viernes, 11 de noviembre de 2016

"ELOGIO DE LA INFIDELIDAD DE LAS MUJERES": ¿LA INFIDELIDAD, MOTOR DE CAMBIO?



Elogio de la infidelidad de las mujeres

Consuelo Sánchez Naranjo

Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2016, 187 páginas



   Si algo pretende este libro es poner en cuestión e incluso deconstruir el tabú de la infidelidad de las mujeres. La autora acomete la empresa desde diferentes frentes: el ensayo, la biografía histórica y el relato confesional. La idea generadora de esta publicación miscelánea surgió con el relato rebosante de pasión y complicidades que cuenta una mujer en vísperas de la vista de su divorcio. Esa pasión la había vivido durante su matrimonio y el que la había suscitado, fue un hombre que no era su marido. Es un caso entre los muchos que se producen a diario que contribuyen a que la infidelidad femenina deje de ser negada, pierda la categoría de tabú. El procedimiento que sigue Consuelo Sánchez Naranjo (Madrid, 1961) para hacerse con el material confesional relativo a la infidelidad femenina, fue sacar el tema en reuniones con sus compañeras de trabajo, mediante una estrategia creativa que facilita la generación de ideas y el análisis del problema.

   Pero esta parte del libro, sin duda la más viva y sugestiva, en que la infidelidad es contada por las mismas mujeres, está precedida por un capítulo ensayístico  en el que se analiza la significación poliédrica del término infidelidad. Acotándolo desde las definiciones  de los diccionarios, pero centrándose en el hecho de que, teniendo una pareja que goza de cierta estabilidad, se mantiene una relación no consentida con otra persona; pudiendo adoptar diversas formas, si bien siempre con una relación sexual incluida: desde el follamigo hasta el sexo contratado previo pago. La autora comparte la idea de Daniel Tubao expuesta en una entrevista para Gleeden -una página web especializada en encuentros adúlteros- de que la fidelidad es una falsa virtud, cimentada en el “para siempre” o en el “hasta que la muerte nos separe” de los ritos matrimoniales, de las canciones de amor, etc. Pero tampoco lo contrario: la infidelidad no puede ser considerada comportamiento virtuoso, aunque admite que el mundo pertenece a los infieles. Y aquí recurre a la tesis de partida repetida a lo largo del libro: la infidelidad es un motor de cambio, y, para demostrarlo, apela a ejemplos disímiles: estilos artísticos que nacen de una infidelidad de los artistas con relación a los movimientos artísticos precedentes. Lo mismo acontece con las revoluciones científicas, o en casos más prosaicos: somos infieles a la compañía eléctrica o telefónica cuando la cambiamos por otra. Con la pareja habitual a veces ocurre algo similar. En mi opinión, sin embargo, no son casos comparables.

  Añade la autora que, manteniendo la obligada lealtad, la infidelidad puede acarrear beneficios para la pareja y sobre todo para la mujer: a muchas mujeres sentirse queridas por otro hombre les ha permitido recobrar la confianza en sí mismas y evadirse de la monotonía del día  a día. Todo ello seguramente es verdad, pero sin ese requisito de la lealtad, la infidelidad es en sí deshonesta, generadora además de daños colaterales en las parejas que, de forma explícita o implícita, han aceptado la fidelidad. De ahí que en el título del libro no estaría de más hacer igualmente mención al elogio de la lealtad.

   Después de desgranar las vidas infieles de cuatro mujeres de la historia -“Infieles en el poder”-: (Cleopatra, únicamente fiel a sí misma, Mesalina la “meretrix Augusta”, Madame de Pompadour, la amante preferida por la esposa de Luís XV, y María Antonieta, una de las primeras mujeres que se consideraron dueñas absolutas de su cuerpo), la autora recoge las opiniones de distintas mujeres de diferentes edades y profesiones, obtenidas en dos reuniones. En la primera se fijan conceptos sobre cómo, cuándo, dónde y por qué son infieles las mujeres. La segunda es una reconstrucción del imaginario femenino, realizado por esas mismas mujeres. En esta parte confesional surgen respuestas interesantes sobre los problemas a los que se enfrenta una mujer infiel: ¿un amante fijo o muchos rollos?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿con quién? La autora extrae del material confesional conclusiones  oportunas que no me corresponde revelar.

   Un libro interesante, ajeno al morbo,  a la frivolidad y al tono panfletario, que pretende deconstruir y normalizar. Según las estadísticas, la mayoría de los hombres y al menos un tercio de las mujeres han sido infieles alguna vez en su matrimonio o relación de pareja. Un hecho fácilmente explicable porque ni la monogamia ni la monandria  están impresas en los genes. Desdramatización pues de la infidelidad; un elogio de la libertad bien entendida cuando va unida a la lealtad, que Consuelo Sánchez Naranjo concluye con ciertos consejos: cómo hacer de la negación un arte, jugar al despiste, no dejar rastros, evitar líos como enamorarse perdidamente del amante a no ser que se tenga claro el propósito de romper la relación estable. Finalmente: aprender a terminar cuando la historia no da más de sí.



Francisco Martínez Bouzas



Consuelo Sánchez Naranjo

Fragmentos



“Lo que en el caso del hombre se ha consentido y estimulado, ha supuesto para las mujeres un estigma, Esta consideración diametralmente opuesta del fenómeno de la infidelidad tiene su origen en la desigualdad entre los géneros porque, aunque la fidelidad no sea un valor, ni tampoco lo contrario, se traduce, como antes señalaba, en un código de conducta. Este solo produce intercambios entre iguales. Desde su origen, fidelidad se identifica con transacción y, por tanto, se da a cambio de algo. En la época feudal, por ejemplo, los señores eran fieles entre sí y a sus propios principios y sellaban alianzas voluntarias para mantener y transferir sus privilegios.”



…..



“De amantes fijos, ni hablar. Yo no será capaz de montar la « logística» para dos relaciones sin volverme loca. Así que no. (Marisol)

“Un amante fijo es como tener dos maridos, un calvario. Muchos rollos, un «banquillo». (Reyes)

“Muchos rollos, sin duda. Un amante fijo, en muy poco tiempo…¿no se convierte en un marido? (Mandy)”



…..



“De las opiniones volcadas en nuestras tertulias, entresaco una cuantas que responden  a la pregunta ¿Qué recomendaciones harías a una amiga que se está planteando ser infiel?:



Más que de recomendaciones, yo hablaría de precauciones, había puntualizado Irene en su momento. Ante todo, normalidad. Nada de poner esa cara de felicidad todo el día ni de comprarse cremas maravillosas. Tampoco te dediques, al mismo tiempo, a renovar tu vestuario entero. Y esconde esa Epilady de última generación que te ha costado una pasta y te hace hasta una depilación brasileña que no te crees ni tú. Olvídate del móvil. Te sorprendería  saber a qué distancia puede alguien interesado leer un mensaje de WhatsApp. Y pon contraseñas. Bueno, eso hazlo ya, porque si no la tienes y, de repente la pones, se te notaría mucho que tienes algo que ocultar. Y ¿qué es eso de hacer dieta precisamente ahora? Tu hermana va a empezar a decirte de un momento a otro que si te pasa algo…En fin, más que hacerle recomendaciones, le diría que tomara precauciones; aunque, la verdad, los chicos no se suelen enterar de casi nada…”



(Consuelo Sánchez Naranjo, Elogio de la infidelidad de las mujeres, páginas 21, 113, 161)

miércoles, 9 de noviembre de 2016

"MEMORIAS DEL MAR": POEMAS DE AMOR, DE MAR Y DE MUERTE




Memorias del mar
Rocío Acebal
Valparaíso Ediciones, Granada, 2016, 54 páginas

   Es su primera botadura en solitario. Un poemario que, más que promesa, es una gozosa realidad. Pero ha participado en antologías, revistas y suplementos literarios. Es Rocío Acebal (Oviedo, 1997) que, desde la frontera de los diecinueve años, es capaz de fermentar en su cabeza versos llenos de magia y cocerlos en las ardientes brasas de sus poros. Sumergidos en un mundo febril y alucinógeno en el que el existir se convierte cada día en un ejercicio caótico, nos llegan los versos de Rocío Acebal, no seguramente como remedio para esta época, como declaraba a principios de siglo el pensador francés Philippe Sollers refiriéndose a la poesía, pero sí como promesa y esperanza: porque la poesía está viva, la poesía resistió y resiste y se abre camino entre las generaciones más jóvenes. Una gozosa prueba, estos treinta y seis poemas con los que Rocío Acebal le da cuerpo y forma a un poemario cuya mágica significación de alguna manera se convierte en laboratorio de la literatura.
   La poesía de Rocío Acebal es una muestra paradigmática  de la interrelación entre poesía e identidad femenina, creatividad poética y género. Sus versos abordan el deseo y su relación con la construcción de la identidad en torno a un sujeto-mujer, no tanto objeto de deseo, sino sujeto activo. Con miradas plurales y quizás subversivas para ciertos constructos sociales. Sus versos, teñidos con frescores juveniles, nos acercan una mirada atenta y al mismo tiempo explosiva y melancólica sobre la construcción de dicho sujeto que se hace tal también en el amor y en el deseo. La tendencia hacia la universalidad, rasgo distintivo de la poesía, tiene una nefasta consecuencia: la imposibilidad del pensamiento heterosexual de concebir una cultura y una sociedad en las que el cisgénero y la cisexualidad no ordenen y encaucen todas las relaciones humanas. Lo hacen, muchas veces, por acaparamiento de metáforas seductoras que suelen tener como  función poetizar el carácter imperativo y exclusivo de la heterosexualidad. Una trampa más del patriarcado. Pero hay sujetos humanos  a lo largo de la historia, sobre todo mujeres, que se han rebelado contra esas trampas. Y hacerlo desde la poesía, como se hace en  los versos de Memorias del mar, aunque sea  con el lenguaje heredado de los amos, tiene una resonancia universalizadora, capaz de convertir en ley la ley del deseo, como gritaba el lema de la pancarta que encabezaba el bloque rosa en la manifestación del Foro Social Europeo celebrado en Florencia en el año 2002.
   Treinta y seis poemas rompen las barricadas del silencio y lo hacen a través de una arquitectura poética tripartita, Una primera parte que es una explosiva alborada en femenino: un canto al sentimiento erótico-amatorio de las mentes y de los cuerpos juveniles, rebosantes de amor y de pasión, porque como afirma la poeta, “es posible el gozo todavía”. El gozo que reciben las amantes en “los contornos de sal” que acarician. O que permiten descubrir el amor entre las olas con tan solo un universo de testigo “de aquella rendición de la hermosura”; y la “dignidad furtiva de aquel beso”.
   Es otra la tonalidad de los poemas de las partes segunda y tercera. Acierta la sinopsis de la presentación editorial de Memorias del mar,  firmada por José Luis García Martín: “cuerpos que se cruzan como cuerpos encendidos en la noche y luego se alejan para siempre”. En ese alejarse definitivo y concluyente aparece el recuerdo de los instantes finales, de los que solamente sobrevive una brumosa oscuridad. Con la muerte acunando el cadáver amado, “asida a todo lo que ya no existe”. Pervive únicamente el recuerdo de la imagen del cuerpo amado y deseado, “guardada para siempre en la memoria de los últimos besos”. Porque, como escribió André Malraux, solamente existe un acto sobre el que no prevalecen ni la negligencia de las constelaciones ni el eterno murmullo de los ríos: el acto mediante el cual el hombre arranca algo de la muerte. Los versos y poemas de Rocío Abascal tienen esa capacidad de hacernos presente, a través del recuerdo amoroso, la conjura contra esos instantes del tiempo rescatado a la muerte, que regresa desde la frontera del silencio y es capaz de activar el fuego de las ausencias.
   Una tercera parte más híbrida poetiza al ser humano derrotado cuando el deseo ya se ha quemado y consumido en el interior del sujeto amante. Con gritos de melancólica protesta, la voz poética se rebela contra la falsedad de la memoria, no remediada ni por el llanto ni por la afonía.
   El lenguaje se convierte en la poesía de Rocío Acebal en un ceremonial de conjuros a favor del hechizo. Con una reconciliación con la rima y, en ocasiones, con la métrica. Mas sin ser una poeta formalista, ni sentirse constreñida por los moldes rítmicos que obliguen a la poeta a decir lo que no quiere, sabe usar la escritora, con libérrima maestría, el reto de la rima. Un poema, el verdadero poema, siempre tiene forma. Dotarle de ella significa un absoluto dominio de la lengua. El ritmo interior de la mayoría de los poemas de Memorias del mar nos permite gozar con sus seductora musicalidad, y a la vez forma un cuidado entramado de belleza que multiplica la fuerza expresiva del arte de la palabra, con la que que los poemas de Rocío  Acebal rinden, con hambre antigua, inmemoriales aunque perecederos acatamientos a los dioses amorosos de los deseos.

Francisco Martínez Bouzas


                                               
Rocío Acebal

Selección de poemas

MEMORIAS DEL MAR

“Recuerdo, congeladas, las estrellas
en las primeras horas de mi vida;
la oscuridad nos separaba
sobre la arena blanca.

La memoria retorna vagamente,
como la playa al desnudarnos, solas,
una vez regresamos a este mundo;

descanso ante mi oreja caracolas
y en el rumor del mar oigo tu voz”
(página 18)

.....

“TE MUESTRAS SOBRE EL LECHO DE LA MUERTE
sórdida elongación del horizonte:
has cerrado los ojos y la mar
acuna tu cadáver con gesto descuidado,
asida a todo lo que ya no existe.

No habrá solemnidad que te devuelva
a la arena -a mis brazos-, a la vida.

En alto, buitres níveos, las cigüeñas
sobrevuelan los restos del naufragio.”
(página 29)

…..

EL CÍRCULO
                           A Mario Vega

“La sábana escarchada de la arena
en tu mirar refleja el desgastado
recuerdo de otra aurora: el verde prado
testigo de pasión, la luna llena.

un cigarro, los gritos, tu melena,
su aliento de caballo desbocado;
de pronto, la tormenta del pasado
y su rostro teñido por la pena.

Entonces -sin ti- al paso de los años
un venturoso idilio en otra orilla,
una radio de fondo, el mismo tema;

el antiguo deseo, un gesto huraño,
los restos de salitre en mi mejilla,
la memoria del mar y este poema”
(página 34)

…..

EN RESUMIDAS CUENTAS

“La sinuosa imagen de Afrodita,
el tiempo y su insultante ligereza,
las estatuas, Venecia, los jardines,
llanto de senectute, “a la manera…”,
y el irritante asunto de la rosa:
siempre este falso asombro, la emoción
vacía de unos versos predecibles.”
(página 54)

lunes, 7 de noviembre de 2016

"LAS HILANDERAS". PROTAGONISMO LIBERADOR FEMENINO



Las Hilanderas
Antonio Piñeiro
Traducción de Estela Villar
Pulp Books, Cangas do Morrazo, 2016, 86 páginas

   Como ha hecho en otras ocasiones, la editorial canguesa Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora) publica en español la traducción de As Fiandeiras, una novela breve aparecida originalmente en gallego y ganadora hace cuatro años del Premio de Novela García Barros. Una novela que de una forma intensa y con una prosa “muy plástica y cinematográfica…nos acerca a la historia de un tiempo pasado”, en opinión del jurado que le otorgó el galardón. Ese pasado es el contexto convulso de las Juntas Revolucionarias y de las insurrecciones cantonales en los primeros años de la Revolución de 1868. Su autor, Antonio Piñeiro (Santa Uxía de Ribeira, A Coruña, 1962) compagina la docencia, la edición artesanal y la escritura, la narrativa especialmente, en sus distintos formatos.
   El núcleo argumental de la novela se centra en el proceso al que son sometidas unas hilanderas, aprendices de costureras que, en un cruce de comercios como era la villa pontevedresa de A Estrada, al final del colapso de la Primera República y comienzos de la Restauración borbónica, son acusadas de cantonalismo por intentar vender su producción textil al margen del monopolio explotador de la empresa madrileña “La Minerva”. Un proceso con cierto aire inquisitorial que la novela pretende condensar en los recuerdos de una de las aprendices, una adolescente que narra desde la madurez; y aunque lo hace en primera persona, el suyo es un relato coral, ya que habla en nombre de sus compañeras sometidas al proceso.
   Si algo destaca en la novela es el absoluto protagonismo femenino. La narradora, como acabo de señalar, es la voz de un personaje colectivo que lucha por sus derechos en un ambiente de tiranía y de imposición de la empresa monopolista y de las instituciones estatales del liberalismo, enemigas de la liberación laboral y económica de las mujeres. Con la colaboración aquiescente  de la Iglesia, representada por el cura párroco, don Álvaro.
   La narradora relata de forma fragmentaria y retrotrayéndose a base de analépsis  a la infancia y adolescencia para justificar el presente (“…el presente es sólo un dedo que asoma del pasado.”, página 13). El delito de estas adolescentes ansiosas de instrucción -ninguna sabía escribir- es su pretensión de convertirse en expertas confeccionadoras de telas de corsetería para venderlas a través de tratantes ajenos a “La Minerva”. Pero eso, en un tiempo de cantonalismo federalista, es considerado delito de sedición. Habrá pues cárcel y un final deprimente en el que se nos dice que todo sigue igual: amnistía sí, pero imperio monopolista.
   Acierta, en mi opinión, el novelista en sus elección de la narradora que, en su adolescencia, presencia los hechos, especialmente los interrogatorios a los que son sometidas sus compañeras, contemplándolos desde una ventana de la sala donde tienen lugar. De forma fragmentaria, Antonio Piñeiro construye la novela, con saltos en el tiempo, amalgamando las fases de los interrogatorios con el aprendizaje de las hilanderas, en su propósito de vender por sí mismas el fruto de su trabajo y adquirir una elemental instrucción escolar. Reproduce con amplias descripciones lugares, ambientes y personajes; la atmósfera convulsa de la época: son los años del vapor, el metileno, los nuevos inventos como la máquina de escribir que el escribiente de la sala de los interrogatorios teclea de forma porfiada. Es la era moderna, pero también comienzan  a oírse gritos reivindicativos: “Arriba el trabajo. Abajo los consumos. La tierra para el pueblo” (página 28). Retrato de una villa gallega que bascula entre el conservadurismo represor de las instituciones y los impulsos populares renovadores. Con presencia de indianos retornados, como el Sucuruco que, tras ganar cuatro duros en Cuba, regresa y abre un negocio de barbero y practicante.
   El protagonismo colectivo de las mujeres tiene su punto de fuerza en la unión, como proclama el consejo que a las otras adolescentes, representadas por la narradora, les da la Chiva, hilandera experimentada: “Y recuerda:: para que no se rompa, las hebras deben estar siempre bien unidas” (página 83). En tiempos, quizás imposibles, estas jóvenes mujeres también intentaron romper techos de cristal.
   Una pieza narrativa breve bien construida, cimentada en una estrategia fragmentaria que demanda lectores que llenen los huecos. Y con un estilo de lengua basado en un registro lingüístico esmerado, rutilante que no pierde su brillo en la traducción al español.

Francisco Martínez Bouzas

Antonio Piñeiro

Fragmentos

“-¿Y  para quién son esas telas, Chiva?
El modo en el que se movían sus dedos, liando los delicados hilos, no sé, me recordaba algo a los trazos de la letra, al aula de costura, cuando doña Benita nos ponía las muestras de escritura. Las otras hilanderas, al escuchar la pregunta, estallaron en una carcajada.
-Pues estas telas, chicas; estas telas nos las van  a pagar muy bien, pero que muy bien, los señoritos -todo entrecortado de murmullos y de risas.
-Pero que muy bien.
-Sí.
-Sí. Y a los de La Minerva que les vayan dando.
-Eso. Que les den.
-Que les den. Que les den.”

…..

“-Esas cuatro perras chicas que os pagan son un insulto -los federalistas murmuraban por las esquinas-. Es indigno de nuestra condición. Arriba el trabajo. Abajo los consumos. La tierra para el pueblo.
“Cartagena, todo el sur, se había convertido en un hervidero. En Betanzos se querían levantar. Gentes y bullicio por todas partes. Ingleses. Franceses. Las mujeres reían. Cruzaban las calles en alboroto. Viva la Revolución. Abajo los consumos. Viva la Gloriosa.
El aire, la fragancia de la pólvora.”

…..

“A las diez menos cinco desarrollaron el bulto y descubrieron los tules. Sonaba la copla y las finísimas, delicadas  telas de corsetería que las hilanderas habían decidido comenzar a elaborar para vender, a través de los tratantes de la tendera, pasaban, en las manos, como las hojas del cuaderno. El caro, femenino tejido de ropa interior, teñido de rojo, de rosa o de púrpura, listo para las vedetinas, para las vainicas, los encajes, los aljófares y los guipures, desafiando el contrato que, desde que se recordaba, tenían con la fábrica de tejidos La Minerva . El beneficio para quien lo trabaja. La tierra para quien la labra.”

(Antonio Piñeiro, Las Hilanderas, páginas 42-43, 62,78)

miércoles, 2 de noviembre de 2016

DE LA "ENFERMEDAD" DE LA CUCARACHA GAY A LA CACERÍA SEXUAL



El amor del revés

Luisgé Martín

Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 272 páginas.



   A los quince años, tal como confiesa el autor, Luisgé Martín se arrodillaba y le pedía a Dios que le gustaran las mujeres, “que en mis pensamientos impuros solamente hubiera chicas”. Es el arranque sin cortapisas de esta autonovela que trabaja con las técnicas de la ficción la propia historia personal. El escritor añade que, en esos momentos cuando no le quedó ninguna duda sobre su condición homosexual, prometió solemnemente que jamás lo sabría nadie. Sin embargo, en el año 2006, se casó con un hombre ante un buen número de invitados, sin excluir a sus amigos de infancia. Pero eso es otra historia, mejor dicho biografía que poco tiene que ver con la autorreferencialidad del yo propia de la autoficción. Y es ficción, mal que le pese al autor, porque, tal como él mismo confiesa, en el libro hay cosas de su pasado idealizadas.

   El amor al revés es ciertamente ficción, pero también la segunda gran traición del juramento del autor, que brota de la urgencia de llenar de sentido ese largo y penoso episodio de su existencia. Y es, sobre todo, un sincero libro confesional “un inventario de arrepentimientos y mentiras”, que a la par de otros libros de su autoría le ahorró muchos psicólogos y le ayudó a ahuyentar el suicidio, pero únicamente porque no conocía ningún modo de suicidio para cobardes. Todo ello, fruto de la educación clerical en un colegio madrileño en el que los curas, como en tantos otros colegios y sobre todo en internados -también desde los púlpitos se siguen diciendo barbaridades-, se sentían responsables de administrar la sexualidad de alumnos y alumnas.

   Con esa promesa del secreto guardado durante toda la vida, comienza la existencia de un adolescente en el primer postfranquismo  del año 1977, una época de una educación restrictiva en la que la homosexualidad, si bien ya no era un delito de vagos y maleantes, seguía siendo considerada una enfermedad, un tabú, a veces cool, en el que primaban las apariencias. Hasta en el  estilo de fumar había que revestirse de una masculinidad postiza, fumar con “gestualidad bogartiana existencialista”.



  El tránsito de la “metamorfosis inversa a la kafkiana de Gregorio Samsa” para convertirse en ser humano que es capaz de aceptarse a sí mismo, será largo y tortuoso; repleto de cenagosas y plomizas obscuridades. Pese a no sentirse nunca acosado por causa de su homosexualidad, el autor siente muy pronto el espanto de la “enfermedad” que lo convertía en monstruo, sin que las oraciones a Dios para que le otorgara la dicha de ser un chico normal al que le gustan las mujeres, diese resultado. Son años de máscaras, de ocultamientos, de silencios, disfraces, de sentimentalidad  enigmática, muchos miedos, pero también de desnudamiento de la cucaracha.

   Mas,  a pesar de las idealizaciones, Luisgé Martín lo cuenta todo en un relato escrito desde las venas y las vísceras: el aire fétido del colegio de curas progres; el primer enamoramiento de un compañero. Es entonces cuando empieza a sentirse un niño cucaracha, pero, por miedo a  ser descubierto, se empeña en no tocar la carne desnuda, permanecer virgen. Pronto, sin embargo, advierte la inutilidad de su propósito, y a pesar del terror  a ser desenmascarado, va a los urinarios. No cejará de contravenir las leyes de la naturaleza, aunque realiza terapias conductistas para ser capaz de amar a las mujeres, terapias que solamente atacan la superficie del “mal”. Aceptará finalmente su suerte y se sumerge en las ciénagas morales tales como se consideraban en aquellos años: la sexualidad torcida, correrías por bares, cines frecuentados por gais a la espera de ser cazado, por las catacumbas del barrio de Chueca, “en busca de aventuras, amores y quimeras”. Amores efímeros que le despiertan la urgencia de encontrar un novio que le aleje del zangoloteo sexual de los homosexuales. Y en efecto, se enamora de muchos hombres, aunque solo llegará a amar realmente a tres. El último y definitivo con el que se casó en 2006. Un matrimonio con el que se cierran los años de cucaracha y la cacería sexual. Un final feliz aunque, fiel a los desenlaces de su narrativa, el autor no tiene reparos en confesar que, “si es feliz”, no es todavía el final.

   El amor del revés es un libro basado en la verdad. Escrito con la necesaria crudeza para hacerles ver a los lectores que la vida de los homosexuales es equiparable a la de los salmones saltando cascadas, esquivando remolinos, luchando  a contracorriente (página 271). Memorias morales teñidas de ficción que retratan de forma lúcida sobre todo el infierno que, en los años 70, 80 y 90, sufrían aquellos y aquellas cuya sexualidad se desviaba de la inclinación sexual hacia el sexo opuesto. Relato memorialístico ajeno a imposturas, pero también a sordideces, basado en buena medida en el diario del autor en aquellos años. Con algún exceso lacrimógeno ante los amores no correspondidos. Indiferencia ante los que se “alzan en la nada” (Cortázar). Todo ello acompañado de lo que se ha llamado una buena razón literaria: narración a tumba abierta, mas escrita con una prosa de gran calidad, repleta de matices y muy coherente con un tema tan vital como complejo.



Francisco Martínez Bouzas



                                                  
Luisgé Martin

Fragmentos



“Fue en aquellos días cuando comencé a rezar para pedirle a Dios que me permitiera enamorarme de una chica, que pusiera en mis fantasías, como en las del resto de mis compañeros de clase, el cuerpo desnudo de mujeres lujuriosas. Nunca fui beato, pero había recibido una educación católica que me hacía creer en ese poder mágico de las oraciones: si había fe y cercanía a Dios, cualquier deseo piadoso –y éste sin duda lo era-sería concedido. Si le pedía con humildad a Jesucristo que me liberara de un mal, el mal desaparecería.”



…..



“Yo había soportado la terrible mutación hormonal con un ascetismo admirable. Me masturbaba sin descanso, rabiosamente, pero había sido capaz  de ver pasar los peores años de la exaltación corporal sin tocar a nadie, satisfaciéndome a mí mismo con fantasías delirantes y con juegos obscenos sublimados. En los lóbulos del cerebro, sin embargo, iban quedándose poco a poco restos de esperma que corroían la pureza de mis creencias. Renovaba con frecuencia mi compromiso de no hablar jamás con nadie de lo que sentía, pero cada vez lo hacía con menos convencimiento y trataba de encontrar ardides o disculpas para burlarlo. Fue entonces cuando empecé a ir a los urinarios.”



…..



“Me queda la memoria desvaída de algunos rostros pintados en gris y de algunos episodios nebulosos. Un estudiante de provincias  guapo y musculoso me citó en Moncloa y me explicó que él era esencialmente heterosexual, pero que en ocasiones había imaginado a hombres desnudos y quería saber cómo funcionaba el engranaje de ese mundo. Era aún más inexperto que yo -o eso fingía- y hablaba siempre en sentido figurado. Dimos vueltas retóricamente a las hipótesis que él planteaba (yo con la paciencia que me requería el deseo) y luego fuimos a su apartamento de estudiante, que estaba en la misma calle en la que yo vivo ahora. Fornicamos con impericia, pero yo regresé a casa satisfecho. Nunca volvimos a vernos.”



…..





“Las mejores predicadoras del machismo, como se sabe, han sido algunas mujeres, y los mayores paladines de la homofobia han sido, a lo largo de la historia, los homosexuales, instruidos en creencias ponzoñosas que, proclamadas por ellos, transmitidas de su propia voz, acreditaban más ferozmente las acusaciones de los inquisidores. Este libro es, en cierto modo, el inventario de mis arrepentimientos, de las mentiras que acepté con mansedumbre. Algunos deterministas creen que la libertad no existe, que actuamos siempre de la única manera que podemos hacerlo tomando en consideración nuestro sistema nervioso, nuestro entorno cultural y las circunstancias exógenas del mundo. Si es así, nunca hay culpa y el arrepentimiento es sólo un acto ficticio. Pero si no es así, si queda al menos un margen de conducta guiada por la razón o por el albedrío, el arrepentimiento se convierte en un gesto e dignidad. En cualquiera de los dos casos, sin embargo, ese arrepentimiento, si es público, resulta provechoso para el futuro de los otros, de los que aún no han escuchado las mentiras.”



(Luisgé Martín, El amor del revés, páginas 20, 64-65, 138, 183-184)