sábado, 19 de marzo de 2011

FAMILIAS COMO LA MÍA: NARRATIVA ANTI - LECTORES INDOLENTES

Familias como la mía
Francisco Ferrer Lerín
Tusquets Editores, Barcelona 2011, 332 páginas.

   No caben medias tintas. A Francisco Ferrer Lerín se le ama o se le odia. Me refiero, por descontado, a la obra de un hombre que tiene la sensación, él mismo, de haber sido devorado por la leyenda. Su fama de escritor de culto, de raro de la literatura, generador del fenómeno poético de los Novísimos, amigo y compañero de generación de Pere Gimferrer y de Félix de Azúa – hubo un tiempo en el que su nombre fue identificado como heterónimo del primero – jugador de póquer, aunque nunca se consideró un tahúr, pero si que desplumó a no pocos pichones, verdaderos maleantes de la sociedad catalana, todo esto, repito, contribuyó a agrandar la leyenda. Un bien día, fascinado por las aves necrófagas, dejó atrás sus amistades y se convirtió en un bartleby, aunque siguió escribiendo a la sombra y sin darle demasiado valor a lo que hacía, porque escribir le resultaba extraordinariamente fácil. Los lectores le hicieron regresar a la poesía y en el año 2010 su poemario Fámulo se alzó con el Premio de la Crítica de poesía en español. Pero antes, en la primavera de 2005, aparece publicada en una editora aragonesa su autobiografía, Niquel. Familias como la mía, es, en su primera parte, la versión revisada de Niquel, una novela vinculada a la leyenda de experto jugador de póquer, de trasiego clandestino de carroña, a su dedicación a la defensa y cuidado de las grandes aves necrófagas y a otros menesteres menos gloriosos y cuya verosimilitud suscita muchos interrogantes.
   La lectura de Familias como la mía  me produce la impresión de estar no ante un autor raro, sino de haber chocado de frente con un escritor sumamente inteligente. Uno de esos seres aventajados que han optado por una actividad anómala – así define Ferrer Lerín la escritura -, cuyas propuestas ganan lectores incondicionales para toda la vida y claudicaciones en la tercera página entre los indolentes o livianos.
   No resulta arduo reproducir en una sinopsis el contenido de la novela. Partiendo del hecho, reconocido por el escritor de que la novela es su propia autobiografía, si bien dulcificada, el lector reconocerá de inmediato en el protagonista, Pablo Amatller Moragas, a un alter ego de Ferrer Lerín. Un miembro de la burguesía catalana, mal estudiante de medicina, decide escribir un diario secreto. Y a través de esa bitácora nos enteramos de su prehistoria como jugador de naipes en las timbas barcelonesas del tardofranquismo, su despertar a la pasión literaria a través del falangista Ernesto Giménez Caballero. Abandona los estudios al desaparecer su padre y empieza una temporada de “suculentas cenas, suculentas hembras, suculentas timbas”. Es testigo de los días  en los que se comienza a hablar catalán en Barcelona y está agradecido  a los trasportes públicos por el amplio abanico  que le ofrecen para desarrollar las técnicas de frotación con mujeres que le permitían aliviarse. Le sobreviene el servicio militar y con él, un cúmulo de pillerías, pero también el encuentro con ciertos personajes que marcarán su existencia futura: la pasión por las aves necrófagas y el inicio en los secretos del espionaje en el tardofranquismo, lo que le permite vivir de cerca el atentado que acabó con la vida de Carrero Blanco. Y más tarde, hasta 1986, al servicio de la Fundación América, eufemismo que encubre el espionaje norteamericano. El personaje Pablo Amatller es una suerte de pícaro del pasado siglo, un ser que vive en el filo de la navaja, entre timbas, muladares, sexo y esa pasión “redentora” por las aves necrófagas.
   Mucho más difícil será categorizar la novela. En cuanto al contenido, Ferrer Lerín habla de autobiografía dulcificada. Por las razones que sea – él las identifica con la “cobardía ante los riesgos que acarrearía la relación objetiva de los hechos” -  elude el relato de muchos acontecimientos o simplemente los cercena. Está en su derecho, porque Familias como la mía es ficción, no biografía. Y lo mismo acontece con los numerosos episodios sexuales que salpican el texto, endosados por razones de comercialidad. Un erotismo finísimo y muy intenso que se expresa entrevelado, a escondidas, en una época pacata, o sexo abultado, grotesco, llevado al esperpento y que recuerda la estética valleinclenesca..
   La implicación semiforzosa en los servicios secretos del franquismo agonizante nada en la ambigüedad y, desconocedor como soy de la biografía real de Ferrer Lerín más allá de lo que cualquiera puede leer en Internet, coloco entre interrogantes su verosimilitud, aunque, reitero, esa condición poco importa en una obra de ficción como esta.
   La forma de la novela: compleja, indigerible para esos lectores indolentes a los que me he referido. Ferrer Lerín narra rompiendo cánones, pautas y modas. La construcción de la novela semeja huir intencionadamente de la perfección narrativa, de las vertebraciones canónicas, y optar por describir escenas o retratar personajes con un nivel de escritura elevadísimo, engordada por la excelente y minuciosa descripción del detalle. Aquí es, sin duda, donde la prosa de Ferrer Lerín adquiere una tonalidad de color difuso pero muy eficaz, que le convierte en autor de culto. El carácter fragmentario del discurso en Familias como la mía, induce así mismo a hacerle merecedor de dicho epíteto.
Adenda: hasta el momento no he señalado que Familias como la mía articula una segunda parte: “Nora Peb”. Es otro libro, inconcluso. Apuntes, información o galería de personajes, “almacén de vocablos, expresiones y atmósferas”, para ser usados por el propio escritor, o un legado a las nuevas generaciones de escribanos, fotógrafos, cineastas, artistas plásticos. Poco que ver, pues, con la primera parte, aunque en sus páginas divisemos, de vez en cuando, la presencia de ese tahúr que se gana la vida a costa de malhechores y alimenta las aves carroñeras con cuerpos descompuestos.

Francisco Ferrer Lerín

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