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lunes, 24 de junio de 2019

FELICIDAD POR DECRETO


En camping-car
Ivan Jablonca
Traducción de Agustina Blanco
Editorial Anagrama y Libros del Zorzal, Barcelona 2019, 182 páginas.

   


   No resulta fácil determinar el género literario de este libro de Ivan Jablonca. Quizás un texto híbrido que participa de aspectos autobiográficos, recuerdos, relato de viajes, aspectos y reflexiones de cariz sociológico - de sociohistoria, habla el autor-, relación entre generaciones. Pero nada que ver con otros libros del autor, especialmente con Laëtitia o el fin de los hombres, la crónica de la vida, asesinato y descuartizamiento de la joven Laëtitia Perrais. El ambiente miserable en el que estuvo sometida la víctima inmolada de niña y de joven, y su amplitud y riqueza temática, se transforma en el texto de En camping-car  en una novela aparentemente amable, un texto heterogéneo, en el que se dan cita una epigrafía turística de una niño, su familia y amigos, una guía de turismo de los años 80, el relato sociológico de lo que era el mundo de aquellos años.
   En camping-car posee además  además todos los elementos de un libro de iniciación que el protagonista experimentó en tres continentes: Europa del Sur, África del Norte y Medio Oriente. Y es sobre todo un libro sobre la infancia como un paraíso perdido.
   Escrito en primera persona y posiblemente sin ficción, basado en hechos reales, el autor, como historiador y estudioso de las ciencias sociales, se refiere ante todo a la suya: “volcar esas ciencias hacia mí” (página 161), con la concomitancia se una educación ilustrada, y de haber experimentado, todavía en la niñez, un anticipo de la libertad y que su padre pretendiera, casi por decreto, que fuese feliz. Pero antes de eso, le proporcionó uno de los mayores placeres: los innumerables viajes en autocaravana, vacaciones típicas de los años ochenta.
   Hijo de unos padres que nacieron durante la guerra, con los abuelos víctimas del Holocausto y sin derecho  a vivir, el hijo se hizo a sí mismo. Por eso este libro también posee connotaciones trágicas, ya que aparece la figura paterna empeñada en grabar en sus hijos la idea de felicidad, porque él había sido despojado de sus padres en la abominación del holocausto nazi. Por esa razón, el autor también se considera un hijo de la Shoa.
   El libro relata las vacaciones de una familia francesa que opta poa la autocaravana para pasar sus días de descanso. Son, como he señalado, los años ochenta. Y de la caravana y del “caravaning” se describe todo, también de los spots, lugares para acampar, cuyo espíritu queda reflejado en el libro. Los niños juegan a las cartas en vez de contemplar el paisaje; hasta las visitas a las ruinas griegas y romanas eran ocasión para el juego. En el libro así mismo aparece la influencia del mundo hippie y las protestas del mayo del 68 en la manera de hacer turismo, especialmente el espíritu de independencia que se refleja en el “caravaning”, en “nuestra chocita itinerante”.
   Homenaje a su padre, huérfano askenazi, pero no por ello deja de reconocer sus órdenes contradictorias. Decirle a un niño a gritos: “¡Sé feliz!”.
   

                                           
Ivan Jablonka                         

  La sociohistoria de la infancia del autor goza de todos los elementos de un relato de aprendizaje: gracias al “caravaning” descubre el mundo, se abre a la cultura y a la diversidad; madurece gracias a pequeñas pruebas que ha de superar; se distancia del modelo social. Años de caravana o su equivalente: años de formación. “Crecí en la autocaravana y esta me hizo crecer” (página 142). La caravana será su escuela de vida para la juventud, la edad adulta e incluso para reflexionar sobre la libertad. Y así surge este libro. Como confrontación de dos acontecimientos: la Segunda Guerra Mundial y las vacaciones. En la alegría estival seguía latente un careo con la muerte.
   El autor se sirve de  un estilo conciso en sus descripciones, y ágil en el desarrollo del libro, pero sin omitir el peso de estimulantes y profundas reflexiones qe parten de la memoria adulta de un escritor que se ciñe al relato más como historiador que como novelista.

Francisco  Martínez Bouzas

martes, 30 de abril de 2019

TRES NOVEDADES DE ANAGRAMA EN MARZO-ABRIL


Una vez más la generosidad de Editorial Anagrama, especialmente de su Departamento de Prensa y Comunicación, me permitirá comentar en esta bitácora de libros tres textos importantes que forman parte de la narrativa española y universal. Sobre ellos publico las sinopsis y datos biográficos de los autores, con el firme propósito de volver más tarde con una propia aunque subjetiva valoración crítica.

 

En el camping-car
Ivan Jablonka
Treaducción de Agustín Blanco
Editorial Anagrama y libros del Zorzal, Colección Panorama de narrativas, Barcelona, 2019, 182 páginas

Sinopsis:

«Una recopilación de recuerdos personales y un pequeño tratado de sociología del ocio de finales del siglo XX» (Philippe Ridet, Le Monde).«Jablonka vuelve a llegarnos al corazón» (Gilles Chenaille, Marie Claire).IVAN JABLONKA (París, 1973) es profesor de Historia en la Universidad París XIII y codirector de la colección «La République des Idées» de la editorial Seuil. Entre sus libros destacan His-toria de los abuelos que no tuve (publicado en castellano por Libros del Zorzal y galardonado en 2012 con el Premio del Senado para libros de historia, el Premio Guizot de la Academia Francesa y el Premio Augustin Thierry) y Laëtitia o el fin de los hombres, coeditado por Anagra-ma y Libros del Zorzal.13/03/2019Traducción de Agustina Blanco16,25 € sin IVA / 16,90 € con IVA / Rústica con solapas / 14 x 22 cm / 192 págs.© Hermance Triay /Opale / LeemageUn relato íntimo sobre las vacaciones familiares del autor que es también el retrato de una generación y un agudo ensayo sociohistórico.Este es un libro sobre una familia francesa que en los años ochenta pasa sus vacaciones en una autocaravana, y en ella recorre Italia, Portugal, España, Grecia, Ma-rruecos... Es una historia personal, ya que la familia es la del autor cuando era niño, pero también colectiva, porque todas las familias aspiran a acariciar la felicidad en vacaciones. Es también un homenaje de Ivan Ja-blonka a sus padres; una reflexión sobre la relación en-tre las generaciones y sobre el momento en que uno pasa a convertirse en padre y asume una responsabili-dad hacia sus hijos. En sus páginas asoman los horrores del pasado –el padre de Jablonka fue un huérfano de la Shoá– y la esperanza de poder construir un mundo me-jor para las nuevas generaciones, siguiendo ese precep-to de la Declaración de Independencia americana del derecho a «perseguir la libertad.”

El autor:

«Una recopilación de recuerdos personales y un pequeño tratado de sociología del ocio de finales del siglo XX» (Philippe Ridet, Le Monde).«Jablonka vuelve a llegarnos al corazón» (Gilles Chenaille, Marie Claire).IVAN JABLONKA (París, 1973) es profesor de Historia en la Universidad París XIII y codirector de la colección «La République des Idées» de la editorial Seuil. Entre sus libros destacan His-toria de los abuelos que no tuve (publicado en castellano por Libros del Zorzal y galardonado en 2012 con el Premio del Senado para libros de historia, el Premio Guizot de la Academia Francesa y el Premio Augustin Thierry) y Laëtitia o el fin de los hombres, coeditado por Anagra-ma y Libros del Zorzal.

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Cox o el paso del tiempo
Christoph Ransmayr
Traducción de Daniel Najmías
Editorial Anagrama, Colección Panorama de Narrativas, Barcelona, 2019, 245 paginas

Sinopsis:
A mediados del siglo XVIII, Alister Cox, el más prestigioso relojero y constructor de autómatas de Europa, llega a las costas de China tras una larga y accidentada travesía. Partió de Londres meses atrás, invitado por el todopoderoso emperador Quiánlóng, que desea que le confeccione unos relojes muy especiales.
Cox, junto con sus ayudantes, se aloja en la imponente Ciudad Prohibida, y empieza a fabricar mecanismos capaces de atrapar el sinuoso y cambiante ritmo del tiempo, de medir su transcurso tal como lo perciben los niños, los enamorados, los enfermos o los condenados a muerte… Pero mientras el artesano da forma a sus precisas maquinarias, empieza a darse cuenta de que no todo es belleza y sofisticación en el entorno en el que permanece casi prisionero. Percibe el miedo que se respira en la corte, donde una palabra o un gesto fuera de lugar pueden costarle a uno la vida, es testigo de castigos brutales, y su posición privilegiada lo convierte en blanco de envidias e intrigas palaciegas.
Y mientras se enfrenta a los recuerdos dolorosos de la tragedia familiar que ha dejado en Inglaterra y se ve arrastrado por el caprichoso comportamiento del emperador, Cox emprende la construcción de su obra maestra, un perpetuum mobile, un reloj capaz de medir la eternidad…
Escrita con la delicada precisión de un miniaturista, esta refinada novela, en la estela de Seda de Baricco, nos habla de la fascinación por Oriente, del amor y los fantasmas del pasado que nunca dejan de perseguirnos, de los excesos del poder absoluto, de la búsqueda de la belleza y la perfección, del vano intento de dominar el tiempo que se nos escurre entre los dedos… El resultado es un texto deslumbrante, sensual y majestuoso, de una exquisitez arrebatadora.
«Mecánica de precisión, el tiempo mismo convertido en novela. La narración adquiere tonos poéticos y ceremoniosos» (Ijoma Mangold, Die Zeit).
«Una novela fascinante que cuenta una historia fuera de lo común. Narrada con maestría y sutileza… Un relato rebosante de poesía y espiritualidad» (BÜCHERRezensionen.org).
«La estructura y el desarrollo del relato están tan logrados que permiten inscribir este libro de Ransmayr en el canon de la literatura universal» (Alessandro Barberi, medienimpulse.at).
«Una meditación sobre la belleza y la fugacidad» (Thomas Steinfeld, Süddeutsche Zeitung).
«Describe los excesos de todo poder, aunque sea el más civilizado… Ransmayr es un poeta de una precisión radical» (Nicolas Weill, Le Monde).
«Una reflexión melancólica sobre la vanidad del poder ante el espejo de la eternidad» (Philippe Chevilley, Les Échos).
«Épica e íntima…, desarrolla personajes complejos como el mecanismo de un reloj» (Emmanuelle Giuliani, La Croix).
«Una gran narración épica que es al mismo tiempo una fascinante novela de ideas… Una escritura rica y elegante… Cautivadora» (Jean-Claude Lebrun, L’Humanité).
«Fascinante; es además una reflexión sobre la fuerza del arte y una parábola sobre la eternidad» (Pierre Deshusses, Le Monde Diplomatique).”

El autor :

“Christoph Ransmayr (Wels, Austria, 1954), al que el prestigioso crítico alemán Marcel Reich-Ranicki definió como «un apocalíptico que celebra la vida», estudió Fi­losofía y Etnología en Viena, donde actualmente reside. Además de las novelas El último mundo, Los espantos de los hielos y las tinieblas y Morbus Kitahara, publi­cadas en castellano, su bibliografía contiene títulos en los que despliega su dominio de otras formas narrati­vas, así como del teatro. Es conocido también por sus artículos y ensayos, aparecidos en diversos pe­riódicos y revistas (GEO y Merian, entre otras). Entre los numerosos premios que se le han concedido cabe destacar el Franz Kafka, el Grinzane-Cavour, el Premio Internacional Mondello y, junto con Salman Rushdie, el Prix Aristeion de la Unión Europea. Cox o el paso del tiempo ha obtenido una excelente acogida en distintos países europeos.”
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La noche fenomenal
Javier Pérez Andújar
Editorial Anagrama, Narrativas hispánicas, Barcelona, 2019, 260 páginas.

Sinopsis:

“Una novela desenfrenada, romántica, estrafalaria, trepidante, enloquecida y póetica y muy barcelonesa. Un destilado de alta graduación literaria.El equipo de un programa de televisión sobre los fenó-menos paranormales descubre unos hechos anómalos en Barcelona. Al mismo tiempo la ciudad es azotada por la meteorología y por la irrupción de personajes proce-dentes de otra Barcelona, que vienen a pedirles auxilio a los integrantes de La noche fenomenal, el programa de este grupo de amigos. Entre ellos están el director, un bon vivant; De Diego, con su fe en los animales inexis-tentes; el Jugador de Ajedrez, ardoroso activista; Pauli-na, conocedora de las civilizaciones desaparecidas; Ro, guionista y coleccionista de casos de platillos volantes; Hermosilla, editor de una revista esotérica... Y, junto a ellos, la telépata madre del narrador; el histórico editor y librero José Batlló; el escritor de novelas del oeste Carl Malone; el madrigalista del Clot, la frágil Isis y un misterioso jubilado enganchado al rock andaluz, el señor Comajuán”

El autor:

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR (Sant Adrià de Besòs, 1965) es autor de Los príncipes valientes, Todo lo que se llevó el diablo, Paseos con mi madre, Milagro en Barcelona (con fotografías de Joan Guerrero), Catalanes todos y Diccionario enciclopédico de la vieja escuela. Publica en El País y colabora en el programa de radio A vivir que son dos días (Cade-na SER). Asimismo formó parte del equipo de los programas de televisión Saló de lectura (Barcelona Televisió) y L’hora del lector (TV3). También ha participado en medios como El Periódico de Catalunya,Mondo Brutto, Ajoblanco y Taifa.

jueves, 22 de febrero de 2018

LAËTITIA PERRAIS, UN HITO EN EL ORDEN DEL MAL



Laëtitia o el fin de los hombres

Ivan Jablonka

Traducción de Agustina Blanco

Editorial Anagrama (por convenio con Libros del Zorzal), Barcelona, 2017, 415 páginas.



   

    En un libro que no es una simple crónica periodística y mucho menos de tintes amarillistas, el historiador Ivan Jablonka (París, 1973) reconstruye la vida de Laëtitia Perrais, asesinada y descuartizada en la noche del 18 de enero de 2011. Laëtitia tenía entonces dieciocho años y, sobre su persona, un cúmulo de experiencias negativas que el autor nos permite ver en la novela. Era una camarera domiciliada en una pequeña población del departamento francés del Loira. A esa edad, en efecto, ya había sido víctima de la incomprensión, el abandono y la violencia que Jablonka, en una suerte de prólogo, resume así: “Cuando Laëtitia tenía tres años, su padre (se refiere al abuelo) violó a su madre; luego su padre de acogida abusó de su hermana (…) desde la infancia sufrió inestabilidades, idas y venidas, descuidos, se acostumbró a vivir con miedo, y ese largo proceso de debilitación esclarece tanto su final trágico como a nuestra sociedad en su conjunto.”

   Todo este ambiente miserable en el que estuvo inmersa la niña y la joven convierte al libro en una biografía de la víctima, no para rendirle honras a la hora de su muerte, sino para rehabilitarla en su existencia, devolverle su dignidad a una joven que, a los ojos del mundo y de las redes globales de comunicación, nació en el instante en que murió. Antes su nombre no aparecía en ninguna parte. El autor piensa -y este es el porqué de su libro- que lo que más importa no es la muerte de esta joven, sino su vida, especialmente porque es un hecho social ya que encarna fenómenos mucho más graves y preocupantes que ella, incluso en su trágico final: la vulnerabilidad de los niños y la plaga cósmica de la violencia de género, ese mundo donde la mujer sigue sin contar como sujeto de pleno derecho, donde, casi como en el código napoleónico la violencia sexual forma parte del derecho del hombre -algunos hombres así lo creen-. Por eso muchas mujeres son víctimas de la saña más brutal a la que suelen responder con el silencio. En Francia más de 80.000 mujeres son víctimas de violación o de intento de violación cada año, pero apenas un 10% lo denuncia.

   Todos estos antecedentes, algunos muy cercanos a Laëtitia -me refiero a las violaciones a las que era sometida su hermana melliza Jessica, otras niñas y quizás ella misma por el padre de acogida-, convierten al asesinato de Laëtitia, más en un crimen de la sociedad en su conjunto, que en un acto macabro de un psicópata solitario, Tony Meilhon. Porque Laëtitia Perrais nunca desconfió del hombre que posiblemente la violó, la asesinó y la desmembró: en el mundo que ella conocía, las mujeres son insultadas, golpeadas y violadas todos los días. Por eso no receló de ese asesino con el que liga y tontea y que la obliga a acudir a una cita fatal. Durante toda su vida se vio rodeada de hombres con ese talante que la consideraban siempre una víctima sexual o alguien a quien se puede hacer daño. Su vecino y asesino no le pareció peor que los demás. Y así Laëtitia se transformó en alguien altamente vulnerable, presa fácil de hombres depredadores. “Su sistema de defensa fue desactivado desde los primeros años de vida, acaso en su vida prenatal, puesto que su padre violaba a su madre”, aclara el escritor. Someterse a la ley de los hombres  le parece a Laëtitia una ley de vida.

   Un libro con la amplitud y riqueza temática como Laëtitia o el fin de los hombres difícilmente puede ser reducido a una breve sinopsis. Es preciso leerlo. Subrayo, por consiguiente, solamente alguno de sus núcleos temáticos.

   Laëtitia aparece, como ya quedó señalado, más como víctima de una sociedad machista que como una mujer inmolada por un psicópata. Un verdadero “monstruo”. Pero no es el único. El padre de acogida, el señor Patron, un hombre que, a primera vista es un padre riguroso, director de conciencias, pero amantísimo, un justiciero que odia a los pederastas y que pedía, altavoz en mano, en las marchas blancas tras la muerte de Laëtitia, un endurecimiento de las penas contra los violadores, es también otro “monstruo”: viola continuamente a Jessica, la hermana melliza. De poco sirve que Jessica le grite: “Para eso tienes una mujer. Yo no soy tu mujer” (página 142). Pero por miedo la adolescente se negó a denunciarlo durante mucho tiempo. En la escala del horror él también estaba arriba, como concluye la fiscalía en el juicio en el que finalmente será condenado a ocho años. Queda en el aire la pregunta  que quema los labios: ¿hizo lo mismo con Laëtitia? Nada justifica la  brutalidad asesina de Tony Meilhon, el otros “monstruo”, mas su historial familiar y existencial quizás al menos explique el camino que le llevó a ella: el incesto es el fundador de su familia. Su madre, violada a los quince años por su padre. Su vida es un paradigma de desestructuración. En el seno familiar no le quieren; una vida de mierda; duerme en la calle, alcoholizado, prueba y consume todos los estupefacientes, acosa, roba a la gente, en la prisión viola a un compañero de celda con el palo de una escoba por “apuntador” (violador). Y el mismo cuida su imagen de “monstruo”, trabaja en su leyenda.

   El rapto, asesinato y desmembramiento de Laëtitia, se convirtieron, no en un asunto nacional, pero sí en asunto de estado y de ellos deja reiteradas constancias Jablonka. Provocó una paranoia populista en la que se involucraron los medios de comunicación, el presidente de la República, Nicolás Sarkozy. La conmoción social que provocó el caso Laëtitia coincidía con sus intereses políticos y, en consecuencia, instrumentalizó el miedo, acusó y amenazó al estamento judicial por razones demagógicas. En definitiva, el gobierno de la emoción populista transformada en objetivo político. Y lo más paradójico  es que Sarkozy combatió a los delincuentes sexuales al lado de un pedófilo al que recibió en más de una ocasión.

   Es interesante tener en cuenta el punto de vista que en este libro adopta Ivan Jablonka: su esfuerzo por romper las fronteras infranqueables entre lo masculino y lo femenino. El autor se interesa por la historia de las mujeres, sobre todo por la violencia de la que son víctimas. Un profesor universitario dedica un libro a una joven del “cuarto mundo”; habla del presente a pesar de ser un historiador. Pero analiza este presente como objeto histórico. Utiliza los medios de investigación, documenta todo lo que cita: entrevistas, testimonios escritos de todos aquellos que tuvieron algo que ver con Laëtitia. Y basándose en ese material, reconstruye los momentos claves de la existencia de los implicados, pero sobre todo de Laëtitia.

   El mismo autor piensa que su libro se encuadra en la senda de El adversario de Emmanuel Carrère y A sangre fría de Truman Capote. Pero no es ficción basada en hechos reales. Todo lo que relata Jablonka son hechos comprobados y cotejados. Aborda la vida de Laëtitia como un hecho social. Es por ellos que no rellena los huecos “con grandes paladas de ficción”, son sus palabras. Una metainvestigación, como se ha escrito.

   El título del libro se completa con las palabras “o el fin de los hombres”. Una especie de subtítulo que remite a dos propósitos por parte del autor: en primer lugar, la violencia del asesinato de la joven que es un crimen del fin del mundo. Y en el segundo, la constatación de que todo lo que rodeó este asunto (el padre alcoholizado y violador, el padre de acogida igualmente abusador de adolescentes, un asesino ultraviolento, un presidente de la República instrumentalizando a Laëtitia) son muestras de una masculinidad descarriada, resabio de un patriarcado que “no rima con agresividad, culto del patriarcado, poder del dinero, misoginia o incluso homofobia”. Eso también es el fin de los hombres, al menos como desiderátum: lucha contra la violencia machista y a favor de la igualdad entre mujeres y hombres.







                                                   
Ivan Jablonka


Fragmentos



“El tratamiento que hace Sarkozy de los sucesos es, en sentido propio, un acto político: la retórica de la acción, el discurso de la «ley y el orden», la instrumentalización del miedo, el gobierno de la emoción, la omnipresencia  mediática le permite aparecer como el defensor de la sociedad, el protector de los franceses acechados por los «bandidos» y los «monstruos». Este oportunismo compasivo-securitario propio de él, tanto cuando ejerció de ministro como cuando ejerció de presidente, justifica las medidas más represivas (penas mínimas, retención de seguridad, jurados populares en materia correccional, supresión del atenuante de minoría), bajo pretexto de reducir a cero el riesgo de reincidencia.”



…..



“Dejemos aquí la tercera ficción. Al igual que los jueces, creo que la verdad es inaccesible y que la duda, en todo caso, debe beneficiar al señor Patron.

Pero, en el fondo, la cuestión realmente tiene relevancia; pues bastó con que Laëtitia captara la índole de la relación entre el señor Patron y Jessica para que su vida diera un vuelco, para que se sintiera como a los tres años, colgada en el vacío, para que comprendiera que la mentira lo había gangrenado todo, que la violencia aún estaba allí, agazapada y asquerosa, en el sofá del salón, en el cuarto que había compartido con su melliza, en las sonrisas, en los grandes principios, los consejos, los juegos de naipes, las navidades, las vacaciones en caravana. El hombre que te ha enseñado todo, que tiene que protegerte, se lo cobra en especie. Qué importa, entonces, que haya o no habido una agresión o tentativa de agresión a su persona: la dominación es en sí misma una forma de violencia. El abuso sexual que el señor Patron ejerció sobre Jessica, durante años también y necesariamente debilitó a Laëtitia.”



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“Consternación. Asco. Un hombre tan recto que no dejaba pasar una ocasión sin denunciar a los pervertidos, ¡a los delincuentes sexuales!

Nadie hubiera pensado, nadie hubiera podido sospechar…Las últimas ilusiones -las mellizas al resguardo en casa de los Patron, una familia que apoya a Jessica tras el drama- se desmorona. Es el caso dentro del caso, el horror dentro del horror, lo sórdido dentro de lo atroz.

Por más que el señor Patron finalmente no fue juzgado ni condenado por agresiones a Laëtitia, fue en el marco del caso Laëtitia donde sus víctimas fueron oídas en aquel entonces. Efectivamente, a falta de elementos pormenorizados, los cargos serán abandonados en lo que atañe a Laëtitia, y la jueza de instrucción pronunciará un sobreseimiento. En cambio, se establece que el señor Patron abusó de Jessica durante su adolescencia y después de su mayoría de edad. «La doble pena de Jessica Perrais», titula Paris Match.



(Ivan Jablonka, Laëtitia o el fin de los hombres, páginas 133-134, 280-281, 324-325)