sábado, 6 de febrero de 2021

LA TIERRA INVISIBLE

La tierra invisible

Hubert  Mingarelli

Ediciones Siruela, Nadrid, 2020, 118 páginas.

 

   

  

 De nuevo Hubert Mingarelli nos muestra en esta novela, La tierra invisible, que desde la concisión y la brevedad se puede escribir una buena obra ficcional. Lo había demostrado en Una comida en invierno, una ficción basada en la realidad, repleta de complejidades morales que se hacen más visibles cuando el texto  está elaborado desde una escritura simple y tersa. La tierra invisible se une así al ya amplio corpus literario de Hubert Mingarelli (Mont-Saint Martin, Francia, 1956).Ediciones Siruela nos la ofrece en español en la traducción  de Laura  Salas Rodríguez

   El autor nos brinda una crónica sostenida y sin fisuras de las consecuencias de la guerra, de las víctimas y victimarios y de cómo los asesinos no sólo son quienes disparan, sino todos aquellos que, desde el último al primero, participan en los mecanismos criminales. Por eso mismo, con Hilary Mantel, yo también pienso que este libro es un clásico sobre la condición humana.

   Lo que Mingarelli narra es una historia de guerra o de la inmediata posguerra, y las historias de guerra, como ya había señalado Tim O`Brien nunca pueden ser morales. Narrada en primera persona, la trama de la novela nos retrotrae al final de la Segunda Guerra Mundial, a la Alemania de julio de 1945. En Dinslaken, cercana al río Rin permanece, sin conseguir marcharse a su casa, un fotógrafo de guerra, a pesar de creer que ya lo había fotografiado todo: la liberación de uno de los campos de exterminio nazis. Pero necesita más, necesita fotografiar a la gente alemana delante de sus vasas.

   Espera captar a través de las imágenes quiénes fueron los que permitieron la existencia de los campos de exterminio. En un coche, y con un joven chofer que pone a su disposición el coronel de la base, parten sin rumbo fijo. Sin que se sorprendan va fotografiando familias alemanas, recorriendo carreteras entre trigales y lupinos, a la vez que tiene la impresión que de noche los muertos empujan con sus piernas grises.

   La novela de Hubert Mingarelli narra este viaje, pero los rostros de las personas a las que fotografía nada reflejan de lo que movió a sus compatriotas a levantar los campos de exterminio. Al fotógrafo le persigue la sensación de lo que percibió cuando presenció la liberación del campo de concentración; en cambio el soldado chófer que le acompaña, se limita a rememorar los acontecimientos íntimos que ocurrieron en su casa de Inglaterra.

    

                              

                                      Hubert Mingarelli

    El autor ofrece una crónica contenida de los efectos, consecuencias y responsabilidades de una guerra: seres humanos que viven en la geografía del infierno en la tierra, con víctimas y verdugos y todos aquellos que, de una manera u otra participaron en un sistema de exterminio criminal.

   Hubert Mingarelli, con frecuencia se extravía en relatos que se hacen insulsos y vacíos, porque no ocurre nada reseñable, exceptuando el viaje a través de una región alemana, con diálogos prescindibles entre el fotógrafo y el chófer. El mayor mérito de la novela reside, como en Una comida en invierno, en el hecho de haber sido capaz de delinear perfectamente a sus personajes, escribir secuencias que revelan lo que sienten. Un estilo de prosa simple, con abundantes diálogos, le sirve al autor para tejer la ruta de este viaje en el que un fotógrafo quiere reflejar la culpabilidad del mal, del Holocausto en personas completamente ajenas a él.

 

Francisco Martínez Bouzas

 

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