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martes, 5 de febrero de 2019

DIARIO DE UN DEPREDADOR SEXUAL


18 centímetros la medida del placer
Pablo Paniagua
Alita de Mosca-Literatura Indie, Ciudad de México, 2018, 139 páginas

   


   Diario sin fecha, por no decir monólogo, de un depredador sexual, una condición  que, casi como condecoración el protagonista se autoadjudica  en más  de una ocasión. El resultado: un carrusel de sexo y sensualidad con mayúsculas. Una novela sin duda arriesgada para los tiempos que corren, y no precisamente por su alta carga erótico / pornográfica, sino por  las opiniones en ella vertidas. En efecto, 18 centímetros,la medida del placer va más allá del género  erótico / pornográfico ensanchando sus fronteras por medio de opiniones contra el feminismo radical, las mujeres, el amor y el matrimonio, por medio de un aparato crítico sin pelos en la lengua, acompañado de buenas dosis de humor negro y de sarcasmos.
   Otra novela de sexo explícito de Pablo Paniagua, escrita a contracorriente de los que marcan las modas como Nadine, réplica de Cincuenta sombras de Grey. El autor  no engaña a nadie, confiesa que no escribe para entretener, y menos a biempensantes de escapulario, sino para despertar conciencias, en un momento de gran banalización de la literatura y como forma de rebelión “contra ese feminismo paranoico” que coarta y censura la libertad de expresión, ese feminismo que arrebató la intransigencia  a los moralistas y que, es su opinión, persigue el empoderamiento (sometimiento de la parte contraria), emparentándose así con el machismo. Lo hizo con La novela perdida de Borges y con Nadine. Y lo vuelve hacer ahora de forma reduplicativa con 18 centímetros la medida del placer.
  Al margen de las críticas que se prestan a la polémica, la novela es una exaltación sin complejos del macho heterosexual. En un largo monólogo, el protagonista innominado se presenta como depredador sexual, con 18 centímetros entre las piernas, su Muñeco. También como mecánico del sexo que desatasca vaginas y cumple, por consiguiente una función social.
   Es cierto que no oculta su condición depredadora en el mundo del sexo, pero admira y trata a las mujeres desde la perspectiva de la libertad, de la atracción sin cadenas. Por eso mismo no se considera machista ya que no miente ni engaña. A lo largo del monólogo, su único afán es acabar con su Muñeco entre las piernas de una mujer que libremente lo acepta o incluso se lo pide de rodillas. Su Muñeco trabaja siempre, excepto en una ocasión con traje de buzo. Un ramillete de mujeres se disputan sus atributos.
   Y así, encuentro tras encuentro, alejado por voluntad propia de todo lo que se  pueda emparentar con los sentimientos amorosos, transcurren sus correrías sexuales que resultan tan mecánicas como las películas y vídeos porno: comer las tetas, amasarlas, bajar hasta llegar hasta la braga, llevar la boca hasta los labios del coño y para adentro a todo trapo, con distintas posturas, con saliva en es esfínter anal y, a veces, con heces y chorros de orina escurriéndose por las piernas.
   Ciertamente un verdadero carrusel de sexo. Pero más importante que esa forma compulsiva de hacer felices a las mujeres y a su propia genitalidad, son las opiniones que impregnan la novela. Pablo Paniagua es, sin duda alguna, un escritor libre, ajeno a tabúes. Podemos anatematizar al protagonista, calificar las escenas de pornográficas, perversas, si bien todo depende de las convenciones sociales como puso de manifiesto Pierre Klossowski. Pero detrás de todo ello está lo más interesante: el afán del escritor por polemizar. Su escritura falocéntrica viene acompañada de opiniones como mínimo polémicas: el matrimonio como trampa que les asegura a las mujeres el futuro y la estabilidad; las mujeres son psicológicamente inestables mientras les acecha la menopausia. Algunas son de alto mantenimiento; la libertad es mejor que una relación de pareja -por eso el protagonista tiene sexo con todas pero no se quiere enamorar de ninguna-.; el sexo no es sucio ni pecaminoso y aquellos que así lo consideran deberían estar en el manicomio; opiniones sobre la infidelidad y la infidelidad; el amor es ciertamente una comunión de sentir y de actuar compenetrados los cuerpos bajo el instinto con fines procreativo.
   Pero el verdadero motor impulsos de este monólogo hipersexual es el alegato contra el fanatismo oscurantista que se institucionaliza en la tendencia puritana y mojigata que vicia la normal relación entre la mujer y el hombre auspiciada por el feminismo radical y su tendencia moralista o más bien de superficial moralina, el polo opuesto del machismo intransigente como declara el autor.

Francisco Martínez Bouzas



                                                   
Pablo Paniagua



Fragmentos

“Tengo 18 centímetros entre las piernas, el tamaño ideal para hacer volar a las mujeres. Así me diseñaron, no lo voy  a negar: soy un depredador sexual. En estos días no hay quien falle con un poco de citrato de sildenfil o tadalafil se soluciona el asunto, además de algo de gracia, imaginación y fondo físico para hacerlo como un profesional, un tipo decente que se preocupa por satisfacer a una mujer. No busco justificación para contar algo tan íntimo como mi vida sexual, forma parte de la experiencia y por ello debe ser materia de estudio. La confianza es indispensable en la práctica del sexo, tener la disposición mental del ganador, saber que se pueden salvar los obstáculos, asumir esa capacidad de decisión, la inteligencia y sangre fría del protagonista de una aventura sexual sin precedentes, donde el inicio para por detectar a la presa, estudiar el terreno y caer con las palabras precisas o la simple mirada.”

…..

“Me retiré hacia atrás, para verla con conjunto con zapatos de tacón y lencería fina, y puedo jurar, por lo más sagrado, que me impactó como ninguna otra mujer. No daba crédito ante dicha hermosura, la belleza en su centro, con los pezones oscuros advirtiéndose tras la tela al igual que su coño peludo y sin arreglar. Así le gustaría a su novio…En vez de atacar decidí desnudarme a la distancia sin dejar de observarla, quitándome primero la camiseta, los pantalones, los calcetines, los calzoncillos, para que el Muñeco hiciera su aparición magistral:«¡Dios mío! ¡Qué fiesta me espera!», parecían decir los ojos de Verónica. Y para continuar primero le quité el sujetador, le comí las tetas, las amasé, y arrastrando la lengua    por su cuerpo bajé  hasta llegar a las bragas. No le quité los zapatos para que se viera   más porno, abrí la panorámica de sus piernas, desde las rodillas hasta donde se asoman los glúteos por su parte interna, y los labios oscuros de su coño  resplandecieron. Lo tenía tan grande que daban ganas de  meter la cabeza para verlo  por dentro, un túnel donde perderse  de por vida como  buen espeleólogo o para convertirse en hombre de las cavernas  y pintar  escenas porno e vez de bisontes. Y ahí llevé mi boca. Estaba rico, muy rico.”

…..

“¿Hay algo más? Sí, claro  que hay algo más, pues Verónica apareció con gesto grave, sin mostrar la más leve sonrisa (no era de extrañar después de la tunda). Sí se veía preciosa, incluso con ese toque dramático de actriz de la época dorada del cine, con un modelito ajustado de color verde primavera, mientras que yo, como un Humphrey Bogart  postmoderno, con un churro de marihuana entre  los labios, sentía cierto nerviosismo en el estómago al asistir de invitado especial a las interpretaciones de una secuencia cinematográfica. Lo hago así para salir bien librado, actuar más que sr, marcar la distancia para no acabar abatido por esa mujer. Sí, estoy verdaderamente enamorado, creo que podré resistir sin tener su aliento cerca. ¿Pero cuál será su precio? ¿Saltar al precipicio? ¿Arrojarme en sus brazos? ¿Fundar nuestra propia religión ¿La felicidad, el matrimonio y los hijos? ¿ La realización como ser humanos a través de la familia? ¡Cuentos chinos, ya lo sé! Con ella no es tan sencillo, soy como un imbécil que ha de recuperar la compostura porque está frente a las cámaras y el director dijo: ¡Acción!”

(Pablo Paniagua, 18 centímetros la medida del placer, páginas 9, 37-38.95)

martes, 1 de diciembre de 2015

MÁS ALLÁ DE LA PORNOGRAFÍA



Nadine. Algo más que una novela porno

Pablo Paniagua

Alita de Mosca-Literatura Indie, México D.F. 2015, 135 páginas



   Sin ninguna duda, como ya he podido comprobar por la lectura de alguna de sus obras anteriores (La novela perdida de Borges, 2013 y Abraxas. Un viaje por la Psicodelia, 2015), Pablo Paniagua es uno de los escritores que, en legua española, nos está brindando algunas de las propuestas narrativas más innovadoras. Escritor periférico y underground, sabe emplear la literatura para subvertir. Su última entrega, Nadine. Algo más que una novela porno, definida por el mismo escritor como una “propuesta de antinovela del futuro”, no deja lugar a dudas, ya desde su mismo rótulo, de su carácter transgresor. Pablo Paniagua nos sorprende, desde mi óptica favorablemente, con una novela dotada de dos tramas que discurren en paralelo: la trama A que narra una historia, y la B que la comenta.

   La punta del iceberg, el desencadenante de la historia contada, y también el quebradero de cabeza del protagonista, es un pene cercenado y arrugado, hallado en plena noche y cuya procedencia se ignora. Pero el protagonista decide guardarlo en el bolsillo de su gabardina y, ya en su domicilio, en un frasco con alcohol. Poco a poco, irá apareciendo la porción sumergida del iceberg. Para huir de la policía que exhibe el frasco con el pene cercenado, contrata los servicios de una prostituta y con ella pasa la noche. No solo se la chupa sino que también le roba. En un arrebato de cólera, le arranca la nariz y le despedaza el cerebro, y con una de sus pelucas se disfraza de mujer. Y aquí y así comienza su nueva identidad: Nadine Fox, ataviada como puta y ejerciendo como tal. Experiencias sexuales necrófilas que no le desagradan, hasta que cae en las garras de un proxeneta que lo/la explota, con lo que la trama, nos dice el comentarista, se complica y el protagonista se enriquece.

   Para no spoilerizar ambas tramas, no revelaré lo que sigue, ni el desenlace. Anoto  únicamente que Pablo Paniagua nutre su novela con escenas ciertamente pornográficas, aunque queda por aclarar qué es la pornografía, sobre todo si la enfrentamos con el erotismo. Y aquí me remito a Pierre Klossowski y su comparación del marido francés que disfruta con la “perversión” de ver a su esposa siendo poseída  por otros hombres, y del esquimal para quien un comportamiento similar es la simple expresión de las convenciones de la hospitalidad.

   Mas al margen del carácter obsceno, tal como define la Real Academia Española la pornografía, la novela de Pablo Paniagua va más allá de la sexualidad pervertida, de la lascivia, de la obscenidad. Es el rescate de una infancia terrible con un niño sodomizado por los amantes de la madre, hecho que configura un destino insalvable y “estrellado”. Y sobre todo, una historia criminal de “depredadores entre los depredadores” (página 67). Un pasado lejano trasmutado y generando un presente despojado de cualquier sentimiento de culpabilidad (“no hay culpa por asesinar a cualquier depravado e, incluso, a cualquier persona: es la moneda de cambio de la especie humana. Curas católicos sodomizan a niños en nombre de Dios e islamistas radicales asesinan en su mismo nombre” (página 69). Y pequeñas dosis de ternura, de cariño y de devoción que hacen que el cuchillo asesino se caiga de la mano, aunque aquí todo se reescribe.

   Dejo a un lado la catarata de asesinatos en serie por venganza, por placer o despecho, para registrar algunos aspectos técnicos de la novela. La narración se desarrolla con frecuencia dando lugar a nuevos juegos y experiencias, a que la historia se pueda rectificar. “Todo se vale en esta novela” afirma en un momento la voz que narra la historia B, la metanarración. Y en efecto, Pablo Paniagua echa mano de analépsis, varias modalidades de omnisciencia, de múltiples referencias cinematográficas y literarias (Vladimir Nabokov, la Lección de Flaubert, vecinanza con Paul Auster…) Y sobre todo un humor negro, cáustico, mucha ironía y sarcasmo para hacer más llevadera la barbarie, el sadismo transbordado hasta el extremo, aunque, como se afirma, un juego de niños comparado con las guerras ilegales o la doble moral imperante en las sociedades presentes, pretéritas y seguramente futura.

   En resumen, una novela sin concesiones, aunque entretenida, que demanda lectores fuertes que no se rasguen las vestiduras, que tengan la mente abierta y les guste explorar nuevos territorios que incluso pueden describir con mayor verosimilitud la pavorosa realidad de nuestra maravillosa especie humana.



Francisco Martínez Bouzas



                                                      
Pablo Paniagua

Fragmentos



“Aquí ya le di otro giro a la historia con el riesgo de pasarme de rosca: una escena contundente y violenta para impresionar al lector y escandalizar a los más  recatados con este acto de necrofilia, y prefiero hacerlo en primera persona para acostar la distancia entre esta voz y el lector, para que parezca más real, aunque estos comentarios, al fin y al cabo, le resten tensión al conjunto. También, el hecho de convertir al protagonista en un asesino y luego hacerle sentir el arrepentimiento, me sirve para mostrar a alguien con desequilibrios psíquicos, pero a la vez tan normal como el presidente de un país ordenando asesinatos, derrocando gobiernos extranjeros o iniciando alguna guerra preventiva.”



…..



“Arrodillada metí mi cabeza entre sus piernas e introduje su pene en la boca. Estaba totalmente fláccido. Tenía el bolso en mi mano derecha, sobre el suelo, y lo abrí para agarrar el cuchillo. Apreté con fuerza los dientes y él gritó con un alarido desencajado, tanto como su pene que tan sólo colgaba sujeto por un pequeño trozo de carne. Le hinqué el cuchillo en el estómago como cinco o seis veces. Estaba excitadísima. Aún vivía cuando le penetré por detrás. Se lamentaba con un suspiro, apretando el esfínter anal con fuerza y en mi pene noté cómo se alargaban los latidos de su corazón hasta pararse. Ya estaba muerto pero continué hasta correrme.”



…..



“Así es como mezclé el pasado lejano con el pasado reciente, repitiendo en una sucesión de actos encadenados, con el corto periplo del pene cercenado en la vida de Robert Wilson y los recuerdos más lejanos de una historia que comencé a contar y se completa con esa escena de pederastia (un deliro menor, pues muchos curas católicos lo practican con asiduidad y su castigo es cambiarles de parroquia, acto tan hipócrita como la sonrisa de Frank el mecánico -así lo dejamos en mano de Dios y sus representantes: el mal no existe porque Dios está en medio: es la escusa-. Y en esta novela, como casi todo se vale, utilizo el sarcasmo para mostrar la realidad, porque esas cosas pasan y la historia de Nadine, por muy fantasiosa que parezca, puede estar ocurriendo ahora mismo.”



(Pablo Paniagua, Nadine. Algo más que una novela porno. Páginas 23-24, 59, 69)

miércoles, 1 de julio de 2015

"ABRAXAS": DESDE LOS HORRORES DE AUSCHWITZ A LA REVOLUCIÓN PSICODÉLICA



Abraxas

Un viaje por la Psicodelia

Pablo Paniagua

Alita de Mosca-Literatura Indie, Guanajuato, 2015, 146 páginas.



   No defrauda Pablo Paniagua al contarnos en su última incursión en la narrativa la turbulenta génesis de la Civilización Posthumana, una utopía anclada en la Revolución Psicodélica que parece lograr lo que fracasa en Un mundo feliz de Aldous Huxley: una sociedad completa, cerrada, perfecta; el fin de la historia, el antitipo del homo sapiens  convertido en homo conscientis. El verdadero superhombre, ese salto en la evolución de la especie humana que con la eugenesia racial perseguía el nazi Josef Mengele. Y no defrauda con esta novela lineal, que amalgama ensayo y abundante documentación, a pesar de que Pablo Paniagua es uno de los escritores que nos están brindando algunos de los más innovadores experimentos narrativos -escritor periférico y underground como se autodefine- especialmente en el campo de la metaliteratura fractal.

   Bajo el rótulo, y quizás las bendiciones de Abraxas, el dios del Bien y del Mal de los gnósticos del siglo II, vislumbrado por Hermann Hesse como la deidad de las dualidades en armonía, Pablo Paniagua sumerge al lector en una original aventura tras los orígenes de la Civilización Posthumana, narrando la vida de su Gran Padre, Markus Linder; y de paso muchas de las teorías y prácticas conspiratorias con las que el Sistema (el Poder dentro del Poder) manipula y somete a la especie de los hombres supuestamente sabios.

   Todo da comienzo con los horrores del nazismo: en 1943 llega al campo de concentración de Auschwitz II Bikernau un huérfano de un miembro de las Waffen-SS. Es Markus Heinz, un adolescente de catorce años. Allí ayudará al doctor Josef Mengele en sus mediciones y experimentos eugenésicos raciales buscando el salto en la evolución de la especie humana hacia el superhombre ario. Tras caer en manos del ejército norteamericano, en la operación “Paperclip” (nombre original, “Operación Overcast”), es enviado con más de setecientos científicos alemanes a Estados Unidos y allí transferirán los adelantos de los nazis en armas químicas, energía nuclear, cohetería, medicina eugenésica, etc. Con una nueva identidad, (Markus Linder) decide convertirse en psicólogo porque cree que no se trataba de buscar la raza perfecta, como pretendía Mengele, sino la perfección de la mente humana con vistas a alcanzar la armonía. Conoce a Aldous Huxley en una conferencia sobre el Soma, entra en contacto con los iniciadores de la Psicodelia, cuyos postulados asume como método. En México contacta con la chamana María Sabina y experimenta la eficacia alucinatoria de los hongos y el peyote con los que se siente transportado hacia un orgasmo cósmico pero sin perder el pensamiento racional. Mas pronto será captado por la CIA, primero como suministrador de LSD, mescalina y psilocibina  para estudiar sus efectos en soldados y voluntarios. Más tarde recibirá el encargo  de vigilar a Timothy Leary, el gran gurú del uso benéfico y respetuoso de las drogas psicodélicas por los seres humanos. Le encomiendan así mismo distribuir  de manera encubierta LSD y otras drogas, heroína entre ellas, en las universidades de California para descerebrar a los jóvenes más rebeldes y libertarios y hundirlos después en el descrédito del absoluto libertinaje. Son los años 60 y el protagonista se ve involucrado en el servicio del Sistema para frenar a la comunidad negra y al movimiento hippie al que se le atribuían posiciones radicales o comunistas.

   El relato prosigue con la creación de esa utopía, esa aventura post Aldous Huxley, la Civilización Posthumana formada por los hijos que el protagonista engendra en seis mujeres y sus descendientes, alimentados  en su etapa fetal con nutrientes cerebrales (LSD, mescalina, psilocibina, MDMA).

   Tras esta trama argumental, el autor no solo refleja, en un relato ameno y al mismo tiempo muy documentado, los hechos y peripecias más relevantes de la Contracultura y movimientos contestatarios de los años 60; la historia de la Psicodelia con la presencia de sus mitos, como Aldous Huxley, Timothy Leary, Allen Ginsberg, Neal Cassidy, Ken Kessey, Michael Hollingshead, Jim Morrison o Jimi Hendrix, sino que formula los grandes interrogantes conspiratorios que de forma “democráticamente” encubierta impone el Sistema (La CIA, el Poder dentro del Poder), con su doble moral y  con su ley de acallar mediante drogas e incluso con el asesinato, la voz de los ciudadanos.

   Considero un gran acierto de la novela sus inicios en el horror nazi de Auschwitz II Bikernau, porque la conclusión que extrae el lector, es que la CIA no se diferenciaba mucho de los nazis a la hora de arruinar vidas. La novela, en efecto, ofrece un muestrario documentado de la barbarie de los experimentos realizados bajo las órdenes de la CIA sobre ciudadanos norteamericanos, en su mayoría negros, sin su consentimiento, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Experimentos que nada tenían que envidiar a los que Mengele llevó a cabo en Auschwitz. Para el poder el fin siempre justifica los medios.

   Acierta en mi opinión el autor al dejar abierto el debate sobre los viajes psicodélicos, la Contracultura y el uso de las drogas psicodélicas ajustado a protocolos psiquiátricos. Hay en cambio una condena explícita de la ruta psicodélica defendida por Ken Kessey (“era comportase como idiotas”). Abierto igualmente es el final de la novela con ese mensaje, directo u oculto, de la Civilización Posthumana, con camadas de seres felices, pacíficos pero no idiotas, destinadas a repoblar el planeta sin afanes depredadores, pero que, por su carácter utópico no está en ninguna parte ni en ningún tiempo. Es una ucronía.

   Mas en este alegato sin tregua, en este viaje por la Psicodelia y también por las cloacas del Poder, Pablo Paniagua nos permite disfrutar de un magnífico fresco del México exuberante de sustancias psicodélicas, de  noches de sexo en su capital con putas indígenas que erotizan intensamente al protagonista, después de la energía y del orgasmo cósmico que le había regalado el peyote y los hongos de la chamana María Sabina. Una novela pues para gozar de una intensa historia, pero que también hace pensar.



Francisco Martínez Bouzas



Pablo Paniagua


Fragmentos



“Martin sentía la satisfacción de trabajar por el sustento y difusión de la «libertad», promovida por los Estados Unidos en la conquista ideológica y comercial del planeta, y para ello había que experimentar con humanos en la búsqueda de estrategias para superar a sus adversarios. La CIA, entre los años 1955 y 1972, en coordinación con el Ejército, realizó numerosos experimentos con humanos sin el permiso de los involucrados: inyecciones con tóxicos, productos radiactivos y químicos; infección deliberada con virus y bacterias; cirugías no probadas; exposición a sustancias radioactivas; ensayos con drogas para alterar la conciencia; y una amplia gama de pruebas que se llevaron a cabo bajo prescripciones médicas, cuyas víctimas fueron niños, discapacitados mentales, enfermos y personas de bajos recursos, pertenecientes, la mayoría de las veces, a minorías raciales; también se realizaron experimentos indiscriminados con la población de ciudades enteras, siempre de manera encubierta para evitar demandas judiciales.”



…..



“De aquella cena en casa de Leary sí informé a la CIA, pero no de sus consecuencias, pues yo compartía el mismo propósito, entre otras cosas porque deberíamos ser libres para hacer lo que queramos con nuestra mente y cuerpo, por afectar a la libertad más elemental esa capacidad de elección, un derecho que nos viene dado por naturaleza: la libertad es lo más importante pues con ella podemos reclamar justicia e igualdad (no a la inversa), y prohibir el consumos de psicodélicos y otras drogas, por tanto, sería propio de regímenes totalitarios que no permiten la libertad de conciencia. Por aquel entonces, aunque no estaba prohibido, el LSD era difícil de conseguir, pero ya iban apareciendo terrones de azúcar con una gota de LSD por los campus de las principales universidades del país: Harvard, California, Yale, Chicago, Princeton… ¿De dónde provenía la droga?”



…..

 
Annunciation de Mati Klarwein


“Yo le daré al mundo la religión verdadera, el culto a Abraxas, el Dios de la dualidad en armonía, algo que me remite a un cuadro de Mati Klarwein, fechado en 1961, cuyo título es  Annunciation que es portada del álbum Abraxas del grupo de rock Santana. En esta pintura aparece una Virgen negra desnuda, sentada de manera sensual, que recibe la visita de un ángel montado en una conga. La Anunciación es un tema ya tratado por la mitología católica, pero ahora sucede en un planeta psicodélico donde en el cielo azul claro, moteado de diminutas nubes, flota una luna naranja envuelta por atmósfera brumosa. El ángel es rojo y azulado de izquierda a derecha, así como el yin y el yan, como la dualidad, y con el dedo índice señala hacia arriba, a la primera letra del alfabeto hebreo, el Aleph, como un símbolo del nacimiento de un nuevo mundo. Libertad sexual y armonía con el LSD, mensaje para una especie en crisis, en ese planeta lejano que es el mismo Planeta Tierra del futuro, ahí donde Abraxas será su Dios, una configuración metafórica de la existencia, de la felicidad cuando se consuma en armonía entre las partes, el logro de la Utopía, el fin último de la evolución. Así, por mi medio, el humano evolucionará hacia una especie superior que dignifique el Universo.”


(Pablo Paniagua, Abraxas, páginas 45, 89-90, 137-138

sábado, 23 de noviembre de 2013

"LA NOVELA PERDIDA DE BORGES": PROPUESTA METALITERARIA DE NOVELA FRACTAL



 
La novela perdida de Borges
Pablo Paniagua
Ediciones Nowtilus, Madrid, 2013, 238 páginas.

   
    Esta novela, si le hacemos caso a la presentación editorial, es un “prodigioso ejemplo de novela fractal”. El fractal (“fractus”, fraccionado) es una conquista de la ciencia moderna o posmoderna, esa ciencia que surge  como ruptura frente  a  la arquitectura racionalista. Trasladada esa infinita dirección al campo literario, el mismo Pablo Paniagua la define así: “aquella que multiplica lo signos lingüísticos dentro de un orden sintáctico, como si se tratara de un juego de espejos que busca en su repetición, en ese juego, una dinámica dentro de lo infinito, de lo laberíntico o lo circular”. 
   Pocos escritores poseen el bagaje de Pablo Paniagua para afrontar el reto de escribir una novela fractal. Porque este madrileño, trasterrado a Guanajuato (México), escribe sobre todo literatura experimental, convencido como está de que es preciso abrir nuevos caminos. Artista conceptual, emplea la palabra como material de trabajo. Iconoclasta, antisistema, periférico, utiliza con frecuencia la literatura para subvertir. Y en esta novela, Pablo Paniagua asume la apuesta de narrar el mundo con las mismas herramientas con las que lo hace la ciencia y, como en su día, ya lo hicieron Cortázar (“Continuidad de los parques”), Borges (“El Jardín de senderos que se bifurcan”) o Georges Perec (“El aumento”).
   Pero en La novela perdida de Borges, además de múltiples detalles fractales, también hay una trama y sobre todo una desmitificación de Borges. La trama deriva su desarrollo de las respuestas a un interrogante: Jorge Luis Borges nunca escribió una novela en formato largo. ¿Cuál fue el motivo? ¿Qué razones psicológicas originaron tal hecho?  John Lehninger, un discutido y polémico historiador canadiense, expulsado de México por haber declarado que la imaginación y la creatividad de Juan Rulfo eran muy limitadas, se dispone  a responder a esa pregunta en una conferencia que imparte en Madrid, en la que revela que Borges era, en efecto, incapaz de componer un texto literario extenso, inepto “para extender el tiempo narrativo” (página 23), a la vez que se regodea con la adicción de Borges a utilizar palabras aparatosas, como el adjetivo “inextricable”, con el que el historiador canadiense titula su conferencia (“El inextricable Borges”).
   Intenta probar la primera hipótesis haciendo referencia a un inconcluso manuscrito de 69 páginas que ha podido cotejar, y que Borges fue incapaz de finalizar debido a la sumisión a una madre dominante y a su falta de virilidad que lo convertía en Georgie. Entre el público que le abuchea -otros le aplauden-, hay un joven que le asesina al grito de “¡Viva Borges!”. Asisten  a la conferencia y son testigos del asesinato dos estudiantes de Literatura, el madrileño Jorge Luis, que se empecina en llamarse Witold Borges y la mexicana Aurora Yazbeck. La chica, en buena medida por sus atributos físicos, convence a Jorge Luis para trasladarse a México e ir tras las pistas del manuscrito de Borges. Y en efecto se trasladan al país azteca,  a la ciudad de Guanajuato, donde serán testigos y se verán inmersos en una historia repleta de peripecias: dudas, recelos, sexo, chantaje, traición.
   La novela concluye con un apéndice ensayístico (“¿Qué es la literatura fractal?”) en el que Pablo Paniagua muestra de manera práctica las características más significativas de la literatura fractal (Desdoblamiento, Visión caleidoscópica, Dinámica circular, Dinámica cíclica, Dinámica laberíntica, Dinámica en la repetición, Dinámica en la mutación, Juego de espejos, Dinámica concéntrica, Proceso invertido). Muchas de esas marcas de una lógica fractal aplicada a la literatura cobran vida en La novela perdida de Borges. Desdoblamiento, duplicidad o triplicidad de voces: el Borges argentino y el joven estudiante madrileño, Jorge Luis Borges que, a su vez, se irá transformando en Witold Borges. Pero es, sobre todo, en el capítulo 22 (páginas 83-86) donde el autor nos ofrece un amplio muestrario de la multiplicación de elementos que constituyen la dinámica fractal que fecunda la novela, multiplicación asentada en la repetición, en una autgeneración de formas, del número 69, tal como en el año 1985 concibió la geometría fractal Benoit Mandelbrot. Son 69 capítulos los que tiene la novela, como las páginas del manuscrito perdido de Borges. El 69 es el número de la habitación en el hotel de la secretaria del conferenciante canadiense; el corazón de Aurora late a 69 pulsaciones por minuto y son 69 así mismo los años que tenía Borges cuando en el año 69 se tomó una fotografía en París; 69 es el número que representa el yin y el yang; Witold Gombrowicz, el contrario y a la vez complementario de Borges, falleció en el año  1969…en fin, el 69 es la postura en la que por primera vez el Borges madrileño hace el amor con Aurora.
   Escrita en primera persona, con desdoblamiento de voces, que en realidad son la misma voz, más la de un ensayista, La novela perdida de Borges desmitifica desde la audacia e irreverencia la obra y la figura del escritor argentino. Pero en la novela, mezcla de géneros y profundamente metaliteraria, coexisten otros planos narrativos que pueden ser del agrado de aquellos lectores que huyen de los experimentalismos literarios: componentes eróticos, tramas policíacas, misterio, breves textos ensayísticos…pueden ser así mismo un buen reclamo para acercarse a esta novela.

Francisco Martínez Bouzas

 
 
Pablo Paniagua


Fragmentos

“Me llamó Jorge Luis Borges  y soy todos los Jorge Luis Borges, tanto el famoso poeta y creador de opúsculos metafísicos, como el joven estudiante de literatura y aprendiz de escritor, y también narrador de una parte temporal de este libro, que acaba de presenciar, en compañía de la preciosa Aurora, la impecable disertación de John Lehninger. El primer Borges, al final, supo de mi existencia cuando el segundo aún ni la sospecha, pues yo soy el generador de esa conciencia que se multiplica en todos los instantes de sus vidas, un flujo fractal como reflejo repetido de una misma idea, de una imagen con nombre y apellido: para un hombre que fue joven y para un joven que será hombre, como el yin  y el yang que mutuan siendo opuestos para encontrase, para intercambiar sus papeles, en un juego sin fin. Ésa es la ventaja de saberse conciencia, de ser, de poder transitar por el espacio y el tiempo sin un cuerpo físico, como un  alma que entrapara gobernar la materia, un pensamiento, traspasando ese simple estado para escrutar el acontecer y situarse por encima del mismo pensamiento, para convertirse en conciencia reinspiración: el pensamiento que sabe sobre su propio pensamiento, sobre su razón de ser.”

…..

“Según parece, ya Jorge Luis sospecha de mi existencia y no sabe si obro por cuenta propia o es una parte desconocida de su ser: la voz del escritor. Ambas cosas, diría yo. Es la parte creativa que está por encima de la conciencia y sus pensamientos, son otros instantes y sus circunstancias u otras circunstancias con sus instantes. Ya está naciendo el Jorge Luis Borges que luchará contra el otro Jorge Luis Borges para marcar la diferencia. ¡Qué divertido juego! Yo luchando a través de otro conmigo mismo, pues yo soy, como ya dije, los dos Jorge Luis Borges. ¡Eso es lo que hago para subsistir y superar lo que fui!”

…..

“Después de la comida, Aurora me llevó a una habitación y dijo nada más entrar:
-Ésta es la habitación de Marta.
No sabía para qué subíamos o por qué me quiso mostrar la habitación de su hermana, ni qué cosa importante tendría que decir, pues sólo se limitó a mirar con ojos libidinosos y a empujarme sobre la cama, a reclinarse sobre mi cintura, desabrochar el cinturón, los pantalones, y buscar mi pene para meterlo dentro de su boca, con un succionar lento de arriba para abajo. Yo estaba en la gloria, en el mismo paraíso, sabiendo que mi parte más íntima y querida estaba dentro de la boca de la mujer soñada. Ella chupaba como una verdadera profesional, mientras yo la observaba complacido. Luego, cesó en su tarea y nos besamos. Alargué una mano para empezar a quitarle la camiseta; ella se echó para atrás, supuse que para hacerlo por si misma y enseñarme por primera vez sus pechos, pero nada de eso pasó y tan sólo se limitó a decir:
-Si quieres que continúe, tienes que hacerlo primero con mi hermana.”

(Pablo Paniagua, La novela perdida de Borges, páginas 27, 81, 131)