sábado, 23 de noviembre de 2013

"LA NOVELA PERDIDA DE BORGES": PROPUESTA METALITERARIA DE NOVELA FRACTAL



 
La novela perdida de Borges
Pablo Paniagua
Ediciones Nowtilus, Madrid, 2013, 238 páginas.

   
    Esta novela, si le hacemos caso a la presentación editorial, es un “prodigioso ejemplo de novela fractal”. El fractal (“fractus”, fraccionado) es una conquista de la ciencia moderna o posmoderna, esa ciencia que surge  como ruptura frente  a  la arquitectura racionalista. Trasladada esa infinita dirección al campo literario, el mismo Pablo Paniagua la define así: “aquella que multiplica lo signos lingüísticos dentro de un orden sintáctico, como si se tratara de un juego de espejos que busca en su repetición, en ese juego, una dinámica dentro de lo infinito, de lo laberíntico o lo circular”. 
   Pocos escritores poseen el bagaje de Pablo Paniagua para afrontar el reto de escribir una novela fractal. Porque este madrileño, trasterrado a Guanajuato (México), escribe sobre todo literatura experimental, convencido como está de que es preciso abrir nuevos caminos. Artista conceptual, emplea la palabra como material de trabajo. Iconoclasta, antisistema, periférico, utiliza con frecuencia la literatura para subvertir. Y en esta novela, Pablo Paniagua asume la apuesta de narrar el mundo con las mismas herramientas con las que lo hace la ciencia y, como en su día, ya lo hicieron Cortázar (“Continuidad de los parques”), Borges (“El Jardín de senderos que se bifurcan”) o Georges Perec (“El aumento”).
   Pero en La novela perdida de Borges, además de múltiples detalles fractales, también hay una trama y sobre todo una desmitificación de Borges. La trama deriva su desarrollo de las respuestas a un interrogante: Jorge Luis Borges nunca escribió una novela en formato largo. ¿Cuál fue el motivo? ¿Qué razones psicológicas originaron tal hecho?  John Lehninger, un discutido y polémico historiador canadiense, expulsado de México por haber declarado que la imaginación y la creatividad de Juan Rulfo eran muy limitadas, se dispone  a responder a esa pregunta en una conferencia que imparte en Madrid, en la que revela que Borges era, en efecto, incapaz de componer un texto literario extenso, inepto “para extender el tiempo narrativo” (página 23), a la vez que se regodea con la adicción de Borges a utilizar palabras aparatosas, como el adjetivo “inextricable”, con el que el historiador canadiense titula su conferencia (“El inextricable Borges”).
   Intenta probar la primera hipótesis haciendo referencia a un inconcluso manuscrito de 69 páginas que ha podido cotejar, y que Borges fue incapaz de finalizar debido a la sumisión a una madre dominante y a su falta de virilidad que lo convertía en Georgie. Entre el público que le abuchea -otros le aplauden-, hay un joven que le asesina al grito de “¡Viva Borges!”. Asisten  a la conferencia y son testigos del asesinato dos estudiantes de Literatura, el madrileño Jorge Luis, que se empecina en llamarse Witold Borges y la mexicana Aurora Yazbeck. La chica, en buena medida por sus atributos físicos, convence a Jorge Luis para trasladarse a México e ir tras las pistas del manuscrito de Borges. Y en efecto se trasladan al país azteca,  a la ciudad de Guanajuato, donde serán testigos y se verán inmersos en una historia repleta de peripecias: dudas, recelos, sexo, chantaje, traición.
   La novela concluye con un apéndice ensayístico (“¿Qué es la literatura fractal?”) en el que Pablo Paniagua muestra de manera práctica las características más significativas de la literatura fractal (Desdoblamiento, Visión caleidoscópica, Dinámica circular, Dinámica cíclica, Dinámica laberíntica, Dinámica en la repetición, Dinámica en la mutación, Juego de espejos, Dinámica concéntrica, Proceso invertido). Muchas de esas marcas de una lógica fractal aplicada a la literatura cobran vida en La novela perdida de Borges. Desdoblamiento, duplicidad o triplicidad de voces: el Borges argentino y el joven estudiante madrileño, Jorge Luis Borges que, a su vez, se irá transformando en Witold Borges. Pero es, sobre todo, en el capítulo 22 (páginas 83-86) donde el autor nos ofrece un amplio muestrario de la multiplicación de elementos que constituyen la dinámica fractal que fecunda la novela, multiplicación asentada en la repetición, en una autgeneración de formas, del número 69, tal como en el año 1985 concibió la geometría fractal Benoit Mandelbrot. Son 69 capítulos los que tiene la novela, como las páginas del manuscrito perdido de Borges. El 69 es el número de la habitación en el hotel de la secretaria del conferenciante canadiense; el corazón de Aurora late a 69 pulsaciones por minuto y son 69 así mismo los años que tenía Borges cuando en el año 69 se tomó una fotografía en París; 69 es el número que representa el yin y el yang; Witold Gombrowicz, el contrario y a la vez complementario de Borges, falleció en el año  1969…en fin, el 69 es la postura en la que por primera vez el Borges madrileño hace el amor con Aurora.
   Escrita en primera persona, con desdoblamiento de voces, que en realidad son la misma voz, más la de un ensayista, La novela perdida de Borges desmitifica desde la audacia e irreverencia la obra y la figura del escritor argentino. Pero en la novela, mezcla de géneros y profundamente metaliteraria, coexisten otros planos narrativos que pueden ser del agrado de aquellos lectores que huyen de los experimentalismos literarios: componentes eróticos, tramas policíacas, misterio, breves textos ensayísticos…pueden ser así mismo un buen reclamo para acercarse a esta novela.

Francisco Martínez Bouzas

 
 
Pablo Paniagua


Fragmentos

“Me llamó Jorge Luis Borges  y soy todos los Jorge Luis Borges, tanto el famoso poeta y creador de opúsculos metafísicos, como el joven estudiante de literatura y aprendiz de escritor, y también narrador de una parte temporal de este libro, que acaba de presenciar, en compañía de la preciosa Aurora, la impecable disertación de John Lehninger. El primer Borges, al final, supo de mi existencia cuando el segundo aún ni la sospecha, pues yo soy el generador de esa conciencia que se multiplica en todos los instantes de sus vidas, un flujo fractal como reflejo repetido de una misma idea, de una imagen con nombre y apellido: para un hombre que fue joven y para un joven que será hombre, como el yin  y el yang que mutuan siendo opuestos para encontrase, para intercambiar sus papeles, en un juego sin fin. Ésa es la ventaja de saberse conciencia, de ser, de poder transitar por el espacio y el tiempo sin un cuerpo físico, como un  alma que entrapara gobernar la materia, un pensamiento, traspasando ese simple estado para escrutar el acontecer y situarse por encima del mismo pensamiento, para convertirse en conciencia reinspiración: el pensamiento que sabe sobre su propio pensamiento, sobre su razón de ser.”

…..

“Según parece, ya Jorge Luis sospecha de mi existencia y no sabe si obro por cuenta propia o es una parte desconocida de su ser: la voz del escritor. Ambas cosas, diría yo. Es la parte creativa que está por encima de la conciencia y sus pensamientos, son otros instantes y sus circunstancias u otras circunstancias con sus instantes. Ya está naciendo el Jorge Luis Borges que luchará contra el otro Jorge Luis Borges para marcar la diferencia. ¡Qué divertido juego! Yo luchando a través de otro conmigo mismo, pues yo soy, como ya dije, los dos Jorge Luis Borges. ¡Eso es lo que hago para subsistir y superar lo que fui!”

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“Después de la comida, Aurora me llevó a una habitación y dijo nada más entrar:
-Ésta es la habitación de Marta.
No sabía para qué subíamos o por qué me quiso mostrar la habitación de su hermana, ni qué cosa importante tendría que decir, pues sólo se limitó a mirar con ojos libidinosos y a empujarme sobre la cama, a reclinarse sobre mi cintura, desabrochar el cinturón, los pantalones, y buscar mi pene para meterlo dentro de su boca, con un succionar lento de arriba para abajo. Yo estaba en la gloria, en el mismo paraíso, sabiendo que mi parte más íntima y querida estaba dentro de la boca de la mujer soñada. Ella chupaba como una verdadera profesional, mientras yo la observaba complacido. Luego, cesó en su tarea y nos besamos. Alargué una mano para empezar a quitarle la camiseta; ella se echó para atrás, supuse que para hacerlo por si misma y enseñarme por primera vez sus pechos, pero nada de eso pasó y tan sólo se limitó a decir:
-Si quieres que continúe, tienes que hacerlo primero con mi hermana.”

(Pablo Paniagua, La novela perdida de Borges, páginas 27, 81, 131)

lunes, 18 de noviembre de 2013

"MÚSICA DE CÁMARA": Y DE PRONTO LA NOCHE...



Música de cámara
Rosa Regás
Editorial Seix Barral, Barcelona, 2013, 317 páginas


  Un concierto de voces plurales, con un absoluto dominio de la primera persona, nos sumerge en la esencia vívida y profunda de esta Música de cámara, una lúcida narración  con la que Rosa Regás demuestra que el que tuvo retuvo, y hace gala de sus dotes de gran escritora de ficción. Escribe, en efecto, Rosa Regás (Barcelona, 1933) una novela que huele a siempre, que demuestra que la literatura, la buena literatura, es, como en su día dijo Susan Sontag, un buen modo de resistir a la triunfante ruina de la cultura porque cumple el requisito de la necesidad. Es decir, cuando encierra una historia que hay que contar y lo hace la autora de esa manera, con esa precisión de lenguaje, esa cadencia, intensidad y madurez.
   Esa historia es la de la niña Arcadia, hija de republicanos exiliados en Francia que regresa a su Barcelona natal. Con doce años, pocos recuerdos, una educación libertaria y una viola, su amparo para sobrevivir en un ambiente hostil, dominado por el fascismo y el nacional-catolicismo, la religión que esclavizó este país. En esta ciudad, triste y vieja a finales de los cuarenta, un día de forma azarosa irrumpe en su vida un estudiante de Derecho, Javier, y paulatinamente surgen entre ellos los misterios de la atracción de las afinidades electivas. Pero la familia de Javier, rica y poderosa, está en la orilla opuesta, tanto política como ideológicamente. A  Arcadia que sigue fiel a sus ideas, aunque disimulándolas, no le importa. Y un día de abril se casan, ella vestida de blanco y según los dictámenes y caprichos de la familia de Javier. Pronto, sin embargo y a pesar de los esfuerzos de su marido, se da cuenta de que se había enamorado del Régimen, de un fascista en potencia, de que viven mundos distintos. Mas su voluntad de descubrir y gozar es intensa y desconcertante. Pero poco a poco el personaje de Arcadia se convierte en un grito, muchas veces silencioso, otras con palabras explícitas contra aquella atmósfera de rancio catolicismo de la alta burguesía barcelonesa, aliada del Régimen dictatorial y bajo el control ideológico de las sotanas y el agua bendita.
   Rosa Regás describe con mano maestra este ambiente de los años cincuenta en los círculos de la alta burguesía catalana: el estraperlo de los ricos en la Barcelona fascista, la corrupción generalizada, sus grandes y fraudulentas operaciones inmobiliarias, la ociosidad de las esposas que evitan el aburrimiento a base de cotilleos, el machismo generalizado, el sometimiento de la mujer que se entendía como una artículo de fe, el influyente poder de unos curas que insisten ante los recién casados que es el marido el depositario de la autoridad en la familia y les inculcan que la sexualidad, incluso dentro del matrimonio, no tiene más razón de ser que la de engendrar hijos, que les imponen prácticas de control, formas de sometimiento a la voluntad de una Iglesia despótica, tirana, que vela por la decencia dentro y fuera del matrimonio.
   Pero más allá de este retrato de los ambientes burgueses  y eclesiásticos, la gran virtud de esta novela reside en el hecho de haber sabido plantear su autora con gran acuidad la inmensa contradicción  que tiene lugar entre una joven agnóstica y educada en ideas libertarias y antifascistas y su novio / marido, un hombre proveniente de una familia que comulga con los ideales de los sediciosos vencedores en la Guerra. Y sin embargo se aman. Una poderosa historia de amor que no impedirá la creciente soledad de la protagonista femenina. Hasta que se produce la explosión, el chantaje, la desaparición y el reencuentro veinticuatro años después, en el 84. Y en una noche más fructífera para los protagonistas que toda una década, le piden cuentas al fraude de la Transición, al sin sentido de una ley de punto final que impedirá para siempre juzgar y castigar a los culpables. Un final abierto, que a nivel afectivo y personal de los protagonistas se puede intuir como un prólogo, cierra esta excelente novela, Premio Biblioteca Breve 2013.
   Desde una perspectiva técnica y formal, Música de cámara es un verdadero modelo de cómo construir una estructura narrativa apoyada en el difícil empleo de la primera persona de varios personajes con ideologías y visiones del mundo diferentes e incluso antitéticas, que nos permiten tener un enfoque plural y contrapuesto de la realidad y adentrarnos en todos los recovecos de esta compleja historia de amor. Rosa Regás perfila además con gran acierto no solo el personaje femenino protagonista central, sino también las restantes voces que prestan su visión testimonial de aquellos años ambiguos y turbulentos. Voces en primera persona como la de la tía Inés, un personaje memorable, una adelantada para su tiempo que, desde su humildad, defiende el derecho de la mujer a hacer de su cuerpo lo que quiera. Algún monólogo interior, saltos el tiempo y el relato de secuencias amenas y timoratas, aunque propias de aquellos años de moral pacata, como las “caídas” de los amantes en el sexo frenético, la consiguiente  conciencia de pecado y la necesidad de confesarse, cada vez en una iglesia distinta -les avergonzaba que el cura los reconociera- para volver a “pecar” al día siguiente.
   Finalmente, el dominio de ese oficio de narrar que la autora ha ido forjando a lo largo de los años y que se pone de manifiesto en todo lo dicho, pero sobre todo en la “extraordinaria recreación de la atmósfera de la posguerra y del mundo de los represaliados” como señaló el Jurado del Premio Biblioteca Breve.

Francisco Martínez Bouzas

 
Rosa Regás

Fragmentos

“Era cierto, queríamos casarnos, debíamos hacerlo, no podíamos seguir así, tenía razón Javier. En los primeros tiempo y durante muchos días habíamos vivido en la constante  zozobra  de que tía Inés entrara en casa y nos sorprendiera desnudos o medio desnudos, arrimados a una pared o tumbados en el suelo; ni los oídos oían ni los ojos veían otra cosa que nuestros propios cuerpos hechos un revoltijo en una inmitigable búsqueda de más placer, de más unión como si la experiencia de tantos días no nos hubiera demostrado que ni tía Inés entraría sin dar señales de que iba a hacerlo ni nosotros nos iríamos sin haber conseguido un hito en cada nueva embestida. Lo sabíamos pero lo que más nos conmocionaba, nos excitaba y nos hacía buscar nuevas caricias y precipitar otros engarces era la posibilidad de que algún día olvidara que podría encontrarnos desnudos y ciegos.”

…..

“Aun así manteníamos -mantenía él porque el peso de la culpabilidad que habían intentado inculcarme en el colegio no había hecho mella en mí más que como un leve barniz superficial y transitorio- la duda entre volcarnos a lo prohibido y olvidar lo profundamente deseado. Sólo cuando ya nuestras manos y nuestros cuerpos habían acabado de su largo recorrido adentrándose en el del  otro paso  a paso, día a día, Javier decía que había que ir a confesarse. Una decisión que nos llevó a la iglesia más cercana y a arrodillarnos en el confesionario para acabar uno tras otro diciendo lo mismo. Al día siguiente volvíamos a pecar con el mismo ardor y salíamos después a la calle enlazados bajo la mirada siempre reprobadora de la portera para ir en busca de una iglesia distinta porque nos avergonzaba que el cura nos reconociera y volvíamos a confesar los mismos pecados que el día anterior -de los que ya nos habíamos arrepentido y habíamos hecho el firme propósito de no repetir-, los mismos que estábamos seguros volveríamos a cometer mañana y pasado y al otro cada vez con más ganas y con menos resistencia.”

…..

“Estaba horrorizado y escandalizado, repitió, él, el sacerdote que velaba por nuestra decencia, por el testimonio que debíamos dar ante la sociedad y el mundo, él que nos ayudaba poniéndonos reglas de pureza -«deberes» los había llamado yo riendo- : jamás ir  a unos baños públicos, jamás llevar las chicas bañadores sin falda, jamás usar el matrimonio en las semanas de adviento y cuaresma, jamás tener relaciones de amistad con personas adúlteras, jamás olvidar que el único sentido de la unión matrimonial es la procreación…Sí, lo recordaba bien, el mosén era una gran defensor de la pureza, sobre todo en las chicas, oí que decía, las chicas, que han de purificarse constantemente. Y era cierto, las que habían sido madres tenían que ir a la parroquia antes de que transcurrieran cuarenta días para purificarse del parto, como había hecho la Virgen, no porque le hiciera falta a ella, que no era impura en absoluto, sino para darnos ejemplo…”

(Rosa Regás, Música de cámara, páginas 95, 111, 177-178)

domingo, 17 de noviembre de 2013

SOBREVIVIR EN MEDIO DE LA DEGRADACIÓN HUMANA



El bosque es grande y profundo

Manuel Darriba

Caballo de Troya, Barcelona 2013, 154 páginas





   En los últimos años, y cada vez con mayor frecuencia, se está produciendo un fenómeno normalizador entre la literatura publicada en castellano y la que lo hace en las restantes lenguas peninsulares. No pocos autores que escriben normalmente en las lenguas periféricas, editan al mismo tiempo en castellano, en versiones propias o mediante alguna traducción. Un caso sin duda prototípico es el de Manuel Darriba que el pasado septiembre vio publicada en español y gallego su novela breve El bosque es grande y profundo / O bosque é grande e profundo, en edición respectivamente de Caballo de Troya y Ediciones Xerais.

   El autor, Manuel Darriba (Sarria, Lugo, 1973) es un claro exponente de la narrativa más innovadora  que en estos momentos se está escribiendo en Galicia. Narrador, poeta, periodista y guionista es autor de una obra narrativa no esclava de las urgencias y cuyo último eslabón es esta novela de límites, de interrogantes cruciales para el devenir de nuestra especie, cuya condición está sujeta, quizás como pocas veces a lo largo de la historia, al  más pavoroso sitio y degradación. Caballo de Troya, sello de Random House Mondadori, una editorial “para entrar o salir de la ciudad sitiada” pone a disposición de los lectores que leen en lengua cervantina, esta pequeña novela en cuanto a su extensión. Preñada, sin embargo, de sentido profundo y originalidad.

   Es sin duda afortunada la definición que de la novela se hizo en la edición gallega: “Novela de límites, de cuestiones definitivas, de la mano de un autor que concibe la literatura como laboratorio de experimentación artística y discurso indagatorio en el bosque de lo real”. Presto especial atención a las dos últimas líneas porque me recuerdan el intento de caracterización de su propia narrativa que Manuel Darriba hacía hace  doce años. “Como decía Stendahl, la literatura es poner el espejo a la orilla del camino. Los temas más recurrentes en mi obra son la idea de soledad, la incomunicación, el azar…” Estas palabras servían para precisar muchas de las características de la novela del autor Velada do billarista (año 2000) y delimitan no pocos aspectos, sobre todo técnicos, de su más reciente aportación en el campo narrativo: El bosque es grande y profundo. De nuevo una novela de relatos, incrustada de lleno en los mundos utópicos y apocalípticos, tan frecuentados, sobre todo la literatura apocalíptica, en los últimos tiempos.

   El género apocalíptico, tanto el bíblico que ese extendió durante cuatro siglos (dos antes y dos después de Cristo), como el de la actual narrativa es un fenómeno literario propio de las épocas de crisis, en las que se mira al futuro, ya que tanto el presente como el pasado solamente ofrecen desengaño y desconfianza. He aquí pues la relación entre utopía y apocalipsis. Pero como el lector no ignora, al lado de las utopías positivas, existen las negativas, las distopías o antiutopías, adelantamientos  de la historia haciendo hincapié en los aspectos negativos, derivados de catástrofes o puntos débiles del tiempo presente. Las sociedades distópicas son escenarios donde se desenvuelve la historia más negativa. Y en estos escenarios se situarían todas las tramas apocalípticas, o dicho con mayor precisión, las postapocalípticas.

   En la infinitud de la utopía y en las tramas postapocalípticas se inserta esta novela de dos relatos, un epílogo y un postfacio de Manuel Darriba. La primera  parte o el primer relato nos acerca a  misterioso viajero que viene de la ciudad huyendo de la noche y de la guerra. Se interna en el bosque y el relato sigue su caminar azaroso en este espacio sin nombre  que semeja de otros tiempos históricos. Allí viven seres humanos con oficios y relaciones personales que parecen extraídas de épocas pretéritas. En vez del  hogar que busca el viajero, halla seres deshumanizados, ambientes desolados, un mundo frío, obscuro, batido por el viento y que le llega a parecer un baile de esqueletos cuando luce la luna. El viajero en sus huída-internamiento divisa cabañas entre la bruma y el hambre, gente que vive de oficios de otras épocas, hombres  mujeres que viven en comunas que brotan en la copa de los árboles. Parias. Y sobre todo una repugnante deshumanización: “El hombre y la mujer son planetas en órbitas alejadas” (página 44). Su nomadismo por este bosque frío, grande y profundo, con aldeas y gentes sin nombre, enzarzadas en rapiñas y luchas, semeja un western postapocalíptico, mas de cada encuentro con sus  extraños moradores extrae el viajero algún nuevo aprendizaje o experiencia.

   La narración del segundo relato acerca al lector a la Ciudad. Y en la misma observará otra forma de supervivencia, esta vez ciertamente apocalíptica. Refugiada en un sótano desvencijado, una niña en compañía de su profesora de música y de unos inquietantes vecinos, sobrevive al horror de la guerra. Buscar agua o hallar comida se convierte en una verdadera y arriesgada odisea. Fuera, un paisaje dantesco: bombardeos de aviones, calles llenas de cráteres, casas y coches calcinados, árboles arrancados, hambre y nada que llevarse a la boca. La supervivencia es el único objetivo.

   Dos historias brutales, próximas en algunos momentos a situaciones kafkianas, repletas de profundas cargas simbólicas. El referente más inmediato de la novela de Manuel Darriba es sin duda Cormac McCarthy en novelas como The Road. No obstante, los dos relatos de Manuel Darriba son mucho más concisos, lacónicos, desnudos de cualquier adorno, lo que le permite manejar con precisión los elementos narrativos. Párrafos cortos, tajantes, oraciones con ritmo rápido debido a la supresión de nexos y adornos. Manuel Darriba, como ya señalé, pone el espejo a la orilla del camino y observa, reflejando aspectos, acciones y diálogos de sus personajes con una extrema economía de recursos lingüísticos. Da la impresión de que al autor solamente le interesa reproducir estos dos ambientes hostiles y de esta manera surge nítida la relación del ser humano con el medio, por más desolado que sea, con el desamparo y la devastación por él mismo provocadas.

   Así pues una fértil utilización de la técnica objetivista, del recurso al minimalismo y a veces a diálogos absurdos que convierten a esta novela breve de relatos en una de las obras más originales e innovadoras de la literatura en castellano y gallego de los últimos tiempos.



Francisco Martínez Bouzas





Manuel Darriba


Fragmento



“El viajero trae los zapatos destrozados; los cortes entre los dedos supuran un líquido amarillo. Delante se agrupan los cazadores, olisqueando el aire. La niebla empezó a despejar; deja al descubierto la corteza de los abedules

-No parece de por aquí- dice un cazador, mirando los pies heridos.

-No soy de aquí- admite el viajero.

-¿ Por qué quieres entrar en el bosque?- pregunta otro, con gesto de mando.

El viajero se encoge de hombros.

-Atrás no queda nada- murmura.

-Es un chico de la Ciudad- gruñe un tercero –Otro más que atraviesa la Garganta.

-Sí- asiente el viajero, bajando la cabeza.

Los cazadores intercambian miradas. El aire del bosque está fresco; trae olores ácidos. El viajero ensancha el pecho y el aire entra como una zarpa. Mete la mano en el morral para extraer los paquetes arrugados. Las cabezas de los cazadores se mueven a la vez; un oleaje de manos ahoga el tabaco.

El viajero esquiva el grupo y entra en el bosque caminando entre abedules que huelen a niebla.”



(Manuel Darriba, El bosque es grande y profundo, páginas 9-10)

lunes, 11 de noviembre de 2013

"CITA EN FISTERRA": RECORRIDO POR UNA GEOGRAFÍA SENTIMENTAL




Cita en Fisterra

Luís Rei Nuñez

Traducción: Equipo Pulp

Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo  (Pontevedra), 2013, 213 páginas.



   Una vez más  este sello de Rinoceronte Editora que es Pulp Books, traduce y pone a disposición de lectoras y lectores de la lengua de Cervantes la traducción de una obra importante y singular de la narrativa gallega de los últimos años: Cita en Fisterra de Luís Rei Núñez (A Coruña, 1958). Editada en gallego en octubre de 2011, en el día de hoy, 11 de noviembre, se pone a la venta la edición en castellano en las librerías españolas.

   Luís Rei, periodista de de profesión, autor de poemarios y de monografías, sobresale sobre todo como narrador, un autor de ficción ya con una amplia y rica obra narrativa. En su producción ficcional destaco Expediente Artieda (Premio Xerais de Novela en el año 2000), O señor Lugrís en a negra sombra (2007, Premio de la Crítica Española), Monte Louro (2009, Premio Blanco Amor) y la muy reciente colectánea de relatos, Días que non foron (2013).

   Luís Rei es un narrador que frecuenta y domina una pluriforme variedad genérica, aunque la mayoría de sus obras de ficción cementan su estructura en la literatura autorreferencial , y en esos dominios ha sabido elegir buenas historias, recurriendo sobre todo a los manantiales de la memoria. Es además la suya una narrativa poblada de personajes profundamente caracterizados, con recreaciones muy verosímiles de tiempos y espacios, dotadas de gran habilidad resolutiva a la hora de abordar las grandes cuestiones que desde siempre inquietaron al ser humano.

   Sin embargo, este libro es la excepción. Una singularidad convertida en un libro misceláneo, crónica viajera vivida y experimentada por un yo, que no es otro que el del propio escritor. Literatura pues autorrefencial, que lleva al caminante a una tierra mítica, al menos para los gallegos: A Costa da Morte, el País del Confín.

   Debido a la escasez de viajes con marchamo literario por Fisterra o A Costa da Morte (do Sol), como prefiere designarla Luís Rei Núñez, nació el desafío reincidente de este viajero, nativo de esas geografías, en el que, a imitación de otros transeúntes por tierras alpujarreñas, empordanesas  o patagónicas, pretende repetir experiencias gozosamente epifánicas, siguiendo el consejo de Bernardo Soares, el heterónimo de Pessoa: “Para viajar basta vivir”.

   En siete jornadas completas de observación, admiración y denuncias, un narrador autodiegético sale al aire y nos sumerge a nosotros lectores en las rutas, caminos y senderos del “Condado  do Solpor”. Luís Rei une así su voz a esa tendencia, cada vez más frecuentada en la literatura, a la que, tras la senda de Spires, podemos designar a la vez como narrativa  autorreferencial y narrativa-reportaje. En efecto, Cita en Fisterra, sin ser propiamente una novela, tampoco es una guía de viajes. Es un texto narrativo misceláneo que comparte características de las crónicas de viajes, vividas, experimentadas y a veces soñadas. Un espejo con múltiples reflejos emocionales que le abre la puerta a la literatura en estado híbrido en una atrevida mixtura de géneros.

   Un recorrido en siete jornadas por la geografía sentimental de A Costa da Morte, desde la primera parada en Muros hasta la última en Caión, haciendo confluir  la observación con  la fantasía, en una composición de crónica viajera con historia, símbolo, poesía, fotografía, ficción e información. Diluyendo, pues, fronteras genéricas y con un narrador que asume dos funciones en este viaje. Será cronista fiel de lo que los caminos le van entregando, y artesano que se acoge en las trampas de la ficción.

   En su tránsito por “lugares y tribus” bullen delante del lector no solo los paisajes de gozo y celebración telúrica, sino también las denuncias contra las fechorías, contra el feísmo, contra los desastres y estragos, tanto en escenarios urbanos como rurales. Y así mismo, los fundamentos de la memoria de las gentes de estas geografías, en harmoniosa y gozosa amalgama con episodios ficcionados, retratos, conversaciones con amigos o personajes admirados vivos o muertos, sin ignorar a los desconocidos que las propias jornadas viajeras vayan haciendo aparecer.

   En resultado es esta Cita en Fisterra, un libro posiblemente menor en la bibliografía del autor, pero ejemplo paradigmático de la narrativa autorreferencial, de la combinación de crónica viajera y episodios ficcionales. Y trazado con los fulgurares  de una escritura muy plástica que combina los frugales hechizos de una prosa viajera amasada con la memoria literaria.



Francisco Martínez Bouzas






 
Luís Rei Núñez (Foto: Patricia Santos)

 
Fragmentos



“La surada impone su ley de agua y en esta última aparición se mantuvo vigente durante media docena de días. Fue un cerco en general desconsiderado, a veces incluso ensañado, con lluvias torrenciales y aparato eléctrico. Hasta que el aire acabó rolando y lo que entonces vino a instalarse entre nosotros fue la llovizna. Ocurrió ayer a la hora en que al sol le llega su turno, y persistió solamente mientras no le dio la gana de aparecer al nordeste, ese viento que pasa la bayeta por nuestro cielo.

Esta vez debutó hace nada, en la alta madrugada. Mi sueño de pajarito se vio interrumpido entonces por el zumbido en la fronda de las acacias de Australia que rodean la casa. Son árboles traídos de allá, tan lejos, por la misma orden a la que debemos la importación de los eucaliptos (con Fran Rosendo salvado como principal promotor y, en gran medida, para aprovechamientos medicinales. Estos ejemplares de australias de aquí son hijos y nietos de los que antes de la actual pandemia de los eucaliptales plantó mi bisabuelo, Domingos Romaní…Papá Domingos.”



…..



“La hermosura recibió el indulto en la punta y santuario de A Barca.

Zona Cero durante la pesadilla del Prestige, el poderío de su enigma propició un antiquísimo culto  a las piedras, cristianizado a partir del siglo XIV. Data de entonces una primera capilla sobre la que en 1719 se alzó el templo actual. Costearon las obras los condes de Maceda, señores de As Terras de Cereixo, que quisieron ser traídos aquí para el descanso eterno. Tienen la compañía de las imágenes del retablo mayor, obra del maestro  compostelano Miguel de Romay, y de las maquetas de barcos que componen toda una flota de exvotos. Sin embargo, la grandeza le viene a A Barca de su enclave, frente al mar infinito, sobre rocas de larga estela mítica.”



(Luís Rei Núñez, Cita en Fisterra, páginas 9, 101)

miércoles, 6 de noviembre de 2013

"LISTA DE DESAPARECIDOS": DOS LENGUAJES PARA RETRATAR LO ORDINARIO



Lista de desaparecidos

Andrés Barba

Pablo Angulo

Epílogo de Enrique Vila-Matas

Editorial Siberia, Barcelona, 2013, 117 páginas.



   
    El que fuera finalista en el año 2001 del Premio Herralde de Novela con La hermana de Katia, Andrés Barba (Madrid, 1975) es sin duda uno de los escritores más interesantes de su generación, uno de esos literatos capaces de abrir nuevos derroteros para la escritura. Así lo acredita la acogida del público, de críticos y escritores como Mario Vargas Llosa o Rafael Chirbes, para quien Barba se ha vuelto un escritor imprescindible. Creador de personajes sumidos en un patetismo turbulento, se ha atrevido con algunos de los problemas de nuestro tiempo más existenciales y espinosos como el desorden y el deterioro que produce el Alzheimer, la reconstrucción de la vejez, la decadencia y la muerte. O el tema de la pedofilia. Sus incursiones en el campo ensayístico son así mismo interesantes y de palpable actualidad, como lo demuestra su ensayo La ceremonia del porno (Premio Anagrama de Ensayo).

   En la publicación que comento, Lista de desaparecidos, publicada al alimón con el pintor y escultor Pablo Angulo, Andrés Barba se instala en otro formato: en el del relato breve y nos ofrece la recompensa inmediata: una colección de historias minúsculas, pero de gran calado y hondura existencial, tan incisivas y descarnadas como la de las tramas de sus novelas. Una colectánea de escenas y esbozos que tienen su correlato pictórico en los retratos de Pablo Angulo que en blanco y negro es capaz de captar la tonalidad y la hondura del instante narrado o la expresión interior del personaje descrito.

   Retrato sentimental de una ciudad, cuyo referente geográfico posiblemente es Madrid, con sus anónimos habitantes, entre los que predominan los personajes femeninos, aunque tampoco está ausente el protagonismo masculino, y en algunos casos, el animal. Una lista de desaparecidos en el sentido más literal, porque Andrés Barba creó en el taller de su escritorio los personajes y Pablo Angulo buscó en sus taller de dibujante a esos personajes, a esos desaparecidos, que plasmó en un retrato robot.

   Doce rótulos (Habitación, Vagón, Colegio, Oficina, Plaza, Frutería, Peluquería, Gimnasio, Restaurante, Taquilla, Bar y de nuevo Habitación) suturan estos microrrelatos, teñidos de un nostálgico sentimentalismo, que nos permiten asomarnos al mundo interior de cuarenta personas anónimas. Detrás de esos retratos descritos y dibujados y que son con los que cada día nos cruzamos en la calle, laten historias profundamente humanas, muchas de ellas preñadas de desasosiego, y en las que el amor actúa, como casi siempre, de tema de fondo e hilo conductor.

   El resultado es efectivamente una novela colectiva de personajes, como confiesa el propio escritor. Personajes inmovilizados en una instantánea captada por la pluma y el lápiz  y que nos introducen, sobre todo, en sus dimensiones internas. El recorrido sentimental por esa innominada ciudad da comienzo en una habitación y concluye en otra. Dos reductos íntimos. El resto de los espacios podrían entenderse como el itinerario de ese viaje por áreas públicas, aunque la idea de aislamiento impone su ley también en los espacios públicos. Personajes muy comunes, urbanitas que viven aislados y cuyo bosquejo pictórico los dota de carne. Carne, sin embargo, poco literaria, porque, si de algo huyeron escritor y dibujante, fue de darle cabida en esta publicación a aquella gente no prescindible, no “desaparecible”.

   Literatura intimista con un deje de melancolía, escrita con minúsculas pinceladas, pero dotadas de gran fuerza y aderezada con originales y brillantes metáforas; con un claro protagonismo narrativo de la segunda persona, en la que dos lenguajes -la escritura y el dibujo- interactúan entre sí. Un breve epílogo de Enrique Vila-Matas, escrito con la misma tonalidad que el resto del libro, cierra esta publicación.



Francisco Martínez Bouzas



 
Andrés Barba y Pablo Angulo


Fragmentos



“Venía, se acercaba, se esfumaba, de pronto estaba ahí otra vez, le mirabas, te parecía alguien frágil y al segundo no, como si te separara de él una pared más fina que el hueso de un pájaro, le acompañabas casi hasta su parada, se iba otra vez y estaba de nuevo al día siguiente con los ojos abiertos sobre el paisaje: no le podías empezar a querer y tampoco le podías empezar a odiar, estar con él en aquel vagón te parecía estar constantemente al borde de lo posible, descendiendo, nada de lo que sabías del amor te ayudaba.”



…..



“No era muy distinto el amor de los perros, pero siempre te pareció que tenía algo de repugnante (tal vez por lo humano): se olían, se ladraban, giraban uno en torno al otro, el macho trataba de montarla sin éxito y daba tres golpes sordos al vacío que sonaban como tres palmadas sin gracia en un escenario, tras una función penosa. Tu perra siempre aguardaba inmóvil y luego abría unas fauces llenas de dientes, como si bostezara. Parecía una perra distinta entonces, una perra personificada como una damita aburrida de una novela decimonónica que hubiese estado haciendo, y con toda naturalidad, un acto aberrante. Luego se recomponía, ladraba un poco al incauto, casi por compromiso, y se volvía hacia ti como si preguntara «¿Qué, volvemos?».



…..



“Tu amor se ha marchado y ya no sabes cómo estar con él, ni si transcurrirá lenta o rápida esta tarde en el gimnasio, ni quién te mirará desnuda cuando llegues a casa. No eres tú la que grita, es el mundo el que retumba al compás de la música. Tratas en vano de comparar la vida con cosas sencillas: unos zapatos, una casa de comidas donde todos piden lo que desean y nadie lo obtiene, un avión averiado en el que viajan noventa y cuatro personas que se creen dignas de ser amadas. Y todo es un poco cierto y un poco mentira: que tú hayas sido feliz, que le eches de menos, que después de cuatro años apenas puedas decir nada de él con seguridad, que se parezca a Dios en ciertas cosas.”



(Andrés Barba, Pablo Angulo, Lista de desaparecidos, páginas 26, 56, 82)

lunes, 4 de noviembre de 2013

UN RELATO SOBRE UN SIGLO DE NARRATIVA CONTEMPORÁNEA



De un lector que cuenta
Impresiones sobre la narrativa extranjera contemporánea
De Thomas Mann a Jonathan Franzen
Robert Saladrigas
Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2013, 296 páginas.

   La pertinencia del título de esta reseña sobre el libro de Robert Saladrigas  se deriva de las propias palabras del autor en un prólogo de esos que no le sobran a ninguna publicación porque la iluminan con luz propia y majestuosa, me atrevería a decir. Escribe en efecto Robert Saladrigas: “(…) este libro sobre los tejidos del arte de la narrativa contemporánea se fundamenta en su propio relato. Para ser más preciso, es en sí mismo un relato” (página 15). Y después de recordarnos que fue desde niño un lector cegado y rotundamente anárquico, concluye el crítico literario barcelonés expresando la fortuna que ha tenido a lo largo de su vida, de disfrutar de miles de historias imaginarias extraídas de la lectura. Y que desde finales de los años sesenta, y casi sin darse cuenta, se descubrió escribiendo en la prensa diaria y en semanarios sobre literatura, o mejor dicho, sobre sus lecturas de la literatura.
   Fruto de esta pasión por la crítica literaria periodística que Soladrigas diferencia acertadamente de la académica, son cuatro décadas de crítica literaria, una prestigiosa trayectoria de comentarista literario en la prensa diaria que aparecieron en periódicos catalanes como Tele/eXprés (desde finales de los sesenta) y La Vanguardia a partir de 1981.
   El volumen que comento, reúne una selección personal de artículos, críticas y ensayos publicados en este último medio (Suplemento “Libros” y “Cultura/s” en los últimos treinta años), con excepción de algunas introducciones para los libros del Círculo de Lectores.
   Una recopilación que aglutina ochenta y nueve textos, sin ninguna pretensión canónica, correspondientes a lúcidos comentarios sobre novelas, cuentos y libros de ensayo de la autoría de sesenta narradores que desplegaron su obra desde los inicios del siglo XX hasta la actualidad. Una sugerente y muy útil guía de lectura que encauza al lector por una de las sendas reales y más fructíferas de la ficción contemporánea.
   El panorama personal de Robert Saladrigas de la narrativa extranjera moderna y contemporánea se halla distribuido en seis secciones, al margen sin embargo de criterios cronológicos.
   Así pues en este volumen que edita Menoscuarto, Robert Saladrigas, autor él mismo de ficción como Memorial de Claudi M. Broch (1986) que se hizo merecedor del Premio de la Crítica, trabaja, como en sus día hiciera Henry James, desde el otro lado del espejo y elabora desde ese envés textos críticos o simplemente divulgativos en los que amalgama el rigor de unos de los críticos españoles más conspicuos e independientes, con una abundante información para el lector; no la que correspondería a una publicación académica, sino a un periódico. A todo eso se añade un valor impagable: la amenidad.
   La calidad y la sutil penetración de Saladrigas, con la que el autor se acerca a algunos de los grandes maestros de la prosa moderna y contemporánea, significan no un debilitamiento de la lectura crítica, como escribió José Ángel Valente en 1988, sino su reforzamiento. Huyendo de normas y reglas para ejercer la crítica literaria -en el mundo del arte no hay reglas- y sin la autocomplaciente creencia en el mito de la objetividad, R. Saladrigas pretende comprender desde la honestidad las claves del ejercicio de no pocos escritores, las sensaciones que le han producido obras de autores, imprescindibles del siglo pasado como Thomas Mann, Hermann Broch, Robert Musil, Willian Faulkner, Thomas Bernhard, E. Hemingway , Saul Bellow, Italo Calvino… así como de notables autores actuales ( W.G. Sebald, Claudio Magris, J. M Coetzee, Anthony Powell, Cormac McCarthy, Philip Roth, Don DeLillo, Alice Munro, Ian McEwan, Patrick Modiano, Michel Houllebecq, entre otros).
   Soslayando influencias, buscando libros que sobre todo remueven por dentro, reivindicando el derecho a equivocarse, Robert Saladrigas nos acerca de una forma amena y documentada a algunas de las obras literarias más significativas del siglo pasado y del actual. Un volumen pues imprescindible para no extraviarse en uno de los caminos más reseñables y fructuosos de la narrativa actual y en la del siglo XX. Es el relato de Saldrigas que comparte cada semana con sus lectores y ahora también en este libro.

Francisco Martínez Bouzas

 
 
Robert Saladrigas


Fragmento

MICHEL HOUELLEBECQ (1958)
El mapa y el territorio

“¿Por dónde empezar? Es lo que plantea,  a la hora de hacer balance, una poderosa novela de clara ambición global, cosmogónica o como se la prefiera llamar, de un autor -por supuesto deicida- que suplanta a Dios, no para hacer suyo el reto de construir un mundo, sino para diseccionar el que tenemos en su progresivo declive, con el propósito (visionario) de predecir que se encamina hacia el triunfo (absoluto), si bien no apocalíptico -como sucedía en La carretera de Cormac McCarthy- de lo vegetal sobre lo humano. El autor es Michel Houellebecq (isla de la Reunión, Francia), y la obra El mapa y el territorio (Le map et le territoire) (Anagrama), su última novela con la que obtuvo el Premio Goncourt del 2010.
En contra de lo que cabría suponer en una obra de tal magnitud que parece no imponerse límite ni restricción alguna, no hay  pasajes crípticos en el texto. Por decirlo de una manera llana, se lee con la fluidez y las expectativas de una novela de género, apasionada, cuyo ritmo, pese a la densidad conceptual, no desfallece en tramo alguno del recorrido. El mérito debe atribuirse a la formidable construcción del artefacto literario, que nunca cruje, y a la alta calidad de la prosa, que mantiene el mismo pulso de la primera a la última línea. Ahora bien, El mapa y el territorio es una de esas novelas de gran calado que, no siendo polifónica pero sí poliédrica, en la que conviven géneros diversos y sus respectivos afluentes, rechaza que, tras la experiencia de su lectura, sea condensable para otro futuro lector. Es como si exigiera de forma imperativa -insolente- ser leída tan solo, sin admitir más opciones.”

(Robert Saladrigas, De un lector que cuenta, página 285)

viernes, 1 de noviembre de 2013

EN EL HORMIGUERO LONDINENSE



Veiga es como un tiempo distinto
Eva Moreda
Pulp Books (sello de Rinoceronte Editora), Cangas do Morrazo, 2013, 128 páginas.


   La canguesa editorial Pulp Books edita en español una novela breve de Eva Moreda (A Veiga, Asturias, 1981), que en el año 2010 se hizo merecedora de la IX edición del Premio Terra de Melide. Publicada originalmente en gallego en abril de 2011, aparece ahora en español, en traducción de Iolanda   Mato. La autora que conoce cabalmente el mundo de la emigración en el Reino Unido -ella misma ejerce labores docentes en el departamento de Música de la Universidad de Glagow- nos acerca ficcionalmente, no a la actual y difícil diáspora de miles de jóvenes emigrantes en Inglaterra, sino al recorrido vital de una comunidad de emigrantes gallego en los años 60. Y lo hace echando mano de dos protagonistas prototípicos, así como de las vivencias de otros personajes secundarios que, a pesar de su rudimentario inglés intuitivo, se las ingenian para ganarse la vida limpiando oficinas siempre de noche o ejerciendo de camareras y ayudantes de cocina en restaurantes y hoteles. Y eran fieles a ciertos hábitos como visitar Portobello Road los domingos. Todo en Londres, ese mayúsculo animal que cambia constantemente, aunque para mucha gente siga siendo su aldea.
   Los dos protagonistas, Gelo de A Beiga y Elisa de los Barreses se encuentran precisamente en Portobello Road y con el encuentro revive el ardor de los sentimientos, la antigua relación, la desidia y la sorpresa. Pero también allí nace el miedo. Así se abre esta novela de Eva Moreda sobre la emigración gallega en Londres. Una pieza literaria de escasas páginas, pero de indudable calidad. Los dos protagonistas de la historia narrada se habían aventurado en la emigración londinense en la década de los 60. Muchos de los que en aquella época o en años posteriores intentamos la misma aventura, sin ninguna otra garantía que la que poseen los que en nuestro tiempo pretenden llegar a las costas de Europa en pateras, nos sentimos necesariamente retratados en esta novela sobre la emigración en ese microcosmos complejo que es la ciudad de Londres. Por eso mismo, y es mérito de la autora, los gallegos y gallegas que emigraron a la capital del Reino Unido en las décadas de los 60 y 70, dejan su huella ficcional en las páginas de este libro. Se sentirán, por lo mismo retratados en los recorridos vitales diferentes e los dos protagonistas y también en las existencias de otros emigrantes económicos, personajes secundarios que asentaron su existencia en la capital británica. Allí trabajaron, ganaron el pan y reaccionaron de forma compleja y desigual frente al nuevo entorno.
   Lejos, case a una distancia infinita queda el lugar natal de los protagonistas, esa A Veiga, metáfora de todas las aldeas gallegas que nutrieron durante aquellos años la emigración, porque, cuando uno marchaba “tan lejos” era marchar de verdad y A Veiga queda congelada, como ese “tiempo distinto” que con tanta elocuencia rotula el libro.
   Los dos protagonistas diseñados por la escritora, actantes de la acción narrativa que articula la historia contada, son, como ya quedó reflejado, Gelo y Elisa. Dos personas de A Veiga que compartieron sentimientos tiempo atrás. Perdida la relación, se encuentran años después en la emigración londinense. Y allí con su inglés incipiente y ejerciendo los trabajos prototípicos de la emigración gallega en Londres (limpiadoras nocturnas de oficinas, camareros/as, cocineros/as), renace entre ellos aquel espacio íntimo que los había unido. Pero cada uno sigue un camino vital diferente y su relación se ve sometida a altibajos.
   Sin embargo, ni Gelo ni Elisa son personajes planos. La narradora sabe moldearlos con acierto, extrayendo de los mismo toda la complejidad de un ser real, por lo que  a veces parecen contradictorios y sorprendentes, especialmente la protagonista femenina. Y en ese animal londinense que cambia constantemente, un hormiguero en transformación, algo insólito en aquellos tiempos en la Galicia de la que provenían, interactúan perfectamente. Descubren el sindicalismo, la organización de los trabajadores, el movimiento de liberación de la mujer, los anticonceptivos, las actions delante del Parlamento. Mas también se dan cuenta de que, después de los años transcurridos en Londres, son extranjeros en su lugar natal, y seguramente lo siguen siendo en la capital británica. De ahí las coherentes palabras que Elisa, la verdadera heroína de esta novela, en las que afirma con rotundidad, antes de entrar en la prisión de Holloway, que ella es de todas las partes del mundo donde hay mujeres, donde existen limpiadoras, extranjeros, donde hay gente que sufre y llora.
   Eva Moreda presenta una novela original, con el empleo de una técnica narrativa cuidada y eficaz. Su relato se asienta en una voz  -la de Gelo- que habla en primera persona. A través de sus ojos y de su monólogo descubrimos a Elisa de los Barreses y al resto de los personajes secundarios que forman el grupo de los emigrantes gallegos en Londres. No obstante, la voz del protagonista masculino desvela eficazmente las características de la emigración gallega y su interacción social, contadas desde una perpectiva femenina, porque es Elisa la que renace constantemente, la que es sensible al cambio social, la que interactúa respondiendo a los apremios novedosos del hormiguero londinense. Una prosa elegante, ágil, bien articulada, pero sin arrebatos líricos -repugnarían con el tema-, un gallego cuidado hacen de esta novela de Eva Moreda un producto narrativo maduro que ahora pueden disfrutar también los lectores españoles.

Francisco Martínez Bouzas
 


Eva Moreda


Fragmentos

“Al día siguiente, Tino le escribió a su patrón. Una semana después, recibió la respuesta de su jefe, Mister Stobart. Estaría encantado, decía, delighted, de emplear a Mister Martínez como camarero, con una jornada de cuarenta horas semanales repartida en seis turnos y un salario de quince libras por semana. Casi fue Tino el más ilusionado de los dos; yo andaba demasiado ocupado yendo por las mañanas de la policía al médico y del médico al ayuntamiento y escuchando a mi amigo por las tardes: sus fábulas hablaban de lluvia y mala comida y autobuses rojos de dos pisos y metro y jefes benevolentes y clientes excéntricos y, sobre todo, inglesitas que se dejaban hacer de todo sin poner objeción alguna. Y del verdadero motivo de su estancia en la ciudad, que no me lo desveló hasta que me tuvo seguro en su barca.”

…..

“Londres es una ciudad difícil de explicar a quien no la conoce. Desperdigada sin razón al norte y al sur del río, y creciendo sin control por todos los extremos, ni los que nacieron aquí saben muchas veces dónde empieza y dónde acaba. Los Stobart dicen que Croydon no es Londres. A mí, en cambio, Tino me cautivó desde el principio para      que viniese a Londres, y en Londres estoy, aunque aquí le llamen Croydon. Londres es el único lugar que conozco de Inglaterra, y quizás por eso, cuando pienso en Londres, no puedo evitar también en Brighton -el único otro lugar que conozco de Inglaterra, porque la Isla de Wight está ya mar por medio y no parece el mismo país- como parte de la misma ciudad, como la playa de Londres. Quizá Londres, la misma ciudad que pareció tragarte durante las últimas semanas, llega siempre hasta donde uno quiere que llegue. Y esto, por el sur, puede ser Croydon, o Brighton. Y a veces, cuando pienso en Londres -y últimamente pensé mucho, mucho, pensé en todas sus partes y en cuál pudo haber sido el sitio donde Londres te engulló- el límite de la ciudad por el sur puede estar en Miou.”

(Eva Moreda, Veiga es como un tiempo distinto, páginas 15-16, 97)