domingo, 8 de noviembre de 2015

CUENTOS DEL VALLE DE LEMOS

Cuentos del Valle de Lemos
Santiago Casanova
Autoedición, Charleston, 2015, 107 páginas

   Santiago Casanova es un gallego nacido en Madrid, mas con indisimulables raíces gallegas a flor de piel,  a pesar de que escribe en castellano. En su momento se inició en la escritura en uno de esos talleres que en teoría forman escritores. Debuta en el oficio/pasión de publicar, recurriendo como tantos otros y otras a la autoedición. De su imaginación y de su pluma han salido ya varias colecciones de relatos: Cuentos de amores y pistolas, Perros hambrientos, Después de la primavera y estos veinticuatro relatos que llenan de contenido su libro Cuentos del Valle de Lemos. Leo con placer los relatos de este último volumen, preñados todos ellos de substancias diegéticas que saben a Galicia. Relatos de mediana extensión, alimentados muchos de ellos en las leyendas, en la oralidad y en una fértil capacidad imaginativa creadora. Historias reales o inventadas que muestran una imagen muy verosímil de la Galicia rural o semi urbana en la primera mitad del pasado siglo. Santiago Casanova recrea con acuidad las formas de vivir, el espíritu del tiempo, con una notable capacidad para  acercarnos y hacer tangibles los ambientes, sobre todo las miserias del medio rural, terreno propicio para la actuación de los caciques y para distraer el hambre con el cine de las tardes de los domingos.
   Relatos de tonalidad costumbrista que recuperan la vida en el Valle -así se titula una de las prosas de esta colactánea-, y en los que la imaginación y la realidad van una vez más de la mano. Con abundancia de actantes, la mayoría del entorno familiar del relator. Que amalgaman aventuras andariegas, onirismo erótico y el despótico asesinato que impunemente comete el señor para que nadie le levante una hembra. El retrato de Caracha, un arquetípico caique decimonónico: gana terrenos en las partidas de cartas y llega a jugar la honra de las mujeres o de las hijas, deudas que jamás dejaba de cobrar. Los cuerpos de los Chavaga despeñados en las espesuras del Courel, convertidos en la Santa Compaña de las tierras de Lemos. Los remojos y nubarradas que  se suceden al compás de la tormenta interior de la adolescente que ya se siente mujer, al ver que no es correspondida por el galán de sus sueños. O impactantes imágenes del ahorcado bamboleándose  entre las nieblas del alba para penar su desgracia amorosa. El sí quiero sacramental del abuelo en mitad de la madrugada. También la presencia de la Guerra Civil, con la casa de las putas monfortinas sirviendo de refugio al miliciano republicano. Otros relatos que, sin incidir abiertamente en los tópicos de brujas y meigas, resaltan la capacidad intuitiva de la abuela para adivinar el sexo en las preñeces. Acierta el autor al incluir  en este fresco, a la vez realista e imaginario, los cuentos de curas y abades, figuras que en la Galicia de otros tiempos revestían características ciertamente imperecederas: estómagos insaciables que comen y comen para alejarse, aunque no siempre, de los demonios de la carne. O los mal, o buen decires, populares sobre los amores de los curas con sus amas o mucamas.
   Relatos que a veces penetran y traspasan los límites de lo extravagante o le hacen guiños al humor y a la picardía: la miel de la flor de Camariñas que le permite al tío Roque disfrutar y satisfacer a muchas hembras distintas. O el relato cimentado en la abundancia de parvos en tierras monfortinas. Parvos que solo saben insultar o que están más salidos que los hombres normales.
   Relatos en definitiva que se leen de forma placentera, ajenos a enmarañados  artificios formales o compositivos, pero con un acertado empleo de un estilo de prosa sencillo, mas correcto, limpio y aséptico, y en el que no sobran los frecuentes galleguismos (cachelos, concello, millo, carballos, rexouba, muller…), ya que acercan la cuentística  de Santiago Casanova al espacio que tematiza. Una cuestística en la que espero que crea el mismo autor y los editores y que, pese a estar tan ligada a las leyendas y posiblemente a la oralidad, demuestran un buen ejercicio imaginativo y creador, como también se puede apreciar en  su volumen  Después de la primavera, una colección de relatos que nada tiene que ver con el ruralismo popular ni con el alma gallega, marchamos por excelencia de los cuentos de este volumen.

Francisco Martínez Bouzas

                                                   
Santiago Casanova
Fragmentos

“Su afición por las partidas de cartas le hizo aumentar el número de terruños que poseía. Se jugaba las pequeñas parcelas contra desgraciados a los cuales esquilmaba haciendo toda suerte de trampas. Sobre la mesa de juego se ponían las escrituras de posesión de la tierra, que pasaban a poder del tatarabuelo Caracha en un par de manos bien jugadas. De vez e cuando, se dejaba ganar y perdía algún terreno al que no tenía mucho aprecio, para que se corriera la voz y nadie pensara que sólo ganaba por amañar las partidas. Llegó a perfeccionar tanto su habilidad para hacer trampas que, cuando ya no le satisfacía mover tierras, decidió jugar con la honra de las mujeres. Apostaba el derecho de pernada sobre la esposa del que perdiera la partida o la primera sangre de las hijas casaderas más apetecibles. Acompañado por sus dos gregarios y los perros, llegaba a las casas de los desgraciados que habían perdido la honra de la esposa, presto y dispuesto a cobrarse la deuda.
-No te lo tomes así, hombre, que sólo va a ser un ratito -le palmeaba la espalda al deudor.
-En el juego hay que saber ganar y saber perder -le estrechaba la mano con fuerza al derrotado.”

…..

“Esta miel da el poder que todos los hombres quieren -me dijo una vez como transmitiendo un secreto ancestral-. Gracias a esta miel, preferí permanecer soltero y disfrutar de muchas hembras distintas. Las camariñas son la flor del amor puro. Ahora ya soy viejo, pero aún puedo satisfacer plenamente a todas las mujeres que compartan conmigo el paladeo de este néctar que encabrita la libido y fecunda ansias incontrolables. Hasta las más jóvenes doncellas, que podrían ser mis nietas, me piden que las embadurne el cuerpo de esta miel, que les dé caramelillos con el néctar de las camariñas y que me pierda con ellas en el bosque. Recuerda que el sabio refranero nos dice que a quien abejas tiene, nunca le falta un buen postre en la mesa.”

…..

“Le dio entonces por perseguir a una rapaza que vivía cerca de la estación de ferrocarril y que se llamaba Sabela. Era una moza deslumbrante que vestía a la moda de Coruña como una señorita bien. Una soleada mañana de un domingo de mayo, en el típico paseo por la rúa del Cardenal, en un instante en que Sabela se despistó mirando zapatos en un escaparate, el primo Xaco se le puso al lado y le alzó la falda, dejando a la vista de todos los que por allí pasaban unas bragas rojas de encaje. Ella soltó un grito y el bofetón a Xaco se lo dio Camilo, un joven que cortejaba a Sabela y que se vio obligado a hacerlo por quedar como un caballero, aunque le daba pena hacer daño al parvo. La visión de las bragas rojas de Sabela turbó más la cabeza del primo Xaco, tanto que se fue al monte y estuvo allí perdido cuatro días machacándosela sin parar. La tía Regina pidió ayuda al tío Manoliño y este con otros dos vecinos de Caneda, organizó una batida por los alrededores, con los perros de caza olfateando cada palmo del bosque, sin encontrar ni una pista del chaval. Cuando ya le daban por perdido, regresó a casa, desaliñado, hambriento y con los pantalones salpicados de resecos manchurrones cristalinos en los aledaños de la bragueta. A consecuencia del exceso de esos días, el pellejo del pito lo tenía en carne viva. Por su cuenta y riesgo decidió untarse miel para que las costras se le suavizaran y dejara de picarle. De ahí le vino la idea de dársela a probar los gatos para que lamieran la miel con su lengua rugosa y darse él un gustirrinín. Cuando la tía Regina le sorprendió en un rincón oscuro de la cuadra, rodeado de gatos y con los pantalones por los tobillos, primero se quedó muda, asustada, llorando en silencio, hasta que consiguió gritar:
-¡Si tu padre viviera no te atreverías a hacer estas guarradas!
Entonces Xaco se giró y, aparatando a un gato de una patada, respondió a su madre con mirada desafiante.
-Mi padre murió como lo que era, como un cerdo.”


(Santiago Casanova, Cuentos del Valle de Lemos, páginas 7, 75,79)

3 comentarios:

  1. Me parece muy interesante este paseo sobre los relatos que el autor ha dado vida con su imaginación, me gusta su estilo sencillo, fácil de leer. Mis felicitaciones a él y a ti por adentrarnos siempre un mundos maravillosos. Un abrazo de luz, con cariño y admiración.

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  2. Apoteósico, me parece, amigo. Un gran aporte de literatura de calidad y novedad. Un abrazo.

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