martes, 18 de marzo de 2014

"NEGRA",UNA NOVELA CUBANA: RACISMO, BISEXUALIDAD Y CULTOS AFROCUBANOS



Negra

Wendy Guerra

Editorial Anagrama, Barcelona, 2013, 321 páginas.



   El pasado mes de noviembre, Editorial Anagrama publicaba Negra, la cuarta novela de Wendy Guerra, actriz y escritora cubana, alumna de Gabriel García Márquez en su taller de guiones, “Cómo contar un cuento”. La obra narrativa de Wendy Guerra está considerada como una de las mejores de la actual literatura latinoamericana y, como tal, ha sido traducida a más de una docena de idiomas. Sin embargo, es invisible en su propio país, no se halla editada ni comercializada en su cuna natal, Cuba, donde no obstante sigue viviendo la escritora. Confiesa Wendy Guerra que, en su obra literaria, la mueve el propósito de hablar y enfrentarse a los tópicos, a los prejuicios y censuras: al racismo, la negritud, la bisexualidad -tema tabú hasta los 60, aunque no solo en Cuba- la ausencia de las mujeres de las esferas del poder. Todo ello forma parte de un duro silencio al que en alguna ocasión se ha referido la actriz y escritora.

   La trama narrativa de Negra se desarrolla entre Cuba y Francia, pasando así mismo por otros lugares como Cataluña. Y es una exploración tan crítica como real sobre el racismo latente en la Isla caribeña. Una tentativa para explicar en claves afrocubanas lo que sucede con la población negra en Cuba, una parte importante de los habitantes de la Isla, a la que, tanto antes como después de la Revolución castrista, le costó mucho integrarse, sobre todo por motivos socioeconómicos, puesto que provenían de estratos sociales muy pobres. Lo mismo que ha ocurrido en muchos otros países, como Estados Unidos, Francia o la misma España.

   Sin embargo, para la heroína de la novela, Nirvana del Risco, -quizás el alter ego de la autora al menos en algunas facetas porque Wendy Guerra es blanca, la primera blanca que escribe como una negra en la literatura cubana-  la palabra “negra”, que nunca substituye por eufemismos paliativos ni  por lo políticamente correcto, encierra en sus cinco letras, “toda la música, el sabor y el sentimiento de su cuerpo, su alma y su nación.”

   Nirvana del Risco es, como la autora, hija de la generación de los 60, los años de la Revolución. Es negra, bisexual, trabaja como modelo comercial y sobre todo es cubana. La historia que de ella cuenta Wendy Guerra aborda el tema de la discriminación social y racial, así como la necesidad de hallar un lugar en el mundo. Para ello la autora, en una narración en primera persona, nos sumerge en la historia de su heroína, una cubana negra, rompedora de estereotipos, que destroza tópicos y viaja de Cuba a Francia. La narración da comienzo en tierras cubanas donde Nirvana del Risco da cuenta de sus vivencias, sus diferencias con relación a los demás (negra, bisexual, conjurada frente  a lo prohibido) y lo hace con un lenguaje recurrente, “percusivo”  que efectivamente se amalgama con “el seis por ocho de los tambores afrocubanos”. Capítulos cortos, frases sumamente poéticas, preñadas de musicalidad, rebosantes de colores, olores y sabores tropicales y oportunas incursiones en la cultura y religión afrocubana, en la santería que la heroína lleva dentro de su cuerpo y de su alma (rituales, conjuros, recetas…) y especialmente el audaz arrojo del personaje (“dulce pero ácida”, página 13), atrapan al lector y, cuando esto ocurre, tiene lugar el viaje de la protagonista a Francia, donde teme encontrar muchas lagunas bajo la lluvia. Es el descanso de Cuba, del socialismo tropical que “no es malo ni bueno, es incómodo” (página 79). Un viaje de afectos, la parte más densa y dura de la narración, el encuentro con la “izquierda sucrée, la gauche caviar, la gauche champagne. Una ruta pasional entre Cuba y Francia y viceversa en la que Nirvana del Risco se va tropezando con diversos personajes y amantes, en una sexualidad abierta, descarnada, alejada hasta el infinito de lo convencional. Y sobre todo desmantela los tópicos, marcas y baldones que se ciernen sobre una bella mujer cubana negra como el carbón en el seno de una sociedad no racista de puertas afuera, pero que, tras los muros de la intimidad, repudia a esta raza.

   Negra es una novela distinta, sorprendente, anclada en un sincretismo composicional, semejante al de la religión y mitología yoruba. En el texto, en efecto, confluyen política, sexo, magia, raza, religión, sabores, olores… Novela apropiada para paladares capaces de degustar la diferencia, la exquisitez y la frescura de una pieza narrativa rebosante de sensorialidad y colorido tropical, pero sin escatimar las crudezas que la protagonista femenina afronta en su lucha contra el machismo, el racismo o la lesbofobia.



Francisco Martínez Bouzas





Wendy Guerra


Fragmentos



“Como leche derramada sobre la alfombra, mapa blanco olvidado en el vientre negro de mi madre. Beso de fuego y goce mestizo, canción de cuna en criollo. Lágrimas negras en la luna de mis ojos. Café arábica en grano, bien tostado, de aroma profundo  y delator. Flotando sola en el anís de los recuerdos. A la deriva, así me siento.

Yo soy el borrón en tu muro. Caña sembrada, cultivada, cortada, quemada por negros; cobrada por blancos. Azúcar prieta, melaza, raspadura, miel de purga, melao caliente.

No hay maquillaje que cambie mi máscara africana.

Ésta es mi piel, éste mi perfume. Mi sombra y yo, mi sexo y yo, mi culpa y yo nos parecemos.”



…..



“¿Qué podemos modelar en Cuba?

Muy poco. Fotos en centros turísticos, anuncios de condones y tabacos, artesanías, carteles instructivos o políticos y cierta ropa deportiva que traen para comercializar; todo conspira contra el mercado. Luego «él», ese sujeto que te ve espléndida en la foto y se enamora de la imagen y no de ti; intenta casarse contigo y te invita a conocer la nieve. ¿Exponerse o exportarse? Ese estigma sigue siempre a una modelo cubana. Pero sí podemos modelar en Cuba.”



…..



“Miré a Lu, que se estiraba satisfecha, lloriqueaba entre sueños. Le espanté los mosquitos con la mano. La destapé poco apoco, dejándola casi desnuda, placida con sus pechos destilando ganas, los toqué levemente prendiendo su deseo. Le besé los rosados pezones, la bordé con caricias y le arranqué el rubor, mordida a mordida. Le deslicé mis pezones negros por su boca. La ahogué con mis pechos, la desperté de su erotizado sueño.

Ella  abrió sus ojos rasgados un poco tarde, cuando ya yo la montaba. Quiso pedirme algo, pero sólo alcanzó a chupar la leche que afloraba a cuentagotas. Este deseo había ido germinando por años en la también añeja tubería de nuestras almas. Ahora nos abrimos como un compás dando la bienvenida al placer. Me miró y, luego de morder mi boca, frotó su sexo en mis muslos. Desesperada, manando en agua deliciosa, me pidió que la tragara toda. Quería poseerla con más de lo que mi cuerpo de hembra permitía. A Lú le gusta ser bien penetrada, con fuerza; me lo ha comentado una y otra vez. Lo hice con lo que la naturaleza me dio: mi vulva sobresale, asoma y ruega, eso la desarma. Ansiaba su saliva, su olor  a guayaba verde, su escondida lujuria la guardó para mí.”



…..



“Osain es la deidad que transmite la esencia de la naturaleza en la religión yoruba.

Hice sonar el cuero de chivo sobre el eco que traslada la madera de cedro en sus toques secretos. Yo no lo toco por los secretos, eso sería sacrilegio, lo hago porque nací a su lado. Lo toco porque suena en mi estómago, y cuando lo hago vibro, me da felicidad.

Me gusta porque viene de África, porque el ritmo es mi don, o tal vez porque ha sido instrumento prohibido a las mujeres por siglos, y lo prohibido  es obligatorio para mí. Cuando mi batá y yo estamos cerca, me aterra pero me encanta, es miel la música que sacan mis dedos si golpeo mis manos sobre él.”



(Wendy Guerra, Negra, páginas 11, 36, 51-52, 291)

jueves, 13 de marzo de 2014

"UN DÍA EN LA VIDA DEL INMORTAL MATHIEU": HUMANOS SIN CORAZÓN



Un día en la vida del inmortal Mathieu

Mario Martín Gijón

Ediciones Irreverentes, Madrid, 2013, 158 páginas



   En esta su primera novela, Mario Martín Gijón se disfraza de amigo del protagonista de esta novela futurista, el psicólogo Mathieu Beaujour, y usa el artificio de traductor al castellano de las reflexiones almacenadas en la memoria de su amigo en el año 2070. De este modo, Mario Martín, autor de destacados y premiados libros de ensayo y del libro de relatos Inconvenientes del turismo en Praga (2012), se adentra en la narrativa de ciencia ficción, en esos viajes prospectivos, no a las lejanías interestelares, sino a esos otros mundos más decisivos para la humanidad que son, como recuerda el protagonista de la novela, “los que se realizaron dentro de nosotros mismos” (página 147).

   En 1981 Günter Rophol escribía que la pregunta kantiana ¿qué debo hacer? se halla conectada, más que nunca, a aquello de lo que soy capaz de hacer. Y en nuestro tiempo el campo del quehacer humano se ha agrandado de forma tan extraordinaria, gracias a la tecnociencia, que la aniquilación del planeta, la muerte esencial de la especie homo sapiens sapiens es un peligro específico de nuestros días. Como lo es la posibilidad de una perfectibilidad prácticamente inacabable. Porque el ser humano es en la actualidad una materia prima que posee una plasticidad casi inagotable. Nuestra especie es para muchos algo que debe de ser modificado y mejorado. Pero aquello que es maleable es también susceptible de ser controlado. La mayoría de los defensores de la perfectibilidad humana -los “nuevos redentores” como los denomina José Sanmartín- ya no razonan como antaño en términos morales. Al mismo tiempo podemos constatar que han desparecido la mayoría de los recelos que en los años 70, 80 y 90 generaba el determinismo tecnológico, expresado de forma elocuente en estas palabras de Steven Levy (Hackers, 1984), un auténtico anatema contra la tecnología informática: “Los ordenadores se utilizan mayoritariamente contra las personas en lugar de para las personas. Se utilizan para controlar a la gente en vez de para liberarla”.

   En estas coordenadas se mueve la ficción de Mario Martín, que, como ya señalé, se sitúa en los albores del 2070. Su protagonista, el psicólogo Mathieu  Beaujour es un verdadero cyborg, un zomboide o robot humanoide biológico, que pauta su jornada,  desde que se “enciende” a las cinco y media de la mañana, mediante reflexiones en las que, a modo de diario, recuerda y recapacita sobre la senda recorrida en la apuesta de la humanidad por la extensión vital indefinida. En efecto, un sabotaje en Siberia contra las torres computacionales pone en peligro los avances conseguidos, y ante ese hecho y evidente amenaza, Mathieu recuerda el arduo camino recorrido por los defensores de la prolongación indefinida de la vida, que no inmortalidad. Primer paso: creación de entidades programadas para sobrevivir durante un determinado período de tiempo, reproducirse y autodestruirse algunos años más tarde. Todo ello, echando mano de la ingeniería de tejidos, la autoreproducción programada para, en una etapa posterior, substituir nuestra frágil biología por soportes más sólidos y fiables. El resultado es una sociedad transhumana  que prefiere la imaginación a la realidad, el abrazo mental al abrazo real, la comida virtual se impone así mismo sobre la real, la estimulación mutua a través de chats es más frecuente y deseable que las relaciones sexuales no virtuales.

    Como pieza de ciencia ficción, ésta es una novela prospectiva que ficcionaliza un mundo futuro, posiblemente realizable, y sobre todo interroga al lector con cuestiones cruciales. La más transcendente, en mi opinión, es la que se personifica en las angustias unamunianas -muy oportuna la referencia al Diario íntimo de Miguel de Unamuno- : el destino del ser humano a desparecer para siempre, frente al deseo de persistencia innato en neutra especie. Mérito así mismo del autor al escribir la novela es el hecho de no perderse en demasía en disquisiciones y descripciones tecnocientíficas, sino ahondar en aquellos interrogantes sobre el significado en la existencia humana, de esa prolongación vital indefinida. ¿Cómo afecta a nuestra condición humana la integración en máquinas inteligentes. Las respuestas o reflexiones del protagonista posibilitan una lectura de la novela en clave distópica, pero también en clave utópica. ¿Con mentes conectadas a la Red no desapareceremos como seres autónomos para convertirnos en simples partes de un conjunto de nódulos de una supermente? ¿Dónde deja pues un ser humano de ser humano? Pero al mismo tiempo, como ha ocurrido desde los primeros pasos de la humanidad, ¿no nos hace humanos el querer superar nuestras fronteras, sobrepasar los obstáculos que la naturaleza nos ha impuesto, ir más allá de nuestros límites?

   En mi lectura de esta pieza del subgénero del Biopunk predominan los elementos distópicos. Y en una valoración de la tecnociencia aplicable a esta extensión vital indefinida, rechazaría tanto el imperativo tecnológico como el conservacionista y me centraría en esa vía que articula lo instrumental con lo simbólico; es decir, los entornos simbólicos tales como la cultura, la ideología, las instituciones, las tradiciones que rodean a las posibilidades tecnocientíficas, deben ejercer un papel importante en la evaluación de las mismas. Lo simbólico, aquello que nos otorga lo que llamamos dignidad humana en tanto que personas, debería ser la barrera que impida que nos convirtamos en puros medios o instrumentos de los imperativos tecnocientíficos. Cuando Mathieu  Beaujour admira y envidia la vehemente fisicidad  de Natasha con una gotas de sudor recorriendo su frente o cuando siente nostalgia por los atardeceres rebosantes de aromas y sonidos, creo que camina, quizás de forma inconsciente, por la senda de la resistencia a la objetivación y a la mecanización de unos seres humanos  a los que los avances científicos del año 2070 ha privado de corazón.

   Registro en el haber de la novela una excelente literariedad. Mario Martín, atado a la ciencia, pero sin abusar de su terminología, presenta una historia bien contada, elige una estructura narrativa sólida y adecuada, persigue la belleza en la narración de los hechos y reflexiones de su protagonista. Como en cualquier otro género literario.



Francisco Martínez Bouzas





Mario Martín Gijón


Fragmentos



“Recuerdo con seguridad una de las objeciones más inteligentes planteadas por nuestros detractores, que no siempre eran simples fanáticos con miedo a lo nuevo. Si nuestras mentes, si nuestros cerebros, decían, son conectados a la Red, ¿quién garantizará nuestra independencia, nuestra cualidad de individuos? ¿No pasaremos a ser simplemente partes de un conjunto, nódulos, órganos de una supermente? ¿No desapareceremos como seres autónomos? A pesar de las concienzudas argumentaciones de los científicos involucrados en el proyecto, las dudas persistían. ¿Quién me garantizaba, por ejemplo, que  a través de la Red no me fueran a ser descargados programas ejecutables  automáticamente, que me impusieran desde mi actitud antes las nuevas tecnologías a mis ideas políticas, orientación sexual, o hábitos alimenticios.”



…..



“Recuerdo con qué ingenuidad, hace más de un siglo, creíamos que nuestro futuro estaba en lejanos viajes interestelares, que ahora sólo se planean a muy largo plazo y en caso de extrema necesidad. Se soñaba en llegar cada vez más allá, cruzando fronteras que no podíamos vislumbrar. Pero los viajes más importantes, las expediciones más escalofriantes y los pasos más gigantescos para la humanidad fueron, por supuesto, los que se realizaron dentro de nosotros mismos.”



(Mario Martín Gijón, Un día en la vida del inmortal Mathieu, páginas 49, 147)

domingo, 9 de marzo de 2014

AMÉLIE NOTHOMB Y SUS INSACIABLES HAMBRES



Biografía del hambre
Amélie Nothomb
Editorial Anagrama, Barcelona, 206 páginas.
(LIBROS DE FONDO)


   Si en otros de sus libros se había definido como grafómana, como una verdadera maniática de la escritura, en su novela, Biografía del hambre  (Anagrama, 2006), una verdadera protobiografía de la autora, Amélie Nothomb declara ser la personificación del hambre: “El hambre soy yo…Suponiendo que yo fuese el universo, me rijo por esta única ley: el hambre”. La novela, editada en Francia en el año 2004, confirma la intención de la escritora belga de publicar veinte novelas en otros tantos años, de parecidas dimensiones y escritas con ese estilo ligero, construido a base de miradas incisivas, de  humor e ironía cortantes, si bien espontáneas y no premeditadas. Y Amélie Nothomb, está siendo fiel a sus propósitos. Sus dos últimas obras son respectivamente del año 2012 y del 2013: Barbe blue, recientemente traducida por Anagrama (Barba Azul) y La Nostalgie heureuse, aún no traducida.
    Amélie Nothomb, la “sale gosse” (la chica mala) de la literatura francesa, se reveló en el año 1992 como un prodigio precoz, con  Higiene de l’assassin, una novela que vendió más de 350.000 ejemplares. Años más tarde obtiene un éxito sin precedentes con Stupeur e tremblementes, que cosechó el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y unas ventas que superaron el millón de ejemplares. Hace algunos años, los alumnos gallegos de bachillerato le otorgaron el Premio Arzobispo Juan de San Clemente a Metafísica de los tubos, una nueva ficción de esta mujer, uno de los fenómenos europeos más peculiares y extraños de los últimos tiempos. Pero en cualquier caso, la narradora belga sabe conectar con inaudita complicidad con los interrogantes e inquietudes de nuestro tiempo.
   En su obra podemos diferenciar dos líneas narrativas esenciales: aquellos textos que son ficciones puras (Higiene de l’assassin, Cométique de l’enemi...) y aquellos otros que se basan en temáticas autobiográficas. En esta última línea se inscribe la novela que editó  en español Anagrama en el año 2006, Biografía del hambre, que forma parte de lo que la propia autora denomina “autobiografías temáticas”.
   En el hambre halla Amélie Nothomb la palabra que mejor resume algunos aspectos de su existencia. Pero el hambre es también una suerte de motor de la civilización. El hambre es universal, es historia, es vida. Hambre obligada y hambre querida. La narradora belga es una experta en ambos territorios. Como ya apuntamos, se autodefine, parodiando a Flaubert, como hambre, como la personificación del hambre. El hambre es la esencia de la vida, de la creatividad, del pasado y del futuro, la escuela del deseo en todas sus modalidades. Es por eso que Amélie Nothomb, que no oculta que de niña era insaciable, que lo devoraba todo (conocimiento, chocolate, las matemáticas que la exaltaban…) realiza en este libro una apología contagiosa del apetito, reivindicando una gula con múltiples registros: hambre de comida, pero también de amor, de lecturas, del tan apetecido chocolate, de bebidas, de escritura.
   Biografía del hambre es en realidad la propia historia de Amélie Nothomb desde los trece años hasta que es contratada como intérprete por una empresa japonesa. A lo largo de capítulos breves, pero muy incisivos, la autora belga recupera, con ironía y ciertas gotas de cinismo, la etapa de su infancia de niña y adolescente anoréxica, recorriendo el mundo tras una familia de diplomáticos. Un recorrido “autogeográfico” que tiene su punto de partida en Japón, verdadero paraíso para la pequeña. Luego, la China maoísta donde el hambre prospera para llegar a Nueva York, ciudad de la abundancia. Al final, acompañará a su padre hasta Bangladesh, territorio donde el hambre mantiene su gran imperio.
   Un libro construido a base de episodios breves, a veces cínicos y sentimentales, a veces dramáticos, que dan fe de los problemas de relación de la chiquilla consigo misma y con los demás. Y como telón de fondo, el hambre absoluta, el hambre de vivir y el deseo de descubrimiento y desvelo de una niña insaciable. Subrayamos por último que en Biografía del hambre Amélie Nothomb habla de su anorexia de forma directa. En otros libros, en especial en Diccionario de nombres propios, ya se había enfrentado con el tema, pero narrando historias de un personaje de ficción. Ahora es la propia anorexia, de la que la escritora  fue víctima desde los trece a los diecisiete años, la que se convierte en tema ficcional. Con estilo confesional, Amélie Nothomb revela en pocas páginas ideas sueltas, experiencias y recuerdos que forman una protobiografía carente de reglas. El tono sincero y directo de la narradora – adolescente, inconformista y original, hacen de esta mirada biográfica un obra de agradable lectura, a pesar de esa escritura ligera, marca de la casa y de ciertas revelaciones que semejan trivialidades, pero en las que existen buenas dosis de talento.

Francisco Martínez Bouzas


Amélie Nothomb

Fragmento

“Ya que no había más alimentos, decidí comerme todas las palabras: me leí el diccionario entero. La idea era no saltarme ninguna entrada: ¿cómo decidir de antemano que algunas no merecían la pena?
La tentación de ir y venir de una letra a otra como cualquier usuario del diccionario era fuerte. Se trataba de leerlo en orden estrictamente alfabético, para no perderse ni una sola de sus migajas. El efecto producido era aturdidor.
Fue así como me percaté de una injusticia enciclopédica: algunas letras eran más interesantes que sus vecinas. La más apasionante era la letra A: ¿acaso se debía al lado pérfido señalado por Rimbaud? ¿O era simplemente debido al poder turbador, a esa energía de los principios?
Sospecho que esa lectura tenía un objetivo suplementario, que en aquella época no me había confesado: el deseo de no permitir que mi cerebro se dispersara todavía más. Cuanto más adelgazaba, más sentía que se derretía lo que me hacía las veces de espíritu.”

(Amélie Nothomb, Biografía del hambre, páginas 179-180)

viernes, 7 de marzo de 2014

NOVEDADES DE EDICIONES SIRUELA. AVANCE EDITORIAL



   El comentario de hoy será únicamente informativo. Para dar noticia de novedades editoriales de la editorial fundada en 1982 por Jacobo Siruela (Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo) y que desde el año 2000 forma parte del Grupo Anaya. No es lo que más le agrada al comentarista porque de este avance editorial está ausente precisamente lo que es la esencia de la crítica literaria: la valoración personal. Eso que tan bien expresó Fernando Aramburu el pasado mes de julio: hacer apetecibles las obras valiosas, sin limitarse a descifrarlas con la adusta terminología de profesor, sino tomándose la molestia de transmitir entusiasmo, humanizando generosamente esos textos valiosos por la vía de exponer  una parte de su condición de lector sensible. Pero tampoco seré en este comentario un redactor de reseñas metido a mercader. Hoy, como digo, doy noticia de tres novedades de Ediciones Siruela. Será en otro momento, tras una reposada lectura, cuando ejerza ese trabajo de hacer apetecible las obras valiosas. Hoy me limito a informar  de forma sumaria basándome sobre todo en las respectivas presentaciones editoriales de estas tres novedades de Ediciones Siruela. Papel que también concibo como un servicio al posible lector, aunque reconozco el plus de publicidad que todo ello implica.


Nos acostumbraremos
Zoyâ Pirzâd
Traducción del francés de Isabel González-Gallarza
Ediciones Siruela, Colección Nuevos Tiempos, Madrid, 2014, 257 páginas.

   La autora Zoyâ Pirzâd, es una de las escritoras iraníes más destacadas sobre todo en el panorama internacional, donde es más conocida y valorada que en su propio país. Ha publicado dos novelas y varios libros de relatos, obras con las que ha cosechado varios premios importantes, como el Hooshhang Golshiri Literary Award a la mejor novela del año o el premio a la mejor obra extranjera publicada en Francia en 2009.
   Nos acostumbraremos  es una visión cercana e iluminadora de la vida cotidiana, un reflejo de los anhelos y de los secretos de las mujeres iraníes. La novela nos acerca a Arezu, una mujer iraní divorciada que vive con su hija adolescente y dirige una pequeña agencia inmobiliaria, fundada en su día por su padre. Arezu es una mujer moderna e independiente, como tantas que habitan en el país asiático. Se desvive entre los deseos de su hija de ir a Francia para vivir con su padre y una extravagante madre de mentalidad tradicional y obsesionada con el qué dirán. Y todo se complica exponencialmente cuando inicia una relación sentimental con Zaryu, un cliente de su establecimiento. Relación que la obligará a enfrentarse al rechazo y a la presión de su entorno familiar y al de sus vecinos..
   La autora plasma con inteligencia y sencillez el retrato de una sociedad iraní llena de contradicciones y el de un personaje femenino dotado de un fuerte personalidad. Tan fascinante como una heroína de la narrativa de Jane Austen.


Casanova y la mujer sin rostro
Olivier Barde Cabuçon
Traducción de Teresa Clavel
Ediciones Siruela, Nuevos Tiempos/Policiaca, Madrid, 2014, 215 páginas.

   El autor, aunque ajeno profesionalmente al mundo de la narrativa, es un apasionado de la literatura, a historia y el arte y autor reconocido por sus novelas policíacas con escenarios históricos. La novela que comento, editada en Francia en 2012, es el primer caso del comisario de las muertes extrañas. Ha sido galardonada con el premio Sang d’Ecre 2012.
   Casanova y la mujer sin rostro, sitúa al lector en 1759 en un curioso escenario. Apenas dos años antes el joven Volnay, a pesar de su poca simpatía por la monarquía, salvó a Luis XV de la muerte en el atentado perpetrado por Damiens. Agradecido el monarca, creo para él el cargo de comisario de las muertes extrañas. En París es hallado el cadáver de una mujer sin rostro y Volnay se encarga del caso. Halla en el cuerpo una misteriosa carta con el sello del rey. Así mismo la presencia en el lugar del crimen del libertino Casanova no deja de intrigarle. Los restos de la joven asesinada son confiados a petición del comisario a su ayudante, un monje tan erudito como hereje. La autopsia y los primeros elementos de la investigación conducen muy pronto a Volnay a Versalles, al gabinete real y a las mansiones reservadas a la marquesa de Pompadour en el Parque de los Ciervos, y al laboratorio del enigmático conde de Saint-Germain.
   El autor, con una escritura  ágil y elegante yergue una novela negra protagonizada por un personaje de gran originalidad y, al mismo tiempo, nos ofrece un espléndido retrato de un fascinante período histórico.


Orlando furioso
Narrado en prosa del poema
de LUDOVICO ARIOSTO
Italo Calvino
Traducción de Aurora Bernárdez y Mario Muchnick
Ediciones Siruela, Biblioteca Calvino, Madrid, 2014, 170 páginas.

   El libro que edita Siruela en su Biblioteca Calvino es una original e inteligente incitación a la lectura del poema original de Ariosto, a través de la versión fabulada por la rica imaginación de uno de los grandes escritores contemporáneos, autor de obras tan conocidas como El barón rampante, El caballero inexistente o Las ciudades invisibles.
   Italo Calvino declaró que Ariosto era su poeta, algo que se evidencia por la lectura de parte de su obra. Por eso mismo, este libro es el resultado de un encuentro al que el autor ya nos tiene acostumbrados. Calvino no reemplaza a Ariosto. Se limita a traducirlo, o mejor dicho a reescribirlo, a través de su imaginación. Su prosa por consiguiente nos cuenta, con entusiasmo y sin prisas, las vicisitudes de ninfas, paladines, guerreras y magos que pueblan tanto el poema de Ariosto como, por una prodigiosa metamorfosis literaria, las novelas del propio autor.
   Y cuando la narración llega a puerto, como el mismo dice de Ariosto, «el poema sale de sí mismo, se define por medio de sus destinatarios; y a su vez, es el poema mismo que sirve como definición o emblema de la sociedad de sus lectores presentes y futuros…”
   La edición de Siruela incluye los versos de Ariosto traducidos por el capitán general don Juan de la Pezuela, conde de Cheste y miembro de la Real Academia Española.

Francisco Martínez Bouzas

miércoles, 5 de marzo de 2014

"ELOGIO DEL FETICHISMO" O LA DESENFADADA CELEBRACIÓN DEL EROTISMO



Elogio del erotismo
Pierre Bourgeade
Traducción de  David Cunquil
Prólogo de Vicente Molina Foix
Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 224 páginas.

   Pierre Bourgeade (Morlanne, 1927) fue un escritor francés fallecido en el año 2009. Autor de una amplísima obra en todo los géneros literarios. Fotógrafo y realizador de cine así mismo. Escritor iconoclasta y provocador, pivotó su obra sobre temas como el erotismo, el sexo, la soledad. Autor igualmente de múltiples novelas negras. Numerosos premios y distinciones acompañaron su carrera literaria.
   Elogio del fetichismo bascula entre la narrativa y el ensayo. La obra es una celebración del erotismo en todas sus posibles e infinitas formas. Bourgeade, observador fetichista y de mirada rigurosa y casi clínica, nos lleva en un recorrido literario, desprovisto de juicios morales, a través de las múltiples piezas que componen el rompecabezas del deseo. Amar la parte por el todo. El lector se convierte en voyeur involuntario de relatos, confesiones, poemas y una singular antología de textos de numerosos autores.
   De la obra de Bourgeade escribe el prologuista: “Siendo escritor además de adepto, suponemos una variada gama de fijaciones en lo más rebuscadamente obsceno, Bourgeade tiende a dejar de lado el flujo ensaístico y dar paso al narrador. El libro está compuesto en muchas de sus páginas de relatos verídicos o narraciones orales que él pone por escrito con gracia sicalíptica. Es muy ocurrente en el capítulo VII la lectura necrófila de La colonia penitenciaria de Kafka, con el excurso propio sobre el número de agujeros penetrables en un cuerpo de mujer: siete, dice Bourgeade, aunque si se cuentan los ojos son nueve (…) Este libro de resonancias tan satánicas también está escrito para gente como yo y como usted, que tampoco pertenece  a la cultura del mal autoinfligido y la esclavitud voluntaria” (páginas 11-12).
   El fetichismo, en su acepción más usual, no es otra cosa que la fijación sexual en ciertas partes del cuerpo, en objetos o prendas. Mucho de esto hay en este libro dedicado a Catherine Millet -recordemos su autobiográfia erótica, La vida sexual de Catherine M.- y a su pareja Jacques Henric. Mucho de fetichismo que Bourgeade define, como ya he dicho, “amar la parte por el todo”.Y las partes son incontables: el pie, la pierna, las nalgas, el sexo, las manos, las uñas, el rostro, los cabellos, los labios, la voz...Una mujer que estalla en mil pedazos. Innumerables así mismo los objetos,  prendas y espacios (el rojo, la lencería, el cuero, el vinilo, el latex, la seda, los tacones altos, el tigre, las pieles, el látigo… Fetichismo de las formas ovoides, de las bragas usadas. Fetichismo, en fin, de los lugares incómodos y de los lugares y objetos sagrados. O del mismo crimen.
   Sin embargo, el libro le hace justicia al título original con el que lo bautizó el autor: Éloge des fétichistes. Es decir, Pierre Bourgeade pone el acento mucho más en las personas fetichistas que en los objetos. Por eso mismo la substancia de este texto híbrido está compuesta por un abigarrado mosaico escenográfico de la sumisión con importantes, pero no exclusivos componentes fetichistas. Un auténtico prontuario de las parafilias y de las diversas formas de sumisión, descritas o recogidas por un libertino desaforado. Así lo califica en el prólogo Vicente Molina Foix.
   En el pórtico de la publicación una cita esclarecedora de Pierre Klossowski que, en buena medida, va a servir de hilo conductor de este texto amalgama de Pierre Bourgeade: “Una mujer es totalmente inseparable de su propio cuerpo. Nade le es más extraño que la distinción entre lo físico y lo moral, y el malentendido insalvable comienza con la idea de que no sea más que un animal. Pero claro: su cuerpo sí es su alma”. El autor, por consiguiente pretende llevar al lector por la senda de la separación entre el cuerpo y la moral, de modo que los rigores y constricciones de esta última no obscurezcan o diluyan los fascinantes secretos de los cuerpos.
   Por eso mismo, Bourgeade, en un texto alejado de tabúes y moralismos, pero también de intenciones provocativas, desenvuelve un lienzo interminable que reproduce por supuesto los fetichismos y toda la gama de colores y matices que éste ha proyectado en el arte y en la literatura. Desde Montaigne, Rousseau, el Marqués de Sade, hasta Malcolm de Chazal, Georges Bataille o el “maldito” Pierre Molinier, suicida en 1976, que fue uno de los primeros en expresar con su trabajo y su existencia que cada ser humano es a la vez “masculino” y “femenino”. Desde la sumisión, la exhibición, el bondage hasta la necrofilia o la zoofilia. Una gama de fijaciones sexuales, algunas extremadamente obscenas, en cuyo relato Pierre Bourgeade deja de lado la vena ensayística y se convierte en verdadero narrador. Relatos verídicos, narraciones orales. Literatura erótica sin ningún tapujo, en una precisa y armoniosa amalgama de géneros y formatos; escrita con gran fluidez y con la teatralidad de un hombre también de la escena, pero sobre todo, por un iconoclasta que escribe este libro en la senda de los grandes autores franceses de la escritura erótica.

Francisco Martínez Bouzas


Pierre Bourgeade

Fragmentos

“Allí está ella, desnuda, lívida, rasurada, con toda su parafernalia, que transporta en un bolso de lo más banal. Me gustaba aquel cuerpo azulado, de reflejos vagamente cadavéricos, su voz juvenil pero aplicada. Hablaba lentamente, con tono grave, como si debiera  reflexionar antes de cada palabra. Tenía una licenciatura en Psicología, era asistente de un profesor de la Sorbona. A cuatro patas, los ojos vendados, correa al cuello, pinzas en los senos, plug en el ano, medias negras hasta los muslos, zapatos de tacón de siete centímetros, le pedí que enunciara después de mí, en voz alta, los cuatro estadios del desarrollo del ser humano que, según Freud, conducían  ala sórdida sexualidad macho-hembra fundada sobre diferencias anatómicas azarosas, lejos de la confusión primigenia, en la que el cuerpo entero formaba una sola pieza: estado genial (por detrás le hundí un consolador el  sexo), uretral (tuvo que mear, tal como estaba, en un barreño; anal (removí el plug en su ano) oral (le hice lamer miz zapatos a grandes lametones, por encima, por debajo).”

…..

“El diamantista Michel Bloch, que vivió en París a finales del siglo XIX, es la figura emblemática de los que pinchan o «pinchadores» -pinchadores de agujas-.
Era inmensamente rico. Pensaba, con o sin razón, que el dinero era el opio de la mujer, el potente sedante que permite olvidar los sufrimientos del cuerpo.
Tenía su taller y su boutique cerca de la Ópera, pero compraba sus diamantes en Anvers, ya fuera mandando a sus apoderados, ya viajando él mismo. Dejó unas Memorias secretas en las que cuenta cómo fue en Anvers donde se «encaprichó», según su propia expresión, de la carne de las Rubens que ejercían allí el oficio de cortesanas.
Según él fue una de ellas, cuyo sexo, muy pequeño, quedaba oculto bajo sus formas enormes, la que le sugirió, un día que no lograba penetrarla, perdiéndose dentro del laberinto de pliegues, que le pinchara las nalgas, aquellos monumentos de carne, con las múltiples agujas que ella siempre llevaba consigo; conociéndole, no dudaba que experimentaría más placer con esto que con cualquier otra cosa.”

(Pierre Bourgeade, Elogio del fetichismo, páginas 48, 199-200)

lunes, 3 de marzo de 2014

TENEBROSO FRISO LITERARIO DEL SIGLO XVI



Muerte súbita
Álvaro Enrigue
Editorial Anagrama (Narrativa hispánica), Barcelona, 2013, 258 páginas.

   Muerte súbita, Premio Herralde de Novela 2013, del escritor mexicano Álvaro Enrigue és uno de esos libros necesarios que convierten la lectura en un acto placentero y que, al mismo tiempo, sirven para entender algunas de las grandes encrucijadas de los siglos XVI y XVII. Una novela que amalgama muchas cosas: historia, reflexión acerca del arte y, sobre todo, una meditación sobre la vida, la muerte y la maldad.
   Todo esto lo refleja el autor a través de un ficticio partido de tenis, en la romana Piazza Navona, entre el pintor y asesino Michelangelo Merisi Caravaggio  y el poeta español Francisco de Quevedo. En este partido de tenis del siglo XVI, el lector presencia el enfrentamiento entre dos visiones de la modernidad: la de Caravaggio, un artista con una idea sumamente moderna de la pintura y de la fama, y la de Quevedo, un ejemplo arquetípico de la Contrarreforma, defensor del imperio y del catolicismo.
   La autenticidad de este libro nos permite descifrar muchas de las turbulencias que inundan la modernidad y también “el charco de sangre y mierda que deja la historia cuando se aloca” (página 118). No es una novela sobre Caravaggio, Quevedo, Cortés, Cuauhtémoc, Galileo, Pío IV…, individualidades gigantescas que se enfrentan entre sí: “Todos cogiendo, emborrachándose, apostando en el vacío” (página 201).
   Tampoco un libro sobre la Contrarreforma, mas todo ello acontece en ese tiempo y, por eso mismo, en sus páginas, aparecen curas revirados, ávidos de sangre, sexópatas, rateros que robaban y mataban en el nombre de Dios. Y a pesar de que el hilo conductor es sin duda el partido de tenis, el autor aprovecha esa cancha para
Álvaro Enrigue
recrear otros puntos de atención del convulso siglo XVI: el descabezamiento de Ana Bolena, los brutales avatares de la conquista de México, la corrupta relajación de la Iglesia de Roma, con papas y cardenales rodeados de amantes, hijos y perversión, que emplean, no obstante, su “santo furor” en torturar herejes.
   Novela escrita con verbo  áspero, con palabras enojadas porque los ruines siempre juegan con ventaja y, por supuesto, son ellos siempre los que ganan. Sus victorias se hallan en el origen  de lo más negro y tenebroso de la historia de España y de América durante los siglos XVI y XVII, y tienen cabida en los descansos del singular partido de tenis que Álvaro Enrigue retransmite desde la libertad de la ficción.

Francisco Martínez Bouzas

(Texto publicado el 25 de febrero en el periódico El Correo Gallego de Santiago de Compostela. Para ver el original en gallego pinchar aquí)

domingo, 2 de marzo de 2014

"LAS VACACIONES DE ÍÑIGO Y LAURA": TOPLESS, AMOR, TRAICIÓN Y CELOS



Las vacaciones de Íñigo y Laura

Pelayo Cardelús

Caballo de Troya (Randon House Mondadori), Barcelona 2013, 220 páginas.



  Es la primera vez que en la contraportada de una novela, la empresa editora, después de advertirle al lector que la misma es una novela sobre el matrimonio, le hace constar así mismo que en ningún caso se hará responsable de los posibles efectos colaterales que, para bien o para mal, su lectura pueda producir en aquellos lectores o lectoras que vivan en estado de matrimonio o estuvieran pensando en cometerlo. Quizás sea puro marketing, pero si a ello añadimos la opinión que sobre las pulsiones sexuales en el matrimonio  tiene el autor, Pablo Cardelús (un campo vedado), y la confesión  de que el germen de su novela fue una entrevista en la que Joaquín Sabina decía que los casados eran mucho más guarros que los solteros, surge de inmediato el acicate de leer de un tirón Las vacaciones de Íñigo y Laura, convencidos, como lo está el autor de que el matrimonio moderno, a años luz del tradicional, es o puede ser “un coctel explosivo de intereses egoístas y atracción sexual” que nada más rozarlos puede estallar en mil pedazos.

   Por eso mismo, el lector se va a encontrar en esta novela con un discurso valiente y atrevido sobre el amor posesivo, el deseo y las obsesiones sexuales. Sin revelar la trama argumental, me arriesgo a resumir el hilo conductor de la novela en la siguiente sinopsis: Íñigo y Laura, tras cinco años de matrimonio, esperan por fin descendencia y por eso mismo deciden pasar sus últimas vacaciones como pareja en solitario en una tranquila playa andaluza. Ya en el primer día, tumbados en la arena, Íñigo, un machista reprimido,  le pide a Laura que haga topless y poco más tarde juega como un niño con el cuerpo de su mujer, reduciéndole la parte inferior del bikini a la mínima expresión. Pero cada vez que pasa un hombre, le pide que se vista. Si la que transita cerca de ellos es una mujer, no existe el problema que el protagonista masculino resume en la siguiente aseveración: el topless no es un  derecho fundamental  y mucho menos cuando hay miradas masculinas cerca. No llama la atención el comportamiento de auténtico moro del protagonista masculino por la frecuencia con la que en nuestro país y en otros de nuestra órbita cultural y lingüística salen a flote actitudes machistas que tratan a la propia mujer como un objeto, una muñeca a la que se viste y desviste en función de los celos o de los deseos. Sí que la llama la actitud permisiva de ella que se deja hacer, poner y quitar el bikini una y otra vez y solo se molesta ante  las obsesiones de su marido de que la fotografíen mostrando los pechos.

   A partir de aquí somos testigos de una historia en la que se alterna la comedia y la tragedia y que nos interroga sobre una serie de cuestiones que todavía hoy siguen sin resolver: el sentido del amor, del matrimonio, los celos, el machismo, el cuerpo de la pareja como propiedad privada y la misma muerte. En la última parte de la novela se produce un giro inesperado, un vuelco quizás rocambolesco y una inconcebible catarsis, en buena medida inverosímil, y la realidad hace acto de presencia con toda su crudeza.

   Sería un falso reduccionismo leer la novela de Pelayo Cardelús únicamente como una ficción sobre las vacaciones veraniegas, sobre la vida de la playa de los treintañeros, sobre las fantasías reprimidas. La novela trasciende esas fronteras y va mucho más allá: nos cuestiona, nos demanda respuestas personales y, sobre todo, nos presenta un relato sobre el amor, un amor lleno de traumas, traiciones y engaños, un amor posesivo que reclama el dominio en exclusividad del ser amado, sobre todo la posesión de su cuerpo. Un derecho de exclusividad que le abre el camino a los celos y a los comportamientos sexistas y machistas. Al concluir la lectura de la novela de Pablo Cardelús surge  de forma de forma espontánea y coherente la siguiente pregunta: ¿qué es el amor? ¿Deseo, libido, posesión, conocimiento, fusión de cuerpos y de mentes, senda hacia el descubrimiento de uno mismo y del otro?  ¿O  exclusivo dominio del sexo, el más intenso de los placeres como ha planteado Michel Houellebecq, citado por cierto en la novela?

   Pelayo Cardelús escribe esta novela, no de espaldas a la literatura más innovadora, ya que en el libro hay ciertos guiños metaliterarios, textos eróticos escritos supuestamente por el protagonista masculino. Pero lo que predomina es una narración escrita con precisión, un estilo claro y diáfano no exento de humor e ironía. Y pautada en forma de diario de los diez días de una pareja que en las playas andaluzas no solo toma el sol, sino que se encuentra verdaderamente con su propia realidad como personas y como pareja.



Francisco Martínez Bouzas




Pelayo Cardelús
Fragmentos


“Hoy es sábado y se nota, la playa está llena de gente. Íñigo comprende que su mujer hoy no hará topless. Ni querrá ella, ni quiere tampoco él. Al cabo de un tiempo dan un paseo por la orilla. A su derecha observan la actividad de los grupos, algunos de los cuales han montado un toldo amplio donde una o dos personas duermen la siesta. La mayoría de los grupos hacen dos cosas o una sola, según se mire: descansar (o sea nada) y comer y beber (o sea obedecer los requerimientos del estómago. «El descanso, el estómago y el placer sexual -piensa Íñigo mientras camina en silencio junto a Laura- constituyen los fines mayoritarios de la humanidad. Casi todo el mundo vive (o sea trabaja) para esto y nada más que para esto.» Íñigo no cree perseguir en su vida unos fines más elevados que los de la mayoría de las personas. Sólo a veces, sobre todo cuando lee libros importantes como el de Schopenhauer, quiere convencerse de lo contrario.”



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“Se indignó de repente consigo mismo, parecía idiota pensando esas cosas. Su mujer –la conocía de sobra- era incapaz de serle infiel. ¿Por qué entonces tenía que imaginar aquella escena de infidelidad? Se preguntó luego si de verdad conocía a su mujer, reflexionó sobre ello durante más de cinco minutos y terminó reconociendo que ignoraba cuáles eran sus pensamientos cotidianos. Habían construido su relación en torno a los problemas y los proyectos de él. De los dos, siempre era Íñigo quien hablaba, a veces sin freno, por el puro vicio de articular pensamientos, y siempre Laura quien generosa y pacientemente le escuchaba, a menudo asintiendo a una idea y luego, sin darse cuenta,  ala contraria. Las pocas veces que ella hablaba de sí misma, Íñigo no conseguía mantener la atención.”



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“Una bandada de gaviotas planea rozando el mar con la punta de las alas. Íñigo le quita a Laura la parte de arriba del bikini, luego la contempla. Laura toma el sol primero boca arriba y luego boca abajo. Empieza a mirarla lleno de inquietud, dominado progresivamente por el deseo. Con el consentimiento silencioso de su plácida mujer, pliega la tela de la parte de abajo del bikini de modo que deja al descubierto la mitad exterior de las nalgas; de inmediato, como si formara parte de la misma operación, le baja despacio tan exigua prenda hasta la mitad del culo.

A continuación ocurrió lo que ya hemos descrito en otras ocasiones. Íñigo pasó la siguiente hora intranquilo y febril, cubriendo y descubriendo el cuerpo de su apacible mujer, al compás de sus miedos y deseos. Temiendo reconocer el objetivo oculto de una cámara de fotos, escudriñaba sin descanso las dunas traidoras, los carrizos temblorosos y hasta los balcones de los lejanos edificios.”



(Pelayo Cardelús, Las vacaciones de Ínigo y Laura, páginas 97-98, 123-124, 139-140)