lunes, 23 de mayo de 2011

EL PERRO QUE COMÍA SILENCIO

El perro que comía silencio
Isabel Mellado
Editorial Páginas de Espuma, Madrid 2011, 126 páginas.

La autora, Isabel Mellado, es una ciudadana chilena becada para estudiar con el Concertino de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Actualmente comparte su espacio vital entre Granada y otras ciudades europeas en cuyas orquestas actúa con frecuencia como violinista.. En su debut como narradora en solitario, los pentagramas, filigranas y arpegios musicales dejan su impronta en la trama de algunos de sus relatos breves y quizás también en las melodías formales, especialmente en las numerosas sinestesias que convierten su estilo en una constante armonía, no exenta, sin embargo, de solos y de solistas que nos tramiten el placer de la lengua. Porque también en prosa es dado hacer arte con las palabras.
Isabel Mellado articula su opera prima, esta antología de textos de recompensa inmediata, en tres partes:”Mi primera muerte”, “La música y el resto” y “Huesos”. Las dos primeras se nutren de prosas en las que la autora deja constancia de sus sueños, su especial relación con la realidad y las querencias de su profesión como música.
Los quince relatos de la primera secuencia están transitados por un cierto animismo: los objetos y los animales hunden sus raíces en una esencia semejante a la nuestra. Así el cuento que le sirve de rótulo al libro: el perro bautizado como Croqueta, pero al que todo el mundo llama chucho, que reflexiona sobre el significado y veracidad de los silencios humanos. No olvidemos que sus silencios preferidos son los de los huesos y los de los enamorados, que huelen a bistec y a anhelos, mientras que los de los cónyuges son turbios y estrechos. “Carne de espejo” es la historia de amor entre el protagonista y su espejo, al que trata como su alter ego, como un ser humano. A veces, más que reflejarle, se vacía en él, se hunde en su carne, lo siente, lo suplanta. En “Cuatro horas al cubo” la escritora reflexiona sobre los cambios de identidad en función de los acompañantes y de los trenes que se toman. Y es que cuatro horas al cubo dan para ser algo y su contrario, en una terapia, como si mudásemos de piel. En “Eternidad 77 x 53” nos compadecemos de una Gioconda vencida por el cansancio de tantos siglos de soledad, “Mona solita como la una”. Tan derrotada está, que ha aprendido a dormir con los ojos abiertos. Paradigma, pues esta Gioconda, de la absoluta soledad, a pesar de tantos visitantes y admiradores, algunos incluso celosos y posesivos. Destaco, por último en esta primera parte  los relatos “Me enamoré de un pez” y “Ombligo o(m)bligar”. El primero nos enfrenta con una prosa surrealista que radiografía ciertas historias de amor y de sexo: sin darte cuenta, te acuestas con alguien resbaladizo como un pez. Al final, comprendes que no queda nada, solo una historia de sábanas y de escamas. El segundo es un “divertimento”  sobre los ombligos. Lavar  el ombligo produce vértigo, ya que es como enjabonar el origen. Múltiples son sus anatomías: pentatónicos, herméticos, quijotescos, en los que, al escarbar, no solo se halla hollín, sino también viejas corcheas, minutos que se creían perdidos, lágrimas fosilizadas.
En los relatos de la segunda parte, aflora la pluma eminentemente musical de Isabel Mellado. Son todos ellos protagonizados por músicos, instrumentos o notas musicales. Un brevísimo esbozo de dos de ellos, muetra su peculiar aire de familia. En “La nota larga”, Isabel Mellado nos permite conocer al violinista que ha perdido a su esposa y toca sin parar – la nota larga -, como si pretendiese enseñarle piedad a Dios. “El concierto (La otra historia)” nos acerca a la experiencia sentida, sufrida y gozada de los músicos de una orquesta, antes y después del concierto. Sus horas previas preñadas de miedo, de rituales (“nada de café, ni de sexo, eso si, la patita del conejo en el bolsillo”). Después, el tránsito del miedo al gozo catártico, al concluir la sinfonía.
El libro se completa con una tercera parte, prescindible a mi juicio, compuesta por una constelación de frases cortas, catalogables entre el aforismo, la greguería y el haikus. Algunas ingeniosas (“El que ríe último, ríe solo”). Otras que en mi non han sido capaces de dejar la huella de ninguna emoción.
Isabel Mellado
En una valoración del conjunto de esta narrativa breve de Isabel Mellado, yo diría, ante todo, que no estamos ante relatos excesivamente narrativos. Lo más importante en la mayoría de estas prosas no es la carga diegética, el mundo ficticio que constituye la historia narrada. Tampoco la condensación. Isabel Mellado apenas acepta el reto del microcuento, del hiperbreve. Encerrar estructuras narrativas completas en muy pocas palabras. Su acento personal, con el que pretende conseguir del lector el efecto perseguido, lo esconde bajo el manto de la invención, de su hacer literario entre lo melifluo y lo melancólico y en el que las referencias musicales y los hallazgos formales (metáforas, sinestesias, comparaciones insólitas) construyen un juego poético que nos produce asombro, una lágrima o una sonrisa.
                                         

sábado, 21 de mayo de 2011

MÁS ALLÁ DE LOS HOMBRES*

Elisa y Marcela. Más allá de los hombres
Narciso de Gabriel
Prólogo de Manuel Rivas
Libros del Silencio, Barcelona 2010, 478 páginas.


Más allá de los hombres forma parte del título con el que el catedrático de la Universidad de A Coruña, Narciso de Gabriel, rotuló la que, en palabras de Manuel Rivas, constituye una de las más extraordinarias historias de amor de todos los tiempos. La historia de amor y el matrimonio entre Elisa Sánchez y Marcela Gracia, que tuvo lugar en la iglesia coruñesa de San Jorge. Fue, sin ninguna duda, el primer precedente de matrimonio homosexual en Europa del que se tiene constancia. Y no aconteció en la época actual, sino en 1901. Ellas fueron las primeras en casarse, más de cien años antes de que la ley lo permitiese, para adaptarse a la normalidad de aquellos tiempos.
Su caso dio la vuelta al mundo, a pesar de haber surgido la polémica sobre si la prensa debería informar sobre este tipo de sucesos. La más conservadora optó por el silencio, pero los grandes periódicos informaron ampliamente y rivalizaron por reproducir la fotografía de Sellier, que retrató a la pareja tras la boda. El caso se prestaba a grandes titulares: novios de contrabando, boda sáfica, matrimonio sin hombre. Incluso la misma Emilia Pardo Bazán intervino en la polémica, elogiando la personalidad de Elisa y reconociendo que nunca habría sido capaz de imaginar una novela semejante.
Marcela y Elisa en el Aljube de Oporto
La historia tiene, en efecto, apariencias de novela, pero no lo fue. Marcela y Elisa se había conocido mientras estudiaban magisterio en A Coruña. Su amistad dio paso a una relación más íntima, hasta que decidieron vivir juntas, primero en la aldea de Calo y después en Dumbría, donde Marcela ejercía como maestra superior. En el año 1901, Elisa, sin duda hermafrodita, adoptó aspecto masculino e inventó un pasado ateo en Inglaterra. El párroco de San Jorge, preocupado por la difusión del protestantismo en A Coruña, lo bautizó con el nombre de Mario y, posteriormente, casó a la pareja. La investigación de Narciso de Gabriel demuestra que el casamiento se realizó para darle padre a un niño, pues, como fruto de la vida marital en común, Marcela estaba embarazada. Descubierto el engaño, la pareja huye  a Portugal en un primer momento y posteriormente a Buenos Aires. A partir de 1904, la prensa dejó de ocuparse del caso y se le perdió la pista a la pareja.
Fue a raíz de la aprobación de los matrimonios homosexuales en España cuando Marcela y Elisa comienzan a ser reivindicadas como las grandes precursoras de las uniones matrimoniales entre lesbianas. Precursoras, no obstante, de una historia no tanto de sexo como de género. Narciso de Gabriel dio con la historia sin buscarla, y fruto de muchos años de investigación, es este libro, publicado originariamente en gallego y en español hace unos meses por Libros del Silencio, la editora barcelonesa que muestra una especial querencia por Galicia y sus letras.

* Este texto es la versión en español de una reseña que publiqué el día 21 de mayo de 2011 en el periódico El Correo Gallego de Santiago de Compostela. Para ver el original en gallego, pinchar aquí


Narciso de Gabriel ante la iglesia coruñesa de San Jorge donde tuvo lugar el matrimonio de Marcela y Elisa

martes, 17 de mayo de 2011

HISTORIAS DE SILENCIOS Y FANTASMAS

Hombres
Laurent Mauvignier
Editorial Anagrama, Barcelona 2011, 247 páginas.

La guerra colonial de Argelia (1954 -1962) fue durante mucho tiempo un asunto tabú en Francia. Un tema doloroso del que todavía hoy la gente rehúsa hablar. El trauma fue tan profundo que los sucesivos gobiernos franceses no han admitido hasta hace poco que se trató de una guerra de independencia. La literatura, con muy pocas excepciones, también se ha sumado al silencio. Una de esas contadas excepciones es Laurent Mauvignier. En todas sus novelas aparecen personajes que, directa o indirectamente, están relacionados con esa contienda colonial. Hombres es, sin embargo, la única dedicada de forma expresa y exclusiva a literaturizar ese conflicto bélico y colonial.
Y lo hace Mauvignier apoyándose en las vivencias de dos personajes principales, dos primos hermanos que, como soldados de reemplazo, son enviados a Argelia a combatir al FLN, la guerrilla independentista. Son ellos Rabut y Bernard. Ambos quedaron marcados por la crueldad y los horrores que presenciaron, cometidos por uno y otro bando. Señalados con las mismas marcas de la derrota y de las heridas del alma que laceró a los ex – combatientes norteamericanos en Vietnam  o en contiendas y aventuras bélicas más cercanas como la guerra del Golfo. El olvido forzado llegó a silenciar a los casi tres millones de jóvenes franceses que fueron enviados a la colonia a mantener el orden. Silenciados ellos y también los harkis, los argelinos musulmanes colaboracionistas y los pies negros, argelinos de origen europeo o judío, dejados a su suerte y a los horrores de la venganza tras los acuerdos de Evian que reconocían la independencia de Argelia. Al regresar a Francia, es como si Argelia no hubiese existido. Pero ellos han visto el terror en el rostro de los argelinos torturados o en los guripas, como el que encuentran degollado de madrugada con los genitales en la boca.
El acierto de Mauvinier ha sido el de haberles cedido la palabra a dos de esos antiguos combatientes, ahora sesentones, para hurgar, desde el pasado, en la “herida secreta”, como escribe Jean Genet en la cita que abre el libro.
Hombres narra veinticuatro horas en la vida de Bernard y de Rabut. Este último sobrelleva la existencia de una forma aparentemente normal. Su primo Bernard es, en cambio, un deshecho humano. Un episodio banal de tintes racistas abrirá los diques de los recuerdos. Recuerdos de la niñez y de la adolescencia. Y de pronto camino de Argelia, vestidos de soldados. Ya no serán más que el número de la chapa que cuelga de sus cuellos. Ahuyentan el miedo pensando en Verdún  y en que en Argelia hay burdeles. Se les ha inculcado que están en la colonia por algo que tiene que ver con un ideal, por un proyecto de civilización. Pero lo que allí encuentran es el horror, la más inhumana crueldad cometida por ambos bandos. Y remolinos de miedo a todas horas que Mauvignier metaforiza elocuentemente mediante la sed constante, el silencio y la soledad (“No está solo, están solos todos juntos”, página 111).
El título que rotula la novela, hace justicia a la idea central que sirve de hilo conductor del relato: son hombres los que matan y descuartizan al médico francés. Son hombres los que han visto el horror en el rostro de los argelinos torturados, arrojados al mar con una mole de cemento fraguado entre sus pies. Todo lo que en Argelia ocurrió lo hicieron hombres, hombres sin piedad que mataron a hachazos, abrieron el vientre  de las mujeres o degollaron con la “sonrisa cabilia”.
Laurent Mauvignier
Mauvignier entrelaza presente y pasado para explicar el hoy en función de lo acontecido antaño. Noveliza de forma muy verosímil este drama humano que marcó determinantemente  la historia de Francia en la segunda mitad del siglo XX. No rehúye los momentos de extrema crueldad y violencia, el naufragio moral, relatados sin embargo como en un esbozo, de forma oblicua. Y puesto que Argelia es un drama del que nunca se habla, el escritor echa mano del monólogo interior, en el que participa una polifonía de voces, entre las que sobresale la de Rabut, para reflejar de una forma intimista, fragmentada y con el ritornelo de múltiples repeticiones, la tortura, la humillación, el miedo que hiela la sangre de unos personajes que jamás encuentran la paz, porque el pasado despliega sus tentáculos hasta el presente y ya es demasiado tarde para comenzar a vivir. Sin embargo, la lectura de este libro “sobre la guerra que prosigue después de la guerra” no resulta ser una plácida diversión, porque el discurso salta de un personaje a otro, de un tiempo a otro, sin ningún aviso, especialmente  en las cien primeras páginas de la novela. Y sobre todo porque Laurent Mauvignier ha huido de la novela bélica al uso, evitando los personajes tópicos, para centrarse en las repercusiones psicológicas y emocionales que supuso aquel delirante derroche de horrores, ejecutados por hombres.

sábado, 14 de mayo de 2011

NARRATIVA POSTNOCILLA

Exhumación
Luna Miguel  y Antonio J. Rodríguez
Ediciones Alpha Decay, Barcelona 2010, 55 páginas.

   Son ellos Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez. Nacida ella en 1990. Estudiante de periodismo y comunicación social, pero, desde los once años, con un impresionante curriculum a sus espaldas en el mundo de las letras y de la comunicación. Sus poemas se hallan traducidos a  varios idiomas y ejerce de columnista del diario Público. Él alcanzó la mayoría de edad tres años antes. También estudia periodismo y literatura. Crítico literario en Quimera y periodista cultural en varios medios impresos y digitales. Pertenecen, como otros/as muchos/as a la llamada generación postnocilla. Son precoces, el mundo juvenil bulle en sus cuerpos, sobre todo en sus cerebros. Escriben con la crema de cacao endulzando sus paladares y manchando sus manos. Y lo hacen en un tono entre gamberro y transcendente, con la osadía del que se considera artista adolescente, irresponsables, descarados, captadores de lo inmediato, inmersos en la ciencia de la blogoadolescencia. Y han escrito un libro: Exhumación. Alguien ha afirmado sobre este primer hijo que ha parido su filosofía juvenil, que es la prescuela de algo que promete, que marcará las tendencias de lo que será la literatura dentro de diez o de quince años. El futuro dirá si el funicular que conducen estos postadolescentes, será capaz de subir la montaña.
   Exhumación es un librito de poco más de cincuenta páginas que halla acomodo en la colección Apha Mini, del que un lector que no se halle inmerso en los ritmos y maquinarias de estos juegos, modas y poses juveniles, entenderá más bien poco. Las heroínas de carne y hueso son dos chicas Djuna y Amanda. Mas el gran protagonista es su lenguaje, el lenguaje que se manifiesta en múltiples registros: tonos líricos, otros burlescos y paródicos y alguno que remeda la crítica literaria. Y todos anclados en la transgresión y en la catarsis.
   La trama argumental gira sobre la historia de esa pareja formada por esas dos chicas, Amanda y Djuna. Ambas deciden alejarse no solo de los prejuicios, sino sobre todo del círculo existencial en el que no cesan de aburrirse. Para ello, dejan que afuera sigan colisionando los mundos, mientras ellas exploran los submundos de las discotecas en las que pululan personajes hijos del aluvión, que parecen haber escapado de películas subrrealistas. En ese ambiente noctámbulo, sueltan sermones contra lo divino y lo humano. Contra sus congéneres, empezando por los tíos elegantes con un fan a la altura del lóbulo de su oreja, contra las tías diseñadas en función de los parámetros de Voge International, contra los modernos que miran mal a otros modernos porque les superan en modernidad, contra los technopunks que te aprisionan, contra las lindas gatitas que reparten caramelos a las japonesitas  manga…Y entre los reproches, la atracción amorosa  de Djuna hacia Amanda, cuyo parangón es una diosa griega que huye del sexo masculino, pero no de la calma que le proporciona una sexualidad no conflictiva.
   En definitiva, un experimento fruto de la osadía de dos postadolescentes  con un gran caché en el mundo literario digital, que explora las formas de sacralizar lo anecdótico e insubstancial con el arma del lenguaje. A caballo entre el caos y el happy end. Tejidas sus cortas páginas con frases contrapunteadas, neologismos atrevidos, anglicismos que testimonian la colonización, y le dan al texto el tono castizo propio de una generación que ha medrado entre los espacios discotequeros. Con su segunda casa en los blogs  y alimentada, no con la nocilla de los supermercados, sino con la crema de Internet y el sabor de la música “entre lo electro – étnico y lo pagano”. Mas, aunque ellos adelanten la literatura de la nueva generación, cosa que está por ver, esta resistirá. Peores  desiertos y noches de piedra ha superado en su devenir.
Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez

lunes, 9 de mayo de 2011

AUTOPSIA DE UNA LANGOSTA, HISTORIAS VISCERALES


Autopsia de una langosta
Helena Torres Sbarbati
Editorial Melusina, Barcelona 2010, 158 páginas.


   Ni el título, ni las ilustraciones de la portada y de la solapa, ni mucho menos esa frase promocional (“La mejor saga vampírica a la que le he echado el diente: la más audaz, sexy y sangrienta”) que Hernán Migoya  ha regalado a la casa editora – escrita posiblemente  sin haber leído el texto, como en alguna otra ocasión -,  le hacen justicia a este debut en la narrativa de Helena Torres Sbarbati, alias como bloguera “La Zorra Suprema”. La autora, desde el Cono Sur latinoamericano, recaló hace años en Barcelona y en la ciudad condal decidió publicar su primera novela. Es verdad que en el texto de la misma sobreabundan cagadas, meadas, menstruaciones, eyaculaciones y toda clase de flatulencias y secreciones. Un curioso punto de partida para una propuesta narrativa humanista, basada en la asunción de la animalidad humana. Pero es indudable que esta propuesta de Helena Torres, por muchas rarezas que encierre, entre las que la autora se siente como pez en el agua, porque “habita con orgullo la diferencia”, es mucho más que eso.
   Por de pronto, y desde una perspectiva estructural, el intento de encajar dos novelas en un solo texto: el acontecer cotidiano de una mujer a la que le complace identificarse con el sonambulismo, alter ego seguramente de la propia autora, que decide escribir una novela de amor romántico, entrelazada con las reflexiones, certezas, incertezas y recuerdos de carácter claramente autobiográfico.
   La novela, o su engendro enmascarado, se organiza en cuatro capítulos que se corresponden con las cuatro estaciones del año, y gira en torno a una relación de sexo y chute entre la protagonista y el hijo del hombre inválido al que ella cuida. En un periplo por la vida nocturna, por los ambientes más sórdidos de Barcelona, poblados por bolleras, macarras, hippies, rockeros y ángeles perdidos. Una vida asfixiante, un desamor autodestructivo, con el retrovirus al acecho, y que termina como el lector puede suponer: el chico en la cárcel condenado a la muerte más triste, la de la soledad del alma.
   Mas lo que realmente hace de este libro una rareza interesante, es la catarata de reflexiones, arrancadas del alma y sin ningún tipo de disfraz, por la aprendiza de escritora. Son sus historias viscerales, mucho más potentes que cualquier ensayo teórico, que nos gritan la verdad, o una parte importante de la misma, sobre el mundo femenino, sus sensibilidades, sus pasiones, sus aflicciones. Con la recuperación de su experiencia existencial, Helena Torres nos transmite, por ejemplo, que el porno está instalado en la mirada. Sus posibilidades y miserias se esconden tras el deseo. Que la prostitución es un acto de “empoderamiento”, como dirían las feministas latinoamericanas, que le permite a la mujer negociar con el macho, y desde una posición de poder, el precio de su placer, para acabar así con siglos de jerarquización, humillación y maltrato machista. Que tampoco es preciso fundamentarse en el mito o en la tradición del violador para tener sexo salvaje con una mujer. Ese tipo de masculinidad machista es tan perniciosa para ellas como para ellos. Precisamente gracias al desprecio de ese tipo de hombres, aprendió la protagonista que es mucho más útil ser zorra que gacela.

Helena Torres Sbarbati

   En mi opinión la parte más interesante de la narración es aquella que se asienta en las páginas finales, cuando la protagonista rememora su vida “entrerriana” en Uruguay, Buenos Aires y Paraná. Su huida de una realidad, la Argentina de la dictadura, que la oprime. Su experiencia del desarraigo, dada su condición de extranjera, hasta que halla un ansiado hogar en La Floresta, detrás del Tibidabo. La recuperación  emotiva de sus raíces a través de la figura de Doña Reme, la anciana cargada de experiencia y de sabiduría, que acompañó su infancia.
   Helena Torres Sbarbati pude presumir de agudeza y verosimilitud a la hora de recrear ese gran escenario de la Barcelona sórdida, preñada de personajes incalificables, habitantes, como las langostas de los fondos más turbios. No es preciso compartir ni dejarse atrapar por las ideas que marcan el norte de la narración. Basta con reconocer que la autora ha elegido, sin tapujo alguno, la vocación de la libertad y la desarrolla jugando con autobiografía y con la ficción. Nadie nos exige que disfrutemos con sus historias viscerales ni que comulguemos con sus artefactos ideológicos.

jueves, 5 de mayo de 2011

ITINERARIO DESDE LOS DELIRIOS DEL INCESTO

Pasado compuesto
François – Marie Banier
Posfacio de Louis Aragon
Traducción de Luis Blat
Editorial Libros del Silencio, Barcelona 2010, 149 páxinas.

  
  Con la edición en español de Le passé composé por Libros del Silencio se confirma la querencia de algunas casas editoriales a recurrir a textos narrativos de una cierta antigüedad, pero que, a pesar de los años transcurridos, siguen conservando las esencias y el marchamo de una indudable y apasionada actualidad. Porque, a pesar de los cuarenta transcurridos, Pasado compuesto no es una novela que ni en el fondo ni en la forma sabe a viejo. Su argumento explora temas universales e intemporales, los mismos que hace milenios desarrolló la tragedia griega: la pasión incestuosa y el laberinto de delirios y tormentas que de ella se desprenden.
   El autor de Pasado compuesto, François – Marie Banier es actualmente un reputado narrador, dramaturgo y fotógrafo conocido en todo el mundo. Fue en su día actor secundario y fetiche del cineasta Erich Rhomer. A una de sus películas corresponde la ilustración de la portada.
   François – Marie Banier escribió esta su segunda incursión en la narrativa en 1971, con tan solo veinte y tres años. Y lo hizo con tal destreza que ciertamente el lector estará de acuerdo con que la novela le hace justicia a la valoración de Louis Aragon: “Cuenta historias como nadie y será algún día, si escribe como habla, el pintor más cruel y más alegre de su tiempo” (Posfacio, página 139).

François - Marie Banier

   Pasado compuesto tematiza la historia de una pasión incestuosa entre dos hermanos y la obsesión llevada hasta el extremo que generan sus cenizas. Ni “la voz de la sangre” ni el “horror fisiológico” ni la “repugnancia psicológica” fueron capaz de reducir, como explicaría Lévi – Strauss, la excitabilidad erótica de dos hermanos que habían crecido a la par: Cécile y Olivier. Ella, todo cabeza; él, sentimientos. En un mes de junio viajan a la Bretaña francesa y allí ella lo seduce, sin escrúpulos, con gracia y delicadeza. Acompañados únicamente por el mar. El referente masculino, devorado por el amor de la hermana.  Mas pronto se precipita el drama: el incesto y el miedo a perder el amor de Cécile empujan a Olivier al suicidio. Se dejará engullir por las olas del mar hundiendo a la hermana en una completa alienación. Pronto, sin embargo, aparece François, un joven guapo, astuto y sagaz y Cécile recrea en él la figura del hermano. A partir de aquí la fría omnisciencia del narrador conduce al lector a través de una huida hacia delante de la protagonista femenina que no deja de acumular ruinas. Atada al engranaje del pasado, la relación entre ambos es una condena anunciada a la indiferencia, al desarraigo amoroso, al desquicio mental. Es el círculo infernal del que jamás podrá escapar. Al final, el golpe de gong de la paranoia.
   François – Marie Banier supo diseccionar con inusitada maestría los eslabones de esta tragedia. Y lo hizo con un estilo minimalista. Frases cortas, concisas, punzantes; escasez de personajes que deambulan por el universo cerrado de una burguesía en descomposición, que el autor retrata con gran riqueza de matices psicológicos. Una estructura lineal en la que un narrador omnisciente  maneja con astucia las fichas de un juego convertido en drama y cuya tensión, pese a intuirse el desenlace desde el inicio, medra página tras página. Esta es la frescura de un texto que, cuarenta años más tarde, sigue teniendo ese sabor incomparable de un licor que ya no se fabrica, como escribió Louis Aragon.
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viernes, 29 de abril de 2011

QUERIDA CATÁSTROFE, NO A LOS NÚMEROS PRIMOS

Querida Catástrofe
Teresa Moure
Traducción: Eva Carrión
Pulp Books, Cangas do Morrazo ( Pontevedra) 2011, 229 páginas.

   Un nuevo sello editorial, y sobre todo si surge en tiempos de crisis, es indudablemente una novedad reseñable. Y si la nueva marca aparece con el propósito que revelan sus dos primeros títulos así como la programación para los próximos meses, la buena noticia se convierte además en una excelente oportunidad para que los escritores gallegos superen la invisibilidad allende las fronteras idiomáticas que marca nuestra lengua. Con esa intención parece que echa a andar Pulp Books, un sello de Rinoceronte Editora, radicada en Cangas do Morrazo (Pontevedra), que debuta con dos novelas traducidas del gallego al español: Dime algo sucio de Diego Ameixeiras y Querida Catástrofe de Teresa Moure. Dos narradores con reconocidos éxitos dentro de la narrativa gallega más reciente.
   El comentario se centra hoy en la novela de Teresa Moure porque, con sus defectos y bondades, mantiene un cierto aire de familia con la teoría sobre la plasticidad de los sexos de Beatriz Preciado, reseñada en la anterior entrada de este blog. Teresa Moure cita en el frontispicio de su novela a Judith Butler, una de las conceptualizadotas de la teoría queer a la que uno/a de los protagonistas de Querida Catátrofe se refiere en la página 202. Teresa Moure es un/una de los/as autores/as más premiadas y con mayor proyección mediática, desde que el año 2004 el Premio Lueiro Rey la descubrió y proyectó en la palestra literaria gallega. Pero consideraciones paraliterarias al margen, es preciso decir que Querida Catástrofe es una novela buena pero no de fácil lectura. Un buen relato para iniciados en el pensamiento y en las teorías más subversivas sobre identidades sexuales. Y para aquellos lectores que sean capaces de prestarle atención a los detalles que llenan el texto y el paratexto. Un paratexto que excluye, por ejemplo, los números primos en la numeración de los capítulos, porque la vida es un curso escolar, preñado de oportunidades alternativas y no como un número primo indiscernible y solo divisible por si mismo y por la unidad (página 157). La autora se dirige sobre todo a un lector capaz de vivir una vida plena de emociones, que decide emplear su libertad para subvertir los patrones convencionales y explorar los sentimientos. Un relato que sutura  literatura y filosofía y cuya tesis central, expuesta por la voz narradora en las últimas páginas, viene a afirmar que todos tenemos una parte femenina y otra masculina, que las identidades son cambiantes y que, a veces, es suficiente una mínima incidencia para hacer aflorar aquello que se esconde.
   Teresa Moure mantiene esta tesis relatándonos la siguiente trama. En una pareja constituida por Adam (sic) y por Eva, la relación comienza a ir manifiestamente mal a raíz de la visita  del primero a la consulta de un dermatólogo que le diagnostica psoriasis y le aconseja que tome el sol. Un excelente motivo para separarse, ya que ella, Eva, es una enferma de lupus y debe abstenerse de ir  a la playa. Los dos, pues, con enfermedades de piel que suelen somatizar lo que ocurre en el interior de las personas, en este caso, el hielo en el que se estaba convirtiendo su relación. El diagnóstico médico no provoca en ninguno de los dos, y sobre todo en Adam, angustia, sino entusiasmo y deseos de recuperar el tiempo perdido y, en el caso del hombre, su verdadera identidad sexual. El lector puede hallar el punto neurálgico de la novela hacia la mitad del texto, cuando Adam se pone súbitamente a llorar y se ve a si mismo como lo que era desde el principio: “una mujer desnuda y sola” (página 109).
Teresa Moure (Foto: Rafael Estévez)
   Teresa Moure suele escribir textos narrativos de una manera distinta a como se  estila en el sistema literario gallego. Eso motiva que sus libros generen defensores y detractores. Sin pretensiones de una engañosa neutralidad, este comentarista halla en el relato defectos, excesos y no pocas bondades. En el debe de la novela es preciso registrar un verdadero torrente de palabras, sinónimos y expresiones que repiten lo mismo. Así mismo, un desmedido protagonismo de la voz narradora que pretende ser la voz profunda que decide en los momentos cruciales. También, en mi opinión, la excesiva comparación de la conducta de los personajes con el comportamiento de los seres del mundo animal, que aparecen incluso en los sueños, cuando la idea central de la novela es que no somos naturaleza. La actualidad del contenido y la modernidad de la arquitectura que lo convierten en novela, son, desde mi punto de vista, las grandes virtudes de esta novela. Lo más llamativo de este texto reside precisamente en su forma: una estructura fragmentaria que amalgama materiales diversos (trozos de diarios, historias de bichos, cuentos populares…) y puntos de vista variados. Una estructura arborescente, aunque reducida aquí a tres ramas, que nos recuerda la profecía borgiana: los demiurgos y los dioses optarán por lo infinito, infinitas historias, infinitamente ramificadas.