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martes, 26 de junio de 2018

"PURA VIDA": ENTRE ILUMINADOS Y PERDEDORES




Pura vida

Vida & de William Walker

Patrick Deville

Traducción de José Manuel Fajardo

Editorial Anagrama, Barcelona, 2018, 279 páginas



    

   Pura vida. Vida & de William Walker es el título con el que Patrick Deville (Saint-Brevin-les Pins, 1957) inició su saga de historias que, partiendo del año fronterizo de 1860,  forman parte de un ambicioso proyecto de doce piezas narrativas rotuladas con el “dictum” latino: “Sic Transit Gloria Mundi”. Las seis primeras viajan de Oeste a Este. Las otras seis harán el viaje al revés. Todas ellas, Pura vida incluida, nacen con el propósito de recorrer el mundo acompañando a héroes o antihéroes, radiantes o fracasados pero que están en el origen o participaron en el desarrollo de una exploración o de una conquista, muchas veces descabellada. Novelas de no ficción que convierten hechos históricos en prosa literaria, y cimentadas en un laborioso trabajo de investigación y numerosos viajes. Se convierten en literatura cuando el escritor detiene la investigación e inventa una forma.

   En ese proyecto transformador de la literatura en historia y viceversa, han salido de la pluma de Deville  Ecuatoria (2006), Kampuchea (2011), Peste & Cólera (2012), Viva (2014). Lo hace ahora, en la edición española de Anagrama, el relato de aventuras reales del filibustero William Walker, Pura vida, que inició la serie en el años 2004.

   En la misma línea de las cuatro precedentes, Pura vida es una “novela de aventuras de verdad”. Y, al igual que ellas, profusamente documentada, intensamente épica y trágica y adecuadamente ficcional. Transitada así mismo por múltiples personajes que han construido la Historia para bien o para mal.

   Con Pura vida Patrick Deville le da existencia, o mejor dicho les permite recuperarla, a libertadores y conquistadores, revolucionarios y dictadores, figuras que forman parte de la Historia de Centroamérica como Gonzalo Fernández  Oviedo, Bolívar, Francisco Morazán, Narciso López, Antonio de la Guardia, el general Sandino, Somoza, el dictador neroniano, el Che, el Che.50, el poeta Roque Dalton, Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez… y sobre todo William Walker, un personaje que bascula entre los grotesco y lo extravagante, un loco arrebatado por ideales de aventura, ideales improvisados y que una mano oculta, la del imperialismo norteamericano -el Destino Manifiesto de los Estados Unidos para extenderse hacia el Sur- que ya en el siglo XIX movía desde la sombra la política y las revoluciones de América Latina.

   La vida de William Walker es en sí misma una fabulación, una novela marcada por la impronta de una utopía ideológica amalgamada con no poco maquiavelismo. La existencia de un héroe negativo, un verdadero filibustero norteamericano, se despliega en una novela poliédrica, laberíntica, ramificada en múltiples historias como quería Borges. En ella, desde la amalgama de historia y ficción, nos ofrece Patrick Deville, un retrato de la historia agitada de Centroamérica, con figuras legendarias y quijotescas y no poca crueldad que se deja ver en múltiples batallas y peripecias tan desmesuradas y utópicas que parecen irreales.

   La novela se inicia con una prolepsis que nos sitúa en septiembre de 1860: William Walker, tras años de combate y múltiples fracasos e intentos de conquistas imposibles, culminará pronto su derrota definitiva. Antes ha barrido a sangre y fuego buena parte de América Central. Pero a renglón seguido, reconstruye Patrick Deville la existencia de William Walker, nacido en Nashville y con una adolescencia conmocionada por el descubrimiento de los poetas románticos, Lord Byron en especial, y por la muerte del único amor de su vida, una muchacha sordomuda de largos cabellos negros. Una muerte que lo transforma en un temible soldado de fortuna, con un único sueño: presidir una república. Y, en efecto, tras recortar territorio mexicano de Sonora, logró ser, en unas elecciones amañadas, elegido presidente de Nicaragua con el propósito de restablecer la esclavitud y construir un canal interoceánico. Los ejércitos de cinco países  lo expulsarán de inmediato, mas muy pronto ataca una zona costera de Honduras. Terminaría su vida fusilado en una playa de Trujillo.

    
                                                 
William Walker

   William Walker es sin duda el centro del libro. Pero Patrick Deville, como ya hiciera en sus otras cuatros novelas-verdad, despliega en Pura vida un inabarcable mosaico de historias, compuesto de gestas, inútiles sueños de locos y elegidos, relacionadas entre sí a pesar de las distancias temporales. Un pretexto para reflexionar sobre la historia política y social de Centroamérica. Vidas llenas de actos de bravura, de felonías asesinas, de inmensas traiciones que, como escribe Deville, nada tienen que envidiar a las de los hombres ilustres de Plutarco. Una verdadera galería de iluminados de primer orden, eternos perdedores. Por ellos, por los fracasados, confiesa Deville su fascinación. Fresco también de pesadillas, de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, de la bala en la nuca, de  la carta blanca que tenían los torturadores de Centroamérica, igual que sus colegas del Cono Sur. La misma ética de buitre, como escribió en 1985 Roberto Sosa. Topografía de las basuras de la Historia que nos permite rehacer el mapa corrupto no solo de América Central, sino también de buena parte del Continente.

   Novela fragmentaria, con múltiples rupturas temporales, con anticipos, avances y retrocesos. Patrick Deville maneja con oficio y eficacia esta su primera combinación de historia, biografía y reportaje. Acierta así mismo con esa técnica de las estructuras paralelas: los dos hilos narrativos con los que se teje este libro. La novela alterna, en efecto, secuencias de la vida, pasión y muerte de William Walker, de sus locas gestas y de los héroes y antihéroes, casi todos iluminados, que le precedieron o que, tras él, contribuyeron a crear la convulsa historia de Latinoamérica, con las propias errancias, por los mismos derroteros del escritor, y sus encuentros con Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez, Roberto Sosa, entre otros muchos.

   Ficción y no ficción, relatadas con un estilo de prosa claro y conciso, pero que adopta con frecuencia una clara tonalidad épica  gran fuerza evocativa y un acertado manejo del color, de la frescura narrativa y no pocas dosis de escepticismo e ironía. El resultado: una novela exultante que nos traslada a lo más profundo, brillante y sórdido de América Latina.









 
Patrick Deville


Fragmentos



“Durante  todos aquellos meses pasados en compañía de William Walker, recorriendo América Central  tras las huellas de su ejército fantasma, había ido descubriendo poco a poco que algunas de aquellas vidas llenas de actos de bravura admirables, de traiciones inmensas y de felonías asesinas, no tenían nada que envidiar a las de los hombres ilustres que había reunido Plutarco. Y me quedó claro que, durante los dos últimos siglos, esta  región del mundo no había sido más avara en héroes, traidores y cobardes de lo que fueron las provincias griegas y latinas en la Antigüedad: también aquí los hombres habían soñado con ser más grandes que ellos mismos y habían fracasado. Y me vino la idea de reunir algunas de esas vidas.”



…..



“En menos de un año, el hombrecito de levita negra se ha desgarrado por dentro: sigue siendo aquel niño tranquilo y tímido de Nashville y se ha convertido en el temible aventurero William Walker. Tiene la mirada alucinada de los locos y de los conquistadores. Ahora considera en secreto la posibilidad de atacar Sonora de nuevo, pero es Nicaragua la que lo espera más al sur, y en ella entrará a sangre y fuego antes de ir a morir a Trujillo, Honduras.

Varias decenas de años después de su muerte, Augusto César Sandino, el general de los hombres libres escribirá esa frase en su día grabada con un buril en mármol del Parque Central de Managua: Vuestras manos deben ser ciclón sobre los descendientes de William Walker.”



…..



“Al frente de ellos, el jovencito de levita negra manchada de sangre todavía no es consciente de que ese es su fin. Solo sabe que desde su primera expedición a Sonora, siete años antes, nunca se ha encontrado en una situación tan peligrosa.

Peo este tipo de hombre nunca se cree perdido, incluso si es perseguido como una bestia y no tiene salida, incluso si tiene una herida de bala en la pierna, ya sea en la jungla de la Mosquitia, en Honduras o en la quebrada de Yuro, en Bolivia. William Walker cree que todavía puede encontrar por casualidad en el bosque al general Cabañas y a sus hombres. Que se unirá a ellos para hacer frente al ejército hondureño que les pisa los talones. Su imaginación bulle al ritmo de su sangre enloquecida.”



(Patrick Deville, Pura vida, páginas 29, 87-88, 257-258)

sábado, 19 de marzo de 2016

"VIVA": TROTSKI & LOWRY EN EL HERVIDERO MEXICANO EN BÚSQUEDA DE LO IMPOSIBLE



Viva

Patrick Deville

Traducción de José Manuel Fajardo

Editorial Anagrama, Barcelona, 2016, 251 páginas.



   Viva es el título con el que Patrick Deville (Saint-Brevin-les Pins, 1957) está a punto de completar su saga de historias que, partiendo del año fronterizo de 1860, viajan de Oeste a Este, y que forman parte de un ambicioso proyecto de doce piezas narrativas rotuladas con la expresión latina “Sic Transit Gloria Mundi”. Las otras seis harán el viaje al revés. Todas ellas, Viva incluida, persiguen el objetivo de recorrer el mundo acompañando a héroes o antihéroes, luminosos o fracasados momentáneamente, pero que están en el origen o participan en el desarrollo de una exploración, un avance científico, una conquista o un acontecimiento con importantes repercusiones en el transcurrir de la Historia. Novelas de no ficción, cimentadas en un laborioso trabajo de investigación, que incluyen numerosos viajes y se convierten en literatura cuando el escritor detiene la investigación e inventa una forma. Con este plan y esa forma de trabajo escritural, han salido de la pluma de Patrick Deville Pura vida (2004), que recupera la historia del filibustero norteamericano William Walker que alcanzó la presidencia de Nicaragua y sería fusilado; Ecuatoria (2009), un inabarcable mosaico de historias que, de la mano de Pierre Savorgnan de Brazza y otros exploradores antitéticos nos interna en la inmensa franja ecuatorial africana; Kampuchea (2011), sobre el proceso de los jemeres rojos en Camboya; Peste & Cólera, recreación de la existencia de Alexander Yersin, sus aventuras y avatares vitales, y sobre todo sus descubrimientos. Es ahora la vez de Viva, editada en Francia hace dos años y en este mismo mes de marzo traducida al español y publicada por Anagrama.

   Al igual que las cuatro precedentes, Viva es una “novela de aventuras de verdad”. Y como ellas, abundantemente documentada, intensamente épica y adecuadamente ficcional; y transitada así mismo por múltiples personajes que han hecho la Historia, mas con dos protagonistas, dos vidas paralelas y antitéticas, Malcom Lowry y León Trotski, en el turbulento hervidero cultural y político de los años 30 del pasado siglo en México, país de emigrantes y desarraigados, también de soledades según Octavio Paz, generoso asilo de exiliados de todo el mundo y teatro de vidas paralelas, de encuentros y desencuentros. En ese México efervescente y en ebullición, ellos Trotsky y Lowry serán las columnas dorsales  de una historia río, con múltiples afluentes, que Patrick Deville confiesa haber escrito contra la amnesia general, y también contra la propia. Pero en ese frenético borboteo mexicano, convergen otros nombres que, a su manera, también han acarreado su grano de arena a las dunas de la Historia. Por eso mismo, Viva  es una gran caja de resonancia de los grandes acontecimientos culturales, políticos e incluso bélicos de la primera mitad del siglo XX. Y punto de encuentro de los personajes más emblemáticos, creativos, contradictorios y destructivos, de los que van de exilio en exilio, de los que viven en el filo de la navaja. En las páginas de Viva, junto al proscrito Trotski, el defensor de la Revolución permanente e inventor de la Cuarta Internacional, y Lowry, el genio en fuga, el “obrero literario”, hundido en el alcohol y en la embriaguez mezcalera, cuyas vidas Deville reconstruye de forma fragmentaria, aparecen otros muchos que llegan a México: Ret Marut que será Traven y Cravan, del que heredaremos El tesoro de Sierra Madre; Antonin Artaud que ha venido a México a calcinar sus nervios; Tina Modotti, ciudadana del dolor del mundo, que extrae la savia de sus raices temperamentales italianas y las alimenta con sus cinco amantes; Graham Greene, novelista y agente secreto que llega para escribir una novela sobre las miserias de los hombres y sobre los horrores de la Historia; André Breton que no sabe a qué viene, se siente inhibido ante Trotsky y que será para Frida Kahlo, junto con todos los surrealistas, la mierda que provoca el surgimiento de los Hitler y Musolini.

   Es el México que, después de la batalla del Ebro, recibe a los refugiados del POUM y a los estalinistas de las checas que los exterminaban. Que también acoge a los enviados de Stalin, una madre y su hijo, Caridad Mercader y Ramón Mercader, que llega con un pasaporte falso, un piolet y formado en Moscú para matar a Trotski.

  Todo comienza en Tampico, con el mecánico Sandino descubriendo el anarcosindicalismo y que en Nicaragua será  el “general de los hombres libres”. También en Tampico arriba, a bordo de un petrolero noruego, León  Trotski y su mujer Natalia Ivanova Sedova. Trotski ya es un “vencido errante” que ha recorrido el planeta. Los recibe una joven mujer, Frida Kahlo. En el tren personal del presidente Lázaro Cárdenas, se dirigen hacia la Ciudad de México y, en la Casa Azul, retoma su combate revolucionario, recibe las noticias de los fusilados por trotskismo y sabe que su nombre está siendo barrido de la Historia. A su lado estarán Diego Rivera, el ogro devorador de mujeres, el genio encarnizado, homérico, el artista criado en el bosque, según su propia leyenda. También otros muralistas, Orozco y Siqueiros que comandará el primer intento de asesinato. Y la banda de los trece que se reúnen en la casa de Tina Modotti y se convierten en  héroes o traidores.

   En 1936 llegaba a Acapulco un joven inglés, Malcon Lowry. Le acompaña su esposa, Jan Gabriel. Se instalan en Cuernavaca, más tarde en Oaxaca y, entre excesos alcohólicos, soñará con escribir Bajo el volcán, que, tras incontables reescrituras, concluirá diez años más tarde en una cabaña en la Columbia Británica. Pero en México, tal como escribe Juan Villoro, uno de los escritores actuales presentes así mismo en la novela, Lowry encontrará de manera definitiva el deslumbramiento y el desplome que buscaba.

   Tras haber recorrido el mundo cada uno por su lado, el escritor y revolucionario ruso y el escritor inglés están en México, pero sus existencias mexicanas discurrirán en paralelo, sin jamás encontrarse.

   Todo había comenzado en Tampico y todo acaba en Tampico, en la guerra abierta que libran los cárteles de la droga. Y tras incontables amores, infidelidades, traiciones, fracasos, idealismos, desgarros, intentos de participar en la Historia, con muchas manos manchadas imprescindibles para que aquella avance, ya los hemos olvidado. Porque, tal como cierra la novela el autor, “Aquellos que, en lo alto, creían distinguir en el horizonte los amaneceres radiantes de las revoluciones políticas y poéticas descienden ya a la oscuridad” (página 242).

  
Patrick Deville
Novela fragmentaria, quizás dislocada, con roturas temporales, con anticipos, avances y retrocesos. Mas ello no obsta para que estemos ante una novela, ese reino de la libertad que por su misma naturaleza puede y seguramente debe de ser proteica y abierta. Patrick Deville maneja con oficio esta nueva amalgama de historias, biografía, ficción y reportaje. Acierta, una vez más, con esas estructuras paralelas y con la subversión del género novelesco en el que, sin calzador, introduce testimonios, referencias, citas, epistolarios…. Todo en un productivo diálogo con la ficción. El autor relata así mismo sus propias errancias por algunos de los derroteros recorridos por sus héroes o villanos. Y describe, a la vez con precisión y fantasía, los años 30 del tumultuoso hervidero mexicano, la indígena belleza convulsiva de un país que a la vez atrapa y espanta. Con dos brochazos o dos sutiles pincelas (“La linda princesa y el sapo gordo”, Frida Kahlo y Diego Rivera, página 54) delinea los personajes, un amplísimo abanico de transeúntes por las veredas mexicanas o por los caminos de medio mundo. Y sus hechos paralelos que integra y funde en una estructura superior cuyo resultado es una exultante novela, escrita con un estilo de prosa claro y preciso, dotado de gran fuerza evocativa, refulgente y atravesada por ciertos ramalazos líricos que penetran con fuerza en el entramado novelesco, y elevan su tonalidad épica -quizás Viva es la más épica de la saga-, que trasladan al lector a lo más profundo de aquellos seres que, con sus obsesiones, sus excesos, alucinaciones, fuerzas volcánicas e idealismos, han sido capaces de dividir la Historia y se han aproximado a lo absoluto o a lo imposible.



Francisco Martínez Bouzas


                                                      
Frida Kahlo recibiendo a Trotski y a Natalia Sedova en Tampico (1937)

Fragmentos



“Rivera dibuja los arcanos isabelinos de sus amores y disputas, el nido de víboras. Trotski se entera de que Frifa Kahlo y Diego Rivera se casaron en casa de la fotógrafa revolucionaria Tina Modotti, también ella miembro del Partido, aunque estalinista: Tina, la traidora. Frida Kahlo tiene veintinueve años, tiene los senos pequeños y levantados, sus pezones son muy oscuros, así se ven en una fotografía de ella con el torso desnudo, quizás tomada por Tina Modotti, la mirada es orgullosa y lleva una pistola metida en la cintura de su falda larga. Trotski todavía no los ha visto, los senos de Frida.

Cada noche trata de retener los nombres, comienza a comprender que ha abandonado a una hechicera por otra, la noruega por la mexicana. En mayo de 1940, será uno de los pintores muralistas, David Alfaro Siqueiros, quien propicie el primer atentado con metralleta contra él. Sólo algunos nombres de esa pequeña banda le resultan ya conocidos. Sandino, por supuesto, y quizás Traven. Sobre todo Maiakovski, el poeta ruso sobre el que escribió una alabanza. Éste había embarcado en Saint-Nazaire rumbo a Veracruz, había escrito a bordo «El océano Atlántico» y se había quedado un tiempo en Ciudad de México, en medio de la pequeña banda, antes de regresar a Moscú a pegarse un tiro en el corazón.”



…..



“Tiene cincuenta y siete años y ésta es la última cosa que esperaba. Ha escapado de la nieve y del hielo de Noruega, de las garras de la GPU de Stalin y de la Gestapo de Hitler. Si ningún país hubiera aceptado darles un visado, el proscrito y Natalia habrían sido devueltos a los soviéticos, y eso habría significado la muerte en Rusia. Diego Rivera había sabido convencer al presidente Lázaro Cárdenas para que acogiera a los fugitivos, utilizó su inmenso prestigio para salvarles la vida y organizó su acogida en la casa azul de su compañera. Gracias a Rivera él está vivo, pero está también fuertemente enamorado de su compañera, de la Malinche, de la amante indígena de Cortés, que le enumeró los dioses de los aztecas y tradujo las palabras del emperador Moctezuma.”



…..



“Pero en Lowry y en Trotski la cuestión es mucho más amplia: saber con qué fin se vende el alma al Diablo. Para que esta hermosa y terrible soledad y esa fuerza interior que les hace abandonar la vida que les gustaría llevar y a los seres que aman, para irse siempre cada vez más lejos en busca del fracaso que vendrá  a coronar sus esfuerzos.

Les gusta la misma clase de felicidad, una felicidad simple y antigua, la del bosque y la nieve, la de nadar en aguas frías y la de la lectura. Lo de estos es como acercarse al misterio de la vida de los santos, buscar aquello que los impulsa hacia los eternos combates perdidos de antemano, el absoluto de la Revolución o el absoluto de la Literatura, en los que nunca encontrarán la paz, la tranquilidad de la labor cumplida. Es ese vacío que se siente y el que el hombre, en su insoportable finitud, no sea aquello que debería ser, la insatisfacción, el rechazo de la condición que nos vence, también el inmenso orgullo de ir  a robar una chispa cuando es su turno, incluso si saben bien que terminarían encadenados a la roca y continuarán así demostrándonos eternamente que han intentado lo imposible y que lo imposible puede buscarse. Eso es lo que gritan y lo que nosotros solemos fingir que no oímos: que de cada uno de nosotros se espera lo imposible.”



(Patrick Deville, Viva, páginas 43, 54-55, 148-149)

martes, 16 de junio de 2015

HUNDIRSE EN EL CORAZÓN DE ÁFRICA



Ecuatoria

Patrick Deville

Traducción de José Manuel Fajardo

Editorial Anagrama, Barcelona, 2015, 322 páginas



   Ficción sin ficción. Así cabe definir las creaciones narrativas de Patrick Deville (Saint-Brevin-lesPins, 1957) en el último periodo de su trayectoria literaria, cuando pasó de la pura ficción de corte minimalista a la no ficción, con obras como Pura vida, Peste & Cólera, Ecuatoria, recientemente traducida al español y publicada por Anagrama y Viva, su pieza más reciente, todavía no traducida. Ecuatoria, al igual que Peste & Cólera, profusamente documentada, intensamente épica, adecuadamente ficcional, es otra excepcional novela de aventuras de verdad que se encuadra dentro de esa saga de construcciones novelescas cuyo marco escénico temporal es el último siglo y medio, en el que la geografía determina, de alguna manera, la historia y en las que Patrick Deville juega hábilmente con todos los géneros.

Ecuatoria que toma su nombre de una provincia egipcia en el Alto Nilo (hoy Sudán del Sur), es un libro coral y a la vez unitario, protagonizado por personalidades gigantescas, con caracteres diversos, frecuentemente antitéticos; seres excepcionales por su heroísmo  o por su maldad; titanes nacidos fuera de África, otros oriundos de una tierra condenada por un destino trágico. La novela se configura inicialmente como un relato de la vida de Pietro Paolo Savorgnan di Brazzà, más conocido por su nombre francés, Pierre Savorgnan de Brazza (1852-1905). Pero en ese relato, aunque a primera vista la relación no sea directa ni coincidente temporalmente, se hallan también las de otros muchos personajes, todos ellos relacionados con África y casi siempre antitéticos entre sí: Albert Schweitzer, Pierre Loti, Joseph Conrad, Julio Verne, Henry Stanley, Agostinho Neto, Jonas Savimbi, Pepetela, Manuel Rui, el gran potentado negrero Tippu Tip, Laurent-Désiré Kabila o Ernesto Che Guevara, alias Tatu o Ramón Benítez. Vidas destrozadas casi todas por la tentación del heroísmo: traidores o indecisos, como reza la dedicatoria de la novela.

Dibujo de Brazza en 1895
   Ecuatoria se despliega como un inabarcable mosaico de historias, un fresco vibrante compuesto de gestas y de acontecimientos relevantes relacionados entre sí, que interactúan mutuamente, y en las que el centro de África es el gran marco escénico, a lo largo de la inmensa franja ecuatorial, delimitada por las islas de São Tomé y Zanzíbar, atravesando una gran parte inesplorada de Gabón, Angola, el Congo y Tanganika, la actual Tanzania. El marco temporal: la segunda mitad del siglo XIX y buena parte del XX. Y como foco central, la reconstrucción de la biografía de Pierre Savorgnan de Brazza, rescatándolo de los olvidos e indiferencias de la Historia. Brazza, explorador y cartógrafo, fundador de Brazzaville, que liberó esclavos y frenó numerosos abusos, pero que gracias a sus actividades como pionero, y a pesar de su decidido impulso anticolonial, abrió involuntariamente las puertas a la gran colonización de África por parte de las potencias europeas. Brazza removerá cielo y tierra para sacar al Congo de la garra de las cuarenta Compañías. Por eso recibe durante su estancia en Argel amenazas de muerte y su fallecimiento sigue siendo una incógnita: ¿disentería o envenenamiento?

   En 1872 Brazza embarca a bordo del Vénus. Durante su escala en Gabón, al año siguiente, se entera de la muerte de David Livingstone, y en la enajenación de sus sueños de infancia, se interna en el estuario de Gabón hacia Komo, navega en piragua sobre el río Ogooué hasta la aldea de Angola. Su propósito: hundirse en el corazón de África y demostrar que era posible acceder desde ese río al curso alto del Congo. Se había equivocado, mas Brazza continuará con sus exploraciones.

   Patrick Deville, como hiciera en otras novelas, recurre al procedimiento de las vidas paralelas. Anota las experiencias vitales de los personajes que recorren el libro, y después trata de ponerlos en paralelo, remarcando sus coincidencias y sus antagonismos. En Gabón, Brazza y Stanley, sus antítesis: la rapidez y la lentitud, la audacia y la prudencia, la potencia y la debilidad. En Angola, Agostinho Neto y Jonas Savimbi. Los dos tienen en común África y la medicina. Los anima e mismo ideal: la liberación de los pueblos y la fundación de una nación. Pero se convirtieron en enemigos irreconciliables y sus restos mortales están desaparecidos. Brazza y el Che Guevara: ambos fueron conductores de hombres en terrenos selváticos o en la floresta, los dos arriesgaron sus vidas. En Taganika (Tanzania), Tippu Tip y Brazza; no se encontraron nunca a pesar de coincidir en el tiempo y en el espacio. Tippu Tip que arrastra una terrible historia de caza y venta de esclavos, estará siempre del lado de los europeos y de los árabes a los que surte de marfil y de esclavos. Brazza fue el gran liberador, el padre de los esclavos como le llamaban.

                                              
Mausoleo de Brazza en Brazzaville
El libro es una amalgama de historias, biografía, ficción y reportajes. Acierta Deville con la estructura paralela. El autor va relatando sus propias errancias por los mismos derroteros de sus héroes o villanos, al compás de las heroicidades, errores o perversidades por ellos cometidas. Rastrea sus huellas por los enclaves y nudos geográficos para conocer, no solo a través de la fidelidad documental, sino también in situ, aunque sea muchos años después, las heroicidades y los genocidios cometidos en esos países por los que se aventuró Brazza. Realiza,por ejemplo el mismo viaje que Brazza a través del curso del río Ogooué, o va a Kigoma para recuperar las huellas del paso de los cubanos, de los hombres que el Che dejó tras de sí con la misión de encontrar a los combatientes extraviados durante la debacle y la fuga del Congo en 1965. Y recuerda la muerte de los degollados, rinde tributo a los inocentes masacrados cuyos nombres nunca serán grabados en ningún monumento.

   Ficción y no ficción servidas con un estilo de prosa claro y conciso, pero dotado de gran fuerza evocativa, centelleante, y en la que ciertos ramalazos líricos, viscerales, entran con fuerza en el entramado  de una prosa que traslada al lector, en una alucinante exploración por África, tras los pasos de aquellos hombres legendarios que desvelaron el corazón de las tinieblas, abriendo, quizás sin pretenderlo, los cauces para la esquilma colonialista europea.



Francisco Martínez Bouzas



Patrick Deville


Fragmentos



“En la Plaza del 1º de Mayo, en Luanda, se alza la estatua en bronce del vencedor, con el puño levantado y un libro en la otra mano. Vigila la circulación de la calle Hô-Chi-Minh. ¿Ese libro es El Capital? ¿La esperanza sagrada, uno de sus propios libros de poemas? Agostinho Neto murió oficialmente de cáncer en 1979, en Moscú. Su féretro vacío en el momento de los funerales de Estado. Los rusos, los mejores especialistas en esa materia desde el antiguo Egipto, habían conservado sus restos mortales congelados.

Porque ésa es la debilidad del materialismo histórico, en comparación con las iglesias evangélicas, cuando se intenta imponerlo en el Tercer Mundo. No hay otra vida que ésta, que es insoportable, ni se espera resucitar  joven y hermoso en los verdes campos del paraíso, rodeado de difuntos queridos. Entonces, hay por lo menos que vencer la  degradación y detener el tiempo, salvar la apariencia del héroe antiimperialista. Se acomete la construcción de un mausoleo al sur de la capital. Los trabajos permanecerán inacabados durante años. Quizá todavía hoy siga vacío. Es una especie de cohete hecho de acero puro, presto a llevar el socialismo científico hasta los confines del universo. En 1979, a la muerte de Agostinho, Jonas estaba ya escondido en la jungla, en el porfundo sur de Angola…”



…..



“Uno no está muy seguro de admirar a esos hombres, a Brazza o a Savimbi, a Staley o a Guevara. Uno los envidia un poco, es cierto. Por haber creído que era posible forzar la Historia marchando siempre hacia delante en medio de la selva. Se siente menos respeto espontáneo ante los sedentarios. Seguramente estoy equivocado. Uno debe de ser más sabio cuando se dedica  a cultivar su jardín, a clasificar su biblioteca. A uno le gustaría poder detestar a todos esos promotores de convulsiones devorados por la inquietud. Ciertamente no lo consigue.

Esos hombres fueron capaces de soñar que eran más grandes que ellos mismos, sembraron el desorden y la desolación a su alrededor, cubriendo sus empresas aventureras con el manto de las ideologías de su tiempo, apropiándose de aquella que podían llevar como una antorcha: la exploración, la colonización, la descolonización, la liberación de los pueblos, el comunismo, la ayuda humanitaria… Quizá vale más limitarse a pasar, no mezclarse en nada, amar la curiosa vida de los hombres y dejarlos en paz. Observar las boyas y las balizas para la navegación, tan sabiamente dispuestas.”



(Patrick Deville, Ecuatoria, páginas 122-123, 299)