viernes, 6 de diciembre de 2013

"QUEDAN LOS HUESOS": LA TENSA CUENTA ATRÁS DEL KATRINA



Quedan los huesos
Jesmyn Ward
Traducción de Celia Montolío
Ediciones Siruela, Madrid 2013, 255 páginas.

   El “National Book Award” pasa por ser el premio literario de más prestigio de Estados Unidos. Desde su institución en 1936 lo han obtenido, en sus diversas modalidades, los grandes escritores norteamericanos, desde J. Steinbeck hasta Philip Roth pasando por W. Faulkner, Saul Bellow, Thomas Pynchon, Don DeLillo, Cormac McCarthy o E.L Doctorow, entre otros muchos. No deja de llamar la atención que una joven escritora, Jesmyn Ward, de apenas treinta y cuatro años, lo ganase e el año 2011 con su segunda novela, Savage the Bones, premiada así mismo al año siguiente con otro premio de gran reputación: el “Alex Award”. La novela de Jesmyn Ward acaba de ser traducida al español por Celia Montolío para Ediciones Siruela, que nos la ofrece bajo el título de Quedan los huesos.
   Sin ser propiamente una novela confesional, Quedan los huesos se alimenta en buena medida de las experiencias vitales de su autora. La joven escritora estadounidense nació en un pequeño pueblo de Mississipi (DeLisle), una zona pobre, poblada por familias de color. Después de una infancia complicada en su etapa escolar, sin ser ajena al bullyng, ella misma sufrió en sus carnes la enorme devastación del huracán Katrina. El fallecimiento de su hermano menor, atropellado por un conductor borracho, y cuya memoria quiso honrar, la encaminó por la senda de la escritura, después de concluir sus estudios universitarios y  su aprendizaje en talleres literarios.
   La novela recrea los once días que precedieron al Katrina y el día después en el seno de una familia pobre afroamericana -la madre compraba para los hijos deportivos negros que disimulaban la suciedad-, que vive en un hueco del bosque, llamado el Hoyo, del pueblo de Bois Sauvage. La madre había fallecido en el nacimiento de Junior, el hermano menor. El padre, bebedor empedernido, se hace cargo a su manera de la familia. Esch, una chica de apenas quince años, es la protagonista y la voz narradora. Esch ha tenido sexo con los amigos de sus hermanos desde los doce años porque, dice, es más fácil permitir que el chico empuje hacia delante que mandarle parar. A los quince, durante ese intervalo de espera del huracán, comprende por sus reiterados vómitos que está embarazada.
   La familia almacena alimentos para soportar lo que se avecina, pero apenas hay nada que pueda servir de provecho. Cada uno de sus tres hermanos tiene intereses dispares. A Randall, el mayor solo le apasiona el basketball, mientras Skeetah pugna con sus pequeños hurtos para mantener con vida los cachorros de China, la perra pitbull. Pero sin embargo irán muriendo uno tras otro, al compás del avance de las jornadas de tensa espera. Junior también intenta hacerse oír en una familia desestructurada en la que se nota la fatal ausencia de la madre.
   Y así transcurren los días en los que se desarrolla la acción de la novela y se acerca el dramático final. Niños, adolescentes que sobreviven en la miseria del lumpen, entre chatarra de coches abandonados, gallinas y aguas putrefactas.
   El relato, escrito con el duro lirismo de la miseria, es un trasunto a la vez del desarraigo, de la falta de amor parental de esta familia y de la unión de los hermanos que afrontan con coraje la llegada del ciclón. Libro propicio para aquellos lectores amantes de la narrativa minuciosa. Porque Jesmyn  Ward narra todos los detalles de la cotidianidad  de los once días, de esta dramática cuenta atrás: los pocos instantes gozosos de la familia, los trabajos para sobrevivir, los baños en las aguas cenagosas del Hoyo, la búsqueda de la comida, el almacenamiento de provisiones, que el padre acumula para soportar el huracán y que los hijos birlan, el sonido del martilleo del progenitor clavando paneles en las ventanas, las vicisitudes del parto de la perra, las carreras de los amigos por las canchas de baloncesto. Detalles que constituyen el día a día, el horizonte vital de esta familia y el corazón de la novela. Pormenores seguramente demasiado tediosos para otros lectores que se conmoverán, por el contrario, con las angustias e inquietudes  del embarazo de la chiquilla de quince años, que Manny, el chico con el que se ha acostado el último año, se niega a reconocer porque, le dice, todos saben que eres una putilla que te follas a todos los que vienen al Hoyo. Pero lo que Esch lleva en su vientre es implacable, como el huracán de fuerza cinco que llega al final. El tejado y algún árbol que se mantiene en pie, son el refugio de la familia. Un rayo de esperanza que se deja ver en la tormenta.

Francisco Martínez Bouzas



Jasmyn Ward

Fragmentos

“La única cosa que me ha resultado fácil, como nadar en el agua, fue el sexo cuando empecé a tener relaciones. Tenía doce años. La primera vez fue tumbada en el asiento delantero del dúmper de papá. Fue con Marquise, que solo me sacaba un año. El mejor amigo de Skeetah, estaba tan unido a nosotros dos que durante los veranos era prácticamente como si viviera en casa. Salíamos los tres corriendo por la parte de atrás (…) Estábamos en el dúmper escondiéndonos de Skeetah, esperando a que nos encontrase, cuando Marquise me preguntó si podía tocarme una teta. Empezaban a salirme por aquella época, pero todavía eran pequeñas como los picos de crema del pastel de limón y merengue, con nudos duros en el centro. Le di permiso, y entonces me pidió que le enseñase mis partes íntimas, porque tenía miedo de no ver ninguna cuando fuera mayor. Se las enseñé. Y entonces empezó a tocarme, y me gustó, y luego no, pero después me volvió a gustar. Y era más sencillo dejarle seguir que pedirle que parase…”

…..

“Es terrible. Es el viento flagelante, un cable que azota como si fuera un cinturón de castigo. Es la lluvia que hiere como las piedras, que se adentra por nuestros ojos y los incita a cerrarse. Es el agua, arremolinándose, acumulándose, desparramándose por todas partes, marrón con una contracorriente de rojo, la arcilla del Hoyo como un corte que no para de gotear. Son los restos del terreno; las neveras, los cortacéspedes, la autocaravana y los colchones, flotando como una flota. Son árboles y ramas que se rompen, estallando como petardos del gato Negro en un infinito chisporroteo de explosiones, una vez y otra más. Somos nosotros apiñados en el tejado, yo con el alambre del asa del cubo echado al hombro y temblando contra el plástico. Está en todas partes. Papá se arrodilla detrás de nosotros, intenta agruparnos a todos con él. Skeetah abraza a china y China aúlla. La camioneta de papá se se escora lentamente en el terreno.”

(Jesmyn Ward, Quedan los huesos, páginas 31-32,  227-228)

martes, 3 de diciembre de 2013

" EL CABALLO NEGRO", UN RETRATO DE LA CRUELDAD HUMANA



El caballo negro
Borís Sávinkov
Traducción de Marta Rebón
Introducción de Marta Rebón y Ferrán Mateo
Editorial Impedimenta, Madrid 2013, 185 páginas.

   Borís Sávinkov, autor de El caballo negro fue sin ningún género de dudas un personaje singular, cuyo perfil es preciso tener en cuenta para entender cabalmente el alcance de este libro. Nacido en Jarkov (Ucrania) en 1879, presuntamente se suicidó arrojándose por la ventana de la prisión Lubianka el 7 de mayo de 1925. Entre esas fechas, una vida agitada. Participó de pleno en la revolución rusa y en sus fases previas como miembro de organizaciones de ideología socialista.  Fue brazo ejecutor de varios atentados por lo que fue calificado por Lenin, después de su deserción de las filas bolcheviques, como “un burgués con una bomba en el bolsillo”. Y en  1920 por la intelectualidad parisina (Picasso, Apollinaire, Cendrárs)  como nuestro amigo el asesino. Sávinkov efectivamente fue terrorista y como tal un “soñador del absoluto”, tal como consideró Marx a los autores de los primeros brotes de terrorismo en Rusia. Terrorista contra el régimen zarista, asesino del ministro de interior del zar y del gobernador general de Moscú. Huye de Rusia y se codea con la bohemia te Montparnasse. Regresa más tarde a Rusia y lucha con la revolución, llegando a ser nombrado ministro de guerra por Kérenski. En desacuerdo con los bolcheviques, huye de nuevo del país y, con la ayuda de países como Francia y Polonia, recluta un ejército de campesino -el movimiento verde- con la finalidad de sublevar la Rusia rural contra la supremacía bolchevique. No lo consiguió y, encarcelado en la Lubianka, acaba sus días entre incógnitas este dandi y terrorista admirado por Somerset Maughan, inspirador de Camus en el drama Los justos y prototipo del superhombre nietzscheano -“caballo desbocado”, escribe sobre si mismo-,  pasado por el cedazo de Byron, en palabras de los autores para esta edición de una extensa y clarificadora Introducción.
    Múltiples  opiniones se han vertido sobre Borís Sávinkov, pero ninguna tan  definitiva como la emitida por el propio personaje: “terrorista (…) no tengo interés alguno en una existencia pacífica”.
   La presente edición de Impedimenta recoge dos textos de Borís Sávinkov: El caballo negro y el texto  póstumo En prisión. La primera parte de El caballo negro, narrado todo él en forma de diario, da comienzo con un episodio en el que el coronel Nicolaiévich, alter ego del propio Sávinkov (en otros momentos del relato será George) se encuentra al frente de un regimiento del ejército verde antibolchevique en tierras polacas. En la segunda parte, los avatares bélicos que Sávinkov no explicita, reducen el regimiento a poco más de una veintena de hombres que luchan con tácticas de guerrilla contra el poder bolchevique. Finalmente en la parte conclusiva, el colapso de las fuerzas de Sávinkov convierte a sus seguidores en un grupúsculo de saboteadores.
   Sávinkov hace de su relato un reflejo de lo que fue la guerra civil rusa: una historia preñada de violencia y dramatismo. Un relato estremecedor en el que el autor no oculta las atrocidades que sus mismos camaradas, sin una clara ideología política, van sembrando en las humildes aldeas por las que pasan. Especialmente en la última parte de El caballo negro, consciente Sávinkov de que su lucha está perdida, la narración se centra en la vida solitaria y monótona y en su permanente huida.
   El libro es en el fondo un largo alegato contra la sinrazón de la guerra,  a la vez que delinea un retrato de la condición humana cuando se halla sometida  a un conflicto armado: animales que quieren luchar aunque la victoria se vislumbre como algo imposible. No hermanos contra hermanos, sino piojos contra piojos, exclama Sávinkov.
   En prisión, texto publicado póstumamente  después de ser expurgado por la censura soviética, cuenta también en forma de diario el desmoronamiento físico y moral de un revolucionario que, después de intentar vanamente dar marcha atrás, se hunde en la Lubianka.
   Un lenguaje crudo y seco, con un narrador que se desdobla entre la mano que ejecuta y ordena fusilar y la mano que escribe y relata lo que va aconteciendo en ese ejército degenerado, suturado todo por frecuentes alusiones apocalípticas del fin del mundo, le dan forma a este testimonio de un hombre que confiesa algunos de los más extremos errores cometidos en el siglo XX y en lo que él también participó.

Francisco Martínez Bouzas



Borís Sávinkov


Fragmentos

“La pequeña ciudad donde estamos acantonados es miserable y sucia. Hay arena por doquier: en el bosque, en los caminos, en las calles, en la almohada. Como si estuviéramos en el desierto de Arabia. Pero en el desierto calienta el sol, mientras que aquí se apaga el día plomizo, se arremolina la pegajosa nieve de otoño y por las mañanas el frío entumece los dedos. Solo llevamos nuestros capotes de verano. No tenemos botas de fieltro. Ni manoplas. Algún listo en la retaguardia se dedicó a robar lo ajeno.
En la plaza de la ciudad las aceras desgastadas están cubiertas de estiércol de caballo y de polvo. Las mujeres envuelven sus cabezas en pañuelos blancos y los campesinos llevan zamarras blancas. Casi no se ven judíos. Los judíos huyeron a los bosques, con los ancianos, sus mujeres e hijos, con sus vacas y bártulos. Para ellos nosotros no somos libertadores, sino instigadores de pogromos y asesinos. En su lugar, yo también habría huido.
Los pogromos, los pillajes y las violaciones están rigurosamente prohibidos. Bajo pena de muerte. Pero sé que ayer los hombres del segundo escuadrón jugaban a las cartas apostando relojes y anillos; que el capitán Zhgun saqueó una tienda judía; que  los ulanos tienen dólares americanos; que en el bosque han encontrado el cadáver mutilado de una mujer. ¿Fusilar a los cúmplales? Ya he fusilado a dos. Pero no puedo fusilar a la mitad del regimiento.”

…..

“«¡No matarás…! »  Hubo un tiempo en que esas palabras me atravesaron como un cuchillo. Ahora…Ahora me suenan falsas. «¡No matarás!», pero a mi alrededor todos matan. Se derrama el «zumo de arándanos», salpica incluso las bridas de los caballos. El hombre vive y respira para el asesinato, vaga entre las tinieblas sangrientas y en las tinieblas sangrientas muere. Los animales salvajes matan cuando los atormenta el hambre, pero el hombre mata por cansancio, por pereza, por aburrimiento. Así es la vida. Es nuestra naturaleza más íntima, escapa a nuestra voluntad y no está en nuestras manos cambiarla…”

(Borís Sávinkov, El caballo negro, páginas 36-37, 52)

domingo, 1 de diciembre de 2013

"COMÍ" DE MARTÍN CAPARRÓS: QUÉ SIGNIFICA COMER



Comí
Martín Caparrós
Editorial Anagrama, Barcelona 2013, 231 páginas.

   Cincuenta y nueve mil parecen ser las veces que ha comido una persona de cincuenta años, según afirma el escritor argentino Martín Caparrós. Y añade que sobre algo que hemos realizado tantas veces, deberíamos haber desarrollado algún tipo de sabiduría. Pero no, nuestro conocimiento sobre la comida queda en manos de especialistas, se ha transformado en gastronomía. Saber sobre nuestras comidas, repasar nuestras vidas a través de ellas es el propósito de esta novela de Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), autor de una veintena de libros, entre ellos Los Living (Premio Herralde de Novela, 2011).
   Comí, en palabras de su propio autor, es un libro muy raro, con un formato híbrido discutible: a caballo entre el ensayo, el libro de memorias, la autobiografía (confusamente autobiográfico) y la pura ficción sobre la complejidad de una realidad como es el hecho tan natural y ajeno normalmente a nuestra reflexión de ser un cuerpo, con la cantidad de cosas que suceden en nuestro cuerpo, apostilla el escritor.
   Un hombre, un tal señor Caparrós, personaje y voz narradora cae bajo el dominio de la máquina médica, representada por el doctor Bellone. Deben realizarle una videcolonoscopia. Nada complicado, solamente tres días. Y para poder hacérsela, tiene que guardar ayuno y vaciar completamente su intestino. Ningún problema porque además usted ya ha comido mucho en su vida, reitera la voz de la máquina médica. Su aparto digestivo le pide ahora una devolución de favores. A partir de aquí, al paciente se le ocurre autodefinirse, detallar su pasado, aunque le aterre, como ser que comió y come cada día. La siguiente preocupación será saber qué significa comer mucho, saber cuánto ha comido.
   El personaje rememora entonces los episodios de su vida relacionados con la comida hasta su entrada en el quirófano. Un amplio abanico de acciones que el protagonista contabiliza, asociadas no solo con los alimentos, sino también con las sensaciones, con los sentimientos, con los afectos, sobre todo maternos, con lo recuerdos que, como la magdalena proustiana, asociamos a ciertas comidas y a determinados momentos: por ejemplo, la leche humana que comemos en nuestros primeros meses de vida como si comiésemos a nuestra madre.
   Pero comer no solo es deleitar las tripas. Comiendo establecemos nuestro lugar el  mundo, porque las comidas me constituyen como cultura, forman parte de nuestra historia. Comer nos configura como explotados o explotadores, aunque es bien cierto que las abstinencias no solucionan nada ni acaban con la explotación ni con las plusvalías. Pronto aprendemos a comer no solo por hambre, sino por rendirle un tributo al placer, a la ilusión de que el pasado  no se fue, sigue vivo en los gustos y aromas.
   De este modo, durante tres días y hasta su entrada en la sala de operaciones, el protagonista, a la vez que vacía su estómago y sus intestinos, hace lo mismo con su vida. Una evacuación  total de su existencia solitaria y de su vida familiar con su pareja y su hija. Reflexión pues sobre la comida, sobre el poder de la maquinaria médica a la que sometemos nuestros cuerpos. Y recuperación de múltiples episodios de la vida del protagonista que a veces se parece a Martín Caparrós y otras no y que en el fondo es un personaje de ficción.
   La novela, que  forma parte de la “Trilogía monstruosa” del escritor argentino (Entre comidas, Comí y Hambre), piezas literarias con la comida como hilo conductor, no solo es una ruptura de géneros, como reivindica el autor, sino un libro cuyo género no se puede definir  claramente.
   En el texto e Martín Caparrós se reserva un lugar muy especial y más bien desabrido a la medicina, a su poder omnímodo sobre nuestro cuerpo (“Uno hace muchas más búsquedas cuando se quiere comprar un teléfono móvil que cuando se pone en manos de un doctor que es  a la vez verdugo y salvador).
   Un cierto aire satírico, especialmente cuando el texto toca temas literarios, buenas dosis de humor, un juego de personajes (el protagonista es y no es a la vez es mismo escritor) salpican  y convierten en placentera la lectura de este libro “muy raro” que en más de una ocasión no deja de inquietar nuestra conciencia.

Francisco Martínez Bouzas



Martín Caparrós

Fragmentos

“Comer -cierta manera de comer- es deshacerse del mundo. Pero también es meterse el mundo en el cuerpo: comer unas papas fritas es tragarse el trabajo de unos jujeños que emigran cada año al sur de la provincia de Buenos Aires para la cosecha de la papa y se hunden en el barro y duermen en barracones fríos durante semanas por una paga vergonzosa mucho mayor que la que pueden conseguir en sus lugares. Comer un bife es sostener un sistema de transporte en el que camiones manejados por sindicatos poderosos gastan miles de litros de combustible para llevar esa carne viva hasta un centro de concentración del poder económico. Comer unos brotes de soja es masticar el nuevo orden argentino basado en la explotación depredadora de tierras que se agotarán en unos años, vacías de población y derrochadas. Comer es llevarse a la boca relaciones de producción, biografías, injusticias varias, usos de los recursos naturales, conflictos internacionales, tabúes religiosos, elecciones culturales, más y más biografías. Yo lo sé, lo escribí, no lo puedo ignorar –y no lo ignoro cada vez que como.”

…..

“Pero soy un cobarde. Fracasé porque soy un cobarde y, porque soy un cobarde, no pude terminar de resignarme a ese fracaso. Últimamente ando diciendo -como quien no quiere la cosa, sin proclamarlo, como si no lo dijera realmente ando diciendo- que toda literatura debería ser póstuma: que todo libro debería publicarse cuando su autor ya ha muerto, cuando esa figura infecciosa del autor ya no interfiere con la lectura de sus obras, cuando el libro importa por sí mismo y no por lo que pueda producir –de dineros, de pequeña reputación, de prebendas baratas –para quien lo escribió.
-Toda literatura debería ser póstuma.
He dicho –o, más que dicho, susurrado-tantas veces. Y nunca aclaré el malentendido que la frase suscita: que yo, su promesa ex promesa, voy a cumplir con la premisa: que escribo textos y más textos que reservo para después de muerto: que, por fin, encontré el modo de no dejar de ser el que será.”

(Martín Caparrós, Comí, páginas  33-34, 101)

martes, 26 de noviembre de 2013

"HACER EL AMOR" Y "ELOGIO DEL FETICHISMO", NOVEDADES DE EDITORIAL SIBERIA



Logo de Editorial Siberia

   Editorial Siberia es un pequeño sello editorial independiente que, a pesar de la crisis, nace con la intención de descubrir y proveernos de buena literatura, tanto de narrativa traducida, como de aquella escrita directamente en español, como es el caso de Lista de desaparecidos de Andrés Barba y Pablo Angulo, recientemente comentada en este cuaderno de crítica y noticias literarias.

   Es la forma que tiene Iria Rebolo, la editora de Siberia y todas aquellas personas que con ella colaboran, de luchar contra el libro único. Hoy me hago eco de dos novedades que, en su día, fueron éxitos literarios en la narrativa francesa. Descubrimos pues los libros de Siberia para desvelar la naturaleza no de ese territorio real solitario, sino para descubrir un lugar imaginario donde tiene cabida la literatura.

   Traigo pues a este blog noticia de dos novedades de Siberia editadas este año. Es la impresión provisional, la primera ojeada, extraída sobre todo de la presentación editorial y en el caso de Elogio del fetichismo del prólogo de Vicente Molina Foix. En otros momentos volveré sobre estos libros con reseñas más reposadas y valorativas.



Hacer el amor


Jean-Philippe Toussaint

Traducción de David Martín Copé

Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 120 páginas.



   El autor Jean-PhilippeToussaint (Bruselas, 1957) es un escritor belga que compagina su profesión con la de cineasta. Es autor de ocho novelas y varios relatos, todo ello publicado en la prestigiosa editorial francesa Les Éditions de Minuit, que se caracterizan por un estilo minimalista y en las que los personajes y las cosas no tienen más significado que el suyo propio. Ha obtenido el Prix Victor Rossel en 1997, el Prix Médicis en 2005 y el Prix Décembre en 2009. Sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas entre los que se encuentran el castellano, el gallego y el catalán. Además de escritor, Jean-Philippe Toussaint es director y guionista de cine y fotógrafo (Fuente: Wikipedia). La verdad sobre Marie es posiblemente su novela más conocida.

   Hacer el amor es la historia de una ruptura amorosa. Protagonizan la novela una pareja que asiste confundida a la desintegración de su relación  sentimental y hacen el amor por última vez, como si fueran unos completos desconocidos. La trama se desarrolla en la ciudad de  Tokio, un escenario del final de su amor casi irreal. Habitaciones de hotel, neones, calles nevadas, seísmos de baja intensidad… y una misteriosa botella de ácido clorhídrico acompaña acompañan al protagonista hacia el final presentido, el desamor.





Elogio del fetichismo


Pierre Bourgeade

Traducción de David Cauquil

Prólogo de Vicente Molina Foix

Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 224 páginas.



   Pierre Bourgeade (Morlanne, 1927) fue un escritor francesa fallecido en el año 2009. Autor de una amplísima obra en todo los géneros literarios. Fotógrafo y realizador de cine así mismo. Autor iconoclasta y provocador, pivotó su obra sobre temas como el erotismo, el sexo, la soledad. Autor así mismo de múltiples novelas negras. Numerosos premios y distinciones acompañaron su carrera literaria.

   Elogio del fetichismo bascula entre la narrativa y el ensayo. La obra es una celebración del erotismo en todas sus posibles e infinitas formas. Bourgeade, observador fetichista y de mirada rigurosa y casi clínica, nos lleva en un recorrido literario, desprovisto de juicios morales, a través de las múltiples piezas que componen el rompecabezas del deseo. Amar la parte por el todo. El lector se convierte en voyeur involuntario de relatos, confesiones, poemas y una singular antología de textos de autores como Sade, Rimbaud, Montaigne, Baudelaire o Georges Bataille.

   De la obra de Bourgeade escribe el prologuista: “Siendo escritor además de adepto, suponemos una variada gama de fijaciones en lo más rebuscadamente obsceno, Bourgeade tiene a dejar de lado el flujo ensaístico y dar paso al narrador. El libro está compuesto en muchas de sus páginas de relatos verídicos o narraciones orales que él pone por escrito con gracia sicalíptica. Es muy ocurrente en el capítulo VII la lectura necrófila de La colonia penitenciaria de Kafka, con el excurso propio sobre el número de agujeros penetrables en un cuerpo de mujer: siete, dice Bougeade, aunque si se cuentan los ojos son nueve (…) Este libro de resonancias tan satánicas también está escrito para gente como yo y como usted, que tampoco pertenece  a la cultura del mal autoinfligido y la esclavitud voluntaria” (páginas 11-12)



Francisco Martínez Bouzas

lunes, 25 de noviembre de 2013

"EL USO DEL HOMBRE", UNA INMERSIÓN EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS



El uso el hombre
Aleksadar Tisma
Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
Acantilado, Barcelona, 2013, 336 páginas.

   La literatura serbia tuvo durante el pasado siglo en Ivo Andric a su más reconocido representante. En nuestros días, la pluma de Danilo Kis recorre la narrativa serbia más reciente. En su influencia bebe Aleksandar Tisma (Novi Sad, Voivodina, 1924-2003), autor del ciclo “Ramas entrelazadas”, que el escritor consideró como su Pentateuco sobre el Holocausto, una valiente y conmovedora inmersión en el corazón de las tinieblas. Cinco novelas de las que Acantilado ha publicado tres: El Kapo (2004), El libro de Blam (2006), El uso del hombre (2013) y a las que hay que sumar Escuela de impiedad (versión en serbio, 1978) y Lealtad y traición (1983, así mismo en la versión original).
   Aleksadar Tisma creo en Novi Sad un lugar para la literatura europea comparable al Trieste de Svevo o a Danzica de Gunther Grass. Nacido como Danilo Kis en Voivodina, halla en su propia biografía los motivos de fondo de su obra literaria. Escritor inmenso y comprometido, empeñado en temas nada simples como el poder, el fascismo, el Holocausto, los nacionalismos excluyentes, el universo maligno del lager, el drama del sobreviviente que le hace gritar: “Todos los que sobrevivimos a la Segunda Guerra Mundial somos cómplices y culpables de la muerte de los demás”.
   Mas las novelas de Tisma, además de piezas testimoniales, son obras de gran calidad literaria que se imponen por su fuerza evocativa, sin desertar el escritor del deber de escrutar y describir de forma amplia y profunda aquella zona gris o negra de la sociedad humana en la que la aniquilación de sus miembros no solo es posible, sino que parece un hecho intranscendente.
   El uso del hombre es un ejemplo perfecto de lo que acabo de escribir, un fiel reflejo del totalitarismo, capaz de convertir la realidad humana en un mero accidente irrelevante, como se desprende del título de la novela, “donde se escribe la gramática del poder” como ha definido a la novela Rafael Narbona. El texto de A. Tisma gira alrededor  de la ocupación nazi de la antigua Yugoslavia y refleja el indescriptible dolor desatado por el nazismo y el poder dictatorial estalinista al finalizar la Guerra.
   La novela se desarrolla en Novi Sad. La ciudad danubiana está habitada por un conjunto étnico heterogéneo: serbios, húngaros, suabos de habla alemana, judíos, capaces sin embargo de vivir en armonía. Pero la llegada de los “Nuevos Tiempos” del régimen colaboracionista del almirante Miklós Horthy siembra en la pacífica población el terror y la muerte. Primero fue el terror nazi, posteriormente para los sobrevivientes, algo parecido en los campos de internamiento comunistas. El uso del hombre es un inmenso friso del drama en el que el lector se encuentra con múltiples historias cruzadas, todas ellas atenazadas por el espanto nazi. Entre el mosaico de personajes, cobran especial relieve Anna Drentvensek, profesora particular de alemán que, por sus orígenes, representa el país de los grandes genios en las letras y en la música, pero también el expansionismo alemán. Anna escribe un diario, reproducido en la parte final del libro, que abarca desde mayo de 1935 hasta primeros de noviembre de 1940. Ella actuará como hilo aglutinador del relato. Alumnos suyos son Vera Kroner y Skredoje Lazukic. Hija de un comerciante judío la primera, casado con una prostituta alemana que acepta el matrimonio con un judío para escapar de la miseria. Lazukic lo es de un abogado serbio que profesa un nacionalismo extremado. Deportados a Auschwitz, Vera, muy atractiva y sensual, se ve obligada a prostituirse y eso la salva del exterminio, pero crea en su interior una incurable ruptura psicológica que afecta a su futuro afectivo: la necesidad de debatirse entre dos polos, elegir entre la ética o la supervivencia.
   La novela narra así mismo la Shoah de los judíos, recreada con un realismo escalofriante. La deportación en vagones de ganado, las inhumanos y caprichosas selecciones, las cámaras de gas, los crematorios.
   En definitiva, el uso del hombre, como reza el título, como si fuera un insubstancial y vulgar juguete; con el sexo que empapa buena parte de la novela, como elemento de dominación, como ya había hecho Tisma en la novela A las que amamos. El sexo humillante, medio de supervivencia (el amor pagado) o arma de guerra que se repite invariablemente en todas las contiendas.
   Escritura minuciosa que se deleita en los detalles, retrato realista de aquella inmensa degradación humana, del horror concentrado de forma apocalíptica  en Novi Sad. Estremecedora metáfora del siglo XX.

Francisco Martínez Bouzas



 
Aleksandar Tisma



Fragmentos

“Muertes naturales y violentas. La muerte por asfixia de Sara Kroner, de soltera Davidson, en la cámara de gas de Auschwitz camuflada de baño. Su bamboleo sin el sostén de la mano de Vera, en medio de un griterío cuyo sentido se le escapa, la impotencia de sus dedos para hacer pasar el botón por el ojal del vestido, por lo que se lo arranca una mano ajena, igual que acto seguido le arranca la ropa interior, hasta dejarla en cueros, sólo con la piel arrugada y flácida. Su vergüenza, su lamento que busca protección, que busca a su hijo, que ha quedado en alguna parte, a Vera que ha quedado atrás, su oración que no es más que un murmullo absurdo, porque ya no se agarra a nada, porque no tiene nada salvo un pedazo de jabón que le han puesto en la mano, que es un engaño, se da cuenta cuando los rostros que la rodean se vuelven verdes, los ojos salen de las órbitas, y a ella misma la tos  le sacude el pecho y la boca se le retuerce en vano buscando aire puro, que tampoco queda ya, una bocanada de aire puro.”

…..

“En la sinagoga nos retuvieron tres días, del 25 al 28 de abril. El cuarto día, al alba nos despertaron y nos ordenaron que preparáramos nuestras cosas para el viaje, pero que no hiciéramos ruido, porque la ciudad todavía dormía. Todos nos dedicamos a recoger el equipaje desparramado y luego, custodiados, salimos a la calle. Allí nos hicieron formar y nos llevaron por medio de la calzada hacia la estación. Todavía estaba oscuro. Al que lloraba lo hacían callar, a los que no lograban dominarse los silenciaban a golpes de culata. Un poco más allá de la estación, en una vía secundaria, nos esperaba un tren: una larga fila de vagones de carga con las puertas abiertas y centinelas alrededor. Nos ordenaron subir. Los vagones se llenaron rápidamente y los soldados, siempre desde fuera, empujaban a culatazos a la gente para que trepara y se apretujara. Por fin, estuvimos todos dentro, nos encerraron y echaron el cerrojo a la puerta. Estábamos hacinados, en penumbra; reinó entonces el griterío y la confusión. Unos pedían ayuda, porque tenían contusiones, otros clamaban pidiendo aire, los niños chillaban y las madres intentaban tranquilizarlos.”

…..

“Los soldados alemanes solían entrar en las tabernas de dos en dos, con un aire bastante rígido, como si esto no fuera para ellos un lugar de diversión, sino de obligación, desde el umbral saludaban a un punto indefinido del espacio, se sentaban en una mesa vacía del rincón, se quitaban las gorras y las colocaban ordenadamente en el perchero, pedían cerveza y bebían conversando un buen rato antes de llamar a la chica a su mesa y llegar  aun acuerdo, más con gestos que con palabras, las cuales, por regla general, ella no comprendía. Uno solía salir con la mujer mientras el otro se quedaba guardando la mesa, y luego intercambiaban los papeles. Realizaban esa consumición carnal con una ostensiva rapidez y era evidente que con mucha premeditación: no se entusiasmaban, no se emborrachaban, sino que, una vez satisfechos ambos, continuaban bebiendo lo que habían pedido e intercambiaban sus experiencias con miradas cómplices.”

(Aleksandar Tisma, El uso del hombre, páginas 129, 226, 247)

sábado, 23 de noviembre de 2013

"LA NOVELA PERDIDA DE BORGES": PROPUESTA METALITERARIA DE NOVELA FRACTAL



 
La novela perdida de Borges
Pablo Paniagua
Ediciones Nowtilus, Madrid, 2013, 238 páginas.

   
    Esta novela, si le hacemos caso a la presentación editorial, es un “prodigioso ejemplo de novela fractal”. El fractal (“fractus”, fraccionado) es una conquista de la ciencia moderna o posmoderna, esa ciencia que surge  como ruptura frente  a  la arquitectura racionalista. Trasladada esa infinita dirección al campo literario, el mismo Pablo Paniagua la define así: “aquella que multiplica lo signos lingüísticos dentro de un orden sintáctico, como si se tratara de un juego de espejos que busca en su repetición, en ese juego, una dinámica dentro de lo infinito, de lo laberíntico o lo circular”. 
   Pocos escritores poseen el bagaje de Pablo Paniagua para afrontar el reto de escribir una novela fractal. Porque este madrileño, trasterrado a Guanajuato (México), escribe sobre todo literatura experimental, convencido como está de que es preciso abrir nuevos caminos. Artista conceptual, emplea la palabra como material de trabajo. Iconoclasta, antisistema, periférico, utiliza con frecuencia la literatura para subvertir. Y en esta novela, Pablo Paniagua asume la apuesta de narrar el mundo con las mismas herramientas con las que lo hace la ciencia y, como en su día, ya lo hicieron Cortázar (“Continuidad de los parques”), Borges (“El Jardín de senderos que se bifurcan”) o Georges Perec (“El aumento”).
   Pero en La novela perdida de Borges, además de múltiples detalles fractales, también hay una trama y sobre todo una desmitificación de Borges. La trama deriva su desarrollo de las respuestas a un interrogante: Jorge Luis Borges nunca escribió una novela en formato largo. ¿Cuál fue el motivo? ¿Qué razones psicológicas originaron tal hecho?  John Lehninger, un discutido y polémico historiador canadiense, expulsado de México por haber declarado que la imaginación y la creatividad de Juan Rulfo eran muy limitadas, se dispone  a responder a esa pregunta en una conferencia que imparte en Madrid, en la que revela que Borges era, en efecto, incapaz de componer un texto literario extenso, inepto “para extender el tiempo narrativo” (página 23), a la vez que se regodea con la adicción de Borges a utilizar palabras aparatosas, como el adjetivo “inextricable”, con el que el historiador canadiense titula su conferencia (“El inextricable Borges”).
   Intenta probar la primera hipótesis haciendo referencia a un inconcluso manuscrito de 69 páginas que ha podido cotejar, y que Borges fue incapaz de finalizar debido a la sumisión a una madre dominante y a su falta de virilidad que lo convertía en Georgie. Entre el público que le abuchea -otros le aplauden-, hay un joven que le asesina al grito de “¡Viva Borges!”. Asisten  a la conferencia y son testigos del asesinato dos estudiantes de Literatura, el madrileño Jorge Luis, que se empecina en llamarse Witold Borges y la mexicana Aurora Yazbeck. La chica, en buena medida por sus atributos físicos, convence a Jorge Luis para trasladarse a México e ir tras las pistas del manuscrito de Borges. Y en efecto se trasladan al país azteca,  a la ciudad de Guanajuato, donde serán testigos y se verán inmersos en una historia repleta de peripecias: dudas, recelos, sexo, chantaje, traición.
   La novela concluye con un apéndice ensayístico (“¿Qué es la literatura fractal?”) en el que Pablo Paniagua muestra de manera práctica las características más significativas de la literatura fractal (Desdoblamiento, Visión caleidoscópica, Dinámica circular, Dinámica cíclica, Dinámica laberíntica, Dinámica en la repetición, Dinámica en la mutación, Juego de espejos, Dinámica concéntrica, Proceso invertido). Muchas de esas marcas de una lógica fractal aplicada a la literatura cobran vida en La novela perdida de Borges. Desdoblamiento, duplicidad o triplicidad de voces: el Borges argentino y el joven estudiante madrileño, Jorge Luis Borges que, a su vez, se irá transformando en Witold Borges. Pero es, sobre todo, en el capítulo 22 (páginas 83-86) donde el autor nos ofrece un amplio muestrario de la multiplicación de elementos que constituyen la dinámica fractal que fecunda la novela, multiplicación asentada en la repetición, en una autgeneración de formas, del número 69, tal como en el año 1985 concibió la geometría fractal Benoit Mandelbrot. Son 69 capítulos los que tiene la novela, como las páginas del manuscrito perdido de Borges. El 69 es el número de la habitación en el hotel de la secretaria del conferenciante canadiense; el corazón de Aurora late a 69 pulsaciones por minuto y son 69 así mismo los años que tenía Borges cuando en el año 69 se tomó una fotografía en París; 69 es el número que representa el yin y el yang; Witold Gombrowicz, el contrario y a la vez complementario de Borges, falleció en el año  1969…en fin, el 69 es la postura en la que por primera vez el Borges madrileño hace el amor con Aurora.
   Escrita en primera persona, con desdoblamiento de voces, que en realidad son la misma voz, más la de un ensayista, La novela perdida de Borges desmitifica desde la audacia e irreverencia la obra y la figura del escritor argentino. Pero en la novela, mezcla de géneros y profundamente metaliteraria, coexisten otros planos narrativos que pueden ser del agrado de aquellos lectores que huyen de los experimentalismos literarios: componentes eróticos, tramas policíacas, misterio, breves textos ensayísticos…pueden ser así mismo un buen reclamo para acercarse a esta novela.

Francisco Martínez Bouzas

 
 
Pablo Paniagua


Fragmentos

“Me llamó Jorge Luis Borges  y soy todos los Jorge Luis Borges, tanto el famoso poeta y creador de opúsculos metafísicos, como el joven estudiante de literatura y aprendiz de escritor, y también narrador de una parte temporal de este libro, que acaba de presenciar, en compañía de la preciosa Aurora, la impecable disertación de John Lehninger. El primer Borges, al final, supo de mi existencia cuando el segundo aún ni la sospecha, pues yo soy el generador de esa conciencia que se multiplica en todos los instantes de sus vidas, un flujo fractal como reflejo repetido de una misma idea, de una imagen con nombre y apellido: para un hombre que fue joven y para un joven que será hombre, como el yin  y el yang que mutuan siendo opuestos para encontrase, para intercambiar sus papeles, en un juego sin fin. Ésa es la ventaja de saberse conciencia, de ser, de poder transitar por el espacio y el tiempo sin un cuerpo físico, como un  alma que entrapara gobernar la materia, un pensamiento, traspasando ese simple estado para escrutar el acontecer y situarse por encima del mismo pensamiento, para convertirse en conciencia reinspiración: el pensamiento que sabe sobre su propio pensamiento, sobre su razón de ser.”

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“Según parece, ya Jorge Luis sospecha de mi existencia y no sabe si obro por cuenta propia o es una parte desconocida de su ser: la voz del escritor. Ambas cosas, diría yo. Es la parte creativa que está por encima de la conciencia y sus pensamientos, son otros instantes y sus circunstancias u otras circunstancias con sus instantes. Ya está naciendo el Jorge Luis Borges que luchará contra el otro Jorge Luis Borges para marcar la diferencia. ¡Qué divertido juego! Yo luchando a través de otro conmigo mismo, pues yo soy, como ya dije, los dos Jorge Luis Borges. ¡Eso es lo que hago para subsistir y superar lo que fui!”

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“Después de la comida, Aurora me llevó a una habitación y dijo nada más entrar:
-Ésta es la habitación de Marta.
No sabía para qué subíamos o por qué me quiso mostrar la habitación de su hermana, ni qué cosa importante tendría que decir, pues sólo se limitó a mirar con ojos libidinosos y a empujarme sobre la cama, a reclinarse sobre mi cintura, desabrochar el cinturón, los pantalones, y buscar mi pene para meterlo dentro de su boca, con un succionar lento de arriba para abajo. Yo estaba en la gloria, en el mismo paraíso, sabiendo que mi parte más íntima y querida estaba dentro de la boca de la mujer soñada. Ella chupaba como una verdadera profesional, mientras yo la observaba complacido. Luego, cesó en su tarea y nos besamos. Alargué una mano para empezar a quitarle la camiseta; ella se echó para atrás, supuse que para hacerlo por si misma y enseñarme por primera vez sus pechos, pero nada de eso pasó y tan sólo se limitó a decir:
-Si quieres que continúe, tienes que hacerlo primero con mi hermana.”

(Pablo Paniagua, La novela perdida de Borges, páginas 27, 81, 131)

lunes, 18 de noviembre de 2013

"MÚSICA DE CÁMARA": Y DE PRONTO LA NOCHE...



Música de cámara
Rosa Regás
Editorial Seix Barral, Barcelona, 2013, 317 páginas


  Un concierto de voces plurales, con un absoluto dominio de la primera persona, nos sumerge en la esencia vívida y profunda de esta Música de cámara, una lúcida narración  con la que Rosa Regás demuestra que el que tuvo retuvo, y hace gala de sus dotes de gran escritora de ficción. Escribe, en efecto, Rosa Regás (Barcelona, 1933) una novela que huele a siempre, que demuestra que la literatura, la buena literatura, es, como en su día dijo Susan Sontag, un buen modo de resistir a la triunfante ruina de la cultura porque cumple el requisito de la necesidad. Es decir, cuando encierra una historia que hay que contar y lo hace la autora de esa manera, con esa precisión de lenguaje, esa cadencia, intensidad y madurez.
   Esa historia es la de la niña Arcadia, hija de republicanos exiliados en Francia que regresa a su Barcelona natal. Con doce años, pocos recuerdos, una educación libertaria y una viola, su amparo para sobrevivir en un ambiente hostil, dominado por el fascismo y el nacional-catolicismo, la religión que esclavizó este país. En esta ciudad, triste y vieja a finales de los cuarenta, un día de forma azarosa irrumpe en su vida un estudiante de Derecho, Javier, y paulatinamente surgen entre ellos los misterios de la atracción de las afinidades electivas. Pero la familia de Javier, rica y poderosa, está en la orilla opuesta, tanto política como ideológicamente. A  Arcadia que sigue fiel a sus ideas, aunque disimulándolas, no le importa. Y un día de abril se casan, ella vestida de blanco y según los dictámenes y caprichos de la familia de Javier. Pronto, sin embargo y a pesar de los esfuerzos de su marido, se da cuenta de que se había enamorado del Régimen, de un fascista en potencia, de que viven mundos distintos. Mas su voluntad de descubrir y gozar es intensa y desconcertante. Pero poco a poco el personaje de Arcadia se convierte en un grito, muchas veces silencioso, otras con palabras explícitas contra aquella atmósfera de rancio catolicismo de la alta burguesía barcelonesa, aliada del Régimen dictatorial y bajo el control ideológico de las sotanas y el agua bendita.
   Rosa Regás describe con mano maestra este ambiente de los años cincuenta en los círculos de la alta burguesía catalana: el estraperlo de los ricos en la Barcelona fascista, la corrupción generalizada, sus grandes y fraudulentas operaciones inmobiliarias, la ociosidad de las esposas que evitan el aburrimiento a base de cotilleos, el machismo generalizado, el sometimiento de la mujer que se entendía como una artículo de fe, el influyente poder de unos curas que insisten ante los recién casados que es el marido el depositario de la autoridad en la familia y les inculcan que la sexualidad, incluso dentro del matrimonio, no tiene más razón de ser que la de engendrar hijos, que les imponen prácticas de control, formas de sometimiento a la voluntad de una Iglesia despótica, tirana, que vela por la decencia dentro y fuera del matrimonio.
   Pero más allá de este retrato de los ambientes burgueses  y eclesiásticos, la gran virtud de esta novela reside en el hecho de haber sabido plantear su autora con gran acuidad la inmensa contradicción  que tiene lugar entre una joven agnóstica y educada en ideas libertarias y antifascistas y su novio / marido, un hombre proveniente de una familia que comulga con los ideales de los sediciosos vencedores en la Guerra. Y sin embargo se aman. Una poderosa historia de amor que no impedirá la creciente soledad de la protagonista femenina. Hasta que se produce la explosión, el chantaje, la desaparición y el reencuentro veinticuatro años después, en el 84. Y en una noche más fructífera para los protagonistas que toda una década, le piden cuentas al fraude de la Transición, al sin sentido de una ley de punto final que impedirá para siempre juzgar y castigar a los culpables. Un final abierto, que a nivel afectivo y personal de los protagonistas se puede intuir como un prólogo, cierra esta excelente novela, Premio Biblioteca Breve 2013.
   Desde una perspectiva técnica y formal, Música de cámara es un verdadero modelo de cómo construir una estructura narrativa apoyada en el difícil empleo de la primera persona de varios personajes con ideologías y visiones del mundo diferentes e incluso antitéticas, que nos permiten tener un enfoque plural y contrapuesto de la realidad y adentrarnos en todos los recovecos de esta compleja historia de amor. Rosa Regás perfila además con gran acierto no solo el personaje femenino protagonista central, sino también las restantes voces que prestan su visión testimonial de aquellos años ambiguos y turbulentos. Voces en primera persona como la de la tía Inés, un personaje memorable, una adelantada para su tiempo que, desde su humildad, defiende el derecho de la mujer a hacer de su cuerpo lo que quiera. Algún monólogo interior, saltos el tiempo y el relato de secuencias amenas y timoratas, aunque propias de aquellos años de moral pacata, como las “caídas” de los amantes en el sexo frenético, la consiguiente  conciencia de pecado y la necesidad de confesarse, cada vez en una iglesia distinta -les avergonzaba que el cura los reconociera- para volver a “pecar” al día siguiente.
   Finalmente, el dominio de ese oficio de narrar que la autora ha ido forjando a lo largo de los años y que se pone de manifiesto en todo lo dicho, pero sobre todo en la “extraordinaria recreación de la atmósfera de la posguerra y del mundo de los represaliados” como señaló el Jurado del Premio Biblioteca Breve.

Francisco Martínez Bouzas

 
Rosa Regás

Fragmentos

“Era cierto, queríamos casarnos, debíamos hacerlo, no podíamos seguir así, tenía razón Javier. En los primeros tiempo y durante muchos días habíamos vivido en la constante  zozobra  de que tía Inés entrara en casa y nos sorprendiera desnudos o medio desnudos, arrimados a una pared o tumbados en el suelo; ni los oídos oían ni los ojos veían otra cosa que nuestros propios cuerpos hechos un revoltijo en una inmitigable búsqueda de más placer, de más unión como si la experiencia de tantos días no nos hubiera demostrado que ni tía Inés entraría sin dar señales de que iba a hacerlo ni nosotros nos iríamos sin haber conseguido un hito en cada nueva embestida. Lo sabíamos pero lo que más nos conmocionaba, nos excitaba y nos hacía buscar nuevas caricias y precipitar otros engarces era la posibilidad de que algún día olvidara que podría encontrarnos desnudos y ciegos.”

…..

“Aun así manteníamos -mantenía él porque el peso de la culpabilidad que habían intentado inculcarme en el colegio no había hecho mella en mí más que como un leve barniz superficial y transitorio- la duda entre volcarnos a lo prohibido y olvidar lo profundamente deseado. Sólo cuando ya nuestras manos y nuestros cuerpos habían acabado de su largo recorrido adentrándose en el del  otro paso  a paso, día a día, Javier decía que había que ir a confesarse. Una decisión que nos llevó a la iglesia más cercana y a arrodillarnos en el confesionario para acabar uno tras otro diciendo lo mismo. Al día siguiente volvíamos a pecar con el mismo ardor y salíamos después a la calle enlazados bajo la mirada siempre reprobadora de la portera para ir en busca de una iglesia distinta porque nos avergonzaba que el cura nos reconociera y volvíamos a confesar los mismos pecados que el día anterior -de los que ya nos habíamos arrepentido y habíamos hecho el firme propósito de no repetir-, los mismos que estábamos seguros volveríamos a cometer mañana y pasado y al otro cada vez con más ganas y con menos resistencia.”

…..

“Estaba horrorizado y escandalizado, repitió, él, el sacerdote que velaba por nuestra decencia, por el testimonio que debíamos dar ante la sociedad y el mundo, él que nos ayudaba poniéndonos reglas de pureza -«deberes» los había llamado yo riendo- : jamás ir  a unos baños públicos, jamás llevar las chicas bañadores sin falda, jamás usar el matrimonio en las semanas de adviento y cuaresma, jamás tener relaciones de amistad con personas adúlteras, jamás olvidar que el único sentido de la unión matrimonial es la procreación…Sí, lo recordaba bien, el mosén era una gran defensor de la pureza, sobre todo en las chicas, oí que decía, las chicas, que han de purificarse constantemente. Y era cierto, las que habían sido madres tenían que ir a la parroquia antes de que transcurrieran cuarenta días para purificarse del parto, como había hecho la Virgen, no porque le hiciera falta a ella, que no era impura en absoluto, sino para darnos ejemplo…”

(Rosa Regás, Música de cámara, páginas 95, 111, 177-178)