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domingo, 28 de diciembre de 2014

RELATOS PENSINSULARES E INSULARES




Angelica archangelica y otros relatos

Ramón L. Fernández  Suárez

Opera prima, Madrid, 2013, 129 páginas.



   A través de una mano amiga, puedo leer esta colectánea de relatos de Ramón L. Fernández  Suárez, profesor jubilado de la Universidad Politécnica de Madrid, tras haber impartido igualmente docencia en la Universidad Politécnica de Mikkeli (Finlandia).

   Angelica archangelica y otros relatos es su debut, no en campo de la escritura -ha publicado varios estudios relacionados con su especialidad académica y profesional-, pero sí en el ámbito de la narrativa ficcional. Un debut para el que el autor reúne doce relatos rotulados con el título de uno de ellos: “Angelica anchangelica”. Presenta Ramón Fernández y Suárez su primer empeño en el terreno narrativo dividido, desde el punto de vista editorial en tres grandes secciones, tomando como criterio, en las dos primeras, la espacialización  de las historias: “Peninsulares”, “Insulares” y “Otros relatos”.

   Si algo, en mi opinión, caracteriza esta primera incursión narrativa del autor en el campo de la ficción de formato breve, es la disparidad de temas, de marcos escénicos, de formatos -al lado de relatos de quince o más  páginas, conviven otros que consumen su carga diegética en una o dos. Y por supuesto, también la calidad. Desde el punto de vista diegético o del significado esencial de los mismos, derivado de las historias narradas, son relatos, reconoce el autor, que recogen vivencias y experiencias de épocas y escenarios disímiles, y muchos de ellos se mecen en un claro transfondo histórico, y también en el presente, en la cotidianeidad complicada en la que se mueven algunos protagonistas y que en ciertos casos (“Memorias del conde Mijail”, por ejemplo) lo que predomina no es la ficción sino “memorias adobadas con un toque de fantasía” (página 112).

   La espacialización de los relatos de la primera parte (“Peninsulares”) tiene que ver con España. Es este país su marco escénico. El primero de ellos, “Angelica archangelica” es un relato de solidariedad con un joven desconocido por parte de una misteriosa mujer, que da comienzo con la preparación de una infusión -el título sugiere que con hierbas del Espíritu Santo, la angelica archagelica-, que le proporciona al joven herido, preso más tarde en las cárceles franquistas y posteriormente exiliado en Francia. “El pan bendito”, el relato que le sigue, es un reflejo de cómo la actual crisis actúa sobre una pareja y sobre su hijo de cortos meses. Una escena familiar y ruptura de una pareja por culpa de la lacra del desempleo en el que se ve sumido el protagonista masculino. Relato doliente provocado por las inclemencias de nuestro tiempo. En “Herodiano” somos testigos, a través de la voz vicaria de una mujer en feliz armonía con su pareja, de las atrocidades de todo tipo incluidos los abusos sexuales, que otra pareja comete con sus propios hijos menores. Un relato que ahuyenta cualquier optimismo, inteligentemente desarrollado a través de la presentación de facetas antagónicas: la felicidad de una pareja y la sevicia de otra. “Kale borroka” es un encuentro con la dura realidad  que se abre ante los ojos de un joven vasco condenado en Francia y que, en prisión se entera un día de que la mujer que le había amado, decide olvidarlo. Finalmente en “Tres episodios musicales” la prosa de de Ramón L. Fernández presenta el mundo de las emociones que un día brotaron de la audición de tres conciertos, recuperados ahora con un poso de nostalgia y como contrapunto, un presente con el veintiséis por ciento de parados.

   En los tres relatos de la sección “Insulares”, la acción se traslada a Cuba. La Isla caribeña sirve como marco referencial de los mismos. Es interesante el subtitulado “Cuba y Merced” por el buen retrato de Cuba cuando ya se sienten los aires independentistas, promovidos por terratenientes criollos y por sus esclavos liberados. Así como la historia de amor entre la devota terrateniente española y su confesor. Por el contrario, en las otras dos historias de la calle Cuba, el autor abandona el mundo ficticio y su discurso se centra en reflejar una visión  de la isla en 1961 con la persecución de los disidentes, y en una relación de agravios achacables al régimen castrista en los primeros tiempos de la revolución. Esta misma visión negativa del régimen político imperante en la Isla antes de la revolución, es el telón de fondo del relato “Los felices 50”, en mi opinión, el más logrado de la colectánea. La prosa de Ramón Fernández  visibiliza de forma  inteligente y sugestiva los prejuicios racistas de una mujer viuda americana que se enamora en Cuba de un hombre casado y con dos hijos -circunstancias que no le importan-, pero sí, en cambio el miedo a una sociedad que le hará el vacío, tras el conocimiento, sobrevenido al enamoramiento, de que el hombre que la estaba haciendo feliz, también en la cama, era descendiente de esclavos negros llevados a la Isla. Por último, en “Memorias del conde de Mijail. Biografía fragmentaria de un libertino tropical”, el lector se “divertirá” con la historia patética de un casanova especialista en reenamorar en vano  a antiguas amantes o amigas.

   De la sección “Otros relatos”, destaco “Indianos y moriscos”, una buena historia de los tiempos de la conquista/colonización en Perú, con trata de esclavos, relaciones sentimentales, infidelidades y abusos cometidos en los cuerpos y en las almas de jóvenes indígenas.

  
Plantación de Angelica archangelica
Una colección interesante de relatos en los que prima la variedad diegética y de marcos escénicos y temporales, como ya se ha indicado. En el debe de algunos de estos relatos figura, en mi personal lectura, un ritmo demasiado lento. El cuento o el relato no admite divagaciones, pinceladas largas, perderse en detalles o descripciones prolijas, porque es fundamentalmente síntesis  y concisión. Por eso mismo considero que algunos de los relatos de Ramón Fernández, más que cuentos, dan la impresión de ser esbozos inconclusos de novelas cortas. Así mismo, algunos desenlaces (“Cuba y Merced”, por ejemplo) se producen de una forma demasiado abrupta. Ganarían enteros con un mayor desarrollo porque en el desenlace está precisamente el clímax. También en mi particular óptica, alguno de estos relatos es abiertamente moralizante. No me refiero a las frecuentes críticas hacia el régimen castrista, sino a esa necesidad de arrepentimiento implícita en la parte final de “Kale borroca”, que sería más efectiva, desde el punto de vista narrativo, transmitida en un tono más sutil. Y en el haber de este debut narrativo, señalo una atractiva ambientación, especialmente en aquellos en los que el tiempo de la historia se sitúa en épocas pretéritas. El estilo de la prosa con la que Ramón Fernández nos acerca a sus historias, es sencillo y preciso, como demanda la misma naturaleza contística, pero, en ciertos momentos, nos impacta con artificios brillantes y muy logrados (“Nostalgia, esa especie de gasa incolora”, página 53). Considero por último muy válidos y eficaces el contrapunteado o la confrontación de facetas o conductas antagónicas que el autor emplea en algunos de los relatos, porque visibilizan de una forma poco menos que plástica la esencia de la trama.



Francisco Martínez Bouzas





Ramón L. Fernández y Suárez

Fragmentos



“-A ver…trae acá ese crío, que si no lo hago ahora, luego me dará pereza.

-Déjale dormir ahora hasta que despierte por su cena. Luego le coges en brazos hasta que se rinda.

-Entonces déjame que te coja yo a ti en brazos y te dé un buen magreo -respondió el marido mientras se acercaba para sobar sus posaderas.

Ella entonces dio un breve respingo, pero, reaccionando, buscó ansiosa con su diestra el paquete genital que le ofrecían. Media hora más tarde, aún en la cama, sintieron cómo Luisito despertaba moviendo sus pequeñas piernas fuera de mantillas y pañales. Esta vez no comenzó a llorar, pero en cambio, al ver asomar los rostros de sus padres, una minúscula sonrisa desdentada les dio la bienvenida.

Paco extrajo al crío de su cuna mientras Mamen ataba a su cintura el cordón de la bata de lana que había rodado al suelo al tumbarse afanosamente en pos de su marido. Fue un momento de tierna felicidad que bien podía compensar otros inconvenientes del presente.”



…..




“Si entre sus amigos alguien descubriese que tenía un amante, posiblemente se encogería de hombros y de seguro pensarían: «Bueno, siendo viuda, no hay derecho a criticarla» Pero si se conociese que dicho amante descendía de remotos esclavos africanos, entonces, seguramente, se le haría un vacío alrededor imposible de superar siendo, como era, una viuda respetable. Si fuera un hombre a quien se le supiese compartiendo lecho con una mujer del mismo origen, entonces todos lo comentarían irónicamente durante las partidas dominicales del country y mirarían displicentes a otro lado. Pero no era éste el caso y ella sabía que no la excusarían.

Pero, ¿y sus propios sentimientos? ¿No pertenecía ella misma a una raza secularmente maltratada y perseguida? ¿No sentía por aquel taxista negro un auténtico entusiasmo que pocos días antes le hiciera abordar el primer avión que le acercase a él? ¿Eran sus sentimientos realmente auténticos o sólo falsas ilusiones incapaces de sostenerse ante el prejuicio? Una vez más no halló respuestas. Quizás tampoco tenía fuerzas para ahondar en un intento por localizar el reducto racional de su intimidad. Debía tomar alguna decisión y así, tres semanas más tarde, compró un billete de ida a New York, desalquiló el apartamento y nunca regresó.”



(Ramón L. Fernández y Suárez, Angélica archangelica y otros relatos, páginas 36, 94)

lunes, 13 de mayo de 2013

LA VIDA Y SUS MIL Y UNA CARAS



La Muerte Es Otra Cosa

María del Pilar Álvarez Novalvos

Opera Prima, Madrid, 2013, 171 páginas.





    María del Pilar Álvarez Novalvos es una escritora vocacional. Desde aquella noche de febrero en que sus ojos vieron la luz, sabía, como ella mismo reconoce, que sus células “habían venido al mundo para imaginar otros”. Y cuando uno imagina mundos, suele sentir el arrebato de plasmarlos en el exterior de la propia conciencia como materia estética. En su caso, con la pluma, dados sus estudios y profesión de filóloga. Autora de relatos publicados en antologías colectivas, revistas literarias y páginas webs, esa barrera, frecuentemente impenetrable, del mundo de la edición no le había ofrecido demasiadas oportunidades para publicar en solitario.

   Pero finalmente, y nunca mejor dicho, la voluntad de poder de María del Pilar Álvarez Novalvos venció obstáculos y estos días, con humildad y al mismo tiempo con gran riqueza y agudeza literaria, nos brinda  su primer libro en solitario: La Muerte Es Otra Cosa, un gozoso océano de relatos -microrrelatos  en su mayoría- con los que su palabra sabia, lozana y preñada de imaginación, sale al encuentro de los lectores.

   La autora articula esta su opera prima en solitario, setenta relatos y/o microrrelatos de recompensa inmediata, en nueve secciones, que bajo distintos rótulos y con dispares disfraces, giran todos ellos en torno a la vida y sus mil caminos, huellas, vicios, pecados capitales, inverosímiles milagros, cefalópodos predilectos y su llanto invertebrado, dolores y desalmadas afrentas, deseos y silencios que preceden a la desgracia, los escalofríos que duran tres infiernos, las aleatorias fatalidades existenciales, sus fugaces o permanentes paranoias y mil avatares más con sus cotidianidades, contradicciones  o fulgores, convertidos en materia diegética. Y finalmente, ese final del río de la existencia: la muerte y la premuerte. La muerte amada y la muerte envidiosa de los grandes amantes. Sí, esa muerte sometida también ella a la rueda del tiempo (“bucle del tiempo”, escribe la autora) que le hace generar vida.

   Con humor y fina ironía muchas veces, o con disimulada o indisimulada rabia otras, la escritora teje estos cuentos entrelazando el relato hiperbreve con otros de mayor densidad y amplitud. Todos ellos, sin embargo, de premio inmediato. La condensación o la frase genial que nos sorprende no son frutos de ese albur, de ese momento de talento que puede tener incluso un mal escritor.

   En una valoración de conjunto de esta narrativa breve de María del Pilar Álvares Novalvos, yo diría que la autora nos acerca a la vida, a su rica y proteica variedad, interpretadas desde la mirada irónica, a veces risueña y compasiva y gobernada en su plasmación escrita por las exigentes leyes de la ficción breve: argumentos definidos o implícitos que el lector completará sin dificultad; relatos muy narrativos, incluso aquellos en los que la condensación es máxima. Prosas preñadas pues de carga diegética, de mundos ficticios o reales que constituyen la historia narrada. En su mayoría se yerguen sobre estructuras proteicas y participan, por consiguiente, de una gama de géneros o subgéneros (la poesía, el cuento tradicional, la fábula, materiales seguramente biográficos…). Aquellos, en los que la concentración es máxima, son bellos como teoremas, sorprendentes, mortíferos, con finales fulminantes y una última frase cortada como un diamante, exacta, helada. La elisión en estado puro.

   La hechura lingüística, en aquellos en los que no  condensan su estructura narrativa, nos revela una prosa grácil, tendente con frecuencia al barroquismo. Prosa torrencial que se recrea en la búsqueda de la palabra exacta o en sutiles matizaciones. Prosas densas que se suturan  a veces con otro tipo de escrituras más sensuales, lúbricas, capaces de seducirnos y que, sin embargo, no disfrazan el momento epifánico de la historia. En conclusión, una gran hondura y calidad de texto para un afortunado debut.



Francisco Martínez Bouzas







María del Pilar Álvarez Novalvos



Fragmentos



Cambio de imagen



“-Por favor, sea breve -dijo-, y corte lo máximo posible.

-No se preocupe -respondió el peluquero.

El cliente cerró los ojos.

Cuando los abrió, su imagen ya no estaba en el espejo.”



…..



Lluvia



“Llueve. Las gotas recorren el callejón como lanzas y se vuelven torrente, olas sin espuma y sin vaivén. Desde la oscuridad, una farola rota vigila los pasos de los que llegan huyendo de la luz. No hay más testigos que la piedra y el viento, que aúlla sin cesar. El agua lame los peldaños y murmura palabras como gritos débiles de mujer.

A contraluz, dos siluetas son engullidas por aquel pozo. La de menor estatura llora confusa porque aquella tarde parecía como todas. La sombra más alta no habla, la empuja hasta el fondo y la sujeta contra el poste. Ella pregunta porqué me has traído hasta aquí, teníamos que ir directamente a casa…De un tirón, el gigante le arranca la mochila y arroja el paraguas a aquel mar que no refleja. Qué vas a hacer, dice al sentir que una mano le levanta la falda mientras la otra se desbrocha el cinturón. Déjame y te prometo que no diré nada…, intenta de nuevo. Pero una lengua le oprime los labios y dos manos amasan sus pechos. Golpea y golpea contra el muro de carne. Unos pantalones se desploman y ella reprime un grito cuando algo caliente la rasga…Se olvida de dónde está. De quién es. De quién es él.

Ha dejado de llover. La noche es más oscura.

Recoge el paraguas, la mochila, el dolor y deja allí su memoria, bajo la farola rota. Y se prohíbe para siempre recordar  que antes de que se marchara preguntó a aquella sombra y cuando llegue a casa qué voy a decirle a mamá.”



…..



Regalo





“-¿Ya has terminado?

-Sí. Debo acabar este libro para el lunes, tengo examen.

-No has limpiado el mueble del comedor; todavía hay polvo.

-Javi puede terminarlo. Tiene dos manos.

-¡Venga, mujer!, que él hoy ha jugado partido y está cansado…

-¿Sabes que voy a pediros para mi cumpleaños?

-¿…?

- Un pene.”



…..



Lógica negra





“-Merezco clemencia… -se defendió el Diablo.

Dios soltó una carcajada:

-¿Por qué?

-Porque tu Luz no existiría sin mis Tinieblas”



(María del Pilar Álvarez Novalvos, La Muerte Es Otra Cosa, páginas 27, 29-30, 69, 88)