Mostrando entradas con la etiqueta Julián Herbert. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julián Herbert. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de febrero de 2018

INFIDELIDADES SIN CULPA NI REMORDIMIENTO



Tratado de la infidelidad

Julián Herbert y León Plascencia Ñol

Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 119 páginas



  

   Los “tratadistas” de este Tratado de la infidelidad, los escritores mexicanos Julián Herbert, un autor ya clásico de la literatura temáticamente centrada en el norte de México, y León Plasencia Ñol, un escritor que apuesta por escenarios más internacionales, tienen el convencimiento de que la literatura jamás perdió nada de vista. Resulta imposible concebir que la literatura se haya olvidado de algo tan importante para la especie humana como el amor y el erotismo. Siempre estuvieron ahí de forma expresa o tácita. Quizás con otros nombres. Pero la literatura, ese juego infinito y a veces disparatado de palabras, ha recreado innumerables historias eróticas. Desde El Banquete de Platón, un plato delicioso para indagar en el amor de los efebos, hasta Lolita de Vladimir Nabócob, o los libros de Henry Miller, tal vez la muestra de un erotismo más sexuado. Es posible que por eso estos dos mexicanos se pusieran de acuerdo para escribir a cuatro manos este conjunto de relatos marcados, a primera vista, por la sexualidad, por los asuntos amorosos, por las infidelidades de pareja, pero también por algo más profundo e importante, aunque no llame tanto la atención: las infidelidades de las personas a sí mismas.

   Estructurado en tres partes (“Rastros en el sendero”, “Serie B” y “Casi una novela”), los nueve relatos de la colactánea comparten en buena medida la frase de  Ally Mcbeal, que formando un conjunto semántico con otras tres, colocan los autores en las citas paratextuales del libro: “Es parte de lo bueno de la vida: encontrar a la pareja perfecta y después cambiarla”.

   En los relatos eróticos, la sexualidad ocupa la centralidad de las tramas, y su narración produce ciertamente desasosiego en el lector, porque reúnen las dos condiciones imprescindibles de la literatura de este subgénero: tensión erótica, es decir la absoluta donación al lector no solamente de la corporalidad física, sino especialmente de otra mucho más sutil que tiene que ver con el placer imaginado. Darse por entero al lector para que sienta placer como diría Roland Barthes. Y una aceptable elaboración literaria. Mas, como ya quedó apuntado, el amor en estos relatos es también privación, descarrío del propio ser, entendido como el fracaso de la fascinación amorosa. Con el agravante de que su reemplazo solamente la remeda: escenas de sexo más o menos apasionadas.

   El relato que abre el libro, “Tarjeta postal con el Tajo al fondo” es una buena muestra de ese trastrueque del amor por un frenesí de sexo, lo que supone la primera muerte-error del protagonista. Él, guionista de televisión, se reúne en Lisboa con Fernanda, una artista conceptual, aprovechando la ausencia del marido, de viaje en China. Escenas de sexo a todas horas que, sin que sean conscientes, dan paso al amor. Pero el protagonista se traiciona a sí mismo, quizás por miedo a asumir responsabilidades, renuncia al amor de Fernanda y vuelve a Madrid a “coger” con sus aspirantes a actrices. Al mundo fácil y superficial de la televisión.

   En otros relatos, priman enfoques distintos: el profesor japonés, hábil en leer los registros femeninos mirando sus atisbos a través de los ventanales del tren; las andanzas de un mexicano en La Habana en búsqueda de putas, de “las pirujas más güeritas”  (página 39). La segunda parte, “Serie B”, se inicia con el único relato encabezado por una fotografía (“Internos en el manicomio de la Castañeda”). Los protagonistas forman una horda de locos y el relato incluye trece descripciones de imágenes exentas de cualquiera connotación sexual, pero en las que se constata un fracaso, quizás el fracaso más cruel de nuestra especie: buscaban la radiografía del corazón del universo y solamente hallaron la foto de un hospital psiquiátrico inmundo. “Clementina”, el segundo relato es un epítome  de la violencia proyectada sobre un amasijo de gatos y ejecutada sobre una mujer.

   “Casi una novela”, la tercera parte, compendia en realidad tres relatos unidos por el hecho de compartir un mismo protagonista: Fuzzaro, un adicto al sexo. Y por desarrollarse en su mayor parte en tierras niponas y retomar escenas explícitamente sexuales: sexo deglutido y vomitado al compás de la música de Dylan y Miles Davis. En ellos hallamos a la mujer amante de los coitos salvajes y de los libros de arte a la que le gusta provocar las buenas conciencias. “Tokyo big diary” es el relato más extenso y con un vehemente erotismo transitando entre sus páginas. En la tranquilidad, armonía y automatismo del mundo oriental, la imaginación lúbrica así como los ojos del protagonista, Fuzzaro, recorren el cuerpo de Shino y también las blancas nalgas purísimas de una geisha que toca para ellos. En el diario, el protagonista lo anota todo, incluido el desdoblamiento: Fuzzaro logra olvidar a Nita, la mujer que se había apoderado de su alma, gracias a Shino, cuya sexualidad que acepta de forma religiosa y sin pedir nada a cambio, logra que de su vida salga Nita.

   Un libro, sin duda, misceláneo. Con relatos que exploran rincones de vidas, propias y ajenas. No en todos ellos se tematiza la sexualidad. Hay otros centros de interés: estampas someras pero inquietantes que también reflejan lo que somos. Escenarios que van desde Lisboa a Tokio. En algunos ciertamente abunda el sexo que los autores entienden como posibilidad de conocimiento del mundo y de nuestro propio interior. De ahí que el personaje Fuzzaro, un voyeur adicto al sexo,  no dude en afirmar que el sexo es la purificación y que la promiscuidad “me salva de ser yo”.

   Todas las escenas de sexo y las que aparentemente se alejan de él, son percibidas a través de miradas masculinas. Pero si hay algo específico en este carrusel de deseo, sexo, posesión es la ausencia de culpabilidad: relaciones adulterinas, traiciones promiscuas quedan al margen de cualquier juicio de conciencia, suceden así de forma cotidiana y no se le dan más vueltas. Añádase a esta ceguera a cualquiera culpa, otro ingrediente importante en estos cuentos: por ellos vegetan tipos que ansían un cosmos ordenado, pero que, ante las mujeres, se les desmorona, conscientes, sin embargo, de que todo era un juego.

   Y todo ello impregnado de humor negro, de comentarios a veces grotescos, y escritos con un estilo ágil y vertiginoso, frecuentemente desabrido, preñado de mexicanismo que le aportan colorido y enriquecimiento lingüístico a los textos. Relatos, en resumen, en los que el desasosiego se amalgama con el placer y con una invitación a ir más allá y pensar lo sugerente o incluso lo obsceno, no como repugnante y subversivo, sino como algo que forma parte de nuestro ser. Y sin olvidar que el tabú sexual siempre ha sido un poderoso instrumento del poder y que este lo usa para el sometimiento.







                                                   
Julián Herbert y León Plascencia Ñol


Fragmentos



“Por eso me fui a ver a Fernanda.

Un día recibí un correo de ella. Me decía que su marido estaba en China, que ella estaba sola y aburrida y que se acordó de cuando éramos veinteañeros y cogíamos por todos lados y a la menor provocación.

Estaba aburrido, lo dije, y por eso me fui a Lisboa. Agarré de pretexto una asesoría e Madrid y de allí tomé el tren por la noche.

De Lisboa tenía muchos recuerdos y la conocía bien, o eso creía. Hay épocas que se vuelven difusas en la memoria. Estuve en Lisboa cuando pensaba que algún día llegaría s ser poeta. Era ingenuo. Ahora soy guionista y me aburren los poetas y sus versitos. Me enamoré de Lisboa, pero me prometía que nunca más volvería. Ahí estuvo mi error. Volver a la ciudad me lo recordó.

Fernanda se veía más guapa. Se había recortado el cabello y tenía un halo de mujer madura.

Nos dimos un beso en la mejilla y toamos un taxi.

En silencio.

Absortos.”



…..



“Métemela más, susurraba la mujer. Así, cariño. Fuzzaro guardaba silencio, parecía concentrado en otro mundo. Un mundo quizás distante, enrarecido por la fiebre que a veces parecía tener. Una fiebre en sordina, una fiebre, pero no corpórea, quizá mental. La mujer volvió a moverse espasmódicamente: ahora se chupaba unos de los dedos. Fuzzaro hizo un movimiento rápido, con fuerza, que terminó por dañar a la mujer: de sus ojos salieron unas pocas lágrimas, pero le pidió que no parara. Gemía, y al fondo la trompeta de Miles parecía querer llevar el ritmo de la pareja.”



…..



“Al verme, me recibe y me lleva al baño. Me desnuda, prepara el agua, me lava a conciencia y me talla con una esponja para erradicar cualquier impureza. Quiero que salga Nita. Penetro a Shino con lentitud tántrica. Movimientos lentos, luego rápidos. Alterno y ella me abraza con las piernas, susurra a mi oído. Luego prepara el té. Nos sentamos para beber y se me ocurre otra foto más. Quiero verla suspendida a media altura, amarrada con sogas, las manos a la espalda, la soga alrededor de los senos, en la cintura, en una pierna para hacer contrapeso. La posición requiere la fuerza de Shino, soporta el dolor. Quiero dejarla lo más que pueda así, suspendida, en el aire de esta habitación a media luz. Es u comienzo para obtener la pureza. Me siento en una de las esquinas de la habitación, frete al rostro de Shino. Quiero ver los cambios.”



(Julian Herber y León Plascencia Ñol, Tratado de la infidelidad, páginas 11-12, 68-69, 101-102)

viernes, 17 de noviembre de 2017

NARRATIVA DEL DESIERTO

Un mundo infiel
Julián Herbert
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 156 páginas.

   

   Con un inicio que recuerda  a Cien años de soledad (“La noche antes de que un tren le arrancara las piernas a Ernesto de la Cruz y Doc Moses soñara con un venado muerto y Plutarco Almanza tuviera la desgracia de toparse con el hombre de las botas grises, Guzmán se enderezó de la cama con una aureola de vértigo envolviéndole la cabeza”), Julian Herbert (Acapulco, 1971), abre su primera novela, editada originalmente en el año 2004 y que ahora reedita, reescrita de nuevo, Malpaso Ediciones. Poeta, ensayista, autor de relatos, impulsador de colectivos de arte interdisciplinar, especialmente en el campo de los videopoemas y performances de electropoesía, Julián Herbert debe de ser considerado  como un artista todo terreno. Un mundo infiel es pues el debut en la narrativa de Julián Herbert, un estreno que lo sitúa entre los narradores mexicanos más interesantes de su generación. Su novela inaugura la etiquetada como literatura mexicana del norte, conocida también como literatura del desierto, ya que el norte de México suele ser el territorio que Julián Herbert muestra en su narrativa: desierto, calor y polvo, los componentes definidores de la frontera, la tierra que conoció en su infancia y de los cuales es fanático.
   Tras ese introito que puede hacer recordar a Macondo, Un mundo infiel comienza a desplegar personajes que basculan entre un fiero salvajismo y una irreconocible humanidad. Todos ellos y sus historias convergen en un corto espacio de tiempo: poco más de veinticuatro horas. En ese lapso, especialmente en las horas nocturnas, tienen lugar o resucitan en la memoria de los personajes, historias que aparentemente no guardan relación entre sí. Mas en este caso, las apariencias engañan.
   El punto nuclear de la acción transcurre en Saltillo, a cuatrocientos kilómetros  de la frontera de Texas. Guzmán se despierta muy alterado por las pesadillas recurrentes en los últimos tiempos. Ese día cumple treinta años. Su esposa le prepara una fiesta memorable en la casa de sus padres. Pero Guzmán se encuentra con Plutarco Almanza que se hace llamar Mayor para presumir de su pasado militar del que había sido dado de baja de forma deshonrosa, y ahora es el comandante de la vigilancia ferroviaria del noroeste. Dirige  un pequeño ejército de hombres prietos, bajitos y mal rapados, soldados desertores, burreros recién salidos de la cárcel ex policías con fama de corruptos. Sus ganancias provienen, en su mayor parte, de la venta de la cocaína y marihuana.
   Guzmán y Plutarco deciden tomar un par de tragos en el bar La Escondida, pero terminan borrachos y drogados. Guzmán, no obstante, liga con una mesera a la hora en la que debería estar celebrando su cumpleaños con su esposa y amigos. El Mayor recibe una llamada: uno de sus hombres, Ernie de la Cruz, se ha accidentado por no cumplir las normas. El tren le acababa de de arrancar las piernas por encima de la rodilla, tras caer desde la muela a la vía ferroviaria. Deciden ingresarlo en un hospital de Laredo, en el estado de Texas, ya que piensan que allí hay más posibilidades de salvarle la vida e incluso de injertarle las piernas que el Mayor ordena buscar. A ese hospital había llegado el doctor Doc Moses junto con su hijo Shannon. Está desarrollando una droga diseñada para ocasionar la muerte por éxtasis. Su intención original era administrársela a sí mismo tras haber enviudado. Mas los impulsos homicidas pronto quedaron adormecidos, y la seducción por el éxtasis químico no había cesado de crecer, hasta el punto de convertirse en la médula de su actividad profesional. Debía encontrar el paciente idóneo para sus experiencias. En desenlace leeremos que lo hallará en el cuerpo inconsciente del vigilante sin piernas.
   En la trama se dan cita muchas otras historias, distintos hilos argumentales con múltiples sueños, pesadillas, alucinaciones, cuentos que suceden dentro de los sueños, un pueblo fantasma formado por prostíbulos, mujeres a las que les encanta coger, presencia abundante de sexo, cerradas de vergas y vaginas, putas ancianas que ofrecen mamadas a los últimos borrachos, amores incestuosos, amores infieles y mucha violencia: golpizas, torturas, violaciones  y algún feminicidio. Pero ninguna épica. Todo ello en esa literatura áspera y dura del norte de México.
   Una estructura erguida sobre varios eslabones, con distintas historias y diversos personajes que se van sucediendo y que, sin embargo, terminan por confluir en el desenlace. Humor negro, brutalidad contenida, infidelidades que no alteran la cotidianeidad. Y un estilo de prosa desabrido, ágil y vertiginoso que tiene además la virtud de seducirnos con las variantes mexicanas del español, para vestir un relato que transita entre lo salvaje y lo poético, para sumergirnos en un desierto mucho más humano que espacial.




                                                 
Julián Herbert


Fragmentos

“Domitilo tomó la libreta pero no vio las cifras. Se dirigió a la mesa que limpiaba Jacziri Yanet.
-¿Cómo vamos, chaparrita?
-Aquí, señor Domi. Camelleando. Ya nomás me falta el baño de las damitas.
-No se me apresure. De todos modos lo van a mear.
Le frotó uno de los senos.
«Tú no te enojes, Yanet -repitió el golpe dentro de la cabeza de ella-. No es que el viejito te falte al respeto, sino que aquí las cosas no son igual.»
Un hombre vestido con un jersey de los Dallas Cowboys y una gorra de Cementos Apasco entró en la cantina y pidió una cerveza.
-Cómo no mi rey. Ahorita mismo se la traigo -dijo Jacziri Yanet.
-Pero ya la veré llorando -dijo la Gorda Rocha-. Qué le vamos a hacer, Rojo: en estos tiempos hay más putas que meseras.
Y escupió de nuevo en el cañito de agua.”

…..

“Con los años, los dos hermanos fueron desmadejando los nombres de sus divas entre cientos de anónimas rubias, negras, morenas y asiáticas que surgían de videos amateurs. Mujeres perfectas masturbando gordos enmascarados, chupándole la verga al camarógrafo, metiéndose trozos de plástico y metal por el coño o por el ano sin siquiera despojarse de una camiseta que decía «I love Atlanta», cientos y cientos de mujeres complacientes y perfectas que aparecían sólo una vez, que se perdían luego en la maraña de videos, handicams, satélites, televisores, juegos vaginales, alcohol y drogas con los que ellos soñaban noche tras noche hasta la madrugada, al punto de que a veces ni siquiera conseguían dormir porque una contorsionista desnuda aparecía bajo sus párpados en breves videogolpes, fugaces descargas eléctricas que los obligaban a deambular deseantes por la casa de asistencia, el departamento de solteros, la sala comedor de sus padres, bebiendo cervezas envejecidas y masturbándose cuatro o cinco veces antes del amanecer, colocándose un aro vibrador en torno al glande hasta que éste enrojecía, se agrietaba, se escoriaba tanto que les daba pavor ir a orinar. Era como vivir perpetuamente en una orgía de fantasmas.”

…..

“Él la cogió por el mentón y la obligó a girar. Mariana trató de resistirse, pero la mano apretó su boca y su nariz hasta dejarla sin aliento.
-Mira, pinche puta: si me estás chingando te voy a madrear.
La soltó. Mariana aspiró desesperadamente. Una pelvis debajo de la suya. La voz de Adolfo, asordinada. Un carraspeo.
Un estremecimiento de asco: la pegajosa baba resbalando por la piel. La carne rígida clavada en el recto. Todos sus poros se abrieron e incendiaron como si estuvieran lijándole el cuerpo. Creyó que de pronto engordaba, que sus vísceras comenzaban a colmarse de aire. Escuchó cómo los gases escapaban a través del canal adolorido. La indignación volvió a poseerla: manoteó e hizo el intento de gritar, pero Adolfo la sujetó otra vez por el mentón y el torso. Mariana se imaginó atorada entre dos láminas retorcidas.”


(Julián Herbert, Un mundo infiel, páginas 19-20, 75, 79-80)

miércoles, 2 de agosto de 2017

LOS "BUENOS PASOS" DE MALPASO EDICIONES



   Considero que una de las formas más apropiadas de iniciar, desde la lectura de buena  literatura, el mes por excelencia vacacional, al menos en el hemisferio norte, puede ser dar cuenta, por el momento con una óptica exclusivamente informativa, de tres novedades de un sello editorial que surgió empujado por los vientos de la crisis. Me refiero a Malpaso Ediciones, una editorial tan independiente como innovadora que por si sola merece que se le preste atención. Una aventura delirante, como reconocen desde este sello editor que inició su andadura en octubre de 2013, bajo el impulso de Malcolm Otero Barral, un verdadero trotamundos de la industria del libro que lleva en la sangre los genes aventureros de su abuelo Carlos Barral, y que con Julián Viñuales, editor igualmente con mucha experiencia y galones, iniciaron esta aventura nacida con ganas, ilusión y, sobre todo, con un catálogo de buenos títulos. En la editorial surgida, como digo, en tiempos difíciles sostienen que las crisis son oportunidades para innovar, aprender, crecer y dar también un mal paso o los que se precisen, huyendo siempre de la grandilocuencia.
   Con un proyecto muy original, los libros de Malpaso Ediciones están llegando a un amplio espectro de libreros y lectores. El mal paso firme que están dispuestos a dar, echó sus raíces en Barcelona, pero paulatinamente van extender sus ramas por México, Buenos Aires, Nueva York, por el momento porque el amplísimo equipo editorial de Malpaso está formado por mujeres y hombres todavía muy jóvenes, no carentes sin embargo de experiencia, de los que cabe esperar que expandan los “buenos pasos” de Malpaso por medio planeta.
   Con un decálogo preciso y original (Malpaso no quiere ser uno más, cree en la literatura de excelencia y en el ensayo comprometido, acepta múltiples tendencias y gustos pero la calidad es cualidad indispensable para todos sus libros…) Malpaso Ediciones ha lanzado hasta ahora cinco colecciones:
Ficción: con la edición por ejemplo de los Cuentos completos de E.L. Doctorow, uno de los grandes de la narrativa contemporánea norteamericana. O la recuperación de una novela perdida, Rumbo al Mar Blanco de Malcolm Lowry, el autor de Bajo el volcán, edición programada para finales de este mes.
No ficción: colección en la que destaco La verdadera vida de Alain Badiou; Panóptico de Hans Magnus Enzensberger o las Memorias de Roman Polanski.
Música: memorias y ensayos de o sobre grandes iconos musicales.
El hombre del TR35: una colección que está colocando en las manos lectoras ensayos que explican el mundo en el que vivimos.
Malpasito: colección que ofrece grandes libros para pequeños lectores.
   Malpaso le brinda a los lectores de forma gratuita la posibilidad de hacerse miembros del Club Malpaso que nos permite una lectura privilegiada de fragmentos de libros a punto de ser lanzados, o descargar extractos de obras ya publicadas.
   Y a continuación, las sinopsis de los tres libros que han llegado a mis manos por cortesía de José Montfort, responsable de prensa de este equipo de “locochones y chingones” que con todas las de la ley están dando “un mal paso firme”. En fechas próximas ofreceré mi valoración crítica personal.

Francisco Martínez Bouzas

 
Tratado de la infidelidad
Julian Herbert
León Plascencia Ňol
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 119 páginas.

Sinópsis:
    
   Los relatos incluidos en Tratado de la infidelidad están cargados de imágenes de una potencia turbadora, con escenas de sexo crudo y de deseo sutil, de vida y de muerte, con personajes sórdidos y extraños y otros presuntamente normales pero que siempre parecen eludir la felicidad convencional
Los autores de Tratado de la infidelidad eluden cargar las tintas en la culpa o el remordimiento y desmenuzan el conflicto desde sentimientos complejos, como la lealtad con uno mismo o el deseo ingobernable, de unos personajes que nos hablan desde el tormento o desde un prisma lúdico, pero siempre con acidez y con dosis ingentes de humor negro, negro azabache.
Un libro que nos hace testigos de la más afilada y descarnada intimidad de sus personajes que van desde parejas con furor amatorio, ninfómanas, músicos que buscan prostitutas hasta friquis de La guerra de las galaxias. Como dice Sofía Ramírez en Cuadrivío «Tratado sobre la infidelidad busca provocar a las buenas conciencias» y, efectivamente, la lectura de estos relatos nos coloca constantemente frente a los conflictos morales de los protagonistas que, en el fondo, que no dejan de ser los nuestros.

Los autores:
    
   Julián Herbert: nació en Acapulco en 1971. Es un artista polifacético, autor de los libros de poemas El nombre de esta casa (1999), La resistencia (2003), Kubla Khan (2005) y Pastilla camaleón (2009); del libro de cuentos Cocaína (manual de usuario) (2006); de las novelas Canción de tumba (2011) y La casa del dolor ajeno (2015) y del volumen de ensayos Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente (2010). Es coautor de colecciones de relatos y compilaciones, fundador de un colectivo de arte interdisciplinario, videopoeta, performer de electropoesía… también ha sido miembro de dos bandas de rock.
   León Plasencia  Ňol (Jalisco, 1968) es poeta, narrador, editor y artista visual. Entre otras ha publicado las obras El árbol la orilla (2003), Apuntes de un anatomista de ciudades (2006), Revólver rojo (2011), Lenguaje privado  (2024). Y junto con Rocío Cerón y Julián Herbert, editó la antología El decir y el vértigo: panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979) (2005). Ha sido galardonado con el Premio Álvaro Mutis (1996), el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (2005) y el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez (2008). En la actualidad dirige la editorial Filodecaballos; ha sido director así mismo de las revistas Parque Nandino y La Zona, y colabora asiduamente con periódicos y revistas de España, Estados Unidos y de distintas ciudades de Latinoamerica.

 
Un mundo infiel
Julián Herbert
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2016, 156 páginas.

Sinópsis:
    
   La escritura áspera y hermosa de Julián Herbert nos lleva de lo salvaje a lo poético. Un mundo infiel es una novela desgarrada que transita por atmósferas sórdidas de perros callejeros, sexo, tragos, drogas y miseria moral. Es también un prodigio literario que combina crudeza con lirismo para llevarnos de viaje por una noche delirante en compañía de unos personajes que, como afluentes, van alimentando el torrente en el que navegan, casi siempre a la deriva.
   Hay páginas de este texto, norteño y fronterizo, que cortan como bisturís, y otras que abren el mundo interior, incluso el onírico, de unos personajes de complejas motivaciones que permanecerán mucho tiempo en nuestra cabeza sin dejar de incomodarnos.
   Un mundo infiel inició el mundo narrativo de Julián Herbert y lo situó, de golpe, entre los narradores mexicanos más importantes de su generación. El autor ha reescrito esta gran historia de historias para Malpaso.

El autor: (Remito a lo escrito en el libro anterior)


Los días de la peste
Edmundo Paz Soldán
Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017, 325 páginas.

Sinópsis:
   
  La Casona es mucho más que una cárcel: es un microcosmos donde cada uno de los individuos que lo componen, desde el gobernador de la prisión hasta su mujer, pasando por los presos y los guardias, aceptan su suerte con resignación.
   La religión como salvación, el culto prohibido que todos profesan a una diosa vengativa que pretende destruir el mundo, y la peste, que matará por igual a ricos y pobres, une a estos personajes dispares de un rincón recóndito del mundo.
   En Los días de la peste, una virtuosa novela coral, el autor nos sumerge magistralmente en una prisión narrativa, rompiendo con la manera de narrar clásica y se consagra cómo una de las voces más singulares de la actual narrativa latinoamericana.

El autor:
    
Edmundo Paz-Soldan - Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como «McOndo» gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).