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martes, 29 de marzo de 2016

"LA TIERRA QUE PISAMOS": LA ANCESTRAL RELACIÓN CON LA TIERRA



La tierra que pisamos

Jesús Carrasco

Editorial Seix Barral, Barcelona, 2016, 270 páginas



    Se ha escrito, y es verdad, que la gabela del éxito se incrusta en las expectativas que de él se derivan. Intemperie, el afortunado y deslumbrante debut de Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) en 2013 creó múltiples esperas curiosas y deseosas de leer el segundo libro del autor, para el que prometía intensidad y tensión en el lenguaje. Intemperie, en efecto, una historia repleta de simbolismo, extremadamente austera, no solo obtuvo múltiples galardones y fue traducida a numerosas lenguas, sino que significó un soplo de aire fresco en la narrativa española. Un libro que, por su riqueza formal, fue comparado con la escritura de Delibes, y por su fuerza con la Cormac MvCarthy, especialmente con La carretera. Para no pocos lectores, aún reconociendo que En la tierra que pisamos existen componentes de buena literatura, esas expectativas resultaron malogradas.

   Como en Intemperie, la nueva novela vuelve alejarse de los espacios urbanos y su historia se desarrolla en un escenario rural, posiblemente porque fue en esos espacios donde creció el autor y donde se localizan las cosas que de verdad le importan.

   La novela tiene mucho de utopía negativa que en cierta medida recuerda a la ciudad platónica de las leyes y del orden. También por las páginas de este libro resuenan soflamas de los invasores: en una ciudad (estado) así formada, se hallará la justicia mucho mejor que en cualquiera otra parte. Una ucronía distópica pues enraizada, a pesar de su indeterminación temporal, probablemente a principios del siglo XX, con una España anexionada -los invasores hablan de hermanamiento- por el Imperio, un poder innominado que parece un correlato de Alemania. Y que pivota sobre tres ideas-eje: la empatía con el extraño, el desconocido, que llega a convertirse en complicidad; la violencia, la brutalidad, el desgarro, la opresión asesina de las agresiones bélicas que en la novela se dejan sentir en tres planos históricos sobrepuestos: la Guerra Civil española (el cañoneo de Olivenza por las tropas franquistas, la concentración de republicanos en la plaza de toros de Badajoz para ser fusilados); el colonialismo europeo del siglo XIX en África; y especialmente la Segunda Guerra Mundial y la barbarie nazi, sobrentendidas, aunque nunca nombradas. Y la comunión con la tierra, quizás la quintaesencia de esta novela, y elemento al que agarrarse cuando todo nos  ha sido arrebatado.

   Narrada en gran parte en primera persona por la principal protagonista, Eva Holman, esposa de un inválido y dependiente coronel retirado del Imperio que se ha apoderado de Europa. En un lugar extremeño, Tierra de Barros, los militares jubilados disfrutan de una vida apacible en la colonia. Las ordenanzas de los invasores prohíben las relaciones con los “indígenas”. La narradora describe el ambiente del pueblo, cómo lleva de un lado a otro a Iosif su marido, poderoso, cruel y sanguinario al que odia, hoy reducido a la mínima expresión de lo que fue. Un día, un hombre se acerca al jardín de su casa y allí se instala, permanece impasible, ajeno a todo, envuelto en un capote de silencio que ahuyenta por igual la luz y la oscuridad. Solamente se muestra y aspira puñados de tierra como si los estuviese catando. Superado el temor inicial, la protagonista se interesa por este hombre. Poco a poco, mediante un complejo entramado temporal, iremos conociendo las terribles peripecias de Leva, el “indígena”, y de su familia. Episodios en los que explota el horror y que, sin nombrarlos, remiten a los campos de trabajo y exterminio nazis, con la violencia, no el azar, haciéndose cargo de los seres humanos. Así reconstruye y cuenta la historia del hombre escondido, víctima de un shock emocional, la protagonista; y poco a poco, sin apenas percibirlo, surge entre ellos la complicidad. Es una empatía por el hombre solitario que ella misma rechaza que sea piedad, sino un intercambio en el que él le entrega su piel para que sea ella quien la repare.

   Convivirá con el hombre del huerto a pesar de las represalias del Imperio, se verá obligada a medirse con él día a día, y, poco a poco, se irá cargando son su lastre, con su historia de penalidades. Y se sentirá culpable de saber que ha levantado su casa sobre la sangre de los suyos, de haber enarbolado las banderas del Imperio para participar en el expolio.

   Un relato sin duda duro, doliente, con unos personajes que son “trozos de carne” unos, víctimas, perdedores de la Historia; otros, correlatos de la violencia. Y especialmente cristalización de las preocupaciones ecológicas del autor. De ahí esa relación emocional con la tierra que impregna al hombre del huerto y que acaba por transmitirse también a la protagonista que llegará a reclamar “el derecho al polvo y a las lombrices y a cuanto haya de pudrirme” (página, 245). De ahí así mismo la congruencia de un final en el que se canta la universal comunión con los muertos, con los árboles, las rocas, el aire, el agua, los utensilios. La tierra.

   Desde algunas lecturas críticas, La tierra que pisamos ha sido considerada una novela fallida. Otras, desde el chascarrillo cabrón y burlesco, han dinamitado su trama, los horrores de la guerra y los sentimientos de culpa, el ritmo sosegado, la propia estructura narrativa, el lenguaje “estiloso”. Mas no conviene olvidar que, desde la parodia, las grandes obras de la literatura universal se pueden reducir a guiñapos grotescos.

   A mi modo de ver, la segunda novela de Jesús Carrasco no le hace sombra al trasiego interminable por un paisaje desolado, un secarral convertido en algo estético que encontramos en la primera, en Intemperie. Su contenido diegético es mucho más liviano y roza quizás la artificiosidad en más de una secuencia. El profundo simbolismo y los saltos temporales tampoco favorecen una lectura placentera. Pero, en el haber de la novela, registro esa atenta mirada hacia la tierra y nuestra relación ancestral con ella. El rico vocabulario ligado a la tierra, el rescate de una prosa tradicional, un corpus léxico de voces arcaizantes, arrancadas de la vida rural extremeña o andaluza, no solamente son un síntoma, sino una verdadera inmersión en esos bancales de tierra húmeda. La narración en primera, segunda y finalmente en tercera persona creo que es coherente con lo narrado: una confluencia progresiva de los personajes, con dos voces que también se encuentran, y una tercera que enmarca el proceso. Los dos personajes principales de la novela se acomodan a la exigencia de la historia: plano el “indígena”-un silencioso “trozo de carne”- refugiado en el huerto de la protagonista, y esta, en una enriquecedora evolución, ya que desde el miedo y la indiferencia inicial, termina por unir su destino al de Leva y estallar en rebeldía contra los suyos. El relato de las peripecias de Leva, con deportaciones e internamientos en campos de trabajo, no supera nunca a la realidad de los exterminios y cremaciones que asolarán los territorios de ese Imperio, que tanto hace pensar en el nazismo. Finalmente, un estilo de prosa espartano, desnudo, con ciertos ramalazos líricos, que la parodia convierte en almibarados. Y un ritmo sosegado y envolvente, con el que el autor intenta “crear lentamente la musicalidad, la plasticidad y el asombro del lenguaje”, al servicio de una confluencia de dos seres humanos y un contacto emocional con la tierra que pisamos.



Francisco Martínez Bouzas

                                                      
Jesús Carrasco (Foto de Jesús Morón)

Fragmentos



“Agita un dedo delante de mi cara mientras me cuenta que uno de ellos estaba todavía vivo cuando los quemaron. Se lleva una mano a los ojos para tapárselos. Le tiembla.

Me da a entender que caminan por una senda detrás del camión, seguidos por los soldados de la escolta. Remontan el valle lentamente, como salmones prehistóricos, y a medida que lo hacen, el monte les va mostrando zonas taladas. «Calvas», ha dicho. El camión avanza con la caja abierta. El brazo de uno de los prisioneros pende lacio por la parte de atrás agitándose al ritmo azoroso de los baches.

Cuando abandonan el camino para internarse en el prado, todavía se ve la chimenea, hacia el sur. Humea sin descanso, interrumpiendo la continuidad del cielo. Los gruesos cinchos de hierro que contienen sus paredes son ahora finas líneas oscuras pautando la torre cuadrada.”



…..



“Imagino a las mujeres de mi clase observándome. Ellas lo llamarían caridad y querrían ver en mí los brillos lechosos de La Piedad. El rostro humedecido, vertiendo lágrimas de mármol sobre el cuerpo del hijo recién desclavado. Pero no es caridad lo que siento. Acaso un intercambio en el que él me entrega su piel para que sea yo quien la repare. ¿Dónde está la mujer que un día albergó de verdad esos sentimientos? Qué lejos quedan los tiempos en los que todo mi afán se dirigía a encajar en la silueta que para mí habían dibujado. Debía ser amable, servicial, discreta, sociable. Debía ser una buena esposa, una buena madre y, fundamentalmente, una patriota. Entregar mi vida al solaz del esposo y a la formación de los hijos, para que éstos, a su vez, siguieran prolongando la cadena de esta forma de vida nuestra durante los siguientes mil años.”



…..





“Me ha costado encontrar la vieja vereda que desemboca en las pilas porque el predio está comido por las jaras. Entre ellas me he abierto paso lo mejor que he podido hasta encontrar el antiguo lavadero.

Sobreviven las tablas de piedra alrededor del pequeño estanque. El agua es un cristal oscuro tan perturbador por el chorrillo que aún vierte allí. En el caz por el que la pila desagua, la corriente peina mechones de algas. Zumban los abejorros a mi alrededor. Nunca pensé que sentiría paz en este lugar. No voy a escarbar la tierra. No tengo edad para ello y de nada me serviría. Solo necesito saber que estáis aquí debajo y que hay una hermandad entre vuestros cuerpos. Toda la vida huyéndonos. Toda la vida tapando la piel de las mujeres, hurtándoles a los niños las caricias. Y ahora, apagados los alientos, irónicamente mezclados. ¡Qué hermosa hubiera sido esa cercanía en otro tiempo! Hombres, mujeres, ancianos, niños, familiares, amigos, desconocidos, reunidos. Juntos los cuerpos en una aleación indestructible. Quizá, como dicen, en algún momento fuimos uno. No un solo cuerpo, sino un solo ser. Nosotros, los árboles, las rocas, el aire, el agua, los utensilios. La tierra.”



(Jesús Carrasco, La tierra que pisamos, páginas85, 103, 267-268)

martes, 24 de diciembre de 2013

"INTEMPERIE" ELEGIDA LA MEJOR NOVELA DE 2013



  No era de extrañar. Muchos de los que hemos podido leer Intemperies, la novela de Jesús Carrasco, escritor debutante, editada a principios del año por Seix Barral,  lo presentíamos. Y en efecto el Gremio de Libreros de Madrid la ha elegido como la mejor obra de ficción de 2013. El jurado valora sobre todo la aparición de “una voz nueva en el panorama literario español, que es a la vez clásica y moderna, una voz que, con un lenguaje intenso y poderoso, se inscribe en la mejor tradición narrativa de nuestro idioma”. La novela, prosigo con el dictamen del jurado, “adentra al lector, con un estilo sin concesiones, en un universo rural -claro protagonista de la historia- de tremenda dureza y violencia ancestral en la que los personajes se mueven, rodeados de sequía y miseria, en un tiempo y espacio indefinidos, pero en el que los valores universales como la amistad, la solidaridad y la compasión prevalecen”.

     El 24 de febrero de este año, en este Cuaderno de crítica literaria, tuve la oportunidad de reseñar Intemperie, coincidiendo en buena medida con el criterio de los Libreros madrileños  Como homenaje a la buena literatura que surge de donde uno menos lo piensa, reproduzco aquella reseña.

   Las obras finalistas a juicio del jurado de los Libreros de Madrid  son En la orilla de Rafael Chirbes, editada por Anagrama y reseñada en esta bitácora; Las lágrimas de San Lorenzo de Julio Llamazares (Alfaguara); La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero (Seix Barral e igualmente reseñada en este blog) y Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan, editada igualmente por Anagrama. A continuación, mi juicio valorativo de Intemperie:



INTEMPERIE”, EL MIEDO Y LA DIGNIDAD EN EL PAISAJE DE LA DESOLACIÓN



Intemperie

Jesús Carrasco

Editorial Seix Barral, Barcelona, 2013, 223 páginas.



   Intemperie es el debut afortunado de Jesús Carrasco, hasta ahora redactor publicitario, porque  antes de que su novela apareciese publicada en español, trece países ya habían adquirido en la Feria de Franckfurt los derechos de edición. Seix Barral, el sello editorial barcelonés está promocionando la novela en España comparándola con la riqueza de Miguel Delibes y con la fuerza de Cormac McCarthy. Todo ello, amalgamado en una voz propia, fresca y diferente. Hoy Intemperie se ha convertido en una de las grandes apuestas editoriales de Seix Barral para 2013.

   Intemperie se yergue sobre el miedo y la dignidad como temas de fondo desarrollados a través e una historia extremadamente austera y de unos actantes, un niño acosado y un cabrero anciano, prácticamente como únicos materiales. Todo lo demás es atemporal y ajeno  a cualquier geografía concreta. Solamente sabemos que ese dúo de protagonistas y sus perseguidores se mueven por un páramo calcinado por el sol y que el muchacho huye de algo, sin que se nos diga el qué, aunque sospechemos que se trata de situaciones malignas. También del desamparo.

   Todo da comienzo en un agujero en el que un niño se esconde después de haber escapado de su casa. Los vecinos lo buscan. Ese es el peligro. Cuando pasa, se encuentra caminando hacia el norte evitando senderos y perdido en una inmensa llanura de terrones de arcilla y piedra, asolados por la sequía. Hasta que se encuentra con un viejo cabrero. Uno y otro irán atravesando el paisaje hostil, sin ningún destino concreto. El niño huyendo de la implacable persecución de un alguacil de quien guarda un obsceno secreto. Ambos, el niño y el cabrero, parecen unir sus destinos porque luchan por la supervivencia en aquel paisaje desolado, atenazados por la sed, la insolación -las leyes del llano- y la violencia del alguacil y sus hombres cuando los localizan.

   A partir de aquí el relato revienta en ciertas  constantes que lo configuran: el miedo, la violencia y la presencia del mal, un mal viscoso, nunca nombrado de forma explícita, pero que ha estado esclavizando al niño. Y una cierta ética como la que impone el deber de enterrar a los cuerpos a los que se ha abatido.

   Intemperie -lo reconoce Jesús Carrasco- es una novela que forma parte de su propio proceso de aprendizaje. El referente más inmediato parece ser sin duda La carretera de Cormac McCarthy: esa itinerancia hacia el sur de un hombre y un chico en un mundo apocalíptico. Pero la novela de Jesús Carrasco  es mucho más escueta y desnuda, lo que le permite manejar con más precisión los elementos narrativos. En la novela, ni el cabrero, ni el niño, ni ningunos de los perseguidores tienen nombres. Tampoco los lugares. Todo esta difuminado en ese medio sumamente hostil y de este modo surge nítida la sustancia de la ficción: la relación del ser humano con el medio por más desolado que sea y la opción por la justicia con la toma de partido frente a la violencia. Los personajes además tienen mucho de arquetipo: ellos son la víctima propicia e inocente, el perseguidor corrupto y la frágil figura del cabrero, paradigma de una justicia primitiva. Por eso mismo, la novela transita toda ella hacia el terreno de la fábula.

   Entre los muchos méritos de la ficción de Jesús Carrasco desearía destacar ante todo lo apropiado del desarrollo narrativo, con variación de ritmos: lento cuando narra el trasiego interminable por ese paisaje desolado, quemados los protagonistas por el sol y la sed. Vertiginoso  cuando el miedo se convierte en acontecimiento real e inminente. Y junto a ello, el exquisito laboreo estilístico. El autor es un gran observador. En esa llanura desolada -“un mar de arena brava”- funcionan todos los sentidos, nuestra plena animalidad, la sensorialidad que es capaz de convertir un secarral en algo estético. Y en esa rica relación con el entorno, el escritor se siente apoyado por el rescate de una prosa tradicional -veja le llama él- que busca la palabra justa, rescatándola muchas veces de un corpus léxico de voces arcaizantes, arrancadas de la vida rural y que hoy parecen olvidadas. Con ellas, una sintaxis simple y precisas y sobrias aunque abundantes descripciones que convierten al erial desolado en protagonista así mismo de la narración, hilvana Jesús Carrasco una buena novela, en la que, si algún pero puede atribuírsele,  es un cierto desajuste al poner en boca de un niño interrogantes y razonamientos impropios de sus edad.



Francisco Martínez Bouzas







Jesús Carrasco (Foto de Claudio Álvarez)

Fragmentos



“Descendieron por una vereda estrecha conteniendo al burro, que perdía apoyo a cada paso. Las cabras, cada una por su lado, najaban haciendo que se deslizaban sobre hachas, hasta llegar al fondo de la sima donde algunas de ellas fracturaban costillas prístinas. Huesos en todas las etapas posibles de degradación. Sedimentos de polvo cálcico, hileras de vértebras vacunas, poderosas pelvis. Arcos costillares y cornamentas. Una res sin ojos a la que todavía le aguantaba el pellejo. Un saco hediendo en medio del día que despuntaba. El faro de su descanso.”



…..



“Entendió que el viejo no sería quien le entregara la llave al mundo de los adultos, ese en el que la brutalidad se empleaba sin más razón que la codicia o la lujuria. Él había ejercido la violencia tal como había visto hacer siempre a quienes le rodeaban y ahora, como ellos, reclamaba su parte de impunidad. La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror. Él había levantado la espada en lugar de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables. Creía que el viejo le haría pasar, coronado de laurel por un esclavo, bajo el arco de la victoria.”



(Jesús Carrasco, Intemperie, páginas 68, 162)

domingo, 24 de febrero de 2013

"INTEMPERIE", EL MIEDO Y LA DIGNIDAD EN EL PAISAJE DE LA DESOLACIÓN

Intemperie
Jesús Carrasco
Editorial Seix Barral, Barcelona, 2013, 223 páginas.

  

   Intemperie es el debut afortunado de Jesús Carrasco, hasta ahora redactor publicitario, porque  antes de que su novela apareciese publicada en español, trece países ya habían adquirido en la Feria de Franckfurt los derechos de edición. Seix Barral, el sello editorial barcelonés está promocionando la novela en España comparándola con la riqueza de Miguel Delibes y con la fuerza de Cormac McCarthy. Todo ello, amalgamado en una voz propia, fresca y diferente. Hoy Intemperie se ha convertido en una de las grandes apuestas editoriales de Seix Barral para 2013.
   Intemperie se yergue sobre el miedo y la dignidad como temas de fondo desarrollados a través e una historia extremadamente austera y de unos actantes, un niño acosado y un cabrero anciano, prácticamente como únicos materiales. Todo lo demás es atemporal y ajeno  a cualquier geografía concreta. Solamente sabemos que ese dúo de protagonistas y sus perseguidores se mueven por un páramo calcinado por el sol y que el muchacho huye de algo, sin que se nos diga el qué, aunque sospechemos que se trata de situaciones malignas. También del desamparo.
   Todo da comienzo en un agujero en el que un niño se esconde después de haber escapado de su casa. Los vecinos lo buscan. Ese es el peligro. Cuando pasa, se encuentra caminando hacia el norte evitando senderos y perdido en una inmensa llanura de terrones de arcilla y piedra, asolados por la sequía. Hasta que se encuentra con un viejo cabrero. Uno y otro irán atravesando el paisaje hostil, sin ningún destino concreto. El niño huyendo de la implacable persecución de un alguacil de quien guarda un obsceno secreto. Ambos, el niño y el cabrero, parecen unir sus destinos porque luchan por la supervivencia en aquel paisaje desolado, atenazados por la sed, la insolación -las leyes del llano- y la violencia del alguacil y sus hombres cuando los localizan.
   A partir de aquí el relato revienta en ciertas  constantes que lo configuran: el miedo, la violencia y la presencia del mal, un mal viscoso, nunca nombrado de forma explícita, pero que ha estado esclavizando al niño. Y una cierta ética como la que impone el deber de enterrar a los cuerpos a los que se ha abatido.
   Intemperie -lo reconoce Jesús Carrasco- es una novela que forma parte de su propio proceso de aprendizaje. El referente más inmediato parece ser sin duda La carretera de Cormac McCarthy: esa itinerancia hacia el sur de un hombre y un chico en un mundo apocalíptico. Pero la novela de Jesús Carrasco  es mucho más escueta y desnuda, lo que le permite manejar con más precisión los elementos narrativos. En la novela, ni el cabrero, ni el niño, ni ningunos de los perseguidores tienen nombres. Tampoco los lugares. Todo esta difuminado en ese medio sumamente hostil y de este modo surge nítida la sustancia de la ficción: la relación del ser humano con el medio por más desolado que sea y la opción por la justicia con la toma de partido frente a la violencia. Los personajes además tienen mucho de arquetipo: ellos son la víctima propicia e inocente, el perseguidor corrupto y la frágil figura del cabrero, paradigma de una justicia primitiva. Por eso mismo, la novela transita toda ella hacia el terreno de la fábula.
   Entre los muchos méritos de la ficción de Jesús Carrasco desearía destacar ante todo lo apropiado del desarrollo narrativo, con variación de ritmos: lento cuando narra el trasiego interminable por ese paisaje desolado, quemados los protagonistas por el sol y la sed. Vertiginoso  cuando el miedo se convierte en acontecimiento real e inminente. Y junto a ello, el exquisito laboreo estilístico. El autor es un gran observador. En esa llanura desolada -“un mar de arena brava”- funcionan todos los sentidos, nuestra plena animalidad, la sensorialidad que es capaz de convertir un secarral en algo estético. Y en esa rica relación con el entorno, el escritor se siente apoyado por el rescate de una prosa tradicional -veja le llama él- que busca la palabra justa, rescatándola muchas veces de un corpus léxico de voces arcaizantes, arrancadas de la vida rural y que hoy parecen olvidadas. Con ellas, una sintaxis simple y precisas y sobrias aunque abundantes descripciones que convierten al erial desolado en protagonista así mismo de la narración, hilvana Jesús Carrasco una buena novela, en la que, si algún pero puede atribuírsele,  es un cierto desajuste al poner en boca de un niño interrogantes y razonamientos impropios de sus edad.

Francisco Martínez Bouzas




Jesús Carrasco

Fragmentos

“Descendieron por una vereda estrecha conteniendo al burro, que perdía apoyo a cada paso. Las cabras, cada una por su lado, najaban haciendo que se deslizaban sobre hachas, hasta llegar al fondo de la sima donde algunas de ellas fracturaban costillas prístinas. Huesos en todas las etapas posibles de degradación. Sedimentos de polvo cálcico, hileras de vértebras vacunas, poderosas pelvis. Arcos costillares y cornamentas. Una res sin ojos a la que todavía le aguantaba el pellejo. Un saco hediendo en medio del día que despuntaba. El faro de su descanso.”

…..

“Entendió que el viejo no sería quien le entregara la llave al mundo de los adultos, ese en el que la brutalidad se empleaba sin más razón que la codicia o la lujuria. Él había ejercido la violencia tal como había visto hacer siempre a quienes le rodeaban y ahora, como ellos, reclamaba su parte de impunidad. La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror. Él había levantado la espada en lugar de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables. Creía que el viejo le haría pasar, coronado de laurel por un esclavo, bajo el arco de la victoria.”

(Jesús Carrasco, Intemperie, páginas 68, 162)

lunes, 21 de enero de 2013

NOVEDADES DE SEIX BARRAL



   La reseña es hoy solo reseña informativa. Para dar noticia de libros y de letras. Es uno de los papeles que puede realizar la reseña de un libro, pero no el que más me apetece, porque de ella estará ausente aquello que precisamente es la esencia de la crítica literaria: la valoración personal, la emisión de un juicio sobre los haberes y deberes de un producto literario. Será en otro momento, tras la lectura reposada de estas cinco novedades de la Editorial Seix Barral. Hoy me limito a dar noticia, como acabo de señalar, noticia sumaria y externa, con base sobre todo a la presentación editorial de estas cinco piezas de ficción de uno de los sellos editoriales míticos del sistema literario español.
   Fundada en Barcelona, en 1911, como empresa de artes gráficas, en 1955 Víctor Seix y Carlos Barral la refundaron e inauguraron una de sus colecciones emblemáticas: “Biblioteca Breve”. Actualmente forma parte del Grupo Planeta. Mas Seix Barral nos sigue brindando no solo best sellers, sino productos de calidad literaria. Vaya pues por tantos años de historia este pequeño y modesto plus promocional.

Francisco Martínez Bouzas


DEMOCRACIA   
Autor: Pablo Gutiérrez
Colección: Biblioteca Breve
234 páginas.

   El autor, Pablo Gutiérrez es según la edición española de la revista Granta una de las grandes promesas de la literatura española. Definido por la crítica como “un narrador moderno, poderoso, con una mirada propia muy hija de su tiempo, de gran calidad literaria (Care Santos, El Cultural).
  En esta su tercera novela nos retrotrae a septiembre de 2008: la caída de Lehman Brothers hace temblar al mundo. Ese día comienza la tragedia del protagonista. Atado  a su hipoteca y con sus sueños de futuro prácticamente rotos, no reacciona ante la tragedia que se le viene encima como los millones de personas, víctimas de la crisis. Sale a la calle y comienza  a escribir versos en las paredes de su ciudad. Es su forma de resistir que se convertirá en fuente de inspiración para tres jóvenes anarquistas. La figura del megainversor antisistema, George Soros, inspirará al protagonista para vengarse de su jefe.
   Novela que discurre por el filo de la actualidad y profundiza desde la ficción en esa prosperidad simulada que acabó destruyendo los sueños y la realidad de miles de vidas anónimas en todo el mundo. Un discurso narrativo incendiario contra esos años de felicidad ficticia e instantánea, el dinero fácil y un maná de hipotecas cayendo del cielo.


CRÓNICAS DE LA ÚLTIMA REVOLUCIÓN 
Autor: Antoni Casas Ros
Colección: Biblioteca Formentor
285 páginas.

   Traducida del francés por Javier Albiñana. El autor, natural de la Cataluña francesa, fue víctima de un accidente que le condujo a una prolongada enfermedad, fruto de la cual fue su primera novela, El teorema de Almodóva. Ha sido finalista del Premio Goncourt en distintas modalidades.
   Su propuesta actual es otra novela transgresora, revoltosa al cien por cien. La novela nos sumerge en el ambiente de las diversas formas de protesta contra un clima político cada vez más represivo: los piratas informáticos de Infinity desestabilizan el mercado; los militantes de Flying Freedom organizan protestas en forma de suicidios colectivos. Los cronistas forman una asociación de prensa independiente y practican el amor libre. En ese maremagnun de la  “ultima revolución”, la narración sigue la pista de Lupa, una joven cronista de diecisiete años. Con ella nos veremos obligados a preguntarnos sobre un futuro en el que se hayan derribado todos los poderes. La transgresión tiene en esta novela una muestra paradigmática, pero no faltan tampoco pinceladas de gran tensión erótica.


CAMBIOS
Autor: Mo Yan
Colección: Biblioteca Formentor
127 páginas.

   Traduce del chino esta novela del último Premio Nobel Anne-Hélène Suárez Girard. Cambios  es la novela más personal de Mo Yan. En el fondo autoficción, porque el niño protagonista de esta novela tiene todas las trazas de ser el alter ego del propio Mo Yan. A través de sus ojos infantiles vemos  cuarenta años de la historia de China. Novela confesional en la que el Premio Nobel 2012 teje la historia popular del gigante asiático en permanente transformación, pero a base de microhistorias: el retrato de la gente común, sus gestos de todos los días, la rebeldía de sus compañeros de clase, la tozudez de una chica acostumbrada a tomar siempre decisiones aparentemente correctas, pero que la llevan por caminos equivocados.
   Calificada por la crítica como una joya literaria que nos permite una primera aproximación al último Premio Nobel de Literatura, considerado por muchos el Kafka, Faulkner o Garcia Márquez chino porque sutura con gran naturalidad la fantasía y la realidad, la perspectiva histórica y social, como dictaminó la Academia Sueca que le otorgó el Premio Nobel.


FAR TORTUGA
Autor: Peter Matthiessen
Colección: Biblioteca Formentor
518 páginas.

   La traducción de Javier Calvo nos acerca a una narración a la que el gran escritor americano Thomas Pynchon ha calificado como una historia trazada magistralmente…llena de música e imágenes fuertes y evocadoras. La novela de Peter Matthieessen es la obra de un clásico de culto moderno, galardonado en dos ocasiones con el National Book Award y reivindicado por escritores como Richard Ford, Don DeLlillo y Th. Pynchon como ya vimos.
   Editada inicialmente en 1975. En buena medida abrió una nueva senda para la evolución de la novelística americana. El autor, activista medioambiental y naturalista, narra la historia de unos hombres en lucha permanente y titánica contra el mar, en la que no falta una elegía de las islas caribeñas y de aquellos míticos marineros que pasaron buena parte de sus vidas navegando por sus aguas. Una goleta  con ocho hombres y un temperamental capitán parte hacia el sureste caribeño a la caza de la tortuga. La novela narra, casi en forma de diario de navegación, el día a día de estos hombres expuestos a la temeridad de su capitán y la fuerza de una naturaleza -la caribeña- que nos siempre es tan idílica como soñamos con frecuencia. Novela de riesgos y aventuras muy apropiada para los amantes del género, pero escrita desde una perspectiva que la acerca a la narrativa posmoderna.


INTEMPERIE
Autor: Jesús Carrasco
Colección: Biblioteca Breve
223 páginas.

   Intemeperie, editada este mismo mes, supuso el debut como narrador de Jesús Carrasco. Un debut afortunado porque la novela se editará en trece países. La novela se acerca al género futurista. Narra la huida del protagonista, un niño escapado de su casa a través de un país castigado por la sequía y la violencia. Un mundo obstruido, sin nombres ni fechas ni referencias que vive ajeno a la moral que se ha escapado por el mismo sumidero por el que se ha escurrido el agua. En este escenario, un mundo convertido en llanura infinita y árida, el niño tendrá la oportunidad de ejercer la violencia que ha mamado, o de iniciarse en los dolorosos rudimentos del juicio, sobre todo a partir del momento en el que sus pasos se cruzan con los de un viejo cabrero, cuyo encuentro hará que ya nada sea igual para ninguno de los dos.
   Novela de arquetipos (el niño, el cabrero, el alguacil) en la que el relato duro e inclemente refleja una naturaleza despiadada en cuyas grietas secas brota la dignidad del ser humano. Elena Ramírez de Seix Barral describe este libro afirmando que estamos ante la riqueza de Miguel Delibes y la fuerza de Cormac McCarthy fundidas en una voz propia.