martes, 7 de julio de 2020

EL SUICIDIO COMO FORMA DE REDENCIÓN


Filosofía de la redención (Antología)
Philipp Mainländer
Traducción e Introducción de Manuel Pérez Cornejo
Prólogo de Carlos Javier González Serrano
Alianza Editorial, Madrid,2020, 443 páginas.

    


  

Este libro de Philipp Mainländer (1841-1876) no está indicado para todos los potenciales lectores. Ni la soberbia introducción de Manuel Pérez Cornejo, ni el prólogo ilustrado de Carlos Javier González Serrano, ni el Apéndice biográfico,  tomado de la “autobiografía manuscrita” que Fritz Sommerland publicó en 1898, facilitan la lectura a aquellas personas no iniciadas en el pensamiento de un filósofo intempestivo que rompió con los gallardetes de la Ilustración. En la senda de Schopenhauer, Mainländer ejerció una gran influencia sobre Nietzsche, que le dio un giro a su filosofía después de leer y estudiar este libro (Philosophie der Erlösung). Y posteriormente sobre Hartmann, Cioran, Freud, Thoman Man o sobre el escritor y filósofo sefardí Alberto Caracao. Enfrentado con su familia que le destinaba a ejercer en la profesión de los negocios, en contra de sus vivencias, terminó en la más tenebrosa existencia y suicidándose, con apenas treinta y cinco años.
   Mainländer halla en la idea de Dios una forma a través de la cual expresar su desgarro vital. Sin embargo para el poeta y pensador, el mayor éxito que podemos obtener es la Nada absoluta. Y esta idea la expresa no solo en sus textos más filosóficos, sino también en la poesía, porque Mainländer cultivo también esta faceta literaria. Precisamente cuando escribe poesía se refiere a la miseria que no tiene fin: un desesperado y lastimoso regreso, una vuelta a casa imposible, a la casa del Ser, puesto que, si algo nos espera es la Nada.
   El pesimismo de Mainländer no es más que el resultado de su fundamental convicción: somos el saldo arrojado por el suicidio de Dios, que, a pesar incluso de su omnipotencia, logró soportar al puro Ser. Un Dios que se vio forzado a comenzar a morir para poder comenzar a vivir. Por eso, con la aparición de Dios, se inaugura el “imperio del no ser”, que nos afecta a nosotros ontológicamente. Nos encontramos heridos por la doble cara del no ser, debido a nuestra conciencia cierta de la muerte.
   En esta edición, Alianza Editorial, recoge una Antología de la obra filosófica fundamental de Mainländer (Filosofía de la redención). En cuyo prólogo original, obra del mismo pensador y poeta, aparece este rótulo: “Y la filosofía de la redención, un ateísmo científico”. Idea que justifica repasando el desarrollo del espíritu humano que personificó las fuerzas de la naturaleza mediante dioses. Luego agrupo a estos dioses en un único Dios, y más tarde de él haría una esencia que se hizo crítica e hizo trizas de cada trama, a la vez que entronizó al individuo real, hecho básico de la experiencia interna y externa. Por eso la filosofía fundamenta el ateísmo, no en ningún tipo de creencia, sino sobre el  saber. Debido a todo ello, concluye Mainländer, el ateísmo queda fundamentado científicamente.
   Es interesante la descripción del pensamiento de Mainländer que hace Borges: “… pienso en aquel trágico Philipp Batz (nombre real del pensador)…imaginó que somos fragmentos de un Dios, que en el principio de los tiempos se destruyó ávido de no ser. La historia universal es la oscura agonía de esos fragmentos”. La conclusión es obvia: la no existencia es preferible a la existencia, lo que consecuentemente abocó a Mainländer a su propio aniquilamiento como forma de redención. La búsqueda de la autodestrucción y la negativa a perpetuarse son por consiguiente enteramente coherentes con el pensamiento de Mainländer.
    
 
                                            
Philipp Mainländer
   
   Tal forma de pensar le indujo  a iniciar su propia búsqueda del sentido del mundo. Y la conclusión a la que llegó, solamente tenía dos  salidas: la renuncia a ser libre o el suicidio. Y ambas con la misma finalidad: el cese del deseo. Él optará por la segunda, y nada más finalizar su Filosofía de la redención, se liberará de sí mismo, poniendo fin a su vida.
   El inexorable paso del tiempo condenó esta obra al olvido.  Filosofía de la redención es sin duda un libro oscuro, críptico, un mar de fondo de pesimismo, pero, aunque podamos discrepar de sus ideas, el libro, sobre todo en su conjunto, es una joya, como señala Manuel Pérez Cornejo. El legado de Mainländer es un ejercicio supremo de reflexión y escritura. La Antología que editó, y ahora reedita Alianza Editorial, es una interesante cosmovisión, de la que podemos discrepar, en la que el ser humano, en el fondo de su esencia, se define por la voluntad de morir, como forma de liberarse del suplicio de la existencia. Libro pues peculiar pero valioso que demanda un ejercicio de pensamiento.

Francisco Martínez Bouzas

viernes, 3 de julio de 2020

PERIODISTA DE NECROLOGÍAS DE VIVOS



Las enviadas del final
Eduardo Álvarez Tuñón
Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2019, 285 páginas.

   


    

   El autor de  Las enviadas del final, Eduardo Álvarez Tuñón (Buenos Aires, 1957) es narrador, poeta, ensayista y profesionalmente ejerció como destacado jurista. La novela que comento, está editada por Libros del Zorzal en Buenos Aires aunque impresa en España y con depósito legal de Madrid.
   Como autor de relatos, Guillermo Cabrera Infante considera a Eduardo Álvarez Tuñón poseedor de una ironía poética, y sus piezas -añade- están escritas en castellano con signos de puntuación. Y alejadas de la narrativa postmoderna. Son, al contrario minúsculos gestos de vida, “fotografías” con un deje de nostalgia, y con protagonistas a los que el autor describe sobre todo a través de sus formas  de actuar. E. Álvarez Tuñón, aunque sin el renombre de otros autores, es uno de los grandes narradores de la literatura argentina, con una incuestionable cadencia poética y emocional, buenas dosis de humor que le permiten descubrir la melodía de cada texto, aprisionar en su escritura  y reflejar en sus textos casi siempre lo inverosímil, si bien sus bases, o casi todas ellas, son historias reales, con un  “colaradura de literatura” en palabras del autor, que reconoce que, como autor, no puede competir con Dios.
   Por eso selecciona historias que se acerquen a lo inverosímil, pero, en su estructuración, toma como base la arquitectura clásica del relato. Sus historias tienen principio y fin y se hallan plenamente alejadas de la narrativa caótica. Por esa razón él mismo se considera un narrador puro. Un narrador fiel a las normas de esa literatura que le concede más importancia a los hechos que a lo que pueda percibirse de forma subjetiva. Su propósito pues es contagiar al lector de la misma pasión que le fuerza a él a narrar esa historia.
   En  Las enviadas del final y en algunos de sus cuentos parce predominar un propósito: hacer visible, mediante personajes, la dialéctica vejez y juventud. En la novela presenciamos el debut, o los primeros encargos, a un joven periodista que recibe de su director la misión de preparar, con suficiente antelación, necrologías de personajes famosas con anterioridad a su muerte. Un trabajo similar al dele embalsamador que inicia su trabajo antes de que deje de latir el corazón. Pero le impone el deber de escribir esos relatos necrológicos tras haberse entrevistado con el protagonista al que supone merodea la muerte.
   Entrevista así a un famoso violinista y a un artista plástico: un pintor que siente que ya no está para grandes obras, proyector y desafíos estéticos y existenciales. En ambas entrevistas irrumpen dos adolescentes (posiblemente es la misma aunque con distinto nombre) que sin duda encierran el misterio de lo que queda y de lo que debemos abandonar antes de partir. La primera joven  toma clases de violín, no con la finalidad de aprender, sino para que el músico famoso contemple, ante la proximidad del abismo, la belleza de una forma que ningún sonido puede retener. Al penetrar en sus vidas los dos personajes que han alcanzado la fama, se ven en la tesitura de revisar sus propias concepciones del arte y del mundo.
   Tras ensayar varias hipótesis sobre si las dos jóvenes son la misma persona, y descartada con los dos personajes famosos cualquier relación afectiva, tanto de temática erótica como de amor platónico, el joven periodista llega a la conclusión de que esas chicas son enviadas del más allá para darle a la vida y al arte un sentido que nunca tendría sin ellas y que solamente puede apreciarse si la existencia humana tiene un término. Así, por ejemplo, la joven que toma clases de violín, no lo hace con la finalidad de aprender, sino para que una música contemplara, frente al abismo, la belleza  de una forma, incapaz de ser retenida por ningún sonido.
    
                                                 
Eduardo Álvarez Tuñón
 
La contemplación de un extremo de la vida (la vejez) desde el otro (la adolescencia-juventud) es sin duda el tema de fondo de esta novela. Otras ideas que la obra maneja, es la belleza representada por las adolescentes hasta el punto de que el periodista concluye que son enviadas del más allá (“las enviadas del final”), para hacerles presentes a los entrevistados los últimos resquicios de la vida que huye.
   Novela profunda en su temática, trabajosa en ciertas ocasiones, como es ardua la distancia entre la adolescencia y la vejez, y el vértigo de la existencia del artista que el autor resuelve sin concesiones, basándose sobre todo en la perfecta escritura de cada escena.

Francisco Martínez Bouzas

miércoles, 1 de julio de 2020

REALISMO MÁGICO Y LITERATURA DEL ABSURDO


Breve crónica de una paulatina desaparición

Juliana Kálnay

Acantilado, Barcelona  2020, 209 páginas.



    

   

   Esta novela escrita en alemán por Juliana Kálnay, que creció y  se hizo escritora entre Colonia y Málaga, y con la que debuta y ella misma traduce al español, subvierte la preceptiva canónica  de la novela (inicio, nudo y desenlace), rompe con cualquier linealidad a la hora de narrar, emplea diferentes formas expresivas, mezcla las voces narrativas (primera y tercera persona), funde diálogos, de naturaleza poco menos que teatral, con microcuentos. Un ejercicio narrativo no fácil de asimilar por el lector que además no halla orden en el argumento. Sin embargo, Breve crónica de una paulatina desaparición fue y es una pieza narrativa galardonada con distintos premios, sin duda porque la autora fue capaz de suturar un cierto realismo mágico con la literatura del absurdo. En este imaginario tan peculiar y al mismo tiempo  atractivo y complejo, deberá moverse el lector del debut narrativo  de una joven escritora, Juliana Kálnay (Hamburgo, 1988).

   El título de la novela, especialmente las palabras “paulatina desaparición” puede hacernos pensar que nos encontramos ante una pieza de enigmas e intriga. No obstante los rasgos que definen la novela de Juliana Kálnay, son otros: en primer lugar el manejo de ciertas situaciones absurdas y su capacidad para desconcertarnos por lo insólito de las mismas; un cierto realismo mágico centralizado en torno al edificio 29, habitado por unos vecinos sumamente peculiares, con una vidas insólitas en muchos aspectos, porque la autora ha dado prioridad a la faceta expresiva de la novela por encima de otros intereses. Así pues, un libro raro y posiblemente poco comercial, y que quizás cueste entender en toda su plenitud.

   Hago mía la sinopsis de la contraportada como adecuado resumen de la trama de la novela: “El edificio de vecinos del número 29 es un microcosmos en el que casi cualquier cosas insólita puede ocurrir. En él conviven la primera vecina, Rita, siempre presente y vigilante, y tan vieja como el propio edificio; Maia, la niña a la que le gusta cavar hoyos en el suelo para esconderse; Lina y su marido Don, que sufre una extraña metamorfosis; Tom, que vive inadvertidamente en el ascensor; los insomnes crónicos, siempre alerta, suerte de ejército de Rita; y otros muchos personajes sorprendentes pero profundamente humanos…”

   Hay más personajes insólitos en sus comportamientos, pero pienso que con la precedente relación es suficiente para darnos cuenta de la especial fauna que habita el edificio 29, con múltiples situaciones rayanas con el absurdo o el surrealismo que son los que verdaderamente le aportan un plus a la lectura, ya que, detrás de la historia de cada vecino se esconden situaciones insólitas, atractivas, divertidas, pero todas ellas teñidas de realismo mágico, y a veces bastante reales.

   De todos modos, la novela es un experimento no apto para todos los paladares, especialmente para aquellos lectores que se sienten satisfechos con la forma de novelas de siempre, con una narrativa lineal, y esta es una novela experimental que sí será del agrado de aquellos lectores que se sienten en una zona de beneplácito e incluso de comodidad con la narrativa posmoderna . A pesar de los muchos escépticos, no debemos olvidar que la novela es el reino de la libertad de contenido y de forma, y por su naturaleza es proteica y abierta.

   Por otra parte, en la novela hay no pocos aspectos  que funcionan perfectamente, incluso como secuencias-retratos independientes. Los personajes, en sus rarezas y manías, están bien perfilados. Las secuencias fantástico-surrealistas  no solo divierten al lector, sino que pueden ser interpretadas alegóricamente (por ejemplo la metamorfosis del hombre que se convirtió en árbol.) La autora juega con imágenes que casi siempre impresionan por su rotundidad metafórica y carga imaginativa.  

   

                                            
Juliana Kálnay

 Todo ello y otros rasgos que cada lector puede hallar en Breve crónica de una paulatina desaparición deben desparecer ante aquellos lectores dispuestos a aceptar nuevas formas de narrar, la obscuridad y la peculiaridad de la novela.

   Una novela, en definitiva,  que requiere esfuerzo mental, que posiblemente nos cueste entender del todo, pero que no por ello es una novela rechazable ni absolutamente negativa, siempre, reitero, que la leamos con la mente abierta a los elementos mágicos y a las situaciones absurdas que tienen capacidad para desconcertarnos, precisamente porque la autora, en mi opinión,  las trata con solvencia, a pesar de que puedan desconcertarnos en algún momento y nos cueste entender sus dobles sentidos.



Francisco Martínez Bouzas

jueves, 25 de junio de 2020

POR LOS MARES DEL ATLÁNTICO NORTE


Las aventuras del capitán Duchesnoy
Xavier Queipo
Editorial Ézaro, Madrid, 2008, 244 páginas.

   


   Fue en su día un libro largamente aguardado y esperado, sobre todo en la narrativa gallega, debido en parte a la ausencia de de ficciones relativas al mar en un país de 1490 kilómetros de costa. Pero tampoco en español la literatura ha sido pródiga con piezas en las que el mar no solo es un espacio, más bien decorativo, sino el principal o uno de los primordiales protagonistas. Por eso revisito con placer la novela que, con el título O paso do noroeste publicó Xavier Queipo en 1996, traducido al castellano con el título Las aventuras del capitán Duchesnoy. Una historia de aventuras que es también la de la descomposición de una personalidad y de una época absolutista, a la que seguiría de inmediato la Revolución francesa. Una novela además que ha sido reconocida por la crítica como la mejor novela de tema marino escrita en gallego, al menos hasta la navegación alucinada  de Extramunde, también del mismo autor Advierto sin embargo que Las aventuras del capitán Duchesnoy es un relato de aventuras marinas, pero muy alejadas de las costas y mares gallegos.
   Pero un libro que, en correlación con el prólogo de Joseph Conrad a la novela The Niger of Narcisus, apela a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración, para la reflexión:  a nuestra intuición del misterio que rodea la vida cuando esta parece que va a sufrir los efectos de la derrota física y moral.
   Xavier Queipo, partiendo del artificio del manuscrito hallado bajo una losa de la fortaleza de Mont Saint-Michel, articula  con dominio del oficio, verosimilitud, alineándose con esa atmósfera mágica que se produce en su producción literaria anterior, y narra o “compila” la tentativa de la fragata de La Royale L´ Épée, al mando del capitán Jean Christophe de Simonet, barón de Duchesnoy, de fraccionar los hielos árticos, y hallar una ruta - el paso del Noroeste-, buscando por el norte el camino de las Indias, de Japón y de China.
   En el periplo marítimo por los mares del Atlántico Norte fluye de forma abundante la aventura. Con noches de calmazo, de rugir del viento, con nieblas ubicuas, mares grises y revueltos, superficies brumosas, descomunales monstruos  marinos, encuentros con civilizaciones  desconocidas. Y sobre todo con ese mar intemporal y fantasmagórico y la inmensa llanura de la banquisa, las peligrosas capas de hielo flotante, que está presente en toda la narración y aferra a hombres y navíos, obligándoles a navegar entre los miedos y las incertidumbres.
   Y como en muchos otros libros de aventuras, también ese transcurrir sutil, un trasfondo inequívoco, que podemos leer en clave alegórica, que se ceba sobre todo con la vida de un hombre, el capitán Duchesnoy, que, con pasión y empeño inquebrantable, acepta el desafío: construirse a sí mismo y  buscar el sentido y la realización de la propia existencia en su relación con el mundo de su tiempo, en vísperas de una radical transformación. Mas, a medida de que sus hombres van siendo arrebatados por las olas y arrecia el frío y la blancura silenciosa del mar, Duchesnoy experimenta el crecimiento, como bola de nieve, de la sensación de atemporalidad, desaliento, congelación, predestinación y tragedia.
   

                                              
Xavier Queipo


 En el desenlace, sobre el rostro interior del marino francés las marcas de la derrota ética, derivadas de un doble naufragio: el del navío y el del propio yo minado por el derrumbamiento de ilusiones, proyecto y valores, en la antesala de un tiempo en crisis: el de la Revolución de 1789.
   Un buen relato de aventuras, tanto las que se producen en el mar impenetrable, como en las insondables profundidades interiores de un hombre que finalmente toma consciencia de su derrota y de la desintegración de su identidad.  Xavier Queipo hace presente, sin distorsiones y largar cavilaciones que desviarían la atención del lector, un intento de reflexión sobre el ser  humano y el lugar que le corresponde ocupar en el mundo. Sobre la realidad natural y sus contrastes, sobre la ética y el sentimiento de construcción y dominio de la propia personalidad; sobre eses mundos que la voluntad siempre ha estado tentada de vivirlos, antes incluso de ser capaz de explicarlos.

Francisco Martínez Bouzas