de través en la cama, rodeada de botellas vacías y ceniceros llenos. Ronca fuerte, borracha perdida. La habitación debe de llevar varios días sin ventilar: huele mal. Deposita su bolsa y sin hacer ruido se pone a ordenar. Natasha abre un ojo. Se incorpora sobre un codo, mira lo que él hace. Con la voz pastosa dice: «Luego me echas la bronca, primero fóllame». Él se sube a la cama, se hunde en Natasha. Se agarran mutuamente como náufragos. Después del amor, ella le dice que ha pasado tres días sin salir del estudio, dejándose cepillar por dos desconocidos.”

…..

“El verano anterior, antes de partir a Altai, apremiantes necesidades de dinero le empujaron a terminar en un mes ese Libro de los muertos que tan útil me ha sido. Al trazar el retrato de personas famosas o desconocidas, ya fallecidas, con las que se había cruzado, evocaba sus propios recuerdos, según le venían, y  a pesar de la imposición de cumplir los plazos y escribir más de veinte páginas al día, el ejercicio le satisfizo tanto que en la cárcel le apeteció hacer algo parecido. Como Georges Perec podría haber confeccionado la lista de las camas donde había dormido; al igual que Don Juan, la de las mujeres con las que se había acostado, o incluso, como buen dandy, contar la historia de algunas de sus costumbres. Eligió las aguas: mares, océanos, ríos, lagos, estanques y piscinas. No necesariamente aguas donde se había bañado, aunque se hubiera prometido hacerlo, desde que aprendió  a nadar…El libro no sigue ningún plan cronológico ni geográfico, pasa según el humor del momento de una playa de la Costa Azul, donde observa nadar a Natasha,  aun baño en el río Kubán con Zhirinovski…”

(Emmanuel Carrère, Limónov, páginas 275, 298-299, 353-354)

miércoles, 6 de marzo de 2013

UNA GRAN CRÓNICA DEL CONVULSO 68 NORTEAMERICANO


Miami y el sitio de Chicago
Norman Mailer
Traducción de Antonio G. Maldonado
Capitán Swing Libros, Madrid 2012, 278 páginas.


   Norman Mailer no solamente fue un gran escritor, ganador de dos premios Pulitzer (Los ejércitos de la noche, 1968, La canción del verdugo, 1980), sino también un comprometido activista antisistema y un periodista político con profundas raíces en la literatura. Como tal, nos transmitió la crónica de una época convulsa en todo el mundo, pero sobre todo en EE.UU: la del año 1968. Fue el año en que EE.UU se engolfa  en la guerra de Vietnam con grandes reveses  que marcaron el destino de aquella guerra neocolonial.
   El panorama en el interior del propio país no es menos sombrío: intento de asesinato de Andy Warhol, asesinatos de Robert Kennedy y Luther M. King, seguidos en las semanas siguientes de actos vandálicos en Memphis, Harlem, Brooklyn, Chicago, Detroit y Boston. Sin duda un año trágico marcado por signos infaustos y no por las utopías de los hippies y por el despertar de de la conciencia negra con derivas extremistas: el racismo de una parte de la sociedad americana sureña y la virulencia de los Black Power.
   Ese año Norman Mailer, militante de izquierdas, ya había digerido ese estado de cosas, participado en movilizaciones y protestas y narrado en su libro Los ejércitos de la noche la marcha sobre el Pentágono de 1967. También ese mismo año y en ese atribulado contexto se celebraron en Miami y Chicago las convenciones republicana y demócrata. La revista Harper’s encargó a Mailer que cubriera ambas convenciones. De ellas saldrían elegidos como candidatos Richard Nixon y Humbert Humphrey. Y una vez, Norman Mailer ejerce con su periodismo político de conciencia atribulada de América.
   Sus crónicas están contenidas en este libro y son en buena medida el reflejo del sentir de la sociedad civil norteamericana en uno de los períodos más críticos de su historia, tanto por la importancia política del resultado de las respectivas convenciones, como por la relevancia e impacto sociocultural que lo allí acontecido iba a tener en los años siguientes.
   Mailer escribió las crónicas de ambas convenciones con una predisposición muy diferente. Despreciaba al partido Republicano y nunca ocultó su fervor por los Demócratas. Sufrió lo indecible, como confesa en estas crónicas,  con la muerte de Robert Kennedy y admira el progresismo de Rockfeller en un partido cercano a la ultraderecha. Rechaza a Lyndon Johnson, se siente decepcionado con Humbert Humphrey (el candidato elegido, el candidato de la mafia), desprecia al tramposo Nixon, duda de la capacidad de los hippies para presentar una propuesta viable para un país a la deriva.
   Las crónicas de Norman Mailer describen los escenarios con una lenguaje rico: Miami, solaz de los Republicanos ricos y horteras; Chicago, una ciudad rebosante de mataderos, donde los demócratas se desangran sabiéndose perdedores y con un alcalde, dueño y señor de la ciudad que se encargó de azuzar a la policía contra los grupos antimilitaristas, hippies y los yippies, e incluso contra los mismos periodistas.
   Su crónica delinea un verdadero cuadro hiperrealista, pintado con el retrato del perfil de los protagonistas de ambas convenciones y con finos ramalazos de ironía ácida y sin concesiones, en un momento en el que la política es un implacable mercado conducido por gente no menos implacable.

Francisco Martínez Bouzas



Norman Mailer

Fragmentos

“El cronista, sin embargo, está obsesionado con él. Nunca ha escrito nada bueno sobre Nixon. Durante años había sido el objeto de sus comentarios más afilados, lo despreciaba sin remedio desde su discurso de Checkers en 1952  -alguien dispuesto a sembrar sentimentalismo en semejante ciénaga sería capaz de apretar cualquier botón para meterse a las masas en el bolsillo y en aquellos días se sufría gran temor a cualquier tipo de botón que pudiera hacer estallar una guerra atómica-. La aparición de Nixon en televisión provocó arcadas. Había un abismo entre el hombre que hablaba y el hombre que había tras el orador, lo que no dejaba de ser una muestra de la esquizofrenia del público americano, en caso de que no se percatara del abismo.”

…..

“Hemos presenciado hasta ahora una versión de la convención demócrata de 1968. Pero no se ha descrito el evento. La convención transcurrió durante cinco días seguidos de luchas en las calles y parques de Chicago, luchas entre algunos de los más fanáticos propietarios del poder y algunos de los jóvenes más nihilistas. Pero si hubiéramos empezado por una descripción de esta batalla excelsa, no habríamos podido transferir automáticamente el interés a la convención, puesto que todo lo que ocurría en el anfiteatro no era más que un reflejo de la guerra callejera.”

(Norman Mailer, Miami y el sitio de Chicago, páginas 54-55, 163)


sábado, 2 de marzo de 2013

LAS LUCES Y LAS SOMBRAS DE LOS AÑOS 60

Estaba en el aire
Sergio Vila-Sanjuán
Ediciones Destino, Barcelona 2013, 235 páginas.

  

   En las librerías el 12 de febrero, Estaba en el aire es la novela que confirmó la alternativa como novelista de Sergio Vila-Sanjuán, periodista cultural, que debutó el año 2010 en el terreno de la ficción. Un debut quizás tardío y una alternativa altamente exitosa porque se hizo merecedora del Premio Nadal 2013, el decano y uno de los más prestigiosos de los premios literarios que se conceden en España.
   La obra ganadora, Estaba en el aire, es la radiografía de una ciudad efervescente como es Barcelona a comienzos de los años 60. La novela tiene su origen en las historias de la visa social y empresarial que el escritor escuchaba en su casa durante su infancia y adolescencia, especialmente en los recuerdos de su padre, publicista vinculado estrechamente al periodismo.
   Estaba en el aire es una novela coral, la novela de una ciudad que despierta en las vísperas de aquellos “Veinticinco años de paz”. Y amalgama distintas historias bajo el hilo conductor de un programa de radio, “Rinomicina le busca”, que existió realmente y que, emitido desde Radio Nacional de España en Barcelona, buscaba y ponía en contacto con sus familiares a personas desparecidas. El programa radiofónico es el nexo entre esas historias que retratan con fidelidad una ciudad en la que se cruzan dos mundos: el de la gente que hace gala de sus viejos blasones nobiliarios y el de ese mundo moderno y emergente que en la Zona Franca fabrica el Seat 600, impulsado por hombres de negocios que beben whisky, hacen negocios, siguen el órbita del poder, pero miran así mismo hacia delante con dinamismo, creando riqueza, sin nostalgia por viejos resplandores y guiados por una moral sumamente acomodaticia. Es la clase dirigente catalana que acata al régimen franquista. A su lado la sociedad de consumo que se suma al progreso con los tocadiscos Königer, las neveras Kelvinator o los aspiradores Ruton. La ciudad más europea, liberal y avanzada de España con una moral rigurosa de puertas afuera y muy permisiva en las interioridades de la vida familiar. La fidelidad conyugal, a pesar de las leyes que penalizaban el adulterio, especialmente en las mujeres, no es un valor en alza y así, por ejemplo, en el imaginario de las mujeres de la clase alta se veía con buenos ojos que los pelmazos de sus maridos  tuviesen una amante para así no tener que aguantarlos ellas todo el día.
   Las innumerables historias que desgrana Vila-Sanjuán retratan con pelos y señales las luces y las sombras de esta Barcelona de los años 60. Pero entre ellas sobresalen las vivencias de cuatro personajes, cuyas historias se van entretejiendo poco a poco y que convergen en un desenlace cerrado: Juan Ignacio, un joven publicitario que apuesta por el programa  de radio de búsqueda de personas y que en su idealismo cree ingenuamente que aquella sociedad férreamente atada puede cambiar; Antonio Luna, un joven sin pasado que pierde a su madre en la huida a Francia tras la Guerra Civil y que llega  a Barcelona con la esperanza de hallar sus orígenes; Tona, una bella mujer de la alta sociedad, víctima de un marido malvado, a la que todo el mundo ve como mujer “suelta”, bocado apetecible para ciertos círculos sociales llenos de maridos adinerados y que, sin embargo, sabrá jugar muy bien sus cartas; Casimiro, el poderoso industrial, miembro de la burguesía franquista y amante de Tona.
   Todos ellos se mueven en esa ciudad en la que, después del Plan de Estabilización de 1959, empieza a verse cierta luz al final del túnel. En sus días y sus noches se mezclan historias de reencuentros de hijos perdidos en la guerra, relatos de fiestas y lujo mezclados con la miseria de la emigración asentada en el barrio chabolista de Somorrostro y con las sombras del poder que seguían siendo poderosas y alargadas.
   Sergio Vila-Sanjuán traza un lucido fresco de una ciudad repleta de historias con el sabor del pasado en una novela cuyo único fin es el placer de la lectura. El autor, desde el punto de vista narrativo, no pretende enseñar nada. No juega ni se pierde en experimentos e innovaciones formales. Las distintas historias amalgamadas en su novela forman un tejido lineal, ajeno a cualquier complicación formal, pero escrito con la solvencia de quien conoce, a través de los recuerdos de su propia familia, la historia de una ciudad que transita desde los agujeros negros de la miseria a una sociedad de consumo, aún poco abierta, pero sutilmente golfa.

Francisco Martínez Bouzas


Sergio Vila-Sanjuán

Fragmentos

“Hay en el origen de todo, una imagen borrosa. Transcurre el segundo año de la Guerra Civil española. Las baterías del ejército llamado nacional han intensificado su bombardeo sobre una ciudad que demora inútilmente su rendición. Muchos de sus habitantes han emprendido la huida por las estrechas y maltrechas carreteras que llevan hacia la costa o  a la montaña. Entre ellos, una madre que arrastra, como puede, dos niños pequeños que la siguen. Pasa un camión en cuya parte trasera se amontona un grupo de civiles. Se oyen explosiones a lo lejos. Un hombre le grita: «Suba, aquí aún hay sitio», y le tiende los brazos para coger al primero de los dos pequeños. El vehículo ralentiza su marcha. Unos bombarderos se aproximan por el cielo nublado. Más brazos se tienden para ayudar a subir a la mujer y al otro niño, que siguen al vehículo, ahora corriendo. Las bombas están cayendo cerca, el camión acelera. Desde la trasera gritan al conductor que se detenga, pero la situación se ha convertido en un infierno y los aviones ametrallan a coches y personas que huyen. El camión aumenta la velocidad, los ocupantes de la trasera se tiran al suelo, allí cerca está muriendo mucha gente. La madre queda en tierra, con los brazos en el aire y sólo uno de sus hijos con ella. El camión sale de escena.”

…..

“Aquí Tona ha hecho alusión a uno de los mitos familiares de la burguesía barcelonesa, que hacía de las queridas una institución aceptada y hasta fomentada. A principios del siglo XX los industriales emergentes iban con sus esposas legítimas al emporio de la ópera y observaban con prismáticos otros palcos de mujeres sueltas. Un día, la esposa de uno de estos prohombres está escudriñando entre el público y le dice  a su marido: «Mira, por ahí va Fulanita, la querida del industrial Gonyalóns. La verdad Josep, es que es mucho más guapa la nuestra». En el imaginario que acompaña a esta historia se supone que a muchas mujeres de la clase alta ya les iba bien que sus maridos, a quienes consideraban unos pelmazos, tuvieran una amante fija, para así no tener que aguantarlos ellas todo el día.”

(Sergio Vila-Sanjuán, Estaba en el aire, páginas 45-45, 149-150)

domingo, 24 de febrero de 2013

"INTEMPERIE", EL MIEDO Y LA DIGNIDAD EN EL PAISAJE DE LA DESOLACIÓN

Intemperie
Jesús Carrasco
Editorial Seix Barral, Barcelona, 2013, 223 páginas.

  

   Intemperie es el debut afortunado de Jesús Carrasco, hasta ahora redactor publicitario, porque  antes de que su novela apareciese publicada en español, trece países ya habían adquirido en la Feria de Franckfurt los derechos de edición. Seix Barral, el sello editorial barcelonés está promocionando la novela en España comparándola con la riqueza de Miguel Delibes y con la fuerza de Cormac McCarthy. Todo ello, amalgamado en una voz propia, fresca y diferente. Hoy Intemperie se ha convertido en una de las grandes apuestas editoriales de Seix Barral para 2013.
   Intemperie se yergue sobre el miedo y la dignidad como temas de fondo desarrollados a través e una historia extremadamente austera y de unos actantes, un niño acosado y un cabrero anciano, prácticamente como únicos materiales. Todo lo demás es atemporal y ajeno  a cualquier geografía concreta. Solamente sabemos que ese dúo de protagonistas y sus perseguidores se mueven por un páramo calcinado por el sol y que el muchacho huye de algo, sin que se nos diga el qué, aunque sospechemos que se trata de situaciones malignas. También del desamparo.
   Todo da comienzo en un agujero en el que un niño se esconde después de haber escapado de su casa. Los vecinos lo buscan. Ese es el peligro. Cuando pasa, se encuentra caminando hacia el norte evitando senderos y perdido en una inmensa llanura de terrones de arcilla y piedra, asolados por la sequía. Hasta que se encuentra con un viejo cabrero. Uno y otro irán atravesando el paisaje hostil, sin ningún destino concreto. El niño huyendo de la implacable persecución de un alguacil de quien guarda un obsceno secreto. Ambos, el niño y el cabrero, parecen unir sus destinos porque luchan por la supervivencia en aquel paisaje desolado, atenazados por la sed, la insolación -las leyes del llano- y la violencia del alguacil y sus hombres cuando los localizan.
   A partir de aquí el relato revienta en ciertas  constantes que lo configuran: el miedo, la violencia y la presencia del mal, un mal viscoso, nunca nombrado de forma explícita, pero que ha estado esclavizando al niño. Y una cierta ética como la que impone el deber de enterrar a los cuerpos a los que se ha abatido.
   Intemperie -lo reconoce Jesús Carrasco- es una novela que forma parte de su propio proceso de aprendizaje. El referente más inmediato parece ser sin duda La carretera de Cormac McCarthy: esa itinerancia hacia el sur de un hombre y un chico en un mundo apocalíptico. Pero la novela de Jesús Carrasco  es mucho más escueta y desnuda, lo que le permite manejar con más precisión los elementos narrativos. En la novela, ni el cabrero, ni el niño, ni ningunos de los perseguidores tienen nombres. Tampoco los lugares. Todo esta difuminado en ese medio sumamente hostil y de este modo surge nítida la sustancia de la ficción: la relación del ser humano con el medio por más desolado que sea y la opción por la justicia con la toma de partido frente a la violencia. Los personajes además tienen mucho de arquetipo: ellos son la víctima propicia e inocente, el perseguidor corrupto y la frágil figura del cabrero, paradigma de una justicia primitiva. Por eso mismo, la novela transita toda ella hacia el terreno de la fábula.
   Entre los muchos méritos de la ficción de Jesús Carrasco desearía destacar ante todo lo apropiado del desarrollo narrativo, con variación de ritmos: lento cuando narra el trasiego interminable por ese paisaje desolado, quemados los protagonistas por el sol y la sed. Vertiginoso  cuando el miedo se convierte en acontecimiento real e inminente. Y junto a ello, el exquisito laboreo estilístico. El autor es un gran observador. En esa llanura desolada -“un mar de arena brava”- funcionan todos los sentidos, nuestra plena animalidad, la sensorialidad que es capaz de convertir un secarral en algo estético. Y en esa rica relación con el entorno, el escritor se siente apoyado por el rescate de una prosa tradicional -veja le llama él- que busca la palabra justa, rescatándola muchas veces de un corpus léxico de voces arcaizantes, arrancadas de la vida rural y que hoy parecen olvidadas. Con ellas, una sintaxis simple y precisas y sobrias aunque abundantes descripciones que convierten al erial desolado en protagonista así mismo de la narración, hilvana Jesús Carrasco una buena novela, en la que, si algún pero puede atribuírsele,  es un cierto desajuste al poner en boca de un niño interrogantes y razonamientos impropios de sus edad.

Francisco Martínez Bouzas




Jesús Carrasco

Fragmentos

“Descendieron por una vereda estrecha conteniendo al burro, que perdía apoyo a cada paso. Las cabras, cada una por su lado, najaban haciendo que se deslizaban sobre hachas, hasta llegar al fondo de la sima donde algunas de ellas fracturaban costillas prístinas. Huesos en todas las etapas posibles de degradación. Sedimentos de polvo cálcico, hileras de vértebras vacunas, poderosas pelvis. Arcos costillares y cornamentas. Una res sin ojos a la que todavía le aguantaba el pellejo. Un saco hediendo en medio del día que despuntaba. El faro de su descanso.”

…..

“Entendió que el viejo no sería quien le entregara la llave al mundo de los adultos, ese en el que la brutalidad se empleaba sin más razón que la codicia o la lujuria. Él había ejercido la violencia tal como había visto hacer siempre a quienes le rodeaban y ahora, como ellos, reclamaba su parte de impunidad. La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror. Él había levantado la espada en lugar de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables. Creía que el viejo le haría pasar, coronado de laurel por un esclavo, bajo el arco de la victoria.”

(Jesús Carrasco, Intemperie, páginas 68, 162)

miércoles, 20 de febrero de 2013

"ABSOLUCIÓN": LAS DESVENTURAS DE UN EUNUCO SENTIMENTAL Y EXISTENCIAL

Absolución
Luis Landero
Tusquets Editores, Barcelona, 2012, 318 páginas.


   Críticos y periodistas culturales de distintos medios han elegido esta novela de Luis Landero como una de las tres mejores de la literatura española de 2012. Un elección ni gratuita ni injustificada porque Luis Landero es un de los grandes narradores de la actual literatura española. Y Absolución una novela de alto voltaje cervantino, compleja y difícil de escribir -ahí justamente radica su mérito-, pero con una lectura que tira irremediablemente de aquel que se aventura con ese estilo lleno de precisión, de matices y a la vez de hallazgos formales que encontrará ya en la primera página. Sus comienzos tardíos (Juegos de la edad tardía, 1989) y su obra más bien parca non son un óbice para que Luis Landero deba ser considerado el gran prosista de la actual narrativa española, un prosista epígono de Cervantes, con cuya obra se ha comparado su narrativa, por esa armonización singular de la retórica culta con la naturalidad familiar de la lengua hablada. En esta misma novela por boca de su héroe o antihéroe  homenajea a la lengua: “¡Qué delicia hablar en claro y edificante castellano! Llamar a las cosas por sus exactos nombres, descansar en la gramática del mundo incomprensible, de la vida extenuante. Las palabras, ¿no es ese nuestro mejor y más seguro hogar?” (página 122).
   Admirable la vestimenta  y admirable el contenido de sus tramas: ese microtexto prosaico a primera vista, poblado por protagonistas tan ridículos como entrañables, que sueñan con la felicidad, el amor, la gloria, o algo mucho más modesto: la absolución que le otorgue la definitiva paz a este eunuco sentimental y existencial que protagoniza la novela que hoy comento.
   Narrada desde diversos tiempos, con analépsis que no dificultan sin embargo la lectura, en Absolución nos encontramos con la zozobra de vivir protagonizada por su héroe/antihéroe  que comienza contándonos su historia un jueves de mayo, de camino a una comida familiar para celebrar su matrimonio con Clara, la mujer a la que ama y le hace feliz. En la recapitulación de su pasado, nos enteramos del mal que le aqueja desde la adolescencia: el tedio, la contingencia, palabras hechas a su medida, que reflejan perfectamente los fantasmas que le atormentan: siente el soplo de la contingencia pero “sigue royendo engolosinado el hueso de la intranscendencia de vivir”. Enamora y se desenamora de las mujeres por nimios detalles y tiene la invencible manía de escaparse de los sitios y de eludir compromisos. Como el río de Heráclito, él siente constantemente la necesidad de levantar el vuelo. Y cuando parece definitivamente asentado y  a las puertas de un matrimonio en el que cifra su felicidad, de nuevo el azar, la estúpida contingencia le convertirán en un fugitivo, esta vez de verdad.
   Aparece la culpa y con ella la huida en la que topa con personajes curiosos, estrafalarios o simplemente corrientes, cuyo encuentro garantiza una lectura realmente seductora. La trama finalmente arrastra al lector, necesitado de saber si este ser solitario -pero solitario social- recibirá finalmente el remanso de la absolución.
   Absolución es un verdadero muestrario, una suerte de retablo de Brueghel pero pintado con ilusiones, penas, efímeros momentos de felicidad, de absurdos gobernados por el azar. Con todo ello construye Luis Landero una exquisita novela, sustentada en personajes muy especiales. Una novela para paladares esquistos, esos que no buscan el best seller, sino la buena literatura, en este caso sobre el encaje vital y sobre las dificultades de encontrar nuestro lugar en el mundo. Novela profunda, con un leve toque filosófico, representado por la relevancia de la contingencia, pero a la vez sugestiva, con escenas mágicamente delirantes. Erguida con un diseño arquitectónico que permite una lectura lineal, a pesar de las alternancias temporales y de un derroche imaginativo en la construcción de tipos humanos: tanto los ineptos consumidos por el tedio como los sabios consejeros, propios de una novela de aprendizaje sobre la felicidad, condición que también comparte Absolución.

Francisco Martínez Bouzas



Luis Landero

Fragmentos

“Había una palabra que, al igual que la frase de Pascal, le abrió en un instante un tesoro de conocimiento. Esa palabra era contingencia, y se la oyó por primera vez a su profesor de ética. Fue oírla y entenderla en toda su potencia significativa de un solo golpe de intuición. El profesor llevaba, por cierto, una rebeca de punto de color granate y unos pantalones marrones de género, y con la uña del meñique no hacía más que intentar, cada vez con menos disimulo, sacarse una pizca de algo que tenía entre las muelas. Así de contingente, de casual, de arbitraria es también la memoria.”

…..

“Y según contaba, según las palabras hacían renacer el pasado de su propias cenizas, algo iba naciendo y desbordándose en él, un sentimiento de gratitud y de concordia con el mundo, consigo mismo y con el prójimo, representado por el señor Levin, que seguía escuchando con prontitud e intensidad, y por el momento se imaginó que, igual que Orestes cuando llegó a Atenas tras su penosa travesía de expiación, estaba declarado ante una asamblea que no solo estaba allí para escucharlo sino también para juzgarlo, y condenarlo o absolverlo, por sus errores, sus culpas y sus méritos. Pero había algo en aquella mansa noche de septiembre que invitaba ala benevolencia y  ala levedad. Convertida en palabra, es verdad que su vida adquiría ahora algún sentido, aunque fuese difuso y contingente. La secreta armonía del conjunto, pensó, y el recuerdo de Gálvez lo obligó  a sonreír y a dar, con esa  sonrisa, por concluido su relato.
Siguió un largo silencio. Y Lino se sintió muy bien, allí, feliz, purificado, sin un futuro al que temer y, por una vez, sin necesidad ni ganas de estar en otra parte.”

(Luis Landero, Absolución, páginas 22, 316)

lunes, 18 de febrero de 2013

"NOVELISTAS", DE HENRY JAMES: LA SIMBIOSIS ENTRE CRÍTICA Y FICCIÓN

Novelistas
Notas sobre novelistas
Henry James
Traducción de Amelia Pérez de Villar
Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2012, 493 páginas.


   Henry James no solo es el gran narrador de la gente bien norteamericana -“estaba enamorado de balaustradas de mármol”, escribe sobre sus lindas pequeñas historias T. S. Eliot-, sino que fue así mismo un gran ensayista. En su faceta como narrador, novelas suyas como Las bostonianas, Otra vuelta de tuerca o Daisy Miller vertebran dos siglos con una mente tan refinada y un análisis psicológico de sus personajes  tan profundo, que toda explicación material sobre el status material, por ejemplo de sus protagonistas, carece de sentido.
   Pero, como acabo de decir, la sofisticación formal no le impidió al escritor nacido en Nueva York en 1843, aunque pasó la mayor parte su vida en Europa, trabajar desde el otro lado del espejo y elaborar desde ese envés textos críticos o simplemente divulgativos sobre algunos narradores anglosajones, italiano o franceses, analizando sus obras con un excelente ojo crítico.   Henry James leyó atentamente y como personal aprendizaje a sus coetáneos y sobre sus obras tomó notas para descifrar la esencia del arte de la narración. Fruto de todo ello es este volumen Notes on novelists with some other notes, publicado originalmente en 1914 y traducido ahora al español por Páginas de Espuma. La obra, que en su tiempo provocó una gran polémica, nos permite acercarnos ahora y captar  la perspicacia crítica del novelista anglosajón, un verdadero paradigma de la perfecta simbiosis entre crítica y ficción, ejercida por el mismo creador.
   La sutil penetración con la que Henry James lee a sus contemporáneos, la podemos observar nada más abrir el libro, en el texto dedicado a Robert Louis Stevenson, gran amigo de H. James y al que admiraba profundamente. En dos o tres párrafos define al escritor y al personaje de una forma insuperable, hasta tal punto que podríamos quedarnos solamente con ese inicial bosquejo para reconocer al autor de La isla del tesoro.
   Con similar profundidad en su calado se acerca a los grandes maestros de la novela decimonónica: Émile Zola y su naturalismo sin fronteras; Gustave Flaubert, un inmenso autor al que, sin embargo el puritanismo sexual de Henry James (un escritor que jamás alude al sexo) nos presenta entre reproches de obras frustradas, aunque termine definiéndole como “el novelista del novelista” en un tiempo en el que todos somos novelistas ( página 122).
   Analiza a continuación a Balzac, a George Sand, esa mujer cuya escritura ha sido tan denostada por su rebosante sentimentalismo,  a la que, sin embargo Henry James  analiza con mirada certera, situando perfectamente la esencia de su arte. Algo semejante ocurre con Gabriele D’Annuncio, autor en el que Henry James personifica la figura del genio: aquellos escritores cuyo estilo y cuya fuerza surgen a borbotones desde las profundidades de su ser. Escritores que inician su andadura tocados por la gracia y no impulsados por el afán.
   Se cierra el volumen con un escrito polémico en su tiempo, “La nueva novela” y con otros ensayos menores como el dedicado a Dumas hijo, a  Charles Eliot Norton y un estudio critico de la novela gótica El anillo y el libro de Browning.
   En definitiva, un volumen imprescindible de uno de los iniciadores de la crítica literaria anglosajona y  lúcido escritor, que nos permite conocer a la vez las relaciones entre la obra crítica y la ficción.

Francisco Martínez Bouzas




Henry James

Fragmentos


ROBERT LOUS STEVENSON


“Robert Louis Stevenson tuvo la inmensa suerte de crear, en mayor medida que cualquier hombre de su oficio en nuestros días, un corpus de lectores inspirados por unos sentimientos que nosotros, mayoritariamente, ponemos sólo al servicio de aquellos a los que profesamos un afecto personal. No hay nadie, podemos afirmar con total seguridad, de cuantos conocieron al hombre, que no fuese también devoto del escritor, confirmándose así una regla general (si es que existe tal cosa) que nos ofrece muchas excepciones; pero como es natural y no necesariamente inconveniente, no todos los devotos del escritor tuvieron la posibilidad de llegar hasta el hombre. La cuestión fue que, de algún modo, el hombre sí llegó hasta ellos y leerle –me refiero a leerle en toda la magnitud de sus atractivo- llegó a significar para mucha gente casi tanto como conocerle en persona.”

…..

GABRIELLE  D’ANNUNZIO

“Arroja Una luz sobre la conciencia estética de nuestra época mucho más directa e inevitable de la que se ha alcanzado, según yo lo veo, en otro ámbitos; y hay más de un misterio que él, si se le pregunta con acierto, puede ayudarnos a esclarecer y –por lo que me parece- más de una explicación que él puede dar a nuestras desventuras. Comienza su andadura con la enorme ventaja de estar tocado por la gracia, y no impulsado por el afán, y de hacer brillar la llama llevado por un lema que no es ni el sudor de su frente ni la aspiración de su cultura.”

(Henry James, Novelistas, páginas 9, 272