viernes, 4 de enero de 2019

NOVEDADES DE EDITORIAL ANAGRAMA PARA INICIAR 2019


   Como en años anteriores, la barcelonesa Editorial Anagrama inaugura el nuevo año 2019 con la publicación de productos literarios de gran calidad en casi todas sus colecciones. Desde la calidad y la singularidad, Editorial Anagrama sigue haciendo frente a la uniformidad del libro único. En poco o en nada se ha notado, desde esa perspectiva, el relevo de Jorge Herralde por Silvia Sesé.
   En la colección bandera de Anagrama,”Panorama de Narrativas” a punto de alcanzar los mil  títulos, dos novedades: Serotonina de Michel Houellebecq y El expdiente de mi madre de András Forgach. La otra colección específicamente dedicada a la narrativa, “Narrativas hispánicas”, anoto dos novedades: Petit Paris de Justo Navarro y Sánchez de Esther García Llovet.
   En otra de las colecciones clásicas de la Editorial, “Argumentos” cabe destacar la publicación de una obra póstuma de Olíver Sacks. Así mismo en “Nuevos cuadernos Anagrama”, dos títulos: Ironía on de Santiago Gerchunoff y Silencio administrativo de Sara Mesa. Finalmente en “Compactos”, la colección de bolsillo de Anagrama, la reedición de otra novela de Michel Houellebecq, Sumisión.
   Como adelanto editorial y en espera de mi valoración crítica, reproduzco las sinopsis de tres de estas novedades que gentilmente me ha hecho llegar la casa editora y que estarán a la venta en librerías a partir del día 9 de enero.

Francisco Martínez Bouzas



Serotonina
Michel Houellebecq
Traducción de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 282 páginas

Sinópsis:

“Florent-Claude Labrouste tiene cuarenta y seis años, detesta su nombre y se medica con Captorix, un antidepresivo que libera serotonina y que tiene tres efectos adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia.
   Su periplo arranca en Almería –con un encuentro en una gasolinera con dos chicas que hubiera acabado de otra manera si protagonizasen una película romántica, o una pornográfica–, sigue por las calles de París y después por Normandía, donde los agricultores están en pie de guerra. Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura –ni siquiera Proust o Thomas Mann– no es una tabla de salvación.
   Florent-Claude descubre unos escabrosos vídeos pornográficos en los que aparece su novia japonesa, deja el trabajo y se va a vivir a un hotel. Deambula por la ciudad, visita bares, restaurantes y supermercados. Filosofa y despotrica. También repasa sus relaciones amorosas, marcadas siempre por el desastre, en ocasiones cómico y en otras patético (con una danesa que trabajaba en Londres en un bufete de abogados, con una aspirante a actriz que no llegó a triunfar y acabó leyendo textos de Blanchot por la radio...). Se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, cuya vida parecía perfecta pero ya no lo es porque su mujer le ha abandonado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y ese amigo le enseña a manejar un fusil...
   Nihilista lúcido, Michel Houellebecq construye un personaje y narrador desarraigado, obsesivo y autodestructivo, que escruta su propia vida y el mundo que le rodea con un humor áspero y una virulencia desgarradora. Serotonina demuestra que sigue siendo un cronista despiadado de la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI, un escritor indómito, incómodo y totalmente imprescindible.
   «Lo que me impide leer los libros de Houellebecq y ver las películas de Von Trier es una suerte de envidia. No es que les envidie su éxito, pero leer esos libros y ver esas películas sería un recordatorio de lo excelsa que puede ser una obra y lo muy inferior que es mi trabajo» (Karl Ove Knausgård).”

El autor:

Michel Houellebecq (1958) es poeta, ensayista y novelista, «la primera star literaria desde Sartre», según se escribió en Le Nouvel Observateur. Su primera novela, Ampliación del campo de batalla (1994), ganó el Premio Flore y fue muy bien recibida por la crítica española: «Una mirada lacerante –aunque repleta de humor– sobre el vacío vital de este fin de siglo» (Xavi Ayén, La Vanguardia); «Magnífica novela. Si Kafka nos descubrió en sus relatos el seco cañamazo del siglo XX de la burocracia, Houellebecq nos muestra, con espléndido pulso literario, los entresijos oscuros del siglo XXI de la informática y la presunta liberación sexual» (Xavier Lloveras, El Periódico). En mayo de 1998 recibió el Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés. Su segunda novela, Las partículas elementales (Premio Novembre, Premio de los Lectores de Les Inrockuptibles y mejor libro del año según la revista Lire), fue muy celebrada y polémica, así como Plataforma. Obtuvo el Premio Goncourt con El mapa y el territorio, que se tradujo en 36 países, y ha abordado el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea en Sumisión. Las cinco novelas han sido publicadas por Anagrama, al igual que Lanzarote, El mundo como supermercado, Enemigos públicos (con Bernard-Henri Lévy), Intervenciones y los libros de poemas Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento (reunidos en el tomo Poesía) y Configuración de la última orilla. Houellebecq ha sido galardonado también con los prestigiosos premios IMPAC (2002) y Schopenhauer (2004); en España recibió el Leteo (2005)
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Petit Paris
Justo Navarro

Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 236 páginas.


Sinopsis:

 París, marzo de 1943: Alemania e Italia están perdiendo la guerra. Después de la invasión angloamericana del norte de África y la rendición en Stalingrado del mariscal de campo Paulus, se respira la hecatombe militar nazi-fascista, el inminente desembarco de los aliados en Europa. Veinte años antes de resolver los crímenes sobre los que giraba Gran Granada, el comisario Polo se encuentra por accidente en París, temeroso de no poder acabar nunca un viaje que solo iba a durar unos días. En tiempos de guerra no es raro que lo previsto como una excursión de setenta y dos horas se dilate meses, años o décadas, o se convierta en el exilio eterno.
Y Polo se mueve en un pequeño París, Petit Paris, de gente peligrosa: abogados y periodistas que ejercen labores policiales en los servicios consulares de España, colaboradores de la Gestapo a la caza de republicanos españoles en fuga. Entre el personal de la escuadra española se han sucedido en menos de un mes tres muertes violentas, y en el centro aparece el posible suicidio del bello Matthias Bohle, un seductor de vida enigmática que con otro nombre había conquistado la Granada de 1940, incluyendo al irreductible comisario Polo, y que recaló en París tras robar cuatro kilos de oro a un industrial que quizá le encargó sacarlos clandestinamente de España.  
Pronto Polo empezará a investigar su muerte, ayudado por colaboradores tan poco seguros como lo es todo en la ciudad: el abogado Palma, casi un doble de Polo rejuvenecido cuarenta años y con carnet de la Gestapo, que ha descubierto la fuente de la juventud en una mezcla de gin, Dubonnet y anfetaminas; Alodia Dolz, heroína de la Cruzada nacional, agente de la Quinta Columna, que sobrevivió a tres años de temerarias actividades clandestinas en la Madrid roja: «Si entonces no la habían matado, ya no la matarían nunca.» El Petit Paris de Polo es negro puro, una ciudad de inquietante ambigüedad moral donde todos mienten y manipulan como único modo de sobrevivir. Una narración deslumbrante y magnética –con homenajes a Simenon, Leo Malet y Modiano– que juega con los resortes de géneros como el policiaco y el de espías para llevarlos más allá.
«Justo Navarro tiene una voz absolutamente personal, posee un mundo inequívoco de obsesiones y ficciones, aporta un sistema expresivo singularizado y brillante, y trae a la narrativa española un necesario acento de dureza, de rigor estético pero también ético» (Miguel García-Posada, El País).

El autor:

Justo Navarro (Granada, 1953), premio de la Crítica por su libro de poemas Un aviador prevé su muerte, ha publicado en Anagrama las novelas Accidentes íntimos (Premio Herralde de Novela): «Un paso ade­lante en una trayectoria cada vez más densa y cuaja­da» (Santos Sanz Villanueva, Diario 16); «Transita por los caminos auténticos de la narrativa con mayúscu­las» (Ramón Acín, El Heraldo de Aragón); La casa del padre (Premio Andalucía de la Crítica): «Se integra en el privilegiado número de novelas que permiten de­finir lo mejor de una época literaria» (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); «Una novela de clima inol­vidable y una de las más rotundas e inquietantes de la nueva narrativa española» (Felipe Benítez Reyes); El alma del controlador aéreo: «Turbadora gran nove­la» (Enrique Vila-Matas); «De imprescindible lectura» (Ana Rodríguez Fischer, ABC); F. (Premio Ciudad de Barcelona): «Excelente» (Ricardo Senabre, El Mun­do); Finalmusik: «Para paladares delicados» (Ricardo Senabre, El Mundo); «Con sentido del humor y su aguda visión crítica subraya algunas de las grandes paradojas de nuestro tiempo» (María Luisa Blanco, El País); El espía: «Fascinante» (José Luis Amores, Revista de Letras); y Gran Granada (Premio Andalu­cía de la Crítica): «Soberbia» (J. Ernesto Ayala-Dip, El País); «Una novela negra que... no renuncia a ser una novela del propio Navarro, con su estilo riguroso, inteligente, tajante» (Nadal Suau, El Mundo), así como el ensayo El videojugador: «Hacen falta libros como este, capaces de romper la inercia del pensa­miento y de actualizar el placer de la curiosidad libre de prejuicios» (Sergio del Molino, Revista Mercurio).
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Sánchez
Esther García Llovet
Editorial Anagrama, Barcelona 2019, 130 páginas

Sinopsis:

Madrid. Un Madrid nocturno en cuyo cielo de tanto en tanto se ve pasar alguna estrella fugaz. Un Madrid de extrarradio, de timbas, bingos, gasolineras de la M30, Casa de Campo y bares perdidos en la nada. Un Madrid crudamente real en el que de pronto puede suceder lo inesperado, e incluso lo mágico. Ese es el espacio que transitan los personajes de esta novela de perdedores en busca de una oportunidad.
Sus nombres son Nikki y Sánchez. En el pasado compartieron vida, después sus destinos se separaron. Ella ha estado trapicheando con tabaco en La Línea y ahora ha vuelto a Madrid y se ha metido en el mundillo de las apuestas y las carreras de galgos. Él, con fama de gafe y dado a desaparecer, debe dinero y acepta ayudar a Nikki cuando ella lo llama. La propuesta de Nikki a Sánchez: que la ayude a entregar un galgo de nombre Cromwell a una italiana que se dedica al negocio de las carreras. Y durante una interminable madrugada la pareja transitará por un Madrid espectral en busca de ese galgo y se topará con un montón de extraños personajes, como la artista serbia que acaba de celebrar en pleno bosque una performance consistente en comer carne cruda de ciervo durante veinticuatro horas...
Segunda entrega de la Trilogía instantánea de Madrid tras la notabilísima Cómo dejar de escribir, Esther García Llovet se confirma aquí como extraordinaria retratista de un Madrid que no sale en las guías turísticas, de la ciudad marginal de altas horas de la madrugada, poblada por personajes escurridizos e inquietantes.
Una novela breve y contundente, escrita sin florituras y con diálogos como cuchillos, que avanza sin tregua con una estructura de thriller en la que de tanto en tanto asoma un clima surreal, con imágenes y situaciones dignas de un David Lynch en estado de gracia tras ingerir algún brebaje castizo.
«Esther García Llovet es una perra verde. Un bicho raro en el contexto actual de la literatura española: el mundo de sus escritos es también el de una perra verde. El de una exquisita rara avis... Esta autora cuestiona cada código, cada imagen, cada palabra... Estupenda» (Marta Sanz).
«Nos gusta mucho García Llovet, y nos gusta su estilo, su poética: afirma
su preferencia, como lectora, por las grandes novelas oceánicas (con Bolaño y Foster Wallace como inexcusables referencias), pero como escritora apuesta por las novelas escuetas y alusivas. Su universo narrativo incluye una dosis innegable de extrañeza alentada por una especie de arcano inaccesible, de “fatum” de tragedia griega. Autora de culto» (Sara Mesa).
«Una muy buena escritora, que maneja la tensión narrativa y la ambientación de manera soberbia y mesurada» (Sergi Bellver, Bitácora de Sergi Bellver).
«Ha hecho de la calidad una de sus señas» (Javier Moreno, Quimera).
«Su estilo es de cuchilla de afeitar» (Laura Fernández, Go Mag).
«Es de esas escritoras “secretas” que causan adicción» (Carlos Sala, La Razón).
«Una escritora única... Magnetiza al lector» (Recaredo Veredas, Qué Leer).
«Excelente narradora... Brillante» (Alberto Olmos).

La autora:

Esther García Llovet (Málaga, 1963) vive en Madrid desde 1970, donde estudió Psicología Clínica y Direc­ción de Cine. Ha publicado Coda (2003), Submáquina (2009), Las crudas (2009) y Mamut (2013), además de relatos en diversas antologías y revistas. Es traducto­ra del inglés y colabora habitualmente en la revista Jot Down.
En Anagrama ha publicado Cómo dejar de escribir(2017): «García Llovet es una pegadora certera, de buen juego de piernas y golpe preciso» (Carlos Zanón, El País); «Espléndida novela corta. Mé­rito literario, sustentado en una prosa de buscada sencillez, ingeniosa en sus manifestaciones de hu­mor excéntrico y muy expresiva en su bien dosifi­cada creación de juegos de palabras. A lo cual con­tribuyen también la fluidez y el dinamismo de sus diálogos» (Ángel Basanta, El Mundo); «Esther García Llovet tiene una capacidad muy grande para repro­ducir el lenguaje de la calle, de la gente que anda perdida por un Madrid fantasmagórico, entregada a búsquedas raras porque no tienen nada que hacer» (Benjamín Prado); «Su prosa no mece, no calma, no acompaña, porque supone una sístole ancha y pro­funda, capaz de dar la bofetada oportuna. El lector no olvidará el impacto de su ritmo, la melodía de su verbo y la impronta de una narradora que respira por el pulmón del mejor McCarthy, del eterno Bellow y del último Bolaño» (Ángeles López, La Razón).

martes, 1 de enero de 2019

NOVELA EN LA LOCURA


Antes del huracán
Kiko Amat
Editorial Anagrama, Barcelona, 2018, 420 páginas.

   

   Una novela encarnada en dos épocas distintas: 1982 y 2017. Y en el mismo escenario: la población de Sant Boi en el Baix Llobregat. Buena parte de la misma en el Hospital Psiquiátrico Santa Dympna, recreación ficcional del Psiquiátrico Benito Menni, regido por las Hermanas Hospitalarias. En esas dos fechas y en el espacio de la población y del Hospital Psiquiátrico, recrea Kiko Amat una novela tan rica como compleja. Una novela potente que discurre sobre todo por el mundo de la locura. Pero más que novela de locos, novela en la locura, como se ha escrito, cuyo principal personaje, Curro Abad y su familia transitan  de forma imparable y derterminística hacia la demencia, hacia la esquizofrenia. Por eso mismo Antes del huracán nos pega de lleno, nos sacude sin remisión a todos aquellos que están o estamos tranquilos. Porque ese fue el propósito del autor: transmitir a los lectores una historia dura, sin concesiones, la de la doble o cuádruple marginación de la periferia barcelonesa.
   Y todo ello sin hacer cesación del humor y con frecuencia del esperpento. Relato trepidante que engancha al lector a pesar de sus excesos escriturales, de secuencias con poca o nula transcendencia, y de debates superfluos entre dos de los personajes inmersos en el mundo de la esquizofrenia, en el territorio de esos locos que ya, en la época de El Bosco, llevaban embudo en la cabeza.
   La novela, estructurada en dos tiempos como ya dije, es la transcripción del guión del delirio. Kiko Amat nos hace llegar la historia de Curro, internado en el Hospital Psiquiátrico de Santa Dympna, acompañado de Placido, compulsivo citador de Churchill. Ambos son conscientes de su locura, de que el otro está en su cabeza. Pero Curro tiene la firme determinación de fugarse. Es la parte de la novela relatada en el presente del año 2017. Mas, a través de capítulos alternos, el autor nos retrotrae al año 1982  (La Guerra de las Malvinas, el mundial  de futbol en España). Curro es un niño frágil de doce años. Vive con su familia. Cuatro  especímenes: el padre, un crustáceo depredador y con interesado afán atlético, apropiada tapadera para camuflar el cofre de sus secretos e infidelidades. La madre, obesa que se va degradando en su físico y en su mente progresivamente. Richard, el hermano mayor, es el espécimen tercero, pero apenas interviene en la novela. Clochard, un mamífero doméstico, un cánido, es el cuarto espécimen. Una familia perfecta imagen del pandemónium, heredera de la locura del abuelo que, a raíz de la batalla del Ebro en la que el destino le canjeó muerte por demencia, lleva la esquizofrenia en la solapa. Viven en Sant Boi de Llobregat, una vieja letrina, y hablan con la gramática de la miseria.
   Un paisaje que al autor recrea con realismo y sin concesiones: suelos estriados, socavones de metro y medio, tierra arcillosa mezclada con pedruscos y malas hierbas, xibecas  rotas, palets de madera astillada, un gato gris muerto cubierto de gusanos, descampados, matojos y espiguillas…
   Curro tiene en Priu a su mejor amigo. Ambos representan la nostalgia de la infancia feliz, pero orientada, en el caso de Curro, hacia la hecatombe ya que su mundo familiar, especialmente el footing de su padre que esconde secretos de infidelidad, de la que Curro es cómplice con su silencio, le empuja hacia la fatalidad de la catástrofe, hacia el huracán que, cual ciclogénesis, terminará por explotar.
   Treinta años más tarde, Curro se encuentra ingresado en el manicomio, siempre acompañado por Plácido, su fiel escudero, el único paciente pulcro del Hospital. La locura de Plácido discurre por ríos subterráneos. Con la mira puesta en la fuga de Curro, ambos viven el día a día de sus locuras con conversaciones engoladas. Hablan de todo, verbalizan cosas llenas de lógica y en sus charlas reproducen la vida del manicomio. Han diseñado un plan de fuga que consiste en no tener ningún plan.
    

                                              
La extracción de la piedra de la locura. El Bosco (óleo sobre madera)

   Una novela que indaga en la locura sin que el escritor pretenda llegar a ninguna conclusión. Solamente constatar que la gente se rompe, que hay un punto de fractura. Y Kiko Amat nos cuenta la historia desde una perspectiva exclusivamente narrativa; con secuencias cómicas y exageradas, de humor inglés y sin ninguna pretensión clínica. Se hace llegar a los lectores una historia dura, trepidante, que engancha a pesar de lo que, en mi opinión sobra y ralentiza el ritmo. Novela pues en la locura como insiste el autor. Que nos hace ver cómo la marginación de la periferia genera pringados y dementes. Tonalidad a veces esperpéntica, carnavalesca y “astracanada” de humor inglés, con secuencias de gran tristeza e inimaginable desolación, tanto en el relato de la vida manicomial, como en la reconstrucción de la infancia de Curro y de su familia que corre a tumba abierta hacia la hecatombe en ese Sant Boi de Llobregat congelado a inicios de los años ochenta.
   Narración pausada en demasía, que se recrea e indaga en la vida y miserias de los personajes. Con momentos dramáticos no forzados, si bien quizás un poco confusos. Una estructura novelesca con capítulos contados en el pasado y en primera persona -la infancia de Curro- y otros en el presente -la vida del manicomio-, varios interludios y otros textos como informes clínicos.
   En definitiva, una novela de lo que somos o podemos llegar a ser cuando la miseria física, moral, sentimental nos rodea y no nos da tregua.

Francisco Martínez Bouzas


 
Kiko Amat

Fragmentos

“Un grupo de siete enfermos mentales, dos mujeres, cinco hombres, desciende ahora las escaleras del pabellón C, el de subagudos, que queda a su izquierda, y cruza por delante de ellos. Todos parecen locos, igual que Curro; es ese algo indescriptible. Los hombros caídos, quizás, la mirada encajada en un punto lejano; ojos rotos y vacíos y polvorientos, como el escaparate de una tienda que hubiese quebrado años atrás. Llevan ropa anticuada, de los ochenta, jerséis de poliéster trenzado de un bermellón intenso, los pantalones muy caídos pero no por moda. Bambas J`hayber blanca en los pies, más grandes que barcazas.
-¿Sabes, Plácido? -dice Curro ahora examinando el grupo de locos que se aleja-. Quizás lo anormal sea la cordura, después de todo. ¿No crees? En un mundo regido por la aleatoriedad, rodeado de vacío. Crueldad y violencia. Donde nada significa nada y los inocentes son aplastados. En un mundo así, Plácido, solo puedes beber o enloquecer. Yo hic lo primero y luego, cuando eso ya no bastaba, lo segundo.”

…..

“Ay, la vida es muy complicada, Curro, ya lo verás cuando seas mayor, tener hijos es difícil, tu padre y yo hemos hecho muchos sacrificios, y han pasado factura, también en la cama, tu padre y yo ya no hacemos el amor como antes, cuando éramos jóvenes tu padre siempre me satisfacía, siempre, y tu padre era tan guapo, oh, era el hombre más guapo que había visto cuando era más joven se  parecía a Robert Wagner, ahora ya no tanto, y sabía tantas cosas, de historia y de ciencia, y me hacía cosas en la cama, yo siempre me ponía encima porque era como más le gustaba a él, ay, cómo las echo de menos, aquellas cosas ricas, claro que él tiene razón, la culpa es mía por haberme dejado, una mujer tiene que cuidarse para que el marido la encuentre atractiva…”

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“-Lo llamaré Marc. ¿Te gusta?
Mi madre se acaricia la barriga, aunque no tiene barriga, solo una pequeña hinchazón anoréxica. Los pechos le cuelgan, deshinchados, y un par de pezones gigantes, en forma de tapones de champán, se marcan en el tejido de su vestido. Apuntan hacia el suelo. Ha perdido muchos más kilos en estas pasadas semanas. Miro la puerta abierta, por la que se cuela un frío molesto. Otoño acaba e inaugurar su ofensiva, y el aire huele a chapa y teja. Me acerco a la puerta y la cierro. La pintura verde se está descascarillando en la parte donde la puerta roza con el dintel. A través del fino cristal veo el suelo de cemento estriado del patio, que reluce de rocío nocturno. No ha llovido, creo, pero lo parece. Se oye a lo lejos la percusión metálica de los butaneros, anunciando bombas de gas a golpe de martillo.”

(Kiko Amat, Antes del huracán, páginas 112-113, 296-297, 318)

martes, 18 de diciembre de 2018

RECIENTE NARRATIVA EGIPCIA ESCRITA POR MUJERES


   Se ha escrito que Egipto es una sociedad-cebolla, protegida por múltiples capas: el Mediterráneo, el Nilo, el desierto, África, el árabe, el Islán, los coptos, los heterodoxos cristianos y musulmanes, la pobreza, el analfabetismo. Grandes escritores, el orgullo de una de las grandes civilizaciones desaparecidas. Entre todas estas constricciones o estímulos, se ha desarrollado la moderna y actual literatura egipcia, sobre todo a inicios del siglo XX cuando el mundo árabe experimentó la Al-Nahada, un movimiento renacentista que afectó a todos los aspectos de la vida, la literatura incluida.

   Las figuras literarias más representativas y conocidas de este periodo son sin duda Naguib Mahfuz (1911-2006), el primer escritor árabe que ganó el Premio Nobel de Literatura; Hussein Haykal (1888- 1956), autor de la novela Zaynab, considerada la primera novela moderna e islámica egipcia; Alaa Al Aswany (1957-1976), autor de El edificio Yacoblán; Khaled Al Khamissi (1962), autor de Taxi, una colactánea de cincuenta y ocho relatos breves, fruto de la experiencia del autor en sus viajes por el Cairo;  la escritora Nawal Al Saadawi (1931, autora de Mujeres y Sexo en que  denunció la mutilación femenina, Bahaa Taher (1935)… Escritores egipcios que han marcado la literatura contemporánea del Medio Oriente, con sus historias de vida que podrían superar sus mismas ficciones.

   Pero, como en todas las literaturas, en Egipto también existe una generación joven que escribe, superando trabas y tabúes, que se interroga desde la historia socio-política del país y que  pretende reflejar en sus obras el mundo y la sociedad que la rodea, dejando un poco al margen mitos o costumbres. Durante muchos años la narrativa egipcia ignoró la novela policial, las novelas de ciencia ficción o de terror. Los escritores y escritoras actuales, sin embargo, abordan estos temas sin complejos. En este proceso han tenido no poca importancia -y no solo en Egipto- varios jóvenes escritores y escritoras, sobre todo urbanos que combaten las trabas en las que se encuentran sometidas  las actuales mujeres árabes debido a la regresión de la sociedad hacia valores religiosos y tradiciones, mucho más conservadoras que hace varias décadas. En los años 60 y 70, las mujeres iban por la calle en minifalda, sin velo con absoluta normalidad. Hacerlo en la actualidad sería considerado una provocación social.

   En mi panorama de la actual narrativa egipcia escrita por mujeres, me fijaré en la obra de dos jóvenes escritoras, en mi opinión paradigmáticas aunque de distinto estilo y temáticas muy diferentes: Mansoura ez Eldin (Masura Eseddin como se la conoce en Europa), y Amera Badawy.



Mansoura ez Eldín:

 

   Nació en el año 1976 en una pequeña aldea del Delta del Nilo. Es una escritora con una amplia obra traducida al francés, inglés, alemán e italiano. No así al español. Debutó en el año 2001 con Shaken Light (Luz vibrante), una colección de cuentos. Pero su obra narrativa más representativa se inicia en el año 2004 con Maryam’s Maze (El laberinto de Maryam). En 2009 publica Beyond  Paradise (Detrás del Paraiso). The Path to Madness, una colección de cuentos aparece en el año 2013. Y Emerald Moutain en 2014. En el año 2009 fue seleccionada para la Beirut 39, como una de las treinta y nueve autoras y autores árabes menores de 39 años. Y su novela  Detrás del Paraíso fue finalista en la tercera edición del International Prize for Arabic Fiction, versión árabe del Premio Booker.

   La narrativa de Mansoura ez Eldin es una equilibrada amalgama de realidad y ficción. Escribe sobre la realidad fusionándola con la fantasía, la ciencia ficción, el terror… No rehúye el tratamiento literario de temas violentos o catastróficos, ya que se propone reflejar la realidad tal cual es, dando a conocer sus lados más oscuros y marginales. Su novela El laberinto de Maryam es claramente una pieza de terror y de pesadillas, en la que tienen cabida los fermentos de lo que fue y de lo que es la cultura egipcia: mezcla de religiones, de costumbres y creencias populares enraizadas en supersticiones. Pero su mundo fantástico corre siempre paralelo con el mundo real. Algo semejante ocurre con Detrás del Paraíso. Muestra la historia de la protagonista, Salma ante el descubrimiento de su propio cuerpo, su familia, su pueblo en el Delta del Nilo, a la vez que refleja los cambios experimentados por este en las últimas décadas, tras la instalación de una fábrica de ladrillos.

   En la lucha de la mujer árabe por obtener la libertad, por la equiparación en derechos con el hombre, por cambiar las normas y tabúes sociales, la figura de Mansoura ez Eldin es sin duda un gran peón, y su obra literaria, un fermento importante para que las mujeres árabes dejen de ser las víctimas no solo del patriarcado, sino también de sus madres y abuelas.

A continuación reproduzco algunos fragmentos  del primer capítulo de La Montaña Esmeralda, traducido del árabe por Eva Chaves Hernández, seguramente el único texto que podemos leer en español de la escritora.



Mansoura ez Eldin


“El polvo del camino”



“Me llamo Bustán.

Quienes me conocen bien, y son pocos, me llaman “La sacerdotisa de blanco y negro”. Los demás piensan que soy una excéntrica. Si un escritor tuviera que describirme lo haría con los atributos de una ninfa o de una mujer con el pelo color carbón y ropa negra. Me describiría limitándose a  lo que alcanzan a ver los ojos, sin poder llegar a vislumbrar lo que estalla en mi interior.

Nadie podrá comprender lo que oculto ni lo que soy capaz de hacer. Tampoco se sabrá nada sobre los misterios de hechos que tuvieron lugar hace siglos y a los que consagré mi vida. Por eso, solo yo puedo ser la escritora, o mejor, la narradora a la que se le ha encomendado llenar los agujeros de la historia y encajar todas las piezas. Una historia de la que no soy protagonista pero que no existiría sin mí.

En el año once del tercer milenio, desde mi casa con vistas al Nilo del barrio cairota de Zamalek me sumerjo sin cansancio en mis escritos, un mundo antiguo que se va desmoronando por fuera. No puedo desquitarme de las infinitas palabras que han sido transformadas, que se me escurren entre los dedos como nubes de verano cruzando el cielo. Pasa por mi mente una escena tras otra de épocas diferentes. Consigo alcanzar algunas; otras, se me escapan.

Me veo de niña, en los años sesenta del siglo XX, en lo alto del monte Daylam. Correteo detrás de mi padre en su paseo matutino mientras recita versos de Al Rumi, Al Attar o Hafiz.  Me adelanta unos metros y al darse cuenta de mi tardanza, me espera con paciencia. Recuerdo el vaho humeando en su boca. Cuando le alcanzo me sienta encima de una piedra  y así descansamos un poquito. (…)

Acordándome ahora, sentada en esta casa de El Cairo, me viene a la memoria el aroma del monte Alamut y de su vegetación. Casi puedo divisar las faldas de la montaña cubiertas de verde, las cimas coronadas por la nieve y la amplia llanura que abraza los pueblos a los pies del monte.

Aquel lejano día mi padre me indicó dónde estaban las ruinas del castillo de Alamut. Recuerdo que todas sus facciones se sumergieron en una tristeza cuyos motivos yo desconocía, tanto que se quedó parado, erguido, estirando el cuerpo al máximo mientras contemplaba el lugar y lo señalaba. Mis ojos en vez de mirar hacia allí, se quedaron clavados en aquel rostro amable de barba rala y pelo gris. Bajando a la llanura, de vez en cuando echaba la vista atrás, hacia unas ruinas sobre las que hasta entonces yo no sabía nada. Dos días después me sentó a su lado bajo la sombra del castaño y me habló sobre Hassan Al Sabbah y la secta de los hashashin. “Lo único que sobrevive son los relatos. La memoria se acaba cuando muere su dueño y solo tenemos las historias como si fueran una memoria heredada”, me dijo.”(…)

“Se preguntarán sobre qué historia hablo. Conocemos muchos relatos añadidos a Las mil y una noches pero no hemos escuchado ninguno que le falte. No se trata además  de un simple libro. Es un texto sin fin que ni siquiera cambia con lo que se le añade o suprime.

Esta historia que descifro será entretenimiento de quien me lea. Pero primero, permitidme añadir a un margen el relato de mi vida y disculpadme si aún no tenéis claras las referencias. Debéis saber que son difíciles los asuntos que van de una época a otra, las historias y la reconciliación de un remoto pasado con el presente en que vivimos. Debéis saber también que la paciencia, según dicen, es un pescador. Que sea vuestra amiga como lo ha sido y sigue siéndolo para mí, única aliada en mi accidentado camino. La misma paciencia que me acompañó hace pocos años hacia aquella casa del campo, lejos de la civilización. Recuerdo que entonces me envolvía una inusual timidez que me salía del alma llevándome detrás de lo que los demás veían como un espejismo.”



Amera Badawy:

Amera Badawy


   Amera Badawy es una escritora muy joven que ha sufrido en su propia persona la imposición de las estrictas normas y costumbres tradicionales que pretenden definir los destinos de la mujer y que todavía están vigentes en la actual sociedad egipcia en nuestros días. Su  voluntad y su tesón, sin embargo, superaron las ataduras familiares, y hoy es un ejemplo de la mujer árabe que lucha por contraer matrimonio con la persona amada. Nacida en 1991 en  Ashmun -un nombre faraónico que significa el país de la luna- un distrito ubicado en la zona sur del Delta a poca distancia del norte de El Cairo. Venciendo resistencias, estudio inglés en la Universidad de El Cairo y fue con fundadora y forma parte del Grupo Almotahida Education.

   Su narrativa refleja las costumbres de las aldeas egipcias y se basa igualmente en las creencias en espíritus dañinos que pueden habitar en los cuerpos humanos.

   Ha escrito relatos breves como Six Qiblahs for Pray. El qiblah es la dirección hacia debe orientarse el fiel musulmán cuando reza sus cinco oraciones diarias: en dirección a la Kaaba en la Mecca. En las mezquitas el qiblah suele estar indicado por el mihrab, una posición u hornacina en el interior de las mismas. La dirección de la oración islámica ritual (salat) es una de las condiciones indispensables para el rezo y para la persona que reza: mirar físicamente hacia el qiblah del corazón que es la casa de Dios y el corazón del creyente.

   En sus relatos Amera Badawy  cuestiona la existencia de un único centro o qiblah hacia el que dirigir las oraciones rituales. ¿Significa esto un rechazo del centro de la autoridad religiosa o simplemente de la común interpretación del Islan?  Hay sin duda en sus relatos una crítica de las creencias religiosas sobre la verdad de la conexión entre Dios y los hombres, que aparece en la historia de Khider, un profeta olvidado.

   Otro de sus relatos reproduce el cuento del gallo. La heroína protagonista roba el gallo sagrado en la aldea. La oscuridad anega el pueblo y la gente piensa que lo del gallo es una mentira, igual que la de la serpiente gigante, que en la cultura islámica sale da las tumbas y destruye las aldeas.

   ¿Cuál es el significado de la muerte? Lo tematiza la autora en el relato del derviche. Vemos al ángel de la muerte en la imagen del derviche golpeando las casas y las personas para tomar té, burlándose de la vida humana. Historias, muchas de ellas crueles sobre todo para la mentalidad de los árabes musulmanes creyentes.

   Otros de sus relatos abordan el significado del tiempo, en especial en el de la historia de la comadreja que se apropia de las características de la bella heroína a la que convierte en una anciana, mientras las mujeres de la casa intentan expulsar a ese espíritu maligno, capaz de destruir la vida de las personas.

   En resumen, la narrativa de Amera Badawy, aunque de cariz mítico religioso, es un grito, pronunciado en un tono sosegado a favor de la libertad. Una crítica contra el patrimonio religioso, contra los mitos que controlan la mente de las personas y que abruman de forma muy especial a las mujeres. Esto, junto con el lenguaje sumamente poético y la estructura escritural que rompe las expectativas lectoras, es lo que distingue esta colección de relatos de Amera Badawy.

   Reproduzco a continuación un fragmento de uno de sus relatos, “Ritos de paso” en la traducción de Rita Tapia Oregui.

Francisco Martínez Bouzas



"Ritos de paso"



“A la muerte de su hija, dejó de poder quedarse embarazada. Su marido tampoco se dejaba ver mucho por casa. Fue él quien, al echarse a sus brazos cuando ocurrió, asía la muñeca de su hija con fuerza, la misma a la que ella necesita poder acariciar el pelo todas las noches antes de acostarse para poder conciliar el sueño. Se acuerda de cuando, al levantarse, su alma seguía en el suelo. Su marido se agachó a recoger la serpiente muerta que le había lanzado su suegra porque estaba convencida de que su nuera estaba poseída por un espíritu de melancolía, al que había que pegar un susto para que abandonara su cuerpo y ella pudiera volver a quedar encinta. Hacía ya tiempo que se le había vencido el plazo que se les concede a las mujeres para estar en barbecho. También recuerda la última vez que la estrechó; ella ya no respondía. Le besó la frente; le llegó su olor. Le pellizcó la barbilla; tenía la piel seca. Le enjugó las lágrimas que le rodaban por las mejillas; sus ojos ya no se cerraban. Momentos más tarde, se hallaba pataleando en el suelo y suplicando a su suegra entre sollozos que no se la llevara. Era su niña. No logró, no obstante, que esta se apiadara de ella. “Ya no hay nada que puedas hacer. Ahora toca bañarla y preparar el cuerpo para el entierro”, alegó.

-Ale, vamos al cementerio a que se te quite lo que se te ha metido dentro para que me puedas dar otra nieta, que llevas ya varios meses sin conseguir quedarte preñada.

El exorcismo había comenzado hacía ya unas semanas. Primero, lo de la serpiente, después la obligaron a matar un perro callejero en un barrio desértico y a saltarlo por encima, y hoy tocaba una visita al cementerio. Debía exhumar el cuerpo de su hija. Sólo así podría espantar al alma en pena que la habitaba. Accedió porque sabía que Dios no sometería al cuerpecito de su hija al proceso de descomposición que sufren el resto de los embalajes que dejamos en este mundo. Había fallecido antes de que le diera tiempo a cometer pecado alguno en una clínica medio en ruinas.

Llegado el momento, se pusieron en camino, campo a través. Los espantapájaros graznaban, la comparsa femenina que la acompañaba la hacía sentirse asediada por una bandada de cuervos con buenas intenciones, el sol pegaba de lo lindo y había unas mariposas que revoloteaban entre las cañas que flanquean el canal. Llegaron al cementerio y allí, entronizado sobre una higuera gigantesca, como presidiendo la sesión, se encontró al jefe de los cuervos. Unos cabritos negros hacían cabriolas sobre las tumbas. En un aparte, se erguían los mausoleos de los padres del Islam, quienes merecían todo el respeto en su mundo.

De pronto, se le comenzó a acelerar el pulso; le faltaba el aire. No obstante, mantuvo la compostura, que la tenía muy ejercitada últimamente. Fue sorteando las tumbas hasta que una de las mujeres de su comitiva le señaló la de su hija. Se sentó a su vera y se puso manos a la obra. No había de temer la oscuridad frente a sí, sólo la que la acechaba por detrás. Aún así, no lograba librarse del malestar que la invadía. Asió la pala que le alcanzaron con fuerza y comenzó a desenterrar a su hija con frenesí. Por un instante, creyó oír su voz, llamándola desde las profundidades. Finalmente, dio con su cuerpo, que aún se hallaba envuelto en la sábana en la que la habían dado sepultura, aunque el estado que presentaba la misma no fuera el de antaño. No quedaba ni rastro del olor de su hija en el tufo a podrido que desprendía. Le acarició la barbilla y le enjugó el recuerdo de sus últimas lágrimas. Seguidamente, se desmoronó. Alzó la voz al cobarde que se amparaba en las alturas, berreando:

-¿Dónde está el mesías ese que nos has prometido? ¿Dónde está la vara de Moisés cuando la necesitas para que obre milagros? ¿Dónde la magnanimidad de los venerables antepasados? ¿Por qué me la has arrebatado?

Los cuervos se sumaron a su graznar, hasta que el clamor se volvió insoportable. Gritaba intentando cancelar el ruido exterior. Entonces, las mujeres que la habían escoltado hasta allí se le acercaron, la rodearon, la aplaudieron y la felicitaron. De pronto, oyó la voz de su marido llamándola de lejos.

-Somayah, larguémonos de aquí.

La abrazó, con toda aquella gente mirando. Le había traído la muñeca de su hija. Ella se la llevó a la nariz y una extraña sensación de paz la embargó. Aún conservaba su olor.”