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miércoles, 31 de agosto de 2011

EL AGUJERO DE HELMAND: DEMENCIA BÉLICA EN UN TIEMPO CIRCULAR

El agujero de Helmand
Carlos Fidalgo
Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2011, 98 páginas.


El periodista Carlos Fidalgo (Bembibre, León, 1973) debuta en la narrativa de formato largo con esta novela breve, El agujero de Helmand, con la que se hizo acreedor del V Premio Tristana de Novela Fantástica que, con periodicidad bienal, convoca el Ayuntamiento de Santander. Para conocimiento de los lectores/escritores que en este mundo virtual sin fronteras puedan leer este comentario, una breve información sobre el Premio Tristana. Fue creado en el año 2002, especializándose en el 2004 en literatura fantástica y alcanzando entonces un ámbito internacional. A nivel de dotación económica (9.000 euros) es el segundo más importante en España dentro de su especialización. Menoscuarto Ediciones, una editora independiente y con gran prestigio dentro del género breve, publica la obra galardonada.
El agujero de Helmand es en efecto una obra de literatura fantástica, no una novela de fantasía, ambientada en la Guerra de Afganistán, que los americanos desencadenaron tras los atentados del 11 de septiembre. El ejército americano instala un regimiento de Marines junto al río Helmand, que desde el aire parece una serpiente entre el polvo y el viento, sin jamás encontrar el mar. Los soldados combaten a los talibanes y arrasan las plantaciones de opio, entre el temor, la desconfianza o la indiferencia de los lugareños. Uno de los soldados del regimiento es Michael Averill. En primera persona y como protagonista narra una historia de aventuras, pero sobre todo de pesadillas, desasosiego y angustia.
En la base de Hassan Abad permanecen apostados los soldados sin que pase nada. Los talibanes se han convertido en sombra, en leyenda negra. Pero sombras que acechan en la colina, en el promontorio rocoso donde existe un puesto de observación, por donde pasó hace miles de años el ejército de Alejandro Magno, en busca del Gran Mar Exterior, pero sin llegar a ninguna parte. Allí descubren un antiguo osario, son presas del pánico, del horror y de un tiempo que retorna.
Carlos Fidalgo, en efecto, supo sacarle partido al protagonismo del tiempo. Donde el ejército macedonio de Alejandro Magno solo encontró confines, los americanos son víctimas de obsesiones, del pánico, de la sensación de irrealidad, de la soledad y, al final, del desvarío, mientras arrecian tormentas de arena y se respira muy cerca la muerte.
Carlos Fidalgo
La novela quizás adolezca de carga diegética. Su trama es escasa. Pero Carlos Fidalgo sabe crear atmósferas. El autor, con una arquitectura extremadamente sencilla, en una narración lineal que brinda en capítulos muy breves, nos sumerge  con gran sensibilidad en las regiones más profundas y obscuras de la condición humana, haciendo que nos dejemos atrapar por la aventura interior, mucho más que por la exterior. Por el proceso que emerge de puertas adentro de los personajes, por sus reacciones y experiencias humanas, por los males del alma.
A pesar de estar basada en un suceso real, recogido en las páginas del periódico The Times en 2008, el autor, y este es su mayor mérito, envuelve su narración en el marco de una atmósfera atormentada, cuyos efectos multiplica esa constante presencia de la desolación, del polvo, del viento, del calor adormecedor y de la muerte. Y esos seres invisibles que luchan como si fueran los espectros de los soldados macedonios de Alejandro Magno, retornados, en ese tiempo circular, desde más allá de dos mil trescientos  años.
                                   
Fragmentos

“Me encuentro con las sombras. En las piedras. En la pendiente abrupta que cae al otro lado de la muralla y los sacos de tierra. Si alguien quisiera sorprendernos, no lo tendría fácil. Observo todo con tanta concentración que llega un momento en que la visión se vuelve borrosa. Y es porque he cerrado los ojos. El sueño me ha hecho dar una cabezada.
«No me extraña que las luces se muevan, o que uno vea búfalos o indios en las praderas», me digo buscando mi propia explicación para lo que ha sucedido en las últimas noches. Y es entonces cuando escucho un murmullo. Una voz muy cerca de mi oído.
El miedo me paraliza”


“Lejos de todas partes. Lejos de casa. Me pregunto si los soldados macedonios que hacían guardia en esta roca hace tres mil años se sentirían así. Al menos, ellos acabaron amotinándose. Se negaron a seguir luchando cuando llegaron a las puertas de la India, desmoralizados por el elevado número de bajas que les había costado su última victoria en el río Hidaspes, donde el enemigo les recibió con hileras de elefantes, la máquina de guerra más perfecta de la antigüedad.
Hombres contra elefantes. La Historia es un círculo”

(Carlos Fidalgo, El agujero de Helmand, páginas 52 y 55-56)

domingo, 28 de agosto de 2011

LOS RELATOS "INOLVIDABLES" DE EDUARDO BERTI

Lo inolvidable
Eduardo Berti
Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2010, 124 páginas.


Heredero de una buena parte de la tradición literaria argentina (Borges, Cortázar, Bioy Casares…), pero también de ciertas vetas del romanticismo europeo, a Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) le es aplicable lo que alguien ha afirmado de sus connacionales: tienen un misterio por desvelar. Su último libro de cuentos, Lo inolvidable, así lo pone de manifiesto. En los once relatos que le dan forma al volumen, unos de corte fantástico, otros con un pie en la realidad, en lo cotidiano, el misterio, lo paradójico, lo inexplicable echa raíces en sus tramas para, desde allí, florecer con fuerza.
Eduardo Berti, en efecto, autor de varios libros de cuentos y finalista de premios tan selectivos como el Premio Herralde de Novela, compila en este volumen once cuentos, escritos a lo largo de la última década, que respiran atmósferas diferentes y se visten igualmente de distintos formatos, pero están surcados por temas comunes y reiterativos: el miedo, el olvido, la memoria, la soledad, la extranjería y una variada panoplia de obsesiones. Cuentos, no obstante, de tonalidades diversas, muy dispares en sus enfoques narrativos y en sus desenlaces, pero amalgamados por un sutil filamento que los atraviesa: la irrupción de lo fantástico en lo cotidiano y la presencia de lo inexplicable asentado en la médula de las tramas. El inesperado final hace que salga a flote y nos sorprenda ese secreto sumergido y apenas sospechado en el acto de lectura.
Acontece ya en el primero de la serie y uno de los más breves, “El inicio”: un padre acompaña a su hijo el primer día de la escuela. Es el bautismo escolar (“la palma suda y los dedos tiemblan un poco”, pagina 13). Una estampa cotidiana en cualquiera latitud, que sin embargo, en su brevedad, nos agasaja con un final inopinado. Y sin reposo, el lector se enfrenta a la historia de los dos trabajadores que sobreviven en una triste zona pedregosa haciendo constantemente lo mismo: juntar piedras sin que nadie les explique la finalidad de su monótona labor, hasta que una carta provoca entre ellos el drama.
Eduardo Berti
También con relatos inverosímiles como “Formas de olvido”, en el que la amnesia musical se alarga hasta paralizar las manos del compositor, rival en los aplausos. Eduardo Berti ensaya así mismo formas poco habituales de contar historias, como en “Retrospectiva de Bernabé Lofeudo”. Un formato no literario, el programa de una retrospectiva de cine, con sus fichas técnicas, le sirve al narrador para crear el personaje de un director de cine, contar su vida y su obra y una historia de amor a través de una filmografía apócrifa. Me detengo, por último, en el relato que rotula este volumen. Un cuento de corte fantástico en el que una dentadura postiza una noche, desde la mesita al lado de la cama donde la deposita su dueña, comienza a recitar versos, hasta el punto de hacerle sospechar a su usuaria de que una trama unía los textos.
Prosas pues muy variadas en sus planteamientos, moviéndose entre lo posible y lo que solo cobra vida en la imaginación, pero unidos por la fina sutura de un estilo impecable. Berti pule la expresión hasta convertirla en un excelente material literario. La pulcra fortaleza de su escritura, esa combinación de finales cerrados y otros abiertos, y tramas originales, deudoras de un gran poder imaginativo, hacen de la lectura de esta colectánea de cuentos, edificados sobre moldes distintos, una experiencia inolvidable, como promete su título.
                             

Fragmento

“Hijo y padre caminan en silencio hacia la escuela, a menos de quince minutos de su casa. La mano de uno, más pequeña, va como perdida en la mano del otro; la palma suda y los dedos tiemblan un poco. Es el primer día de clase. Las dos siluetas avanzan recortadas contra un cielo crepuscular. La escuela es un viejísimo edificio, antes blanco, ahora grisáceo, semioculto tras un par de árboles torcidos y flacos.
(…) A medida que se acercan el movimiento es mayor. Unos entran y otros salen de la escuela; chicos de siete, ocho, diez años; adultos con un par de libros bajo el brazo. Los alumnos avanzados escrutan a los novatos sin el menor disimulo. Los novatos, por su parte, tienen el raro instinto de reconocerse, no así el valor o el impulso de saludarse.
(…) Los dos siguen caminando, sin volver a unir las manos, sus pasos son tan iguales que uno parece el reflejo joven del otro.
(…) Sonriéndole desde lejos, el hijo saca un libro que tenía guardado en el bolsillo y hace, abriéndolo, la mímica de leer, una mímica que nunca osó efectuar por un antiguo prurito, el mismo que aún impide a él y a las mujeres del hogar leer delante del padre una revista, un libro o lo que sea.
La mímica no ha caído mal, por el contrario. De modo que el hijo se aproxima al café blandiendo el libro, bien visible, como quien carga con orgullo algún trofeo, como quien carga con cuidado algo valioso.
En este libro, se dice, están las letras que su padre finalmente va a aprender”

(Eduardo Berti, Lo inolvidable, páginas 13-15)

martes, 23 de agosto de 2011

VIAJES Y VIAJEROS: "DERROTA DE VASCO DE GAMA"

Derrota de Vasco de Gama. El primer viaje marítimo a la India
Isabel Soler
Acantilado, Barcelona, 2011, 228 páginas.


La condición viajera por tierras y mares es inherente y constitutiva de la existencia humana. Junto con la irrupción  de la sabiduría y del desorden, en aquellos primates con cerebro grande, seres invadidos por el egoísmo, la ebriedad, la furia, la imaginación, el amor, la desmesura,… se instaló otra ubris no menos intensa: la necesidad de abrir horizontes, de viajar y conquistar el mundo. El tópico medieval “Homo viator”, usado originariamente con otro significado, delimita a la perfección esa nueva condición de la especie humana. “El homo erectus, escribe Edgar Morin, tardó algunos centenares de miles de años en extenderse en el Mundo Antiguo, mientras que sapiens en unas pocas decenas de miles de años se extiende por toda la tierra” (El paradigma perdido, página 132). El desarrollo del pensamiento empírico-lógico, el despliegue de múltiples aptitudes intelectuales para la organización, la invención y la creación y la misma capacidad imaginativa (el pensamiento subjetivo-fantasmagórico-mítico-mágico) les hizo concebir a nuestros antepasados, y también a nosotros,  temerarias quimeras expansivas, conquistadoras o simplemente exploradoras, cuya consecuencia práctica, fue y es el dominio del planeta, una prodigiosa diáspora que ensanchó el mundo hasta sus últimas fronteras.
Este libro publicado por Acantilado, habla precisamente de todo ello, de esas marejadas de demencia que forzaron a algunos individuos de nuestra especie a precipitarse por las sendas marinas o por los caminos pedestres, entre montañas y valles, en búsqueda errante de nuevas derrotas marítimas, remotas regiones con pueblos perdidos y culturas olvidadas o desconocidas.
Porque fruto  de la “demencia” (de la “demencia” del “homo sapiens”) fue el viaje del genovés Cristóbal Colón hacia lo desconocido. Pero no menos “neurótica” fue la  travesía que el navegante portugués Vasco da Gama emprendió el 8 de julio de 1497. Ambos pretendían llegar a la India por mar, evitando así el control arancelario ejercido por los venecianos sobre el comercio con Oriente a través del Mediterráneo. Pasados dos años, el portugués había logrado lo que en vano intentó Cristóbal Colón: arribar a la India, inmenso territorio de ricos mercados y millones de potenciales cristianos. (“Venimos a buscar cristianos y especias”, decía el portugués). Había llegado a la India por mar, bordeando África y enfrentándose con el cabo de Buena Esperanza.
Desde entonces, Vasco da Gama, el capitán mayor de aquella expedición, se convirtió en mito y la presencia portuguesa en Oriente creció de forma acelerada, hasta el punto de que, en unos pocos años, los portugueses controlaron la mayoría de de los puertos importantes de aquellas latitudes. El mito y la hazaña, auspiciados por el rey mesiánico portugués, Manuel I, serían ensalzados, ochenta años después, por Os Lusiadas de Luís de Camoes, aunque Vasco da Gama y su propia existencia aparezcan salpicados por episodios obscuros, fruto quizás de la manipulación de la historia oficial, como afirma Isabel Soler, investigadora de los viajes y letras portuguesas del Renacimiento.
De Vasco da Gama, al contrario de lo que aconteció con Colón, no se conserva ningún diario de a bordo. Únicamente un texto escrito por un anónimo tripulante de aquella expedición, Roteiro da Primeira  Viagem de Vasco da Gama, que, en traducción de Isabel Soler, publica ahora Acantilado, precedido de un amplísimo y documentado Prólogo de su autoría. Este anónimo Roteiro está escrito como un diario de viaje, exento de artificios y brillantez literaria, pero repleto de la frescura de quien es testigo ocular de lo que narra. Registra el desconocido autor rutas, incidentes en los navíos, encuentros con los nativos en los puertos donde desembarcaban, hasta alcanzar la población india de Calicut. Así como el regreso, hasta el día 25 de abril de 1499, fecha en la que el relato se interrumpe de forma brusca.

Isabel Soler
Isabel Soler nos ofrece una versión en español que recoge y completa las ediciones precedentes más rigurosas, tanto portuguesas como europeas. Acertadamente mantiene la traductora el tono inculto y tosco pero ágil, espontáneo y documental del anónimo autor. Su traducción se halla precedida, como ya apunté, por un extenso y documentado estudio que contextualiza el texto original, la figura de Vasco da Gama y el juego de sombras y luces sobre él proyectadas, especialmente en Os Lusiadas, donde su personalidad aparece muy desdibujada frente a la intervención de los dioses.
Un doble acercamiento, pues, a una gesta que abre nuevos horizontes, de conquista y colonialismo por supuesto, pero que, en contraste con lo que hicieron los españoles, como afirma la prologuista, “el viaje portugués tricontinental y trioceánico fue a lo largo de más de 200 años un diálogo y no un monólogo con las culturas encontradas”.
                                                

Fragmento

(…) “En esta tierra hay hombres oscuros que no comen sino lobos marinos y ballenas, y carne de gacelas y raíces de hierbas. Y andan cubiertos con pieles, y llevan unas vainas en sus naturas. Y sus armas son unos cuernos tostados, metidos  en unas varas de acebuche, y tienen muchos perros, como los de Portugal, y así mismo ladran. Las aves de esta tierra son así mismo como las de Portugal: cuervos marinos, gaviotas, tórtolas y alondras, y otras muchas aves. Y la tierra es muy saludable y templada y de buenas hierbas”

(…) “Y fondeamos junto a la costa, obra de una legua y media de tierra. Y una vez posados, se acercaron cuatro barcos que venían para saber qué gente éramos, y nos confirmaron y mostraron Calicut. Y al día siguiente (21 de mayo) volvieron estos barcos a nuestros navíos. Y el capitán mayor mandó a uno de los degradados a Calicut, y aquellos con los que iba lo llevaron donde estaban los moros de Túnez que sabían hablar castellano y genovés. Y la primera salva que le dieron fue ésta que sigue:
-¡Por todos los diablos! ¿Quién te trajo aquí?
Y le preguntaron qué habíamos venido a buscar tan lejos, y él les respondió:
-¡Venimos a buscar cristianos y especias!”

(Roteiro da Priemeira Viagem de Vasco da Gama, en Isabel Soler, Derrota de Vasco de Gama, paginas 118 y 161)

Vasco da Gama (Óleo de Antonio Manuel de Fosnseca, 1938)

viernes, 19 de agosto de 2011

DE "EL SUEÑO DEL CELTA" A "DIARIO DE LA AMAZONÍA"

Diario de la Amazonía
Roger Casement
Edición de Angus Mitchell
Ediciones del Viento, A Coruña, 2011, 425 páginas.

Como es sabido, El sueño del celta (2010), la última novela del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, toma como materia prima narrativa la vida de Roger Casament. Las peripecias vitales de un hombre legendario, a la vez héroe y villano, moral e inmoral, traidor y libertario. La aventura de la novela de Vargas Llosa comienza en el año 1903, cuando Casament, luchador contra los abusos coloniales del siglo XX, alza su voz contra las atrocidades coloniales en el Congo Belga, tierras robadas por el rey Leopoldo II de Bélgica. Son los años de la fiebre del caucho, provocada por la incipiente pero pujante industria automovilística. Posteriormente en 1910, comisionado por el Foreign Office, Roger Casament viaja a Brasil y a Perú para investigar las denuncias contra la compañía cauchera Peruvian Amazon Company, dirigida por el “empresario y genocida del caucho”, Julio Cesar Arana. Lo que halló en la Amazonía  peruana (Putumayo y Loreto) superaba con creces todo lo que había presenciado en el Congo: esclavitud, masacres, violaciones, hombres quemados vivos por los empleados locales de la compañía cauchera con sede en Londres.
Los lectores de El sueño del celta recordarán el trágico final de la aventura existencial de este patriota irlandés, ajusticiado en la horca por traición, en 1916, después de ser exhibido públicamente como sodomita promiscuo y pederasta en base a la publicación de unos diarios de dudosas veracidad. El mismo Vargas Llosa, en carta dirigida a Angus Mitchell, el mayor especialista mundial en Roger Casement, que abre la selección de textos de su diario que ahora publica Ediciones del Viento, recuerda que Casement fue un formidable luchador por los Derechos Humanos e infatigable defensor de los pueblos indígenas. Ediciones del Viento ya había descubierto la figura de Roger Casement a través de su informe  sobre el Congo, incorporado al volumen La tragedia del Congo. A raíz de la publicación de El sueño del celta, la editorial coruñesa decidió acometer la edición de su Diario de la Amazonía. Un equipo de trabajo, dirigido por el profesor Angus Mitchell, seleccionó los textos más significativos de un amplísimo manuscrito, muchas veces farragoso, hasta lograr una obra coherente y unitaria, de lectura accesible para cualquier lector.
El resultado final es un extraordinario documento de una aventura por las selvas amazónicas, una crónica periodística excepcional, pero, sobre todo, un texto que es reconocido como un ensayo de antropología y una referencia mundial de una justa postura ética ante los atropellos y derechos de los pueblos indígenas. Y así mismo, un alegato sin contemplaciones contra los crímenes contra la humanidad y contra los fundamentos de la política económica neocolonialista de los países occidentales, que no vacilan en devastar las selvas tropicales sudamericanas.
Roger Casement
Roger Casement pasó diez semanas investigando las tropelías cometidas contra los indios por los directivos de la compañía inglesa. Cada una de esas jornadas está reflejada en este Diario, escrito con un estilo conciso, pero duro y verídico, con palabras impresas “en color de sangre”, que nos recuerda El corazón de las tinieblas (Casement había conocido en el Congo a Joseph Conrad) o incluso a una atemporal Apocalyse Now. Desde Iquitos, por los ríos y selvas amazónicos, Casement recopiló minuciosamente todos los indicios, pruebas y documentos de la cacería humana, cometida por la codicia occidental. Miles de seres humanos fueron esclavizados en pleno siglo XX, convertidos en bestias de carga, sometidos a los más atroces castigos y, finalmente, exterminados en una orgía indescriptible, justificada en nombre de la civilización. Sin embargo, y a pesar de la unánime condena moral, la impunidad ganó finalmente la partida. Cuando el 3 de agosto de 1916 Cassement fue ahorcado en Londres la alegría y el jolgorio de la rica plutocracia cauchera iquiteña explotó sin disimulos. Pero la historia, siempre o casi siempre juez insobornable, colocó a cada uno en el puesto que merecía: a Roger Casement como referente ético universal del indigenismo, disidente anti-imperialista y mártir revolucionario. Este libro es un irrefutable testimonio.

                                            
Fragmento

“Hoy he mandado llamar a Levine y se limitó a confirmar las peores historias que circulaban sobre Norman sobre lo de haber quemado a indios, reventado cabezas de niños y todo lo demás. Es hombre es un auténtico diablo.”
“(…) El asesinato y posterior quema de indios ocainas cuando algunos de ellos seguían aún vivos tuvo lugar en 1903. Bishop dice que lo ha oído contar muchas veces. Rafael Larrañaga fue el que ordenó hacerlo. Los ocainas habían sido acusados de matar colombianos”
“(…) se han cometido cientos de crímenes que no aparecen registrados ahí. Entre Normand, Agüero, Fonseca, Montt Jiménez, los dos hermanos Rodríguez y Martinengui han asesinado varios miles de esos desdichados seres. No hay duda de que así ha sido. La semana pasada Tizón admitió delante de mi en La Chorrera que los dos Rodríguez habían matado «cientos de indios», y que Arana les había cedido el 50% de la producción de las secciones de Santa Catalina y Sabana. Normand es acusado una y otra vez por los barbadenses de asesinar a varios cientos de indios. Hoy mismo Levine volvió a decir que «más de 500», que Matanzas había matado a veinte en sólo cinco días y que sus cadáveres (que fueron arrojados detrás de la casa para que se los comieran los perros) apestaban de tal manera que apenas fue capaz de probar bocado. Esos siete monstruos han decapitado, quemado vivos, matado a tiros, a latigazos o por inanición a unos 5.000 indios durante los últimos siete años”

(Roger Casement, Diario de la Amazonía, páginas 301-202)

lunes, 15 de agosto de 2011

"EL LAGO" DE DOCTOROW: AÑICOS DEL SUEÑO AMERICANO*

El lago
E. L. Doctorow
Traducción de Iris Menéndez
Miscelánea Editores (Roca Editorial), Barcelona, 2011, 314 páginas.

Fue Susan Sontag quien calificó Loon Lake (El lago) como la obra más prodigiosa de Doctorow: maravillosamente valiente, cautivadora. Una ponderación quizás excesiva si no nos olvidamos de Ragtime, El libro de Daniel o Billy Batghate, las grandes novelas de E. L. Doctorow, o incluso la accesible, pero cautivadora Homer y Langley. Sin embargo, Miscelánea Editores, el sello de Roca, hace justicia al incluir El lago en la Biblioteca Doctorow, que poco a poco va poniendo sus obras a disposición del lector en lengua española. Porque estamos hablando de un autor imprescindible, un must, dentro del panorama narrativo universal. Edgar Lawrence Doctorow, una de las voces fundamentales de la literatura norteamericana, traducido a más de treinta idiomas, ganador de los más importantes galardones literarios de EE.UU. y año tras año candidato al Nobel. Sin embargo la escritura de Doctorow se encuentra en una galaxia muy distante de la que en la actualidad se deja ver en los escaparates de la literatura. Pero esta lejanía de lo que actualmente se lleva, no le impide ser un gran escritor, sobrado de recursos literarios y sus novelas no son productos de usar y tirar. Cumplen con el requisito de la necesidad, que diría también Susan Sontag; es decir, encierran una historia o una serie de historias que hay que contar y Doctorow lo hace de una forma amena, inteligente y a veces irónica en su creación de mundos ficticios. Por eso mismo, cada una de sus novelas es un mundo: una abundante y feraz multiplicidad de elementos y, a la vez, una unidad, un cuerpo autodefinido.
El lago, no obstante, no es la novela de Doctorow que nos ofrezca una fácil lectura. Inmediatamente posterior a Ragtime, se incrusta, como esta, en la senda abierta por John Dos Passos en su trilogía sobre EE.UU. No es una novela lineal, sino la más experimental de Doctorow. El lector se enfrenta a saltos en el tiempo y a una información que, a veces, le llega de forma intencionadamente confusa y relatada por distintas voces; transitada además por unos peculiares y largos poemas que, en algunas ocasiones, reflejan sentimientos y en otras, informes biográficos o mercantiles. La habilidad del escritor le permite, con todo, llevar a buen puerto una historia que, como todas las suyas, eleva la narrativa a la categoría del arte de la fantasía.
La historia oculta de Norteamérica, no exenta de mitos a pesar de parecer un país extremadamente ahistórico, suele cimentar las novelas de Doctorow y en El lago juega así mismo un papel crucial, especialmente el periodo de la Gran Depresión y el auge de una sociedad emergente en la primera mitad del siglo XX, en la que miles de vagabundos, como Joe, el joven héroe de El lago, se desplazan de un lugar a otro en busca de sustento y de esperanzas, sobre todo.
En efecto, la trama discontinua de El lago nos aproxima a la figura de Joe, un joven vagabundo que huye del hogar familiar y con unos feriantes aprende la dura realidad de la vida. Una noche, intentando dormir al lado de unas vías de ferrocarril en las montañas de  de Adirondack (estado de Nueva York), ve pasar un vagón privado. En su iluminado interior, varios hombres bien vestidos y, en otro compartimento, una bella y joven mujer desnuda, sosteniendo en sus manos un vestido blanco mientras se miraba en un espejo.
E. L. Doctorow
A partir de ese momento, Joe sigue las vías del tren hasta desembocar en una misteriosa propiedad de Loon Lake, donde hallará a la chica y  a sus acompañantes: un magnate de la industria del automóvil, un aviador, un poeta y un grupo de gángsters. Es el inicio de la verdadera historia, de una inquietante historia de sueños, deseos, fascinaciones y pesadillas que se despliegan a través de una peculiar road movie, de una huida disparatada, a través de la América profunda, hasta las fronteras californianas.
Un periplo en el que Doctorow retrata y desnuda la vida americana, con una cautivadora historia de intrigas, misterio, amenazas, ambiciones, sexo y amor sin contrapartidas. Un mundo violento, individualista, ultraliberal y cruel, en el que un personaje como F. W. Bennet, el magnate de la industria automovilística, lo mismo rompe con sus matones un intento de huelga, como acoge de forma paternalista a un pobre diablo como Joe, que simboliza el self-made-man a partir de la nada.
La narrativa de Doctorow suele fundamentar su éxito en la estructura sumamente simple de sus novelas, que facilitan una lectura fácil y cómoda. No es este el caso de El lago, como ya quedó señalado, porque Doctorow construye una suerte de cajón de sastre, con saltos espaciales y temporales y acopio de materiales diversos. Todo ello exige activar el pacto narrador-lector. El ritmo de su prosa, sin embargo, es el característico de su escritura: construye con gran habilidad atmósferas humanas, sin golpes de efecto, con un ritmo sin pausas y una prosa minuciosa, evolvente, capaz de enlazar múltiples oraciones subordinadas, sin detener la progresión narrativa. Virtuosismo técnico para hacer añicos del sueño americano, dominado por prácticas mafiosas y poblado por un lumpemproletariado vagabundeando por el país.

* Una versión abreviada y en gallego de este texto fue publicada el día 20 de agosto de 2011 en el periódico El Correo Gallego de Santiago de Compostela. Para ver el original, pinchar aquí
                                                


Fragmentos

“Fanny era auténticamente sensible a los hombres, les tenía verdadero afecto. No sabía que ganaba dinero, nunca vio un céntimo. Extendía los brazos y los amaba y no le importaba cómo ocurrían las cosas, si se corrían en los pliegues de sus nalgas o en las hendiduras de los costados de su cuerpo, que se prolongaban como acolchados sobre la estructura de su tronco; siempre gritaba como si hubiesen encontrado su centro exacto.
Llegué  a la conclusión de que entre estas monstruosa prostituta retrasada y la chusma que hacía cola para follarla se celebraba realmente un sacramento importante, una manera de mantener la esperanza, un juramento ritual de vida que no se desgastaba sino que crecía con su rememoración en los bares y las tabernas de las montañas, atrapando su imagen en el serrín que se elevaba a través del rayo de sol en los talleres o que permanecía como la bruma matinal sobre los lagos cristalinos”

“Al alba proseguimos el viaje. El cielo es rosa. Seguimos la senda de un sorprendente arroyo tan lleno de rocas que el agua se descompone en millones de gotas, que caen con repique del granizo y rebotan como perdigones. Raspo la corteza de un pequeño pino torturado por el viento para crecer en forma de rayos solares hacia la tierra. Dejo secar este musgo polvoriento verde lima durante cuatro minutos en la palma de mi mano. Entonces lamo el polvo e inmediatamente mi joven amada se convierte en una gigante que me mira sorprendida desde lo alto. La piso y cae de espaldas resquebrajando la tierra, corro hacia su vulva y por ese camino continúa mi búsqueda de toda la vida tras la divinidad. Es una especie de glándula que está en algún sitio. El camino se vuelve resbaladizo. En esta viscosa oscuridad uso las rodillas y las manos como una araña de agua. El camino se estrecha. En breve soy aplastado, atraído como una mota de polvo hacia un poderoso ojo brillante iluminado. Siento que me ensancho. La luz cegadora. Recupero mi tamaño y la casco como si fuera un huevo.
Piensas que es un sueño. No es un sueño. Es el relato en inútil traducción lineal del interminable amor de nuestras vidas simultáneas pero diacrónicas”
(E. L. Doctorow, El lago, paginas 27 y 308-309)

viernes, 12 de agosto de 2011

"DIALOGO DE TIGRES": LA MICROFICCIÓN DE LILIAN ELPHICK

Diálogo de Tigres
Lilian Elphick
Mosquito Editores, Santiago de Chile, 2011, 120 páginas.

Aunque poco conocida en España -sus libros han sido editados en Chile-, Lilian Elphick es una de las voces más potentes y singulares de la narrativa hiperbreve  en lengua española. Directora de talleres literarios, editora de la página web  Letras de Chile, ha demostrado sobradamente su experiencia y buen hacer en el género de la distancia corta y la recompensa inmediata, con varios libros de sus autoría, publicados entre los años 1990 y 2011, así como en antologías de cuentos y relatos breves que vieron luz, tanto en Chile como en otros países.
Diálogo de Tigres es su más reciente aportación a la microficción en lengua española, merecedora, por la agudeza e ingenio de sus historias y por su prosa briosa, teñida de colores líricos y destellos de reflexión filosófica, de figurar en la nómina de las más selectas antologías del relato breve. Y, por supuesto, de una lectura atenta e inteligente, generadora de ese sublime placer estético que prende en nuestra mente cuando la belleza y el ingenio nos posee a través de la palabra.
Un cuento, escribió Andrés Neuman, se juega la vida en las primeras líneas. En la última tiene la posibilidad de resucitar. Las fronteras del microcuento son mucho más angostas y muchas veces la primera línea es también la última. En un simple guiño, en una rápida mirada, es preciso encerrar  toda una historia. El microcuenta se sustenta, pues, en la parquedad de la formulación verbal y en la absoluta excepcionalidad. Escribir lo mínimo, pero constriñendo al lenguaje y hacerlo además con esa precisión y con esa intensidad, de forma que en la mente lectora su denotación sea a la vez amplia, rica y profunda.
En la microficción, los ciento veinte relatos de este volumen de Lilian Elphick, como diría Cesar Aira, suben la apuesta, se lo juegan todo. Pero los riesgos que asume la autora resultan ser a la vez sedante, bendición y estímulo. Sobre todo estímulo para el lector porque la narrativa breve de Lilian Elphick desarrolla al máximo la teoría de la alusión, “to write on the principle of the iceberg” (E. Hemingway). Escritura alusiva o insinuante que afecta al nivel simbólico sumergido debajo del lenguaje, como el iceberg bajo el agua. Microcuentos, pues, que en su dimensión conceptual no dejan asomar más de un tercio de su magnitud, correspondiéndole al lector activo, a su imaginación, la tarea de bucear para descubrir la epifanía de los dos tercios restantes. En algún caso es la propia  escritora la que incita al lector a hallar esa parte invisible del témpano sumergido: “Tigre le ofrece una manzana para que ella sea una, sólo una, pero Fábola es la manzana acribillada de lujuria. ¿Se entiende?”(página 26). Por eso mismo, los relatos de Lilian Elphick son témpanos en la imaginación que ilustran la disimulación, artificio que resulta muy eficaz tanto en los cuentos independientes, como en aquellos otros que forman series (“Diluvio I-V”, “Fábulas”, “Diálogos de tigres” I-X).
Lilian Elphick
Me detengo en estos últimos, en su hilo conductor, tal como lo reconstruye mi imaginación, porque de ese hilo surge una verdadera historia. Los tigres heridos por flechas que no son flechas cualquiera, sino flechas que detienen corazones, enamorados y sueñan sueños imposibles, sin leer a Borges, solo escuchando boleros. O prometen verse de nuevo cuando no dejen huellas y el amor sea un olvido, un dejarse ir. En su último salto en el vacío, sus colas llevan atadas la cuerda de la escritura. Y cuando decidan estar solos y tomar cada uno su rumbo, treparán la pared, pero a la tigresa le costará mucho más porque está preñada de sueños” (páginas 7-16).
En los ajustados parámetros en los que Lilian Elphick concibe sus piezas breves hay, sin embargo, lugar para la fábula, para la reflexión filosófica, para el deseo y para un sutil erotismo, escondido en esos tercios sumergidos de la condensación del hiperbreve. Encierra eficazmente la autora estructuras narrativas completas en muy pocas líneas, diseñadas generalmente  a través de un lenguaje sencillo, conciso, elíptico,  mas sin renunciar por ello a los exquisitos regalos de una prosa primorosa, rebosante de tensión, fuerza, sorpresa, belleza e incluso musicalidad. Prosa torrencial que se amalgama a veces con otro tipo de escritura: sensual, lúbrica, capaz de seducirnos. Es el personalísimo acento de Lilian Elphick expresado lingüísticamente.



Crestomatía de Diálogo de Tigres

Diálogo de tigres III
“Luego de caminar por las extensas planicies de la escritura, los tigres llegan al río del silencio. Ahí se bañan y olvidan que están hechos de tiempo y de sangre. A sus pieles mojadas se adhiere la palabra ’pez’. La tigresa puede nadar debajo del agua a gran velocidad; el tigre da brincos contra la corriente. Juegan a acariciar burbujas.
-¿A quién le contaremos nuestra historia?- pregunta ella.
-¿Cuál historia?- pregunta él.
Los tigres jadean bajo el sol implacable y sus patas se hunden en la arena. Tienen sed. Saben que morirán si no encuentran una mano que morder, aquella que los escribe en la mitad de la noche”.

Fábula del tiempo
“Fábola y Tigre han decidido tomarse un tiempo. Él es el primero en beberlo. Ella tiene un poco de miedo, pero Tigre la incita a coger la copita y tragarse el líquido de una sola vez.
-Amargo
-Más bien ácido.
-Como el limón.
- Pero con un toque de cicuta.
- Oh, sí.
Y así hablaban hasta que el tiempo surte efecto. Los devora de inmediato, sin el trivial acto de canibalismo.
Fábola y Tigre se miran. Son un par de desconocidos en la enormidad de las praderas amarillas”.

Sic gloria transit mundi
“Y cuando despertó, Dios le dijo. «Quiero que estés en el pesebre». Entonces el dinosaurio fue y se acomodó como pudo entre la vaca y el burro. El Niño nunca más olvidó esa bucólica escena.

Final feliz
“Nos amamos desde el lugar de las palabras; el deseo era una escritura que iba y venía, ataviada de un presente compacto.
Nos amamos con furia, siempre indagando en la perversión que tiene toda historia ficticia.
Nos buscamos en libros y cartas; fuimos el papel y la tinta, unidos por ojos que nos leyeron.
Por eso lo maté: para amarnos más y eternizar el mejor de los finales”.

Balada de la piedra
Qué  curioso es ver el viento en su transparencia de pelo revuelto. Y qué inquietante esta inmovilidad inquebrantable frente al mar convulso, y las agujas de agua fatigándome, los pequeños crustáceos cerca de mi, arriba de mi, silenciosos y activos. Qué decir de las gaviotas graznando asesinatos: me abraza la sangre que poco a poco se evapora. El pañuelo voló hace mucho.
Y por ser piedra, lloro”.
(Lilian Elphick, Diálogo de Tigres, paginas 9, 27, 42, 100, 111)

sábado, 6 de agosto de 2011

FUGAS SIN DESTINO, POR TIERRA DE NADIE

Hoteles
Maximiliano Barrientos
Editorial Periférica, Cáceres, 2011, 126 páginas.


Por mucho que les duela a ciertos críticos, incapaces de comprender que el mundo se mueve, la literatura, sus rutas narrativas se renuevan constantemente. La literatura vivió y seguirá viviendo giros copernicanos. Hasta hace poco era ininteligible una novela en cuya trama apenas existiera acción, aventura externa, anécdotas. Hoy, en cambio, soplan nuevos vientos, renovadores vientos de cambio, que, en el caso de las letras hispánicas, nos llegan sobre todo del otro lado del océano. De Juan Tallón tomo prestadas unas palabras de Darío Villanueva que, de alguna manera, retratan lo que está sucediendo: “En los acontecimientos más vulgares llegan a producirse las auténticas revoluciones”.
Tal es el caso de la narrativa de Maximiliano Barrientos (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1979), uno de los escritores jóvenes más relevantes y, más que promesa, ya realidad de la nueva literatura latinoamericana. Editorial Periférica ha corregido y refundido sus dos primeros libros (Los daños, 2006 y Hoteles, 2007) en los volúmenes Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer  y Hoteles, un texto breve, pero no carente de intensidad interna.
La narrativa de Hoteles, sin apoyarse en el fragmentarismo o sumergirse en la metaficción o en la autorreferencialidad, navega, sin embargo con la escritura posmoderna porque lo que en ella prima es la aventura psicológica y la captación y transcripción de la misma. M. Barrientos relata así mismo un mundo inconexo, incoherente, en el que nada cuadra. Un mundo como el que transitan tres de las voces de Hoteles, dos voces adultas y una infantil. Actores de cine porno, los adultos, huyen de su pasado intentando en vano volver a comenzar. Un Chrysler Imperial negro los lleva, junto a la niña, en una huida del propio pasado, como quien pretende escapar de si mismo. Un viaje donde el destino es lo que  menos importa, por carreteras idénticas, abrasadas por el sol y abrumadas entre paisajes inhóspitos, los paisajes de los países pobres (página 9) Y en esa huida, van  llegando y van partiendo a y de pueblos insignificantes. Un inacabable viaje-huida  sin destino en el que recuperan  -ven-  el pasado personal y familiar.
Un constante transitar, pues, de sitio en sitio, sin que importen los nombres de los pueblos y de las ciudades, idénticas entre si, como idénticos son los hoteles en los que se hospedan, hoteles con piscina. Hasta que llega un momento en el que ya no se hablan y ni siquiera tienen tiempo para preservar algo del pasado. Viajes pues con destino cero, solo como acto de desesperación.
A la par de sus voces, la de un director de documentales que nos sitúa en el presente, en el de los actores porno y en su propio presente en el que también hay amores deseos, infidelidades, sentimientos, abandonos y nos hace reflexionar sobre cuánto puede habitar de estos personajes, cuyo paisaje es la carretera, en nosotros mismos.
Todo lo dicho podría hacer pensar al lector que estamos ante una “road-movie” a la americana. Sería, sin embargo, una interpretación errónea, porque los personajes de Hoteles no huyen de nadie. Se fugan sí, pero de si mismos y su constante circulación por carreteras desoladas, hoteles, bares, lavanderías… escenarios de tránsito, se convierten en la escritura de M. Barrientos en una gran metáfora de la vida, también tránsito y lugar árido y monótono, repleto de insatisfacciones, privaciones, sueños abortados, un gran vacío.
Se ha dicho que Maximiliano Barrientos es “un maestro de las imágenes profundas”. Imágenes que nos remiten, más que a la trama, a los personajes, al protagonismo interior de sus héroes o antihéroes. Y lo hace mediante una prosa rápida, concisa, desnuda de artificios y de emociones. Un leguaje preciso al que el escritor priva de protagonismo justamente para poder capturar las experiencias y emociones. Escritura, pues, directa, implacablemente visual, para meternos por los ojos el desarraigo que se disfraza tras esa fuga sin destino, transitando por una carretera que es siempre la misma, siempre vacía, habitada únicamente por el sol cegador y los parajes inhóspitos.



Fragmento

“Carreteras, estaciones de servicio. Nos quedábamos sin combustible en mitad del camino y bajaba y llenaba el tanque con las reservas. El sol deterioraba la pintura del auto.
Perdía el conocimiento y luego volvía, igual que algunos recuerdos que había olvidado hacía años. Mi padre recopilaba madera por las tardes. Tenía un tatuaje de un barco en el brazo izquierdo. Sudaba mucho. Tenía cuatro años, lo veía desde la ventana. Mamá fumaba, leía revistas. Hablaba por teléfono.
Encontrábamos cadáveres de animales en el camino y Andrea me hacía detener el auto y bajaba a inspeccionarlos.
Olvidábamos los nombres de los pueblos y de las ciudades. Empezamos a quedarnos callados con más frecuencia, pasaban horas sin que abriésemos la boca. Andrea comenzó a hablar sola o con gente que inventaba. Abigail no le prestó mucha importancia.
Veía que agarraba el teléfono y no decía nada. Todos los pueblos se parecían, la mayoría de los hoteles tenían piscina. Me encerraba en la habitación o revisaba el motor del coche. Me masturbaba pensando en el paisaje: el color de la  carretera, la arena, el cielo sin nubes”
“Cruzamos paisajes desolados. Andrea duerme, Abigail lleva gafas negras. Escuchamos rancheras. Estoy al volante desde hace tres horas, bebo agua de tanto en tanto. Chocamos contra un caballo que aparece de la nada, damos vueltas, el mundo gira y el sol es un pedazo de cielo visto a través de un parabrisas destrozado”
(Maximiliano Barrientos, Hoteles, páginas 91-92, 96)
Maximiliano Barrientos, foto de Alberto R. Roldán

jueves, 4 de agosto de 2011

EN HOLANDA LA CONDICIÓN HUMANA SE ADUEÑA DE SU DESTINO

Una habitación en Holanda
Pierre Bergounioux
Traducción de David Stacey
Editorial Minúscula, Barcelona, 2011, 91 páginas.

En este pequeño volumen totalmente inclasificable (relato ficcional, prosa filosófica, biografía, ensayo histórico…), Pierre Bergounioux nos recuerda que en la primera mitad del siglo XVII, época que presenció la muerte de Bacon y el nacimiento de Spinoza, un exiliado abre las inauditas posibilidades de pensar de otra manera todas las cosas, las divinas y las humanas (“res infinita”, “res extensa”), porque considera que él mismo no es nada, solo una cosa que piensa. Pero ¿por qué ese vuelco en la historia de la cultura tuvo lugar en los Países Bajos? Es el gran interrogante al que pretende contestar un hombre polifacético, de saber enciclopédico como Bergounioux.
Ese exiliado no es otro que Renato Descartes, en cuya trayectoria vital se alternan períodos de extremado retiro y concentración, con otros de vida aventurera e inestable. Ese sujeto pensante, Descartes, que tomó parte como soldado en la guerra de los Treinta Años con la intención de conocer a fondo a los hombres y al mundo, arribó finalmente a los Países Bajos, lugar que prefirió antes que a su Francia natal. Y allí, en Holanda, publicará en 1637 El discurso del método, en el que expone la necesidad de un camino seguro para garantizar el recto proceder de la razón; y Las meditaciones metafísicas (1641) con las que establece el fundamento de toda la filosofía moderna.
Pierre Bergounioux, antes de ensayar la respuesta al gran interrogante, repasa la historia de Europa de forma breve, pero amena e inteligible. Se fija en esos galos, hombres de gran cuerpo blanco, blancos como la leche, pero terribles habladores, que cultivan los claros del bosque, de cuyos árboles cuelgan cuerpos humanos desmembrados para complacer a sus dioses. En la Roma de la gens Iulia, cuyo máximo representante, César, decide conquistar la Galia para reponer esclavos. La esclavitud, conviene no olvidarlo, es el fundamento económico de la Antigüedad. Comienza entonces, en el año 58 antes de Cristo, el agitado período que concluye dos mil años más tarde con la liberación de París. Mientras tanto, el cristianismo había expulsado a los viejos dioses sanguinarios y, en un largo intermedio, llega la fase de ruralización que es la Edad Media.
Pero los vientos de la historia jamás dejan de cesar, aunque con direcciones variadas. Llegaremos al Renacimiento y a la Edad Moderna, período en el que Europa  se adueña de su destino y del mundo entero.

Pierre Bergounioux

Mas, ¿por qué un francés cuya única ocupación es pensar, confía durante esos años un manuscrito comprometido precisamente a un editor holandés? Descartes que aceptará, como primer principio de la filosofía que él es una substancia cuya esencia solo es pensar y que para ser no necesita lugar alguno, se retirará para consolidar y darle forma escrita a sus pensamientos al lugar más indiferente, quizás el menos agradable de Europa, los grises pantanos de Holanda. El filósofo no ofrece ninguna explicación. Borgounioux, sin embargo, las adivina: Holanda reúne  ciertas ventajas -paz relativa, tolerancia entre papistas y reformados, cómoda vida material, frialdad climática- que la hacían preferible a cualquier otro. Las Provincias Unidas  separan a Descartes de sus amistades, del bullicio de sus amigos, le permiten vivir acostado, absorto en sus pensamientos. Es la extrema soledad, la expatriación en Holanda la que hace posible que Descartes construya metódicamente esa primera verdad indudable, clara y distinta -“cogito, ergo sum”-, sobre la que construir el edificio de toda su filosofía. Con ello el hombre moderno ya posee las armas para adueñarse del mundo.
Esta es la mirada de Pierre Borgounioux sobre Descartes. Una mirada quizás fugaz, pero pulcra, elaborada con prosa erudita, elegante, cristalina y en absoluto pretenciosa, proyectada sobre Decartes, sobre el hombre y el pensador, diana hoy, por separar la “res cogitans” de la “res extensa”, de los dardos del pensamiento complejo, multidimensional y de ciertos feminismos que creen que el edificio del cartesianismo conceptualizó el mundo de forma jerárquica y redujo a la mujer a naturaleza y separándola de la cultura. No olvidemos, sin embargo, que e esa fría habitación de Holanda, en la expatriación de la extrema soledad se redibujó el mundo y se liberó a la humanidad del obscurantismo de la tradición y de los poderes ajenos a sus propia subjetividad.


Fragmento

“El realismo indirecto que Descartes elabora, solo, desconocido, extranjero en los Países Bajos, posee un poder de seducción comparable al de las obras de ficción más temerarias de aquel tiempo, al errar del escuálido hidalgo que Cervantes pasea por los áridos caminos de la Mancha,  a las extravagancias de los príncipes dementes, al menos en apariencia, que Shakespeare pone al frente del escenario. El inglés, el español, el francés son hermanos. Anuncian a la vez, sin conocerse, que un niño ha nacido. Si algo difiere de sus antecedentes históricos  es en su ser consciente de sí mismo, capaz incluso en los peores ataques de furia o de desesperación, en el exceso de su alegría o al sufrir afrentas, de mantener, como en el ojo del huracán, la imperceptible distancia respecto a todo y respecto a si mismo (…) Cervantes, que cuenta el final de las épocas encantadas, es todo lo razonable que se puede ser. Como no posee fortuna personal, tiene que ejercer un empleo. Trabaja en las oficinas de la marina preparando la expedición de la Armada Invencible, que la flota inglesa y la tormenta, en el mar del Norte, echarán a pique. Del otro lado de la Mancha -no la provincia española, el paso de Calais-, Shakespeare, a menos que se trate, a la sombra de ese hombre de paja, el Chancellor Bacon, da a luz a Hamlet, a Macbeth y, por boca suya, a las sentencias que formulan la duda inherente a nuestra condición, el irreparable dilema que, ahora, nos atraviesa: «Ser o no ser.» «El mundo entero es un teatro» «La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia y desprovisto de significado»”
(Pierre Bergounioux, Una habitación en Holanda, páginas 75-76)

lunes, 1 de agosto de 2011

UN FASCISTA DE "IZQUIERDAS" CONTRA LA LLEGADA DE LA NOCHE

Guía de la kultura
Ezra Pound
Traducción de Luis Núñez Díaz
Presentación de Nicolás González Varela
Capitán Swing Libros, Madrid, 2011, 368 páginas.

Ezra Loomis Pound es uno de los grandes símbolos de la cultura del pasado siglo, una cultura que, en su caso, aúna tradición y modernidad, ingenio, lucidez y locura. Un símbolo plagado de interrogantes como tantos otros intelectuales que crecieron como pensadores o escritores en una época confusa, los años que trascurren entre las dos grandes guerras mundiales. Como Cioran, Heidegger, Céline, Mircea Eliade o Pessoa, abrazó con fascinación el fascismo. Sigue siendo una incógnita el hecho de que tantas mentes geniales se hicieran adictas o simpatizantes de la irracionalidad fascista precisamente durante ese período. Pero Ezra Pound, no lo olvidemos, furibundo antisemita, exaltado fascista, traidor a su patria y desequilibrado mental, es, al margen de adhesiones y rechazos que su persona pueda suscitar, una de las figuras literarias claves del siglo XX. Combatiente y propagandista de esa poesía “pegada al hueso”, limpia de florituras, profeta del verso libre, pero muy exigente tanto en su forma como en su contenido, como lo expresa en uno de los preceptos del manifiesto de su grupo: “Poetry must be as well written as prose”.
Ezra Pound, que pretendió ser el crítico universal de su época y el gran economista, dedujo de sus lecturas marxistas que el mal por excelencia de nuestra época era la usura a la que ataca de forma colérica en sus Cantos. No obstante llegó a la conclusión de que el héroe reformador de esa usura capitalista -sobre todo judía- era Mussolini. Para la crítica especializada, sus grandes obras poéticas, Cantos y Cantos pisanos, son productos excepcionales, marcadores de sentido. Para el lector normal, un armario revuelto, anclado en un hermetismo inconexo, nutrido de viejos tonos poéticos, referencias culturales, variadas intertextualidades, voces reales, ensayos de ideas.
En una obra poética como  la suya, repleta de oscuras ensoñaciones, es preciso leer sus apologías de la barbarie o sus vaticinios del derrumbamiento de la actual civilización (“Yo simplemente quiero otra civilización”), que hallamos en sus obras en prosa como ABC of Redding y Guide to Kulchur cuya versión española nos ofrece estos días Capitán Swing Libros.
En 1938, Ezra Pound miró en efecto a sus alrededor y lo que observó fue una “civilización averiada”. Su respuesta fue este libro inclasificable, pero con una clara misión: un grito contra el arribo de la noche. Un bramido que el escritor pretendió emitir desde un fascismo de “izquierdas”, desde la admiración por Mussolini, al que en este libro equipara frecuentemente con Confucio, una de las referencias orientales de su pensamiento.
Guía de la kultura es un anárquico libro de ensayo, muy rico en sus ideas e iluminaciones, pero carente de claridad interna, porque Ezra Pound  mezcla lo inmezclable: Mencio, Cioran, lo filósofos y líricos griegos, Joyce, Brancusi, Chaucer, Spinoza, Thomas Hardy, Confucio, Marx, Henry James… La lista se haría interminable. Genial en su inspiración y con fragmentos brillantes. Siempre hermético y a menudo airado, rinde pleitesía a la “kultur” alemana que da razón de su título en inglés: Guide to Kulchur. Es tal la falta de coherencia interna en el contenido del libro, que el mismo autor lo reconoce complacido: “el lector apresurado quizás diga que escribo esto en clave y que mi discurso simplemente salta de un punto a otro sin conexión ni secuencia. Y sin embargo, el discurso es completo. Todos los elementos están ahí y el más repugnante adicto a los crucigramas debería ser capaz de resolver este”
Guía de la kultura debería ser leído como puerta de entrada al sistema poundiano a los núcleos de su cartografía intelectual y también como un interesante y necesario poscripto a sus obra poética mayor, Cantos. Un “Novum Organum” al estilo baconiano ante una época llena de turbios presagios que anunciaban la inminente llegada de la noche, escrito desde un pathos radical, que nada tiene que ver con el narcisismo o el academicismo. Un mapa pues de carreteras, como reconocía el mismo Pound, diseñado con la intención de ayudar a alcanzar la cumbre a los que vengan detrás. Una obra, en definitiva, de difícil e incluso de imposible lectura, como decía Borges, pero de obligada lectura, ya que con ella la literatura universal toca las alturas más temerarias.

Ezra Pound