domingo, 5 de abril de 2020

LA TENSIÓN NARRATIVA DE "LA FORJA DE UN REBELDE"


La forja de un rebelde
Arturo Barea
Edición y prólogo de Francisco Caudet
Ediciones Cátedra, Madrid, 2019, 1335 páginas.

    


   Arturo Barea (1897-1957) es uno de los autores primordiales de la literatura española en el exilio. Sn embargo en Inglaterra fue mejor tratado que en España, incluso después de la instauración de la democracia. Y en inglés fueron publicados los tres volúmenes (The Forge, The Truck  y The Clash) que ahora, en edición crítica de Francisco Caudet nos ofrece Ediciones Cátedra, precedida de una Introducción de cerca de 400 páginas, de la autoría del mismo Francisco Caudet. Arturo Barea fue una víctima de la pobreza (su madre enviudó cuando Barea tenía apenas diez años) y uno  de los miles  de víctimas del golpe de estado, de la dictadura franquista y del silencio que esta impuso.
   Publicado con el título general de La forja de un rebelde, Ediciones Cátedra ofrece en un solo volumen  La forja, La ruta  y La llama. Una trilogía fundamental para explorar la vida en España tal como la vivió el autor antes, durante y después de la Guerra Civil. Un registro hecho con absoluta sinceridad y honestidad: “El documento más convincente acerca de la guerra civil” en palabras de Benedetti. Barea fue el más precoz de los escritores del exilio en reproducir en papel sus experiencias bélicas, con las emociones todavía aflorando. Arturo Barea trabajó y tejió durante años la historia e intrahistoria de España a través del mismo personaje: él mismo. Estamos pues ante un relato autobiográfico repleto de acciones, repartidas en tres volúmenes, como ya quedó indicado.
   Todo comienza en el mundo de su niñez en Badajoz. Años de infancia transcurridos en la pobreza; el mundo de su madre Leonor y la beca que le permitió estudiar. Quería ser ingeniero para que su madre no tuviese que lavar y no fuese criada de nadie. La madre finalmente emigra a Madrid para sacar adelante a sus cuatro hijos. Y en el río seguirá lavando ropa.
   El primero de los libros de la trilogía tiene límites y coordenadas temporales y espaciales: en Madrid desde 1907 a 1914: la niñez y la adolescencia del protagonista que se corresponde con la España de la Restauración y del desencanto. Por Madrid circulaban personajes populares, sumidos  muchos de ellos en la miseria, lumpen proletariado y una burguesía incipiente. Barea hace un retrato de esta España costumbrista, sierva de los castizo. Él niño pasa los fines de semana recluido  en la buhardilla familiar del barrio de Lavapiés, y el resto de la semana en casa de sus tíos, un matrimonio acomodado. Su educación se desarrolla entre la pobreza y los ambientes burgueses. Siendo aún muy joven organiza el sindicado de oficinistas de la UGT.
   En el segundo volumen, La ruta, el autor  da un salto de seis años. Ha de hacer un alto en sus trabajos burocráticos para cumplir con el servicio familiar; es destinado al frente de África como una res al matadero y allí asiste al desastre a Annual. La ficción se transformó en pesadilla. Su experiencia militar está narrada con tono antibelicista y lo que reflejan las páginas de La ruta es el negocio de la guerra: mandos corruptos que sustraen el dinero de la alimentación de la tropa. Narra igualmente los hechos convulsos de la España de entonces, especialmente el pronunciamiento militar de Primo de Rivera.
   El tercer volumen se inicia con la proclamación de la República, el Bienio Negro y las elecciones de febrero de 1936 ganadas por el Frente Popular. Pero Barea encuentra el mismo caciquismo de la Restauración. Emplea dos escenarios, un pueblo de Toledo y  Madrid, para dar cuenta de la idiosincrasia española y las componendas con las multinacionales. Y desde ambos observatorios refleja lo que estaba a punto de desencadenarse; la rebelión militar de un ejército ultraconservador y al servicio de los intereses de la burguesía. La mayor parte del libro está dedicada a narrar los acontecimientos de la Guerra Civil, de la que fue testigo privilegiado desde Madrid y Valencia. Fue instructor de milicias, tarea difícil  porque cada facción partidista se organizaba a su manera, de forma autónoma. Presencia la impotencia del gobierno ante el caos. Más tarde se encargará de la Oficina de Prensa  ejerciendo de censor de los despachos de la prensa extranjera. Allí conoce a la que más tarde se convierte en su mujer, la socialista austriaca Ilsa Kulcsar. La última tarea que desempeñó en Madrid fue la de locutor de radio, experiencia que repetiría años más tarde en la BBC.
   

                                                 
Arturo Barea

 
   Barea rechazaba radicalmente  que de las acciones bélicas formasen parte las manifestaciones de violencia gratuita de ambos bandos. Ello motivó su retiro, primero a Alicante y finalmente a Barcelona, desde donde la tensión nerviosa ante los horrores de la Guerra, hizo que tomara el camino del exilio. Primero en París y después en Londres.
   Si algo es reseñable en esta amplísima trilogía es la tensión narrativa que el autor es capaz de sostener en el conjunto de los tres volúmenes que forman La forja de un rebelde. Una versión al español para la austriaca Ilsa Kulcsar. El texto lo quedó suficientemente pulido: las incorrupciones forman parte de su versión. Esta edición de Cátedra quiere subsanar esas heridas, los errores de traducción que se conservan en las anteriores ediciones españolas. Estamos pues ante una edición crítica de un libro que reconstruye un pasado nefasto del siglo XX que sigue influyendo en nuestro presente.

Francisco Martínez Bouzas

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