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jueves, 5 de marzo de 2020

LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR


La leyenda del santo bebedor
Joseph Roth
Traducción y epílogo de Ibon Zubiau
Alianza Editorial, Madrid, 2020, 120 páginas.

    


   Alianza Editorial se suma, con la suya, a las  múltiples ediciones de este libro (Die Legende von heiligen Trinker) que han visto la luz, que traduce y para la que ha escrito el epílogo Ibon Zubiaur. Cuando el libro se editó por primera vez en 1949, Joseph Roth ya había fallecido, y llevaba una década prácticamente olvidado. Murió en una habitación de un viejo hospital parisino, exiliado, alcoholizado, y arruinado.
   La leyenda del santo bebedor, cuyo original fue escrito en 1939, fue el último manuscrito que el autor nos legó. Un personaje que se retrata en el relato hasta el punto de que antes de su fallecimiento, se describió a sí mismo, en una suerte de testamento vital como “maligno borracho y poco lúcido”. Causa, sin duda paradójica extrañeza que este hombre convirtiera al protagonista de esta historia, Andreas Kartak, un vagabundo proveniente de de Silesia, en el santo bebedor. Buena parte de la obra de Joseph Roth se perdió en el momento en que los nazis arrestan a la mujer que conservaba su archivo..
   La leyenda del santo bebedor es un relato autobiográfico de Roth. Albert de Lange, editor de Amsterdam, lo publicó póstumo. Toda la dispersa vida de Roth, especialmente sus últimos años,  ase contrae en París, donde actúa por última vez con lucidez. Y parece que en secreto fue fiel a su única y aparentemente inútil promesa.
   Solamente los grandes genios de la escritura son capaces de mantener su talento hasta el final. Josph Roth no fue una excepción, y en su postrer relato, nos regala una historia extraordinaria, en la que, en muy pocas páginas, fue capaz de atesorar y dar visibilidad a todo su genio. Es La leyenda del santo bebedor, su último que conecta con sus últimas experiencias como clochard  en París.
   La trama, situada probablemente en 1934, sigue los acontecimientos de un alcoholizado, Andreas Kartak. Reside bajo los puentes del Sena. Y había llegado a París proveniente de las regiones orientales del imperio austrohúngaro, donde había trabajado como minero y había matado al marido de su amante. Una tarde recibe doscientos  francos de un hombre que había decidido convertirse al cristianismo. Le ordena que  devuelva el dinero ofreciéndoselo a Santa Teresa de Lisieux  al concluir la misa. Andreas se empeña en restituir el dinero en múltiples ocasiones. Pero el destino parece mimarlo y es protagonista de una serie de milagros, en forma de dinero que le dan o encuentra. Ese dinero le ayuda aponer orden en su vida, habituarse a hábitos decorosos, a contactar con amigos de antaño y con la mujer amada, Karoline que había envejecido y con la que hace un viaje, se enfadan y pasan la noche juntos, pero, al amanecer, Andreas   la encuentra pálida, hinchada y con una respiración pesada. Es el sueño matutino de la mujer que envejece.
   Se viste y sale furtivamente. Compra una cartera usada, y dentro de la misma halla un billete de mil francos. Un antiguo compañero de escuela, ahora futbolista famoso, lo alberga y le viste desde la cabeza a los pies. Tiene aventuras con una bailarina del casino que le roba la mayor parte del dinero, pero él  no se ofende, porque “el placer  se paga”. Pero sigue pensando  que los milagros iban a continuar todavía más durante un cierto tiempo, y hace lo que hacen los pobres acostumbrados a la bebida. El domingo siguiente se acerca a la iglesia, y antes de poder devolver el dinero, se siente enfermo y muere en la sacristía, “porque los curas -piensa- algo entienden de morir y de la muerte.”
  

                                          
Joserph Roth (archivos)



 Uno de los principales temas de fondo de la novela es sin duda la incierta colocación social que Roth refleja en sus novelas y relatos. Andreas, al recibir la primea donación de dinero, quiere saber cómo la va a devolver porque él es un hombre de palabra y posee una cierta dignidad. Andreas Kartak se mueve en la zona insegura que media entre el bienestar y la aberración, participando, sin darse cuenta, en los ritos de la burguesía que  a la vez lo atrae y lo disgusta. Entre el autor y Andreas existe una cierta similitud: los dos provienen del imperio austrohúngaro conquistado por los nazis. Los dos consumidos por el abuso del alcohol. Y sin embargo, mágicamente atados a la vida y a sus inexplicables eventos. Llenos e esperanza y seguros de su propio valor, a pesar de la indiferencia de quien los mira.

Francisco Martínez Bouzas

lunes, 2 de marzo de 2015

"IZQUIERDA Y DERECHA": UN RETRATO MORDAZ DE ALEMANIA DE ENTREGUERRAS



Izquierda y derecha
Joseph Roth
Traducción de Sandra Chaparro Martínez
Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2014, 238 páginas.

   Joseph Roth (1894-1934) es uno de los grandes escritores del siglo XX, aunque su obra, al menos en las lenguas peninsulares, apenas se ha recuperado. Sin embargo, Roth es un escritor imprescindible especialmente en el periodo de entreguerras. Nació en Brody, una aldea ucraniana que entonces formaba parte del Imperio Austro-Húngaro. Joseph Roth era un judío rural, un “ostjuden” (judíos del Este), que tras su traslado a la ciudad, perdió la conciencia de su origen étnico judío, para él algo totalmente accidental. En su madurez se convirtió al catolicismo. La existencia de Joseph Roth, desterrado tanto de su lengua como de su tierra, fue un permanente deambular por las capitales de la Europa Occidental, haciendo de los hoteles su domicilio, siempre con la botella en la mano y en un constante despedirse de su identidad. Por eso mismo, su vida puede ser considerada como un ejemplo palpable del lento suicidio provocado por el alcohol. Un culmen existencial de su propia miseria interior. A pesar de ello, Roth fue capaz de escribir excelentes obras de ficción, centradas sobre todo en la Primera Gran Guerra. La marcha Radetzky y La leyenda del Santo Bebedor son las mas conocidas.
   Joseph Roth escribió Izquierda y derecha en 1929, en pleno ascenso al poder del nazismo. La novela es un retrato modélico de su época, centrado sobre todo en Berlín, del que el escritor nos ofrece un cuadro amargo y cáustico, así como una perfecta descripción del marasmo en el que vegetaba la República de Weimar. En la novela, Roth deja traslucir además algunas de las coordenadas de su propio mundo; de una experiencia vital en la que planea el fin crepuscular de un modo de vida: el de la sociedad centroeuropea de entreguerras y en la que ya se intuye una columna de humo maldito: la toma de la Cancillería por Adolf Hitler. Un fiel testimonio, pues, de su tiempo, que pivota en tres personajes: los hermanos Bernheim (Paul y Theodor) y un ruso mongol, Nikolai Brandeis, que monopoliza casi toda la segunda parte de la novela.
   Una historia, por consiguiente, de tres personajes en busca de su destino, que sin embargo esperan pasivamente. Historia sobre el colapso de la República de Weimar (el caos, la inflación galopante, la ruina de muchos ahorradores, los avispados que en  las hecatombes amasan grandes fortunas,  el surgimiento de grandes industrias…). Pero primordialmente, una historia sobre seres humanos. Ellos son los miembros de una familia, los Bernheim, en acelerada decadencia, con dos hermanos, Paul y Theodor que representan posturas encontradas. Paul, el hijo mayor, tras la muerte de su padre, está destinado a triunfar en esa Alemania de entreguerras, pero, después de dar muestras de un inútil talento, solventa su ruina económica con una boda de conveniencia. Theodor, su hermano, un cobarde resentido que se radicaliza en las filas del racismo para terminar simpatizando con los nazis, enturbiando la relación familiar a base de disgustos. Y junto a ellos, quizás el personaje más relevante de la novela, Nicolai Brandeis, un judío apátrida enriquecido, a quien detestan todos, pero que es capaz de afrontar su destino y sabe manejar las vidas de los dos hermanos y, con su olfato para los negocios, se convierte en el verdadero contrapunto de la descomposición social de aquellos años.
   Sumergidos en ese maremágnum, los dos hermanos  pretenden salir adelante, subir a la cima y para ello, no tienen escrúpulos en aceptar ayudas poco claras, ventajosos matrimonios de conveniencia y apoyo de personajes poderosos. En su entorno, una amplia nómina de personajes secundarios, revoloteando todos ellos en torno del  dinero de Brandeis. También varios personajes femeninos, relegados a una función secundaria: niñas consentidas y frívolas, defendiendo sus miserias y sus miedos, o traspasadas de una alcoba a otra como amantes complacientes.
   Josep Roth, a la vez que introduce el tema del irresistible ascenso nazi, retrata a base de un impactante humor negro, que a veces llega a la sátira feroz, el Berlín de entreguerras, con sus luces y negruras. Sobre todo con sus sombras. Una sociedad dividida, pero sin una frontera nítida entre izquierda y derecha, regidas las dos por los mismos ideales éticos: la moralidad del mundo queda en manos de la estabilidad monetaria. Son las bolsas las que definen la moral social. Con estos ideales convive un amplio elenco  de seres infelices y pasivos, perfecto caldo de cultivo para la hecatombe y la barbarie que, a los pocos años, asolarían a Europa.
   Joseph Roth construye la novela de forma perfecta, porque domina el arte de novelar, creando situaciones, conversaciones, descripciones, tanto planas como perfiladas que semejan escenas cinematográficas. Con gran pericia, evidenciando así mismo un pleno dominio del ritmo narrativo, acelerando o ralentizando  el desenvolvimiento del relato según demanda la ocasión. Estilo directo, sencillo, hermosamente pulcro, capaz sin embargo de comunicar a través de sugestivas imágenes y tácticas  expresionistas, capaces de describir con una sola frase o palabra todo un estado de ánimo y reflejar aquella sociedad de entreguerras en plena descomposición.

Francisco Martínez Bouzas

                                                     
Joseph Roth
Fragmentos

“Ya había tenido tres citas con Paul Bernheim. Un día tomaron el té de las cinco; otro hicieron una excursión en coche sin dirigirse a ningún sitio concreto y, al tercero, pasearon alegres, lentamente, en vez de jugar al tenis como habían planeado. Al día siguiente tenían previsto montar a caballo.
Para demostrar que conocía a los jóvenes y notaba cualquier pequeño cambio en su sobrina, el señor Enders preguntó:
-Estás enamorada, ¿verdad?
Irmgard consideraba a su tío tan pasado de moda como él se creía moderno. No le gustaba la palabra «enamorada», se refería a un estado de ánimo que no resultaba adecuado en una joven de su tiempo.
-¿Enamorada? Puede que solo quiera casarme.
-¡De acuerdo! Me alegro de que seas lo suficientemente moderna como para no confundir el amor con el matrimonio. Porque, como sabes, no puedes casarte con quien te dé la gana, aunque sí puedes enamorarte de quien quieras -explicó el señor Enders.
-Pero, tío, soy independiente.
-No hasta ese punto.”

…..

“Todas las carreteras del mundo se parecen. Los burgueses del mundo entero se parecen. Los hijos se parecen a sus padres. Puede que quien llegue a esta conclusión, desespere pensando que nunca asistirá a transformación alguna. Por mucho que cambien las modas, las formas de gobierno, el estilo y el gusto, nunca lograrán eclipsar esas leyes eternas que hacen que los ricos construyan casas y los pobres chozas, que los ricos lleven ropa y los pobres harapos. Pero esas mismas leyes son las que hacen también que tanto los ricos como los pobres amen, nazcan, enfermen y mueran, recen y mantengan la esperanza, desesperen y se marchiten.”

(Joseph Roth, Izquierda y derecha, páginas 161, 215)

sábado, 28 de junio de 2014

"LOS CIEN DÍAS", UN DIOS CONVERTIDO EN HOMBRE



Los cien días
Joseph Roth
Traducción de Carmen Gauger
Editorial Pasos Perdidos, Madrid, 2013, 250 páginas

   Joseph Roth (1894-1939) es con Herman Broch y Robert Musil uno de los grandes escritores de aquel país “imperial y real”, la “Kakania de El hombre sin atributos de Musil, el Imperio austrohúngaro. Aunque Roth es originario de la Galitzia oriental ya que nació en Brody, una aldea ucraniana. Judio rural, con el traslado a la ciudad,pierde la conciencia del judaísmo, algo tan accidental para él como su bigote rubio que con el mismo grado de accidentalidad podía haber sido negro. En su madurez se convirtió al catolicismo. Desterrado por consiguiente  de su lengua y de su cultura étnica, su existencia fue un constante deambular por las capitales de la Europa Occidental, siempre acompañado por la botella y un constante despedirse de su propia identidad (Claudio Magris), en un lento camino hacia el suicidio provocado por el alcohol, culmen existencial de la miseria en la que se había convertido su vida. A pesar de esa turbulencia existencial, Joseph Roth es un escritor fundamental de entreguerras que fue capaz de escribir excelentes obras de ficción, con un tema central la Primera Gran Guerra. La marcha Radetzky (1932) es sin duda la más conocida de sus novelas.
   De la misma época es Die Hundert Tag (1936), inédita en España y traducida hace unos meses por Carmen Gauger para Pasos Perdidos. El tema nuclear de la novela es un intento de convertir aun dios en hombre. Transformar al dios Napoleón Bonaparte en un ser humano. Para ello, Joseph Roth se apropia ficcionalmente de los últimos cien días de gobierno del Emperados (marzo de 1815, huida de la Isla de Elba, hasta la derrota de Waterloo, abdicación definitiva y entrega a los ingleses). Es la última batalla, la derrota final de Napoleón que Joseph Roth convierte en personificación asociada al derrumbamiento de otro imperio: el austrohúngaro, magistralmente descrito en La marcha Radetzky.
   La novela, en cuatro secciones o libros, hace un recorrido tras el regreso del  Gran Corso del exilio en la isla de Elba, de esos casi cien días en los que Bonaparte detenta nuevamente el poder, aclamado por el fervor popular. Organiza un ejército y se encamina hacia la última batalla que será también su drrota definitiva, achacable a múltiples causas (traiciones, mala suerte, la propia estrella del Emperador que se apaga, sus propias dudas y desánimo…). Es ese “pobre hombre Napoleón” derrotado ya para siempre el que le interesa al autor.
   Dramatización pues del regreso de Napoleón en una historia de un ser casi anónimo que se entrecruza con el destino del emperador: la de Angelina Pietri, un humilde personaje de ficción, lavandera en la corte, que siempre pertenecerá al Emperador, a cuya figura liga su propia suerte. Angelina trabaja en el palacio imperial. Pare un hijo cuyo padre es un soldado al que no ama, y que con los años formará parte del ejército imperial y, como miles de soldados, hallará la muerte en Waterloo. Será el mismo Napoleón el que lo sepulta y le comunica a Angelina lo ocurrido. Angelina Pietri será de los pocos que apoyan a Napoleón tras la derrota y hallará la muerte en una protesta a favor de su ídolo caído.
   Como ya he señalado, Joseph Roth se propuso en esta novela, alimentada en manantiales históricos, retratar de forma sencilla y accesible al Napoleón transformado en un ser humano de carne y hueso. Al Sire vencido, derrotado y convertido en el ex dueño de Europa. Y lo logra con acierto en un texto de ficción, insertando la ficción  en la realidad histórica. Por consiguiente la ficción, inyectada en ese contexto histórico del irreversible derrumbamiento militar e incluso humano de Napoleón, actúa como marcador semántico que anula el rigor histórico, si bien lo ilustra bellamente. Roth además lo hace de forma inteligente: huye de los panegíricos a figuras de gran relieve histórico  del entorno del Emperador y los coteja con personas anónimas que idolatran a su Monarca, que  siguen victoreando incluso después de la derrota a un Napoleón que ya no existe, pero que, sin embargo, es capaz de arrastrar tras su estela a seres anónimos, como es el caso de Angelina. Es el recurso de las estructuras paralelas compositivas que desde Plutarco se han utilizado de forma frecuente y muy provechosa para bucear y comprender la valía y el crédito de personajes famosos.
   Los cien días desde el punto de vista de la construcción narrativa es una alhaja literaria. Un verdadero paradigma de la novela histórica, en la que Joseph Roth pone a prueba todas sus grandes dotes de narrador. Estilo directo y sencillo, hermosamente pulcro, capaz no obstante de comunicar a través de sugestivas imágenes, como es el caso de las magistrales descripciones de París, el retrato del Emperador, de la fiel Angelina o la escalofriante y a la vez solemne recreación de la visita que realiza el Emperador derrotado, montado a caballo, por el campo de batalla, el campo de los muertos, una vez concluida la irreversible derrota. Crónica pues fabulada de la disolución de un mundo, hijo del sueño imposible y espectral del Gran Corso.

Francisco Martínez Bouzas

 
Joseph Roth


Fragmentos

“Se detuvieron ante el palacio.
“Cuando el emperador bajó del coche, una multitud de manos blancas, abiertas, se tendió hacia él. Se sintió fascinado por aquellas manos implorantes y, en ese instante, perdió la voluntad y la consciencia. Esas manos blancas, cargadas de afecto, tendidas hacia él, le parecían más terribles que las otras, las manos hostiles que empuñan las armas. Eran como un rostro blanco, lleno de amor y de anhelo. El amor de esas manos desnudas extendidas, le asaltaba con una súplica violente y amenazadora. ¿Qué pedían esas manos? ¿Qué querían de él? Esas manos oraban, exigían y ordenaban al mismo tiempo: manos que se alzan hacia los dioses.”

…..

“Todas las mujeres de Francia, todas las mujeres del mundo, amaban al emperador. Pero a Angelina le parecía que amar al emperador era un arte especial, misterioso; se sentía solemnemente prometida a él, al señor más excelso de todos los tiempos. Vivía siempre dentro de ella. Por grande que fuera tenía cabida en su pequeño corazón que se había ensanchado para acogerlo con todo su majestuoso esplendor.”

…..

“Aquella noche no durmió. Era sofocante y pesada (…) Pero él, el emperador Napoleón, era más humilde que Dios. Había sido más negligente por generosidad y más imprudente por nobleza de espíritu. Entonces abrió los ventanales y escuchó el sonido alegre y monótono de los grillos en el parque. Olió el perfume saturado y apacible de la noche estival, las lilas adormecidas y las acacias excesivamente dulces. Todo eso le producía una gran irritación.
Ya no quería trono ni corona ni palacio ni cetro. Quería ser tan sencillo como cualquiera de los miles de soldados que habían muerto por él y por la tierra francesa. Despreciaba a quienes mañana o pasado le obligarían a abdicar, pero también les estaba agradecido porque le obligaban a hacerlo. Odiaba su propio poder y,  a la vez, su impotencia. No quería ser emperador y, sin embargo, quería seguir siéndolo. Ese mismo día, a esa misma hora, deliberaban en la Cámara de Diputados si debía continuar o no.”

(Joseph Roth, Los cien días, páginas 14-18, 117, 191-192)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

"EL LEVIATÁN", EL ORFEBRE DE CORALES QUE SE TRAICIONA A SÍ MISMO



El Leviatán
Joseph Roth
Traducción de Miguel Sáez
Acantilado, Barcelona, 2013, 73 páginas.

    El Leviatán es un relato o novela breve perteneciente a la narrativa de la última época de Joseph Roth y publicada póstumamente en 1940. Esta pequeña obra maestra la escribió Joseph Roth (1894-1939) en su exilio francés, antes de alcanzar los cuarenta y cinco años. Joseph Roth es uno de los grandes escritores del pasado siglo. Un autor esencial, sobre todo del período de entreguerras. Roth nació en Brody, una aldea ucraniana que formaba parte del Imperio Austro-Húngaro. Era un judío rural que, al trasladarse a la ciudad, perdió la conciencia de su judaísmo -para él algo tan accidental como su bigote rubio, que igualmente hubiera podido ser negro- y en su madurez se convirtió al catolicismo. Desterrado tanto de su lengua como de su tierra, su existencia fue un continuo deambular por las capitales de la Europa Occidental, haciendo de los hoteles su domicilio, pero siempre con la botella en la mano y en un constante despedirse de su propia identidad, como sobre él escribió Caludio Magris. Su vida es un ejemplo paradigmático del lento suicidio provocado por el alcohol, consumación de la miseria en la que se había convertido su vida. En medio de tanta turbulencia existencial fue, no obstante, capaz de escribir excelentes obras de ficción, la más conocida, sin duda, es La marcha de Radetzky  (1932).
   El Leviatán es una nouvelle escrita al año siguiente de la llegada de Hitler al poder. Al poco tiempo los libros de Roth arderían en la hoguera y con la quema, su memoria debería arder también y desaparecer para siempre de la faz de la tierra. Y en efecto, su memoria, igual que la de otros grandes escritores como Stefan Zweig, se disipó años más tarde, pero afortunadamente de las cenizas de la pira incendiaria nazi ha renacido con fuerza la figura y el prestigio de este gran escritor.
   Esta pequeña obra de fina orfebrería literaria transporta al lector a la pequeña ciudad de Progrody donde vive Nissen Pieczenik, judío pelirrojo, comerciante y artesano de corales por los que siente una ternura poco menos que familiar. Analfabeto pero muy respetado en la comarca debido a su honradez y a la fiable calidad de sus corales a los que considera animales vivos que solo por inteligente modestia fingen ser plantas, para eludir el ataque de los tiburones. Sin embargo, en consonancia con las tradiciones judaicas, afirma que son animales marinos, administrados en el fondo primitivo de las aguas por el Leviatán, si bien su ardiente deseo es emerger a la superficie, ser trabajados por los orfebres para cumplir el verdadero cometido de su existencia: adornar a las hermosas aldeanas.
   Nissen Piczenik siente una inmensa nostalgia del mar y por eso un día viaja a Odesa acompañando a un joven marinero, ya que él mismo siente que su patria son las aguas marinas, igual que sus corales. Pero de pronto aparece en su vida Jenö Lakatos que, en una población vecina abre una tienda de corales mucho más baratos que los de Piczenik. Son corales artificiales hechos de celuloide. No obstante, el diablo le mete en la cabeza la idea de comprarle algunos y mezclarlos con los auténticos. Y así, seducido por el demonio, supera al mismo diablo y se traiciona a sí mismo y como consecuencia el destino se vuelve en su contra, aunque su trágico final paradójicamente supone una realización de su íntimo anhelo: ver realizado el deseo nostálgico al que cree pertenecer.
   Con un estilo directo y sencillo, hermosamente pulcro, escribió Joseph Roth esta breve fábula, una historia redonda que transmite con suma eficacia el tono de una parábola talmúdica. Un breve pero sutil apólogo que echa mano de unos pocos personajes arquetípicos para explorar la complejidad del ser humano y postular la necesidad de la autenticidad y la integridad personal. Sirviéndose de un lenguaje que imita la  llaneza de los cuentos tradicionales transmitidos de forma oral, la prosa de Joseph Roth es capaz de comunicar, a través de sugestivas imágenes, una verdadera lección moral, en la que el trágico castigo por dejar de ser fiel a la propia autenticidad, es al mismo tiempo la consumación de la más íntima aspiración: fundirse con las aguas marinas a las que el protagonista, igual que sus corales, cree que pertenece. Parábola pues sobre la traición de la propia identidad, transmitida a través de escasos personajes arquetípicos y el ensamblaje de la tradición judía en una perfecta pequeña historia.

Francisco Martínez Bouzas



Joseph Roth



Fragmentos

“Tenía su propia teoría, muy especial, sobre los corales. En su opinión eran, como ya he dicho, animales marinos que, en cierto modo sólo por inteligente modestia, fingían ser árboles y plantas, a fin de no verse atacados y devorados por los tiburones. Los corales deseaban ardientemente ser cogidos y llevados a la superficie de la tierra, tallados, pulidos y ensartados, para servir finalmente al verdadero fin de su existencia: ser joyas de las hermosas aldeanas. Sólo allí, en el cuello blanco y firme de las mujeres, en la proximidad más íntima de la arteria palpitante, hermana de  los corazones femeninos, los corales revivían, adquirían brillo y hermosura y ejercitaban su mágico poder innato de atraer a los hombres y despertar pasiones amorosas. Verdad era que el viejo dios Jehová lo había creado todo, la tierra y sus animales, los mares y todas sus criaturas. Sin embargo, al Leviatán, que se enroscaba en el fondo primitivo de  las aguas, el propio Dios había confiado por cierto tiempo, es decir, hasta la llegada del Mesías, la administración de los animales y plantas del océano, y especialmente de los corales.”

…..

“De esta forma tentó el diablo al comerciante de corales Nissen Piczenik por primera vez. El diablo se llamaba Jenö Lakatos, era de Budapest e importaba los corales de celuloide que, cuando se encienden, arden tan azuladamente como la cortina de fuego que rodea el infierno.
Cuando Nissen Piczenik llegó a casa, besó indiferentemente a su mujer en ambas mejillas, saludó a las ensartadoras y comenzó, con ojos un tanto confundidos, confundidos por el diablo, a contemplar sus queridos corales, los corales vivos, que no le parecieron tan perfectos, ni con mucho, como las falsas piedras de celuloide de su competidor Jenö Lakatos. Y el diablo sugirió al honrado comerciante de corales Nissen Piczenik l idea de mezclar corales falsos con los auténticos.”

(Joseph Roth, El Leviatán,  páginas 10-11, 59-60)

jueves, 3 de febrero de 2011

NOVEDADES DE EDICIONES BARATARIA

   Ediciones Barataria forma parte, con otros seis sellos editores, del consorcio Contexto que publicita a través de Internet las ediciones de un grupo que le está aportando aires nuevos a la edición en España; a la vez que, desde la independencia, se presentan como alternativa al “libro único” de los grandes megagrupos. Hoy me siento gratificado de poder hacerme eco de tres de los últimos títulos de esta editorial de nombre tan quijotesco.

Una mujer de nada de Leonor Paqué. La autora es una de tantos y tantas españoles /as hijos de padres analfabetos que acceden a la universidad a base de esfuerzos y equilibrios. Desde su condición de periodista y profesora de la UNED, cree que las palabras son llaves capaces de abrir todas las puertas. En esta novela, editada en la colección “Bárbaros”, Leonor Paqué nos acerca a gentes que, a primera vista, parecen emerger de la prehistoria, hombres y mujeres habitantes de las cuevas, donde amasan el pan que les debe durar diez días. Cuevas de tierra apisonada que no son recreo de turistas, sino los únicos sitios para resguardarse del frío o del calor. Allí vivió María, la abuela de Leonor Paqué y, con ella, un grupo de mujeres analfabetas enfrentadas a un mundo que no son capaces de entender, pero en el que luchan todos los días denodadamente para sobrevivir. También ellas, como tantos y tantas españoles y españolas fueron perdedores de la Guerra y las victimas de una posguerra llena de hambres y miserias.
   Con una prosa llena de fuerza y de bríos, Leonor Paqué les da ahora la voz que nunca tuvieron ocasión de ejercitar.

Izquierda y derecha de Joseph Roth.  Joseph Roth ( Brody 1894 – París 1939 ) es uno de los grandes escritores de la literatura centroeuropea. Adscrito genéricamente al expresionismo, sus textos narrativos gozan de una hechura y estilo muy personales. Izquierda y derecha fue publicada en 1929. Sandra Chaparro Martínez la vierte ahora al español. En la novela, y a través de tres biografías paralelas ( las de los hermanos Bernheim y la del enigmático Nikolai Brandeis ), Joseph Roth metaforiza y recrea el ambiente de la República de Weimar, el hundimiento de una sociedad dormida y las antesalazas del nazismo. Un friso, a la vez esperpéntico y doloroso, del Berlín de entreguerras, que contempla turbios negocios y el ascenso imparable del nazismo. Una sociedad convertida en espectáculo, como si formara parte de un gran cabaret que Joseph Roth radiografía con gran agudeza, a la vez que nos hace sentir la angustiosa soledad del hombre moderno frente al poder y al dinero.

18 Escritores. La novela latinoamericana contemporánea de Paz Balmaceda y el Colectivo FU. Como bien dice la prologuista, Lolita Bosch, más allá de los escritores del boom, desconocemos casi por completo la buena literatura que se hace en español en otras latitudes. Aquella que no se ha hecho merecedora de los premios nacionales o por la que no han apostado alguna de las editoras independientes. Y también con la prologuista, reconozco que nos perdemos un mundo entero por descubrir y en el que zambullirnos. Paz Balmaceda recogió el guante: la propuesta de Lolita Bosch de reunir a escritores latinoamericanos que escribieran en español y que pudieran aportar una perspectiva muy personal. El Colectivo FU, formado por lectores y con sede virtual en Barcelona, seleccionó dieciocho autores con los que conversó Paz Balmaceda en el marco del Festival de novela latinoamericano “Fet a Amèrica”, que tuvo lugar en la Ciudad Condal en octubre de 2010.
Paz Balmaceda
   Así pues un interesante y estimulante libro de conversaciones entre escritores de todas la edades y latitudes del continente, sobre temas como el contexto social como eje del mundo literario, tradición y modernidad, la reflexión literaria, la fragmentación ideológica del tiempo, la ternura y la crueldad en el discurso narrativo, los usos locales del español versus la “traducibilidad” que exige la industria editorial española… Y sobre todo, el primer contacto con dieciocho autores latinoamericanos: Antonio José Ponte, Carlos Velázquez, Diamela Eltit, Giovanna Rivero, Horacio Castellanos Moya, Inés Bortagaray, Israel Centeno, Iván Thays, Javier Vásconez, Lina Meruane, Luis Humberto Crosthwaite, Marta  Aponte Alsina, Pablo Ramos, Pola Oloixarac, Slavko Zupcic, Sergio Chejfec, Tomás González y Yuri Herrera. Nombres que apenas nos suenan pero que están ahí, hacen buena literatura y nos permiten ver que la narrativa española en América va más allá de García Márquez, Vargas Llosa, Roberto Bolaño o César Aira